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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-05-12

¿Reciben los cubanos un salario de 25 dólares al mes?

REBELIÓN 1 de mayo del 2017 ESPAÑA

Ernesto Escobar Soto*

En un artículo que leí hace poco, el autor trataba el tema de las enormes desigualdades económicas existentes en el mundo. La información publicada en un video por Yahoo.com, se basaba en los datos estadísticos recopilados en el 2014 por la página digital Nationmaster.com (una empresa especializada en estadísticas) la que comparaba los sueldos mensuales netos de la población mundial tomando como divisa principal el dólar.

De acuerdo con esta investigación, Suiza con 6 mil 300 dólares mensuales, es el país donde se devengaban superiores salarios, seguida por Luxemburgo (4 mil 479 dólares). Estados Unidos ocupaba el lugar 13 con 3 mil 258 dólares.

El informe se convierte en caricaturesco al señalar que Cuba era la nación del mundo donde menos salario se recibía cada mes. En ese escalafón, la Isla, con el número 176, ocupaba el último lugar del mundo al presentar un salario mensual de 25 dólares.

Al comparar a Cuba con sus vecinos caribeños se señalaba a Haití. De acuerdo con el artículo los haitianos ganaban 712 dólares anuales, para una mensualidad media de 59,33 dólares. Con marcada intención agregaban que en “Angola, en cuya guerra civil murieron más de 2 mil soldados cubanos, el ingreso promedio por mes era de 2 mil 650”.

A todas luces con estas comparaciones se quería denigrar a Cuba y a su sistema socialista. Cualquiera, sin ser un especialista en economía, de inmediato se percata de que esta información era falsa.

El paralelo con la hermana Haití es irracional. Este pequeño y heroico país, sumido en la mayor miseria, es el más pobre del continente americano. El mundo desarrollado, comenzando por Francia (su exmetrópoli) y los Estados Unidos le hicieron y le hacen pagar muy caro la hazaña de haber realizado la primera y única revolución en la historia triunfante de esclavos, y de negros por añadidura.

Las estadísticas que muestran los salarios per cápita de las naciones capitalistas no reflejan la realidad. Desconocen la dispar distribución de la riqueza entre la población, en la que unos pocos poseen amplias riquezas y la generalidad no.

En estas estadísticas anuales, se suman los ingresos que reciben los más privilegiados económicamente, con los salarios de todos los trabajadores del país, y el resultado se divide entre el número de habitantes. Con este engañoso promedio se oculta el bajo nivel de las entradas salariales de los más desfavorecidos.

Para un observador juicioso las pruebas evidentes de la miseria de la población de una nación son, entre otras, el hambre y la pobreza, visibles en ciudades en los que deambulan ancianos, mujeres y niños descalzos, con ropas raídas y a veces sin siquiera un sitio modesto para dormir; un analfabetismo generalizado y niños que no tienen escuelas; la falta de atención médica y las aterradoras epidemias que matan impunemente a miles de personas desvalidas; poblaciones enteras que sin protección estatal, caen en la indigencia más espantosa cuando ocurren graves fenómenos climáticos, sísmicos o de otra índole; los hombres y mujeres sin trabajo; la baja esperanza de vida de la población y la elevada mortalidad infantil. Este triste escenario de la sufrida Haití y el de muchos otros países, no es el de Cuba.

Estas comparaciones con las que intentan demeritar a Cuba y a su sistema social, forman parte de la permanente campaña contra nuestro país. Estas supuestas investigaciones son disparatadas y difamatorias, pues establecen paralelos sin explicar las diferencias que existen entre lo que se denomina como el salario nominal y el salario real.

En primer término, no negaré el bajo nivel salarial de los trabajadores cubanos, ni tampoco los elevados precios de los productos del campo y los de las tiendas de divisas (CUC).

Son patentes las insuficiencias, falta de organización y la no generalización del inmenso caudal de innovaciones tecnológicas que ofrece la ciencia cubana, para que la agricultura produzca más. Igualmente es preciso perfeccionar el control del trasiego de los intermediarios, mejorar el mercadeo de los productos y abaratar los precios.

Pese a las amplias subvenciones estatales, un segmento de la población cubana no logra satisfacer convenientemente sus necesidades. Los Lineamientos del 7mo Congreso del PCC van dirigidos a corregir y a enmendar estos problemas.

El mundo actual se compone de casi una treintena de países capitalistas ricos como Estados Unidos, Canadá, la mayoría de los europeos, Japón, Australia, cuyos Producto Interno Bruto (PIB) nacional y per cápita son altos. En los últimos años se han incorporado varios estados, casi todos asiáticos.

En el otro extremo se hallan más de 150 países también capitalistas –salvo las conocidas excepciones– cuyos PIB en general son mucho más bajos. Estas naciones que algunos denominan en desarrollo, emergentes o subdesarrollados, casi siempre han sufrido históricamente la explotación y el saqueo, primero por parte de los imperios colonialistas y ahora por los estados capitalistas hegemónicos.

En ese pequeño grupo de naciones del Primer Mundo los salarios hasta ahora han sido altos y permitido a sus habitantes en general, recibir diversos beneficios. Por supuesto, la población mayoritariamente pobre del resto del planeta no los ha podido disfrutar.

Son significativos los gastos en que incurren los ciudadanos de las capas medias y pobres de esos países ricos para pagar los alquileres de sus viviendas, los servicios (privados) de educación de sus hijos y los de salud de la familia. La suma de los tres egresos antes señalados, puede representar para un habitante promedio la mitad o más de sus ingresos mensuales.

En Cuba, a diferencia de la generalidad de las naciones del planeta, más del 85% de las viviendas habitadas pertenecen a sus propietarios, o sea, los que viven en sus casas son dueños de ellas y no pagan ningún alquiler, ni impuesto sobre estas, ni tampoco sobre el suelo en que están asentadas.

Los que no son propietarios de sus inmuebles le pagan al Estado no más de un 10% de sus ingresos. En Cuba no ocurren los inhumanos “desalojos” por impago de los alquileres de las viviendas, tan comunes en el resto del mundo.

La salud, uno de los Derechos Humanos esenciales, en Cuba es pública y gratuita, y tiene cobertura universal. En contraste con la generalidad de los sistemas de salud en el mundo, prioriza la “prevención” de enfermedades por medio de campañas médicas como la de vacunación masiva de la ciudadanía.

El sistema de salud pública cubano contempla la atención en el nivel primario, secundario y el ingreso y permanencia en hospitales, así como las operaciones quirúrgicas y todos los tratamientos posteriores sin excepción.

Decenas de miles de médicos cubanos han prestado y prestan servicios en más de 60 países, en la mayoría de manera gratuita.

Aunque la salud pública cubana se ha visto dañada por más de 25 años a causa de la severa crisis económica y del bloqueo por parte de EEUU, cuenta con médicos, enfermeros y personal técnico muy capacitados y con una alta sensibilidad humana.

En los últimos años ha comenzado a reactivarse el sistema con nuevas inversiones y equipos de última generación, remozamiento de hospitales, policlínicos y consultorios del médico y la enfermera de la familia, etc.

En otros países existen conjuntamente la salud privada y la pública (la tendencia neoliberal imperante en el mundo es a relegar a esta última a un segundo plano), por ello, para muchos, resultan muy costosos los servicios médicos.

En los Estados Unidos, con la comercialización de la salud, no tener un seguro médico es una verdadera tragedia para la familia.

Podemos resaltar que aun para no pocos de los “asegurados”, ese convenio no cubre el tratamiento para todo tipo de enfermedades y a veces las empresas aseguradoras con argucias legales tratan de evadir responsabilizarse cuando las dolencias son muy graves y requieren gastos superiores.

Una muestra gráfica e irrebatible de esto, es el gran número de cubanos con residencia permanente en el exterior que aprovechan sus visitas a Cuba para recibir atención médica.

La educación, otro de los obligatorios Derechos Humanos, en nuestro país es también pública y gratuita para todo tipo de instrucción hasta el nivel universitario. En el resto del mundo se requiere pagar elevadas sumas de dinero para cursar una carrera de nivel superior.

El sistema de enseñanza cubano también fue seriamente dañado en estos años de severa crisis económica y ahora se realiza un intenso trabajo de revisión y reordenamiento para elevar su calidad.

Cuba presenta uno de los niveles de escolaridad e instrucción más altos del mundo. Además, el país ha ofrecido y ofrece becas gratuitas a miles de jóvenes de otras naciones para cursar diversos estudios.

Nuestra Isla es una de las naciones que invierte un mayor por ciento de su presupuesto en los sectores de la salud y la educación.

Pese a las reconocidas deficiencias en los sistemas públicos de salud y educación, causadas principalmente por la intensa crisis económica padecida por más de dos decenas de años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en reiteradas ocasiones los han valorado altamente como ejemplos a seguir.

En otros países, los trabajadores sujetos a la “precariedad laboral” y los denominados como “informales” no tienen derecho a pensiones. En contraste, los trabajadores cubanos, tanto estatales como privados, al alcanzar la vejez pueden, debido a este sistema público, beneficiarse de la Seguridad Social con pensiones y aquellos que por diversas razones nunca trabajaron reciben atención por la Asistencia Social.

Es preciso señalar que las actuales pensiones en Cuba no garantizan todas las necesidades de los jubilados, lo que se prevé atender en la medida en que se fortalezca la economía.

En cuanto a la Asistencia Social, unas 80 mil familias con situación precaria reciben ayuda económica. Solo una veintena de los estados desarrollados puede enorgullecerse de contar con un sistema así, pese a las limitaciones lógicas, dada la difícil situación económica de nuestra nación.

De igual manera está implementado desde los primeros años de la Revolución el sistema que le garantiza a cada familia una cuota alimenticia al mes (la llamada canasta básica). El Estado gasta miles de millones de dólares para comprar parte de esos alimentos en el extranjero y ofrecerlos a la población a precios ínfimos.

Los alimentos que conforman dicha canasta básica y se ofrecen subvencionados, si bien significan una manera innegable de recibir ingresos (en productos), solo satisfacen un por ciento del consumo lo que obliga a comprar la otra parte a un precio mayor en las tiendas que comercializan en moneda convertible (CUC) y ahora también en moneda nacional (CUP) con un valor equivalente al CUC, así como en los mercados creados para la venta (en CUP) de productos liberados.

Se ha planteado que cuando las condiciones económicas lo permitan se eliminará este sistema y la ayuda económica se realizará de modo directo a las familias más desfavorecidas.

Debemos referirnos también a la importante subvención por el Estado de un alto por ciento de los gastos que realiza cada familia en: electricidad, teléfono, agua, gas, transporte público, círculos infantiles, asilos para ancianos, servicios fúnebres… Son también gastos en que incurre el Estado para beneficiar a la población cubana los realizados para el desarrollo de la cultura, el deporte y la ciencia, así como en la oferta de entradas para eventos y espectáculos artísticos, recreativos y deportivos a precios muy bajos (comparados con otros países).

Es indiscutible que el salario de una parte considerable de los cubanos no satisface todas sus necesidades y existe un reclamo general por elevarlos. Pero no se puede olvidar y echar a un lado lo antes señalado. A precios medios de países subdesarrollados, los ingresos salariales y los servicios que reciben los cubanos equivaldrían a varias veces la supuesta paga mensual de 25 dólares.

Si al “salario nominal” que reciben directamente los trabajadores cubanos por su labor realizada en un año, le sumáramos todos los servicios subvencionados por el Estado que la población recibe y a esta suma la dividiéramos entre los 11 millones de cubanos, nos daría, para sorpresa de muchos, un per cápita de ingresos, o sea un “salario real”, mucho más alto. Faltaría por agregar, que la inmensa mayoría de los cubanos, como son dueños de sus viviendas no pagan alquiler.

Por estas razones se puede asegurar con absoluta certeza que los cubanos no ganan solamente los 25 dólares mensuales que señala el escalafón antes nombrado. Si esto fuera así, imperaría una miseria más atroz que la sufrida actualmente por Haití, cuyos trabajadores reciben 59,33 dólares cada mes, o sea, 34,33 dólares más que los cubanos.

¿Cómo explicar entonces que con un salario de solo 25 dólares mensuales existan en Cuba, sobre una población de unos 11 millones de habitantes, más de un millón y medio de graduados universitarios y casi 2 millones de técnicos de nivel medio?

Cualquier familia cubana cuenta entre sus hijos con ingenieros, médicos, científicos. ¿Cómo explicar que todos los niños y jóvenes (sin tener en cuenta su raza, sexo, posiciones políticas, ideológicas o religiosas de ellos o de sus familias) tienen garantizadas la enseñanza y la atención médica?

¿Cómo explicar el alto número de intelectuales y artistas y una intensa y variada vida cultural?

¿Cómo explicar que no hay un solo niño cubano sin maestro o un rincón de la Isla que no cuente con una escuela?

¿Cómo explicar que toda la población cubana reciba atención médica y como consecuencia de ello haya alcanzado un promedio de vida de 78 años? ¿Cómo explicar que Cuba muestra uno de los más bajos índices de mortalidad infantil y materna del mundo?

¿Cómo explicar el extraordinario nivel alcanzado por la ciencia cubana, especialmente en la esfera de la ingeniería genética y la biotecnología?

¿Cómo explicar que por las calles cubanas no deambulen ancianos, niños, mujeres y enfermos pidiendo limosnas, como sucede en casi todos los países del orbe, incluyendo a los más desarrollados?

El respetado músico Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita señaló unos años atrás: “En los 65 barrios “jodidos” de Cuba en los que he actuado, aún no he visto a un solo niño sin escuela, zapatos o asistencia médica.” Y todo esto ocurre en un pequeño país pobre, sin recursos naturales, sometido al bloqueo más largo de la historia por la nación más poderosa del mundo.

Para tratar de comprender la situación actual de Cuba hay que valorar, entre otros aspectos, la enorme crisis económica a partir del 1990, provocada por la desaparición de la URSS, al tiempo que Estados Unidos, de manera paralela, redobló su inhumano bloqueo, a lo cual se añadieron los errores que se cometieron internamente. Ha sido una dilatada etapa de épica resistencia.

El objetivo esencial de la sociedad socialista cubana es lograr el mayor bienestar posible, tanto material como espiritual de la población. Los Lineamientos de la Política Económica y Social del Séptimo Congreso del PCC, han proyectado restituirle a los salarios su valor como instrumento motivador para el desarrollo de una economía sana.

Está previsto que el crecimiento de los ingresos de los trabajadores de las nuevas empresas estatales estará en proporción directa y proporcional a las utilidades que alcancen cada año esas entidades. Se requiere que echen a un lado todo aquello que las frena y se conviertan lo más rápidamente posible en empresas de nuevo tipo, capaces de obtener óptimos resultados económicos.

El desarrollo integral de las cooperativas (de todo tipo) debe permitir el acrecentamiento progresivo de los ingresos de sus miembros.

En el caso de los “cuentapropistas”, sus entradas financieras dependerán de las ganancias obtenidas en el desempeño de sus oficios, rentas o pequeños negocios. En el caso de los empleados que laboran en este sector, sus salarios obedecerán a los resultados económicos del centro en que se hallen y de las regulaciones que se establezcan.

El ansiado e imprescindible aumento de los salarios del amplio sector administrativo público, así como de las pensiones, en general, deberá seguir al acrecentamiento de la producción y los servicios del país y al mejoramiento de las finanzas internas. De todos, el crecimiento de los ingresos en este segmento laboral constituye el más complejo a solucionar, pues incluye a los sectores de la administración pública, educación y otros no productivos.

Elevar la masa salarial de todo el sector público sin un correspondiente respaldo productivo en el país, provocaría la subida de la inflación con graves consecuencias. La ineludible disminución del número de trabajadores de la administración pública cubana, podría permitir el aumento de los salarios de los que permanezcan en estos centros.

El Estado, con la disminución del número de funcionarios administrativos y una mejor organización, podría ser menos burocrático, más ágil y eficiente, y contribuiría a eliminar las muchas trabas que impiden acelerar el desarrollo del país, así como enfrentar de manera resuelta la corrupción y evitar su crecimiento.


  • Escritor y periodista cubano

El presupuesto asesino de Trump

PROGRESO SEMANAL 6 de mayo del 2017 EEUU

Max J. Castro*

El New York Times describió el viernes pasado el presupuesto planeado por el presidente Trump como un “cambio de varios billones de dólares de las arcas federales a las familias más ricas de Estados Unidos”.

Técnicamente, esta es una descripción adecuada, pero pierde las dimensiones sociales y humanas esenciales. Lo que realmente representa el presupuesto de Trump es una redistribución de varios billones de ingresos de innumerables millones de personas que necesitan ayuda gubernamental para necesidades humanas básicas como atención médica, alimentos y otras necesidades, para algunas de las corporaciones más rentables de la nación y un pequeño grupo de las más ricos familias e individuos.

Las personas reales, las personas necesitadas, no una abstracción como lo son las arcas federales, serán las verdaderas arruinadas. Aquellos que perderán su atención de salud bajo este plan, el cual será difundido por la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio, tendrán más probabilidades de sufrir y morir innecesariamente, por citar sólo un ejemplo del peaje humano.

Aquellos sin seguro de salud vivirán en terror. Pero los cofres, esos no tienen miedos; el gobierno de Estados Unidos no guarda dinero en las arcas, y si lo hiciera, podría rellenarlos simplemente imprimiendo más dinero. El lenguaje puede hacer que algo como esto suene como una transacción burocrática, no como el despojo brutal a los desposeídos que es.

Se trata, literalmente, de un presupuesto asesino. Juega con vidas humanas. Un presupuesto asesino apoyado por los republicanos más partidistas e ideológicamente extremistas en el Congreso. Gente como el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, quien solo vio los impuestos -sobre los ricos- que quisiera mantener, o los programas gubernamentales -para ayudar al otro 90%- que deseara cortar.

Este es un presupuesto asesino, propuesto por un presidente sin mandato y ciertamente no uno para dar un gran salto en la contrarrevolución que el Partido Republicano ha estado llevando a cabo durante décadas. Esta contrarrevolución equivale a una guerra de clases desde arriba, que ha logrado hacer de América, con mucho, la sociedad más desigual del planeta, tal vez la más desigual de la historia moderna.

La excusa republicana para este salvaje cambio económico, desde el vasto fondo hasta la pequeña parte superior de los estratos económicos, es que promoverá la inversión, aumentará el crecimiento económico y creará millones de puestos de trabajo. Ellos argumentan que este crecimiento pagará por la pérdida de ingresos del gobierno causada por los recortes de impuestos.

Éste es el clásico argumento gastado, probado antes en una escala más pequeña por Ronald Reagan y George W. Bush. Pero nunca funcionó como vendido, nada se derramó, la desigualdad se disparó y el déficit presupuestario explotó bajo una marea de tinta roja.

Este argumento gastado no funciona porque las premisas en las que se basa son todas erróneas. Los ricos ya tienen todo el dinero que necesitan para invertir sin ningún recorte de impuestos. Muchas de las corporaciones más grandes y rentables están sentadas en gigantescos montículos de efectivo que no están invirtiendo. Y si los ricos o las corporaciones gigantescas hubieran querido más dinero para invertir, podrían haberlo prestado de la Reserva Federal, que durante años ha estado prestando intereses a fondo -básicamente dando dinero sin intereses a clientes altamente solventes-.

Por lo tanto, tirar dinero a los ricos y las grandes corporaciones no acelerará la economía porque la escasez de dinero para la inversión no es el problema. El problema es la falta de demanda.

¿Por qué invertir en una economía cuando los ingresos del 90% de la población han estado estancados durante décadas y la desigualdad es tan extrema que sólo el 10% puede comprar todos los agradables juguetes que la industria podría producir?

Es cierto que el otro 90% sigue consumiendo, pero a un nivel inferior al que justificaría una nueva inversión. Además, en muchos casos se las arreglan para seguir consumiendo profundizando en la deuda, allanando el camino para otra gran crisis financiera.

Tomar grandes cantidades de dinero del 90% y darlas al 10%, como se propone en el presupuesto, agravará el problema y probablemente asegurará que la próxima crisis sea mayor que la anterior.

El hecho de que la experiencia pasada y la lógica económica indiquen que el presupuesto no funcionará como se prometió, no significa que los republicanos estén locos, intentando lo mismo una y otra vez y esperando un resultado diferente. Lo que pasa es que impulsar la economía y el empleo nunca ha sido la agenda real. La redistribución de recursos de abajo hacia arriba es la verdadera agenda.

En esto los republicanos han tenido un éxito magnífico desde el 1980. Están en un rollo y ahora quieren ir a la quiebra. ¿Medidas? Derogar los impuestos de bienes que sólo los ultra-ricos pagan; reducir en cerca de la mitad de las tasas los impuestos pagados por los mayores ingresos y las empresas más ricas; derogar el impuesto mínimo alternativo que se aplica solamente a aquellos que ganan por lo menos un millón de dólares al año; pagar una parte de la misma mediante la fundación de Obamacare; y -la administración no proporcionó información específica sobre qué programas se cortarían y en qué medida, según se informa con el propósito de retrasar la resistencia- probablemente cortando o eliminando “Comidas sobre ruedas”, los programas after school, Head Start y otros.

Es especialmente irritante que este programa de tierra quemada sea propuesto por un presidente que perdió el voto popular y carece de la legitimidad para impulsar un cambio tan radical: un presidente que, a juzgar por sus lúgubres números de aprobación, no goza del consentimiento de los gobernados.

Hemos vivido de dolor en dolor durante 100 días; y hay casi cuatro años de horror y agonía en el horizonte. Este es el momento para que la ya impresionante resistencia al trumpismo haga su propio salto gigante y diga en una sola voz y por muchos medios: ¡No, carajo!

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Sociólogo, columnista y activista social cubano americano

Armas nucleares en Corea del Norte

LA JORNADA 3 de mayo del 2017 MÉXICO

Alejandro Nadal*

La amenaza de una confrontación militar en Corea se acompaña de un relato tan simple como engañoso. La narrativa más difundida es que un malintencionado régimen dictatorial en Pyongyang está decidido desde hace décadas a obtener armas nucleares.

Los medios internacionales se han encargado de difundir y desarrollar las noticias sobre la irresponsabilidad de Corea del Norte. Como siempre, la historia que lleva a la crisis actual es más compleja.

Es cierto que el régimen de Pyongyang ha mantenido una postura militar belicosa como elemento de disuasión y su brazo castrense ha sido un elemento clave para perpetuar el régimen.

En la actualidad tiene un poderoso ejército convencional y un programa de armamentos nucleares que incluye esfuerzos para miniaturizar bombas y el desarrollo de misiles de alcance intermedio.

Estos últimos componentes son el principal foco de atención de la administración Trump, quien vocifera con estridencia que la imprudencia de Pyongyang solo puede detenerse con muestras de firmeza.

Sin embargo, la experiencia muestra que el proyecto nuclear de Corea del Norte pudo frenarse mediante esfuerzos diplomáticos. También enseña que los seguidores de la línea dura en Washington han entorpecido las posibilidades de un acercamiento y la normalización de relaciones.

En el 1994 la administración Clinton firmó un Acuerdo marco con Pyongyang mediante el cual Corea del Norte congelaría su incipiente proyecto nuclear a cambio de concesiones diplomáticas y económicas por parte de EEUU.

En particular, el acuerdo establecía que la planta nuclear de Yongbyon se cerraría y quedaría sujeta a inspecciones internacionales. Hoy se estima que sin ese acuerdo Corea del Norte tendría más de un centenar de bombas nucleares.

La implementación del acuerdo avanzó muy lentamente, pero en el 2000 una delegación de Pyongyang visitó Washington y los dos países emitieron un comunicado conjunto en el que se comprometían recíprocamente a no mantener intenciones hostiles.

Ese mismo año Clinton envió en visita oficial a Pyongyang a su secretaria de Estado, Madeleine Albright. Se estaba planeando una histórica visita del Presidente estadounidense a Corea del Norte.

Las cosas cambiaron con la llegada de George W. Bush a Washington. La declaración sobre intenciones hostiles no fue confirmada y el Acuerdo marco fue relegado a un segundo plano.

En el 2002 Bush incluyó a Corea del Norte en la lista de países que formaban el "eje del mal" (junto con Irak e Irán). Además, Washington canceló el Acuerdo marco argumentando que Pyongyang continuaba embarcado en un programa para dotarse de armas nucleares.

La guerra en Irak y la doctrina de "cambio de régimen" que Bolton, Cheney y Rumsfeld promovieron convenció a los norcoreanos sobre el camino a seguir.

Bolton sentenció que Pyongyang debería sacar las lecciones apropiadas de la guerra en Irak. Y, en efecto, la jerarquía norcoreana le hizo caso: la aceleración del programa nuclear sería el pilar de una política de disuasión.

En el 2004 la diplomacia china convenció a EEUU, Japón, Rusia y las dos Coreas para iniciar negociaciones entre las seis partes. En septiembre del 2005 se llegó a un acuerdo, pero ese mismo mes el Departamento del Tesoro anunció que un banco en Macao, el Banco Delta Asia, era culpable de operaciones de lavado de dinero y lo castigó con fuertes sanciones financieras.

Ese banco tenía numerosas cuentas del régimen norcoreano y la irritación en Pyongyang llevó a terminar las pláticas entre los seis y proponer negociaciones para resolver la cuestión del Banco Delta Asia. Washington rechazó la propuesta y pidió a otros países intensificar las sanciones contra Pyongyang. En el 2006 Corea del Norte llevó a cabo su primera prueba nuclear.

China trató de revivir las pláticas de los seis en el 2007, para llegar a un nuevo acuerdo. Sin embargo, los halcones en Washington exigieron un severo régimen de inspecciones que Pyongyang rechazó.

Hoy Corea del Norte considera que sus armas nucleares no son negociables y las ha elevado a rango constitucional. Quizá el proceso nuclear en esa nación asiática hubiera tomado otro derrotero si la vía diplomática se hubiera consolidado.

Trump señaló recientemente que estaría dispuesto a reunirse con Kim Jong-un, el líder norcoreano. Pero las condiciones para tal encuentro incluyen la aceptación por parte de Pyongyang de desmantelar su programa nuclear. Esa es una condición inaceptable para Corea del Norte.

Durante la guerra de Corea el bombardeo a Corea del Norte llegó a extremos inauditos. Más de 635 mil toneladas de bombas fueron lanzadas sobre ese territorio (en comparación con las 503 mil toneladas usadas por EEUU durante la Segunda Guerra Mundial en todo el teatro del Pacífico).

La propia fuerza aérea estadounidense reconoce que la destrucción al Norte del paralelo 38 fue peor que la de Japón al terminar el 1945. Nadie en Corea del Norte ha olvidado ese bombardeo.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Economista mexicano