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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-06-23

Guerra psicológica en Venezuela

REBELIÓN 16 de junio del 2017 ESPAÑA

Marcelo Colussi*

Venezuela está en guerra. Hace largo tiempo que lo está, pero en estos últimos meses todo indica que esa guerra entró en una fase nueva. Para quienes la provocan, pareciera que apuestan a que este sea el momento final de ese enfrentamiento. Es decir: una guerra que tiene que tener un desenlace; y como en toda guerra, uno de los bandos en pugna debe alzarse vencedor, pero para el caso –según lo que se desprende de los actuales acontecimientos– aplastando al derrotado, no negociando sino neutralizándolo totalmente, no dejando espacio para la reacción.

“Donde hay balas sobran las palabras”, pudo leerse alguna vez en una pinta callejera anónima cuando el inicio de una dictadura sangrienta, una más de tantas que poblaron la región latinoamericana. Cuando se pasa de las palabras, los símbolos, la búsqueda de consenso, al hecho concreto (las balas, la violencia descarnada, la intervención armada y sanguinaria), lo único que cuenta es la fuerza bruta. En Venezuela pareciera que se va hacia esto.

Ahora bien: llegar al uso de la fuerza bruta, al menos en términos de las dinámicas socio-políticas, no es algo sencillo, requiere de preparaciones. Las guerras no surgen por generación espontánea. Son posibles, sin dudas, (“la violencia es la partera de la humanidad”, dijo Marx) pero las poblaciones, o las fuerzas armadas, no hacen uso de la violencia solo por un presunto “espíritu agresivo” siempre listo a entrar en acción: es necesario un condicionamiento social-político-ideológico-cultural que prepare las condiciones.

Solo porque sí (salvo un caso de trastorno mental: un psicótico o un psicópata por ejemplo) nadie mata a su vecino. La moral social, la culpa se impone. Los llamados “normales” (aquellos que estructuralmente somos neuróticos) nos regimos por normas de convivencia; las podemos transgredir circunstancialmente, pero en términos generales las respetamos. El respeto a la norma nos contiene.

¿Cómo es posible que alguien mate a otro ser humano? Hay que despersonalizar a esa víctima: hay que transformarla en un “enemigo”, una cosa sin valor, un “malo de la película”. Solo así alguien “normal” puede saltar una regla básica como es la prohibición del asesinato y permitirse ver al otro como “peligro”, un “enemigo” deshumanizado (sin nombre, sin historia, sin sentimientos), pudiéndole quitar la vida sin culpa.

Cuando en la guerra se mata a otro, nadie se siente un asesino: en todo caso, en nombre de determinados ideales (defensa de la patria, causa justiciera, etc.), cualquiera, dadas las circunstancias, puede empuñar un arma y aniquilar a otro ser humano. Más aún: la guerra premia a quien más “enemigos” mata. Se es un héroe de la patria, se le condecora; de ahí que, terminada la guerra, es tan difícil hacer ese pasaje hacia un nuevo mundo de legalidad y respeto al otro donde, si se mata, se es un delincuente.

Para que haya violencia física desatada, organizada, planificada sistemáticamente (para que haya balas, en otros términos), es necesario preparar las condiciones que permitan no ver al otro como un ser humano sino como un “enemigo”, un peligro, un posible atentado contra mi propia seguridad, una cosa maligna.

Para lograr eso existen las llamadas operaciones psicológicas (guerra de cuarta generación, como se le ha dado en llamar recientemente). En otros términos: la Psicología, en tanto ciencia, a favor de un proyecto de dominación (lo que la transforma en mera tecnología ideologizada, en práctica vasalla al servicio del poder, quitándole su pretendida seriedad científica).

“Una masa perpetuamente balanceándose al borde de la inconsciencia, pronta a ceder a todas las sugestiones, poseyendo toda la violencia de sentimiento propia de los seres que no pueden apelar a la influencia de la razón, desprovista de toda facultad crítica, no puede ser más que excesivamente crédula”, anunciaba a inicios del siglo XX el iniciador de la Psicología de las multitudes, el francés Gustave Le Bon. A partir de esos fenómenos, los años posteriores nos fueron confrontando con la aplicación práctica de esos principios.

Así, el Ministro de Comunicaciones del régimen nazi, el alemán Joseph Goebbels, padre de la manipulación mediática moderna, pudo decir: “¿A quién debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (...) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige. (…) La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande.

“Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea”. En otros términos, su famosa frase que lo resume: “Miente, miente, miente, que algo queda”.

Esa suerte de “psicología”, si así puede llamársele, esa técnica de manipulación, esa herramienta diabólica al servicio de la dominación y la explotación, dio como resultado una “ingeniería humana” dedicada al control social de grandes mayorías. De esa cuenta, un ideólogo de la derecha conservadora estadounidense, el polaco-norteamericano Zbigniew Brzezinsky, lo dijo magníficamente: “En la sociedad tecnotrónica el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”

Las guerras se preparan. En Venezuela, hoy día se está preparando una guerra; o más aún: ya está en curso una guerra, de momento mediático-psicológica, preparándose condiciones para –muy probablemente– una posterior intervención armada.

¿Por qué esta guerra? La misma no se puede entender solo por causas endógenas: debe verse en el marco de lo que significa ese país y el papel jugado globalmente por la principal potencia capitalista mundial: Estados Unidos. Lo que mueve todo esto es la afanosa, imperiosa necesidad de la gran potencia por el petróleo.

Las reservas de oro negro que tiene Venezuela aseguran un aprovisionamiento para la economía estadounidense para todo lo que resta del presente siglo, considerando aún el aumento geométrico de la demanda. Eso es vital para el funcionamiento de la primera economía capitalista (el petróleo mueve el mundo), y vital para las grandes multinacionales petroleras que lucran con ese negocio, estadounidenses principalmente, y también europeas.

“Así como los gobiernos de los Estados Unidos (y otras potencias capitalistas) necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, Global Policy Forum).

Dicho más claramente aún: la guerra que se libra en Venezuela es la guerra de unos grandes pulpos comerciales que no quieren perder un hiperrentable negocio que les asegurará miles de millones de dólares por muchas décadas. Guerra que se articula, igualmente, con una derecha nacional que fue siempre la burocracia administradora y testaferra de esas compañías, y que ahora, con la Revolución Bolivariana en curso, se encuentra desplazada.

Ahora bien: no se puede invadir Venezuela de un día para otro. Hay que crear el clima para que el gobierno nacionalista/socialista actual (iniciado por Hugo Chávez, continuado por Nicolás Maduro) se aleje del poder. Hasta ahora, todas las maniobras desplegadas (por el gobierno de Estados Unidos, por la derecha vernácula, por el coro conservador que acompaña esas iniciativas a lo largo del mundo) fracasaron. Pero la guerra iniciada a principios de este año parece que está logrando otros resultados.

Es más que probable que el Departamento de Estado, en Washington, ya tenga trazados todos los planes que seguirán, con sus distintas variantes. Todo indica que lo que se viene puede ser mortal para el proceso bolivariano. Van por la cabeza de Maduro, van por terminar de una buena vez con todo ese proceso, van por las inconmensurables reservas de la franja del Orinoco. Lo que comenzó es una brutal guerra psicológico-mediática.

Steven Metz dice sin ambages en qué consiste la misma: “Generalmente busca generar un impacto psicológico de magnitud, tal como un shock o una confusión, que afecte la iniciativa, la libertad de acción o los deseos del oponente; requiere una evaluación previa de las vulnerabilidades del oponente y suele basarse en tácticas, armas o tecnologías innovadoras y no tradicionales”. Hace meses que esto se viene haciendo en Venezuela.

Seguramente las actuales acciones están preparando la nueva fase: la necesidad de intervención de una fuerza militar internacional, probablemente de la OEA, quizá de la ONU, que intente “reinstalar la democracia perdida”. La avanzada mediática a que asistimos, que ya lleva meses, ha ido creando la matriz necesaria. La prensa, que ya no es el cuarto poder, que ya subió de categoría (pues es quien fija realmente la agenda político-cultural, las prioridades, la que moldea la bendita “opinión pública”), viene presentando la situación venezolana como un caos, un desastre generalizado donde se combinan escasez económica, crisis política y, más recientemente, virtual guerra civil, ya con alrededor de 50 muertos.

“Venezuela se enfrenta ahora a la inestabilidad económica, social y política significativa debido a la rampante violencia, la delincuencia y la pobreza, la inflación galopante, la grave escasez de alimentos, medicinas y electricidad”, anunciaba el general John Kelly ante el Comité Senatorial de Servicios Armados del Congreso el 12 de marzo de 2015. Un año después, el Almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur, informaba en Washington que “Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”. ¿Guión ya establecido?

En el Documento “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, de inicios del 2016 –guión de la novela ya escrita– puede leerse como algunas de las acciones a seguir: “(…) c) Aislamiento internacional y descalificación como sistema democrático, ya que no respeta la autonomía y la separación de poderes. d) Generación de un clima propicio para la aplicación de la Carta Democrática de la OEA”.

La crisis de escasez está generada por la especulación y el mercado negro implementados por el mismo empresariado local; la crisis política es una artera maniobra de las fuerzas políticas de derecha, nucleadas en la Mesa de la Unidad Democrática –MUD–, financiadas y teledirigidas por la Casa Blanca; y la virtual situación de guerra civil es un escenario fabricado por bandas de matones a sueldo y francotiradores que aterrorizan a la población. La imagen que todo ello posibilita ir creando, interna e internacionalmente, es de desastre humanitario, de ríos de sangre, de situación de ingobernabilidad absoluta.

La situación no es ingobernable, pero esa guerra psicológica lleva a que lo sea. Las muertes de personas –entre ellos, un joven chavista linchado por hordas antichavistas–, la quema de unidades de transporte, los ataques a edificios gubernamentales, son reales, sin duda. Su magnificación, la forma en que se presentan, los artificios que logran las tomas televisivas que muestran “cientos y cientos de miles de personas hastiadas del régimen castro-comunista del dictador Maduro” han logrado disociar/esquizofrenizar la opinión pública global (la venezolana en principio, la planetaria luego), para pedir a gritos una “solución”.

La población, como siempre, queda en el medio, víctima de esa manipulación. Lo que decía Goebbels hace casi 100 años, o lo que la Psicología de las Multitudes ya entreveía en los albores del siglo XX (“las masas son increíblemente manipulables, las masas se mueven por sentimientos primitivos”) permite crear las condiciones para que las multinacionales roben una vez más un petróleo que no les pertenece (tal como hicieron y siguen haciendo en Medio Oriente o en el África).

¿Qué sigue ahora en la Revolución Bolivariana de Venezuela? Todos los indicios muestran que el plan de la Casa Blanca sigue los patrones de lo hecho ya en Irak o en Libia, donde se “inventaron” guerras civiles que permitieron derrocar a los “dictadores” correspondientes: Saddam Hussein y Mohamed Khadafi. La guerra psicológica prepara el escenario para, luego, derrocar al gobernante de turno utilizando la fuerza bruta (“donde hay balas sobran las palabras”). Los fantasmas de la Guerra Fría se siguen agitando igual que hace 60 años, y lamentablemente, la población sigue “comprando esos espejitos de colores”.

Como campo popular, oponer otra guerra psicológica de igual cuño es imposible (y éticamente despreciable). La prensa veraz –que por supuesto existe– no puede ante esa prensa comercial mundial que “miente, miente, miente” porque sabe que “una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”.

Quizá, como decía aquella pinta de ese país latinoamericano, se acabó el tiempo de las palabras y es hora de las acciones. ¡Organización popular! ¡Fuerzas armadas fieles a la revolución y población preparada para hacer frente a lo que venga! Tal vez no hay otra alternativa. Si no, el precio a pagar puede ser muy alto.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Sicólogo y periodista italiano-argentino

“América para los norteamericanos”

POR ESTO! 20 de junio del 2017 MÉXICO

Pedro Díaz Arcia*

Ante las presunciones enfermizas de Donald Trump por mostrar su “capacidad creativa”, incluso con nuevos términos para enriquecer el lenguaje empresarial, pero que tienen una vieja data, o de lucir su falso intelecto mediante trucos infantiles en presencia de destacados estadistas, un columnista del diario The New York Times aconsejó no dedicar esfuerzos analíticos para comprender a un hombre cuyas ideas suelen ser “simplemente seis luciérnagas zumbando al azar en un jarrón”.

Pero creo que el díscolo magnate es, lamentablemente, mucho más que eso, pues se trata de alguien empecinado en trascender como un hito en la historia de la humanidad. Un twit dictado por el hígado, como tantos, o una orden militar que intente cambiar el balance de fuerzas, por ejemplo en Medio Oriente, puede resultar desastroso para el mundo.

La politóloga e investigadora argentina, Mariela Cuadro afirma que la política exterior de Estados Unidos se basa en un conocimiento “muy poco objetivo” de las realidades. Mientras que para Eva Golinger, abogada y escritora norteamericana, nacionalizada venezolana, basta con tratar a Trump “como un rey para lograr su lealtad y apoyo”. Aunque pienso que podría haber triunfado como bufón en la corte de Luis XIV.

Recordemos que la jauría del Complejo Militar Industrial pasa por alto las veleidades de un presidente inexperto, que disfruta del show a cualquier precio, en particular si lo llevan a un primer plano mediático sin importar sus pésimos resultados; consciente de que el magnate cumplirá las exigencias de los halcones, que no son otras que las del sistema corporativo y el “terrorismo financiero”, para lo cual no existe mejor vía que la guerra.

En este sentido, Trump dio a su secretario de Defensa, James Mattis, poderes para fortalecer las tropas en Afganistán que podrían aumentar al menos en tres mil militares, que se sumarían al contingente de ocho mil 400 que está sobre el terreno. El Pentágono ya presentó al Congreso un aumento en 52 mil millones de dólares para incrementar el presupuesto militar del país hasta los 639 mil millones de dólares. Lo que traerá un mayor y dinámico desarrollo armamentista por parte de otras potencias.

El ambiente que impera en el mundo es altamente preocupante: en Siria la coalición encabezada por Estados Unidos derribó un avión sirio; Rusia respondió a la nueva provocación cancelando la cooperación con Washington para evitar “incidentes aéreos”; e Irán lanzó misiles sobre enclaves terroristas. Los intereses geopolíticos y económicos globales rebasan sus fronteras.

Si bien el país árabe es un escenario en el que las principales potencias nucleares pugnan por intereses encontrados; sin embargo, no disminuyen los riesgos en el Golfo Pérsico; en las aguas que bordean la península coreana; ni las posibilidades de un enfrentamiento de Occidente con China.

En este difícil panorama, el discurso de Trump en Florida, donde anunció medidas para quebrar puentes entre Washington y La Habana, a la larga o a la corta lo llevarán a un nuevo fracaso.

Su polémico lema “Estados Unidos primero” no es más que un remedo de la vieja Doctrina Monroe, que se tradujo en la región como: “América para los norteamericanos”.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Investigador y analista político cubano

La diplomacia de la militarización

PÁGINA 12 18 de junio del 2017 ARGENTINA

Una tendencia que se profundiza en las relaciones con América Latina

El anuncio sobre Cuba es parte de una escalada hacia la región en la que cobran fuerza el Comando Sur, los servicios de Inteligencia y la DEA

Martin Granovsky*

Donald Trump se presentó hace una semana, el pasado viernes, en el salón Artime de Miami, junto con su vicepresidente Mike Pence, que vendrá en agosto a Buenos Aires y es una figura clave del régimen estadounidense en dos terrenos: el despliegue militar y la preservación de la influencia en América Latina.

Un día antes de acompañar a Trump en Miami, Pence disertó sobre las presuntas amenazas a la seguridad de los Estados Unidos provenientes de Guatemala, Honduras y El Salvador. Mencionó las pandillas y el narcotráfico. Y dijo que ni el narco ni la inmigración ilegal se detendrían sin incluir a Sudamérica en el sistema de cooperación de los Estados Unidos.

Pence también envió mensajes a Venezuela. “Todos nosotros debemos elevar nuestras voces para condenar al gobierno venezolano por su abuso de poder y su abuso contra el propio pueblo, y hacerlo ya”, dijo Pence. Llamó a mostrar a los venezolanos que “hay un camino mejor”.

Para el vice, la libertad “es el único camino hacia la prosperidad”. Pero “la seguridad es el cimiento de la prosperidad”.

El mismo día el secretario de Estado, Rex Tillerson, alertó sin datos sobre las supuestas conexiones entre los carteles mexicanos de la droga y los fundamentalistas de ISIS, Estado Islámico.

El secretario de Seguridad Nacional John Kelly a su vez advirtió sobre la conexión entre “redes terroristas y redes criminales” como los narcos. Esas redes podrían traficar no solo drogas sino bombas sucias.

Un dato: antes de ser el jefe de Homeland Security, Kelly fue la cabeza del Comando Sur, el área de la Secretaría de Defensa y de las Fuerzas Armadas encargada de América Latina.

Un artículo de Jake Johnson en la revista Foreign Policy publicado la semana que pasó lleva este título: La militarización de la política de los Estados Unidos hacia América Latina se está profundizando con Trump.

El presidente norteamericano aumentó los gastos militares y bajó los del Departamento de Estado. “No esperen que los Estados Unidos simplemente se van a retirar”, recomienda pensar Foreign Policy. “Más bien esperen que se profundice el compromiso militar de los Estados Unidos en la región”. Incluso aunque no haya ningún anuncio oficial, el giro parece inevitable.

La tendencia había comenzado antes de Trump. Con Obama, ya el Pentágono dio ayuda a Colombia sin certificación previa de que no se estaban violando los derechos humanos.

Como sucedió en la década del los años ’20 con las ocupaciones territoriales, en la de los ’50 con los golpes de Estado y en la de los ’70 con la tortura, el laboratorio para todo el continente es la política hacia Guatemala, Honduras y El Salvador. “Con menos recursos por canales tradicionales se fortalecerá entre las embajadas norteamericanas la red de lazos entre la inteligencia, los agregados militares, los agentes de la DEA y otras autoridades de seguridad que están ganando poder para conducir la política exterior de los Estados Unidos”, dice el análisis de Foreign Policy. Con menos dinero a mano por los recortes presupuestarios, ellos son los que “administrarán las zanahorias”.

Hace una semana murió en La Habana uno de los intelectuales más prestigiosos de la Revolución, Fernando Martínez Heredia. Su último trabajo forma parte del libro América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista, publicado por Editorial Sudestada en la Argentina.

“Eventos recientes adversos en Venezuela y algunos otros países latinoamericanos nos preocupan a todos y podrían indicar que el tipo de proceso que tuvo muchos logros en una parte de la región y generó tantas esperanzas está chocando con sus límites, y el imperialismo y sectores capitalistas locales han pasado a la ofensiva con el fin de liquidarlo y esparcir el derrotismo”, escribió Martínez Heredia en el libro.

Para señalar, entre resignado y optimista: “Cuba mantiene su apoyo y acompañamiento a esos procesos, y lo expresa muy claramente. Si la tendencia actual avanza y se consolida, sin duda tendremos más dificultades y menos compañía, pero, como siempre, haremos causa común con nuestros pueblos hermanos y el país mantendrá la política de apoyo a las coordinaciones de América Latina y el Caribe, y al horizonte integracionista”.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista del diario Página/12

Rusia y China en el G8, la peor pesadilla para EEUU

SPUTNIK 14 de junio del 2017 RUSIA

Uno de los más importantes acontecimientos del año, el fórum de la Organización de Cooperación de Shanghái, ha pasado curiosamente inadvertido

Vicky Peláez*

Toda la atención mundial estaba concentrada o en seguir los resultados de la lucha de Donald Trump para salvar el 'Estado Profundo' de sí mismo, o bien en buscar respuestas a la crisis de la unidad en Oriente Medio, relacionada con uno de los más prósperos Estados en la región, Catar. Por eso los militares, economistas y políticos occidentales no se percataron de cómo, y ante sus propios ojos, se formaba un G8 como contrapeso al ya existente G7.

El 'oso ruso' y el 'dragón chino' lograron expandir la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que ya tiene 15 años de existencia, a ocho miembros: China, Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, la India y Pakistán, formando el Grupo 8 (G8), como contrapeso al existente G7: EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón, cuyo brazo militar es la OTAN.

Sumando a observadores y asociados para el diálogo, el G8 cuenta en total con 18 miembros. Así, se ha hecho realidad la advertencia de Zbigniew Brzezinski, sostenida en su libro escrito en el 1997 El gran tablero de ajedrez: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos.

Brzezinski aseveró que "una de las condiciones para que EEUU conserve su hegemonía mundial consiste en impedir a toda costa el surgimiento de una potencia en Eurasia". El G8 representa un claro desafío a Washington y a sus aliados de la OTAN, porque ha logrado establecer el control sobre el 60% del territorio de Eurasia (600 millones de kilómetros cuadrados), con salidas a tres océanos, que fue arrebatado sigilosamente de las manos de Washington.

Ahora resulta que el G7, el baluarte económico y financiero de la OTAN, tiene tres países con armas nucleares: EEUU, Francia y el Reino Unido, mientras que, en el G8, son cuatro los países dotados de ojivas nucleares: Rusia, China, Pakistán e India. En términos económicos, los miembros de la OCS aportan más del 30% al Producto Bruto Interno (PBI) del mundo.

Desde este punto de vista, la OCS, encabezada por China y Rusia, "está fortaleciendo la estabilidad global y ha alcanzado un consenso contra la hegemonía de EEUU en Eurasia", según el periódico chino The People Daily (27-06-2016).

Actualmente, debido al creciente fracaso del terrorismo islámico de Al Qaeda, el Frente al Nusra, Daesh y tantas otras organizaciones creadas por el Pentágono, la CIA y la OTAN, con el auspicio de George W. Bush, Barack Obama, Hillary Clinton, George Soros y un sinnúmero de políticos pertenecientes al 'Estado Profundo', se ha comenzado el proceso de traslado del terrorismo islámico de Oriente Medio a Eurasia.

En la reciente reunión de la OCS en Astaná (Kazajistán), el presidente de Rusia, Vladímir Putin, recalcó la necesidad de retomar el Grupo de Contacto OCS-Afganistán debido a los crecientes intentos del terrorismo islámico y sus auspiciadores globalizados de utilizar a este país para una nueva campaña con el fin de desestabilizar el sur de Rusia y toda Asia Central mediante la formación de células clandestinas.

En referente a Rusia, Vladímir Putin subrayó: "Se nos creó la convicción firme de que nuestros socios estadounidenses hablan de apoyo a Rusia, hablan de la disposición a la cooperación, en particular en la lucha contra el terrorismo, pero, de hecho, usan a esos terroristas para desestabilizar la situación política en Rusia" (Entrevista con Putin, Oliver Stone).

Afganistán representa una entrada para los terroristas a Asia Central y a Rusia debido a la inestabilidad política, militar y económica creada por EEUU desde la invasión hace 16 años, una situación que el presidente uzbeco, Shavkat Mirziyoyev, calificó como "extremadamente peligrosa para toda la región debido a un significativo aumento del terrorismo en aquel país".

Según el informe de la Misión de las Naciones Unidas para Afganistán, el año 2016 fue el más cruento para la población afgana, con 11 mil 418 víctimas (tres mil 498 muertos y, de ellos, 995 niños, además de siete mil 920 heridos), debido al incremento de la presencia de Daesh —el autoproclamado Estado Islámico— en el país.

El 'modus operandi' de Daesh es muy simple y dependiente de las prioridades geopolíticas de EEUU. Al atreverse el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, a tratar de acercarse a China y a la OCS, marcando así distancia al mismo tiempo con Washington, los actos terroristas de Daesh y sus grupos locales afiliados, como el Grupo Maúte y Abu Sayyaf, se incrementaron inmediatamente. A la vez, el Pentágono ofreció sin perder el tiempo la ayuda de sus fuerzas especiales para combatir el terrorismo.

En un reciente artículo publicado por el medio Philippine Sentinel, el analista Tony Cartalucci afirmó que Daesh y sus grupos locales afiliados forman un "ejército subsidiado por EEUU, la OTAN, Israel y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, formado por Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Catar)".

Los atentados en Marawi City, en la Isla Mindanao, obligaron al presidente Duterte a interrumpir su visita a Moscú y cancelar también sus conversaciones con los líderes chinos.

Como explicó Tony Cartalucci, "los intentos de EEUU para justificar su presencia en Filipinas son parte de una estrategia para rodear a China con las instalaciones militares en Asia. El Estado Islámico en Filipinas está tratando de facilitar esta tarea a EEUU, al empezar a expandirse como milagrosamente por toda la isla". Los miembros de la Coalición para Contener a China (CCC, Japón y Australia), creada por Washington, están presionando también a Filipinas con la 'ayuda' de Daesh. Pretenden forzar a Duterte a retornar a la esfera de influencia estadounidense, alejar el país de la OCS y, en especial, de China y Rusia, para tener un aliado valioso y usar a Filipinas como un 'portaviones insumergible' de EEUU.

Si antes EEUU usaba su fuerza brutal para invadir un país débil, ahora está utilizando el terror recurriendo a sus mercenarios, como un Ejército de terror bajo la bandera de un Islam radical, artificialmente creado, educado, armado y adoctrinado en valores que, en realidad, no tienen nada que ver con el Islam auténtico.

Según el periodista Mariano Aguirre, el Corán nada dice sobre la violencia, y los grupos terroristas como Daesh "hacen una lectura perversa del Islam, violan sistemáticamente los derechos humanos y representan una caricatura grotesca de las luchas anticoloniales de los líderes de figuras como Frantz Fanon o Patrice Lumumba".

Frente a esta realidad, no le queda otra alternativa a los miembros de la OCS que crear un paraguas político militar eurasiático para contrarrestar los intentos de Washington y Bruselas de dominar el mundo a través del terrorismo auspiciado por el Pentágono, la CIA, Israel, la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo.

El momento es propicio para una gran transformación de Asia a través de la unión de países con diferentes ideologías, sistemas políticos y civilizaciones, a diferencia de la OTAN y de todas las alianzas occidentales, donde EEUU impone una ideología única y su supremacía del 'excepcionalismo'.

En la OCS, todos los miembros son iguales y sufren de la misma manera del terrorismo impuesto por los intereses de los 'globalizadores iluminados', con el pretexto de no permitir una unión en Eurasia y recrear permanentemente las tensiones entre países, como lo habían hecho en el caso de la India y Pakistán durante el transcurso de la historia moderna. Ahora estos dos países son miembros de la OCS y se espera un proceso paulatino de la solución de sus problemas con la ayuda colectiva de la OCS. Está acercándose también la hora de la integración de Irán en el seno de esta organización.

En fin, está llegando el momento de una Eurasia grande, con la infraestructura tecnológica y económica bien desarrollada y con una unidad militar cuyo único pretexto es asegurar la estabilidad y seguridad en Eurasia, y así derrotar todos los intentos del terrorismo islámico y de sus auspiciadores para propagar el caos, la desunión y la destrucción en la región para perpetuar el dominio norteamericano en Eurasia.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista peruana radicada en Rusia