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Amalia Domingo Soler

Amalia Domingo Soler
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NombreAmalia Domingo Soler
Nacimiento10 de noviembre de 1835
Sevilla, Bandera de España España
Fallecimiento29 de abril de 1909
Barcelona, Bandera de España España
Causa de la muerteBronconeumonía
NacionalidadEspañola
OcupaciónPeriodista, escritora, espiritista
Obras destacadasEl Espiritismo
Memorias del Padre Germán
Cuentos Espiritistas

Amalia Domingo Soler. Escritora espiritista del siglo XIX, considerada aún hoy en día una autoridad en los círculos espiritistas internacionales, pero desconocida casi totalmente por la historia literaria.

Síntesis biográfica

Nació en Sevilla, España, el 10 de noviembre de 1835, su infancia y juventud estuvieron marcadas por muchas penalidades. Desde su nacimiento su salud era frágil y a los ocho días se le presentó un grave problema de visión que casi la dejó invidente, pero gracias al tratamiento de un modesto farmacéutico se recuperó parcialmente, a los tres meses recuperó la vista, que sin embargo le quedaría muy delicada. Sufría una debilidad de la retina que la acompañó durante toda su vida.

Sus ojos quedaron muy imperfectos, pero su madre se consagró en absoluto a ella y no tuvo más afán que hacerla dichosa, sin que por su extremado cariño descuidase en lo más leve su educación. Cuando cumplió dos años comenzó para su madre la penosa tarea de enseñarle a leer, pues la madre de Amalia tuvo mucha perseverancia y a pesar de que ella tiraba a la calle todas las cartillas que podía o las rompía con el mayor placer, ella siempre tenía sin duda cartillas de repuesto y ni un solo día dejaba de darle lección, consiguiendo en premio de su afán y su desvelo que a los cinco años leyera correctamente, haciéndole leer en voz alta dos horas diarias, y cuando fue mayor, dos por la mañana y dos por la tarde.

Estos dos espíritus se unieron de un modo tan admirable, que sólo con mirarse se adivinaban el pensamiento. Si bien físicamente fue de constitución enfermiza, ya desde muy temprana edad exhibió un carácter fuerte y decidido.

Muerte de su madre

Su madre desencarno en junio de 1860, Amalia contaba con veinticinco años, durante 3 meses perdió por completo la memoria. Los recursos de que su madre disponía, prácticamente se agotaron en el tratamiento de su salud, y las relaciones con sus familiares (parientes del padre) no eran de las mejores. Así, más allá de la soledad, comenzaron para Amalia días de grandes penurias. Las soluciones propuestas por sus familiares le fueron imposibles de aceptar: entrada en el convento o casamiento arreglado con un señor de mucha más edad, en buena situación financiera. Ella no quería ser monja, decía:

Mi alma no siente la necesidad de entregarse al ayuno ni a las penitencias; ni encuentro a Dios en los altares de los templos; los conventos me han parecido siempre las mazmorras de la inteligencia. Mi Dios lo encuentro en el Sol, en el aire, en las flores, en las aves, en las montañas, en los ríos, en los mares, en todas partes donde se manifiesta la vida.

Durante 6 meses sus parientes le dieron una pequeña pensión a cambio de ser la costurera de la casa, al cabo de los cuales le dijeron que aquello era un gasto superfluo y que no podían por más tiempo hacerse cargo de ella.

Estudio del espiritismo

Ella tuvo contacto con un médico materialista y al ver el interés de Amalia en estas personas se comprometió con ella a llevarle un periódico que recibía y que se llamaba "El Criterio". Fue invitada a escribir en los periódicos, publicando su primer artículo espiritista en el número nueve del año 1872, en "El Criterio" titulado "La fe espiritista". Envió poesías a los periódicos "La Revelación" de Alicante. También publicó un articulo "El Espiritismo es la verdad". A partir de ese momento comenzó a estudiar el Espiritismo y una mañana en su casa empezó a sentir en su cabeza una sensación dolorosa y extraña; al mismo tiempo le pareció escuchar voces extrañas y confusas que decían: "¡Luz! ¡Luz!". Sin saber por qué empezó a llorar y sin darse cuenta miró al espejo y notó que tenía los ojos abiertos como hacía mucho tiempo no los tenía. Entonces preguntó en voz alta como si alguien pudiera contestarle ¿Habrá llegado la hora de recibir mi libertad? Y oyó un sí, con una voz muy lejana. En ese momento recobró la visión y salió corriendo hacia donde estaba el médico a quien dijo que ya había recobrado la vista y que de ahí en adelante no tendría que esforzarse.

Así se puso en contacto con la Federación Espirita Española y leyó por primera vez una poesía dedicada a Allan Kardec el 4 de abril de 1874. A partir de entonces, directores y editores de revistas y periódicos espiritas le escribían pidiéndole trabajos; cuenta que lo que escribió en esa época le asombraba porque no tenía ni diccionarios, ni libros de gramática.

Obras

Amalia escribió sus primeras poesías a los diez años de edad, y a los 18 publicó sus primeros versos. Una de sus poesías recuerda los mejores días de su juventud, de sus paseos con la madre y los amigos en los jardines del Alcázar de Sevilla. Sus artículos son hoy, como fueron ayer, exposiciones claras y directas sobre el espiritismo, fieles intérpretes de la Ciencia Espírita codificada por Allan Kardec. Desde el año 1873 hasta 1903, Amalia había entregado a la prensa mas de 2.000 producciones producciones (como indica en el prólogo de su libro Ramos de Violetas), las cuales fueron publicadas en periódicos de España y del exterior, algunos de los cuales fueron: El Criterio y El Espiritismo, de Madrid; La Gaceta de Cataluña, La Luz del Porvenir y la Revista de Estudios Psicológicos, de Barcelona; La Revelación, de Alicante; El Espiritismo, de Sevilla; Las Ilustraciones Espíritas, de México; La Ley del Amor, de Mérida de Yucatán; La Revista Espírita, de Montevideo; La Constancia, de Buenos Aires; los Anales del Espiritismo, en Italia. Sus Más Hermosos Escritos, contiene relatos de la vida cotidiana analizados a la luz del Espiritismo por Amalia.

Muerte

Después de una larga y activa trayectoria, sus últimos años de vida transcurrieron, aun con la salud muy quebrantada, en esa misma línea de escritos y colaboraciones de temática espiritista, hasta su fallecimiento, acaecido el 29 de abril de 1909 a consecuencia de una bronconeumonía. Su entierro civil tuvo lugar en el Cementerio del Sud-Oeste, en la ladera del Montjuic.

En el mismo año de su muerte apareció su libro Flores del alma (1909), y tres años después, sus Memorias de la insigne cantora del espiritismo (1912), que, divididas en dos partes bien diferenciadas, presentan en la primera los capítulos redactados por la propia autora, y, en la segunda, aquellos que fueron “dictados desde el espacio por ella misma”, y recogidas sus revelaciones a través de la médium María.

Varios libros más aparecieron de manera póstuma, entre los que se pueden recordar Consejos de ultratumba, Las grandes virtudes, Cuentos para niños, y, de manera muy especial, se puede destacar sus interesantes y curiosísimos Cuentos espiritistas.

Principales publicaciones

  • El Espiritismo
  • Memorias del Padre Germán
  • Te perdono
  • Ramos de Violetas
  • Memorias de una mujer
  • Hechos que prueban
  • Réplicas de Amalia
  • Cuentos Espiritistas
  • Las Grandes Virtudes

Fuentes