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Fariseos

Fariseos
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Concepto:Comunidad judía que existió hasta el segundo siglo de la era actual.

Fariseos (del hebreo פרושים perushim, de parash, «separar»). Comunidad judía que existió hasta el segundo siglo de la era actual. Surgieron con el nombre de hasidim, pasaron a ser denominados fariseos en la época en que Juan Hircano, fue sumo sacerdote de Judea. Basaron su identidad en mantener una fuerte resistencia a todas las influencias griegas o extranjeras que amenazaban con minar la sagrada religión de sus padres, cumpliendo al pie de la letra lo estipulado por la Ley divina.

Algunos los denominan una secta y otros una escuela de pensamiento judío que surge como grupo o partido independiente en el siglo II a.n.e. durante la revuelta de los macabeos contra los invasores seleucidas (167165 a.n.e.), aunque algunos estudiosos situan su fundación durante la denominada cautividad babilónica (587 a.n.e.-536 a.n.e.). Fueron coetáneos de saduceos, esenios y zelotes.

Doctrina

Su doctrina se basaba en el judaísmo ético, espiritual y, en ocasiones, místico, que había permitido a la religión sobrevivir a la destrucción del Templo de Jerusalén (70), y más tarde se convertiría en la forma dominante del judaísmo.

Los fariseos deseaban que el Estado y la totalidad de los asuntos públicos y políticos estuvieran regidos y se midieran de acuerdo a la ley divina, enfrentándose a los aristócratas y saduceos, muy abundantes entre la clase sacerdotal o a los estadistas, que habían conseguido llevar a feliz término las guerras sirias.

Nuevo Testamento

Este grupo es citado numerosas veces en los Evangelios del Nuevo Testamento. En su condena a los fariseos (Mt. 23), Jesús se está refiriendo en realidad a los fariseos hipócritas, condenados también por el Talmud. Entre los diversos tipos se cuentan aquellos que hacían ostentación de sus buenas acciones, aunque también se menciona al fariseo temeroso de Dios, como el patriarca hebreo Job, y al fariseo amante de Dios. Estos últimos aparecen incluso en los Evangelios como partidarios de Jesús (Lc. 7,37; 13,31), aunque no tanto de su doctrina.

Fuente