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Batalla de Iwo Jima

Batalla de Iwo Jima
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Soldadosame.jpg
Soldados estadounidenses elevando su bandera en Iwo Jima.
Fecha:Inicio: 16 de febrero de 1945 Terminación: 26 de marzo de 1945.
Lugar:Iwo Jima, Bandera de Japón Japón
Descripción:
La batalla de Iwo Jima tuvo lugar en la isla homónima; en ella se enfrentaros los bandos Estadounidense y Japonés; durante la guerra del Pacifico.
Resultado:
Como resultado final la isla fue tomada, pero, con un coste humano temible, ya que la resistencia japonesa fue tal que tan solo sobrevivieron 487 soldados de los 20,703 que constituían el batallón de defensa japonesa.
País(es) involucrado(s)
Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos, Bandera de Japón Japón
Líderes:
Estados unidos: Holland Smith, Imperio Japonés: Tadamichi Kuribayashi†
Organizaciones involucradas:
Fuerzas estadounidenses y japoneses.

Batalla de Iwo Jima. Nombre que recibe uno de los combates más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial, librado en la isla de Iwo Jima entre las fuerzas del ejército de los Estados Unidos y las del Imperio del Japón de febrero a marzo de 1945, durante la Guerra del Pacífico 1937-1945.

En la cima del Monte Suribachi de la isla, a los pocos días del inicio de los combates, el periodista Joe Rosenthal tomó una de las imágenes más difundidas de la Segunda Guerra Mundial, titulada Raising the Flag on Iwo Jima, galardonada con el premio Pulitzer, en la que se observa a varios soldados empujando el mástil con el que erigieron la bandera estadounidense en aquel lugar. La posterior utilización publicitaria por parte del gobierno de los EE.UU. provocó una controversia sobre los protagonistas del episodio.

El gran peso de Japón en los últimos meses de guerra

Para inicios de 1945, grandes victorias como las de Pearl Harbor eran sólo un triste recuerdo para los japoneses. Alemania, su aliada, estaba prácticamente derrotada y el Eje, poderosísima alianza militar, era sólo un espectro. Los estadounidenses en una campaña de casi dos años, luego de Guadalcanal, habían conseguido arrebatarle al imperio nipón isla tras isla. La flota imperial también había sufrido duros reveses a causa de la poderosa industria aliada, que había conseguido superarla y derrotarla en los numerosos combates que se trabaron en el océano pacífico. Japón se había dado cuenta que no le quedaba más remedio que luchar hasta el final.

Iniciando 1945, las cosas no se veían nada bien, y los estadounidenses se preparaban para un nuevo asalto a una isla que marcaría un hito. Ya desde hacía algún tiempo atrás, y con la mayoría de sus portaviones desaparecidos, los japoneses habían adoptado la táctica de utilizar a las islas como “portaviones insumergibles.

Estados Unidos aceptó el reto y para ganar las batallas, sabía que debía contar con una imponente y poderosísima flota, que en efecto logró crear, con algún tipo de apoyo de la marina británica y algunas embarcaciones australianas pero que no llegaron a jugar un papel tan importante como el de los americanos.

Ahora bien, para el año de 1944, se produjo la batalla por las Islas Marianas, colocando a los occidentales a una distancia de 2500 kilómetros de la capital nipona, quiénes fueron construyendo aeródromos e instalando bases y zonas de mantenimiento para los b-29, quiénes podían ir, bombardear las ciudades japonesas y volver a las bases sin necesidad de arriesgar portaviones ni de aterrizar.

El 24 de noviembre de 1944 comenzaron las incursiones y de ahí en más hierro y fuego caería sobre el Japón día tras día. Sin embargo no era suficiente, los estadounidenses lo sabían, tanto como para forzar a una definitiva rendición de Japón como para ejecutar una operación responsable. El hecho es que los cazas escoltas sólo tenían una autonomía de 3 mil kilómetros y eso los hacía incapaces de proteger los 6 mil de ida y vuelta para los bombarderos. Fue así como los estadounidenses posaron sus ojos sobre una pequeña isla, hasta el momento considerado insignificante: Iwo Jima.

¿Por qué era importante Iwo Jima?

La situación era muy sencilla. En dicho lugar, es decir además de las dos pistas de aterrizaje, una tercera en camino e instalaciones de radar japonesas, los estadounidenses podrían contar con una isla que serviría de apoyo para acercarse más a Japón. Además, a causa de este centro de operaciones los japoneses detectaban a los desprotegidos b-29 antes de que llegaran a la isla, por ello, era imprescindible que se conquistara Iwo Jima. Para octubre de 1944 el destino de la misma estaba trazado, pues se empezaron los preparativos para tomarla.

Iwo Jima era un pequeño islote, cuyo nombre traducido quiere decir Isla del Azufre. En apariencia, vista desde arriba asemeja ser una pera deforme. Era ciertamente un lugar triste en aquella época. Por lo general compuesta de cerros, arenas de lava convertida en polvo, grietas y un terreno bastante accidentado, había escasa vegetación, pocas fuentes de agua con suelos agrietados que por cierto emiten los vapores sulfurosos que determinaron su nombre.

Era un Japón postrado, con una armada insignificante y a la defensiva, el que esperaba en la batalla de Iwo Jima. Si bien estaba claro que la guerra estaba perdida, los japoneses tenían la esperanza de que la tenacidad en la resistencia que ellos mostraban, les permitiría obtener algo así como una rendición con condiciones, en especial a la hora de preservar la figura del emperador. Sin embargo, esto sólo preocupó más a los estadounidenses, ellos querían una rendición incondicional, lo que llevó simplemente a que desemboque en el lanzamiento de las bombas atómicas sobre el Japón.

Los preparativos

Los nipones entonces adivinaron que el próximo ataque sería en Iwo Jima, se prepararon con todos los medios a su alcance. Tadamichi Kuribayashi era el encargado para la defensa. Así, entonces, se evacuaron mil civiles, se alistaron 21 mil soldados con armas de todo tipo, desde fusiles hasta ametralladoras y en especial las granadas, tan importantes para cometer el harakiri, del cual hablaremos más adelante. Ni hablar de los suministros y de las raciones de comida y agua. Eran escasísimas, en realidad si los japoneses no morían en el combate lo harían de hambre.

Era una batalla que para Japón estaba muy clara, no saldría victorioso, sólo se preocupó por hacerle perder el tiempo a Estados Unidos lo más que pudiese. Sin embargo los nipones sí instalaron una seria de túneles, trampas, búnkeres en el monte Surabachi, acaso el símbolo más importante de la isla y recordado de la batalla, y no precisamente por la defensa férrea que los japoneses presentaron…finalmente Tadamichi Kuribayashi decidió quitar cualquier defensa en la costa para que los americanos desembarquen confiados. Eso sí, nadie volvería a tierra ni sobreviviría al menos que sea hecho prisionero.

Todos los japoneses que la defendían debían morir con tal de detener a los occidentales. Al mejor estilo de lo que más tarde sería Vietnam, los japoneses consiguieron construir toda una seria de túneles y fortificaciones interconectados.Por su parte los estadounidenses simplemente se dedicaron a una preparación con ingentes sumas de provisiones y suministros. Un bloqueo submarino de la isla y bombardeos que empezaron a partir de junio de 1944 tanto por tierra como por aire. Las fuerzas en total la representaban 500 barcos, con 12 portaviones, 8 acorazados como fuerzas navales principales, y aproximadamente unos 250 mil soldados. Si todo marchaba según los planes, la isla debía sucumbir a los diez días.

Empieza la sanguinaria batalla por Iwo Jima

Los estadounidenses decidieron desembarcar en la zona de Red Beach, playa, la única zona posible teniendo en cuenta que el resto de la costa era una zona totalmente rocosa. Para febrero de 1945 los americanos creyeron haber machacado lo suficiente la isla como para llevar a cabo la operación, a pesar del mal clima a mediados de ese mes que evitó los bombardeos previos al desembarco de tropas. El 19 de febrero se da la orden de realizar un bombardeo final y una limpieza de los alrededores ante posibles minas y obstáculos. Los aviones hicieron lo suyo desde el aire y los barcos desde tierra.

Pronto una enorme polvareda se levantó. A las 9 horas las primeras lanchas arribaban a la playa, se dio un desembarco aparentemente tranquilo que no hacía presagiar absolutamente nada de lo que estaba a punto de venírseles encima, pues los japoneses aguardaban en el interior ansiosos aunque también temerosos.

Pronto los estadounidenses comprobaron la inestabilidad del terreno que asemejaba la superficie lunar, los tanques tampoco podían avanzar a la velocidad necesaria. Pasaron los minutos hasta que llegó la primera hora y no había noticias de los japoneses en tierra. Los marines sabían que aquel silencio sólo hacía presagiar una carnicería. Prácticamente a la hora los japoneses descargan su artillería, y uno, dos, tres y más soldados norteamericanos fueron víctimas de los primeros impactos. La artillería nipona hizo que el avance y el desembarco sea más frustrante para los occidentales.

En seguida el fuego empezó a caer por todas partes, sin embargo, los estadounidenses acostumbrados a japoneses enterrados en fosos en tierra y a combatir por cada palmo, aprovecharon lo numerosas de sus tropas, y no sin pocas bajas, empiezan una carrera de unos 900 metros hasta el pie del Suribachi.

Esto era un objetivo indispensable pues los estadounidenses pretendían aislar el monte defendido por unos 2 mil soldados nipones, para continuar con el resto de la isla. A propósito, en otras partes ya se libraban combates, en especial por el aeródromo, ubicado al sur. Los japoneses demostraron ser excelentes combatientes que luchaban hasta el final sin abandonar sus posiciones. Los americanos suspendieron los desembarcos pues sus posiciones aún eran demasiado pequeñas para tan grande cantidad de hombres.

Los japoneses a veces contraatacaban, por la retaguardia y saliendo de escondites bajo tierra improvisadamente, luego para salir por otra parte, hostigando a sus enemigos. Llegó la primera noche y estuvo iluminada por bengalas para proteger a los marines aliados. El 20 de febrero se produjeron las primeras incursiones para tomar Suribachi, además al mediodía se desembarcaron más tropas y material.

Prácticamente aquel día fue el mismo que el anterior. El 21 empezó con el asalto final sobre Suribachi, con minas, granadas, ataque naval y aéreo, además de lanzallamas que sacaban a los nipones desde sus escondites en un trágico mar de llamas. Algunos soldados aliados según cuentan los nipones sobrevivientes, no disparaban a los que se quemaban y se reían esperando a que la muerte llegara por incineración. Los aeródromos no pudieron ser tomados y se relevó a las tropas aliadas del primer día.

El 23 de febrero, los estadounidenses escalaron Suribachi luego de darse con uno que otro obstáculo así como encontrar restos de soldados nipones en los escondites con el vientre abierto, al parecer por acción de sus granadas, los sobrevivientes opusieron una insignificante resistencia.

Totalmente entusiasmados los americanos ya tenían preparada su bandera y se le amarró a un trozo de cañería de agua y él que la portaba junto con otros seis la alzaron en la cumbre del monte, ante el regocijo de muchos americanos. Se fotografió la escena, y se le filmó, incluso se llegó a levantar una segunda bandera. La fotografía ganó el premio Pulitzer, aunque la segunda bandera había sido algo planeado. A pesar de haber tomado Suribachi, toda la isla no estaba bajo control aliado.

Los ingenieros debían limpiar todas las minas y los americanos se encontraban cada vez más con la tenacidad japonesa que simplemente generaba una pregunta: ¿si Iwo Jima es así, que nos espera en Japón? Los japoneses no se rendían, sólo al menos que se quedaran sin municiones, por lo general ellos mismos se daban el tiro de gracia. En algunos casos los estadounidenses evitaron a toda costa el suicidio, un desagravio para el soldado nipón.

El 24 de febrero hasta el 26 de marzo, fecha en la que se disparó la última bala, fue un escenario sangriento cotidiano, se limpiaban las zonas de japoneses, minas y trampas, para luego continuar con el avance bajo el constante hostigamiento de otras tropas niponas. Los lanzallamas y las granadas se convirtieron en armas típicas en aquella sangrienta batalla por tan poco terreno, que los americanos pensaron tomar en más o menos diez días.

Por lo general cuando creían avanzar un par de metros siempre salían a su encuentro nuevas tropas. Pero a pesar de su tenacidad, las tropas niponas no podían resistir a los americanos, mejor equipados y que les otorgaban terribles palizas de plomo desde el aire y el cielo. Todo estaba listo para la batalla final.

Fin de la batalla y resultados

Para el 25 de marzo Tadamichi Kuribayashi tenía bajo su mando a unos 200 soldados nipones, y decidieron sacrificarse hasta el último soldado, tal cual sus órdenes iniciales. Era un ataque banzai, suicida, y los americanos trabaron con ellos una lucha sin cuartel que se prolongó hasta el día siguiente. Causó casi la misma mortandad entre los estadounidenses que la cantidad de tropas niponas, además de los heridos.

Finalmente y aunque el cuerpo de Kuribayashi nunca se encontró, se desbarató el ataque y el último intento, valiente pero inútil, acabó con toda esperanza para los nipones. Luego de este penoso hecho se declaró que toda la isla estaba bajo control nipón. Un pequeño trozo de terreno le había costado a Estados Unidos 6821 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, contra las 20703 bajas niponas, casi todas las que se hallaban en la isla. Sólo se hicieron prisioneros 1083.

Véase También

Fuentes