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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-01-26

La Celac en los tiempos de Donald Trump

REBELIÓN 23 de enero del 2017 ESPAÑA

Lilliam Oviedo*

Los acontecimientos posteriores a la toma de posesión de Donald Trump, lejos de restar importancia a la V Cumbre de la Celac y al encuentro de movimientos sociales y fuerzas políticas Por la Paz, la Unidad y la Integración de Nuestra América, contribuyen a poner en evidencia la necesidad de dar seguimiento a ambos eventos y, más importante aún, dejan claro que es urgente fortalecer la Celac como mecanismo de integración regional.

EN EL DISCURSO Y EN LA PRÁCTICA

En el discurso de toma de posesión, Donald Trump no mencionó a América Latina, pero la carga contra los inmigrantes y el énfasis en el objetivo de recuperar el orgullo yanqui y validar la visión panestadounidense en la política, anuncian que la nueva administración dará continuidad a la lucha contra el avance político en la región y rediseñará, con el propósito de lograr mayor efectividad, la conspiración contra los gobiernos progresistas.

En cuando a las relaciones con Cuba, es preciso recordar que Mike Pence y Donald Trump, en sus respectivas cuentas de Twitter celebraron la muerte de Fidel Castro. Trump dijo en ese momento que desde el gobierno haría "todo lo posible para asegurar que el pueblo cubano pueda iniciar finalmente su camino hacia la prosperidad y libertad".

En el plano comercial, las relaciones con Cuba son del interés de varios grupos empresariales estadounidenses, pero el mantenimiento de las embajadas no implica el cese de la conspiración ni evita su recrudecimiento.

Sobre Venezuela, Trump ha sido explícito al demandar el excarcelamiento de los opositores que han ido a prisión por acciones deleznables, como es el caso de Leopoldo López. Rodeado de enemigos de Venezuela (el general John Kelly, por ejemplo, es el nuevo secretario de Seguridad Nacional), es obvio que Trump tiene en carpeta fortalecer la agresión.

La existencia del proyecto queda confirmada con la reciente declaración del embajador de Colombia en Estados Unidos, Juan Carlos Pinzón, quien asegura que Trump ve a Colombia como la puerta de entrada hacia América Latina. ¿Se puede poner en duda después del avance de las negociaciones entre el gobierno dirigido por el ultraderechista Juan Manuel Santos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN? ¿No es evidente la amenaza para todo proyecto de avance político en América Latina?

LA CELAC

La Celac es el mecanismo de integración idóneo para dar respuesta a la nueva situación.

Los jefes de Estado que asistieron a la Cumbre de la Unidad (México 2010), se manifestaron “Decididos a construir un espacio común con el propósito de profundizar la integración política, económica, social y cultural de nuestra región y establecer compromisos efectivos de acción conjunta para la promoción del desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe en un marco de unidad, democracia, respeto irrestricto a los derechos humanos, solidaridad, cooperación, complementariedad y concertación política; y convencidos de que la región de América Latina y el Caribe debe seguir reafirmando su presencia en los foros de los que forma parte y pronunciarse sobre los grandes temas y acontecimientos de la agenda global”

En diciembre del año 2011, en la Cumbre Fundacional de ese espacio común, que es la Celac, Hugo Chávez expresó: “¿Hasta cuándo vamos a ser nosotros la periferia atrasada, explotada y mancillada? Estamos poniendo aquí la piedra fundamental de la unidad, la independencia y el desarrollo Sudamericano. Vacilar sería perdernos”.

Estas palabras conservan vigencia. El 20 de enero del año 2017 será recordado como el día en que esa periferia fue vilipendiada por un presidente yanqui que proclama que los capitales de su país han enriquecido a otros países y los militares de su país los han protegido.

Donald Trump, igual que sus antecesores, llama ayuda al saqueo capitalista y protección a la grosera injerencia militar yanqui. Su proclama es ofensiva para el resto del mundo y en particular para América Latina.

Como candidato, dijo que levantaría un nuevo muro en la frontera como México y habló de deportaciones. Como presidente, ¿qué se puede esperar de él?

La Organización de Estados Americanos, OEA, históricamente ha coincidido con Estados Unidos en los aspectos políticos esenciales.

En la Celac no participan Estados Unidos y Canadá, y esto la define como organismo regional latinoamericano.

Desde el 2013, las cumbres anuales se han realizado en el país con la presidencia pro tempore: Chile, Cuba, Costa Rica y Ecuador.

Hoy 25 de noviembre, iniciará la V Cumbre, en Punta Cana, República Dominicana. Ese día, los mandatarios recibirán el documento emanado de la reunión de movimientos sociales y fuerzas políticas “Por la Paz, la Unidad y la Integración de Nuestra América”, una manifestación organizada de apoyo a la Celac y un llamado de atención sobre la necesidad de fortalecerla.

El bloqueo contra Cuba, las políticas anticubanas que Estados Unidos realiza desde sus agencias gubernamentales, así como la conspiración contra Venezuela, deberán constituir temas de primer orden.

Toda América Latina debe exigir que cese la conspiración desde el Norte.

LA ULTRADERECHA EN ACCIÓN

El tiempo de Trump es la continuidad del tiempo de la ultraderecha.

El saliente gobierno de Estados Unidos legalizó golpes de Estado y fomentó la política de golpe blando en América Latina, y ahora la ultraderecha se propone utilizar la figura del rancio magnate (misógino, homófobo, xenófobo y racista) para aplicar los métodos que considere más efectivos sin compromiso con la continuidad y sin necesidad de guardar las formas.

La efectiva preparación para dar respuesta a la situación creada a partir de esa decisión, incluye el fortalecimiento de la Celac y la creciente capacidad de la región para actuar como bloque.

Por eso, la V Cumbre merece la atención de todos los hombres y mujeres conscientes en la región y el reconocimiento de que los temas a discutir son de interés para América Latina y para el resto del mundo.

Los estrategas imperialistas han apadrinado a la derecha en la región para favorecer la actuación particular de cada país. Barack Obama dio un espaldarazo a Mauricio Macri en Argentina y lo mismo han hecho los miembros del equipo de Trump. Sobre Colombia, nada hay que decir.

Entre los asesores de Donald Trump sobre América Latina está Freddy Balsera, de origen cubano y nacido en Miami, quien asesoró durante más de cuatro años a Obama, y Julio Ligorría, exembajador de Guatemala en Washington y ligado a varios casos de corrupción.

No hay duda de que, en materia de agresión, se ligan la continuidad y el recrudecimiento de la conspiración.

La unidad es necesaria en el presente, y lo es también de cara al futuro. No se equivocó en esto Hugo Chávez y tampoco Fidel Castro, quien siempre reconoció como urgente dar pasos hacia la integración continental.

En 1998, en la Cumbre Iberoamericana realizada en Portugal, Fidel dijo: “Les confieso sinceramente que es difícil resignarse a la idea de la integración circunscrita solo al Mercosur. Y digo aquí lo que pienso sinceramente y creo, y a muchos visitantes europeos y a muchos amigos y dirigentes políticos que visitan a Cuba, muchas veces calladamente, siempre les planteo el principio de que hay que ayudar a América Latina a unirse, que hay que ayudar a Suramérica a unirse. No me canso de predicar esa idea. Para tener más fuerza, hay que unir fuerzas”.

Ciertamente, de unir fuerzas se trata. En este momento, para unir fuerzas, es preciso dar impulso a la Celac.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista, escritora dominicana.

Washington, chapoteando en el vertedero

Rebelión 16 de enero del 2017 ESPAÑA

Higinio Polo

La llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos ha propiciado una gigantesca campaña de intoxicación orientada a mantener la agresiva política exterior norteamericana, plan cuya fuente está en los servicios secretos norteamericanos, en la élite del Washington político y en el entramado que controla el Pentágono.

El responsable del vertedero cree siempre que el mundo está lleno de mugre, y sabemos que creer a Washington es como pensar que los curas pederastas del Vaticano son defensores de los niños.

Que Trump sea un personaje grotesco, propenso a las bufonadas, xenófobo, abiertamente ofensivo con las mujeres, además de millonario, no impide que haya llegado a la presidencia a lomos de un populismo reaccionario y de un programa demagógico que quiere centrar su política en las cuestiones internas, y que ha conseguido la complicidad de millones de norteamericanos golpeados por la crisis y la destrucción de puestos de trabajo: la esperanza de esos trabajadores es un espejismo más y una contradicción, pero el mundo está lleno de ellas.

Y la élite del poder en Washington, en el partido demócrata y en el republicano, en el Pentágono, en las grandes empresas y en los grupos de presión o lobby, teme que Trump abandone parcialmente la política exterior que Estados Unidos ha seguido hasta hoy.

En la rueda de prensa con que Trump ha querido responder a la campaña de intoxicación, anunció que construiría el muro con México (muro que, parcialmente, ya existe: entre Tijuana y San Diego, en tramos de la Baja California, Arizona, Sonora, Nuevo México), que las empresas norteamericanas deberían crear empleos en el país, sin trasladar sus fábricas al exterior, que anularía el Obamacare, y que tanto China como Rusia respetarían a Estados Unidos.

Además, criticó a los servicios secretos norteamericanos: el día anterior se había filtrado un nuevo e inquietante “informe” cuyas revelaciones sugieren un Trump en manos de Moscú: desde turbadoras escenas de cama en un hotel de la capital rusa, hasta supuestos encuentros de un colaborador de Trump con agentes moscovitas en Praga (Michael Cohen, que ha tenido que exhibir ante la prensa su pasaporte para demostrar que no ha estado nunca en la capital checa), desde la relación de su nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, con Putin y Rusia y otras cuestiones semejantes, todo estaba orientado a marcar el camino a la nueva presidencia. Tillerson, director ejecutivo de la petrolera Exxon Mobile, que tiene evidentes intereses económicos para seguir manteniendo buenas relaciones con el gobierno ruso, no va por ello a convertirse en un comisionado de Moscú. Ese informe fue elaborado por un antiguo agente del contraespionaje británico que trabaja ahora para los lobby de Washington.

A la feroz campaña de intoxicación sobre los supuestos “piratas informáticos rusos”, lanzada por las agencias de espionaje norteamericanas sin ofrecer ningún tipo de pruebas, se añade así el truculento informe del espía británico con que el establishment de Washington trata de marcar el terreno a Trump. Nada nuevo en un Washington que es una charca de corrupción, donde bufetes de abogados y empresas de investigación mercadean con “informes” de oponentes políticos y empresariales, y donde se recurre a cualquier exceso para destruir al enemigo y al competidor.

El caso de la becaria Mónica Lewinsky en los años de la presidencia Clinton, y las múltiples maniobras, denuncias, manipulaciones periodísticas y escándalos asociados, sirve de recordatorio de lo que es el Washington político.

Estados Unidos no ha mostrado hasta el momento ninguna prueba convincente de sus acusaciones hacia Moscú, y, en cambio, la prensa norteamericana y sus colegas occidentales han sembrado mentiras por doquier: desde la afirmación de que el supuesto pirateo ruso al Partido Demócrata hizo perder las elecciones a Hillary Clinton (ocultando, de paso, las escandalosas maniobras de la dirección demócrata favoreciendo a Clinton contra Bernie Sanders), hasta un goteo de alarmantes noticias falsas, como la publicada por el Washington Post afirmando que los piratas rusos habían penetrado en la red eléctrica de Vermont, con los riesgos que ello comportaría; noticia que el propio diario tuvo que rectificar días después ante la evidencia pública de la mentira. El propio Trump ha acusado públicamente a la CNN de mentir, sin que esa cadena de televisión haya respondido de manera convincente.

Es una evidencia que todos los países con capacidad para hacerlo mantienen programas de espionaje en internet, y, sin duda, Moscú y Pekín los tienen: no tenerlos sería una irresponsabilidad para con su propia seguridad, pero que Washington se muestre ante el mundo como un país ejemplar que ha sido agredido por los piratas informáticos de Rusia es, sencillamente, grotesco.

Estados Unidos es el país que mantiene el mayor programa de espionaje del mundo, como reveló Edward Snowden; es un país que desde sus terminales propias y desde las que posee en países aliados alcanza a espiar todos los correos electrónicos, llamadas telefónicas, y datos bancarios que circulan por el mundo, y con ese programa colaboran Microsoft, Apple, Facebook, Google y otras empresas tecnológicas y de internet. Sabemos que la NSA norteamericana, que ha infectado miles de redes informáticas en todo el mundo, ha llegado a piratear los sistemas de reservas de vuelo de la compañía aérea rusa Aeroflot.

Los programas de vigilancia global y de robo de información que mantiene Estados Unidos, con la complicidad de las agencias de sus aliados, son, de hecho, la principal fuente de espionaje del mundo, y un verdadero peligro para la libertad, la democracia y los derechos de los ciudadanos, aunque no por ello Washington deja de acusar regularmente a Moscú y Pekín de piratería en internet.

Que un país como Estados Unidos, que apoyó el golpe de Estado de Yeltsin en el 1993, y le asesoró en secreto para robar la victoria al Partido Comunista en el 1996, se declare ahora ofendido por la supuesta intromisión electoral rusa, es conmovedor. Que un país como Estados Unidos, que conspiró para destruir la democracia en la Guatemala de Arbenz, en el Chile de Allende, en el Brasil de Joao Gulart, por citar unos pocos países, se declare ahora preocupado por los riesgos para la democracia que supone el pirateo en internet es, también, emocionante.

Que el país que ha incendiado Oriente Medio, imponiendo guerras en Afganistán, Iraq, Siria, Libia y Yemen, y que bombardea regularmente, en estos meses, a siete países (los citados, además de Somalia y Pakistán); que ha apoyado un golpe de Estado en Ucrania; que fuerza el estacionamiento de nuevas tropas y armamento de la OTAN en las fronteras rusas y que impulsa el peligroso escudo antimisiles, declare que las acciones de Moscú son un peligro para el mundo, sería, también, enternecedor si no fuera siniestro.

Con la presidencia Trump, Moscú va a tratar de mejorar las relaciones con Washington, después del fiasco que supuso la promesa de Hillary Clinton, en el 2009, de “reinicio” de las relaciones con Rusia, que fue seguido de la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas.

Por su parte, Trump va a intentar centrarse en la política interior, y, para ello, tiene que desactivar la tensión internacional; pero para mejorar relaciones con Moscú debería dar pasos en Siria, dejando de apoyar a los grupos terroristas que Washington patrocina y financia; debería buscar una solución, conjunta con Moscú, para Ucrania, donde los acuerdos de Minsk están en vía muerta; debería detener la expansión de la OTAN en Europa, y negociar el escudo antimisiles.

Demasiado para un personaje como Trump, porque, además, la inercia de la política exterior norteamericana, el peso del complejo militar-industrial y del Pentágono, el deseo de mantener un mundo unipolar, van a ser determinantes en su presidencia.

Estados Unidos mantiene hoy más de setecientas bases militares en ciento veinte países del planeta, y acaba de enviar tres portaaviones y más de cien aviones de combate al Mar de la China del sur, en un movimiento que, sin duda, cuenta con el acuerdo de Trump, obsesionado con China.

No puede esperarse gran cosa de un personaje estrafalario como Trump, presionado además por esa gigantesca campaña de intoxicación lanzada por los servicios secretos norteamericanos, y, aunque Moscú y Pekín van a intentar desactivar la tensión internacional y mejorar las relaciones con Washington, los obstáculos en el camino son muchos y el futuro está lleno de incógnitas y de mentiras. Washington va a seguir chapoteando en el vertedero.

De un pájaro las dos alas

POR ESTO 23 de enero del 2017 MÉXICO

Gustavo Robreño*

Los distintos gobiernos imperialistas de Estados Unidos cuyos mandatarios se han asentado en la Casa Blanca de Washington desde finales del siglo XIX, han hecho todo lo posible por ocultar y porque el resto del mundo ignore la causa de la independencia de Puerto Rico, la lucha de su pueblo por el logro de ese objetivo, el papel de sus próceres y pensadores y la solidaridad que ha recibido por parte de sus hermanos latinoamericanos y caribeños.

A pesar de ello, y del control imperialista sobre los medios de comunicación del país del Norte y de muchos países de nuestra región, la independencia de Puerto Rico ha ido transformándose poco a poco en una demanda cada vez más generalizada a nivel internacional, constituyendo un estigma colonial para los regímenes estadounidenses que se precian de defensores de la libertad y la democracia.

Las sucesivas resoluciones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, ignoradas por la Casa Blanca, no han podido ser totalmente desconocidas y cada año hacen acto de presencia y gravitan en el escenario mundial de algún modo.

La condición colonial de Puerto Rico, el sojuzgamiento de su pueblo desde hace más de cien años, el auge del sentimiento independentista y la tarea que realizan sus líderes y movimientos sociales, - incluidos los legisladores puertorriqueños que han podido acceder desde sus distritos en Nueva York y Chicago a la Cámara de Representantes, - no pueden ya pasarse por alto y emergen de las más diversas formas.

Esta vez se manifestó mediante el indulto concedido al patriota puertorriqueño Oscar López Rivera, tras 35 años de injusta prisión, convertido en el preso político de más larga sentencia cumplida en las cárceles estadounidenses, quien fue eje de la gran campaña de solidaridad mundial por su liberación, abarcadora de todos los sectores de la sociedad en Estados Unidos, en Puerto Rico y en numerosos países.

No es posible, por tanto, separar la gigantesca campaña por la libertad de Oscar López Rivera de la lucha sostenida y creciente por la independencia de Puerto Rico, que ha sido la cauda sagrada para este héroe, que, según se espera, - deberá dejar de vivir tras las rejas a partir del 17 de mayo.

Una y otra son la misma cosa. Este indulto deberá convertirse seguramente en aliento, en acicate que incremente y fortalezca todas las acciones solidarias de apoyo a la independencia y la descolonización del pueblo boricua, que desde hace más de un siglo viene escribiendo páginas heroicas y hoy ha roto definitivamente el silenciamiento y el olvido.

Como es sabido, la llamada “isla del ensueño” dejó de ser ya la vitrina de supuesta prosperidad y bonanza con que los gobiernos imperialistas de Estados Unidos trataron de exhibirla ante los pueblos de América Latina y el Caribe. Puerto Rico enfrenta en las condiciones más desventajosas una asfixiante crisis económica y social, reconocida incluso por el gobierno colonial.

La popular poetisa boricua Lola Rodríguez de Tió fue la autora del inmortal poema: “Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas/reciben flores y balas/ en un mismo corazón”. Digamos hoy que nuestro continente todo está conformando la otra ala del pájaro puertorriqueño de la libertad, que tarde o temprano harán volar libremente sobre las aguas del Caribe hombres como Oscar López Rivera.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista cubano


No les interesa ahorrar 125 mil millones

GRUPO EL HERALDO 7 de enero del 2017 CUBA

Pentágono

Néstor García Iturbe*


En fecha reciente, el Pentágono solicitó la realización de un estudio sobre la utilización de los fondos que le son asignados. Este estudio fue realizado por el Consejo de Negocios para la Defensa (Defense Business Board), un órgano asesor formado por ejecutivos de distintas corporaciones, conjuntamente con la firma Mckinsey y Compañía.

Al tomar en consideración los gastos realizados por el Pentágono en distintos epígrafes, el estudio señaló que prácticamente una tercera parte de los 580 mil millones de dólares reflejados en el presupuesto se utilizaban en labores vinculadas a la contabilidad, recursos humanos, logística y otras de carácter burocrático.

El estudio señalaba que el Departamento de Defensa estaba pagando el salario de un millón 14 mil personas, entre contratistas, civiles y personal militar para que estos ocuparan puestos en oficinas distantes a los lugares en los que se encuentran un millón 300 mil efectivos que están cumpliendo tareas en el ejercicio activo. La proporción es casi de uno por uno.

Dentro de las recomendaciones que realiza el estudio, está modificar el destino de 125 mil millones de dólares situados en los epígrafes de Tropas y Armamento. Entre otras opciones, se plantea que este ahorro pudiera utilizarse para los gastos de renovación del arsenal nuclear, o en los gastos operativos de 50 brigadas del Ejército.

Si se desea utilizar esa cantidad de dinero en otros gastos del Pentágono, con ella pudieran comprarse 3 mil cazabombarderos F-35 para la Fuerza Aérea, o 10 portaaviones con sus naves acompañantes para la Marina de Guerra.

Sin embargo, el mencionado estudio no fue del agrado de la dirección del Pentágono, inconforme de que mostrara tanto gasto innecesario, pues el Este podía actuar en contra de sus constantes reclamos de mayores presupuestos para garantizar la Seguridad Nacional. Sería un arma para aquellos que en el Congreso y la Casa Blanca plantean reducir el presupuesto de Defensa.

Ante el “grave peligro” que un documento como ese podía causar a la Seguridad Nacional de Estados Unidos, el Pentágono le dio la más alta clasificación como secreto, restringió totalmente su utilización y lo retiró de su página web.

Claro está, que el Pentágono pudiera acusar a Rusia de haber “hackeado” este documento, para darlo a la publicidad y desacreditar al Departamento de Defensa, sin embargo, la realidad es que fue publicado por el Washington Post que pudo obtener una copia. Como dato curioso, considero importante mencionar la información que sobre los contratistas se refleja en el estudio.

El Ejército emplea 199 mil 661 contratistas, por los que paga, por cada uno, 189 mil 188 dólares anuales.

La Marina emplea 197 mil 093 contratistas, que cada uno le cuesta 170 mil 865 dólares anuales.

La Fuerza Aérea cuenta con 122 mil 470 contratistas, cuyo costo anual individual es de 186 mil 142 dólares.

Este es otro epígrafe en el que estoy seguro se pueden hacer reducciones, todo está en que Estados Unidos se decida a disminuir su presencia militar en otros países y cambiar la política hegemónica que rige sus destinos.

  • Profesor y analista político cubano

La distribución de tierras en Latinoamérica es la peor en el mundo

LA HAINE 17 de enero del 2017 ESPAÑA

Darío Aranda*

Lo primero es la desigualdad

El dato surge de una investigación de la ong Oxfam. En Argentina, el 1 por ciento concentra el 36% de la tierra.

El 1% de las estancias más grandes de América Latina acapara la mitad de la tierra agrícola y el 80% de las fincas cuentan con solo el 13% del territorio. “América latina es la región del mundo más desigual en la distribución de la tierra”, asegura una reciente investigación de la ONG internacional Oxfam. En Argentina, el 1% de las estancias más grandes concentra el 36% de la tierra. La injusta distribución tiene directa relación con el avance minero, petrolero, agronegocio y forestal. “El extractivismo ha dado lugar a una crisis de derechos humanos en la región, amenaza derechos y libertades fundamentales”, alerta Oxfam.

Desterrados: tierra, poder y desigualdad en América Latina, es el nombre de la investigación que, en base a datos oficiales, analiza la situación de todos los países de la región. Colombia es el país más desigual en el reparto de la tierra. El 0,4% de las explotaciones agropecuarias domina el 68% de la tierra del país.

Sigue Perú, donde el 77% de la tierra está en manos del 1% de estancias. Le siguen Chile (74%) y Paraguay (71). En Bolivia el 1% de las chacras maneja el 66% de la tierra, y en México el 56%. En Brasil, el 44% del territorio agrícola es para el 1% de las fincas. En Argentina, el 36% está en manos de esa mínima porción de estancieros y pooles de siembra.

“La extrema desigualdad en el acceso y control de la tierra es una de las causas de los niveles intolerables de pobreza. Sin políticas que aborden este reto (la tierra) no será posible reducir la desigualdad económica y social”, afirma la investigación de Oxfam e interpela la concentración de tierra en pocas manos: “Es un orden social arraigado y más cercano al feudalismo que a una democracia moderna”.

La investigación, de cien páginas y con extensa bibliografía de referencia, vincula claramente la extrema desigualdad al modelo de explotación de recursos naturales. “El extractivismo se ha hecho con el territorio”, resume la investigación y advierte que tanto gobiernos de izquierda como derecha han optado por favorecer la explotación petrolera, minera, forestal y el agronegocio. “La explotación minera y petrolera se aceleró a partir del 2000. La nueva oleada fue atraída por reformas estructurales que desprotegían los territorios comunales y relajaban los controles medioambientales”, explica. Entre los numerosos ejemplos, cita la situación de Colombia, que en el 2002 contaba con un millón de hectáreas en concesión minera y en el 2015 ya era de 5,7 millones de hectáreas (el cinco por ciento del territorio nacional).

Precisa que la soja, la palma de aceite y la caña de azúcar tuvieron una “expansión sin precedentes en las últimas dos décadas”. En el apartado “geopolítica de la soja”, destaca que los gobiernos “han impuesto un modelo de organización territorial a la medida de las necesidades de transnacionales”. En base a datos de 2014, precisa los datos del monocultivo: el 68% del territorio cultivado de Paraguay tiene soja, le siguen Argentina (49), Uruguay (45), Brasil (37) y Bolivia (30 por ciento). “Los cincos países conforman lo que se conoce como ‘repúblicas unidas de la soja’, producen más de la mitad de la soja del mundo”, detalla Oxfam.

Las pequeñas explotaciones agropecuarias son mayoría, pero tiene muy poca tierra. En Colombia, el 84% de las fincas ocupa solo el 4% de la superficie agrícola. Paraguay es otra mala referencia: el 91% de las chacras cuenta con solo el seis por ciento de la tierra. En Argentina, el 83% de las explotaciones agropecuarias tiene sólo el 13% del territorio.

“La tierra se encuentra cada vez más concentrada en menos manos y sometida a un modelo de extracción y explotación de los recursos naturales que, si bien ha ayudado a crecer a las economías de la región, también ha acentuado la desigualdad. Los beneficios de este modelo extractivista se concentran en manos de unas élites”, resume la investigación. El informe llama a una “urgente y necesaria nueva distribución de la tierra en América latina”.

Entre los sectores más perjudicados se encuentran campesinos y pueblos originarios. “La impunidad con la que se asesina a los activistas indígenas debe terminar. Es urgente que los gobiernos en todo el mundo actúen de forma inmediata para protegerlos”, destaca el informe

La injusta distribución de la tierra se profundiza con el uso de violencia. “Con la expansión de las actividades extractivas se han multiplicado los conflictos territoriales y se han disparado de forma alarmante los índices de violencia contra quienes defienden el agua, los bosques y los derechos de las mujeres y las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas. Estos grupos son marginados, perseguidos, agredidos y criminalizados por defender su derecho a la tierra”, denuncia Oxfam.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista y escritor argentino