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Nicéphore Niepce

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Joseph Niépce
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Joseph Nicéphore Niépce.jpg
inventor francés
NombreJoseph Nicéphore Niépce
Nacimiento7 de marzo de 1765.
Chalon-sur-Saône,
Borgoña,
Francia Bandera de Francia
Fallecimiento5 de julio de 1833 (68 años).
Saint Loup de Varennes,
Borgoña,
Francia Bandera de Francia
Causa de la muerteapoplejía
Residenciafrancés
Nacionalidadfrancesa
Alma materUniversidad la Sorbona
Ocupaciónquímico, litógrafo, inventor, científico
HijosIsidore Niépce

Joseph Nicéphore Niépce (Chalon-sur-Saône, 7 de marzo de 1765 - Saint Loup de Varennes, 5 de julio de 1883). Fue un químico, litógrafo, inventor, científico francés. Ha pasado a los anales de la historia por ser el hombre que consiguió la primera fotografía, fijando imágenes mediante el método que él denominó heliografía.

Síntesis biográfica

Niñez y juventud

Joseph era un niño bondadoso, algo tímido, afable con cuantos lo trataban, y por su aplicación mereció la preferencia del preceptor de los cuatro hermanos, un sacerdote que mantenía las más cordiales relaciones con la familia. Joseph estudiaba con afán y con tan notable aprovechamiento, que desde muy joven sobresalió por su erudición. Seguía atentamente las conversaciones de las personas mayores y era tal su curiosidad, que su padre, un caballero de vasta cultura, se veía a veces en dificultades para responder acertadamente a las cuestiones que le planteaba.

Una de las principales características de Joseph era su religiosidad. No faltaba ningún día de precepto a la santa misa oficiada en la iglesia de San Vicente, y comulgaba con fervor. El ejemplo le venía de sus padres, amantes de las viejas tradiciones seculares. Joseph, como no asistía al colegio, casi no tenía amigos. Algunas veces, abrumado por la larga jornada de estudios, le pedía a su preceptor que lo llevara al puente de los cinco arcos.

Pero este ruego no era más que un eufemismo, porque lo que le interesaba verdaderamente era pasear a lo largo del río hasta el lugar donde estaban los pequeños astilleros, para ver a los carpinteros de ribera construyendo embarcaciones destinadas a navegar por el río. En estos paseos se les unía invariablemente el hermano mayor, Claude, quien participaba de las aficiones mecánicas de Joseph, se sentía muy atraído por la labor que realizaban los obreros y, sobre todo, disfrutaba el momento del lanzamiento de las nuevas embarcaciones.

Su hermano había recibido diez francos que le había regalado por su cumpleaños un duque amigo de la familia, y compraron juntos herramientas para construir algunos mecanismos. Desde ese instante los dos hermanos ya no dispusieron de un minuto de ocio. Los dos demostraron raras aptitudes para el trabajo que practicaban infatigablemente. Sus habilidades para construir los mecanismos que creaban en su imaginación era extraordinaria. Llamaban de tal modo la atención de su preceptor, que este aconsejó al padre que los matriculase en el Colegio Real para emprender estudios de física y química.

Pero se sobrepuso a todo la natural inclinación de Joseph hacia el ministerio evangélico, y la familia fomentó la vocación del hijo: lo recomendaron a los padres del oratorio, que recibieron a Joseph con especial placer, pues conocían su profunda religiosidad. Los estudios le valieron al joven los plácemes de sus profesores. Llegó a dominar pronto el latín, y avanzó tan rápido en teología, que a los dieciocho años y, por lo tanto, antes de tener edad para ser ordenado sacerdote, el chico había acabado la carrera brillantemente. Pero como aún no podía decir misa, sus maestros lo enviaron de profesor a la institución de los padres del oratorio en Angers.

Trayectoria de inventor

Durante la Revolución francesa, Joseph Niepce empezó a utilizar el seudónimo Nicéphore. En 1801 regresaron los dos hermanos a Chalán, donde recuperaron parte de los bienes que les habían confiscado por la revolución, pero tampoco se limitaron a una existencia tranquila de propietarios rústicos. Sus aficiones de la juventud reverdecieron con tal fuerza que se entregaron obcecadamente a construir una máquina de vapor ideada por Claude, que moviera los barcos sin vela ni remos.

Así consiguieron dar realidad al pireolóforo, que patentaron en 1801. Consistía en un motor que funcionaba a partir de la fuerza del aire resultante de la violenta inflamación de la pólvora de licopodio. El invento les valió los plácemes de Berthelot y de Carnot quienes informaron a las instancias correspondientes a favor del invento. Pero la construcción del pireolóforo exigía un capital, que no apareció. Mientras tanto, construyeron una bomba hidrostática y se consagraron al cultivo del glasto, planta de la que extrajeron una materia colorante de singular belleza.

En 1816 marchó Claude a Londres, para gestionar la ayuda financiera que precisan para hacer realidad el pireolóforo. Ya solo, Nicéphore dedico su creatividad, su energía y su dinero a experimentaciones científicas que desembocaron en la invención de la fotografía.

Interesado en la litografía, empezó realizando copias de obras de arte utilizando los dibujos realizados para la plancha por su hijo. Para realizar esta fotografía utilizó una plancha de peltre recubierto de «betún de judea»; expuso la plancha a la luz, y las partes del barniz afectadas por la luz se volvían insolubles.

La litografía acababa de nacer con tal impulso que era numerosísima la cantidad de personas que deseaban practicarla. Nicéphore se contagió de esta corriente general. La dificultad mayor que encontró fue la falta de piedra litográfica, que no hallaba en Chalán y que solo podía obtener a un precio elevadísimo. Paseaba un día por las afueras de la ciudad, cuando halló un montón de piedras que iban a ser machacadas. Escogió las más grandes y lisas y las sometió a la acción de diversos barnices, que fabricaba él mismo con sus conocimientos químicos, pero la acción de los ácidos no resultaba uniforme porque las piedras carecían de homogeneidad.

Después de la exposición la placa se bañaba en un disolvente de aceite esencial de lavanda y de aceite de petróleo blanco, disgregándose las partes de barniz no afectadas por la luz. Se lavaba con agua pudiendo apreciar la imagen compuesta por la capa de betún para los claros y las sombras por la superficie de la placa plateada.

Empezó utilizando la piedra como soporte para fijar las imágenes, aunque desistió pronto por los grandes problemas que acarreaba. Siguió entonces con el papel, luego con el cristal y, por último, con diversos metales como el estaño, el cobre, el peltre, entre otros.

Entonces recurrió a las láminas de estaño, que le hicieron avizorar mejores frutos, y luego, en 1813, proyectó remplazar el lápiz litográfico 1o mismo que había hecho con la piedra, y durante los ensayos imaginó de golpe que la acción de la luz realizase el dibujo. Esta feliz idea lo obsesionó hasta el punto de no comer ni dormir. Cuando en el año 1814 su hijo Isidoro Niepce se alistó en el ejército, tuvo la genial idea de tratar de poner en relación la cámara oscura junto con las sales de plata sensibles a la luz para tratar de conseguir imágenes fijas.

Obtuvo las primeras imágenes fotográficas de la historia en el año 1816, aunque ninguna de ellas se ha conservado. Eran fotografías en papel y en negativo, pero no se dio cuenta de que estos podían servir para obtener positivos, así que abandonó esta línea de investigación.

Un par de años después, ya en el 1818, obtiene imágenes en positivo sacrificando de este modo las posibilidades de reproducción de las imágenes, por ser las únicas imágenes obtenidas

En 1822 obtuvo copias fidelísimas de grabados, empleando estaño pulimentado sobre cristal, mediante un barniz bituminoso de su invención: el empleo de la cámara oscura le facilitó la obtención de imágenes perfectamente fijadas. Febrilmente ilusionado, en 1824 fue a Londres para exponer a Claude lo conseguido.

En Kew mostró al sabio Francis Bouer pruebas en un papel donde había transportado imágenes bastante limpias con ayuda de hojas de estaño pulimentadas. A ruego de Bouer, el 8 de diciembre de 1827 presentó a la Sociedad Real de Londres una Memoria sobre su invención, acompañada de pruebas, pero al negarse a revelar el secreto de su descubrimiento, la entidad se desentendió del asunto.

Volvió a Francia y, a través del óptico Chevalier, Niépce entró en contacto con Luis Daguerre, artista celebrado, escenógrafo notable y dueño de negocios que le habían reportado una fortuna regular. Por fin llegaron a un acuerdo, y el 14 de diciembre de 1829 firmaron un contrato donde Daguerre reconocía que Niepce era el inventor de la fotografía, «por haber descubierto el modo de reproducir espontáneamente las imágenes recibidas en la cámara oscura». Niepce exigía el secreto más absoluto y se comprometía a darle a Daguerre cuantas explicaciones le pidiese para dominar el procedimiento, una vez que conociese las circunstancias de su aplicación. En esta sociedad consiguieron el perfeccionamiento de la cámara oscura. Existen también cinco cámaras de madera de nogal en las que pusieron un diafragma de vidrio, dispositivos de báscula y fuelle. Niepce llamó al procedimiento «heliografía», del griego helios (ηλιος), ‘sol’, y grafía (γραφια), ‘escritura’ o ‘dibujo’, distinguiendo entre heliograbados, reproducciones de grabados ya existentes y puntos de vista (imágenes captadas directamente del natural por la cámara, que significa lo mismo que fotografía), distinguiendo entre heliograbados y reproducciones de grabados ya existentes. Realizada unos diez años después de que consiguiera las primeras imágenes, recoge un punto de vista de una calle fijado sobre una placa de metal. Necesitó dos horas de tiempo de exposición de la placa a la luz.

Niepce valoraba su aportación en la mitad del producto que rindiera el negocio. Daguerre aportaba una nueva utilización de la cámara oscura, sus dotes artísticas y su preparación técnica.

Nicéphore Niepce en su vejez.

Cuatro años más tarde, en 1833, el 5 de julio de 1833, Nicéphore Niepce sufrió una apoplejía en su estudio de Saint Loup de Varennes y falleció a la edad de 68 años, siendo enterrado en el cementerio del pueblo.

Daguerre se quedó con toda la herencia del negocio. Con el paso de los años, Daguerre se convirtió en el principal y primer difusor de la fotografía, y patentó el invento bajo su nombre en enero de 1839. Comunicó a la Academia de Ciencias de París el invento de Niepce como si fuera suyo propio. Y para él fueron los honores y las recompensas, las satisfacciones y la fortuna. Sin embargo se hundió en la ruina en breve plazo. Pocos meses después, el Gobierno francés ―al ser consciente del alcance del invento―, declaró el daguerrotipo como de libre acceso, quitando los derechos de patente a Daguerre, y beneficiándolo con una pensión vitalicia de 6000 francos a Daguerre y de 4000 francos a Isidore Niépce, hijo del inventor.

En 1841, Isidore Niépce publicó Historia del descubrimiento del invento denominado daguerrotipo, donde aclaró el papel que había tenido su padre en la historia del descubrimiento de la fotografía, y develó las maniobras que había pergeñado Daguerre para ocultar el trabajo de Niepce.

En 1989, Roland Barthes ―en su publicación La cámara lúcida― publicó una copia de una fotografía de Niépce que según él databa de 1822. Se trata de una borrosa imagen conocida como «La mesa puesta», y cuyo original se conserva en el Museo Nicéphore Niépce.

Fuentes