Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2015-11-18

Ballotage ¿Y después?

(Fragmento) R. Gómez Mederos*

Es difícil pensar Argentina hacia una perspectiva futura, si antes no hacemos un análisis acertado del momento histórico en el cual estamos, y si ese período, que hasta ahora ha mostrado sus directrices claramente, va a decantar en un proceso de aceleración del proceso actual, o si este va a cambiar a un rumbo diferente.

Pero esta mirada que echamos sobre la realidad no puede prescindir del contexto mundial, y mucho menos del panorama político y económico que viene sucediendo en la región.

Los datos recientes de la base y la estructura social y económica del país y, la sistematización de un proceso que más que romper cronológicamente sobre la integralidad y dinámica que lo conforma, derrapa cadencialmente hacia una sucesión de elementos que condicionan el futuro de independencia de nuestro país y que redunda en un Estado dependiente y subsidiario.

El constante ajuste y la desvalorización del poder de compra de la población en general, constatan una devaluación de hecho y prepara la reformulación de un ajuste que ha empezado su marcha hace un tiempo.

Pero este proceso que se abre paso y en el cual las derechas más conservadoras y el bloque de poder transnacional junto al lobby local que promueve sus intereses, ensayan un consenso interno homologado institucionalmente en el proceso de las elecciones.

El período de los años negros, los 90, resolvieron en parte la crisis de baja tasa de ganancia, de inversión y producción de los países más desarrollados comenzado en la década del 70, resuelto esto a partir de la entrega de los activos más importantes de las empresas del estado y la liberalización de los mercados, provocando un desfasaje aun mayor en la balanza comercial, y liquidando lo poco que quedaba de industria local.

La debacle de la economía en el 2000 y el posterior levantamiento en 2001 necesitó de una reformulación de las directrices de lo que sería la base de acumulación capitalista contemporánea para los tiempos venideros, lo que encalló en una economía de bases primarizadoras, basada en la exportación de materia prima y commodities baratos.

El reacomodo de los sectores vinculados al Partido Republicano de los Estados Unidos, que proponen una globalización centralizada en el país del norte, encuentran empatía en una política de doble valía en los sectores del macrismo, pero también en el sciolismo, en el que conviven dos posturas, Urtubey, que promueve un arreglo inmediato con los fondos buitres, sector alineado al ala dura de la derecha norteamericana y el Partido Republicano, y por el otro lado Mario Blejer quien estuvo 20 años en el FMI, quien lo trajo al país fue Domingo Cavallo para que fuera el vice de Roque Maccarone en el Central. Su ingreso como presidente del banco fue por decisión del entonces presidente Eduardo Duhalde. Blejer está vinculado a los sectores de los Chicago boys, además trabajó para el Banco de Inglaterra.

Por el otro lado el macrismo se pinta la cara de derecha blanda, con intenciones de fogonear el modo consenso frente a lo que provocaría un eventual reajuste devaluador de la economía, para lo cual promueve el unicato con los jerarcas del sindicalismo, como Moyano.

Pero la avanzada y la recomposición evidente de los bloques de poder, y los acuerdos de estos a escala global empujan a la aplicación de modelos económicos combinados, de un modelo extractivista con un alto grado de exportación de materias primas, como el caso chileno, el mayor exportador de cobre mundial, ejemplo y norte de la derecha más concentrada. Chile envía al exterior cátodos de cobre refinado (25.390 millones de dólares) el 36,3 por ciento del mercado mundial, y los minerales de cobre y sus concentrados (14.304 millones de dólares), un 27,4 por ciento de las exportaciones del planeta, con un modelo reprivatizador reafirmado con la firma del tratado, conocido como Acuerdo de Asociación Transpacífico o TPP por sus siglas en inglés, rubricado entre Estados Unidos y once países, entre los que se encuentran Perú y Chile y que pretende cubrir el 40% de la economía mundial, la intención es que las transnacionales fabriles más importantes del mundo puedan exportar sin pagar aranceles a los 12 países miembros que lo integran entre los cuales se encuentran los principales y mayores mercados mundiales.

Frente a este escenario ¿Cuál será la posición de los países del BRICS y cuál será el rol de Argentina? En julio pasado el ex presidente de Uruguay, Lacalle afirmo que había que desarmar el MERCOSUR porque no servía para nada, y que lo que debía hacer “Los países del Pacífico acordaron bajar un 90 por ciento los aranceles en una zona de libre comercio. Estados Unidos, México y Canadá lo hicieron, y después cada uno en política va por donde quiere. Hay que transformar al Mercosur en una zona de libre comercio” (1).

Claramente los sectores relacionados a los sectores más reaccionarios de la región están impulsando una economía combinada que pueda cubrir los requerimientos de la clase capitalista mundial en la región, la cual necesita reformular sus ejes de dominación, reorganizar una zonificación territorial de acuerdo a sus necesidades y de la clase capitalista local subsidiaria del capital transnacional, pero además incrementar la tasa de productividad utilizando mano de obra barata de los países pobres donde se asientan, que previamente están siendo desbastados ambiental y territorialmente por las grandes depredadoras extractivistas.

Pero el esquema no termina en el ámbito del extractivismo y el aumento de la productividad que conlleva depreciación de los salarios de los trabajadores, sino que también se extiende al área de la reprivatización de los servicios, encuadrados en el TISA “Alguno de sus objetivos, es ampliar el sistema multilateral de comercio para el sector de servicios; además de un impulso de una posición hegemónica en las negociaciones comerciales y un intento de liberalizar aún más” (2).

El después es claro. Solo queda aprender más de la historia.

Notas:

  1. http://www.mdzol.com/entrevista/619770-hay-que-desarmar-urgentemente-el-mercosur/
  2. En el ínterin del nuevo orden mundial, Argentina ¿hacia dónde va? R. Gómez Mederos. http://www.agenciacta.org/spip.php?article17063
  • Secretario adjunto de la Central de Trabajadores de la Argentina

Selección en Internet: Juana Calzado Jiménez

LA HAINE. 16 de noviembre de 2015. Argentina

El Imperio que necesita que gane Macri

Por Atilio Borón*

¿No basta la sola enumeración de los apoyos de Macri, dentro y fuera de la Argentina, para concluir que nuestra misión debe ser impedir que llegue a presidente?

“Yo pregunto a los presentes” -como dice Daniel Viglietti en “A desalambrar”- si son tan difíciles de entender las razones por las cuales es perentorio impedir la victoria de Mauricio Macri el 22-N. Veamos.

Macri es, sin dudas, “el candidato de la embajada”. A los gringos no les disgusta Scioli, pero su vinculación con el kirchnerismo, por contradictoria que sea, lo torna sospechoso y lo hace aparecer como poco confiable. Washington no se olvida que Néstor Kirchner, en calidad de anfitrión de la Cumbre de Presidentes de las Américas (Mar del Plata, Noviembre 2005) hizo posible que Hugo Chávez arremetiera contra el ALCA y derrotara el proyecto más importante que Estados Unidos tenía para América Latina en el siglo XXI.

Sobre Scioli pesa la sospecha de una tambaleante lealtad para con el imperio o de una incurable debilidad a la hora de resistir las presiones de su base social que podrían empujarlo hacia posturas confrontativas. Macri, en cambio, ya declaró que propiciará una política exterior coherente con las orientaciones emadas desde Washington: “flexibilizará” el MERCOSUR, de consuno con la derecha brasileña, para hacer del mismo un área económica congruente con el neoliberalismo recargado que campea en Europa de la mano de la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea); reducirá el involucramiento argentino con la UNASUR y la CELAC, atenuando considerablemente la gravitación de estas dos iniciativas que Estados Unidos ha combatido sin cesar desde sus orígenes; incorporará nuestro país a la Alianza del Pacífico, invento norteamericano para mediatizar la influencia de China en América Latina y para lograr, paso a paso, lo que no pudo con el ALCA; adherirá al Tratado TransPacífico que terminará por liberalizar por completo los flujos comerciales; por último, reducirá a un mínimo, o cortará, las relaciones con Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, en línea con los planes imperiales de aislar y luego liquidar esas experiencias promoviendo un “cambio de régimen” en todas ellas.

El programa de Cambiemos comenzará a ejecutarse avanzando por el área de menor resistencia: la política exterior. En materia doméstica la oposición con que tropezará será mucho más firme y resuelta, pero no imagino muchos cortes de ruta o bloqueos de puertos cuando se pongan en marcha los cambios mencionados más arriba.

Macri además cuenta con el apoyo de las fracciones hegemónicas de la clase dominante, cuya organización cupular es la AEA, la Asociación Empresaria Argentina. Los sectores más concentrados del capital extranjero también lo apoyan, si bien estos, al igual que los anteriores, hicieron muy buenos negocios durante los años del kirchnerismo. Las capas medias más conservadoras de la ciudad y del campo también respaldan su candidatura, al igual que los sectores más retrógrados de la Iglesia Católica.

Los “fondos buitres” no han ocultado su predisposición a colaborar con el macrismo en caso de que triunfe en el balotaje. Apenas unos días atrás uno de sus voceros manifestó en París que con Macri en la Casa Rosada la actitud que seguirían esos tahúres del sistema financiero internacional sería la de facilitar el ingreso irrestricto de capitales para la “reconstrucción” de la Argentina.

Macri cuenta también con el apoyo incondicional de la oligarquía mediática: los grandes medios hegemónicos han jugado escandalosamente a su favor, manipulando información para favorecer a su candidato preferido. La desprestigiada y corrupta burocracia sindical también lo apoya y, fuera de nuestras fronteras, cuenta con el respaldo político, diplomático y financiero de dos personajes tan siniestros como el ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez y el expresidente del gobierno español, heredero directo del franquismo, José María Aznar, dos impresentables bañados en sangre y corruptos hasta la médula.

Los partidos y movimientos populares de toda América Latina y el Caribe han manifestado su profunda preocupación ante la posibilidad de que con la victoria del candidato de Cambiemos se cierre el círculo en torno no sólo a los gobiernos progresistas y de izquierda de la región sino también que ayude a endurecer la represión de los movimientos sociales en países dominados por gobiernos neoliberales como Chile, Perú, Colombia y México, entre otros.

Ante ese escenario, ¿cómo hacer para detener el triunfo del candidato del imperio? Imaginemos cuáles podrían ser las alternativas. Una: victoria electoral de una gran coalición de izquierda (tipo Frente Amplio uruguayo). Probabilidad igual a cero porque ninguna fuerza de izquierda llegó al balotaje.

Lo que hay, desgraciadamente, es un “neoliberalismo duro” enfrentado a un kirchnerismo “light”.

Segunda alternativa: una insurrección popular exitosa que derroque al gobierno de CFK, destruya los aparatos represivos del estado e instale en el poder político a una coalición revolucionaria una de cuyas primeras medidas sería la suspensión de las elecciones del 22-N. Probabilidad también igual a cero, imposible en la coyuntura actual.

Como diría Lenin, no hay ni condiciones objetivas ni subjetivas para una insurrección. Por lo tanto, está descartada.

Tercera: golpe militar nacionalista y ”progre” (modelo Perú 1968) para impedir el triunfo de Macri, pero no hay ninguna posibilidad de que tal acontecimiento tenga lugar. Ese tipo de militares no existe en la Argentina, salvo marginalmente, y el entramado institucional y político no toleraría esa irrupción.

Cuarta: el magnicidio, la aniquilación física de alguno de los candidatos, lo que precipitaría una tremenda crisis política y la suspensión del balotaje. Afortunadamente esto no se divisa en el horizonte, aparte de que es moral y políticamente inaceptable y nadie en su sano juicio apostaría a esa alternativa.

Quinto: derrotar a Macri con el único “instrumento político” disponible que, aquí y ahora, es Scioli.

Cuando digo “instrumento político” me refiero precisamente a eso, al carácter meramente instrumental del voto por el candidato del FPV. No es un cheque en blanco ni significa creer que el gobernador de Buenos Aires se ha mágicamente convertido en el Che Guevara; no es tampoco una promesa de apoyo, o un compromiso con un proyecto que es todavía más ajeno a la izquierda que el kirchnerismo pero que, en principio, nos permitiría librarnos del mal mayor. Es una opción instrumental impuesta por las circunstancias y por una correlación de fuerzas que, al día de hoy, no nos permite ir más lejos.

Luego de ello, si logramos desbaratar el plan maestro del imperio que es llenar América Latina de líderes como Macri -con gentes como Álvaro Uribe (Colombia), Henrique Capriles y Leopoldo López (Venezuela), Aécio Neves (Brasil), Guillermo Lasso (Ecuador), y Samuel Doria Medina (Bolivia)- nos ocuparíamos de Scioli y del rumbo que tomaría su eventual gobierno, para lo cual será menester realizar un inmenso esfuerzo de movilización y organización del campo popular, tarea en la cual el retraso de la Argentina es alarmante. Pero, insisto, primero hay que detener a Macri.

Si alguien tiene alguna otra alternativa concreta –no vistosas vaguedades que se desentienden alegremente de las exigencias de la coyuntura, de las responsabilidades del internacionalismo socialista, o que denuncian, ¡vaya descubrimiento!, las limitaciones del sciolismo- agradeceré me la hagan saber porque la suscribiré de inmediato. Pero, hoy por hoy, aquí y ahora, votar en blanco es facilitar el proyecto del imperialismo para toda América Latina. Es lo que quiere Washington y la alianza social que sostiene al macrismo.

¿Es tan difícil entender algo tan simple y concreto como esto? ¿No basta la sola enumeración de los apoyos de Macri, dentro y fuera de la Argentina, para concluir que nuestra misión debe ser impedir que llegue a la Casa Rosada?

Lo que está en juego es mucho, para la Argentina y para toda la región. Ojalá tuviéramos una alternativa mejor, pero en la coyuntura actual no la hay. Una alternativa que ni la construyó el kirchnerismo en doce años, ni tampoco lo hizo la izquierda, en cualquiera de sus variantes. Debemos construirla, pero si Macri prevalece en las urnas la tarea será muchísimo más difícil porque el entorno internacional se endurecería significativamente y las fuerzas de la reacción ganarían nuevos bríos para avanzar en su cruzada restauradora. Una alianza abiertamente conservadora como Cambiemos, controlando el gobierno nacional, la provincia y la ciudad de Buenos Aires (¡más el Banco Nación, el Provincia y el Ciudad!) y contando con el apoyo de las provincias de Córdoba, Santa Fé y Mendoza, aparte de otras, y la solidaridad del capitalismo internacional es de un poderío formidable que pocas veces tuvo la derecha en la historia argentina.

Scioli, con las contradicciones que representa su heterogénea fuerza social, abre una pequeña ventana de oportunidades para el accionar de la izquierda. Con Macri esa ventana estará herméticamente sellada.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

Rebelión. 16 de noviembre de 2015. España.

Uribe, el verdadero aliado de Macri en América Latina

El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe con el candidato presidencial argentino Mauricio Macri

Por Juan Manuel Karg*

En las últimas semanas, diversos analistas políticos e intelectuales de la región han destacado los vínculos de Mauricio Macri con las “nuevas derechas” regionales: Capriles en Venezuela, Neves en Brasil, y Lasso en Ecuador, entre otros representantes que también buscan disfrazar su discurso para intentar construir nuevas mayorías. Sin embargo, poco se ha analizado en relación al aliado más antiguo que Macri ostenta entre los políticos de la región: el ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.

La relación se remonta, al menos, a un lustro atrás: fue en diciembre de 2010 cuando Uribe consideró a Macri “una esperanza para todos los latinoamericanos”, una vez que el colombiano fuera declarado Huésped de Honor por el Jefe de Gobierno porteño. En aquella ocasión Uribe anunciaba que el candidato de la Alianza Cambiemos era “una ilusión en toda nuestra región, que necesita líderes sobresalientes”.

Macri retribuía aquellos halagos con declaraciones preocupantes, por cierto, al decir que se consideraba “un admirador” de las políticas llevadas adelante por Uribe en Colombia, “en medio de situaciones muy adversas en las que estaba el juego la paz social y la convivencia”. Estos dichos son significativos: se trata de un ex presidente que, desde hace años, se opone a los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, que terminarán por consumarse antes de marzo de 2016 de continuarse la agenda pautada hasta el momento.

¿Cuáles eran las políticas que el candidato de la Alianza Cambiemos decía admirar? Las que habían provocado, según cifras oficiales, 2.400.000 desplazados en toda Colombia durante la administración del ex gobernador de Antioquia. Desplazamientos forzados y abandono de hogares, producto de la violencia que vivía durante aquellos años una Colombia donde no existía canal alguno de diálogo entre el gobierno y la guerrilla. “Hay un 60% de pobreza y un 90% de indigencia entre la población desplazada” declaraba, también en 2010, Jorge Rojas, Director de la Consultoría para Derechos Humanos y Desplazados (CODHES), para luego afirmar que “lo que hicieron los paramilitares es el modelo de la Escuela de las Américas de quitar el agua al pez: desarticular, crear terror, asesinar, masacrar, desaparecer a miles de civiles, bajo la acusación de que son base social de la guerrilla. Eso no ha cambiado (durante la presidencia de Uribe)”.

En su raíd de protección mediática, nadie consultó a Macri si seguía considerando a estas políticas de “seguridad” como adecuadas para un hipotético gobierno de la Alianza Cambiemos. Un hecho, sin embargo, aporta elementos para entender que la relación con Uribe sigue más firme que nunca, y que estos planteos permean en el empresario argentino en su búsqueda por la Casa Rosada: la reunión que ambos sostuvieron el año pasado en Buenos Aires, a la par que el senador colombiano participaba del XII Congreso Internacional de la Federación Panamericana de Seguridad Privada. Allí Macri defendió nuevamente las políticas implementadas por el uribismo, en una foto que también compartió con el diputado Miguel Del Sel, el Ministro de Justicia y Seguridad de la CABA, Guillermo Montenegro, y el Subsecretario de Relaciones Internacionales porteño, Fulvio Pompeo.

Es que, a fin de cuentas, Álvaro Uribe Vélez sigue siendo el aliado principal de la Alianza Cambiemos en la búsqueda por revertir el ciclo posneoliberal iniciado en América Latina hace ya una década y media. No están sólos: Álvaro Vargas Llosa, Andrés Oppenheimer y Carlos Montaner, entre otros exponentes de la derecha continental, se frotan las manos augurando una derrota del Frente para la Victoria que tenga repercusiones continentales. Un dato los preocupa, sin embargo: el antecedente del balotaje de Brasil 2014, entre Dilma y Neves, donde pese a poner “toda la carne en el asador” no pudieron evitar el segundo lugar, siendo derrotados -nuevamente- por el Partido de los Trabajadores. ¿Sucederá lo mismo en Argentina? El 22 de noviembre las urnas dirán.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo