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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-05-26

Venezuela: una mirada a la agresión

PL 23 de mayo del 2017 CUBA

Luis Beatón*

Por muchas razones Venezuela es hoy el centro de la mirada de analistas, pitonisos y del más variado "gallo pinto" de opinantes y escribidores que se ufanan en hablar de lo que ocurre en este país, unos tarifados desde el norte y a cientos de kilómetros de aquí, y otros viviendo la realidad diaria de un país en convulsión.

En un escenario donde grupos opositores de extrema derecha insisten en alcanzar con un componente de violencia lo que se les aleja cada vez más en las urnas, algo resalta y pocos analistas abordan el tema, el desabastecimiento, sus causas y sus promotores.

El desabastecimiento aumentó en los últimos años. Varias son las presuntas razones para que este fenómeno, impuesto según la mayoría, sea hoy un motivo de disgusto y malestar entre la población, por mucho tiempo acostumbrada a vivir de la renta petrolera.

Los factores determinantes del desabastecimiento que se produjo en Venezuela en los últimos años son: aumento del consumo, déficit de producción, contrabando de extracción hacia Colombia y otros países vecinos, falta de divisas para importar alimentos y medicinas, y acaparamiento en la distribución y el comercio.

Así ve las cosas el laureado periodista venezolano y director del diario Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, a quien, por cierto, sus colegas cubanos le confirieron recientemente la Distinción Félix Elmuza, por su dedicación de toda la vida a divulgar la verdad de los pueblos de América.

"Estarán de acuerdo conmigo en que cada uno de ellos influye en la escasez y, naturalmente, en las colas que se han estado formando desde hace al menos dos años y que aún subsisten, aunque tales factores ni están colocados en orden de importancia, ni señalo magnitudes ni porcentajes de incidencia de cada uno de esos factores", señala Díaz Rangel.

Asimismo, plantea, "debo añadir un nuevo elemento, éste de carácter político, como está siendo el saboteo de grupos opositores para impedir que lleguen oportunamente productos alimenticios, particularmente agropecuarios, a Caracas y otras ciudades".

En Mérida, por ejemplo, se denunció que de nueve mil toneladas que deben nutrir a la ciudad solo estaba llegando el 10%, y, supongo, que habrán visto los videos de los Altos Mirandinos, donde durante días se impidió la entrada de alimentos y, prácticamente, han mantenido cercados a sus habitantes, precisa. Agrega el directivo: "tanto en cadenas de abastos como en los numerosos camiones que llegan de Los Andes con productos del campo y que venden a precios más bajos, se ha disminuido considerablemente porque han sido atacados muchos de esos camiones y otros han sido amenazados".

Naturalmente, estas acciones opositoras, que el mismo Ministro de la Defensa denunció hace poco, son parte de una estrategia de la oposición. Es una nueva expresión de la guerra no convencional que, según Vladimir Padrino López, "no tiene que mover tropas, ni tanques, ni aparataje militar... porque a través de otras vías pueden hacerse con la victoria".

La creación del malestar entre los pobladores es parte de la estrategia de esos llamados golpes de estado "blandos" que reiteradamente se ensayan en el mundo, más últimamente en América Latina, donde ya los sicarios y fascistas entrenados en escuelas de guerra estadounidense parecen algo prehistórico.

Hasta cierto punto los enemigos de la Revolución Bolivariana logran progresos, pues mercados y ventas callejeras padecen del desabastecimiento de productos, algo a veces crónico, y sobre todo causante del malestar "en el bolsillo".

Ciertamente, amas de casas, padres y madres de familias se quejan por la espiral ascendente de los precios, fluctuaciones que golpean la mesa de los venezolanos, desde las harinas (maíz o trigo), aceite, vegetales, caraotas (frijoles) hasta cárnicos, pescados y lácteos.

Hay malestar, y en esa vertiente trabajan los enemigos del proceso transformador iniciado por el Comandante Hugo Chávez años atrás.

Este malestar en sectores de la población venezolana lleva ahora y desde hace meses a algunos a hablar de una "crisis humanitaria", concepto idóneo para propiciar una intervención en el orden mundial actual.

Esto se convirtió en el mensaje recurrente y la práctica frecuente de gobiernos latinoamericanos que se pasan la "estafeta" unos a otros para agredir al pueblo venezolano y sus autoridades en busca del favor de las migajas que les tira el gobierno estadounidense.

Desde México con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de las Américas a los "limones" que buscaba vender Argentina en Washington, hasta los perritos falderos con los que bautizó el presidente de Perú a los países de la región, está empedrado el camino de las malas intenciones contra Venezuela.

No son pocos los que integran las voces de agresión contra el pueblo bolivariano y no menos los que sugieren la organización de una fuerza multinacional para la creación de un canal de ayuda humanitaria a través de la frontera colombo-venezolana, iniciativa con nefastos resultados en países como Libia y Siria, por ejemplo.

En esta guerra para desabastecer a Venezuela, un destacado papel juega su vecina Colombia, por cuya frontera escapa una gran parte de los alimentos, medicinas, petróleo y cuantas cosas se puedan imaginar y que "ponen mala" la situación en este lado de la frontera.

Ahora el presidente José Manuel Santos se reunió con Donald Trump en Estados Unidos luego del supuesto encuentro en un exclusivo club de Miami-Florida, el pasado mes de abril, entre el presidente Trump y los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, quienes suman haber aplicado el Plan Colombia en su máxima expresión.

Hay que esperar que pase el tiempo para determinar los compromisos de Bogotá con Washington y viceversa, para buscar una" solución a los problemas venezolanos", no los que busca el pueblo, sino los que desean los que quieren controlar el poder en esta nación suramericana tan inmensamente rica que da miedo lo apetente que es para las grandes potencias.

  • Corresponsal jefe de Prensa Latina en Venezuela

La cuestión es impedir que el fascismo se adueñe de Venezuela

RESUMEN LATINOAMERICANO 22 de mayo del 2017 ARGENTINA

La izquierda mundial en todos sus matices no le puede fallar al pueblo bolivariano y a sus ansias de paz

Carlos Aznárez*

El plan imperial de azuzar a los sectores más fascistas de la oposición venezolana para convertir las calles de Caracas y otros puntos del país en lo que fueron los inicios de la gran invasión terrorista en Siria, sigue funcionando a todo vapor.

Día a día, a todas las iniciativas de guerra descargadas sobre Venezuela Bolivariana (la económica y la mediática como señal más distintiva de la embestida derechista) se suma una violencia ciega, desalmada, repulsiva, que parece ser la matriz que amenaza imponerse entre esa mezcla de hordas juveniles de lúmpenes en que se han convertido Voluntad Popular y otros grupos acicateados por Leopoldo López y Capriles Radonski.

La tremenda escena de un joven manifestante quemado vivo, acuchillado, golpeado con saña. Incluso cuando después que el fuego arrasara sus ropas y su cuerpo fuera destruido casi en un 80 por ciento, no faltaron energúmenos que lo seguían azotando impidiéndole llegar hasta un sitio donde pudiera ser auxiliado. Esto no es oposición y mucho menos pacífica como siguen sosteniendo el secretario de la OEA, Luis Almagro y buena parte de los presidentes obsecuentes de Washington, con Mauricio Macri, Horacio Cartes y Pedro Pablo Kuscinsky a la cabeza (Temer está ahora más preocupado en no ir preso por corrupto) sino que esto es lisa y llanamente la cara más brutal de lo que siempre auspicia el imperialismo en cada uno de los territorios que intenta destruir para luego adueñarse de ellos.

El Medio Oriente es la mejor matriz para darnos cuenta de ellos. Practican fascismo puro, de un estilo muy parecido al que el ISIS ha venido desarrollando en Iraq, Libia y Siria, donde a una atrocidad se le impone otra.

Es probable que esta escalada violentista continúe, ya que la permanente entrada de paramilitares colombianos no se detiene y tanto el presidente Juan Manuel Santos como Alvaro Uribe Vélez están unidos en la cruzada anti chavista. No es casualidad la involución producida con el aval del gobierno y la justicia colombiana del proceso de paz, tampoco asombran los consejos dados a Santos por senadores republicanos y por el propio Donald Trump para que desde Bogotá se generen las condiciones para una eventual ofensiva final contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Todo coincide en generar un clima donde no se tengan en cuenta ninguna de las propuestas de diálogo realizadas por Maduro, incluida la de la Asamblea Constituyente, que tanto reclamaba en su momento el arco opositor. Lo que se busca, igual que en Siria contra Bachar Al-Assad, es el derrocamiento, la humillación, y la posterior destrucción de todos los avances logradas durante estos 18 años de chavismo.

Frente a esta situación compleja, resulta asombroso y meritorio comprobar como a pesar de todo, el gobierno sigue ejerciendo su poder para mantener las conquistas sociales, sacando adelante las Misiones en sus más variados aspectos, desde la Salud hasta las de Educación, terminado de construir un millón .600 mil viviendas y entregándoselas a quienes más las necesitan. Por su parte, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) siguen generando la posibilidad de que los sectores más humildes accedan a productos alimenticios o medicamentos que les niega la especulación criminal.

Toda esta gobernabilidad social y de características revolucionarias, atendiendo a como están las cosas en otros países ganados por el neoliberalismo, son la razón fundamental del continuo apoyo que el chavismo de abajo le sigue otorgando a Maduro. El otro elemento que la oposición no ha podido quebrar es la lealtad de las Fuerzas Armadas, y la conjunción de ambos bloques solidifican el búnker donde hasta ahora se han estrellado todos los intentos golpistas.

Es importante que quienes gobiernan no pierdan esto de vista, ya que es precisamente desde los barrios y enclaves militantes del chavismo que se exige que la actual situación se enfrente con más radicalidad, no cediendo un ápice a las provocaciones derechistas pero tampoco a los cantos de sirena social demócratas que apuestan a un chavismo contrario a los que siempre impulsó su gestor, el Comandante Hugo Chávez.

Tampoco hay que descartar que en algún momento de esta ofensiva reaccionaria, quienes dirigen el plan operacional contrainsurgente no se conformen con las algaradas de la violencia fascista y decidan pasar a una etapa superior, invadiendo el país desde Colombia u otras plataformas similares. Y que lo hagan, tercerizando la intervención directa, como hizo la OTAN en Medio Oriente a partir de equipar y llenar de dólares las mochilas de los terroristas.

Para ello, en la versión caribeña de este plan injerencista, intentarían apelar al concurso de los paramilitares buscando la luz verde del gobierno santista y el uribismo. Es para esa etapa, que más allá de la respuesta que le ofrezcan pueblo y ejército chavista, se hará imprescindible la solidaridad internacionalista en todas sus variantes.

Ante esta posibilidad, quienes se reivindiquen bolivarianos, chavistas y antiimperialistas en todo el continente deberían estar preparados para estar a la altura de las circunstancias de lo que Venezuela precise. Sobre todo, sabiendo lo que ha sido y son a nivel cooperación desinteresada el pueblo y el gobierno venezolano, partiendo de las veces que la Revolución Bolivariana ha acudido en apoyo a otros pueblos que sufrían necesidades o eran chantajeados por no someterse al Imperio.

Es por ello, que analizando autocríticamente lo hecho hasta el presente, se debe fijar -como ya lo han hecho los Movimientos hacia el ALBA- la prioridad del accionar en sostener el proceso encabezado por Maduro, a la vez multiplicar la presencia en las calles cada vez que se convoque a apoyar a Venezuela y repudiar a los fascistas que la atacan. Es indispensable también denunciar lo que allí ocurre, desmentir con información veraz lo que los medios hegemónicos de cada uno de los países se encargan de tergiversar, y por último estar en permanente alerta para evitar que esa guerra imperialista confunda y aliene a quienes se dicen de “izquierda” y terminan derrapando por derecha a la hora de hablar de Venezuela.

Nadie, absolutamente nadie que se reclame del campo popular puede ignorar que si cayera el gobierno chavista la oleada de terror y revanchismo no solo golpearía al pueblo venezolano sino que se podría extender a todos los países donde el Imperio tiene discípulos y teje complicidades con EE.UU.

La suerte de la Patria Grande se juega en esta pulseada entre quienes apuestan a la defensa de la democracia participativa revolucionaria y aquellos que mediante el terror tratan de implantar el fascismo y entregarle el país a las corporaciones trasnacionales.

La izquierda mundial en todos sus matices no le puede fallar al pueblo bolivariano y a sus ansias de paz.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Director de la plataforma comunicacional Resumen Latinoamericano (Argentina)

Oscar López Rivera: nada le ha cansado, doblegado y rendido

REBELIÓN 24 de mayo del 2017 ESPAÑA

Wilkie Delgado Correa*

“Después de escalar una montaña muy alta descubrimos que hay otras montañas por escalar” Nelson Mandela

Hace aproximadamente tres años y medio, en diciembre de 2013, en el artículo titulado ¡Honor y gloria para Nelson Mandela y libertad para los otros Mandelas presos todavía!, señalaba que “… si se llegase a la conclusión de que todo el mundo requiere una “segunda oportunidad”, frase empleada por Obama en cierta ocasión, debe recordárseles a todos, en ocasión del 65 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que el país que pretende erigirse en gendarme guardián de estos derechos, al estilo pretoriano del apartheid, tiene en sus cárceles a luchadores del calibre y temple de Mandela. Y por eso mismo se impone exigir una mirada que ponga al descubierto a esos otros Mandelas que todavía guardan una prisión injusta y bárbara en los EE.UU. y otros países del mundo.

Para este ejercicio, inspirado en la más pura sensibilidad humana y guiado por una conciencia del bien y la virtud, se requiere un acercamiento a las ideas de Madiba. A este respecto bastaría ésta: “Después de escalar una montaña muy alta descubrimos que hay otras montañas por escalar.”

“Empezando por un ciudadano de casa, ahí está el caso de Leonard Peltier, que es prisionero político del gobierno estadounidense y que en febrero del 2014 habrá cumplido 38 años en prisión. Fue condenado a dos sentencias de por vida, por el doble crimen de ser indio norteamericano y ser defensor de los derechos de su pueblo. Y con seguridad está perseguido por el pensamiento racista del general Philip Sheridan resumida en la sentencia que pronunciara hace más de 100 años: "el único indio bueno es el indio muerto."

“Ahí está también el puertorriqueño Oscar López Rivera, con 70 años de edad, y el prisionero más antiguo de América Latina y el Caribe, que tiene ya 32 años cumplidos, y que fuera condenado por su participación en la lucha independentista de Puerto Rico a 70 años de prisión en dos causas sucesivas. A mayor abundamiento, ya pudiera estar en libertad, pues Clinton decretó su clemencia limitada en 1999, si Oscar no hubiera rehusado tal clemencia por solidaridad con otros dos compañeros prisioneros, que no fueron incluidos en el indulto. Debo apuntar que también Mandela hubo de rehusar su libertad condicionada por el régimen sudafricano, y por ello debió continuar en la cárcel hasta su liberación definitiva.”

“Y ¿acaso no es cubano por esencia Oscar López, si el ideal independentista del Partido de José Martí incluía a Cuba y Puerto Rico como parte de la lucha, si ambas corrieron suertes parecidas, aunque a Puerto Rico le tocó la peor, a consecuencia de la intervención oportunista de los Estados Unidos en la guerra que libraba Cuba contra España? Como expresara en los inicios de 1900, la poeta puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, “Cuba y Puerto Rico son / de un pájaro las dos alas / reciben flores o balas / sobre el mismo corazón…”

En dicho artículo nos referíamos también al caso de los 5 Héroes cubanos que cumplían entonces prisión en los Estados Unidos.

Añadíamos una serie de interrogantes muy precisas: “En este momento histórico en que las campanas doblan por la humanidad doliente y en honor a Nelson Mandela, ¿es aceptable para la conciencia humana esta realidad atroz de seres humanos excepcionales confinados en ergástulas infernales? ¿No podrá la injusticia más despiadada, ser vencida por una justicia generosa y racional? ¿Permanecerá el presidente Obama como un témpano de hielo sin ejercer el perdón presidencial o indulto, que sería justicia en estos casos? ¿Se escuchará al fin en la Casa Blanca el clamor universal por la liberación inmediata de todos estos hombres? Cuándo el presidente Obama diga sus palabras ante los restos de Mandela en capilla ardiente, ¿tendrá en mente la historia de ese Héroe acosado por calumnias y mentiras, por esas persecución, detención y condena brutales? ¿Tendrá en mente los reclamos que le han hecho para que libere a los otros Mandelas cuyas historias él conoce?”

“ De todas formas, los héroes verdaderos llevan en sí la fuerza colosal que requiere la humanidad, cansada de derrotas, para asumir como paradigmas sus proezas y virtudes a la hora de librar sus batallas, de proseguir la marcha indetenible en busca de las verdades que le permitan alcanzar la luz y la felicidad.”

“La suerte y el destino de los héroes no pueden ser ignorados, no pueden pasar inadvertidos ante nuestras miradas y conciencias. Sus motivaciones, acciones, ideas y sueños, y también sus sacrificios, deben ser conocidos por todos los que un día tras otro sueñan con la imagen de un mundo más justo y mejor. Los héroes deben acompañar nuestras existencias para sentir muy cerca sus influencias bienhechoras e imprescindibles. El aliento de ellos nos debe incitar a ascender los peldaños superiores de la escala humana y desafiar, como Sísifos de estos tiempos, cuantas condenas pretendan aherrojar y estigmatizar nuestras vidas.”

“Tomando como referencia las ideas de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, trataremos de reivindicar con sus palabras a esos hombres gigantes, afirmando que en ellos van miles de hombres, van pueblos enteros, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados. Porque esos son héroes: los que pelean por hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Esos hombres generosos están en el bando de los que fundan, construyen y aman. En el bando contrario y enemigo, están los que odian y destruyen. Ellos son los que pelean por ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarles a otros pueblos sus tierras. Estos no son héroes, sino criminales.”

Concluíamos de la siguiente forma: “Uno puede preguntarse y preguntar qué hacen esos hombres extraordinarios cumpliendo esas sanciones bárbaras en los Estados Unidos, por qué no se les ha indultado a pesar del reclamo mundial en este sentido y por qué aún permanecen en las prisiones federales, después de tantos años en ellas.”

Finalmente se produjo la liberación de los 3 Héroes cubanos que permanecerían en las cárceles, y más recientemente se produjo el indulto firmado por Obama, al concluir su mandato, en el caso de Oscar López. Hoy Puerto Rico festeja la libertad de un hijo entrañable y Oscar continúa, fiel a sus ideales independentistas, llevando su mensaje al pueblo y al mundo, tratando de concienciarlos de la necesidad de continuar la lucha hasta que se logre la independencia plena de su patria.

Hoy está libre el héroe puertorriqueño. Nada de lo vivido y sufrido, a pesar de las huellas que le han dejado en su cuerpo y su alma, le han cansado, doblegado y rendido. Aún permanecen intactos sus sueños y amores patrios. No pudieron los muchos años de prisión sumirlo en la derrota, y ha emergido triunfante como Sísifo de estos tiempos de nuestra América.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Médico cubano y profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba

Anticuerpos contra el asedio neoliberal

REBELIÓN 24 de mayo del 2017 ESPAÑA

Gabriel Cocimano*

La fábrica de generar pobreza que es el neoliberalismo ha demostrado que puede dejar de lado las formas y arremeter con todo a fondo. En Argentina, en Brasil y en todas partes. Hacer un ejercicio de reflexión no parece solo un imperativo moral, sino también una cuestión de supervivencia.

Días atrás, la Plaza de los Pañuelos fue algo más que un saludable acto de memoria y justicia. El 10 de mayo pasado, las cientos de miles de personas movilizadas en todo el país y el mundo contra el funesto fallo de la Corte Suprema, que había habilitado el 2x1 a genocidas, lograron mucho más que contrarrestar la impunidad en un tema que parecía saldado por la historia: mostraron también que la socialización de un reclamo es el mejor antídoto contra toda pretensión del neoliberalismo, emblema siniestro de la individualización de las sociedades.

Fue a partir de los años setenta y ochenta que la aparición del capitalismo neoliberal generó, según el sociólogo Ulrich Beck, un repliegue institucional en el que lo colectivo fue desplazado por procesos de individualización de la sociedad, los cuales suponen la capacidad –pero también las vulnerabilidades– de cada individuo para enfrentarse a las transformaciones constantes y a la flexibilidad de sus vínculos. Esa individualización tiene que ver con aquellos ajustes subjetivos en los que ya no tienen preeminencia las instituciones ni las clases sociales.

El tercer desembarco neoliberal en la Argentina –de la mano de Cambiemos– tiene muy en claro sus metas: achicar el Estado, endeudarse, beneficiar a los sectores empresarios corporativos y debilitar el salario de los trabajadores, acentuar la primarización de la economía menoscabando la industria, promover la sumisión de las clases trabajadoras asfixiando la protesta social o forzando la capitulación sindical. Y fomentar la amnesia, condenando el pasado y la memoria histórica al olvido.

Cada una de estas medidas tiene correlación con el análisis que planteó Beck: el Estado solo debe ser garante de la seguridad, y por lo tanto ya no tiene que comprometerse a reducir las desigualdades. La protesta y el reclamo social van en contra de ese modelo de desinstitucionalización e individualización, que tiene como objetivo hacer que la vida de las personas sea responsabilidad de cada individuo. En esta dirección va, por ejemplo, el planteo del macrismo de discutir las condiciones laborales –horarios, salarios, derechos sociales– en forma individual: una concepción inspirada en la desarticulación de la acción colectiva cara al neoliberalismo. Por eso este tipo de sociedades solo se organizan montadas en un proyecto político policial y represivo.

Este modelo propone, además, flexibilizar las relaciones identitarias, de tal forma que el individuo evalúe todo ascenso económico como producto de un esfuerzo personal y no social. Ese sujeto prescinde del colectivo, de su representación del Otro social y hasta de las instituciones. Pero ese individuo en constante transformación vive en riesgo e incertidumbre permanente: el Estado ya no lo asiste, y queda librado al arbitrio de una sociedad que no lo contiene.

El neoliberalismo necesita sujetos preparados para lidiar con esa incertidumbre laboral y social, ya que no está en su naturaleza la idea de asistencia ni el concepto de colectivo.

Y si ese riesgo se democratizó, como afirmó Beck, afectando de manera inesperada a personas y grupos que hasta entonces habían mantenido unas estables y seguras condiciones vitales, los efectos han sido y serán mayores para aquellos que partan de condiciones más precarias o frágiles.

Ahogar la protesta social es su imperativo cultural, generar la mansedumbre y la subordinación de los individuos a la incertidumbre y el riesgo. Como afirmó el ministro Esteban Bullrich, “es necesario fomentar sujetos que puedan afrontar aquella incertidumbre disfrutándola”. ¿Cómo acostumbrarse a la incertidumbre de no llegar a fin de mes o de vivir en medio de la precariedad laboral? ¿Cómo sostener el riesgo provocado por la falta de horizontes personales o sociales? ¿Cómo vivir manteniendo unas inestables e inseguras condiciones de vida?

Sin embargo algo ha cambiado en nuestra sociedad, que pretende disputarle al neoliberalismo algo más que su blasón cultural. La ampliación de derechos impulsada por los gobiernos populares de la década anterior, aquí y en Latinoamérica, ha permeado en la ciudadanía, que no parece dispuesta a ceder las conquistas ni a mirar indiferente el deterioro de sus condiciones de vida.

En medio del asedio neoliberal, han surgido algunos anticuerpos: si en otros tiempos fueron toleradas las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, así como también los Indultos a civiles y militares que cometieron crímenes durante la dictadura, el 10 de mayo pasado quedó claro que la sociedad argentina está determinada a condenar el negacionismo y la impunidad, al marchar contra el fallo de la Corte Suprema de Justicia. Y la protesta hizo claudicar las pretensiones de los cortesanos, que debieron retroceder quedando expuestos ante la sociedad.

Negociaciones paritarias, movilizaciones gremiales, reclamos sociales: toda acción colectiva desbarata el propósito neoliberal. Está claro que esas acciones colectivas minan la resistencia de los gobiernos conservadores de derecha. Un grafiti en las calles de la Buenos Aires de los años noventa –cuando aconteció el segundo desembarco del neoliberalismo en la Argentina– expresaba su contundencia: “Venzamos el aislamiento. Ganemos la calle”. Sin dudas hoy existe una conciencia mucho más lúcida respecto de ese enemigo que, más allá de los nombres, parece invisible. Conciencia de, al menos, una gran porción de la ciudadanía que intenta hacer de la historia reciente un ejercicio de memoria.

“El mayor problema que encaran Macri y Temer, y con ellos las élites que los respaldan -afirmó Andrés Mora Ramírez, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica- es la creciente y multitudinaria movilización social en rechazo de sus políticas”.

Algunas estadísticas son elocuentes respecto de la acción nociva del neoliberalismo en nuestro país: en 1974 el desempleo tuvo su mínimo histórico de 2,7% para alcanzar, en 2001, el récord de 21,5%. El nivel de la deuda externa pública en relación al Producto Interno Bruto (PIB) en aquellos años setenta previos a la dictadura estaba en 10%, y fue aumentando desde Martínez de Hoz para ubicarse al final del mandato de De la Rúa en 160%. A su vez, la pobreza representaba en ese tiempo pre-dictadura el 7%, en tanto llegó a superar el 50% veinticinco años después. ¿Qué ocurrió entre los primeros años setenta y la crisis terminal de 2001? Gobernó el neoliberalismo, con su estela de miseria y destrucción, de la mano de Martínez de Hoz durante la dictadura y de Menem en los noventa, con el interregno de Raúl Alfonsín.

El experimento se volvió a repetir una vez más con el triunfo de Cambiemos. Y el gobierno se anima a reincidir con las mismas recetas que llevaron al país a la desolación. Son los arrestos de la vieja oligarquía y los nuevos dueños del país que nunca se resignarán a desatender sus dominios. Lo tienen todo: los medios de producción, el poder simbólico y estratégico y los medios de comunicación.

Si fuesen más inteligentes y menos angurrientos, si tuviesen políticas apenas más equitativas y éticas en la distribución del ingreso, podrían gobernar sin sobresaltos. Sin embargo, se atreven a depredar el país y sus instituciones, con el descaro que se les reconoce: meter jueces por la ventana para proteger sus derechos corporativos, arropar la impunidad del 2x1 y luego desdecirse como si nada, negar la verdad con entusiasmo adolescente, beneficiar a los suyos evidenciando el obsceno conflicto de intereses en las propias narices de los ciudadanos, sumir en la pobreza y el desempleo a millones de argentinos sin que se les mueva un pelo.

No es tiempo de apatía social, como sucedió en los años noventa. Y contra toda pretensión de despolitización de la realidad, debemos esforzarnos por otorgar mayor contenido y compromiso político a cualquier pensamiento o acción: cuestionar el discurso hegemónico, desnudar las estrategias de la prensa oficialista, sostener el reclamo colectivo, todo dentro del marco que nuestra democracia exige. Y, por sobre todas las cosas, decirles NO en octubre.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista y escritor