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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-05-23

Malas noticias para Trump: el nuevo presidente sudcoreano puede hacer la paz con Norcorea

POR ESTO! 10 de mayo del 2017 MÉXICO

Alfredo Jalife-Rahme*

La vez anterior aduje sobre el contencioso nuclear coreano que, “Sin contar el factor ruso que ha irrumpido en la ecuación de la península coreana, Trump ha conseguido, en apariencia, haber tensado las relaciones entre China y su aliado Norcorea. Pero más vale esperar el resultado de la elección presidencial en Sudcorea el 9 de mayo”.

Se cumplió el plazo y el apabullante triunfo de Moon Jae-in (MJi), hijo de un refugiado norcoreano y abogado especialista en Derechos Humanos del Partido Liberal Democrático (PLD) —relegado del poder en la década pasada, es susceptible de trastocar la correlación de fuerzas en la península coreana.

Si bien es cierto que los sucesivos presidentes de EEUU —los Bush (padre e hijo), Obama y ahora Trump— habían empeorado las negociaciones con Norcorea, que habían logrado en forma creativa los presidentes Carter y Clinton, también lo es que el cambio turbulento de presidentes en Sudcorea había empantanado al borde del precipicio la compleja situación en la península coreana.

Sudcorea pasó de la década del 1998 al 2008 con las administraciones del PLD, más favorable a una negociación con Norcorea, a la otra reciente década aciaga de los “conservadores” más bélicos frente a Pyongyang.

En Norcorea ya se olían el triunfo del favorito MJi y un día antes de su elección habían hecho un llamado a sus hermanos raciales, que no ideológicos, para “finiquitar las tensiones”.

En efecto, los bélicos “grupos conservadores” de Sudcorea —con su anterior presidenta Park Geun-hye defenestrada y encarcelada por megacorrupción con el conglomerado trasnacional Chaebol, lo cual alcanzó hasta la dinastía de los dueños de Samsung cada vez más en problemas materiales y espirituales— han mantenido un estado de guerra con Norcorea, a diferencia de la política más amigable, que inicia con la “política radiante solar (sunshine policy)” del PLD, encabezada por su Premio Nobel de la Paz del 2000, Kim Dae Jung: su primer presidente católico (sic).

Por cierto, la política hostil de EEUU hacia Norcorea coincidió con la década del gobierno de los pugnaces “conservadores” en Seúl.

Antes de la elección, su presidente triunfador MJi se había opuesto al despliegue escudo misilístico balístico de EEUU (THAAD, por sus siglas en inglés) y apoyaba un abordaje diplomático con el fin de amainar las asfixiantes sanciones contra Norcorea.

Existe una tendencia exógena, casi determinista/fatalista, para no decir escatológica, que asevera que solo un acuerdo entre EEUU y China —postura a la que curiosamente se han ceñido los halcones de Washington y que pasa por la venta de Pyongyang por Beijing a cambio de los espejitos mercantilistas de Trump— puede resolver el contencioso de la península coreana, lo cual desdeña tanto la ineludible colaboración de Rusia, que ostenta 18 kms. de frontera con Norcorea, como, más lejanamente, la de Japón que se ha consagrado en atizar el fuego por encomienda de EEUU, como si no le incumbiera nada al Norte ni al Sur de la península.

Ahora este seudo-axioma puede resultar fallido con el advenimiento del nuevo presidente sudcoreano MJi quien podría distender la escalada nuclear en la península debido a tres factores: 1- Su cercanía emocional con Norcorea; 2- Su escepticismo sobre el despliegue hostil del THAAD de EEUU y que parece más bien dirigido contra China y Rusia (fronteras respectivas con Norcorea); y 3- El choque mercantil con la administración Trump debido al déficit comercial: situación parecida con la del “México neoliberal itamita”.

Liu Jianxi, del portal chino Global Times, pregunta si el flamante presidente sudcoreano “reparará su relación con China”, cuyo barómetro, a mi juicio, será el devenir del despliegue del THAAD.

La elección de MJi representó un triple referéndum: contra el THAAD y la dinastía bélica de los Park (que inició con el golpe militar del 1961), y a favor de la pacificación de la península coreana.

Un obstáculo de las relaciones entre Seúl y Washington radica en el reparto de los costos del despliegue del sistema THAAD que oscila entre US $800 millones a US $1,600 millones y que Trump desea que lo pague Sudcorea: situación similar a la del “Muro Trump” con el “México neoliberal itamita”.

Al Washington Post (WP), portavoz del establishment, no se le escapa que el nuevo presidente “se encuentra cauteloso (sic) de EEUU y desea promover lazos más cálidos (sic) con Norcorea” abriendo un “nuevo y potencialmente difícil (sic) capítulo en sus relaciones con Washington”.

WP comenta que MJi ha prometido reanudar las negociaciones con Norcorea, que incluye la reapertura del parque industrial Kaesong (donde los norcoreanos trabajaron en empresas propiedad de las trasnacionales sudcoreanas del Chaebol) que canaliza su liquidez pecuniaria a Pyongyang.

WP vaticina que no habrá una “escisión seria con EEUU, pese a que cambiará el tono de la relación”.

El nuevo presidente ha prometido reforzar las regulaciones sobre el Chaebol, así como disminuir la profunda disparidad entre ricos y pobres que se acentuó con los “conservadores”.

Uno de los escollos del flamante presidente radica en que no cuenta con mayoría en el Parlamento de 300 diputados, donde el PLD solo ostenta 119 escaños, lo cual dificultará la adopción de medidas apremiantes contra la desatada descomposición gubernamental coludida con el omnipotente Chaebol.

WP resalta que MJi, de 64 años, está dispuesto a viajar a Pyongyang a entrevistarse con Kim Jong-un, de 33 años, “si ello ayuda a resolver el problema nuclear”. También desea regresar a la política del “Sol radiante” del PLD que curiosamente inició en el 1997 “mucho antes que Norcorea hubiera probado cualquier capacidad nuclear”.

MJi proviene del linaje del PLD e inició su carrera política como jefe de gabinete con su colega abogado, luego electo presidente, Roh Moon-Hyun. Luego Roh se suicidó debido a lo que Moon cataloga como un “asesinato político” por acusaciones de corrupción, cuando todavía existía la vergüenza en la clase política.

La política del “Sol radiante” ha sido el vector conductor del PLD desde Roh pasando por el presidente Nobel de la Paz, Kim Dae-Jung, hasta MJi.

NYT cita a David Straub, anterior director de los asuntos coreanos en el Departamento de Estado, quien advirtió de “graves (sic) diferencias políticas entre los presidentes de EEUU y Sudcorea” sobre Norcorea, lo cual pudiera desembocar en una “significativa insatisfacción popular cada vez mayor con EEUU en Sudcorea”.

En contraste a EEUU, China esta(rá) satisfecha con la elección, lo cual le quitará las fuertes presiones de Trump para ser más dura con Norcorea.

MJi ha sentenciado que Sudcorea “debe aprender a decir no” a EEUU, aunque su acercamiento con Norcorea se manifestará en el “marco de la alianza de seguridad que mantiene con EEUU (de seis décadas)”.

MJi es un convencido de la reunificación y sueña regresar con su madre de 90 años de edad a su ciudad natal de Norcorea donde, en caso de la anhelada reunificación, se pudiera retirar como abogado.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Analista mexicano, de origen libanés

El problema no es solo de los que sufren

REBELIÓN 15 de mayo del 2017 ESPAÑA

Rodolfo Bueno*

Hay políticos que, con tal de mantener el orden establecido por los dueños del mundo, empezarían la Tercera Guerra Mundial sin que les importe la vida del planeta. Pese a que en ocasiones expresan con todo descaro esta vil idea, nadie se manifiesta en las calles ni la gran prensa les recrimina por tan aberrante intención. El problema no es solo de los que sufren sino también de esta élite, a la que le importa un pito terminar con la humanidad por creerse a salvo en los refugios que han construido para sobrevivir a la muerte atómica.

Si el mundo se libró de la amenaza que representaba Hillary Clinton, dispuesta a empezar el holocausto nuclear, no se ve libre de que a Trump lo intente domesticar la misma élite que la quiso llevar a la Casa Blanca. Esas fuerzas expresan la voluntad imperial de actuar sin siquiera avisar a la ONU y menos aún al país que van a agredir, y a su gusto y paladar inventan tales patrañas, que la opinión pública digiere sin indigestarse ni dudar, y son capaces de hacer creer que Trump es un “títere de los rusos” y Marine Le Pen, Maduro, las FARC, Rusia, Corea del Norte, Siria… son lo que ellos dicen que son.

La verdad les importa un bledo porque lo que buscan es desestabilizar y destruir a los gobiernos de los países que no siguen sus directrices políticas, luego de lo cual se ríen a carcajadas y repiten: ¡Fuimos, vimos y se murieron! Tampoco les importa la ruina en que dejan a un Estado próspero ni el caos ni el dolor que siembran, porque solo intentan amedrentar a los pueblos, atemorizarles con el terrorismo para que acepten sumisamente el vasallaje que les quieren imponer para que cumplan sus mandatos, firmen tratados de libre comercio, no utilicen sus propias semillas y les compren las que han modificado genéticamente, que no se pueden reproducir y son resistentes al glifosato, producido también por ellos; incluso, deben permitir que los envenenen con pócimas que provocan enfermedades peores que las que dizque combaten. Así es de absoluto el control que mantienen.

Entonces, el asunto no es si gobierna Trump o Macron o Merkel, el problema fundamental es cuándo los pueblos del mundo van a tomar consciencia y van a lograr su independencia cerebral, para que puedan encontrar la verdad que subyace debajo de la epidermis de mentiras que hasta ahora les han impuesto. No es tarea fácil arrojar el fardo de esta esclavitud ideológica, pesa mucho porque bajo su yugo los pueblos combaten a sus aliados naturales y están a favor de un amo que finalmente les asesina, les castra mentalmente y se burla de su candidez.

Incluso la cultura, otrora herramienta libertaria, en la actualidad está controlada por los defensores de los intereses de las castas dominantes. Orwell, en su profética obra ‘1984’ y con su célebre frase: “La Guerra es Paz y la Esclavitud es Libertad”, escribió apenas el prólogo de la cruda realidad que actualmente se vive. Esta novela se quedó pequeña y no es ni la sombra de la verdad virtual que para subyugar y manipular a los pueblos han desarrollado los amos del mundo.

Pero no hay mal que dure cien años. Con el tiempo, los pueblos comprenderán que la mejor vacuna es no creerles ni el ‘Bendito’ cuando lo rezan, y así, de esta manera, rara vez se van a equivocar.


Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Profesor y escritor esmeraldeño (Ecuador)

Huracán político

POR ESTO! 18 de mayo del 2017 MÉXICO

Alfredo García

¿Es creíble que durante una entrevista entre funcionarios de alto nivel, no se intercambie información clasificada sobre aspectos de interés común? ¿Alguien imagina que todo el contenido de una reunión cumbre es informado a la prensa? ¿Pueden ser revelados a destiempo delicados temas relativos a la guerra y la paz? Entonces ¿por qué la reunión entre el presidente, Donald Trump y el ministro del Exterior ruso, Serguei Lavrov y el embajador ruso, Sergei Kislyak, se ha convertido en escandaloso tema político para la prensa?

El presidente Trump reconoció haber facilitado información clasificada reservando “fuentes” y “métodos”, derecho que le otorga su investidura como jefe de Estado, al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov y al embajador ruso, Sergey Kislyak, sobre la guerra contra el Ejército Islámico, EI, “para avanzar conjuntamente” en la operatividad aérea de ambos países en el frente de guerra contra el enemigo común.

Al avispero político, provocado por la filtración sobre el contenido de la reunión en la Casa Blanca por el influyente periódico The Washington Post, se agrega el señalar que la fuente original de la información trasladada a los rusos procede de los servicios secretos israelíes, sugiriendo posibles consecuencias en la relación entre Washington y sus aliados israelíes y sauditas, por temor a que la información suministrada a los rusos pueda ser compartida con Irán, principal enemigo de ambos países.

En digno gesto para debilitar la tormenta política iniciada por la prensa norteamericana, el presidente Vladimir Putin declaró estar dispuesto a entregar al Congreso de EEUU la transcripción del encuentro de su canciller y embajador en Washington con el presidente Trump, “si la Administración estadounidense lo autoriza”.

Sin embargo, el meteoro político fue impulsado el pasado martes por el periódico The New York Times, filtrando un supuesto memorando escrito por el entonces director del FBI, James Comey, sobre la entrevista con el presidente al día siguiente de ser destituido del cargo el asesor de Seguridad Nacional, general, Michael Flynn.

En el memorando donde Comey relata la conversación con Trump, se infiere la presión ejercida por el presidente para que cerrara la investigación sobre las relaciones de Flynn con funcionarios rusos. “Espero que puedas ver la forma de dejar esto pasar, de dejar pasar lo de Flynn. Es buen tipo. Espero que le puedas dejar ir”, requirió Trump a Comey, a lo que este respondió: “Estoy de acuerdo en que es un buen tipo”, según consta la nota escrita por el director del FBI revelada por el Times.

La posterior destitución del director del FBI generó la tormenta política que hoy adquiere fuerza de huracán. Por su parte la Casa Blanca aseguró que jamás hubo presión alguna por parte de Trump. “No es un retrato verdadero ni preciso de la conversación entre el presidente y Comey”, afirmó un comunicado oficial.

Este episodio podría dar lugar a un cargo de obstrucción de justicia por parte del presidente, si se demuestra que Trump quiso alterar una investigación federal. El presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, el republicano Jason Chaffetz, exigió al FBI entregar “todos los memoriales, notas, grabaciones o cualquier comunicación entre Comey y el presidente”.

Por su parte el senador republicano John McCain afirmó: “Este escándalo está alcanzado el tamaño y la escala del Watergate”, ominoso suceso de espionaje político que provocó la renuncia del presidente Richard Nixon en el 1974.

La respuesta a la “libertad de expresión” de la prensa norteamericana, que asombra al mundo en ocasiones, se encuentra en el sórdido pulseo político entre la ultraderecha republicana y los liberales demócratas; que toma cuerpo en la próxima gira del presidente Trump al Medio Oriente y Europa.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

Justificar la violencia con mentiras

POR ESTO! 16 de mayo del 2017 MÉXICO

Manuel E. Yepe*

A escala global, es asombrosa la ligereza con que los medios corporativos estadounidenses falsean y tergiversan realidades en función de sus fines, generalmente retorcidos y siempre a favor del capital y adversos a los pueblos. Son capaces de convertir la imagen de un líder popular en la de un brutal dictador en cuestión de días, aunque se trate de un dirigente aclamado por su pueblo y repetidamente votado en elecciones de incuestionable limpieza. Pueden transformar la imagen pública de fanáticos religiosos en prototipos de respetuosos demócratas y las de gobernantes tiránicos en nobles activistas por los derechos humanos.

Cualquier nación del Tercer Mundo que fortalezca sus defensas ante amenazas de intervención imperialista en sus asuntos puede convertirse a los ojos del norteamericano común en un potencial agresor peligroso para sus vecinos.

Para que se cierre el círculo, se requiere una masa preparada debidamente para asimilar tales manipulaciones. El gran desarrollo de los métodos de propaganda, de las relaciones públicas, la publicidad y la comunicación en general –internet incluido–, conforman un escenario idóneo para que ello ocurra en Estados Unidos. Bienaventuradamente no es así en todas partes.

Tras aceptar que el ataque de Estados Unidos contra una base de fuerza aérea Siria constituyó una violación de la soberanía siria y del derecho internacional, un profesor de Derecho de una acreditada universidad de Estados Unidos declaró a la prensa que, no obstante ello, él consideraba justificable el premeditado ataque. El profesor comparó la acción con una simple falta de no acatar una señal de pare en un semáforo por una circunstancia de emergencia. El destacado analista marxista estadounidense de problemas internacionales Zoltan Zigedy relata lo anterior como una prueba del colosal nivel de hipocresía en que se han hundido las elites intelectuales estadounidenses.

“Lamentablemente, Washington ha tenido éxito en lograr que sus agresiones sean vistas como intervenciones humanitarias, el equivalente moderno de la civilización de salvajes en el siglo XIX.

“Dado que hacer aceptables sus fechorías se volvió más sofisticado y los perpetradores resultaban cada vez más exitosos, disminuyó la necesidad de contar con aliados. Tras desaparecer la URSS, Estados Unidos comenzó a utilizar a Naciones Unidas para estas trastadas, inventando ‘coaliciones de amigos dispuestos a ayudar’ como máscaras para intervenciones en el Medio Oriente; y en años más recientes utilizó repetidamente el escudo de la OTAN. Ahora, Washington actúa unilateralmente, descaradamente”.

Se aprovecha de oportunos incidentes en torno a los cuales promueve simpatías a favor de alguna de las partes y apronta un llamado a la intromisión en función de sus intereses hegemónicos.

Por supuesto, las falsas provocaciones no son estratagemas nuevas. La entrada de Washington en conflictos por provocación artificial se hizo presente en los albores del siglo XX, en un acto que marcó el nacimiento del imperialismo estadounidense: el hundimiento del acorazado Maine en el puerto de La Habana.

Con la ayuda de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, dos iconos contrapuestos del periodismo en Estados Unidos, el incidente sirvió para que Washington “justificara” su declaración de guerra contra España, sin que hasta hoy se haya podido confirmar que realmente fueron las autoridades coloniales que mandaban en la isla las causantes de aquel crimen calificado de autoagresión por los historiadores más objetivos.

Puede afirmarse que, desde entonces, todas las guerras de Estados Unidos han comenzado con una gran mentira ajustada a necesidades internas de la superpotencia, dirigidas a acomodar al Congreso, la opinión pública nacional, la extranjera, o a intereses específicos de algún sector del imperio. En todos los casos, la cúpula imperial ha utilizado el control que ésta ejerce sobre los medios fundamentales de información (mainstream media) y todos los recursos del gobierno para apoyar esas fabricaciones.

Fueron abrumadoras mentiras las que enmarcaron los embates que acabaron con la soberanía de la antigua Yugoslavia, de Irak y de Libia, para no hablar de numerosas acciones encubiertas de Estados Unidos contra naciones del Tercer Mundo prácticamente en todo el orbe, siempre asentadas en falsedades que, dada la disparidad de capacidades informativas se convierten en guerras de “león contra mono amarrado”.

La vergonzosa agresión de que está siendo víctima Venezuela es, por sí sola, muestra de esta doble moral. Incapaces de lograr una victoria por las urnas, la oposición pro imperialista patrocina una toma del poder mediante la violencia. Estados Unidos acusa al país de no tener democracia pese a que allí se han realizado veinte elecciones desde 1998 que varios organismos internacionales -OEA y Unión Europea incluidos- han calificado de transparentes y que el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter ha valorado el sistema electoral venezolano actual como “el mejor del mundo”.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista cubano especializado en política internacional