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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-05-24

La retirada de Ileana: el fin de un ciclo

PROGRESO SEMANAL 19 de mayo del 2017 EEUU

Jesús Arboleya*

La congresista floridana, Ileana Ros-Lehtinen, anunció que no buscará su reelección en las próximas elecciones parciales del 2018. Su retiro vale por el fin de un ciclo, caracterizado por el acceso de la primera generación de inmigrantes(1) cubanos a la vida política norteamericana.

Joven, mujer, cubana de ascendencia judía, maestra, contrarrevolucionaria de pura cepa, Ileana ofrecía una combinación simbólica perfecta para proyectar los intereses de un grupo político que ganaba influencia en las estructuras de poder de Estados Unidos, de la mano de los sectores más conservadores de ese país.

Emergió en la época en que los inmigrantes cubanos evolucionaban para convertirse en “norteamericanos de origen cubano”, dígase “cubanoamericanos”, y los republicanos los necesitaban para consolidar el poder de ese partido en el Sur de la Florida y contribuir con las políticas más agresivas hacia Centroamérica y el Caribe.

Su padre, ducho en la política cubana, se ocupó de proyectar su imagen, y Jorge Mas Canosa, el chairman de la entonces poderosa Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), la adoptó como padrino político.

En el 1982 fue electa a la Cámara estadual de la Florida y, en el 1989, ganó unas elecciones extraordinarias, para reemplazar al recién fallecido congresista demócrata Claude Pepper. La campaña la dirigió Jeb Bush, quien iniciaba una carrera que lo llevó hasta la gobernación de la Florida. Incluso las autoridades demócratas del área apoyaron la candidatura de Ileana, que se convirtió en la primera hispana en ocupar un escaño en el Congreso de EEUU.

Se dice que cuida a sus electores, especialmente los de la tercera edad, quienes “adoran a Ileanita”. A pesar de su firme alianza con los conservadores republicanos en otras áreas, se ha mostrado favorable al mantenimiento de los programas de asistencia social, en contra de las políticas abusivas con los inmigrantes y por el respeto a los derechos de los homosexuales.

En política exterior es otra cosa. Ha votado a favor de todas las guerras emprendidas por Estados Unidos, apoyado golpes de Estado, como el caso de Honduras, y su gestión al frente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara se tradujo en un esfuerzo por integrar a la derecha latinoamericana en un frente común contra los gobiernos progresistas.

En Cuba la denominan “la loba feroz”(2), lo que ella considera más un elogio que un agravio, y efectivamente se ha distinguido por instigar y apoyar las políticas más agresivas, en varias ocasiones se declaró a favor del asesinato de Fidel Castro, y su respaldo a los terroristas de origen cubano ha sido público y notorio.

Ileana formó parte de una generación de personeros de la derecha cubanoamericana que entraban sin tocar en la Casa Blanca, amenazaban sin recato a sus contrincantes, por muy poderosos que fuesen, o volaban en pedazos el establecimiento de un comerciante que se negaba a cooperar con “la causa”. De esa estirpe solo queda Ileana.

Los políticos cubanoamericanos actuales se quieren parecer a Ileana, pero no es lo mismo, simplemente porque han cambiado las condiciones que la hicieron posible.

La mayoría ya no arrastra el legado de haber nacido en Cuba, ni participado en las actividades contrarrevolucionarias de los primeros años, ni haber trabajado para la CIA, al menos de la manera que lo hicieron sus antecesores, quienes tenían vínculos orgánicos y relaciones con personas que llegaron a ser jefes de esa institución. Eran piezas activas en el tablero de la “guerra fría”.

Por otro lado, ni siquiera Ileana Ros cuenta hoy con el respaldo monolítico de los electores cubanoamericanos ni puede ganar, a veces sin contrincante, las elecciones de su distrito.

Además de que la estructura demográfica del Sur de la Florida ha cambiado como resultado del incremento de otros residentes latinos, se ha modificado la propia composición social y los intereses políticos del electorado cubanoamericano.

Los descendientes y los nuevos inmigrantes hoy día conforman la mayoría de los votantes cubanos y ellos no eligen igual que antes, en especial respecto al tema de Cuba. La extrema derecha cubanoamericana ha perdido esa guerra y ya no basta el cariño de abuelitos y abuelitas para ganar las elecciones. Ileana lo sabe y con seguridad ello ha influido en su decisión de retirarse.

Las elecciones del 2018 van a resultar muy importantes en Estados Unidos y de manera particular para la composición de los representantes cubanoamericanos en el Congreso.

Por lo pronto, el escaño de Ileana queda abierto a la competencia y resultará difícil que otro republicano vuelva a ganar en un distrito que acaba de votar de manera abrumadora a favor de Hillary Clinton. A ello se suma que difícilmente el senador Bob Menéndez, demócrata por New Jersey, quien está sujeto a una investigación por cargos de fraude, pueda reelegirse. También congresistas como Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo la tendrán mucho más difícil que hasta ahora.

En cualquier caso, la retirada de Ileana nos está anunciando el comienzo de un nuevo ciclo en la política cubanoamericana y con seguridad emergerán en la Florida candidatos diciendo cosas que hubiesen puesto en peligro sus vidas en el 1980.


Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Analista politico cubano

1 Se refiere a la ola de inmigrantes que arribaron a los EEUU tras el triunfo de la Revolución, conformada por esbirros del gobierno de Fulgencio Batista, que buscaron refugio en Miami huyendo de la justicia, y representantes de la alta burguesía. 2 El calificativo le fue otorgado por su activa participación en el secuestro del pequeño Elián González, que había sido sacado ilegalmente del país, con peligro para su vida, en los marcos de la denominada política pies secos/pies mojados del gobierno de los EEUU, solo aplicable a los cubanos, para crear una imagen demonizadora contra Cuba.

Trump en Riad; negocios, terrorismo y obsesión contra Irán

PL 21 de mayo del 2016 CUBA

Ulises Canales*

Que el primer viaje al exterior de Donald Trump fuera Arabia Saudita encierra muchos simbolismos, pero ninguna duda sobre sus calculadas motivaciones en las que Irán sirve de señuelo para hacer negocios y recomponer lazos con los musulmanes.

El presidente de Estados Unidos arribó el 20 de mayo a Riad con un portafolio cargado de seductoras ofertas de acuerdos para la inversión, el comercio y la coordinación política más allá de las fronteras sauditas, pues sostuvo tres cumbres con agendas muy similares en su esencia.

Más allá de los números astronómicos en lo relativo a transacciones y convenios, Trump y el rey Salman bin Abdulaziz se erigieron en adalides de una cruzada contra el terrorismo y Teherán, tanto a instancia del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) Pérsico como del mundo árabe-islámico.

Según declararon el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, y el ministro saudita de Relaciones Exteriores, Adel Al-Jubeir, una prioridad de la visita fue trabajar de conjunto para robustecer las defensas del Golfo en aras de frenar la supuesta influencia regional del país persa.

Tras la cumbre Arabia Saudita-EEUU, Tillerson pronunció la primera reacción oficial norteamericana a la reelección presidencial de Hassan Rouhani, pidiéndole a éste aprovechar la oportunidad "para poner fin al rol de Irán de apoyar fuerzas desestabilizadores existentes en esta región".

Directamente, urgió a Rouhani a "detener todo apoyo y financiamiento de los grupos terroristas", acusación basada en las sólidas relaciones de Teherán con el movimiento de Resistencia libanés Hizbulah, al que Washington y Riad catalogan como tal, y a cesar las pruebas de misiles balísticos.

Desde la capital de uno de los países árabes que aplica la doctrina wahabita, una de las más conservadoras del Islam sunnita, Tillerson reclamó al presidente persa "restaurar los derechos de los iraníes a la libertad de expresión y de organización para que vivan la vida que merecen".

"Si Rouhani desea cambiar la relación de Irán con el resto del mundo, esas son las cosas que podría hacer", afirmó a modo de ultimátum el jefe de la diplomacia estadounidense, a lo que su contraparte saudita añadió que "el juicio sobre Irán es por sus acciones y no por lo que dice".

Al-Jubeir culpó abiertamente a la república islámica de "plantar células terroristas en el reino, proveer armas y medios de destrucción a milicias como Hizbulah y los houthis yemenitas, e interferir en los asuntos de países árabes como Iraq, Siria, El Líbano y Yemen".

Incluso, vinculó al estado persa con un supuesto apoyo a Al-Qaeda y al Talibán, y le acusó de ejecutar muchas operaciones terroristas en Bahrein, alegaciones todas que han sido refutadas por el gobierno iraní.

Así, en plena euforia por la firma ayer de la denominada Declaración Conjunta de Visión Estratégica, muchos de los acuerdos y memorandos de oportunidades de inversiones tienen tras de sí -abierta o solapadamente- el fin de contrarrestar a Irán en materia económica, militar y diplomática.

El rey y Trump suscribieron acuerdos por más de 280 mil millones de dólares, con especial énfasis para los 110 mil millones en pactos para venta de armas y equipamiento militar al reino a fin de "respaldar sus necesidades defensivas" frente a la presunta amenaza persa.

Con esa suma, los ministerios de Defensa saudita y norteamericano prevén modernizar y reformar las capacidades defensivas del país árabe, lo cual se traduce en más aliento a las acciones bélicas contra los rebeldes houthis de Yemen, a pesar de dos años de guerra devastadora y letal.

Riad y Washington rubricaron igualmente un acuerdo de asociación para fabricar aquí helicópteros Black Hawk, otros cuatro en el campo de las industrias militares con las corporaciones estadounidenses Lockheed Martin, Raytheon, General Dynamics y Boeing.

Los dos países sellaron un memorando de entendimiento sobre tecnología y acuerdos para la generación eléctrica, la manufactura de productos de alto valor, tecnología e infraestructura, el establecimiento de una planta de etileno en Norteamérica, y otros de servicios de petróleo y gas con Aramco.

Igualmente, se anunciaron convenios sobre minería y desarrollo de capacidades humanas, inversión en salud para construir y operar varios hospitales, transporte aéreo para compra de aviones, inversión inmobiliaria, y digitalización y edificación de un centro de almacenamiento de información.

En ese contexto, el rey aseguró a Trump que su visita fortaleció la "cooperación estratégica", mientras el príncipe heredero Mohammed bin Nayef alabó la "cooperación constructiva" en la lucha antiterrorista, y el canciller habló del "inicio para construir una nueva era en las relaciones".

De acuerdo con Al-Jubeir, ese nuevo comienzo también sería provechoso para los nexos de Washington con el mundo árabe e islámico, algo que urge a Trump para difuminar animadversiones y desconfianzas que suscitó con medidas ejecutivas percibidas como hostiles por países de mayoría musulmana.

Los acuerdos bilaterales suscritos por el presidente y el rey se tornarán en una "fuerte asociación estratégica" para combatir el extremismo y el terrorismo, incrementar las capacidades militares y la cooperación defensiva común, además de incidir en áreas clave como comercio, inversión y educación.

Pero los escépticos se limitan a desempolvar aciagos recuerdos y hacer paralelismos con acciones que sólo cambiaron de escenario: el discurso "A new beginning" pronunciado por Barack Obama en la Universidad de El Cairo, el 4 de junio del 2009, apenas cuatro meses después de residir en la Casa Blanca.

  • Periodista de la agencia

La historia se repite: ¿invadirá EEUU a Venezuela?

ALAI 4 de mayo del 2017 ECUADOR


Marco A. Gandásegui (hijo)*

La historia de la América Nuestra está marcada por la creciente influencia de las grandes corporaciones europeas y de EEUU.

A fines del siglo XIX, intereses imperiales exploraban a México y a Chile por su riqueza mineral, a Cuba por su azúcar, a Centroamérica por sus frutas tropicales y a Panamá por su paso expedito entre los océanos. En México mantuvo la dictadura de Porfirio Díaz por 35 años y en Chile llevó al suicidio al presidente Balmaceda.

A principios del siglo XX se sumó Venezuela por su petróleo, Perú y Bolivia por sus enormes yacimientos mineros. A mediados del siglo XX fueron derrocados los gobiernos de Juan Perón en Argentina y Getulio Vargas en Brasil. Encabezaban gobiernos con proyectos de desarrollo nacional. Los enormes excedentes generados por sus exportaciones eran invertidos en la creación de empleos y en una industria nacional.

Igual suerte tuvieron otros gobiernos como Arbenz en Guatemala, Gallegos en Venezuela y Bosch en República Dominicana. La United, la Standard y la American se levantaban como fuerzas económicas que socavaban todo intento por construir un país con proyecto de desarrollo nacional.

La reacción de las clases dominantes, con sus aliados trasnacionales, fue exitosa país tras país. La única excepción fue Cuba donde, bajo el liderazgo de una organización popular, logró proclamar una Revolución socialista.

El ejemplo cubano inspiró la juventud de todo el continente que se levantó en armas para retar el poderío de las grandes corporaciones. La experiencia sandinista en Nicaragua y, en parte, el FMLN en El Salvador, crearon nuevas expectativas. Simultáneamente, líderes de la talla de Omar Torrijos (1981), Roldós (1980) y Salvador Allende (1973) pagaron con sus vidas el atrevimiento de enfrentarse a las trasnacionales. Torrijos recuperó la soberanía sobre el Canal de Panamá, Roldós negoció la autonomía de la economía ecuatoriana y Allende nacionalizó el cobre chileno.

La acumulación de fuerzas populares que caracterizó el siglo XX floreció con expresiones políticas originales a principios del presente siglo. Donde el sistema de partidos políticos de los regímenes tradicionales había colapsado surgieron nuevas organizaciones desde las bases: Venezuela, Ecuador y Bolivia. Donde los partidos lograron sobrevivir fuertes crisis, surgieron alternativas populares renovadoras y progresistas: Brasil, Argentina, Paraguay y Honduras. En estos últimos, las grandes corporaciones conspiraron con éxito para derrocar o derrotar a los gobiernos progresistas.

En Brasil, los exportadores de soja llegaron a la Presidencia. Los tres gobiernos de Caracas, Quito y La Paz, respectivamente, han sobrevivido todo tipo de ataques desde atentados personales, guerras económicas e, incluso, la movilización de la OEA (como en la década del 1960).

Siguiendo las mismas tácticas conocidas, las corporaciones norteamericanas y sus aliadas europeas han movilizado todas sus fuerzas para acabar con el gobierno bolivariano de Venezuela. El régimen de Washington asumió el liderazgo del movimiento contra Caracas decretando a la revolución chavista “enemiga peligrosa de EEUU”.

Los yacimientos petroleros de Venezuela contienen las reservas más grandes del mundo. Después de décadas de juicios, la Exxon Mobil (heredera de la Standard Oil de Nueva Jersey), fue derrotada por el gobierno de Venezuela. La Exxon Mobil aspiraba a recibir 12,5 mil millones de dólares por la nacionalización de sus intereses en el país suramericano. Solo recibirá 900 millones. La petrolera más grande del mundo tenía en el 2016 un precio de mercado de 400 mil millones de dólares.

Los ataques de Exxon Mobil se realizaron cuando Rex Tillerson era presidente (CEO) de la empresa. Desde enero del 2017, Tillerson es secretario de Estado de EEUU. Según Carlos Lippe, existe “una enorme probabilidad de que Venezuela sea intervenido militarmente por el imperio durante la presente administración”. Lippo agrega que “conociendo las prácticas mafiosas de la Exxon Mobil, nada tendría de raro que dicha corporación hubiese contribuido a la campaña presidencial de Donald Trump, así como en el 2000 con la de George W. Bush”. Es probable que presione “al presidente Trump para que invada a Venezuela, como hizo en el 2003 para que EEUU invadiera a Irak”.

Lippo concluye que “cómo podemos ver solo es cuestión de tiempo que el Departamento de Estado y la ExxonMobil, que por obra y gracia de Trump y de Tillerson han pasado a ser casi la misma cosa, se pongan de acuerdo sobre el cuándo y sobre el cómo”.

Washington pareciera que no ha cambiado. Sigue con la política del ‘gran garrote’, inaugurado a mediados del siglo XIX.


  • Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del (Cela)

La OEA: un cadáver viviente

REBELIÓN 3 de mayo del 2017 ESPAÑA

La democracia y la paz en América Latina están amenazadas por el organismo regional

Lejos de reflejar fortaleza, las acciones del secretario general de la OEA, Luis Almagro, expresan la debilidad del organismo regional y la crisis de hegemonía de Estados Unidos. Las acciones torpes, sin un mínimo apego a las formas, solo abren el riesgo para la democracia, la paz y el multilateralismo

Hugo Moldiz Mercado

La paz y la democracia están amenazadas en América Latina. De eso no cabe la menor duda. El riesgo real de que la región se convierta en una zona políticamente inestable y socialmente convulsiva no procede de grupos subversivos como los llamaría el establishment estadounidense, sino de las acciones adoptadas -sin el menor apego a los fines formalmente establecidos ni a su larga institucionalidad construida, pero si congruente con su larga historia-, por la Organización de Estados Americanos (OEA) y su actual secretario general, Luis Almagro.

La decisión de la República Bolivariana de Venezuela de salirse de la OEA no es la confirmación de la “tendencia autoritaria” del gobierno de ese país, al que se lo acusa de haber violado hasta su propia Constitución, sino más bien es una demostración de lo mal que está el organismo regional constituido en la pos guerra, en el 1948, como una expresión muy clara de la hegemonía conquistada por el imperialismo estadounidense. La OEA se está inhabilitando –aún dentro de sus estrechos márgenes históricamente formulados- como espacio de concertación y de resolución de conflictos. Y quizá sea esto último –la hegemonía- lo que nuevamente está en juego en la región, donde desde el 1998 se ha agudizado la contradicción entre emancipación y dominación.

La naturaleza de la OEA se ha puesto en evidencia en varios momentos de la historia del continente: ser un instrumento de los intereses imperiales en la región o, como dijo en canciller cubano Raúl Roa, un Ministerio de Colonias de los Estados Unidos. Pero, los niveles a los que ha llegado estos dos últimos años, en pleno siglo XXI, es algo que no se le habría ocurrido ni al mejor de los futurólogos o al más grande de los pesimistas.

Y si bien los individuos no cambian, por sí mismos, el carácter de las instituciones, sí pueden desnudar, ocultar o matizar su naturaleza. Y esto es lo que hace su actual Secretario General, quien desvela con claridad las razones geopolíticas y políticas que tiene la burguesía imperial y la derecha continental para destruir la revolución venezolana y cualquier intento de proyecto reformista o emancipador en América Latina. El matiz que le agrega a la línea formulada en Washington, es la obsesión personal –que tampoco puede descuidarse al momento del análisis político- que el uruguayo tiene acumulado contra el presidente Nicolás Maduro y la Revolución Bolivariana, a pesar de que de Venezuela se sirvió para llegar al organismo regional. De manera ya grosera, Almagro no desaprovecha ningún hecho político ni renuncia a ningún espacio para lograr respaldo a su propuesta de activar la Carta Democrática Interamericana, que en lenguaje común es un llamado a que Estados Unidos intervenga en la nación sudamericana.

Almagro quiere que el debate se focalice en torno a Venezuela, cuando en realidad la situación es mucho más compleja y peligrosa para la región. La “toma de partido” del uruguayo –un otrora izquierdista al que se le atribuye como sus mayores debilidades la búsqueda permanente del poder y la fama, además de su tendencia por el alcohol-, no da lugar a las dudas cuando se trata de hechos objetivamente verificables.

La OEA bajo su mando hizo todo lo que está a su alcance, a pesar de las resistencias de varios países (Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, El Salvador y otros), por bajar de intensidad informativa y política a la denuncia de “golpe congresional” contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en el 2016. Almagro tampoco impulsó ninguna comisión ni pronuncio ningún criterio luego que la realidad comprobara que detrás del golpe en Brasil estaba una verdadera red de corrupción del ahora presidente Temer. Pero si de inacción se habla, es el silencio cómplice del Secretario General de la OEA sobre la situación de la democracia en El Salvador, donde sí hay más de una decena de sentencias que confirman el papel golpista de la Sala Constitucional contra el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén.

Por eso, Venezuela no puede quedar aislada. Eso es lo que busca el Secretario General de la OEA. La reacción de los países contra ese plan no solo debe estar motivada por la solidaridad con un país que ha contribuido mucho al renacimiento del espíritu latinoamericanista, cuya única expresión hasta antes del triunfo de Chávez a fines del siglo XX solo se mantenía viva a nivel de Estados a través de Cuba, una revolución que resiste heroicamente desde hace 57 años un criminal bloqueo estadounidense, a pesar que durante veinticuatro veces consecutivas la Asamblea General de la ONU ha aprobado resoluciones que piden el fin del denominado embargo comercial y financiero.

Los países de América Latina deben reaccionar antes que sea tarde. Lo que está en peligro no es solamente los gobiernos progresistas y revolucionarios (pues no es serio hablar de fin del ciclo progresista, como no fue serio hablar del fin de la historia o de las ideologías tras el colapso de la URSS y el campo socialista). Lo que se está poniendo en peligro es la democracia –con sus diferentes tonos- y a la propia América Latina como zona de paz.

Lejos de expresar fortaleza, lo que hace Almagro con sus torpes y obsesivas acciones es poner en evidencia la crisis de hegemonía de los Estados Unidos y el agotamiento del Sistema Interamericano de la Organización de Estados Americanos (OEA). Desde su fundación en el 1948, al influjo de la “Doctrina Monroe” (América para los Americanos), la OEA nunca ha dejado de ser el instrumento por el cual Estados Unidos ha pretendido “camuflar” sus poderosos intereses en la región: en la década de los 60 a través de la Alianza para el Progreso y la expulsión de Cuba por razones ideológicas, en los 80 con el consenso de Washington y en los 90 con el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (Alca) y los Tratados de Libre Comercio (TLC). Un mecanismo creado para darle oxígeno a la deteriorada hegemonía de los Estados Unidos en la región ha sido “la Cumbre de las Américas” impulsada por Clinton en el 1994 en Miami.

Si bien quedan en el recuerdo el silencio cómplice de la OEA ante las invasiones militares estadounidenses a Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989) y Haití (1994), hay otros hechos que confirman el agotamiento de la OEA y del Sistema Interamericano: la violación de territorio ecuatoriano por las fuerzas armadas de Colombia con el objetivo, logrado, de asesinar al jefe rebelde de las FARC en marzo del 2008; los golpes de Estado contra el presidente Manuel Zelaya de Honduras en junio del 2009 y contra Fernando Lugo del Paraguay en el 2012; los fracasados golpes de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela (2002), Evo Morales de Bolivia en el 2009 y Rafael Correa de Ecuador del 2010. A esta larga lista se pueden sumar más hechos, como la inutilidad que tuvo ese organismo regional y su mecanismo el TIAR para defender a la Argentina en la guerra de las Malvinas en el 1982.

Los seres humanos tendremos que abandonar la Tierra en 100 años si queremos sobrevivir

BBC MUNDO 3 de mayo del 2017 INGLATERRA

Stephen Hawking ha lanzado una seria advertencia: la Humanidad debería estar pensando muy en serio un plan de escape para huir de los problemas que se nos vienen encima.

El físico teórico, considerado como una de las voces más importantes de la ciencia, advierte que el futuro de los seres humanos está en el espacio, y que debemos pensar en colonizar otro planeta si queremos sobrevivir.

Para él, el gran enemigo que nos expulsará del planeta no solo es el Cambio Climático, sino la inteligencia artificial (IA), a la que define como “la mejor o la peor cosa que alguna vez le habría pasado a la Humanidad”.

Sobre lo positivo de esta creación que está revolucionando el mundo, el físico asegura que puede ayudarnos a hacer frente a enfermedades y a la pobreza, como también puede servirnos para deshacer algunos daños causados a la naturaleza por la industrialización.

Pero advierte que nos debe preocupar “que las compañías con fuertes IA y grandes volúmenes de información, implementen sus habilidades y recursos de una manera malvada. Así como qué tipo de educación podremos ofrecer cuando la IA desplace al humano en una gran cantidad de trabajos que realiza el hombre en la actualidad”.

Para el científico inglés, la inteligencia artificial podría provocar nuestra desaparición si las máquinas se levantaran y nos alcanzaran en la carrera evolutiva. Así lo asegura en la serie de documentales Expedición Tierra Nueva, que la cadena de televisión BBC va a empezar a emitir, según informa The Sun.

Stephen Hawking ya expresó estos miedos en la tercera edición del Festival Starmus que se celebró en Tenerife el pasado mes de septiembre, y que contó con su presencia. En aquel encuentro aseguró que “no podremos sobrevivir sin abandonar nuestro frágil planeta” y señaló que el Cambio Climático era el gran enemigo de la Humanidad.