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Fulgencio Oroz

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Fulgencio Oroz
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Fulgencio Oróz (1939-1959) en 1954, cuando empezó la lucha revolucionaria, a los 15 años de edad.jpg
Fulgencio Oroz en 1954, cuando empezó la lucha revolucionaria, a los 15 años de edad
NombreFulgencio Oroz Gómez
Nacimiento14 de marzo de 1939
ciudad de Candelaria,[1]
provincia de Pinar del Río,
Cuba Bandera de Cuba
Fallecimiento2 de diciembre de 1958 (19 años) 
ciudad de La Habana,
Cuba Bandera de Cuba
Causa de la muerteasesinado
Nacionalidadcubana
Ocupaciónestudiante
PadresSabina Gómez y X. Oróz
FamiliaresPedro Negro Blanco-Gómez (hermano, 1948-1961) 

Fulgencio Oroz (Candelaria, 14 de marzo de 1939 - La Habana, 2 de diciembre de 1958).[1] Destacado combatiente revolucionario natural de Candelaria, que a pesar de las torturas se mantuvo fiel a la revolución y entregó su vida por ella. Participaba en la lucha clandestina cuando fue asesinado por la dictadura de Fulgencio Batista.

Síntesis biográfica

Fulgencio Oroz nació en una casa humilde, de madera, en la calle Goicuría n.º 7, entre Céspedes y Rius Rivera, en el barrio La Sabana,[2] en el municipio Candelaria, un pueblecito al pie de la Sierra del Rosario, que en esa época formaba parte de la provincia de Pinar del Río, en la región occidental de Cuba.[3]

Fue el primer hijo de Fulgencio Oroz-Garciariaín ―natural de la provincia de Navarra (España), a quien apodaban El Rubio debido a su piel muy roja― y de Sabina Gómez Blanco, nieta de isleños por vía materna.[2] En noviembre de 1940 nació la segunda hija, Francisca (Paquita, Nenita o la Nena).[2] En julio de 1941 falleció el padre, que había participado activamente en las luchas contra la tiranía batistana.[2] Ella tuvo que enfrentar sola la alimentación y el cuidado de sus hijos, dedicándose a la única labor que entonces solían hacer las mujeres para ganarse la vida: lavar y planchar para afuera.[2]

El maestro Armando de Pedro (1900-1959).

Estudios primarios

Fulgencio cumplió sus estudios primarios en su propio pueblo, en la escuela n.º José Martí (gratuita hasta sexto grado), que el maestro martiano y maceísta Armando de Pedro Capetillo (1900-1959) hacía funcionar por las mañanas. Sin embargo, para poder acceder a los estudios secundarios había que pasar séptimo y octavo grado en alguna escuela privada (no gratuita). Su maestro lo becó para que pudiera estudiar en su instituto Fiat Lux, que atendía por las tardes.[3]

En agosto de 1953, Fulgencio pasó los exámenes de ingreso de la Escuela Normal de Maestros de La Habana con buenas notas (entre cientos de alumnos, obtuvo el puesto n.º 36) y se mudó a vivir en la casa de Concepción Concha Llanes, prima de su madre Sabina.[2] Allí se ocupaba de repartir el «tren de cantina» de su tía segunda, un servicio de almuerzo y comida que Fulgencio entregaba al domicilio del cliente. Transportaba los alimentos en recipientes de aluminio denominados "cantinas": una para sopa, otra para arroz, otra para viandas y otra para carnes. Se acomodaban todas las cantinas una encima de la otra.[2]

Actividades revolucionarias

Fulgencio Oróz Gómez cursó estudios en la Escuela Normal para Maestros de La Habana, militando en la Juventud Socialista, de la cual era organizador del Comité Habana Municipio ―con carácter provincial― y destacado dirigente estudiantil.

Para ayudar a su familia, Fulgencio Oróz Gómez tomaba el tiempo que le quedaba libre para trabajar; su tío le dio trabajo como aprendiz de zapatero.

La entrada en ese nuevo mundo de obreros y sindicatos en constantes enfrentamientos, significó más que el aprendizaje de un oficio; el germen en la formación de un revolucionario; las frecuentes discusiones y reuniones de los obreros le hizo comprender el carácter del partido obrero y de la lucha por las reivindicaciones sociales, que por ese tiempo se desarrollaban en el país frente a las camarillas del Partido Auténtico.

Inició el estudio de la literatura marxista y más tarde comenzó a tomar parte en las actividades convocadas por las organizaciones revolucionarias que funcionaban en la Escuela Normal, donde estudiaba, así como en la zapatería donde laboraba.

Ingresó en la Juventud Socialista, por el prestigio alcanzado en el sector estudiantil de la enseñanza media, fue designado en varias ocasiones para organizar actividades en otros centros. Participó en manifestaciones contra el régimen.

No escondía sus sentimientos y su militancia. En escuela todo el mundo sabía que era comunista, jamás desechó una posibilidad para exponer sus ideas, de denunciar a la tiranía. De una modestia y sencillez ilimitada apenas tenía ropa, no almorzaba. Realizaba grandes esfuerzos por continuar la carrera. Sus preocupaciones políticas lo llevaban a tomar parte en las actividades convocadas por las organizaciones revolucionarias que trabajaban dentro del centro estudiantil.

A finales de 1954, con quince años de edad, goza de prestigio entre los estudiantes de La Normal y realiza acciones que se salían de los marcos de aquel centro. Por ello tuvo frecuentes contactos con miembros de la Juventud Socialista, ingresando pronto en esta organización mediante la aprobación del nivel municipal, pues no existía comité de base en La Normal, creándose uno bajo su dirección. Siendo dirigente de la Juventud Socialista participaba en las reuniones de la Federación Estudiantil donde aprovechaba para plantear los problemas candentes en aquellos momentos.

En la Escuela Normal, la mayoría de los jóvenes eran anticomunistas (debido a la propaganda de los medios de comunicación, cómplices de la dictadura). Sin embargo, Fulgencio comenzó un trabajo de proselitismo, denunciando los negociados de la corrupta directora de la Escuela, Isolina Díaz Otero, que nombraba profesores de dedo, vendía exámenes y perseguía a los estudiantes revolucionarios.[2]

En 1955 se convirtió en campeón de atletismo de la provincia de La Habana, ya que obtuvo dos medallas de oro en 1500 y 4000 metros, en el evento de atletismo Pepe Barrientos. La directora del Instituto Nacional de Educación Física le propuso viajar a México a unos juegos estudiantiles con la condición de que no hiciera ninguna declaración en contra del Gobierno de Fulgencio Batista. Respondió que si tenía que representar a su Patria pero callarse lo que sentía, no iría a ninguna parte.[2]

Su madre, Sabina Gómez, que se había casado en segundas nupcias con Bienvenido-Pedro Blanco, se mudó a La Habana. Como medio de subsistencia en su vida paupérrima, Sabina Gómez consiguió trabajo en una despalilladora de tabaco, labor que fue quebrantando su organismo. Bienvenido Blanco trabajaba como cocinero. En La Habana tuvieron otros tres hijos: Francisco, Rodolfo y el Negro Pedro Blanco-Gómez (n. 1948, quien sería asesinado como alfabetizador, a los trece años de edad, en 1961).

Desde 1955, Fulgencio fue detenido varias veces por la policía (generalmente por denuncias de la directora de la Escuela Normal, Isolina Díaz Otero) y golpeado.[2] El 9 de enero de 1957, la directora Isolina Díaz Otero, alegando «conducta impropia relacionada con el buen desarrollo de las labores docentes y con la disciplina de la Escuela», le prohibió para siempre ingresar en la escuela. Sin embargo, Fulgencio ―con ayuda de sus compañeros y de algunos profesores― se las arregló para presentarse en el primer reconocimiento (trimestre)[4] a examen de Gramática, Química, Agricultura, Metodología de la Aritmética y Metodología de los Estudios de la Naturaleza; y en el segundo reconocimiento a Gramática. En los exámenes de junio presentó Agricultura y Metodología de los Estudios de la Naturaleza. Aprobó todas las materias, por lo que solicitó matricular de nuevo en septiembre del siguiente curso.[2]

En la lucha contra la tiranía batistiana mantuvo estrecho vínculo con combatientes del Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario Trece de Marzo.

Detención

A fines de octubre de 1956, la dictadura batistana estaba matando estudiantes y civiles en La Habana, por lo que algunos miembros de la Juventud Socialista le indicaron que se fuera a su pueblo natal. En Candelaria, Oróz se alojó en la casa de El Maestro ―Armando de Pedro Capetillo, quien había desarrollado un gran afecto y admiración por su discípulo― y durante varios meses compartió la vida con su familia.[5] De Pedro lo alertó en el sentido que ya era una figura demasiado conocida como para ocultarse en un pueblo pequeño.[5]

Los hechos del 13 de marzo de 1957 ―el asalto al Palacio Presidencial, la toma de la emisora Radio Reloj, y el asesinato junto a los muros de la Universidad de La Habana del líder estudiantil José Antonio Echeverría le hicieron regresar a La Habana.[2]

El BRAC (Buró para la Represión de las Actividades Comunistas) descubrió la casa de su familia en el reparto Los Pinos, de La Habana. En la noche del 2 de diciembre de 1957, agentes del BRAC penetraron en la vivienda de su madre y lo detuvieron mientras dormía. Estuvo preso hasta el 5 de diciembre. Cuando la familia pudo rescatarlo, fue necesario ingresarlo en un hospital debido a su estado de gravedad; su cuerpo estaba amoratado por los golpes recibidos. Al salir del hospital no volvió a su casa, porque el BRAC había dejado una posta fija de manera permanente dentro de la casa de su madre, impidiendo el normal desenvolvimiento de la vida familiar: era una provocación inaudita, que mostraba el abuso de la autoridad y lo indefensa que se encontraba la población ante la prepotencia de los órganos represivos.[2]

Fulgencio Oroz pasó a una vida completamente clandestina. Para evitar ser reconocido, se tiñó el pelo y se cubrió los ojos con espejuelos oscuros. Solicitó a la Juventud Socialista que le permitieran marchar a luchar en la Sierra, pero tal petición fue denegada. Se escondió por unos días nuevamente en Candelaria. Pero no podía permanecer mucho tiempo en un mismo lugar: se trasladaba de vivienda: un día aquí y otro allá. Los lugares más seguros comenzaban a escasear.[2]

Durante todo el año 1958, por orientación de la Juventud Socialista, se ocupó de varias tareas: distribuir la propaganda, responsable del frente de finanzas en el Comité Municipal y llegó a ocupar el cargo de organizador del movimiento estudiantil de la Escuela Normal.[2]

Fulgencio Oroz conocía varios datos que los órganos represivos ansiaban poseer: las cifras de los Comités de Base de la Juventud Socialista, el nombre de los contactos en los planteles estudiantiles, el nombre y la dirección de más de 90 casas clandestinas de la Juventud Socialista y del Partido Socialista Popular, el nombre y la dirección de muchos cuadros del Movimiento Veintiséis de Julio y de otras organizaciones. Oroz estaba consciente de que si era atrapado, la policía trataría de extraerle esa valiosa información, utilizando los más crueles métodos de tortura.[5]

Última detención y desaparición

Fulgencio Oroz vivía en la clandestinidad; su último lugar de residencia fue en la casa de Úrsula Delgado, militante del PSP (Partido Socialista Popular), en calle Palatino n.º 253, segundo piso.

En la mañana del martes 2 de diciembre de 1958, Oroz tuvo contacto con varios compañeros del movimiento obrero, cerca de la Calzada de Luyanó: trataban de impulsar las tareas del Frente Obrero Nacional Unido (FONU), integración de fuerzas, con fines unitarios, en el que estaban representadas todas las organizaciones que luchaban contra el régimen batistiano. Al anochecer se dirigieron con otros compañeros hacia la calle Remedios, a un costado del hospital Hijas de Galicia.

Alrededor de las nueve de la noche, en el momento en que fueron a saludar a un miembro del Movimiento 26 de Julio que estaba parado allí, varios agentes de policía vestidos de civil ―entre ellos Miguelito El Niño y el sargento Villazón― bajo las órdenes del capitán Evelio Mata Rodríguez y de Conrado Carratalá Ugalde se le fueron encima. Durante el operativo, resultó herido de un balazo en una pierna.

Desde ese momento no se supo más de él.

En la madrugada del miércoles 3 de diciembre de 1958, Úrsula Delgado (la militante del PSP en cuya casa en calle Palatino vivía por esos días Fulgencio Oroz, le comunicó a su hijo que Oroz no había llegado a dormir. Desde el amanecer del 3 de diciembre comenzó la búsqueda por parte de familiares, compañeros y miembros de la Juventud Socialista por las distintas estaciones de Policía, los hospitales y casas de socorro, y en los lugares donde solía ocultarse, pero el resultado fue infructuoso.

La búsqueda no cesó a pesar que habían transcurridos varios días. Las autoridades cínicamente informaban que no lo tenían detenido. Su hermana, Paquita Oroz Gómez, también estudiante de magisterio, solicitó a la profesora de español de la Escuela Normal, la doctora Cira Soto Palenque, quien gozaba de prestigio profesional y humano entre los estudiantes, que la acompañara al Castillo del Príncipe, que era la principal prisión de la ciudad. La visita resultó de igual modo infructuosa.

El día 16 de diciembre de 1958 ―en señal de protesta por la desaparición física de su compañero―, los estudiantes de la Escuela Normal desplegaron dos enormes banderas cubanas en la fachada del edificio y distribuyeron proclamas en las que exigían la inmediata liberación de Fulgencio Oroz. La policía acudió al lugar, pero a pesar de las presiones ejercidas por la directora de la escuela, los alumnos se negaron a entrar a clases. El Instituto de La Habana suspendió las clases por dos días, el Instituto de la Víbora cerró hasta enero.

El 26 de diciembre, la revista Mella publicó un artículo con el título de «El secuestro del estudiante Oroz». La FEN repartió miles de volantes impresos en protesta por la desaparición de Oroz.

Juicio a los asesinos

Después del triunfo de la Revolución, en enero de 1959, el Comité Nacional de la Juventud Socialista creó una comisión para la búsqueda de los restos de Fulgencio Oroz: se tuvieron en cuenta todas las informaciones y declaraciones de diversas personas, pero los restos no aparecieron jamás.[5]

El 6 de febrero de 1959, los Tribunales Revolucionarios comenzaron el juicio al exteniente José de Jesús Castaño Quevedo, a Evelio Mata Rodríguez y a otros verdugos, a los cuales se les pudo probar que habían participado en la captura y en las torturas infligidas hasta la muerte a Fulgencio Oroz.[5] Los asesinos fueron sancionados a la pena de muerte.[5] El resto de los torturadores y de los asesinos lograron escapar hacia Miami, donde recibieron asilo político por parte del Gobierno de Estados Unidos.[5]

Fulgencio Oroz-Gómez (1939-1959) en 1958, a los 19 años de edad.

Confesión de los torturadores

Después de ser detenido y conducido a la Décima Estación por agentes de Carratalá y Mata fue salvajemente torturado por los esbirros que se ensañaron con él, lo supimos por José N. y otros jóvenes del 26 de Julio que estuvieron presos con él. Ellos atestiguaban que a las dos horas de estar detenido Oroz estaba inconsciente y todo desmayado por la cantidad de torturas y golpes que le hicieron sufrir por ser comunista, como le decían, lo incomunicaron y después lo trasladaron al BRAC. Allí también fueron atroces las torturas a que fue sometido.
José Peñalves, presidente de la JSP, en entrevista al periódico Hoy, 24 de enero de 1959[5]

El martes 2 de diciembre de 1958, Fulgencio Oroz Gómez fue esposado y remitido a la Décima Estación de la Policía Nacional, en el Cerro. Tenía una herida de arma de fuego en la pierna, pero no fue atendido. Fue golpeado por varios esbirros bajo la supervisión del capitán Mata.[5]

Desde allí fue llevado al Buró para la Represión de las Actividades Comunistas (BRAC), en Marianao, donde fue entregado al primer teniente José de Jesús Castaño Quevedo, jefe de investigaciones, quien continuó azotándolo personalmente junto con Héctor Figueredo Valdés.

A pesar de las horribles golpizas a que fue sometido, no pudieron arrancarle una palabra comprometedora sobre las actividades revolucionarias. Cuando los captores se convencieron de que no podían obtener nada de él, lo asesinaron.

Como habían hecho en múltiples ocasiones, mandaron a desaparecer el cuerpo.[5]

Homenaje

Pedro Negro Blanco-Gómez (1948-1961), hermano de Fulgencio Oróz-Gómez.
Retrato realizado por los estudiantes de la escuela secudaria básica Pedro Blanco Gómez.

Hermanos revolucionarios

Con el triunfo de la Revolución (en enero de 1959, apenas un mes después del asesinato de Fulgencio), todos sus hermanos, siguiendo el ejemplo de Fulgencio, se dedicaron a trabajar para la Revolución naciente. El menor de ellos, Pedro Negro Blanco-Gómez (nacido el 27 de abril de 1948) fue alfabetizador en el Escambray. Lamentablemente la familia a la que tenía que alfabetizar eran colaboradores de los bandidos contrarrevolucionarios que se ensañaban con los jóvenes que pretendían educar a los campesinos, intentando boicotear la Campaña de Alfabetización. El 29 de mayo de 1961, el Negro fue asesinado, con trece años de edad.

Escuela secundaria Fulgencio Oroz Gómez

En Luyanó una escuela secundaria básica lleva el nombre de este joven revolucionario.

Tarja en el barrió de Luyanó

Existe una tarja donde libró el último combate, en la calle Remedios entre Nuestra Señora de Reglas y Nuestra Señora de los Ángeles, a un costado de la clínica Hijas de Galicia, en la Circunscripción 25 de Luyanó (ciudad de La Habana):

Fulgencio Oroz, 1940-1958.[6]
Al inolvidable compañero de la JS
al conmemorarse el primer
aniversario de su muerte.
JS, M-26-7

Escuela de Formación Pedagógica Fulgencio Oroz Gómez

Desde 1998, la antigua Escuela Normal para Maestros de La Habana ―ahora Escuela de Formación Pedagógica―, lleva su nombre.

Fuente

  • Etcheverry Vázquez, Pedro; y Gutiérrez Oceguera, Santiago (2011): «Dos hermanos, una historia», artículo del 2 de diciembre de 2011 publicado en el sitio web Tribuna (Cuba).
  • Graña Eiriz, Manuel: Contra el ejército. El ocaso de un dictador. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2014.
  • «1958: detenido y asesinado Fulgencio Oroz», artículo publicado en el sitio web FEC (Cuba).