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Guerra radioelectrónica contra Cuba

Guerra radioelectrónica contra Cuba
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Torre radial.jpg
Fecha:1959
Descripción:
Guerra Injusta contra Cuba
País(es) involucrado(s)
Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos, Bandera de Cuba Cuba

Guerra radioelectrónica contra Cuba. Forma parte de la estrategia de subversión política – ideológica del gobierno de Estados Unidos contra la Revolución Cubana.

Como ha denunciado el gobierno cubano en los más diversos foros internacionales, desde el mismo Triunfo de la Revolución Cubana, las sucesivas administraciones norteamericanas han recurrido a todo su poderío económico y tecnológico en apoyo a la agresión radioelectrónica contra Cuba. Mediante ilegales transmisiones radiales primero, y luego también televisivas, se ha venido agrediendo de modo permanente el espacio radioeléctrico cubano, difundiendo programaciones especialmente diseñadas para la incitación al derrocamiento del orden constitucional establecido por el pueblo cubano. Hacia ningún otro pueblo del mundo ha sido transmitida por una potencia extranjera, durante tanto tiempo, tanta mentira y estímulo a la destrucción y al odio.

Concebida, instrumentada y financiada por los grupos de poder norteamericanos que no renuncian a la pretensión de reimponer su control neocolonial sobre la Isla, en contubernio y complicidad con la mafia terrorista de origen cubano radicada en el territorio de la superpotencia, la agresión radioelectrónica constituye una pieza clave en la política de hostilidad, bloqueo y agresiones de Estados Unidos contra el pueblo cubano.

Estas transmisiones ilegales de radio y televisión buscan, mediante falsas alegaciones, la tergiversación y la propaganda dolosa, promover el desencanto y el cuestionamiento del pueblo cubano a su Revolución, el desacato al orden constitucional del país y el enfrentamiento a sus autoridades, y la emigración ilegal de cubanos poniendo en riesgo sus vidas. En resumen, fomentar el desencadenamiento de una crisis artificial que sirva de pretexto a una eventual intervención militar y una guerra de conquista contra Cuba.


Antecedentes de una guerra silenciosa

Desde los primeros años del Siglo XX, el entonces emergente imperialismo estadounidense recurrió a los principales adelantos tecnológicos en materia de medios de difusión, como instrumentos de su labor de propaganda, injerencia e intervención. La radio alcanzó en esta primera etapa de penetración y dominación imperial un papel de primer orden. Bastaría remontarse al comienzo de las transmisiones norteamericanas hacia América Latina, el 25 de mayo de 1924, bajo la cobertura de la Unión Panamericana.

Las interferencias incompatibles en la radiodifusión por ondas medias entre Cuba y Estados Unidos tienen sus antecedentes mucho antes de enero de 1959. En la década de los años 30 del siglo pasado, las emisoras cubanas -con sistemas de antenas de poca eficiencia y de reducida potencia -, eran afectadas por la interferencia en sus áreas de servicio de emisoras radiales de Estados Unidos, que contaban con transmisores de mayor potencia y sistemas de antenas muy eficientes.

En 1937 se celebra en La Habana la Conferencia Regional de Radiodifusión, donde los 16 Estados americanos allí representados crearon la Oficina Interamericana de Radio y distribuyeron frecuencias en tres distintas zonas de América. Dicha Conferencia fue convocada por el interés de Estados Unidos, que negoció desde posiciones de fuerza para imponer a los participantes las bases técnicas concebidas para garantizar la continuidad de los privilegios que ya disfrutaban las estaciones norteamericanas, tanto dentro de su territorio, como hacia el exterior.

Los instrumentos firmados en La Habana, el 13 de diciembre de 1937, comprendían la Convención Interamericana sobre Radiocomunicaciones, el Arreglo Interamericano sobre Radiocomunicaciones y el Convenio Regional Norteamericano de Radiodifusión (NARBA).

El último de los instrumentos antes mencionados regulaba las cuestiones de la radiodifusión por ondas medias en la región definida como norteamericana, que comprendía a los territorios de: Canadá, Cuba, Estados Unidos, Haití, México, Terranova y República Dominicana.

El Convenio definió 105 canales de radiodifusión que clasificó en canales despejados, canales regionales y canales locales. Fueron distribuidos de la forma siguiente: Canadá 14; Cuba 9; Estados Unidos 63; Haití 1; México 15; Terranova 2 y República Dominicana 1.

Al tener más desarrollados sus medios de radiodifusión, Estados Unidos obtuvo en virtud del Convenio más del 50% de toda la banda, casi siempre con estaciones en “canales des¬pejados”, lo que permite ofrecer un servicio libre de interferencias a grandes zonas, tanto del país emisor, como de vecinos más cercanos.

Para Cuba en particular, el ulterior desarrollo de su radiodifusión nacional quedaría lastrado por la carga económica que impone la necesidad de instalar complejas y costosas redes de antenas direccionales, para asegurar la disminución de las señales radiadas hacia Estados Unidos, y así proporcionar la protección estipulada en el Acuerdo Regional. Sólo muy pequeñas emisoras locales de baja potencia y por lo tanto de muy reducida área de servicio pudieron ser instaladas, con antenas simples de bajo costo.

Luego de varios aplazamientos, el 13 de septiembre de 1949 se reunió en Montreal, Canadá, la III Conferencia Regional Norteamericana de Radiodifusión. La Conferencia sesionó ininterrumpidamente hasta el 8 de diciembre del propio año, fecha en que fue declarada en receso ante la imposibilidad de lograrse un acuerdo entre Cuba y Estados Unidos.

En agosto de 1950 se reanudó la Conferencia para analizar las asignaciones de frecuencias, potencias y ubicación de las estaciones, con la participación en ella de Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, Haití, Jamaica, Bahamas y República Dominicana. El resultado final de la reunión fue la adopción del Acuerdo NARBA, con la asig¬nación de un total de 3 085 estaciones.

Estados Unidos recibió 2 402 asignaciones, para un 80% del total. A Cuba, con 116 estaciones, le correspondió sólo el 3%. Las asignaciones de Estados Unidos se distribuyeron entre los 106 canales disponibles. Cuba tuvo acceso a 81 canales.

El aspecto más significativo de este nuevo acuerdo fue la muy desigual distribución de las prioridades, es decir, los derechos de protección a las áreas de servicios de las emisoras.

Mediante el acuerdo NARBA de 1950, Estados Unidos se aseguró el virtual dominio de las ondas medias en el área y el derecho a agredir con sus ondas de radio a Cuba y otros países de la región.

La Voz de América y Radio Swan

Con la aprobación del “Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro”, el 17 de marzo de 1960 por el presidente Dwight D. Eisenhower se definía cómo se habría de emplear en ese momento la propaganda radial contra Cuba y su modus operandi. Los aspectos más importantes fueron:

- La creación y empleo de una estación radial de alta potencia de onda corta y media.

- La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) era la responsable de preparar la estación fuera de los límites del territorio de ese país y tenerla lista para operar 60 días.

- La Isla Swan, en el Caribe, se seleccionó para establecer la estación, que en un principio debió ser revelada como clandestina, pero antes del inicio de las trasmisiones se le ofreció la cobertura de una emisora comercial.

- Con el apoyo de la Marina de Guerra de Estados Unidos se construyó un aeropuerto en esa isla, se trajeron los equipos de trasmisiones y demás materiales para montar la estación.

- El 17 de mayo de 1960 comenzaron las trasmisiones radiales de Radio Swan dirigidas a Cuba.

- Comoquiera que la fachada de Radio Swan era de una emisora comercial, ésta vendió espacio a organizaciones contrarrevolucionarias, publicaciones de la emigración y estaciones radiales de grupos contrarrevolucionarios. Los programas radiales trasmitidos eran grabados en Estados Unidos y, con posterioridad, enviados a la emisora.

EI 21 de marzo de 1960 se inicia oficialmente la agresión radial contra la Revolución Cubana, al salir al aire una nueva emisión de La Voz de América (VOA) en idioma español. La VOA es uno de los órganos centrales de manipulación propagandística y subversión política e ideológica de la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA).

La nueva programación estaba dirigida contra Cuba, aunque cínicamente se alegaba la supuesta transmisión “a todo el Continente”. Sus contenidos reflejaban la creciente agresividad de las administraciones estadounidenses de turno frente al proceso de transformaciones revolucionarias que avanzaba en Cuba.

Como emisora oficial del gobierno de Estados Unidos, La Voz de América (VOA) tenía determinadas limitaciones para cumplir todas las expectativas y necesidades de propaganda en la aplicación de la política de guerra no declarada contra la Revolución Cubana. No resultaba recomendable - en tanto brindaría pruebas de cargos contra las autoridades norteamericanas -, que la VOA transmitiera determinado tipo de conteni�dos hacia Cuba, tales como la incitación directa a la rebelión o las instrucciones para ejecutar actividades terroristas.

Es por ello que el 17 de mayo de 1960, se puso en el aire una estación de radio subversiva con cobertura comercial, nombrada Radio Swan, para realizar transmisiones que sirvieran para alentar y orientar a los terroristas que operaban en territorio cubano.

Radio Swan comenzó a operar en una frecuencia cuidadosamente escogida para penetrar en toda Cuba y causar la menor interferencia nociva posible a las emisoras de los Estados Unidos. Era una operación clandestina, y como tal, jamás fue inscrita en el Registro Internacional de Frecuencias de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT)[1].

Según documentos hechos públicos en 1980, la emisora Radio Swan imponía a la CIA una erogación mensual de entre 400 a 500 mil dólares, sosteniendo una programación que llegó a contar con tres horarios: matutino, vespertino y nocturno, con una duración promedio de entre 8 a 12 horas diarias.

Poco antes de la invasión mercenaria de Playa Girón, Radio Swan fue dotada de un transmisor adi�cional en la banda internacional de onda corta de 49 metros, el cual funcionaba en la frecuencia de 6 000 kHz y también estaba dirigido hacia Cuba.

Los contenidos de las emisiones de Radio Swan se hicieron cada vez más abiertamente agresivos, incitando a diversas formas de terrorismo, entre ellas el sabotaje económico, la destrucción de instalaciones administrativas y de servicios, el asesinato de los principales dirigentes revolucionarios. etc.

Según consideran documentos desclasificados de la CIA, Radio Swan se convirtió en el vocero de la contrarrevolución de origen cubano tanto en el exterior como en el interior de Cuba. Estas fuentes opinan que, para fines de 1960, la emisora comenzó a perder credibilidad como resultado de las declaraciones y puntos de vista emitidos por los diferentes grupos que trasmitían sus programas. Todo indica que las rencillas entre las diferentes organizaciones, la ausencia de mensajes apropiados y la utilización de informaciones burdas y sin sentido, fácilmente discernible por la audiencia en el teatro operativo, contribuyeron a debilitar la imagen pública de la emisora. Así se radicaron mensajes que rápidamente se descubrían por la audiencia como información falsa. En una ocasión se hizo referencia a que en un parque de Santiago de Cuba se encontraban 3 000 soviéticos; y para revelar la ausencia de coordinación entre los diferentes grupos que trasmitían, hubo emisiones en las cuales se expresaba que, los milicianos que se pasaran a las filas contrarrevolucionarias serían considerados héroes, en tanto en otras, se declaraba que serían ahorcados.

En la medida en que se acercaba el desembarco de la Brigada de Asalto 2506, según plan trazado en la Operación Pluto, la CIA asumió el control completo de las trasmisiones de la emisora, para ofrecer apoyo táctico a las fuerzas invasoras. A partir del 27 de marzo de 1961, Radio Swan sólo radiaba informaciones en apoyo a la Operación Pluto y a las organizaciones contrarrevolucionarias en Cuba.

Durante el desembarco de la brigada mercenaria por Playa Girón, Radio Swan trasmitió información para ofrecer apoyo táctico a los mercenarios y, al monitorearla por las estaciones de radio de América Latina y el Caribe y por las agencias de noticias internacionales, creó estados de opinión en torno a los acontecimientos que estaban sucediendo, conformando una visión enteramente tergiversada de hechos.

Cuando los Servicios Especiales de Estados Unidos percibieron el inminente fracaso de la Operación Pluto en las costas cubanas, la emisora modificó inmediatamente su mensaje para informar de la derrota de la Brigada de Asalto 2506, indicando que, el armamento soviético, había detenido el avance de las tropas mercenarias y, que éstas, se dirigían a las montañas del Escambray para iniciar la lucha de guerra de guerrillas, junto a grupos de alzados que operaban en la región.

Días posteriores la emisora volvió a sus trasmisiones normales, después de haber estado transmitiendo las 24 horas del día durante la Operación. Ofrecía noticias e información contrarrevolucionaria, pero evitaba hacer referencias que incitaran a la rebelión. En octubre de 1961 trasmitía por ondas media y corta, en los horarios de 05:00 a 06:00, de 12:30 a 14:00 y de 18:00 a 00:15. Las trasmisiones consistían en noticias y programas comerciales.

Tras la rotunda derrota propinada por el pueblo cubano a la invasión por Playa Girón (Bahía de Cochinos), la CIA decidió cambiar el nombre de Radio Swan - a partir de su total descrédito -, rebautizándola como Radio América, “La Voz de la Verdad para todo el Continente”, la cual continuó su propaganda contra Cuba hasta que los recortes en el abultado presupuesto para operaciones anticubanas de la Agencia, la hicieron desaparecer a mediados de los años 60.

El uso de la radio como instrumento de guerra y subversión se convirtió en norma del Departamento de Estado norteamericano desde fines de la década del 50, en particular, al ser colocada la USIA, bajo la dirección de Leonard Marks y Frank Shakespeare, connotados ideólogos anticomunistas.

Durante la Crisis de Octubre (Crisis de los Mísiles), Estados Unidos intensificó la utilización de la radio como instrumento de subversión político - ideológica contra Cuba, mediante la ejecución del llamado “Plan Jacobs”. Este plan contemplaba la instalación emergente de dos nuevos transmisores de ondas medias en cayos al sur de La Florida, en las frecuen¬cias de 1180 kHz y 1040 kHz, respectivamente.

Estas instalaciones iniciaron una nueva fase de la guerra radial contra Cuba, al llevar el ataque directo de Estados Unidos a la banda de ondas medias, esperando aumentar considerablemente su audiencia en nuestro país.

La mal llamada Radio Martí

Estudio de la mal llamada Radio Martí

Con el ascenso de la administración de Reagan y el incremento de las acciones de hostilidad y agresividad contra el pueblo cubano, se reinician las emisiones oficiales de radio expresamente dirigidas hacia Cuba.

En grave afrenta a la dignidad y al legado histórico y patriótico de la nación cubana, el servicio de transmisiones de radio diseñadas y dirigidas a fomentar el cumplimiento de la sempiterna pretensión de anexarse la Isla, fue bautizado por los representantes del gobierno imperialista nada menos que con el nombre del Héroe Nacional cubano, José Martí.

Las transmisiones del Servicio Especial de Programas de la Voz de América: Radio Martí, se han mantenido, a partir de su salida al aire, como un eslabón esencial de la subversión política e ideológica de sucesivas administraciones norteamericanas contra el pueblo cubano.

La victoria de la superpotencia hegemónica en la llamada Guerra Fría - que algunos han calificado como la Tercera Guerra Mundial -y en particular, el derrumbe del llamado “socialismo real” en Europa Oriental y el desmoronamiento de la Unión Soviética, condujeron a los estrategas del Imperio triunfante a la conclusión errónea de que los métodos de subversión política e ideológica utilizados contra el socialismo en aquella región del mundo, serían también eficaces en la destrucción de la Revolución Cubana.

Varias de las emisoras son propiedad o prestan sus servicios a organizaciones promovidas o vinculadas directamente a elementos terroristas que residen, operan y actúan con total impunidad contra Cuba desde el territorio norteamericano y cuyas actividades han sido denunciadas por Cuba en diversos foros de las Naciones Unidas que abordan el tema del combate al terrorismo, y de forma oficial ante el gobierno norteamericano.

En lo que se convirtió en plataforma programática del Partido Republicano, el documento conocido como Santa Fe I, se estipulan claramente las motivaciones del establecimiento de la mal llamada Radio Martí (que fuera inicialmente concebida como radio Cuba Libre):

(……) “La Habana debe ser responsabilizada por su política de agresión contra los estados herma¬nos de América. Entre otras medidas, será creada la radio Cuba Libre, bajo abierta responsabilidad de Estados Unidos, la cual emitirá información objetiva al pueblo cubano(…) Si la propaganda falla, debe ser lanzada una guerra de liberación contra Castro”(……).

Las mal llamadas Radio y Televisión Martí no emiten información, por el contrario, la falsifican y tergiversan; no aspiran a respetar valores como la objetividad y el apego a la verdad, fabrican con premeditación y culpa la mentira e incitan al odio destructivo.

Una televisión que no se ve

En fecha temprana tras el triunfo revolucionario en Cuba, aprovechando los avances que se habían producido en la introducción de la televisión en el país y conociendo perfectamente las características tecnológicas de los equipos instalados - todos eran de producción norteamericana -, fueron concebidos los primeros planes oficiales estadounidenses para utilizar la televisión con vista al apoyo de la agresión contra la Revolución Cubana.

En 1962 la Agencia de Información de los Estados Unidos (USIA) elaboró un plan de propaganda anticubana, que incluía la utilización para las transmisiones de dos aviones DC-6, volando a 18 000 pies, muy cerca del espacio aéreo cubano. Aplazado el proyecto, la idea resurgió durante la administración Carter, cuando el profesor George Chester, de la Universidad de Maryland, propuso la variante de una transmisión desde Cayo Hueso, a través de un canal cubano no utilizado.

Bajo la administración Reagan, circuló por primera en vez en el Congreso de Estados Unidos un proyecto, promoviendo llevar a cabo estudios de factibilidad para iniciar las transmisiones de televisión a Cuba con fines de agresión política, propagandística e ideológica. La mafia terrorista cubano-americana de Miami fue incorporada activamente a la labor de cabildeo y apoyo a dicha iniciativa.

En 1989, la Cámara y el Senado aprobaron sendas resoluciones autorizando la estación de televisión una vez que las pruebas de transmisión hubiesen sido llevadas a cabo de manera satisfactoria.

La variante escogida fue un globo cautivo con un transmisor a bordo, de una potencia aproximada de 10 mil watts, que se mantendría a una altura de 10 a 14 mil pies en la zona de Cudjoe Key.

La señal de televisión se generaría en Miami y sería transmitida a una estación terrena ubicada en Cudjoe Key, de ahí hacia el transmisor ubicado en la góndola del aeróstato, de donde partiría la señal para tratar de entrar a Cuba.

Con anticipación más que suficiente y por todas las vías posibles, Cuba hizo todo lo que estuvo a su alcance en el orden político y diplomático, incluyendo una carta al presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con el objetivo de convencer al gobierno de Estados Unidos de la conveniencia de abandonar su nueva escalada en la agresión en materia de telecomunicaciones. Se le expresó la disposición del gobierno cubano a negociar un entendimiento respecto al intercambio de programas y transmisiones de televisión.

El 27 de marzo de 1990, comenzó la agresión televisiva, que fue neutralizada a los 10 minutos de penetrar en los telerreceptores cubanos. Día tras día, desde esa fecha, el ataque ha sido repelido, disminuyendo el tiempo en que se observa la señal desde 10 a un minuto.

El 27 de julio de 1990, la administración de george H. W. Bush (padre) presentó al Congreso un informe evaluando el llamado período de pruebas de la también mal llamada Tele Martí. En el mismo se reconoce que Cuba de modo eficaz y sistemático lograba interferir las señales, que la Junta Internacional del Registro de Frecuencias ha certificado la ilegalidad de esa acción y que la reacción internacional había sido desfavorable a Estados Unidos. No obstante, el presidente Bush (padre) ordenó continuar las transmisiones.

El 20 de noviembre de 1997 se inició una fase cualitativamente nueva en la agresión televisiva, al comenzar las transmisiones de la mal llamada Tele Martí en la banda de UHF. Nuevamente el pueblo cubano brindó una respuesta contundente al agresor, neutralizando en pocos minu¬tos la penetración de la señal subversiva.

El 6 de mayo de 2004, el presidente George W. Bush decidió dar nuevos pasos en el escalamiento de la agresión radioelectrónica y las campañas de desinformación y estímulo a la subversión en Cuba, al anunciar la asignación de 18 millones de dólares adicionales para las transmisiones de las mal llamadas TV y Radio Martí contra el pueblo cubano, desde un avión militar C-130, que sería destinado exclusivamente a ello.

Con todo el potencial tecnológico y la experiencia acumulada por un amplio número de especialistas altamente calificados en este tipo de guerra sucia, se recrudeció la agresi�n anticubana en materia de transmisiones radiales y televisivas, que alcanzó en octubre del 2004 los notables índices de 2 258 horas semanales emitidas en 30 frecuencias de radio y televisión.

Los reiterados intentos de utilizar el factor sorpresa, mediante cambios en el canal o los horarios de transmisión, no han reportado resultado satisfactorio alguno al agresor.

Estados Unidos pretende cubrir su impúdica agresión a la soberanía y la dignidad del pueblo cubano, alegando que sus transmisiones televisivas no generan interferencias en Cuba, al transmitir en un horario en que no está en servicios la televisión cubana. Oculta cínicamente que los transmisores cubanos han sido debidamente registrados para ofrecer servicios las 24 horas del día.

No sólo se transmite hacia Cuba una programación televisiva repleta de mentiras, tergiversaciones de la historia y la realidad actual, profundamente ofensiva a la determinación de independencia y justicia de la nación cubana; se pretende coartar el ejercicio del derecho de libre determinación a su pueblo, impidiéndole - como hace cualquier otro país en el mundo - administrar soberanamente sus frecuencias radioeléctricas y espacio radio-electrónicos, y decidir al interior de sus fronteras, el modo y horario de transmisiones de los servicios de radio y televisión.

La agresión radio-televisiva contra Cuba evidencia no sólo la naturaleza demencial de su política de hostilidad y agresiones contra el pueblo cubano, también el total desprecio del gobierno de Estados Unidos por las normas y principios del Derecho Internacional que rigen las relaciones entre los Estados.

Violación del Derecho Internacional

La guerra radioelectrónica de Estados Unidos contra el pueblo cubano viola directamente la letra o transgrede el espíritu de instrumentos internacionales como:

• Los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y en numerosos instrumentos internacionales, en particular los relativos a la igualdad soberana de todos los Estados y la no injerencia en los asuntos que son de jurisdicción interna de los mismos.

• La Declaración de Principios de Derecho Internacional relativos a las relaciones de amistad y cooperación entre los Estados, consagrada mediante la Resolución 2625 (XXV) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1970.

• El Tratado Internacional de Telecomunicaciones y el Reglamento de Radiocomunicaciones de la UIT, en particular su numeral 23.3, que limita las transmisiones televisivas más allá de los límites nacionales.

• El Artículo I común al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y al de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptados por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1966.

• La Declaración sobre los principios fundamentales relativos a la contribución de los medios de comunicación de masas al fortalecimiento de la paz y la comprensión internacional, a la promoción de los derechos humanos y a la lucha contra el racismo, el apartheid y la incitación a la guerra, proclamada el 28 de noviembre de 1978 en la XX Reunión de la Conferencia General de la UNESCO.

• La Resolución 37/92 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 10 de diciembre de 1982, que estableció los principios que han de regir la utilización por los Estados de satélites artificiales de la Tierra para las transmisiones internacionales directas por televisión.

• Mediante su Resolución 110(II) la Asamblea General condenó “toda propaganda destinada a provocar o a estimular amenazas contra la paz, la ruptura de la paz o todo acto de agresión”; mientras en virtud de su Resolución 127(II), la propia Asamblea invitó a todos los Estados a adoptar medidas para luchar “contra la difusión de noticias falsas o deformadas que puedan perjudicar las buenas relaciones entre Estados”.

Fuente

• Ángel Fernández. Suplemento Informática y Nuevas Tecnologías. La guerra radial contra Cuba. • Capítulo 6 del libro “Cuba y los derechos humanos”: La agresión radioelectrónica de Estados Unidos contra Cuba.

Bibliografía

VALDÉS- DAPENA VIVANCO, JACINTO: Piratas en el éter. La guerra radial contra Cuba, 1959- 1999, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006.