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Ciencia y Tecnología en Cuba (Siglos XVI y XVII)

Ciencia y Tecnología en Cuba (siglos XVI y XVII)
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Concepto:Actividades que están estrechamente relacionadas con la producción, la promoción, la difusión y la aplicación de los conocimientos científicos y técnicos, en todos los campos de la ciencia y la tecnología.
Ciencia y Tecnología en Cuba (siglos XVI y XVII). Historia de la ciencia y la tecnología en Cuba en el período colonial temprano (siglos XVI y XVII).

Antecedentes

Los españoles que iniciaron la conquista y colonización de Cuba en 1511 difícilmente hubieran podido sobrevivir sin asimilar algunas de las técnicas que formaban parte de la más compleja de las culturas que existían ya en el país, la de los indios taínos. Los elementos fundamentales de esa cultura (el idioma, las creencias y la organización social) desaparecieron junto con los indios mismos, pero algunos saberes técnicos de los taínos sobrevivieron hasta nuestros días. Entre ellos está el cultivo y procesamiento de la yuca (Manihot esculenta), la planta fundamental en la dieta de los aborígenes. Los colonos españoles aprendieron de los indios cómo hacer el casabe (grandes tortas de harina de yuca, que sustituían al pan de trigo), el cual todavía se produce en algunos sitios del país. También aprendieron a cultivar y fumar tabaco, a hacer canoas de un solo tronco, a pescar de diferentes maneras, y a fabricar viviendas con el tronco y las hojas de las palmas, los bohíos, que con varias modificaciones introducidas a lo largo de siglos, persisten entre los campesinos en algunos lugares de la isla.

Las técnicas de cultivo de la yuca y el tabaco, utilizadas por los aborígenes cubanos, se mantuvieron sin modificación alguna, hasta mediados del Siglo XVIII. Hubo varios intentos de exportar tabaco con algún grado de procesamiento (por ejemplo, el tabaco en polvo llamado rapé, que llegó a tener una gran demanda en Europa), pero –hasta principios del Siglo XIX– la metrópoli prefirió centrar la elaboración del tabaco en Sevilla, y exportarlo desde España. Sólo se autorizó el procesamiento de la hoja en Cuba con fines de consumo doméstico.

Siglos XVI y XVII

Durante los siglos XVI y XVII se desarrolló en Cuba (sobre todo en La Habana, donde residieron los gobernadores desde 1553) la construcción
Castillo de la Real Fuerza
militar. Como norma, el puerto habanero era el último que tocaban las naves hispanas antes de cruzar el Atlántico, como parte de las célebres “flotas” o incluso después que ellas dejaron de organizarse como tales. El Castillo de la Real Fuerza (cuya construcción terminó en 1577), el de San Salvador de La Punta (concluido en 1600) y el de los Tres Reyes del Morro (1630) protegían el puerto habanero. Los dos últimos fueron construidos por el ingeniero italiano Bautista Antonelli. La necesidad de artillar estas fortalezas indujo el efímero desarrollo de la metalurgia del cobre en Cuba, gracias a la explotación de las ricas minas situadas cerca de Santiago de Cuba (en el oriente del país) y a la creación de una fábrica de cañones en La Habana. Pero en 1607 dejó de procesarse el cobre en Cuba y pocos años más tarde las minas dejaron de explotarse (prácticamente hasta el siglo XIX). Los cañones pasaron a fabricarse únicamente en España.

La necesidad de abastecer el puerto con agua benefició a la población habanera, ya que hubo que construir un canal descubierto, de varios kilómetros de largo, desde el río Almendares hasta el lugar conocido como la “plazuela de la ciénaga” (hoy Plaza de la Catedral). Esta Zanja Real, concluida en 1592, fue el único acueducto con que contó La Habana hasta 1835. Buena parte de la población se abastecía del agua de aljibes y pozos.

La fabricación de barcos, asociada también con la necesidad de proteger la navegación y de reparar las embarcaciones de las “flotas”, se inició en La Habana a mediados del Siglo XVI y ya en el XVII alcanzó alguna importancia. También se construyeron barcos, durante estos siglos, en las bahías de Matanzas y Cabañas, así como en Bayamo (la segunda población en importancia de la isla en esos momentos), que entonces tenía comunicación con el mar Caribe por el río Cauto (en 1616 se formó un gran banco de arena que aisló a Bayamo del mar).

El auge del puerto de La Habana como nudo de transporte marítimo parece haber
Nicolás Copérnico, astrónomo polaco
estimulado al médico sevillano Lázaro de Flores a redactar el primer libro científico escrito en Cuba, Arte de Navegar, publicado en Madrid en 1673 (en Cuba no había aún imprenta). Es probable que Flores no haya llegado a ver su libro impreso, ya que falleció en La Habana en febrero de ese mismo año. El libro está concebido como un auxilio para los navegantes; contiene tablas y explicaciones de diversa índole (no todas, por cierto, relacionadas directamente con la navegación). El autor menciona a Nicolás Copérnico, no por su teoría heliocéntrica (prohibida por la Iglesia desde 1616), sino respecto a otros cálculos realizados por el gran astrónomo polaco.

Entre las novedades introducidas por los colonos españoles en el siglo XVI, que fueron muchas (ganado, cultivos, fortalezas, fabricación de barcos, etc.) estuvo el comienzo del cultivo de la caña de azúcar. La planta fue traída por Cristóbal Colón a La Española en su segundo viaje (1493) y comenzó a cultivarse en Cuba en las primeras décadas del Siglo XVI, posiblemente por familias provenientes de La Española. En dicha isla existían ingenios (movidos por agua) y trapiches (movidos por caballos o por esclavos) que producían azúcar; pero en Cuba, en el siglo XVI, por lo general sólo se llegaba hasta la obtención de melado. Ya en el siglo XVII, se crearon varias fábricas de azúcar en la zona de La Habana. Salvo por el uso de los molinos de tres mazas verticales, los procedimientos técnicos para la obtención de azúcar eran prácticamente los mismos utilizados desde la introducción de esta industria en España, por los árabes, en el Siglo IX.

Véase también

Fuente