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Mayohuacán

Este artículo trata sobre Mayohuacán. Para otros usos de este término, véase Mayohuacán (desambiguación).
Tambor Mayohuacán
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Tambor mayohuakan.jpg
Concepto:Es un instrumento de guerra, completamente masculino, al igual que el dujo es masculino, para nosotros los Tainos consagrados es de ofensa que una mujer toque este instrumento pues en la cultura ancestral habian instrumentos sagrados para hombres y sagrados para las mujeres.

Tambor Mayohuacán. Se le considera el instrumento más importante de nuestros aborígenes. Fue descrito por los cronistas como un tambor hecho de un tronco el cual es ahuecado con fuego dirigido.

Origenes

Cuba es una potencia del tambor; cuenta con una historia que se remonta a los indígenas con sus tambores Mayohuacán. Después llegaron oleadas de negros esclavos africanos que reprodujeron sus tambores y dignificaron nuestra identidad nacional.

Cuando esos negros esclavos llegaron de África vinieron sin sus tambores; pero poco a poco las necesidades funerarias y de diversión los fue llevando a construír sus propios instrumentos musicales que son parte de su mundo mágico y natural.

Los materiales que utilizaban esos esclavos eran de una sola pieza; de troncos de madera de cedro, algarrobo, almendra o aguacate. Para seguir la continuidad, el tamborero y luthier Eduardo Córdova decidió fabricar sus propios instrumentos con sentido utilitario y ornamental para las ceremonias musicales.

Construcción

Se construía con un tronco de árbol de un brazo de largo por medio brazo de diámetro, ahuecado, con una abertura ovalada interiormente y cerrado por la parte superior donde se forma una horquilla, presentando dos superficies sobre las cuales se golpea con un bastón rematado en una de sus puntas por una bola que probablemente era de goma o resina de copey. Este tambor también era utilizado por los aborígenes de Haití, pero con un carácter religioso.

Cita

Gonzalo Fernández de Oviedo apuntó:

«Algunas veces con el canto mezclan un atambor hecho de un madero redondo, hueco, concavado, a tan grueso como un hombre e más o menos, como le quieran hacer; e suena como los atambores sordos que hacen los negros; pero no le ponen cuero, sino unos agujeros e rayos que trascienden a lo hueco, por do rebomba de mala gracia. El atambor ha de estar echado en el suelo, porque teniéndolo en el ayre no suena.»

Bibliografía

  • Fernando Ortiz. La africanía de la música folklórica de Cuba. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1993.

Fuente