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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-06-09

La verdad dispersa frente a la mentira organizada en la era de Internet

CUBADEBATE 6 de junio del 2017 CUBA

Rosa Miriam Elizalde*

Palabras de Rosa Miriam Elizalde, Vicepresidenta de la UPEC, en el Foro Internacional sobre periodismo, comunicación y globalización, del XII Congreso de Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), Buenos Aires Argentina, el 26 de mayo del 2017.

Permítanme, compañeros, compartir tres hechos vinculados con el tema de este foro, y una propuesta final para FELAP:

1-Solo Estados Unidos es soberano

¿En la era de Internet, es Estados Unidos el único país soberano?

En el mundo de hoy solo Estados Unidos es soberano. Desde que Internet se convirtió en el sistema nervioso central de la economía, la investigación, la información y la política, las fronteras estadounidenses extendieron sus límites a toda la geografía planetaria, aunque los viejos mapas digan otra cosa.

Su fuerza parece difusa, porque está encubierta con números IP, nombres de dominios, cables transatlánticos, conexiones satelitales y una retórica de la neutralidad que nos vende el sueño de que estamos en la ruta del desarrollo y el progreso. Sin embargo, nunca fue más imperial ese país que cuando se convirtió en el zar del ciberespacio, con total inconciencia de que su modelo de acceso, dependiente de las lógicas del mercado y la depredación ecológica, no solo cava la tumba de nuestros nietos, sino la de los suyos.

Los “señores de las redes” están trayendo una nueva e intensa concentración comunicativa y cultural mucho más global que la de las industrias culturales transnacionales o nacionales. En la actualidad hay pocas instituciones públicas en un nivel nacional o global que puedan enfrentar estas cuestiones. No existe Estado-nación que pueda remodelar esa red por sí solo, aún cuando ejecute normativas locales de protección antimonopólicas e impecables políticas de sostenibilidad en el orden social, ecológico, económico y tecnológico. Todavía menos puede construir una alternativa viable desconectado de llamada “sociedad informacional”, cuya sombra –intangible, pero por eso no menos real-, alcanza incluso a quienes están fuera de la Internet.

La red es el corazón de un sistema supranacional, el ciberespacio, que se ha agregado a la realidad del planeta como una nueva capa a la atmósfera donde, como dijo Fidel Castro en el Congreso de la FELAP celebrado en La Habana en el 1999, lo más globalizado en el mundo de hoy es la desinformación y la mentira.

Según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, América Latina es la región más dependiente de los EEUU en término del tráfico de Internet. Más del 90% de la información electrónica de la región pasa por algún nodo administrado directa o indirectamente por Estados Unidos, fundamentalmente por el llamado “NAP de las Américas”, en Miami, y se calcula que entre un 80 y un 70% de los datos que intercambian internamente los países latinoamericanos, también van a ciudades estadounidenses, donde se ubican 10 de los 13 servidores raíces que conforman el código maestro de la Internet.

¿Se puede hablar de soberanía y sostenibilidad si la mayoría de las comunicaciones en vez de acercar a nuestros países, los alejan? ¿Qué autoridad ostentamos si nuestras comunicaciones pasan por el escrutinio de los puntos de control y espionaje en Estados Unidos, al que como tontos útiles les pagamos por ello un ciberpeaje? ¿Hay independencia cuando las estrategias de un país al final acatan los caprichos de las empresas de Internet, que básicamente venden al mejor postor nuestros contenidos, con un considerable derroche de recursos y energía?

2-Conectividad efectiva

"Hay que rendirse a la evidencia: aquí y ahora vivimos bajo el control de una especie de Imperio de la vigilancia", decía Ignacio Ramonet.

“Hay que rendirse a la evidencia: aquí y ahora vivimos bajo el control de una especie de Imperio de la vigilancia”, decía Ignacio Ramonet.

Ese es una primera mirada del problema. Veamos una segunda: tal escenario está encadenado con un programa más amplio para América Latina de control de los contenidos y de los entornos de participación de la ciudadanía. Un buen tema para el magnífico “Proyecto Censurado”, de la Universidad de Sonoma, con el cual colabora Ernesto Carmona, es cómo ha evolucionado la operación de “conectividad efectiva”, aprobada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en el 2011. Se trata de un plan, declarado en un documento público del Congreso estadounidense, para “expandir” los Nuevos Medios Sociales en el continente enfocados en la promoción de los intereses norteamericanos en la región.

El documento explica cuál es el interés de los Estados Unidos en las llamadas redes sociales del continente:

“Con más del 50% de la población del mundo menor de 30 años de edad, los nuevos medios sociales y las tecnologías asociadas,  que son tan populares dentro de este grupo demográfico, seguirán revolucionando las comunicaciones en el futuro. Estas tecnologías pueden favorecer el cambio político, mejorar la eficiencia del gobierno, y contribuir al crecimiento económico… Los medios sociales y los incentivos tecnológicos en América Latina sobre la base de las realidades políticas, económicas y sociales serán cruciales para el éxito de los esfuerzos gubernamentales de EEUU en la región”.

Este documento resume la visita de una comisión de expertos a varios países de América Latina para conocer in situ las políticas y financiamientos en esta área, además de entrevistas con directivos de las principales empresas de Internet y funcionarios norteamericanos. Concluye con recomendaciones específicas para cada uno de nuestros países, que implican: “aumentar la conectividad y reducir al mínimo los riesgos críticos para EEUU. Para eso, nuestro gobierno debe ser el líder en la inversión de infraestructura.” Y añade: “El número de usuarios de los medios sociales se incrementa exponencialmente y como la novedad se convierte en la norma, las posibilidades de influir en el discurso político y la política en el futuro están ahí”.

¿Qué hay detrás de este modelo de “conectividad efectiva” para América Latina? La visión instrumental del ser humano, susceptible a ser dominado por las tecnologías digitales. El gobierno de Estados Unidos valora la posibilidad de que unas herramientas creen una simulación de base y a partir de ahí se derrumben sistemas políticos que no les resulten convenientes. ¿Qué parte de la operación de “conectividad efectiva” ha operado desde las redes sociales en la situación que vive hoy Venezuela, y antes vimos en Bolivia, Brasil, Ecuador y Argentina?

3-La era del Big Data

Y un tercer elemento. El más reciente estudio sobre Comunicación Estratégica en América Latina, el Latin American Communication Monitor del 2017, que consultó a casi mil profesionales de la región, vaticina que la variable fundamental con la que se gestionarán los procesos comunicativos en nuestro continente, es el Big Data. No hay otro modo de llegar a los grandes públicos dispersos y fragmentados en esta era de la masificación de los medios.

El Big Data –que es aquella capacidad de procesar datos que solo tienen las máquinas- y la Inteligencia Artificial permiten a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones. Solo las grandes empresas están en capacidad de saber más de nosotros que nosotros mismos y lo más preocupante, tal situación revela lo fácil que está siendo convertir a las cacareadas democracias en dictaduras de la información dispuestas a encerrar a cada ciudadano en una burbuja observable, parametrizada y previsible. La política se ha convertido en tecnopolítica. Los partidos políticos son empresas que compiten en un mercado de los votantes y que capitaliza en las urnas, de acuerdo con el poder de procesamiento de la información, como hemos visto en la campaña de Donald Trump.

A partir de algoritmos que han probado que con 100 likes de una persona en Facebook se puede predecir su orientación sexual, sus opiniones religiosas y políticas, su nivel de inteligencia y de felicidad; que con 250 likes, se puede adivinar el resultado de un test de personalidad mejor que como lo haría la pareja del individuo, y que con unos pocos likes adicionales, se puede saber más de una persona que ella misma, la compañía Cambridge Analytica construyó un perfil psicométrico personal para cada adulto de EEUU, a través de bases de datos comerciales y análisis de redes sociales. Su herramienta le permitió a los expertos de la campaña de Donald Trump monitorear los datos de 210 millones de estadounidenses y ajustar los mensajes exactamente a los intereses y gustos particulares de cada individuo, proporcionando así el margen clave para la victoria del republicano.

Desde tiempos inmemoriales, la autoridad política ha estado estructurada de manera que, hacia dentro, unos pocos han gobernado a otros muchos mientras que, hacia fuera, el sistema internacional se ha organizado de forma jerárquica con un pequeño centro de poder y una gran periferia. En los dos casos, la dominación se ha basado en la superior capacidad tecnológica. ¿Por qué iban a ser las cosas diferentes ahora en “el imperio de la vigilancia”, como llama a este estado de cosas Ignacio Ramonet?

Qué hacer

Durante la campaña electoral de Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos, se utilizó el Big Data para impactar con mayor efectividad en los votantes.

He tratado de enfocar mi intervención en temas en los que, desgraciadamente, todavía están lejos de los debates profesionales y de los programas de los movimientos progresistas en América Latina. Sobran los discursos satanizadores o hipnotizados de la Sociedad Informacional, pero faltan programas para intervenir en las políticas públicas y para generar líneas de acción y trabajo definidas que ayuden a construir un modelo verdaderamente soberano de la información y la comunicación en nuestro continente.

Todavía no se ha logrado concretar en la región un canal propio de fibra óptica, que fue un sueño de UNASUR y sigue siendo una asignatura pendiente en América Latina. No tenemos una estrategia sistémica y un marco jurídico homogéneo y fiable que minimice el control norteamericano, asegure que el trafico de la red se intercambie entre países vecinos, fomente el uso de tecnologías que aseguren la confidencialidad de las comunicaciones, preserve los recursos humanos en la región y suprima los obstáculos a la comercialización de instrumentos y servicios digitales avanzados que producimos en nuestro patio.

Debería ser una cuestión clave en los debates políticos y profesionales sobre comunicación, y particularmente, en aquellos donde se discutan la equidad y el desarrollo. Creo que FELAP puede y debe involucrarse en este esfuerzo e impulsar redes de observatorios que, además de ofrecer indicadores básicos y alertas sobre la colonización de nuestro espacio digital, permitan recuperar y socializar las buenas prácticas de uso de estas tecnologías y las acciones de resistencia en la región, a partir de la comprensión de que él éxito o el fracaso frente a estas nuevas desigualdades depende de decisiones políticas.

Como advertía un compañero en el magnífico video de esta mañana, necesitamos reivindicar la lucha individual para mantener un pensamiento crítico, preservar los datos personales y encriptar los mensajes… Y deberíamos también luchar por una Carta universal que dé garantías jurídicas a nuestros derechos en Internet, como reclama Ignacio Ramonet en su libro más reciente.

Ernesto Vera, presidente de honor de la FELAP y de la UPEC, que tan hermoso homenaje ha recibido de este Congreso, nos llamaba a unir la verdad dispersa como oposición a la mentira organizada. Pero no olvidemos que la mentira nunca viaja sola y ahora el control y la manipulación, sus eternos compañeros, tienen un poder inaudito en el universo digital que asusta a quien no lo comprende.

El poder tecnocientífico es una nueva modalidad de poder y no deberíamos entretenernos con las Arcadias ideales. Pero sí podemos pelear, aprender a lidiar con este mundo y resistir. Juntos.

Selección en Internet: Aida Mirabal García

  • Periodista cubana, editora de Cubadebate. Doctora en Ciencias de la Comunicación

Las alternativas para la destitución de Temer

REBELIÓN 30 de mayo del 2017 ESPAÑA

Fernando de la Cuadra*

La situación política en Brasil se ve como una larga agonía de Temer. En efecto, es posible observar que Temer está perdiendo cada vez más el apoyo de sus aliados, tanto a nivel de los partidos que formaban la base de la coalición montada a partir de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff como a nivel de personalidades de la política brasileña como el expresidente Fernando Henrique Cardoso o el presidente del Partido Popular Socialista, Roberto Freire, que al renunciar a su cargo como Ministro de Cultura señaló que el actual presidente ya no tiene condiciones ni políticas ni morales para continuar al mando de los destinos del país.

Es difícil anticipar una fecha exacta, pero todo parece indicar que el actual mandatario no podrá concluir su gobierno.

El problema es que quien lo puede sustituir en la línea de sucesión, el presidente de la Cámara, diputado Rodrigo Maia, también se encuentra involucrado en varios casos de corrupción y está siendo acusado por los procuradores que tienen en sus manos el proceso Lava Jato, aún en plena investigación por parte de la justicia brasileña.

En caso de la destitución de Temer, una probable salida podría ser que asuma interinamente la jueza Carmen Lúcia, quien ocupa en este momento la presidencia del Supremo Tribunal Federal (Corte Suprema).

La mejor alternativa que se plantea y para lo cual se han movilizado vastos sectores de la ciudadanía consiste en la convocatoria a elecciones directas. No existe en la actual coyuntura otra fórmula que le otorgue más legitimidad y sustento ciudadano al futuro mandatario que ser elegido a través del concurso de la soberanía popular.

El escollo de dicha salida consiste en que para llamar a elecciones directas se requiere de un cambio en la Constitución, que de llevarse a efecto, podría demorar varios meses -dependiendo de la correlación de fuerzas que se manifieste en el Congreso- con lo cual prácticamente se sobrepondría al cronograma vigente, que estipula la próxima contienda electoral para octubre del 2018.

Las elecciones indirectas figuran en un itinerario más probable, aunque carecería del apoyo y la aprobación necesarios para que Brasil retorne a la senda de la estabilidad y paz social.

Todos los escenarios son muy complejos y demasiado riesgosos para conseguir darle alguna estabilidad al país. De cualquier manera, la crisis es muy profunda y no se vislumbra ninguna solución a corto plazo.

Actualmente no existe ninguna alternativa viable que consiga darle gobernabilidad a Brasil. Esto favorece a Temer, aunque sea momentáneamente, pues la incerteza sobre los rumbos que podrá tomar la crisis le permiten seguir negociando con los partidos que forman la base de apoyo a su gobierno.

En otras palabras, el miedo a que la crisis se agrave y se pierda el control total sobre el destino del país, hace que aquellos actores políticos y económicos poderosos que perdieron la confianza en el gobierno se den un tiempo para barajar alternativas con la finalidad de tener una sucesión que no sea tan improvisada y caótica que pueda implicar la posibilidad de estimular una ruptura de la vía institucional para la deposición del gobierno.

En todo caso, la salida de Temer no significa el derrumbe del tradicional sistema político brasileño. Al contrario, su destitución representa precisamente la confirmación de la tesis de que el actual mandatario ya no consigue comandar el país para realizar las reformas favorables que vienen impulsando los sectores más tradicionales de la política brasileña.

El debate sobre la reforma del sistema previsional, de las leyes laborales (tercerización y flexibilización), la reforma o eliminación del Sistema Único de Salud (SUS), la privatización de la educación superior, la eliminación o reducción de programas sociales, etc., está siendo contaminado por la crisis del gobierno.

Por lo tanto, para limpiar el camino de tales reformas, los sectores y partidos que representan la cara más tradicional y conservadora de la política de este país buscarán ciertamente la mejor manera de deshacerse del escollo que en la actual coyuntura representa la administración de Michel Temer.

A diferencia de lo que pudiera ser una alternativa más deseable y democrática, todo parece indicar que la salida política a la crisis se va a dar dentro del esquema que proponen los partidos tradicionales.

Es decir, la tendencia es que los cambios que se van a producir en Brasil en el próximo período y hasta las elecciones del 2018, serán efectuados dentro del campo de lo que expresan dichos partidos, a pesar de que existe cada día una mayor movilización popular contra la corrupción y la reforma del sistema político.

Dichas movilizaciones serán reprimidas y la agenda política permanecerá circunscrita al término del mandato de un gobierno de emergencia que permita concluir las reformas en curso y que continúe el cronograma institucional que supone la realización de elecciones el próximo año.

Este período por cierto, va a generar un importante campo de disputas que los grupos progresistas y la izquierda deberán ocupar, si pretenden reconstruir un proyecto diferente para Brasil que supere las penurias y tragedias que ha experimentado este país a lo largo de su historia reciente y que se han agudizado de forma dramática en los últimos dos años.

  • Doctor en Ciencias Sociales y editor del blog Socialismo y Democracia

Trump, el libre comercio y Mercosur-UE

PÁGINA 12 31 de mayo del 2017 ARGENTINA

Carlos Bianco*

El reconocido economista Dani Rodrik ha presentado una nueva caracterización de largo plazo sobre las causas últimas de la emergencia del gobierno “antiglobalizador y populista” de Donald Trump, basada en consideraciones vinculadas a los resultados del libre comercio y la distribución del ingreso.

De acuerdo con su hipótesis, el libre comercio y la globalización siempre generan beneficios económicos (mayores posibilidades de consumo) a los países participantes. No obstante, esta teoría reconoce que al interior de esos países, que en términos agregados se benefician, determinadas personas pueden verse particularmente perjudicadas. Ahí es cuando debe aparecer “la política” (la mano visible del Estado) para recompensar a los perdedores, a partir de la apropiación y transferencia de parte de los beneficios de los ganadores de la globalización. De ese modo, todos ganarían con el libre comercio y se evitaría el descontento popular hacia la globalización y el libre comercio y, por ende, la aparición de gobiernos populistas.

Justamente esto sería lo que habría pasado en los Estados Unidos en los últimos 35 años. La desarticulación de las instituciones del “Estado de bienestar” habría impedido la compensación de los trabajadores en el marco de un escenario general de beneficios económicos vinculados a la globalización. En conclusión, de modo de evitar la profundización del populismo, Estados Unidos estaría requiriendo un “New Deal para la globalización” que reparta entre toda la población los beneficios del libre comercio.

Cuando se observa este mismo fenómeno desde la periferia, la situación difiere profundamente. El análisis de Rodrik quizá aplique para el caso de aquellos países que se aseguran beneficios agregados del libre comercio y la globalización, ¿pero qué hay de aquellos países que, en términos agregados, no obtienen ganancias sino pérdidas de la liberalización comercial? Veamos el caso del tratado de libre comercio que está siendo negociado entre el Mercosur y la Unión Europea.

De acuerdo a un estudio de impacto realizado por la Cancillería argentina, las exportaciones argentinas a la UE se incrementarán en unos mil 400 millones de dólares anuales, incluyendo al principal producto con oportunidades (la carne bovina) con potenciales exportaciones por mil 190 millones de dólares. Sin embargo, como la UE ha retirado de la negociación la posibilidad de liberalizar el comercio de carnes, el incremento real de exportaciones a la UE se limita a unos 210 millones de dólares anuales.

Asimismo, como el acuerdo implica que las empresas europeas accedan al mercado brasileño en las mismas condiciones que las empresas argentinas, nuestras exportaciones a Brasil serán sustituidas por ventas europeas por unos mil 450 millones de dólares anuales. En síntesis, como resultado del acuerdo nuestras exportaciones se reducirían en unos mil 240 millones de dólares. Y si a ello le sumamos las importaciones adicionales que llegarían de la UE por más de 3 mil millones, el resultado es claro y contundente: lejos de generar beneficios agregados a la economía argentina, el acuerdo con la UE dejará un resultado profundamente negativo en términos comerciales.

Ello no quita que con el acuerdo algunos sectores en particular salgan beneficiados, puntualmente aquellos productores de alimentos que logren una efectiva apertura del mercado europeo como resultado de la negociación. Sin embargo, las ganancias de los beneficiados estarían bastante por debajo de las pérdidas de los perjudicados: los sectores productores de manufacturas de origen industrial, en particular las PyMEs y los trabajadores. En esta situación, la tesis de Rodrik cae por su propio peso: lo único que quedará para repartir serán las pérdidas, y nunca los beneficios del libre comercio.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Docente investigador Universidad Nacional de Quilmes y asesor de CTA de los Trabajadores