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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-02-21

Empresarios de origen cubano fabrican mentiras contra Cuba

REBELIÓN 10 de febrero del 2017 ESPAÑA

Arthur González*

Sin cambiar su viejo lenguaje hacia la Revolución cubana, con el propósito de mantener una matriz de opinión contra el pueblo de Cuba, un grupo de empresarios norteamericanos de origen cubano y de la mal llamada Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, ha convocaron a un concurso con el fin de “contener y revertir la pobreza” en la Isla, situación que no se ajusta a la verdad.

Sin embargo, no dicen una sola palabra del estado deplorable en que sus padres y abuelos dejaron a Cuba en el 1959, cuando salieron huyendo de la justicia o haciéndole casos a las campañas de terror fabricadas por la CIA, como ocurrió con la conocida Operación Peter Pan.

¿De qué pobreza hablan esos norteamericanos en Cuba?

Esos que nunca han pisado el suelo cubano para comprobar la obra revolucionaria, desconocen que para el Gobierno cubano el derecho del pueblo a la alimentación es una prioridad y forma parte de la seguridad nacional, a pesar de las escaseces causadas por la política de Guerra Económica impuesta por Estados Unidos desde el 1961.

Cuba garantiza, con precios subsidiados, alimentos básicos a la totalidad de la población, que incluyen granos, cereales, proteína de origen animal, grasa, sal y azúcar, con independencia de los ingresos económicos y posición política de cada persona y su familia.

Igualmente, se garantiza un litro de leche diario a todos los niños de 0 a 7 años, algo que en Estados Unidos no se hace; de ahí que según el Fondo Monetario Internacional (FMI) afirmara entre sus previsiones económicas, que “actualmente en los Estados Unidos existen 46 millones de ciudadanos estadounidenses en niveles de pobreza, lo que puede generar tensiones sociales significativas”.

Con el fin de crear una imagen falsa respecto a la realidad cubana, cuatro empresarios radicados en Miami lanzaron una segunda edición de un concurso denominado Ideas para Cuba, con el supuesto fin de obtener algunos proyectos sobre las leyes y reformas que se necesitan para contener y revertir lo que ellos califican de “creciente pobreza en Cuba”, algo irreal de acuerdo con el criterio de organismos económicos internacionales.

Según los empresarios miamenses Jorge Sanguinetty, Armando Rodríguez, Marlene Moleón y Salvi Pascual, las mayores dificultades de la pobreza en Cuba “son la escasez de alimentos, la falta o deterioro grave de la vivienda y del servicio de transporte, el precario poder adquisitivo de salarios y pensiones”, pero ocultan lo que sufre el pueblo cubano a causa de la Guerra Económica.

Al parecer ellos nunca leyeron el documento oficial yanqui, fechado el 6 de abril de 1960, donde el entonces Subsecretario de Estado para Asuntos Iberoamericanos de los EEUU Lester D. Mallory, afirma:

“No existe una oposición política efectiva en Cuba; por tanto, el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas”.

“Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

A pesar de los casi 60 años de esa criminal Guerra Económica, Cuba es reconocida por sus avances en la protección de sus niños, y así lo afirma la UNICEF en sus informes, enfatizando que “Cuba es un ejemplo en la protección de la infancia y en la Isla no hay ningún niño durmiendo en las calles”.

La ONG Save the Children clasifica a Cuba en el primer puesto de los países en desarrollo en las condiciones de maternidad, por delante de Argentina, Israel o Corea del Sur.

Muy diferente es la situación actual que confrontan los Estados Unidos y esos empresarios de Miami no hacen concursos para mejorar la pobreza existente en su propio país.

Datos oficiales de organizaciones estadounidenses reconocen que existen 45 millones de personas viviendo en la pobreza, algo que los medios de comunicación yanquis no mencionan, ni se discutió en los recientes debates presidenciales, pero la verdad es que entre un 14 y un 15% de la población, pasa hambre y de ellos uno de cada cinco son niños.

¿Por qué esos “preocupados” por Cuba no se miran primero por dentro y después luchan porque el Congreso elimine la cruel Guerra Económica, solapada bajo el disfraz de un Embargo”?

Es conocido que el Congreso de los Estados Unidos, dominado por el partido republicano, ha frenado varias leyes sociales y limitado los fondos para los llamados “food stamps” (certificados que las familias pobres pueden intercambiar por comida), además de restringir los beneficios a los desempleados, eliminaron fondos para la educación e incluso se llegó a cerrar el Gobierno federal en una ocasión, afectando los beneficios de miles de personas.

De acuerdo con cifras oficiales del Departamento de Agricultura de los EEUU, 15 millones de niños menores de 18 años viven en hogares donde no existe suficiente comida para sobrevivir; es decir, pasa hambre el 20%, o uno de cada cinco niños.

En Cuba, a diferencia de muchos países del mundo, la educación es gratuita desde la enseñanza preescolar hasta la superior, y la instrucción elemental hasta 9no grado es obligatoria.

Esos “preocupados” empresarios de origen cubano, antes de continuar con sus engaños deben saber que Cuba es reconocida por sus destacados resultados y la elevada calidad de su sistema de salud pública, con cobertura universal y asistencia totalmente gratuita.

Con una tasa de mortalidad infantil de 4.2 por cada mil nacidos vivos (de 60 que se encontró la Revolución en el 1960) y la esperanza de vida al nacer es de 78,45 años, se comprueba que de pobreza y hambre nada.

Hoy se consolidan los indicadores de salud y existe un médico por cada 133 habitantes. Según la Organización Mundial de la Salud, la nación mejor dotada en ese sector es Cuba.

A diferencia, el National Center on Family Homelessness (Centro Nacional de Familias Sin Hogar) de los EEUU encontró que, a nivel nacional, 1,6 millones de niños viven en la calle a lo largo de un año, algo que no se ve en Cuba desde el 1959 cuando había un sistema capitalista.

Por supuesto, en los Estados Unidos los más desprotegidos son los de raza negra que suman el 26% de los pobres, de acuerdo con informaciones de la Oficina Nacional del Censo.

Las mismas autoridades de Estados Unidos, como el USDA, estiman que un 13% (15,8 millones) de los hogares estadounidenses, carecen de seguridad alimentaria.

No en vano José Martí aseguró: Las verdades reales son los hechos

  • Especialista en relaciones Cuba-EEUU


Las restricciones migratorias de Argentina generan fuertes críticas

THE NEW YORK TIMES 7 de febrero del 2017 EEUU

Simón Romero y Daniel Politi

Argentina está tan acostumbrada a celebrar la inmigración como un pilar de la sociedad que un dicho del siglo XIX, “Gobernar es poblar”, sigue en uso hoy en día.

Sin embargo, en un cambio brusco que coincide con las restricciones migratorias establecidas por el gobierno estadounidense de Trump, el presidente Mauricio Macri emitió un decreto que frena la inmigración a Argentina y hasta declaró que los recién llegados de países más pobres de América Latina traen consigo el crimen.

Las medidas anunciadas por Macri a finales de enero han vuelto mucho más fácil deportar a los inmigrantes y restringir su entrada, lo que ha despertado comparaciones con Trump y ha dado pie a un debate feroz sobre la inmigración.

“Un decreto como este asusta a la gente”, dijo Arfang Diedhiou, de 33 años, un inmigrante senegalés que dirige su propia tienda de ropa en Buenos Aires. “Salió justo después de lo que hizo Trump, una coincidencia que me parece muy extraña”.

El presidente argentino, hijo de un inmigrante, ha hecho eco de alguna manera del tema “Estados Unidos primero” de Trump, dejando en claro que su “primera preocupación” debe ser “cuidar a los argentinos, cuidarnos a nosotros”.

“No podemos permitir que, por falta de acción, el crimen siga eligiendo a la Argentina para delinquir”, dijo Macri durante una conferencia de prensa.

Su decreto también ha renovado las críticas sobre sus lazos con el presidente estadounidense, a quien llama su amigo. En la década de los ochenta, Macri trabajó con su padre, un inmigrante italiano y magnate industrial, en un proyecto de bienes raíces en Nueva York que la familia terminó vendiendo a Trump.

Aunque las medidas migratorias de Macri no tienen un alcance tan amplio como la decisión de Trump de detener la entrada de refugiados de todo el mundo y congelar las visas de siete países predominantemente musulmanes, están provocando tensiones diplomáticas en la región. Algunos líderes de América Latina están atacando lo que consideran un intento de imitar las políticas migratorias de Trump y alimentar un sentimiento xenofóbico.

Sin embargo, las encuestas de opinión en Argentina muestran que hay un amplio apoyo a la limitación de la inmigración y algunos argentinos incluso dicen que el nuevo decreto se queda corto. Un miembro de derecha del congreso incluso está pidiendo que se construya un muro en la frontera con Bolivia.

Claudio Suárez, de 65 años, un trabajador de una pastelería en Buenos Aires, dice que los frenos a la inmigración son “fantásticos”. “Nadie quiere que llegue la escoria de otros países”, dice. “Muchos extranjeros llegan aquí porque los servicios de salud y la educación son gratis. La ley debería ser aún más estricta”.

La historia de Argentina se ha escrito a partir de olas de inmigración a lo largo de las décadas. Después de que las guerras de conquista del siglo XIX acabaron con muchos pueblos nativos, las autoridades alentaron a millones de inmigrantes, sobre todo a los provenientes de Europa, a llegar para que ayudaran a poblar y desarrollar el país.

Varios gobiernos dieron la bienvenida a personas recién llegadas de América Latina, Asia y África, abriendo el camino hacia la ciudadanía para cientos de miles de inmigrantes y asegurando su acceso a escuelas públicas y servicios de salud.

Los funcionarios del gobierno de Macri, que asumió el cargo en el 2015 jurando aminorar la polarización y revirtiendo las políticas económicas de su predecesora, Cristina Fernández de Kirchner, argumentan que se sigue manteniendo la apertura hacia los inmigrantes.

Horacio García, la máxima autoridad argentina en materia de migración, defendió la medida y dijo que Argentina seguirá siendo “un país hospitalario y abierto”.

El nuevo decreto de inmigración dice estar enfocado en combatir el crimen, argumentando que el 22% de los internos en el sistema penitenciario federal son extranjeros (si se toman en cuenta todas las prisiones del país, la cifra ronda el 6 por ciento).

El decreto menciona específicamente al “crimen organizado” como el motivo de las medidas enérgicas, pero extiende los delitos que justifican la expulsión o bloquean la entrada de manera que incluyan cualquier crimen que pudiera llevar a una sentencia de cárcel. A muchos les preocupa que los inmigrantes puedan ser deportados ahora por delitos menores, como bloquear una vía de tránsito durante una manifestación.

Los inmigrantes que busquen oponerse a una orden de deportación tendrán menos de una semana para presentar una apelación. Las medidas anteriores otorgaban 30 días para preparar una defensa y el derecho a contar con un abogado por parte del gobierno.

“Los inmigrantes penden de un hilo porque cualquier cosa podría ser la causa de la deportación”, dijo Gabriela Liguori, directora de la Comisión Argentina para los Refugiados y Migrantes, un grupo que defiende los derechos de los inmigrantes. No obstante, García, el funcionario de inmigración, dijo que las deportaciones solo se enfocarán en crímenes graves y argumentó que la medida era necesaria porque Argentina había quedado indefensa antes los criminales de otros países.

De cara a las críticas, los funcionarios del gobierno de Macri han tenido que aclarar que descartan la construcción de un muro al estilo del de Trump en la frontera con Bolivia.

“Nosotros no tenemos un problema con la inmigración, tenemos un problema con el narcotráfico y con el contrabando”, dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, después de que las autoridades bolivianas preguntaron por qué estaba señalando públicamente a los inmigrantes bolivianos, paraguayos y peruanos como objeto de escrutinio.

“Tenemos nuestros propios indicios de xenofobia y ahora, bajo el brillo de Donald Trump, quieren diluir el hecho de que un gran porcentaje de nosotros somos hijos o nietos de inmigrantes”. Raúl Colman, locutor de radio e hijo de una migrante ilegal

A pesar de la conexión de mucho tiempo de Macri con el presidente de Estados Unidos, la victoria de Trump puso al gobierno de Argentina en una posición incómoda. Después de todo, Macri no dejó en secreto que estaba a favor de Hillary Clinton y mencionó que Trump se enfocaba en construir muros.

Sin embargo, luego Macri pareció estar atando lazos con Trump, pues fue el primero de los líderes latinoamericanos en hablar con el presidente electo de Estados Unidos después de las elecciones. La llamada pronto despertó controversia. Un importante periodista argentino declaró que Trump había aprovechado la oportunidad para pedir la ayuda de Macri con el fin de conseguir la aprobación regulatoria para un proyecto de bienes raíces en Buenos Aires. Los voceros de ambos mandatarios negaron que hubiera sido así.

Las autoridades argentinas confirmaron más tarde que la empresa de Trump no contaba con los permisos necesarios para comenzar la construcción. Al final, los planes de una torre de Trump en Buenos Aires se cancelaron debido a la presión que enfrentó el presidente electo con respecto a posibles conflictos de intereses relacionados con tratos internacionales pendientes.

Los críticos afirman que las nuevas restricciones se enfocan en los inmigrantes pobres para distraer la atención de la economía, que permanece bastante inactiva más de un año después de que Macri subió al poder prometiendo que las políticas que favorecen al mercado conducirían al crecimiento.

El escrutinio a los inmigrantes en tiempos difíciles no es algo nuevo en Argentina, donde las autoridades alaban la historia del país de recibir a migrantes europeos mientras que presentan la inmigración de países vecinos como menos deseable, dijo el sociólogo Guillermo Cantor.

A finales de la década de los noventa, el gobierno del presidente Carlos Menen también tomó medidas drásticas hacia los inmigrantes, asociándolos con el crimen callejero. En el 2014, Fernández de Kirchner, la ex presidenta, amenazó con expulsar a los extranjeros que cometieran delitos tras una revisión del código penal emitida incluso después de que el gobierno había legalizado el estatus irregular de muchos inmigrantes.

En las calles de Buenos Aires, los inmigrantes tuvieron distintas reacciones hacia el decreto de Macri. Jesús Oriona, de 45 años, un boliviano que se mudó a Argentina cuando era adolescente, dijo que el gobierno simplemente estaba “echándole la culpa a los inmigrantes”.

Sin embargo, María Alejandra Álvarez, de 39 años, una enfermera de Venezuela que llegó a Argentina hace un año y trabaja en una tienda de alimentos para la salud, dijo que este país era “libre y abierto” antes del decreto.

“Macri no está diciendo que la gente no pueda migrar, y las personas calificadas como yo aún podrán venir aquí”, dijo.

Otros más aquí argumentan que el cambio es estratégico y que, con la mira en las elecciones legislativas que se celebrarán este año, el presidente argentino busca conseguir puntos políticos a corto plazo al culpar a los extranjeros de males en la sociedad argentina.

“Por supuesto, tenemos nuestros propios indicios de xenofobia, y ahora, bajo el brillo de Donald Trump, quieren diluir el hecho de que un gran porcentaje de nosotros somos hijos o nietos de inmigrantes”, dijo Raúl Kollman, de 68 años, un locutor de radio cuya madre emigró de manera ilegal hacia Argentina huyendo de los nazis.

La Unión Europea se juega su futuro en marzo

EL MUNDO 7 de febrero del 2017 ESPAÑA

Pablo R. Suanzes*

En el pabellón de la gloria del cuerpo de Marines de los Estados Unidos, el teniente coronel 'Chesty' Puller ocupa un lugar destacado. Sobre él se cuentan mil leyendas y sus palabras se recitan en los cuarteles de todo el país. Una de sus citas más legendarias, durante un combate, dice así: "El enemigo está a nuestra izquierda, a nuestra derecha, los tenemos delante y detrás. Perfecto, esta vez no podrán escapar".

La UE se encuentra en uno de esos momentos 'Chesty Puller'. En los próximos meses se enfrenta a una batería de citas clave que marcarán el destino de varias generaciones de europeos. Y lo hace rodeada de enemigos por todas partes, incluso en el Oeste, al otro lado del Atlántico, el socio y protector indispensable desde la Segunda Guerra Mundial parece más lejos que nunca, hasta el punto de que el presidente del Consejo Europeo considera a Trump ya abiertamente una "amenaza" más, en el mismo saco que el resto.

Hay amenazas también desde dentro, con cada vez más voces trabajando para su disolución o fragmentación. Abierta y como se vio recientemente en una jornada sin precedentes en Coblenza, coordinadamente.

La ironía ha querido que el mes más intenso y el primer órdago al futuro de la UE vayan a tener lugar entre dos de las efemérides más importantes en la historia de la integración. Y que el escenario vaya ser precisamente el paísdonde se dio forma a la estructura actual.

El 7 de febrero la Unión conmemora el aniversario 25 de la firma del Tratado de Maastricht, uno de los fundacionales y la base jurídica de la UE que conocemos hoy. De la pequeña ciudad holandesa salieron el segundo y el tercer pilar, el acervo sobre política exterior y de asuntos de Interior y un mensaje integrador que marcó los lustros siguientes.

Además, el 25 de marzo los líderes comunitarios se volverán a encontrar en la capital italiana para conmemorar el aniversario 60 del tratado de Roma, el acuerdo que en realidad fueron dos y que creó la Comunidad Económica Europea y la Comunidad Europea de la energía Atómica (Euratom).

Cuando hace tiempo las instituciones europeas empezaron a planificar los actos de celebración no tenían en mente que el mes de marzo puede convertirse en una auténtica pesadilla. La lista de acontecimientos es casi inabarcable en tan pocas semanas. La acción comienza el 9 de marzo con la celebración de un Consejo Europeo de los más cargados de los últimos años.

Por un lado, se espera que Theresa May invoque en esa reunión el famoso artículo 50 del Tratado de la UE para dar comienzo formal a las negociaciones para el Brexit, para la salida de Reino Unido y la ruptura histórica de la Unión. No hay confirmación oficial, pero desde Londres se ha filtrado la fecha y tendría todo el sentido, aprovechando que están los 28 jefes en la misma sala, junto a los presidentes del Consejo, de la Comisión y puede que del Parlamento Europeo.

Las negociaciones durarán, en el mejor de los casos, entre 18 y 24 meses, según el negociador jefe comunitario, Michel Barnier, aunque podrían irse a varios años más si hay complicaciones, y todo hace pensar que las habrá.

Pase lo que pase después, esa fecha es la esencial, es el momento que estaban esperando todos, pues la estrategia consensuada y mantenida con firmeza hasta el día de hoy desde Bruselas, París, Berlín o Madrid es que no habrá negociación, de ningún tipo, hasta la ansiada y temida notificación. Un día para el que llevan ocho meses preparándose pero que puede sacudir los cimientos y poner a prueba las costuras comunitarias. Una cosa es hablar y otra tener que actuar.

Pero en esa misma cumbre, por si fuera poco, se debería decidir el futuro de la presidencia del Consejo. Si renueva su mandato Donald Tusk, al que el Gobierno polaco ha retirado su apoyo, o si se busca un nuevo candidato de consenso. No es una cuestión baladí. Aunque el puesto tiene menos competencias que el de presidente de la Comisión y Tusk ha pintado muy poco desde verano del 2015, el papel del Consejo va a ser relevante en el 2017.

Las capitales están empujando fuerte para marcar el ritmo de integración y el tono, y para ello alguien en ese cargo debería ser capaz de generar alianzas, cerrar acuerdos y evitar bloqueos. Algo que Tusk no ha logrado y que está por ver que pueda lograr. Elecciones en Holanda, Francia, Italia, Alemania.

Apenas una semana después, el día 15, los holandeses eligen a su próximo primer ministro. Geert Wilders, con un discurso populista y que coquetea abiertamente con la xenofobia y contra la inmigración, alineado con Marine Le Pen y entusiasta de Donald Trump, lidera las encuestas con más de un 30% de la intención de voto, pero tiene casi imposible gobernar.

Los analistas esperan que el actual primer ministro, Mark Rutte, sea capaz de liderar un Ejecutivo con una de esas coaliciones imposible que gustan en Ámsterdam, y en la que el PVV de Wilders no va a tener cabida en ningún caso, según ha prometido.

La victoria de Wilders supondría un palo demoledor en una Europa que este año se juega el futuro en comicios franceses, italianos y alemanes. La narrativa euroescéptica está en auge y un respaldo así en uno de los miembros fundadores, aunque no mortal, sí dejaría expuestas las miserias de un proyecto que durante décadas ha entusiasmado pero que ahora para cada vez más gente se ha convertido en el problema, en forma y fondo.

Wilders no busca la ambigüedad, habla muy claro y no se esconde, ni en los mítines ni en los tribunales. Y eso parece gustar y mucho en uno de los países más educados y prósperos del continente.

La siguiente cita será en Roma donde los líderes quieren perfilar, definir, el futuro de la UE sin Reino Unido. La tarea es ingente, inasumible, pero hacen falta pistas, ir tapando agujeros y transmitir a los ciudadanos una narrativa de esperanza.

Explicar qué ha pasado y por qué los últimos 60 años han sido los más prósperos, seguros y felices en toda la historia y eso, en buena medida, gracias a la Unión, al fin de las fronteras, a la cooperación económica, a las Erasmus. Al espíritu europeo que se pone en duda ahora. El 25 de marzo se conmemora el pasado, pero sobre todo se mira al futuro.

Marzo no acaba ahí. Además de elecciones menores, en estricto sentido europeo, como las parlamentarias de Bulgaria e Irlanda del Norte, la Comisión Europea tiene que presentar su esperado Libro Blanco, uno de esos documentos que nadie conoce ni lee fuera de Bruselas y las oficinas de presidencia de cada Estado, pero que servirá para marcar las prioridades y las líneas maestras de actuación en decenas de asuntos, algunos de ellos de la máxima importancia.

El Libro Blanco, como el famoso y casi completamente desconocido Informe de los Cinco presidentes, es algo en lo que Juncker y su equipo llevan meses trabajando, con absoluta discreción. Y se espera con mucha curiosidad e interés.

La Comisión se enfrenta ahora a un claro intento de los países de reforzar la intergubernamentalidad, de marcar el paso desde cada Estado miembro. De quitar competencias e iniciativa al Ejecutivo comunitario que presume de ser el más el más político de la historia. Juncker trata de mantenerse y quiere ofrecer propuestas ambiciosas pero realistas y de su éxito o fracaso depende el papel de su institución a corto y medio plazo.

Meses difíciles y agendas cargadas las ha habido siempre. Pero Bruselas no lleva la batuta, ha perdido la iniciativa y el liderazgo. Va a remolque, reaccionando como puede mientras sus miembros se pelean por fronteras, refugiados o déficits públicos. La UE conduce sobre hielo y la sensación en todas partes es que llevando cinco años viviendo en una crisis permanente el patinazo es inminente. Que hay demasiados desafíos, amenazas e intereses en juego para que todo salga bien.

Juncker dijo en una de sus célebres citas que los líderes europeos sabían perfectamente lo que había que hacer en momentos difíciles, pero que no sabían cómo ganar elecciones. Ahora, para su desgracia y la de todos, no saben ni cómo ganar elecciones ni lo que hay que hacer.

  • Analista político