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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-01-24

Nuestra América por la paz, la unidad y su integración definitiva

APORREA 19 de enero del 2017 VENEZUELA

Patricio Montesinos*

La paz, la unidad y la integración de la Patria Grande estarán otra vez en el centro de atención de un nuevo encuentro regional que los movimientos sociales y las fuerzas progresistas de la región celebrarán en República Dominicana, en vísperas de la V Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

En la cita, que se desarrollará dos días antes de la reunión de Jefes de Estado de los 33 países que integran la Celac, participarán representantes de organizaciones sociales, políticas, sindicales, campesinas, populares, juveniles, estudiantiles y solidarias de América Latina y el Caribe.

El encuentro tiene previsto elaborar una declaración en defensa de la concordia, la unidad, la autodeterminación y la independencia definitiva de los pueblos de la Patria Grande, y en apoyo al cónclave de mandatarios marcado para el venidero 25 de enero.

Los delegados de los diferentes países de la región consensuarán en República Dominicana el texto que servirá como contribución y respaldo a los principios fundacionales de la Celac.

Esa organización, integradora y diversa a la vez, declaró a la América Nuestra Zona de Paz en su II Cumbre efectuada en La Habana en el 2014, y desde su creación aboga además por la solidaridad, la cooperación y el no injerencismo.

Los movimientos sociales y las fuerzas progresistas latinoamericanas y caribeñas consideran que hoy más nunca se debe proteger a la Celac, ante los embates de una derecha neoliberal interesada en desintegrarla para volver a dividir a la región en beneficio de intereses oligárquicos e imperiales.

Es bien conocido que el referido organismo intergubernamental, desde su cita inaugural en Caracas, Venezuela, en el 2011, es visto por el imperio del Norte como un escollo por sus claros preceptos soberanos, pacíficos y en favor de la anhelada integración de Nuestra América.

La imposición nuevamente del ya fracasado neoliberalismo en la Patria Grande conspira contra la Celac, motivo por el que los movimientos sociales y las fuerzas progresistas se reunirán en República Dominicana.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista español residente en La Paz, Bolivia. Es corresponsal de Cubadebate

Trump y la izquierda Mx

La Jornada 4 de enero del 2017 México

Luis Linares Zapata

A las desconcertantes expresiones del candidato Donald Trump habrá que añadirles, con ánimo de situarlas mejor, la inclinación ideológica de su círculo íntimo.

El peso decisorio que significarán los generales designados para acompañarlo en su ya próximo gobierno tiene que ser cuidadosamente sopesado. La experiencia y formación de cada uno de estos futuros funcionarios de alto rango apuntan, con pocas excepciones, hacia posiciones beligerantes y autoritarias. Debido a ello, el reciente juego de fuerzas, hoy activas en Latinoamérica, resentirá fuertes influjos en sus procesos políticos en marcha. De diversas maneras, es factible que, al interactuar, modifiquen o acentúen modos y contenidos programáticos de los distintos gobiernos o, también, que graviten, como catalizadores externos, en las diversas etapas electorales venideras.

En México, esta última vertiente ya acentúa temores y alarmas para las izquierdas. Pero, al mismo tiempo, despierta deseos y esperanzas de auxilio para las dominantes fuerzas de la derecha, ya bien establecidas por lo demás. Mucho dependerá, entonces, de las inclinaciones e intereses de partidos y candidatos con miras al 2018. Lo que aún aparece como incógnita a despejar, dentro de este panorama, es el peso que tendrá la movilización popular que se avecina.

Bien se sabe ya la intención del factor Trump –y su entorno– respecto a varias de sus prioridades geopolíticas. El acuerdo instrumentado por Barack Obama, junto con varias potencias adicionales, para controlar las intenciones nucleares de Irán ocupará lugar primordial. La suerte del Estado Islámico (EI), según tronantes sentencias del magnate trocado en presidente, está ya decidida de manera terminal. Rusia aparece ahora como una ficha estratégica en la visión y los impulsos tanto del círculo militar designado como del mismo futuro mandatario. Se ve a Vladimir Putin como un posible aliado estratégico para la solución de conflictos en varios frentes regionales sensitivos.

Sin embargo, todo este conjunto de líneas de acción global contiene, en sus interacciones, balances y oposiciones que serán caros para los estadounidenses. Rusia e Irán son aliados desde hace buen tiempo. Irán juega un papel crucial en el combate a EI. Francia mantiene relaciones y negocios difíciles de abandonar con las petromonarquías, y así sucesivamente. El tablero europeo atraviesa inestabilidades generadas por la globalización neoliberal. Oriente Medio, como desde hace ya más de siglo y medio, continúa en permanente tensión. La irrupción, en caprichoso tropel, de la caballería trumpiana no hará otra cosa que afectar los precarios equilibrios que su antecesor Obama pudo negociar.

La reciente decisión de Estados Unidos de no vetar la resolución del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas introdujo un drástico cambio en sus relaciones con Israel. El embajador designado por Trump es ampliamente conocido por sus posturas cercanas a la extrema derecha israelita. Las alertas rojas se encendieron, de inmediato, en Palestina, tocando también a otros grupos extremistas árabes. La ruta de las dos naciones planteada como factible solución al viejo conflicto árabe-israelita quedará en suspenso tras los desplantes de los judíos ultra ortodoxos que pretenden llevar sus asentamientos sobre tierras palestinas hasta el mero final. Como bien se puede ver, el teatro que el señor Donald Trump pretende montar se puede atisbar altamente complejo, por decir lo mínimo. Hay que recordar la profunda división que padece esta nación, sin duda un factor de constante conflicto.

Enfocando la mirada hacia Latinoamérica también se aclara buena parte de la tendencia que seguirá el displicente y temperamental presidente del así llamado imperio central. Los cambios introducidos por los gobiernos progresistas en el cono sur están, además, pasando por un periodo revisionista desde su misma vigencia interna. La confluencia lograda entre la Argentina de Mauricio Macri y el tambaleante brasileño Michel Temer da forma a un fenómeno digno de observar con sumo cuidado. Hasta hace poco era casi impensable que los avances sociales en bienestar y combate a la pobreza logrados por sus anteriores líderes (Lula-Rousseff y los Kirchner) pudieran detenerse. Hoy se les pone en duda y es posible que puedan revertirse. No se ignoran los efectos que en ambos países están teniendo las nuevas políticas montadas a mata caballo. Tampoco cuáles serán los apoyos que recibirán de sus intereses aliados, en particular del futuro gobierno de Estados Unidos. Pero esto tampoco implica que ya se pueda hablar de un cambio de época y afirmar que los gobiernos progresistas van de salida. Hay en la base popular de esas naciones muchos aspectos que no serán difuminados con facilidad. Trastocarlos de manera tajante, como lo intentan hacer tanto Macri como Temer, provocará reacciones en cadena de difícil manejo y control.

A la ya bien conocida intervención de los distintos gobiernos estadounidenses –aparejados con sus intereses privados de escala– en los procesos electivos mexicanos pasados, se debe añadir la soberbia de un grupo de plutócratas que se ha encaramado en la cima política del vecino país. La lucha por el poder en México para 2018, por tanto, se visualiza en extremo ríspida y plagada de manipulaciones ilegales de los grupos de presión. Un panorama cuyo desenlace es, por ahora al menos, casi imposible de predecir.

Por ahora la realidad gira alrededor de esas peliagudas confrontaciones arriba descritas.

¿Desdolarización de la economía mundial?

LA JORNADA 18 de enero del 2017 MÉXICO

Francisco Navarro y Alfredo Serrano*

Desde los acuerdos de Bretton Woods, a mediados del siglo XX, el dólar ha sido indiscutiblemente la moneda de referencia de la economía mundial. Se construyó un sistema financiero internacional por y para la economía estadounidense con el dólar como estandarte hegemónico.

De esta manera, y hasta hoy, el dólar se ha convertido en la principal moneda internacional tanto de reserva como para los intercambios comerciales, de divisas y el resto de transacciones financieras.

La hegemonía del dólar es un privilegio y una asimetría de poder en favor de la economía estadounidense respecto del resto de economías del mundo. Un poder que se manifiesta en innumerables beneficios para el capital en el sistema financiero y en las relaciones comerciales con el exterior.

Esta hegemonía se incrementó aún más en los años 80 con el crecimiento y la expansión financiera global, así como con la expansión territorial del capital productivo y su nueva división internacional del trabajo y una nueva estructura internacional del comercio.

En palabras claras: el nuevo orden económico mundial neoliberal pivotó sobre la hegemonía del dólar en el mundo.

Indicios para la discusión sobre la hegemonía del dólar. Actualmente el dólar mantiene su posición hegemónica y es, con diferencia, la moneda más utilizada en el mundo. Sin embargo, distintos hechos han acaecido desde comienzos del siglo XXI que vislumbran la posibilidad de transformaciones en la economía global y el sistema financiero internacional que desplacen relativamente el poder central del dólar.

Por un lado, la entrada en juego del euro, moneda con un área económica detrás que tiene un peso en el mundo, en términos de PIB y comercio, equivalente a Estados Unidos. Aunque el euro no ha sido el contrapeso frente al dólar esperado por los más optimistas, su presencia y crecimiento le ha restado algo de protagonismo como moneda de reserva y en el comercio internacional.

Por otro lado, la presencia de los países emergentes (Brics), especialmente de China, cuya importancia de su moneda comienza a reflejar los cambios que se están sucediendo en la economía global. En este sentido, ha habido un progreso en distintos mecanismos, liderados por China, de cooperación financiera y de intercambios comerciales y financieros sin utilizar el dólar que abre espacios regionales en el sistema financiero a favor de otras monedas, especialmente el yuan.

En este sentido, cabe destacar la importancia que ha tenido el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

Además, estamos en plena transición geoeconómica: aparecen bloques comerciales regionales que buscan tener relaciones económicas en monedas propias. Se abre una nueva época económico-financiera.

Algunos datos relevantes sobre estos indicios. Aunque estaríamos muy a los inicios de la existencia de un verdadero contrapeso en el sistema financiero que discuta la hegemonía del dólar, la evidencia de los datos bien interpretados puede mostrar indicios de cambios en este sentido.

En cuanto a moneda de reserva internacional que tienen los distintos bancos centrales de los países, el dólar ha visto disminuir su importancia. Si en el 2000 representaba como moneda de reserva 72% del total, actualmente representa 63 por ciento.

El peso del dólar en la cesta de monedas que determina el valor de los derechos especiales de giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional. El valor del dólar ha caído levemente; unos 2 puntos porcentuales, en la última década.

Pero más importante es en este sentido la inclusión en la cesta del yuan (efectiva a partir del 1º de octubre del 2016). No tanto por el peso que restará al dólar, sino por lo que significa en cuanto al reconocimiento de confianza del mundo capitalista a una moneda de una economía de la envergadura de China. Es un paso muy importante para un futuro papel determinante del yuan frente al dólar en el sistema monetario internacional.

El yuan se usa como moneda de reserva en 40 bancos centrales.

En cuanto a las divisas intercambiadas a escala mundial, si en el 2001 el dólar tenía un peso de 45% de todos los intercambios, en el 2010 este había caído a 42,5%, aumentando hasta el 2016 a 43,8 por ciento.

Vale la pena volver a destacar aquí la fuerte irrupción del yuan con un peso superior a 2% en la actualidad, siendo en el 2010 de 0,45 por ciento.

Otro dato: el comercio Sur-Sur cada vez es más importante a escala mundial: pasó de suponer 6% en el 1985 a 24% en el 2010; mientras el comercio Norte-Norte retrocedió a 38 por ciento.

Un dato importante es el uso de las distintas monedas en la facturación del comercio internacional. Una aproximación a este dato es la moneda utilizada en el crédito documentario, principal fuente de financiación de las operaciones de comercio internacional. Aquí el yuan ha tenido un avance espectacular en detrimento especialmente del dólar.

Si en el 2012, del total de operaciones, el yuan representaba 1,89% y el dólar 85%; en el 2015 el yuan había aumentado enormemente su peso hasta 9.43%, mientras el dólar caía a 79.73 por ciento.

El dólar también ha perdido peso en el comercio exterior de la Unión Europea (UE). Si en el 2010 el 52% de las importaciones (extra UE) y 34% de las exportaciones se realizaban en dólares, en el 2015 estos porcentajes han caído a 42% y 27% respectivamente.

Conclusiones. El dólar sigue estando muy presente, en forma dominante, en las transacciones económicas internacionales. Sin embargo, sí se debe constatar la emergencia de nuevas monedas que comienzan a tener un rol cada vez más protagónico en la economía mundial, como moneda de reserva o de intercambio comercial. La transición geoeconómica sigue su curso.

En estos últimos años, la desdolarización de la economía mundial ha comenzado a dar sus primeros pasos. Por ahora, no ha puesto en peligro la hegemonía del dólar, pero sí ha demostrado que existen alternativas, sólidas y eficaces. Veremos qué sucede en la próxima década.

  • Economistas, investigadores del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

La permanente colonización de Sudáfrica

REBELIÓN 6 de enero del 2017 ESPAÑA

Ricardo Orozco

La nula relevancia que las protestas estudiantiles sudafricanas han encontrado en los medios de comunicación latinoamericanos, más que revelar la evidente subordinación en la que se encuentran los asuntos africanos dentro de la propia periferia global, es un claro indicador de la manera en que se (re)producen los procesos de estructuración racial alrededor del orbe. Y en ese sentido, reflejo de las matrices simbólicas y materiales de sujeción, exclusión y explotación social que la colonialidad mantiene vigentes en el país de Madiba —a pesar de la formal descolonización de las estructuras políticas y económicas del Estado conseguida en la última década del siglo XX.

Las demandas sociales en el plano de la escolarización en la República de Sudáfrica, en particular, y en toda África, en general; no son una suerte de movimiento mainstream motivado por una inercial propensión a seguir a las expresiones de su tipo que en Reino Unido, Corea del Sur, Taiwán, etc., saturaron las agendas mediáticas y el espacio público de las clases medias. Por lo contrario, la protesta social en este terreno es tan añeja como lo es la historia misma de la colonización del continente por parte de los imperialismos occidentales. Y en esta ocasión, tanto como en las anteriores, son —contrario a lo afirmado categóricamente por la BBC, el Financial Times o el New York Times— algo más que la pura reivindicación de su derecho a la libre expresión, que la consecución de colegiaturas justas y asequibles o que la pretensión de construir una democracia basada en el derecho a votar cada cinco años.

Las instituciones de instrucción escolar en Sudáfrica son, como en cualquier otra sociedad producto de la modernidad/colonialidad capitalista, un microcosmos, un espacio-tiempo relativamente reducido en el cual se (re)producen, a menor escala pero con mayor intensidad, sistematización y profundidad todos y cada uno de los rasgos estructurales de la sociedad dentro de la cual se desenvuelven. Así, en las sociedades a las que la modernidad y el capitalismo han fundido en una posición geopolítica periférica, esos rasgos no son otros que los remanentes aún vigentes de las relaciones sociales que habilitaron el sostenimiento de su propia colonización. Es decir, son los atributos sobre los cuales Occidente inventó y forjó un modelo de civilización totalizante, con pretensiones de universalidad ontológica, en la que el progreso de la humanidad se observa en el Norte capitalista, secular y blanco; y el atraso, la barbarie en el Sur negro e indígena.

De ahí que #FeesMustFall, la demanda en torno a la cual se aglutina el descontento de la sociedad sudafricana, no sea solo la exigencia de dar marcha atrás con los incrementos a las colegiaturas. Aun observando el desenvolvimiento de los sudafricanos desde la propia periferia, esta sociedad ha sido contemplada, a lo largo de los años, desde el 1994, como el caso paradigmático de éxito en el curso de la descolonización de un cuerpo social: la victoria de Mandela sobre De Klerk, se discurre de manera permanente, es la victoria de una raza y una Nación explotada sobre el colonialismo británico, en particular, y europeo, en general. Sin embargo, lejos de ser el espejo en el cual la periferia global debería de observarse para conocer el camino hacia su propia emancipación, Sudáfrica es un caso más —de tantos— en el que la ilusión de conseguir el progreso occidental a través del reformismo y la mimesis se ha encargado de afirmar que a la modernidad/capitalista se la deconstruye o se muere en el intento.

En efecto, #FeesMustFall es solo la síntesis que da concreción a demandas más amplias y añejas de una sociedad que, muy a pesar de Mandela y de De Klerk, sigue sumergida en la densidad de una estructura de explotación en la que las naciones africanas ocupan el último eslabón racial. Así, hoy es el universitario el que a través de la violencia que despliega en sus protestas le recuerda a sus naciones la historia de hambruna, de guerras, de enfermedades, de asesinatos en masa, de esclavitud y explotación que olvidaron cuando decidieron que replicar la vía occidental hacia la civilización era la mejor forma de reivindicar toda la sangre derramada.

Pero no solo eso. También es la síntesis por medio de la cual los universitarios sudafricanos le recuerdan a sus naciones que la finalización del apartheid fue solo la sustitución formal de unos colonizadores por otros; el remplazo, en los mecanismos de sujeción, exclusión y explotación del blanco europeo por el negro sudafricano. Es el recuerdo vivo de que la promesa de una sociedad más justa, libre de los grilletes del imperialismo británico era posible de alcanzar a través de la sindicalización de los trabajadores, de la estructuración de partidos políticos, y, sobre todo, de la posibilidad de acceder a instrucción escolarizada especializada en las necesidades del mercado.

Y es que en la Sudáfrica posapartheid la sindicalización no fue más que el sometimiento de las masas trabajadoras a las condiciones laborales impuestas por parte de una clase privilegiada, la politización de la población por medio de los esquemas partidistas de Duverger no transitó más allá de la sustitución de una retórica por otra; esta última ajena a cualquier noción de praxis revolucionaria, y la instrucción escolar no fue sino la pura promesa de eliminar, en términos instrumentales, los esquemas de segregación racial imperantes con anterioridad.

De ahí la importancia que tiene para los recientes movimientos estudiantiles en el país romper con los modelos modernistas que miden el éxito, tanto en lo individual como en lo colectivo, por la posesión de un iPhone 7 Plus, una casa en los suburbios, un BMW y un posgrado en administración de negocios. La importancia, asimismo, de exigir cuentas a toda una generación que se dejó cooptar por el reformismo, por la promesa de realizar algunos ajustes formales a la estructura sólo para hacer la explotación de las masas empobrecidas un asunto con mayor esteticidad y corrección política, de cobrar a su propia sociedad la factura que la impasividad ante la devastación causada por el neoliberalismo les ofreció el romántico anhelo de pertenecer al BRICS a costa de mantener los esquemas de desposesión, concentración y acumulación de riqueza.

No es, por ello, fortuito ni voluntarioso el que sean las juventudes universitarias las que pongan en jaque a las promesas que la modernidad capitalista construye sobre la escolarización especialidad. Son ellos los que han experimentado en su cotidianidad la contradicción de responder a cánones, a directrices éticas y civilizatorias pensadas desde la realidad del blanco y clasemediero europeo cuando sus naciones, dentro de los límites políticos de la estructura estatal de la república, se encuentran devastadas por la marcha insaciable de la acumulación de capital.

No es, pues, solo cuestión del trance cotidiano que la estética que la ética de las universidades impone en el proceso de negar las particularidades de las múltiples expresiones culturales corporizadas; sino de la negación misma de la realidad sudafricana por medio de la (re)producción, en la subjetividad de los educandos, de un estándar de vida extraído de las necesidades productivistas de Occidente y de su privativa posición espacio-temporal en la historia de la humanidad.

En este sentido, más allá de lo redituable que las protestas estudiantiles pidieren redituar en términos pedagógicos, al ser el sistema educativo sudafricano un microcosmos de la sociedad en su conjunto —el espacio-tiempo desde el cual se construye y (re)produce en los sujetos sociales (individuales y colectivos) un comportamiento específico de identificación y militancia con el hecho capitalista—, el solo acto de pugnar porque ese sistema responda a las necesidades materiales y ontológicas de la realidad sudafricana es, en sí mismo, un acto de continuación, radicalización y profundización de la suma de todas las exigencias, presentes y pasadas, de las Naciones racializadas por la colonización europea. Esto es, la renovación de la vigencia de la interminable tarea de descolonizar la existencia del individuo.

Porque aun y cuando las estructuras políticas de su sociedad pueden desenvolverse formalmente en la descolonización administrativa, nulo es el resultado si, como argumentó Sartre en su prólogo a Los Condenados de la Tierra, de Fanon; no se extirpan las mordazas sonoras ni se arranca la marca que la cultura occidental marcó, con hierro candente, en la frente de las élites negras, en general, y del sujeto negro, en particular.