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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-03-21

¿Qué significa educar?

REBELIÓN 14 de marzo del 2017 ESPAÑA

Vicente Berenguer*

¿Qué significa educar? ¿Cuál es la función de los docentes dentro de la educación? Las respuestas a estas preguntas podrían en principio parecer obvias aunque si se reflexiona sobre cómo es el funcionamiento del actual sistema educativo la obviedad no es tanta.

Si atendemos a las bases de los modelos educativos de los distintos países, que salvo excepciones son prácticamente los mismos, vemos que estos están basados en unas series de premisas. Por ejemplo, advertimos que una de ellas es que la educación debe fundamentarse en la respuesta. Esto quiere decir que se transmiten una serie de conocimientos que el alumno debe incorporar. La persona, de este modo, irá adquiriendo una cultura y en definitiva unos contenidos que le serán supuestamente útiles a lo largo de la vida.

Conocer la tabla periódica de los elementos, el volcán más alto de Nicaragua o los ríos más importantes de China es algo muy recomendable y son materias que deben ser enseñadas por los sistemas educativos. El problema surge cuando el sistema basa por completo la educación de los ciudadanos en las respuestas y en la absoluta memorización de contenidos y no en la reflexión.

Tenemos una educación basada en la respuesta y no en la pregunta, y la respuesta es, como decimos, el principal pilar o premisa de nuestros modelos educativos. Se nos enseñan contenidos, los memorizamos para posteriormente olvidar muchos de ellos y sin embargo no se nos instruye desde la pregunta. Y es que la pregunta, al contrario de la respuesta, moviliza al pensamiento y lo expande, no lo constriñe, posibilitando así que el alumno reflexione y explore posibilidades. Con la respuesta todo viene dado, en cambio, mediante la pregunta, se activa nuestro pensar: no el pensar de los demás sino el mío propio.

Tenemos ya pistas de por qué la educación no se basa en el “arte” de la pregunta sino en las respuestas, pistas que nos conducen a la conclusión de que el sistema no busca ciudadanos reflexivos con pensamiento autónomo sino todo lo contrario: busca personas sin capacidad para la crítica ni el cuestionamiento. Porque pensar es también cuestionar: pensar es no aceptar intelectualmente cualquier idea por el hecho de formar parte de la tradición, la cultura, la política o la religión de una zona. Pensar es reflexionar sobre cualquier cuestión de forma autónoma, es poder realizar un análisis personal manteniendo la autonomía, y la autonomía y la libertad es algo que no gusta a los poderes fácticos, tanto es así que, como decimos, el que debería ser el pilar educativo -la pregunta- no lo es y en cambio aquello que son aspectos secundarios -como la memorización- pasan al primer plano.

No se nos enseña a hacer preguntas, no se nos instruye en el hacernos preguntas para nosotros mismos porque lo que se busca son justamente ciudadanos que no piensen, personas que no expandan sus mentes; justo al revés: se pretende construir seres simples mentalmente y sin capacidad de crítica. La misión de estos futuros adultos dentro de la sociedad no será pues el cuestionarse todo: el sistema económico, el tipo de organización social, la legislación, el reparto de la riqueza...no será esta nuestra función sino otra distinta, el aceptar todo aquello que se nos diga ya que los futuros adultos no podrán vislumbrar alternativas a lo fáctico debido a que no se les ha enseñado ya de jóvenes a preguntarse y a pensar sino a dejar de hacerlo. De esta forma el sistema logra “fabricar” una sociedad que no se cuestiona nada, consigue construir ciudadanos sumisos ya que desde pequeños se nos aparta del arte de la pregunta y por tanto del pensamiento.

EDUCAR ES ENSEÑAR A PENSAR

Tenemos pues que desde el sistema no se busca fomentar el pensamiento sino lo contrario, que se deje de pensar; y partiendo de estas premisas, de las premisas de una educación no basada en el pensamiento sino en la mera memorización de contenidos el resultado no puede ser otro que unos ciudadanos sin capacidad de crítica y análisis, ciudadanos que no cuestionarán nada sino que sencillamente aceptarán lo que se les diga y también cualquier sistema social injusto.

Pero hemos convenido que educar -o mejor dicho la verdadera educación- no es simplemente el obligar a memorizar, es mucho más: es formar a individuos, en efecto, con capacidad crítica y reflexiva, personas que se hagan preguntas, que se cuestionen, ciudadanos creativos que puedan aportar soluciones y conclusiones propias...seres con autonomía que puedan realizar un examen de cualquier situación y también un autoexamen; en definitiva, seres capacitados y libres. Porque pensar, algo que cada vez es menos frecuente, nos hace libres: libres en cuanto a poder elaborar un pensamiento crítico y propio y libres en cuanto a poder desarrollar nuestras capacidades evitando convertirnos así en puros autómatas.

Será por tanto la responsabilidad y tarea del docente formar al alumno no en la memorización -que también será necesario pero nunca el fundamento- sino en la reflexión y en la creatividad, porque estas nos hacen libres. Deberá el maestro, sí, ser un amigo que colabore y busque la expansión de las mentes de sus alumnos y no su constreñimiento, ser un guía que fomente la creatividad y el cuestionamiento; en pocas palabras: alguien que enseñe a pensar y por tanto a ser libre.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Asesor filosófico

Un freno para Temer

PÁGINA 12 17 de marzo del 2017 ARGENTINA

Emir Sader*

Lula vive una semana impresionante. El lunes habló en la apertura del Congreso de los trabajadores rurales, a una platea de miles de personas, en Brasilia. El martes tuvo que declarar en un proceso absurdo en el cual está procesado, sin ningún argumento. Asistió acompañado por la militancia política, contestó todo y concluyó con un discurso político sobre su trayectoria, sobre su gobierno y sobre las persecuciones que sufre. Fue tan demoledor que el principal cronista de derecha, de la revista Veja, dijo que Lula había salido muy bien parado del interrogatorio. El miércoles Lula arengó a una multitud en San Pablo.

Fue un día muy importante en la lucha en contra del paquete neoliberal del gobierno de Temer. Jornada de movilizaciones y huelgas en repudio de las reformas previsional y laboral que el gobierno tramita en el Congreso. Fue la mayor movilización que Brasil ha conocido desde la ruptura de la democracia. Hubo manifestaciones callejeras en cientos de ciudades en todo el país. En San Pablo, los servicios de subte y de ómnibus pararon, generando una situación inédita en la ciudad más importante de Brasil. En esa ciudad, en la principal concentración de la jornada, sobre la avenida principal se concentraron 500 mil personas que se las arreglaron para sortear la huelga de los transportes. Hablaron líderes sindicales y de movimientos sociales –como el de los sin tierra y el de los de los sin techo, entre otros– hasta que llegó Lula.

Mientras la gente coreaba su nombre, Lula dijo que el pueblo solo se va detener cuando pueda elegir democráticamente a su gobierno. Criticó las medidas propuestas por el gobierno de Temer y afirmó que éste “debería ser presidente de una empresa, para vender lo que produjera y no vender los bienes del pueblo brasilero”. Y agrego: “Este país que era respetado en todo el mundo, hoy tenemos un presidente que no tiene coraje para de ir a Bolivia.”

Como pasa ahora con todas las reuniones en las que participa Lula, terminan tomando un carácter de campaña electoral, con las consignas tradicionales de las campañas anteriores de Lula. De hecho, el PT ha decidido que va a lanzar la precandidatura de Lula a la presidencia de Brasil incluso antes del Congreso del partido, que se realizará los días 1, 2 y 3 de junio, para imponer un clima de disputa electoral desde ahora. Para ello Lula prepara un plan de seminarios para discutir su plataforma política.

Según un artículo publicado en Folha de Sao Paulo, el plan opositor consiste en tratar de sacar al expresidente de la vida política entre junio y octubre del 2018, es decir, en pico auge de la campaña electoral. Pero es difícil de imaginar en este clima de movilización de masas y de campaña adelantada, que ante el desgaste cada vez más grande del gobierno, sea posible una operación jurídica en contra del líder más popular de la historia brasileña, favorito de todas las encuestas para ganar en primera y segunda vuelta.

El 3 de mayo el juez Sergio Moro citó a Lula a prestar declaración indagatoria en Curtiba. Moro se ha erigido como el principal enemigo político de Lula, a quien busca inhabilitar electoralmente, y a quien intentó meter preso hace un año. Curitiba no es un feudo de Moro, a tal punto que una manifestación convocada por sus simpatizantes para apoyarlo la semana pasada convocó a tan solo 15 personas.

En contraste, una inmensa manifestación acompañará a Lula ese día especial, en el que se espera un enfrentamiento entre los partidarios y detractores del ex presidente, y en el que por primera vez se verán las caras Lula y Moro. Lula ha tildado de “facinerosos” a los jueces que persiguieron a su esposa y los responsabilizó por el ACV que causó su muerte. Si lo que pasó de esta semana sirve de indicio, Lula no dejará pasar su cita judicial sin relatar su trayectoria como líder social y político, recordar los logros de su gobierno y denunciar las persecuciones de las que es víctima.

Pero antes de ese momento, concluyendo una semana muy intensa, Lula irá con Dilma, al noreste, a la provincia de Paraiba, donde funciona la represa más importante de Brasil, sobre el río Sao Francisco, obra de los gobiernos del PT, pero que Temer fue a “inaugurar” la semana pasada, pese a las protestas de la población local, que sabe quién pertenece la paternidad de la obra. Será una manifestación extraordinaria, para la cual se preparan caravanas en todo el nordeste del país. Será un fin de semana simbólicamente muy fuerte y políticamente consagrador para Lula y también para Dilma.

Mientras tanto, si el gobierno ya tenía muchas dificultades con su propia base parlamentaria para aprobar su reforma previsional, a partir de las manifestaciones de anteayer las perspectivas son todavía peores para el gobierno. A lo que se suma el inicio de los procesos en contra de por lo menos cinco ministros de Temer en el Supremo Tribunal Federal.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Sociólogo y politólogo brasileño

Proyecto, herencia y corrupción

LA HAINE 17 de marzo del 2017 ESPAÑA

La utilización de ideas fuerza como "pesada herencia" y "corrupción" son la metralla discursiva con la que el régimen neoliberal de Macri intenta ocultar su verdadera esencia

Rubén Dri*

Cuando Hegel se disponía a escribir la tercera parte de la Ciencia de la Lógica, se encontró con un problema diferente al que le habían presentado las dos primeras partes. Lo expresó de la siguiente manera:

“Si hay particulares dificultades para edificar en un país desierto una nueva ciudad, en cambio se encuentra sin duda suficiente material pero tanto mayores obstáculos de otra naturaleza, cuando se trata de dar una nueva disposición a una vieja ciudad, edificada sólidamente y mantenida en un estado constante de posesión y población; entre otras cosas hay que decidirse también a dejar de emplear mucho material que, sin embargo, es apreciable”.

Está claro, si lo que hay que construir, sea una ciudad, sea una fábrica o una escuela, se realiza sobre un terreno desocupado, listo para recibir la construcción, no hay nada que destruir, o, en todo caso, algo completamente secundario. Si, por el contrario, el terreno ya está ocupado, no hay más remedio que empuñar pico y pala, y comenzar la destrucción.

“Hay que decidirse a dejar de emplear mucho Material” que está presente, por lo cual si no se lo puede emplear es necesario sacarlo, destruirlo, no son otra cosa que escombros.

Pongamos que en lugar de construir una casa o fábrica, lo que hay que hacer es un proyecto político, un proyecto de país. Si se trata de un proyecto fundacional en un espacio vacío, los problemas a encarar son los de construcción. Poco a o nada que destruir.

Si por el contrario, el proyecto a implementar se lo realiza sobre un país en marcha, pueden darse dos opciones diferentes, una de las cuales es aceptar el proyecto en marcha y sólo hacerle retoques, reformas, cambios superficiales, arreglos. Es lo que sucede en los casos en los que se habla de “alternancia”. Partidos políticos que compiten no para cambiar el proyecto político sino para cambiar los sujetos que lo implementarán en la nueva etapa.

La otra es realizar cambios profundos que significan un nuevo proyecto, no sólo diferente, sino contrario al que se quiere suplantar. En este caso, lo primero a realizar es la destrucción de todo aquello que se opone al nuevo proyecto. Pero entre las cosas que es necesario destruir, hay muchas que serían “apreciables”, para seguir con el ejemplo hegeliano, y que serán defendidas por gran parte de la población, por lo cual será necesario inventar argumentos que legitimen dicha destrucción.

En las elecciones presidenciales del 2015 se produjo el triunfo del macrismo con su proyecto neoliberal y la derrota del kirchnerismo con su proyecto nacional y popular. Aquí no se trata de una mera alternancia, del mero cambio de los elencos gubernamentales para continuar con el proyecto de país, sino del enfrentamiento de dos proyectos de país contradictorios, y el triunfo de uno de ellos.

El proyecto nacional y popular liderado por el kirchnerismo está basado en el desarrollo del mercado interno, la estabilidad del empleo, el valor del salario siempre arriba de la inflación, vigencia de las paritarias, recuperación de empresas como YPF, Aerolíneas, Correo; una vasta red de contención de los sectores más desprotegidos, cobro de impuestos a las grandes corporaciones agroexportadoras, mineras, petroleras.

El proyecto macrista triunfante, consiste esencialmente en la transferencia de recursos de los sectores populares a los sectores concentrados de la economía. El desarrollo del mercado interno es un obstáculo a dicha transferencia, de manera que debe ser desactivado, lo que se logra con la apertura indiscriminada a la importación de bienes.

El proyecto de transferencia de recursos implica la pérdida de esos recursos por parte de los sectores populares. O sea, hay que quitarles recursos a los sectores populares y transferirlos a los ganadores. Eso se logra con un vasto plan de destrucción que se consigue aumentando los impuestos por sobre los salarios, despidiendo trabajadores, de manera que la lucha por conseguir empleo lleve a éstos a aceptar condiciones miserables. Eso lleva a lo que Marx denominó el “ejército de reserva”, trabajadores desocupados dispuestos a aceptar esas condiciones miserables.

Está claro que lo lógico es que el pueblo en su gran mayoría resista todas estas medidas destructivas.

Para neutralizar la resistencia popular menester es formular una argumentación para que la población acepte esas medidas como si fuesen medidas que la favorecen, o, por lo menos, que sean vistas como indispensables, inevitables.

Es aquí donde interviene el tema de la “pesada herencia” que debe servir para legitimar la destrucción de los derechos adquiridos en los doce años de gobierno kirchnerista. ¿Cómo hablar de una “pesada” herencia, cuando esa herencia está constituida por el mayor conjunto de derechos que, salvo en la década del primer peronismo, el pueblo haya conocido.

Allí el macrismo se mostró astuto, hábil, hipócrita, despiadado y sobre todo “cínico”. Montándose sobre el sentimiento de culpa, componente del sentido común, debido en gran parte a las enseñanzas del catolicismo, hizo que parte de la población se culpabilizase de haber gozado de derechos que no le pertenecían y que, en consecuencia, debían ser devueltos a sus legítimos dueños.

El argumento basado en el sentimiento de culpa se combina con otro, basado en el más desvergonzado cinismo que le permite lanzar al aire los más impensados números sobre la inflación, la pobreza, el desempleo, de manera que el gobierno kirchnerista aparece, por una parte, regalando subsidios, poniéndole plata a la gente en el bolsillo, y, por otra, generando desocupación.

A esta metralla se le agrega otra, que parece ser la definitiva, la corrupción, comportamiento que consiste en desviar para el provecho personal bienes que pertenecen al Estado, es decir, al común. Basta echar un vistazo a la historia de la humanidad para constatar que el comportamiento delictivo conocido con el nombre de “corrupción” ha acompañado y acompaña a todos los proyectos políticos.

Por más buenas que sean las intenciones de los impulsores de dichos proyectos, siempre hubo y seguirá habiendo desvíos, o sea, corrupción, a no ser que intervenga alguna potencia sobrenatural que purifique a la raza humana desde su raíz, y mande de paseo a Freud y todos sus descubrimientos sobre el “infierno” del inconsciente. Por lo tanto todos los proyectos políticos cuando se llevan a cabo son igualmente corruptos. ¿Es la política sinónimo de corrupción?

Para bosquejar una respuesta que vaya al fondo del problema es necesario proceder a una caracterización de los proyectos políticos. En un proyecto nacional y popular, que está centrado en la inclusión, en el desarrollo del mercado interno, en la plena ocupación, en el ajuste de los salarios de acuerdo al nivel de la inflación, en una palabra, en el equilibrio de la distribución de bienes, la corrupción tomará el rumbo de López y Báez que, sin duda, distorsionan el proyecto y debe ser investigado y castigado.

En un proyecto, en cambio, del capital concentrado, es decir, de las corporaciones económicas, políticas, mediáticas y judiciales, que está centrado en la exclusión de los sectores populares, en la apertura al mercado externo, en la depreciación de los salarios, en una palabra, en la transferencias de recursos y bienes de los sectores populares a los del capital concentrado, la corrupción tomará la canaleta de Macri y Macri.

En el caso del proyecto nacional y popular, la corrupción es corrupción, daña al proyecto pero no lo invalida. En el otro caso, la corrupción no es tal, es intrínseca al proyecto, forma parte indisoluble de la transferencia de recursos de los sectores populares a los de las corporaciones.

Basta fijar la mirada en los dos casos. Desde el proyecto nacional y popular no se busca una justificación de la corrupción, no se busca hacerla lícita. La corrupción es corrupción, va en contra del proyecto que se orienta a la distribución equitativa de los bienes.

En el otro caso sucede todo lo contrario. La corrupción no es tal. Forma parte del proyecto como tal, o sea, de la transferencia de bienes. Basta ver cómo salen a la defensa de la familia Macri las principales espadas de Cambiemos.

Después de este análisis cualitativo, es decir, que analiza la función que cumple la “corrupción” en el respectivo proyecto, podemos pasar al cuantitativo y poner frente a frente lo que robó la pareja López y Báez con la que se robó la pareja Macri y Macri, 9 mil millones contra 70 mil millones. Ésta última gana por asesinato.

¿Es casual esta disparidad? No, se corresponde con los proyectos. En el proyecto nacional y popular, se debe luchar en contra de los grandes poderes mientras que en el proyecto del capital concentrado, los grandes poderes dan rienda suelta a su hambre insaciable, apoderándose de todos los recursos. El robo cometido por la pareja López /Báez es como el robo de gallinas frente al robo de Macri y Macri.

No tiene sentido que Macri y Macri se pongan a robar gallinas, que es el único robo que se puede llevar a cabo desde el proyecto nacional y popular. Cincuenta cuentas en cuevas fiscales repartidas por el universo mundo guardando el latrocinio de los dirigentes macristas sólo son posibles desde ese proyecto, para el cual no se trata de corrupción sino todo lo contrario, de virtud, sagacidad, inteligencia.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Teólogo y docente argentino

“Trumponomics” militarizada: cogobierno con Goldman Sachs

LA JORNADA 15 de marzo del 2017 MÉXICO

Alfredo Jalife-Rahme*

Más allá de que el historiador Eric Zuesse maneje un escenario de destitución (impeachment) de Trump –el Deep State, hoy encabezado por Obama, desea colocar en su lugar al vicepresidente Mike Pence, quien cada día acumula mayor poder ejecutivo–, su gabinete exhibe traslapes y círculos concéntricos, cuyos ejes representan una omnipotente mezcla de intereses militares/petroleros/financieros, donde resalta su alianza con el grupo israelí-estadunidense Goldman Sachs, que había apoyado a la malhadada Hillary y hoy ha permutado su preferencia sin rubor.

El vilipendiado banco de inversiones Goldman Sachs colocó a dos de sus potentados exfuncionarios en las entrañas del gabinete de multimillonarios de Trump: los israelí-estadunidenses Steven Mnuchin (SM), secretario del Tesoro, y Gary Cohn (GC), principal asesor económico de la Casa Blanca a cargo del Consejo Económico Nacional.

Durante su campaña, Trump había criticado acerbamente los lazos de Goldman Sachs con Hillary y ahora ha operado una voltereta aparatosa al incorporar en su gabinete a figuras prominentes del banco al que acusó de robar a la clase trabajadora.

Si en un análisis superficial abunda la confusión en materia de política exterior de Trump –quizá deliberada, para desarmar al mundo entero, con la notable excepción de la anglósfera, Japón e Israel: hasta hoy su núcleo operativo predilecto–, en materia económico-financiera la "trumponomics" despliega con toda nitidez su musculatura global cuando Wall Street ha horadado el techo de las cotizaciones y el superdólar impera frente al resto de divisas alicaídas.

Desde el día de la elección del hoy deslactosado Trump, las acciones bursátiles de la otrora insolvente banca de Wall Street se han revaluado en forma fenomenal y el valor de las cotizaciones ha descolgado, en un poco más de cuatro meses, una azorante fortuna de 3,5 billones de dólares (trillones en anglosajón) debido al optimismo por los proyectos de gasto colosal en manufactura/infraestructura y al incremento del gasto militar en 54 mil millones de dólares al año para modernizar al ejército estadunidense, que en muchos rubros ha sido rebasado por la remarcable resurrección militar de Rusia en la etapa del zar Vlady Putin.

Los megabancos de Wall Street se han recuperado desde la grave crisis financiera del 2008, en gran medida por la desregulación mediante la orden ejecutiva contra la Enmienda Dodd-Frank, que Trump ha calificado de "desastre".

En el discurso de su triunfo Trump enfatizó su voluntad de invertir un billón de dólares en manufactura y en la deteriorada infraestructura de EEUU.

La "trumponomics" comporta mucho parecido con la "reaganomics" y su polémica curva de Laffer, que en su paradójica fase inicial eleva los ingresos mediante la disminución de los impuestos.

No será sencillo planificar y luego implementar este año la promesa de Trump de invertir en infraestructura con el fin de crear millones de nuevos empleos cuando gravita la clásica pregunta: ¿de dónde provendrá un billón de dólares (https://goo.gl/zoL9Ys)?

Una cosa son las promesas demagógicas de campaña y otra es lidiar con la realpolitik cuando ni siquiera existe un cronograma de la "trumponomics".

El militarizado gabinete de Trump se llevará la tajada presupuestal del león mediante un dramático incremento de 54 mil millones de dólares en gasto militar: 10% mayor al del año pasado, que será compensado con una equivalente reducción acrobática en el Departamento de Estado y en otras agencias federales, como la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), cuyo flamante mandamás, Scott Pruitt, colisiona con los lineamientos previos de Obama.

Neil Irwin, del NYT, comenta que el alza de 12% del índice S&P 500 desde el día de la elección –al unísono del incremento en el rendimiento de los Bonos del Tesoro, que pasaron de 1,85% a 2,45%– sugiere que los inversionistas creen que son más probables mayores crecimiento e inflación, ya que la mayor parte del optimismo boyante de Wall Street se debe a las expectativas de desregulación y de recortes de impuestos a las empresas –lo que, a mi juicio, se refleja en la disminución del desempleo y obliga a la Reserva Federal a elevar las tasas de interés para evitar que se desboque la inflación.

Wall Street es presa de "los espíritus animales", como bautizó el célebre economista británico John Maynard Keynes al entusiasmo que estimula la actividad empresarial.

Sarah Jaffe, del rotativo británico The Guardian, rememora las contradicciones de Trump, quien había prometido en su campaña drenar el pantano del que formaba parte supuestamente Goldman Sachs, que ahora es premiado por colocar sus ganancias por encima de la gente (https://goo.gl/5n6fnq). ¡Se siguen empantanando los drenajes bursátiles de Trump!

Con las presidencias respectivas de demócratas y republicanos, Goldman Sachs se ha caracterizado por constituir un oleoducto para el gobierno al alimentar con sus banqueros los puestos gubernamentales de alto rango, a juicio de Sarah Jaffe.

Presidentes van y vienen, pero siempre pervive el vilipendiado megabanco de inversiones Goldman Sachs, lo cual desnuda que Wall Street es un oportunista bipartidista.

¿Gobierna Trump para la plutocracia que mezcla con su oclocracia retórica?

Un editorial del NYT, basado en un análisis no partidista de la Oficina del Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), alega que la promesa del presidente Trump de brindar seguro para todos es hueca, ya que permuta el cuidado médico para los pobres a cambio de los recortes de impuestos para los ricos.

El análisis del CBO afirma que el Trumpcare, que sustituye al Obamacare, ahorrará 337 mil millones de dólares al disminuir los costos en 10 años, pero 24 millones pudieran no recibir cobertura médica, cuando el primer año afectaría a 14 millones.

Más que Trumpcare, se trata de un Ryancare, ya que su autor es Paul Ryan, poderoso líder camaral del Partido Republicano, que hoy se encuentra bajo el fuego cruzado de tirios y troyanos.

Hasta Breitbart, vinculado a Trump, ha protestado por el Ryancare debido a que perjudica a sus partidarios WASP (White Anglo-Saxon Protestants).

Con el Ryancare, Trump compra su seguro de vida para inmunizarse frente a cualquier veleidad de defenestración por la mayoría del Partido Republicano, que no lo aprecia mucho, pero con la que ha llegado a una volátil coexistencia pacífica.

Pero tampoco Trump puede abandonar a su base conservadora cuando Obama ha llevado su presidencia oculta a Silicon Valley, donde tuvo una reunión secreta con los ejecutivos de la tecnología. ¿Qué trama Obama?

El pleito sin cuartel entre Trump y Obama se ha exacerbado. ¿Quién ganará?

Una de las claves radica en la ambigua "lealtad" del Partido Republicano, donde opera el pugnaz senador John McCain, lubricado por Soros, gran aliado de Obama.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Analista en geopolítica mexicano, de origen libanés