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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-01-20

Invitación

LA JORNADA 9 de enero del 2017 MÉXICO

La ceremonia y festejo de inauguración del nuevo gobierno no procederá sin relámpagos y truenos de resistencia prometen miles, tal vez decenas de miles de estadounidenses

David Brooks*


Nace el 2017 en Estados Unidos bajo una larga y tenebrosa sombra de la monstruosa expresión histérica e infantil de fuerzas que, como dijo Chávez, huele a azufre. Peor aún, como ha sido el caso desde que arrancó el proceso electoral que culminó con el triunfo obsceno que ahora tendrá que aguantar no solo este pueblo sino todo el mundo, se escuchan cada vez más fuerte las carcajadas luciferinas.

Pero el 2017 nace también con otros sonidos y colores que son antídoto al veneno que ha infectado a la última superpotencia. Dentro de la nubes oscuras hay relámpagos de luz que iluminan el panorama; truenos de ira y resistencia frente al que pretende ser el nuevo jefe del Ejecutivo/comandante en jefe de este país.

Mientras continúa el debate sobre qué sucedió en este proceso electoral y algunos –sobre todo los que viven del juego político institucional– buscan cómo adaptarse a la nueva realidad, las expresiones de repudio, condena y rebelión ya se expresan en diferentes planos y en diferentes grados por todo el país.

Miles, tal vez decenas de miles, prometen que la ceremonia y festejo de inauguración del nuevo gobierno no procederá sin relámpagos y truenos de resistencia. El 20 de enero, día de la ceremonia en que se coronará el magnate de bienes raíces frente al Capitolio antes de mudarse a la máxima vivienda pública del país (la Casa Blanca) varias agrupaciones manifestarán su repudio durante el desfile de celebración, así como en varios puntos de la capital. Algunos prometen acciones directas de protesta pacífica, otros, actos de desobediencia civil.

Para el día siguiente está programada la Marcha de un Millón de Mujeres en Washington (con actos paralelos en decenas de ciudades dentro y fuera de Estados Unidos: www.womensmarch.com) en protesta por las posturas del hombre que asumirá la presidencia, contra los derechos de las mujeres. También se ha convocado a una marcha de milenians, entre otros actos de protesta.

Mientras los organizadores de los festejos oficiales enfrentan dificultades para contratar actos artísticos (pocos desean participar), hay disidencia entre los que ya aceptaron. Jan Chamberlin, integrante del antiguo y legendario grupo coral Mormón Tabernacle Choir, renunció porque este aceptó cantar en la toma de posesión de Trump (el coro también cantó en la de Lyndon Johnson, Richard Nixon y los dos Bush) al afirmar que participar significa respaldar la tiranía y el fascismo. Agregó, según The Guardian: Lo único que sé es que nunca podría ofrecer rosas a Hitler y, ciertamente, nunca podría cantar para él. Las famosas bailarinas The Rockettes, del Radio City Music Hall, en Nueva York, también fueron contratadas para el festejo oficial, pero tan pronto se anunció su participación surgieron expresiones disidentes de varias integrantes que indicaban que no estaban dispuestas de participar. Phoebe Pearl publicó una foto con el lema no es mi presidente y comentó que encontraba odioso que tuvieran que bailar para un hombre que representa todo a lo que nos oponemos.

Mas allá de manifestaciones y actos de protesta en los primeros días del gobierno, algunos activistas jóvenes de diversas partes del país están montando un cuartel dentro de la capital para tener presencia permanente durante los primeros meses, y tal vez años, del nuevo gobierno, lo van a bautizar Distrito 13, en referencia al barrio rebelde de las películas de Los juegos del hambre. Otros se preparan para una larga lucha de resistencia por todo el país; o, como dicen algunos, la continuación de luchas que han surgido aun en el gobierno liberal de Barack Obama.

Entre algunas de ellas está el combate a la violencia oficial contra minorías encabezada por el movimiento Black Lives Matter, la continuación de la lucha por los derechos de pueblos originarios y la protección de sus tierras, que estalló con la convergencia más grande de pueblos indígenas en la historia reciente del país, en Standing Rock (el próximo ocupante de la Casa Blanca era accionista en la empresa que busca construir el oleoducto que detonó la resistencia en dicha reserva).

Organizaciones de inmigrantes y defensores de sus derechos siguen redoblando esfuerzos para proteger a los más vulnerables, mientras comunidades musulmanas se preparan para enfrentar las amenazas anunciadas por el nuevo gobierno, encontrando aliados en varios sectores, incluido el menos esperado: parte de la comunidad judía (ya se han establecido alianzas formales entre organizaciones nacionales musulmanas y judías).

A la vez, el movimiento Santuario para ofrecer protección a inmigrantes, sobre todo a indocumentados, ante posible persecución por el gobierno federal, se ha multiplicado con la participación de por lo menos 450 iglesias de todo el país (sanctuarynotdeportation.org) y más de 500 universidades se han declarado en favor de proteger a sus estudiantes indocumentados.

Gobiernos locales y algunos estatales también se han proclamado santuarios y en resistencia a políticas contra mujeres, gays y minorías. Por ejemplo, el senado estatal de California emitió un manifiesto de desafío inmediatamente después de la elección federal en el cual declaró: “California defenderá a su pueblo y su progreso. No permitiremos que una elección revierta generaciones de progreso…”

Alcaldes y jefes de policía de las principales ciudades del país, como Nueva York, Los Ángeles, Chicago y Houston, han declarado que sus gobiernos no colaborarán con el gobierno federal en acciones de persecución y deportación contra migrantes o el registro y vigilancia de musulmanes. A la vez, organizaciones de defensa de derechos civiles de afroestadounidenses y latinos, agrupaciones antiguerra, movimientos ambientalistas locales y nacionales por los derechos laborales, como la campaña nacional para elevar el salario mínimo a 15 dólares la hora, junto con los que defienden las libertades civiles y los derechos constitucionales, afirman que se preparan para una resistencia a largo plazo.

Aunque hay respuesta, todo sigue fragmentado, y la derrota en tantas dimensiones no será superada rápidamente, pero a veces la oscuridad es, entre otras cosas, una invitación a la luz. En este año nuevo, todo depende de la respuesta.

  • Corresponsal del diario La Jornada en Nueva York

Europa en su laberinto

PÁGINA 12 6 de enero del 2017 ARGENTINA

El proyecto paneuropeo no encuentra respuestas a la crisis

Los problemas abundan para la Unión Europea: el Brexit, la crisis de refugiados, los atentados terroristas, la debacle griega y el ascenso de la derecha xenófoba. Es la peor crisis existencial de sus 70 años

Capturada por una agenda neoliberal y una socialdemocracia en retirada, la Unión Europea (UE) no tiene respuestas a la crisis que enfrenta desde el estallido financiero del 2008 y su vástago, el de la deuda soberana del 2010. Los problemas se apilan. Al Brexit que se empezará a negociar este año, se suman la crisis de los refugiados, los atentados terroristas, la debacle griega o el ascenso de una derecha xenófoba que quiere destruir el proyecto paneuropeo, pero frente a la peor crisis existencial de sus 70 años, la respuesta oficial europea ha sido hasta el momento patética.

Los discursos y las hojas de ruta planteados en las últimas semanas y meses son vagas generalidades dominadas por frases del estilo de “la Unión Europea no es perfecta, pero es el mejor instrumento que tenemos” y “hay que ampliar el consenso europeo para una política a largo plazo sobre inmigración basada en los principios de la responsabilidad y solidaridad”. La iniciativa concreta más vistosa del año pasado fue que la UE tenga wifi gratis en todo el bloque para el 2020, aspiración simpática y útil, pero claramente insuficiente para la crisis en juego.

El trasfondo de la crisis es claramente económico. Desde el estallido financiero del 2008 la UE apenas crece y la eurozona -los 19 países de los 28 que manejan el euro como moneda- vive en un estado de zozobra permanente con varios países, desde Grecia hasta Portugal, España e Italia, al borde de la bancarrota y un desempleo que supera el 10% en muchas naciones.

La suerte, la “fortuna” que Maquiavelo consideraba fundamental en el curso de los acontecimientos históricos, ha contribuido decisivamente al actual callejón sin salida. La crisis del 2008 y el 2010 sucedió en una Europa hegemonizada por la conservadora cristiana demócrata Angela Merkel, el francés Nicolas Sarkozy y con el liberal-laborismo británico de Tony Blair- Gordon Brown en retirada. Si en vez de ese entente ortodoxo hubiera existido el consenso alternativo de la socialdemocracia europea, aún con toda su blandura poscaída del Muro de Berlín, habría existido la posibilidad de un nuevo Plan Marshall que hubiera permitido a la UE arrancar por la senda del crecimiento en vez de la del ajuste permanente, una posible salida reconocida hoy hasta por ciertos sectores ortodoxos, como la Unidad de Inteligencia del semanario The economist, el EIU. “Eso podría haber funcionado en el 2010. Las condiciones cambiaron: es demasiado tarde para adoptar este camino”, indicó a Página 12 Mike Jakeman analista global del EIU.

Hoy la iniciativa política está en manos de los partidos eurófobos que pueden cambiar el mapa europeo en este 2017. Las elecciones en Holanda en marzo, Francia en abril, Italia en cualquier momento en que su actual crisis lo imponga, en Alemania en septiembre, abren tres escenarios posibles: avance incontenible de la derecha, resultado mixto con nuevo equilibrio de fuerzas o repliegue proeuropeo del electorado para poner freno a la derechización.

A primera vista el panorama no luce promisorio. En Holanda el ultraderechista Partido de la Libertad de Geert Wilders lidera las encuestas, en Francia Marine Le Pen está cabeza a cabeza con el candidato de la derecha tradicional, Francois Fillon, en Italia el errático movimiento Cinque Stelle fue clave en el referendo de diciembre que provocó la caída del premier Mateo Renzi.

Alemania sigue siendo un aparente baluarte. El atentado en Berlín el pasado diciembre cometido por un refugiado de Siria que dejó un saldo de 12 muertes, tuvo un impacto en la popularidad de Merkel, pero no parece amenazar su liderazgo en los sondeos. Las últimas encuestas colocan a su partido con un 35% de la intención de voto, frente al 22% del Partido Socialista Alemán y el 13% de los xenófobos de Alternativa por Alemania, partido con menos de cuatro años de existencia.

Mucho dependerá de acontecimientos a la vista, pero de impacto imponderable (refugiados, negociación del Brexit a partir de fines de marzo, estancamiento económico) y de eventos que no están en el radar y que, por lo tanto, siempre toman a todos por sorpresa (lo fue la crisis de refugiados en su momento). Una UE de 28 miembros que necesita el consenso permanente para tomar la mayoría de sus decisiones no es la fórmula perfecta para la reacción rápida que requieren muchas crisis.

Iniciativas que ayudarían a recuperar el apoyo popular y la “mística europea” como la lucha contra los paraísos fiscales y otros fuertes intereses creados del sector financiero y las multinacionales, se ven ahogadas por esa “elefantiasis” que parece padecer un bloque de 28 miembros dominado por la ortodoxia neoliberal.

El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, estuvo al frente de uno de los centros offshore de la UE, Luxemburgo, entre el 1995 y el 2013. El Reino Unido es uno de los principales paraísos fiscales del mundo, según la Tax Justice Network (Red de Justicia Fiscal). En el marco de la actual ortodoxia europea, difícilmente la salida del Reino Unido de la UE mueva el amperímetro hacia una acción decisiva en este campo.

En este contexto la izquierda europea sufre una parálisis alarmante. El diagnóstico de Costas Lapavitsas, ex diputado de Syriza en Grecia, académico de Soas en la Universidad de Londres y autor de El capitalismo financiado. Expansión y crisis, es que la izquierda no se ha recuperado de la derrota política sufrida en el siglo XX con el fin de la Guerra Fría. “La izquierda perdió la confianza en sí misma. Su análisis económico es anticuado y sus valores históricos no han sido replanteados. El internacionalismo es un caso. Seguir planteándolo es un error cuando hoy los grandes beneficiarios de la globalización son las corporaciones. La realidad es que hoy el neoliberalismo sigue siendo la ideología dominante en todo el planeta. Pero es una ideología que va a quebrarse por su propia rigidez. La izquierda necesita estar lista para la próxima crisis. No puede repetir el error del 2008 cuando no supo responder a una debacle que cuestionaba el sistema económico global imperante”, indicó Lapavitsas a este diario.

El euro cumple 15 años: reforma o disolución

REBELIÓN 6 de enero del 2017 ESPAÑA

¿Qué balance podemos hacer? Sin duda, muy negativo. Es necesario que los países cedan una nueva parte de su soberanía y que la propia naturaleza de la eurozona cambie radicalmente

José Moisés Martín Carretero*

Era enero del 2002. Andábamos como bobos intentando aclararnos sobre los cambios, si pasar todo de golpe o mantener algunas pesetas, sin hacernos una idea clara del precio de las cosas… era enero del 2002 y tomando unos cafés en Sol dejé dos euros de bote. “Has dejado 500 pesetas”, me dijo mi amigo Carlos. Yo hice como que no importaba. En realidad no tenía ni idea de si había dejado mucho o poco dinero hasta que Carlos me confirmó mi espléndida generosidad.

Para la mayoría de la ciudadanía, el cambio de moneda –que ya se había hecho realidad macroeconómica en 1999 con la fijación de los tipos de cambio irreversibles-- se había convertido más en un asunto de oficina de consumidor que de otra cosa: el famoso redondeo, el cuidado con las falsificaciones y timos, qué hacer con las pesetas, francos, florines o marcos perdidos en huchas y cajones, la percepción momentánea de perder el sentido sobre el valor de las cosas, en definitiva, asuntos de la vida cotidiana que en poco o nada oscurecían el logro histórico de manejar, de Algeciras a Helsinki, la misma moneda. Adiós a las casas de cambio, los problemas en los viajes, la debilidad de nuestra peseta… todas estas ventajas dejaban en poco los problemas iniciales de la transición. Lejos de la vida cotidiana, unos pocos economistas llevaban clamando ya diez años sobre la irracionalidad del diseño de la Unión Económica y Monetaria: Pedro Montes es quien más vivamente recuerdo, pero no faltaron también voces críticas desde la derecha del espectro político. Marginales en cualquier caso, por cuanto el consenso europeo y español –que entonces aglutinaba al 90% del Parlamento Europeo y del Congreso de los Diputados-- apostaba firmemente por el salto integrador y político que representó la creación de la eurozona.

Quince años más tarde, y aunque sería momento de hacer balance, poca gente lo hará. De los 15 años en los que la moneda única ha estado efectivamente en nuestros bolsillos, hemos pasado ocho en crisis. La imposibilidad de adecuar una política económica común a economías todavía con un grado de integración muy desigual ha generado una serie de monstruos que nos han llevado a vivir el sueño europeo como una pesadilla. En efecto, fue la recesión de Alemania y Francia en 2001/2002 la que obligó al Banco Central Europeo a bajar los tipos de interés, abaratando los créditos que nutrieron nuestra burbuja inmobiliaria, la de Irlanda y la deuda pública de Grecia.

Cuando las tornas se cambiaron y el problema de crecimiento se trasladó del norte al sur, los países centrales se esforzaron en mantener una política económica irracionalmente rígida que llevó a los países del sur a situarse peligrosamente cerca de la bancarrota. Hay que recordar que en junio del 2008, cuando la crisis de la deuda estaba ya saltando de país en país, el Banco Central Europeo subió los tipos de interés al 4,5% para parar la inflación. Luego llegó el derrumbe y la aplicación de unas normas que nunca estuvieron pensadas para enfrentarse a un shock asimétrico de tal tamaño. Y mientras Trichet hacía gala de una política monetaria ultra ortodoxa, el Eurogrupo garantizaba que, pasara lo que pasara, las reglas de la eurozona no se iban a quebrar. Inútil esfuerzo pues fue de esta manera como se pusieron bajo una constante amenaza de ruptura del euro.

Poco a poco fueron llegando los primeros remiendos. La puesta en marcha del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y posteriormente del Mecanismo Europeo de Estabilidad permitía tener un marco estable de apoyo para países con dificultades de liquidez. El refuerzo de la gobernanza europea con el semestre europeo permitió ordenar el tráfico de elaboración de las políticas fiscales y económicas, sistematizando el proceso y permitiendo una previsibilidad en torno a la cual ordenar la política económica. Trichet fue relevado por Draghi y la política del Banco Central Europeo dejó de ser parte del problema para buscar ser parte de la solución.

En el 2014, la nueva Comisión abordó una estrategia para promover el crecimiento económico a través de un incremento de la inversión –el Plan Juncker-- al tiempo que el Banco Central Europeo inauguraba –con varios años de retraso-- su propia versión de la expansión cuantitativa. Las normas fiscales se fueron aplicando con flexibilidad, hasta tal punto que se perdonaron las sanciones a los países menos cumplidores, como España y Portugal. Solo Grecia, chivo expiatorio, ha sido y es tratada sin contemplaciones con un único objetivo político: aleccionar al sur de Europa sobre las desventajas de votar a los partidos de la izquierda emergente.

Tras quince años de euro y ocho de crisis, ¿qué balance podemos hacer? Sin duda, muy negativo. El único logro reseñable de la eurozona ha sido controlar la inflación. La convergencia económica entre los países del sur y del norte se paró, e incluso se revirtió durante la crisis. Los desequilibrios económicos y sociales se han acrecentado, y la desconfianza política se ha disparado. Y no es un problema de orientaciones políticas. En The Euro and the battle of ideas, (El euro y la batalla de las ideas) (Princeton University Press 2016), los economistas Brunnermeier, James y Landau defienden que es la ausencia de una visión compartida sobre la eurozona entre Francia y Alemania la que ha dificultado la gestión de la crisis. Quien escribe estas líneas piensa que no es tanto la orientación de la política económica como la propia naturaleza de la eurozona la que debe cambiar radicalmente. Es difícil que esto ocurra en el actual contexto sociopolítico, pero o lo hacemos o la moneda –y la Unión-- europea tienen los días contados. El euro es un experimento fallido, un "fracaso de las élites políticas", como explicó en otro excelente libro Manuel Sanchís.

Ahora que parece que las peores consecuencias de la crisis económica amainan, es urgente retomar la agenda reformista y plantear una reformulación en profundidad del proyecto, que asuma hasta sus últimas consecuencias la conveniencia de que la política económica de la eurozona se construya para el beneficio de todos sus miembros. Para ello es necesario que los países cedan una nueva parte de su soberanía. De que lo hagan o no dependerá el futuro de la moneda y del continente. Porque si no arreglamos el diseño institucional de la eurozona, si no generamos mecanismos de reequilibrio y reactivamos la convergencia real, tarde o temprano los demonios de la eurozona volverán a despertarse. Parafraseando a Einstein cuando hablaba de la tercera y la cuarta guerras mundiales, no sabemos cuándo será la segunda crisis de la eurozona, pero lo que sí sabemos es que es muy probable que no haya una tercera, porque la eurozona habrá desaparecido.

  • Miembro de Economistas Frente a la Crisis.

Guerra y lucro: síntomas mórbidos

LA JORNADA 5 de enero del 2017 MÉXICO

John Saxe-Fernández

“La OTAN coloca en estado de ‘alta alerta’ a 300 mil elementos por aumento en las tensiones con Rusia”. Así se leyó la noticia en The Independent del lunes 7 de noviembre del 2016 y demás prensa inglesa y europea. Eso se difundió un día antes de los comicios presideciales en Estados Unidos, cuando todo el mundo (excepto gente como el cineasta Michael Moore) asumía, junto a los principales rotativos, medios académicos, electrónicos y encuestadoras, que Hillary Clinton sería electa.

Se aclaró que la OTAN no informó sobre la cantidad de efectivos a ser enviados a la frontera rusa, pero que, según el saliente representante del Reino Unido en esa alianza (financiada por Estados Unidos), sería un despliegue en dos meses, y no en los 180 días para una maniobra de guerra generalizada, de entre 200 y 300 mil elementos.

Dos meses claves en que Clinton asumiría riesgos de Tercera Guerra Mundial (TGM) declarando una zona de veda aérea en Siria, como dijo entre nos a Goldman Sachs e inversionistas de Wall Street. Pronto Wikileaks y altos cargos del Pentágono (DoD) mostraron una operación repleta de múltiples y costosos operativos, bajas civiles a granel y prometedoras ganancias para bancos y contratistas militares, aunque con choques directos, e intensificación bélica de alto riesgo nuclear, entre Estados Unidos y una Rusia en acción antiterrorista solicitada por el gobierno sirio.

El triunfo de Trump, quien mostró no tener noción sobre los efectos multidimencionales de las armas nucleares, pero que declaró su intención de normalizar la relación de Estados Unidos con Rusia y su presidente Vladimir Putin, cimbró a la opinión pública y también puso nerviosos a los principales contratistas militares que endosaron en su mayoría a Clinton, aunque Trump ofreciera asignaciones bélicas en demasía.

William Hartung observó en un Centro de Política Internacional que opera como cabildo bélico-industrial, que desde que en tiempos de Bill Clinton la OTAN quebrantó un acuerdo de Bush I con Gorbachov de que a cambio de desactivar el Pacto de Varsovia, la organización no se movería una pulgada al Este, se dio un vuelco a favor de grandes negocios y ventas de armamento, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Fue una oleada de negocios que luego Bush II acrecentó hacia el vedado sector antibalístico, con la abrogación del Tratado ABM bajo el halo del 11-S y de negocios billonarios: desde que empezó la expansión de la OTAN al este, dijo Hartung, las firmas de Estados Unidos han estado cerrando contratos y vendiendo todo tipo de armas, de aviones caza a sistemas antibalísticos de defensa, por lo que, usar a Rusia para asustar acarrea beneficios adicionales para la industria de armamentos porque se ha transformado en la narrativa favorita para promover mayores presupuestos al DoD, aún si ya el DoD tiene suficiente dinero para enfrentar cualquier amenaza a Estados Unidos. (Ver Lee Fang, The Intercept, 19/8/16). La expansión de los negocios como eje de la dinámica sociopolítica hacia la TGM procede en todas las áreas incluidas las relacionadas con la aviación, la marina de aguas profundas y de litorales, la industria aeroespacial, la guerra química y biológica, la guerra electrónica y de las comunicaciones.

En un programa de pláticas de gerentes con inversionistas de una de las principales contratistas de las comunicaciones, un alto vocero recordó las penurias causadas por el déficit de enemigo que sufrió el complejo bélico-industrial de Estados Unidos a raíz del colapso soviético y luego celebró la recuperación de contratos y negocios gracias a la narrativa rusofóbica y de demonización de Putin en curso: según la reconstrucción de su ponencia ofrecida por Intercept (Ibid), “recordó a sus accionistas que desde diciembre del 2015 la industria tiene ante sí una oportunidad histórica.

Después del fin de la guerra fría”, dijo, estalló la paz en prácticamente todo el mundo, con Rusia en declinación y las naciones de la OTAN celebrando. Fue cuando cayó el muro (Berlín) y tras eso todos los presupuestos militares se fueron a pique (and all defense budgets went south). Pero ahora Rusia resurge en todo el mundo presionando a los aliados de Estados Unidos. Sabemos que se presentan oportunidades y vamos por ellas.

El lucro con la TGM impulsa el renacer de la guerra fría luego del golpe de Estado de febrero del 2014 contra el gobierno legítimo del prorruso Víktor Yanukóvich con aporte (como en Venezuela) de la Office of Transition Iniciatives de la Usaid, del National Endowment for Democracy (NED) idea de la CIA, y legado de Reagan y de unidades paramilitares de corte nazi (amenazaron de muerte a Yanukóvich y familia) y conjuras varias entre la subsecretaria de Estado Victoria Nuland y el embajador Pyatt, de Estados Unidos en Kiev.

Ese golpe trasladó el epicentro de la guerra fría de Berlín a Kiev. Para Stephen Cohen, notable analista de la relación EEUU-Rusia, esta guerra fría es más riesgosa a la paz mundial que la iniciada en el 1946 por su amplia intrusión en la civilización rusa.

Adiós, Obama

LA JORNADA 19 de enero del 2017 MÉXICO

Editorial

El primer afrodescendiente que ocupó la presidencia de Estados Unidos dejará el viernes la Casa Blanca y ya ofreció su última conferencia de prensa como jefe del país más poderoso del planeta. Se va con una popularidad igual a la que tenía cuando tomó posesión del cargo (60%), hace ocho años, y dos tercios de los estadunidenses piensan que su gestión fue un éxito. Tienen razón, sin duda, si se observa el bajo desempleo, la reducción de la pobreza, el alcance de los programas sociales y la superación de la grave crisis económica incubada por la administración de su antecesor, George W. Bush.

Pero en el otro lado del balance doméstico, pesan la creciente violencia interna en la que se encuentra sumido Estados Unidos, el avance de la vigilancia policial sobre los ciudadanos y, sobre todo, la permanencia de rezagos, marginaciones e inconformidades sociales que terminaron por encontrar una vía de expresión en el respaldo a la candidatura de Donald Trump, cuya llegada a la presidencia abre una etapa de incertidumbre y zozobra en el propio territorio estadunidense y en el mundo.

En el terreno internacional los dos periodos de Barack Obama dejan un saldo mucho más discutible. Galardonado con un premio Nobel de la Paz entregado a priori y salvo buen cobro, el político demócrata demostró estar muy por debajo de la presea. Entre el 2009 y el 2016 el Departamento de Estado mantuvo una actitud injerencista en todo el globo y las agencias de espionaje de Washington intervinieron de manera furtiva las comunicaciones de varios jefes de Estado, ministerios, empresas, instituciones diversas y millones de personas de incontables países.

El poder político estadunidense impulsó y dirigió la "guerra contra la delincuencia" emprendida por Felipe Calderón en México, auspició golpes de estado en Honduras y Paraguay, estuvo a punto de agredir militarmente a Irán –riesgo que fue conjurado a última hora por la diplomacia de Moscú– y, lo más grave, desestabilizó a Libia y Siria, y causó el desastre que aún padecen esos países.

Cierto, en el último tramo de su segundo mandato Obama emprendió, junto con el presidente cubano Raúl Castro, un trascendente proceso de normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y si bien no logró erradicar el aberrante bloqueo económico impuesto por Washington contra la isla desde hace más de medio siglo, consiguió imprimir al menos un viraje histórico en la hostilidad sistemática de la Casa Blanca hacia el gobierno de La Habana.

En materia de migración Obama se caracterizó por deportar a más indocumentados latinoamericanos –mexicanos, en su gran mayoría– que cualquiera de sus antecesores, pero no pudo llevar a cabo la reforma migratoria que resulta imperativa para hacer efectivos los derechos básicos de millones de personas en el país vecino.

En suma, los dos mandatos de Obama se caracterizan por luces y sombras cuyo balance queda muy por debajo de las promesas de cambio formuladas por el político negro, joven y desenfadado que llegó a la Casa Blanca en enero del 2009, y que desde luego resulta insatisfactorio si se le coteja con las expectativas generadas entonces en su país y en el mundo.

A fin de cuentas, el mandatario saliente terminó por servir a los intereses financieros e industriales y en materia de política exterior se lanzó en brazos de los halcones demócratas. Pero su mayor fracaso se llama Donald Trump, quien mañana asumirá como el presidente número 45 en la historia de Estados Unidos y quien, por lo que puede verse, llevará a muchos a evocar con añoranza los tiempos de Obama.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris