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Iglesia Mayor Santísima Trinidad

Iglesia Mayor Santísima Trinidad
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Parroquial Mayor de Trinidad.jpg
TipoIglesia Mayor
UbicaciónTrinidad, Sancti Spíritus, Bandera de Cuba Cuba
Arquitectura
Construcción1817 - 1892
ArquitectoEmilio Echeverría Besada
Ignacio Garrido
Estilo arquitectónicoNeoclásico

Iglesia Mayor Santísima Trinidad. Es uno de los templos mayores ubicados en territorio cubano. En mucho sobrepasa la escala de su plaza. Sus arquitectos fueron Emilio Echeverría Besada y Ignacio Garrido, demorando su construcción unos 75 años (1817-1892), lo que trajo diferentes cambios en el proyecto de construcción llevando la edificación a pasar por diferentes estilos de construcción como el neoclásico a lo griego hasta la versión académica llevada a cabo iluminando las tendencias que predominaron en la arquitectura cubana del siglo XIX.

Orígenes

Trinidad inició su historia en el segundo viaje de Cristóbal Colón, cuando trataba el almirante desesperadamente – durante el apogeo de su gloria – de convencer a los demás de que Cuba era un continente y darle veracidad a su teoría de haber encontrado los pueblos descritos por Marco Polo.

La ciudad de Trinidad está situada a 22º 49 latitud norte y 70 º 51 latitud oeste a una altura promedio sobre el nivel del mar de 55metros, tiene una superficie de 285 hectáreas, de 74 a 61 centiaria. La componen 220 manzanas edificadas y 117 pendientes de ordenamientos urbanos, 88 calles, unas 2100 casas y alrededor de 204 solares yermo, en el último censo su población fue de 17 756 habitantes.

La ciudad Museo del Caribe es un exponente fiel de la arquitectura popular cubana del siglo XIX, con mezclas del siglo XVIII y algún que otro muro del siglo XVII. Representa la fiel expresión de una importante ciudad que tuvo grandes riquezas e intensa vida oficial hasta más allá de la medianía del siglo XIX.

Su estructura urbana es la característica de la situada época: proporcionalidad, armonía y escala, nada es desorbitado ni gigantesco, ni tirado a cordel. Es una ciudad con una atmósfera simple de cosas bellas y pintorescas y posee la perfección de lo mínimo, el encanto sutil de lo discreto, la gracia de la sencillez pero a la vez gusta romper la simetría y juega con ese difícil problema del arte que es la voluntad de lo asimétrico, de lo irregular, de lo que se revela a la fácil concordancia, a la ordenación y al encasillamiento.

Su estilo arquitectónico es predominantemente hispano-mudéjar, pues los primeros moradores españoles le imprimieron el sistema de edificaciones y trazado de calles que predominaban entonces en el sur de España. Puede haber sido amplia, ortada de ingentes edificios y sin embargo se construyó estrecha en quiebra muchas veces como sesgando la rectitud que imprime monotonía lo cual no impide que haya constituido un lugar de tránsito.

Ostenta calles para la confidencia, el discreteo, el coloquio en puntillas, para que nuestras pisadas no se pierdan, sino que sigan con el ritmo que acomoda su donaire y su garbo, calles que nos ciñen, nos aprietan y acompañan, íntimas, sonoras y sumisas, con olores de los caminos nuevos y las recién regadas flores de sus patios, calles mulatas donde se unen maravillosamente las blancas calizas con las negras chinas pelonas encarceladas por las aceras afiligranadas de ladrillos rojos por baldosas aljofifadas que reflejan, como láminas de acero recién gruñido, calles con infinidad de plazuelas y un historial de secretos de perspectivas insospechadas.

La iglesia católica forma parte de la sustancia de la civilización cubana, porque fue y es un valor espiritual de la hondísima y extraña formación de la nacionalidad, desde los mismos días de la colonización de la Isla.

Apenas se trazan los más elementales contornos de los pueblos, se improvisa allí un altar y se invoca el fervor del cielo en la prosecución de la empresa que se acomete. Apenas se nombran las autoridades al lado de la Casa de Ayuntamiento, de la cárcel, aunque esta sea el patio, como sucedía casi siempre y que marca el sitio que significaría la iglesia que es siempre de techo de guano y pared de madera traída del bosque vecino, porque los españoles forjaban los asientos de sus pueblos, siguiendo las costumbres de los indios, a la vela de las aguas potables y de los montes de buenas maderas.

Las primeras ermitas e iglesias en la villa fueron, al par, asilos contra la ignorancia y contra el desamparo natural de los hombres. Allí hubo calor de almas de los sencillos frailes que fueron los primeros administradores en la villa del culto católico. Allí, bajo la cruz, se acogían a los indios, encontraban protección y enseñanza. Si hubo en el descampado espiritual de la colonización lugar alguno donde se acogieron los indios y los negros, ese lugar fue la iglesia católica.

A pesar de estos actos de humanidad y caridad, la iglesia no sólo fue amparo y fuente de educación y salud para los desposeídos, ella juzgaba y castigaba lo que según sus cánones era inmoral. Constituyó la principal vía de explotación y sometimiento de la raza aborigen hasta su exterminación y así mantener su dominio sobre el nuevo territorio colonizado.

La Iglesia Parroquial existió con Vicario y libros de aciertos de bautizos desde 1585, dos padres franciscanos en la calle Guaurabo, esquina Gutiérrez, cerca de la cueva de los indios. Al pie de la Barranca del Río existió una rústica choza, y al lado, una piedra o pilar con una cruz, que colocó, en los primeros tiempos de la civilización, un fraile, trinitario de nacimiento, llamado Nazario, dando origen a la Ermita de la Cruz de la Piedad. La Ermita (llamada en un principio, de la Caridad) Nuestra Señora de la Candelaria de la Popa existió desde mediados del siglo XVIII, pues de 1766 data la ofrenda del cuadrito consagrado a la virgen del santuario. La iglesia de San Francisco de Paula fue fundada en 1780 por el Pbro. Don Manuel Hernández de Rivera con el legado de Don Pedro Purniel. El convento de San Francisco de Asís tuvo su origen en la donación que los esposos San Jerónimo de Fuentes y Doña Micaela Albeláez hicieron de la Ermita erigida a nuestra Señora de la Consolación de Utrera y su casa solariega, contigua a los Padres franciscanos.

La Parroquial Mayor, Santísima Trinidad, en los últimos años de dicho siglo y hasta 1812, en que sufrió serias averías por las tormentas de ese año y la de 1814 en que fue destruida, era un amplio templo de 64 varas de largo por 15 de ancho. Solamente era de mampostería la sacristía, y todo lo demás de madera. Estaba orientado el edificio frente al oeste, y tenía tres naves: la central, con dos varas más de ancho las laterales. En medio de la iglesia se encontraba el coro, con sus tarimas, sitial para el obispo, sillones, facistol y un organillo que construyó un franciscano llamado fray José Denis, en 1789 y que duró hasta 1794 en que se sustituyó por otra. Estaba rodeada la iglesia de un muro almenado de dos varas de altura, extendido, desde la esquina de la torre, hasta la sacristía. En la plazoleta cercana había una cruz muy grande de madera. El terreno comprendido entre el muro, alrededor de la iglesia, y, esta se dedicaba a los enterramientos, lo mismo que el espacio libre, llamado ´´huerto´´ que, para ese fin, había un convento de San Francisco.

En el archivo de la iglesia parroquial, los asientos parten de los 14 días de abril de 1585, según consta en un libro viejo donde estaban anotadas las partidas bautismales en una cuartilla de papel inservibles manchadas al hacer las anotaciones por Don Francisco de Puebla, Procurador y Visitador, en enero de 1597 por orden del obispo Fray Antonio Salerdo.

A partir de 1611, en las partidas bautismales aparece citada la palabra “Mayor” al referirse a la Iglesia Parroquial Santísima Trinidad. En partidas en esa época se observa que a los bautizados se les hicieron exorcismos y bendiciones por tratarse de “endemoniados”.

En 1702, la iglesia parroquial Santísima Trinidad fue saqueada por el pirata inglés Carlos Gant, prestándose al martirio el sacristán mayor para evitar que las sagradas formas fueran profanadas.

Reconstruido después el templo, en la forma que se ha descrito, lo destruyó, de nuevo, la tormenta de 1812, y el culto fue trasladado a la iglesia de Santa Ana, hasta que, construido el convento de San Francisco de Asís, se utilizó éste como iglesia parroquial.

En tiempos primitivos, la iglesia no estaba orientada hacia la plaza, sino se hallaba de costado, con el eje mayor en sentido casi paralelo a la misma. En este espacio se ubicaron las casas de las familias más destacadas, pero el aprecio hacia el lugar estaba motivado por la presencia de la iglesia.

Historia

Antecedentes

Orígenes

En todas las ciudades fundadas en la América Hispana, la iglesia fue el edificio más relevante de la comunidad. Las primeras fueron de tabla y guano. La de Trinidad, destruida en 1526 por un huracán, fue erigida en un emplazamiento aun no precisado por los investigadores. Entre los años 1569 y 1570, el obispo Juan del Castillo confirma la existencia de una iglesia que aunque está consagrada, los indios que allí viven nunca vieron prelado. La iglesia era servida por el mismo sacerdote que atendía las villas de Santi Spíritus y Remedios. Se conservan libros parroquiales a partir de 1585. En 1611 dejó de ser llamada Parroquial para denominarse iglesia Parroquial Mayor, lo que establece la posibilidad de que existiera otra ermita en la ciudad.

En el siglo XVII desapareció, posiblemente a causa de un asalto de piratas y fue modificada por el obispo Alonso Enríquez de Armendáriz, quien visitó las poblaciones cubanas en los inicios del siglo XVII. En 1642 la iglesia fue destruida por los ingleses y en 1664 se inicia la fabricación de una nueva iglesia en mampostería y tejas. El proceso fue relatado por un fraile agustino llamado Francisco Romero en carta dirigida a Carlos II.

El adelanto de la obra tuvo lugar en tiempos del obispo Diego Evelino de Compostela, figura que tuvo un papel decisivo en la construcción con materiales sólidos de las iglesias cubanas. Pero el templo modificado por el obispo Armendáriz aún estaba en pié en 1670; hacia esa fecha el Obispo Santo Mathía refiere que la iglesia de Trinidad estaba amenazando ruina. Ello sugiere que la iglesia primitiva no fue demolida para construir una nueva en un solar, sino que coexistió con la Parroquial en proceso de fabricación. Es de dudar que la población careciera de iglesia por 28 años.

Primera Iglesia Parroquial

Alrededor de 1689 las obras tenían que estar muy adelantadas, ya que el obispo Compostela afirma en esa fecha que las iglesias de Trinidad, Sancti Spíritus y San Juan de los Remedios habían sido fabricadas de nuevo. La de Trinidad costó $20000, Sancti Spíritus $24000 y San Juan de Remedios $4000.

Tal como señala Romero y más de un siglo después, confirma el párroco de Trinidad José Joaquín Polo, para la construcción de la 1ra parroquia de mampostería y tejas pensaron hacer un edificio magnífico, según lo que estaba edificado, porque tenía 60 varas de largo y algunos 15 de largo, estando formado al lado izquierdo del presbiterio, una sacristía, habitación para los mozos y para los tenientes de curas cuyas paredes que seguían hasta la mitad de la iglesia, eran tan gruesas y tan finas que denotaban que la idea de los que empezaron el edificio, era de hacerlo de ese ancho, y que luego mudaron de parecer, dejándolo irregular con tanto largo y tan angosto, tal vez por falta de dinero.

La iglesia era de tres naves, sostenida en horcones de madera, con la torre a un costado. Es el tipo de todas las iglesias primitivas cubanas, en la que también las naves aparecen delimitadas por arcos sobre pilares de madera. Las naves estaban cubiertas con notables armaduras de par y nudillo. La fachada principal era de sencilla factura, como los ejemplos homólogos que aún se conservan. Por el exterior, un muro alto delimitaba el espacio que servía como cementerio de los esclavos. Este atrio vinculado a los enterramientos ha disminuido en la mayoría de las iglesias primitivas.

En 1804, el obispo Juan José Díaz de Espada y Landa prohibió los enterramientos en las iglesias y ordenó que los cementerios se situaran en las periferias de las poblaciones.

La Nueva Catedral

En 1812 un huracán causó grandes estragos a la iglesia, que se clausura por mal estado, y dos años después fue demolida para construirse, en el mismo sitio, un templo moderno, de de enormes proporciones, calificado por el obispo Espada como catedral para una aldea. El nuevo proyecto tenía la fachada principal hacia la plaza. Espada visitó la iglesia en 1804 y en 1809. La clausura y posterior demolición de la iglesia tuvo que ser aprobada por él, en su condición de máxima autoridad eclesiástica.

La primera piedra del nuevo edificio se colocó el domingo 9 de noviembre de 1817, siendo obispo, Espada, capitán general, José Cienfuegos, gobernador de Trinidad, Rafael de Quezada y alcaldes de la ciudad José Antonio Muñoz y Pío Fernández de Lara. En 1822 se concluyó la sacristía, que es del ancho de cinco varas y 21 de largo, utilizada como iglesia para las protestas del párroco. Al año siguiente España envío $5000,00 en efectivo y $2000,00 en deudas por cobrar para la continuación de los trabajos, con la negativa de que la parroquial se trasladara a la iglesia del convento de San Francisco una vez que acaba de hacerse cargo Don José Borrell de la construcción del edificio. José Mariano Borrell y Padrón fue, también el principal benefactor del nuevo proyecto.

En 1842, se pasa el servicio parroquial a la iglesia del convento de San Francisco. Desde entonces quedó totalmente abandonado el proceso de construcción de la iglesia. En 1846 intentan sin éxito reactivar la fábrica de la iglesia, y en 1857, en ocasión de la visita del obispo Francisco Félix y Solans, se vuelve a tratar el asunto. Se le encarga a Luis Zapari el trazado de un plano para acometer la obra, pero el proyecto quedó paralizado.

Proyecto de la nueva Parroquial Mayor

En un plano de la Parroquial Mayor, no fechado, pero realizado hacia mediados del siglo XIX puesto que se identifica la plaza como la de Serrano nombre que tomó a partir de 1856, se señala en amarillo lo construido. Este levantamiento refleja el proyecto inicial, de tres naves con cúpula sobre crucero, con una capilla destinada al Cristo de Veracruz.

El alzado nos muestra una iglesia de una planta, con torres a cada lado. El pórtico de neoclásica factura, a lo griego, consiste en un portón sostenido por columnas, muy semejantes al de las iglesias construidas en América Hispana en muy temprano siglo XIX. El proyecto fue uno de los primeros empeños realizados en Cuba bajo la incidencia de la nueva corriente y fue obra, sin duda, de un constructor ilustrado. Tal vez, el ingeniero Manuel Pastor, que para entonces trabajaba en la fortificación de la ciudad, haya tenido que ver con el proyecto de esta iglesia.

La causa de la paralización de las obras fue de índole técnica. Con motivo de utilizar lo construido para un edificio de gobierno, el ingeniero civil Julio Sagebien realizó un peritaje en 1856 y estimó que los muros que existen actualmente en dicha iglesia, el peristilo y algunas columnas truncadas se habrán de desbaratar del todo por no tener la suficiente solidez, solo se aprovechará el muro del fondo. Es decir, que estaban mal cimentados, posiblemente por estar situados sobre el antiguo cementerio. Ello puede ser la causa del largo abandono de la fábrica de la iglesia, a pesar de que la ciudad transitaba por su momento de mayor esplendor económico.

No obstante, el interés por la construcción de la parroquial se mantuvo vivo a pesar del no previsto escollo de haberse cedido los terrenos de la iglesia inconclusa a favor del Estado, a cambio de la iglesia del convento San Francisco, incautada cuando se dispuso la supresión de las órdenes religiosas. En 1861 se constituye una nueva Junta Parroquial con la finalidad de darle conclusión al edificio iniciado y se le encarga el plano y prepuesto de la obra al ingeniero civil Francisco Cisneros. Este presentó su propuesta al Cabildo, el cual otorgó un presupuesto que ascendió a $117118.00, cifra elevada que Cisneros consideró posible disminuir a la mitad con una buena administración y atendiendo a los recursos de brazos de que se puede disponer.

El 7 de marzo de 1864, el Cabildo municipal aprueba el plano y presupuesto presentado por Cisneros. El nuevo proyecto estaba bajo el mecenazgo del hijo de Borrell, el marqués de Guáimaro. Sin embargo, el obispo Fray Jacinto María Martínez Sáez, al hacerse cargo de su diócesis en 1865, rechazó el proyecto de Cisneros y defendió otra versión que no fue del agrado de la Junta Parroquial. Se le solicitó, entonces al coronel de ingenieros Indalecio López Donato el diseño de un nuevo plano, el que realizó junto con el presupuesto y la memoria descriptiva de la obra. El proyecto de Donato respetaba la inicial distribución de la iglesia en tres naves con cúpula, pero añadía a cada lado capillas: la de la derecha hasta el fondo de la nave, la de la izquierda más corta. La fachada consistía en un frontón triangular con cuatro columnas de soporte, similares a la del proyecto primitivo, pero con una torre única al centro del edificio. Una sola puerta de entrada estaba destacada por una guarnición de solemne prestancia. A sus lados, ventanas, y detrás de los atrios laterales de acceso, las capillas sin puertas desde fuera.

En 1866, Martínez Sáez, rechazó el proyecto de López Donato, ordenó la realización de otro y el comienzo de la obra a la mayor brevedad. Se origina una polémica entre el Obispo y la Junta, que se niega a enfrentar la obra sin el plano y sin la dirección de un facultativo. El Obispo afirmó que había llamado a un “maestro hábil”.

En septiembre de 1866, la Junta Parroquial integrada por Francisco Patiño, Fermín Sanz, Salvador Zulueta, Félix Iznaga, entre otros, circula una carta por la ciudad solicitando ayuda económica para la construcción de la iglesia. Según el testimonio del padre Francisco Patiño, el plano fue confeccionado por el propio Obispo Martínez, con la ayuda de Pedro Obregón y Flores.

Iglesia Mayor actual

El 2 de febrero de 1867, se puso la primera piedra de la actual iglesia. Presidieron la ceremonia el obispo Martínez, el gobernador Patiño, el alcalde Ramón Terrado y el comandante de marina José Manuel Díaz de Herrera. Días antes las señoras con sus manos así como con sus hijos y aún algunos de sus esposos, así todo el pueblo, limpiaron los escombros de este templo. La construcción del templo estuvo bajo la dirección de Emilio Echeverría y Besada, que trabaja como maestro de obra del cuerpo de Ingeniería de Trinidad.

El 21 de noviembre de 1883 en el periódico “El Telégrafo” se dice que la fachada está casi concluida, faltando sólo el establecimiento y tímpano del portón. En ese año murió el padre Francisco Leza, quien atendió por más de 20 años la construcción del edificio. Los trabajadores decaen y a la muerte de Echeverría en 1888, se paralizan. Era, además un período de profunda depresión económica.

El 10 de abril de 1890 es nombrado párroco el padre Manuel González Cuervo, el que renovó los trabajos a fuerza de tesón. En 1891, el pintor Antonio Herr, con la asistencia de José Manso y Palacios, realizó el lienzo de la Santísima Trinidad que preside el presbiterio. En ese año se colocó una cruz de mármol, adquirida por el general Narciso López para la iglesia de la Santa Cruz, y se pusieron las barandas y escaleras de hierro de los púlpitos, donadas por Monserrate de Lara.

A principios de 1892 se puso piso de mosaico, se colocaron 6 bancos de mármol doradas y escaleras de hierro de los púlpitos, donadas por Monserrate de Lara. A principio de 1892 se puso piso de mosaico, se colocaron 6 bancos de mármol dorados por Domingo Caballero y el altar de mármol que la iglesia tuvo originalmente, se colocó además la gran campana del ingenio Mainicú, de Bárbara Iznaga, al lado de una de las torres.

Trabajaron en la fábrica de la Santísima Trinidad los albañiles Juan Florentino Lara, José Manuel Gainza, Manuel Berro y Manuel Barboso, los carpinteros Silverio González, Juan Evangelio, Rafael Sánchez, Ramón Alomá, José Irene Pomares y Liso, el ciego, ayudados por 20 peones. El costo del edificio sobrepasó los $ 100 000.

La iglesia fue consagrada el 15 de febrero de 1892 por el obispo Manuel Santander, después de 75 años de construcción. Quedaron pendientes las torres. En 1935 Rosalía Fernández Quevedo contrata al renombrado arquitecto Leonardo Morales para la realización del proyecto de las torres. La Parroquial Mayor de Trinidad está a la espera de su definitiva conclusión.

La Santísima Trinidad es uno de los templos mayores del país. En muchos sobrepasa la escala de su plaza. La iglesia es de un severo neoclasicismo, similar al de otras de la región. Cuenta con 5 naves: la central con 48m de longitud; 10.50m de ancho cubierta en bóveda de cañón cruzada por arcos en ojiva, que dan lugar a ventanales de iluminación. Las naves laterales tienen 40m de largo por 5.5 m de ancho, cubiertas por bóvedas en aristas. A cado lado de la misma se abren seis capillas. Los altares, de maderas preciosas del país y en versión neogótica, fueron realizados por el sacerdote dominico Amadeo Fiojere, auxiliado por el carpintero Silverio Marín, en las primeras décadas del siglo XX.

En la confección de los altares y en calidad de ayudantes, participaron muchos jóvenes trinitarios. En los interiores de destacan imágenes antiguas procedentes de la Primitiva Parroquial Mayor, entre otras, las del Cristo de la Veracruz y la del de la Humildad y Paciencia.

La fachada sigue en líneas generales a la línea inicial, pues se eleva al nivel de dos pisos. Se sustituyen las columnas por pilastras que enmarcan hornecinas para la confección de imágenes religiosas. Las torres, a cada lado, de imponente escala y similar diseño al de los proyectos precedentes. El portal se abre en 3 grandes arcos de medio punto. A la iglesia se accede por rampas situadas a los costados, solución que se hereda del primer proyecto.

La construcción de la iglesia Santísima Trinidad demoró 75 años, lo que trajo consigo cambios del proyecto que transitó en un neoclásico (a lo griego) hasta la versión académica llevada a cabo, iluminaron las tendencias que predominaron sobre la arquitectura cubana en el siglo XIX.

El proyecto definitivo fue del monseñor fray Jacinto Martínez Sáenz, ilustrado obispo que propiciará la creación de templos de gran porte y que también ocupa un lugar principal en la historia nacional por la defensa que hiciera de los cubanos, ante los desmanes cometidos por los voluntarios españoles, durante el período de la primera guerra de independencia 1868-1878.

La Iglesia es un bello templo católico, de simplificado sentido romano, el más suntuoso y amplio de Trinidad. Ocupa la parte delantera de una pequeña manzana. Un campanario corrido, al costado existía una enorme campana de 2441 libras, montada en una orca por carecer del lugar donde colocarla, que había sido donada por la dama trinitaria Doña Bárbara Iznaga, procedente de uno de sus ingenios, hoy se haya en La Catedral de La Habana.

El campanario tiene tres campanas llamadas, Santísima Trinidad, Mayor y Nuestra Señora de la Consolación; un largo y espacioso pórtico, actualmente envergado para evitar que sus ladrones hagan sus agostos, dos escalinatas laterales en forma de rampas, fue comenzada en 1822 por el Padre José J. Polo, dejándola en parte terminada en 1867 el Padre francisco Lesa Sensano, secundado por el Obispo Fray jacinto Maria Martínez. El costo fue de 78000 pesos. Por colectas públicas el Vicario Padre Manuel Gonzáles logró terminar totalmente la obra en 1892, el 14 de febrero.

Es la Iglesia que goza de mayor prestigio, por la riqueza y el arte interior, cinco naves, altar mayor de estilo gótico, tallado en su totalidad en maderas finas por el fraile dominico Lucas Zeffetay, que es un maravilloso alarde de ebanistería. Numerosos ricos altares. Se conserva el tradicional Cristo de La Vera Cruz, donado por intercepción del Obispo Fray Jerónimo Valdés. Sus donantes por este motivo gozaban del privilegio de ser sepultados debajo del altar mayor. Tiene dos púlpitos y cuatro confesionarios. Los bellos y numerosos altares son labor de fray Amadeo Fiorjere, que los construyo de maderas del país, así como los bancos de madera, en la esquina de la parte exterior hay lugar para dos torres.

Fuentes

  • González González, Anaisa. Tesis de Graduación. La labor sociocultural de la Iglesia Católica Parroquial Mayor Santísima Trinidad en la primera mitad del siglo XX. Universidad: José Martí Pérez. Santi Spiritus, 2010.
  • Bécquer, J. de M. Trinidad de Cuba: Historia, leyenda y folklore. Edition Melonic, Québec, Canadá y Ediciones- DMC, Colombia. 2008
  • Colectivo de autores. El cristianismo y las religiones orientales. Enciclopedia popular. La Habana, 1965.
  • Comby, J. Para leer la historia de la iglesia. Del siglo XV al XX. Editorial Verbo Divino, Navarra, 1995.
  • Echenagusía, V. El alma de los pueblos. Revista Jurabaina. Boletín informativo de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad. Año VI No.27. Abril/ Mayo/ Junio del 2005
  • García Santana, A. Trinidad de Cuba. Ciudad, plazas, casas y valle. Escandón Impresores, Sevilla, España. 2004.
  • Marín Villafuerte, F. Historia de Trinidad. Editorial Jesús Montero. La Habana, Cuba. 1945.
  • Padre Suárez Polcari, R. Cultura e Iglesia en la Historia de Cuba. Revista Vitral. 2008.
  • Torres Cuevas, E. y Lajara Leiva, E.. Historia de la Iglesia Católica en Cuba. La iglesia en la patria de los criollo (1516-1789) . Ediciones Boloña. La Habana. 2007