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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-06-29

Las incongruencias de un negociante

REBELIÓN 23 de junio del 2017 ESPAÑA

Medidas económicas de Trump contra Cuba

(Fragmentos)

Hedelberto López Blanch*

Cuando se analizan las medidas dictadas por el presidente Donald Trump contra Cuba no cabe la menor duda de que afectarán más a Estados Unidos que a la Isla debido a que el país insular esta adiestrado para vivir y sortear desde hace 55 años el caduco y absurdo bloqueo decretado por las diferentes administraciones instaladas en Washington.

El Gobierno y el pueblo cubanos han tenido que realizar inmensos esfuerzos durante todos estos años para, sin recibir empréstitos e inversiones de los principales bancos y compañías occidentales, poder mantener esmerados servicios de salud pública, educación y programas sociales al alcance de toda su población.

Claro que con la normalización de las relaciones diplomáticas acordadas entre el expresidente Barack Obama y el presidente cubano, Raúl Castro Ruz, se abrían las posibilidades de una futura colaboración entre ambas naciones en disímiles campos de la ciencia, la economía, el deporte y la cultura.

La posición asumida por el nuevo mandatario de revertir las tenues políticas de desbloqueo respecto a Cuba impulsadas por Obama, han causado numerosas críticas dentro de las filas republicanas y demócratas. Congresistas y senadores del mismo partido del presidente opinan que el nuevo enfoque obstaculiza la entrada a un mercado potencialmente lucrativo para las empresas estadounidenses de bienes y servicios.

Recordemos que hace solo unas semanas, 55 senadores de los 100 miembros del Congreso de EEUU presentaron una propuesta de Ley para que sus conciudadanos puedan viajar libremente a Cuba, mientras otra propuesta fue introducida en esa instancia para derogar las barreras a los negocios con la Isla establecidas arbitrariamente por Washington desde el 1961 con el objetivo de instaurar el cerco comercial.

Un estudio realizado por la Asociación Norteamericana Contra del Bloqueo, Engage Cuba, indica que las medidas anunciadas por el presidente provocarán pérdidas a la economía de Estados Unidos por más de seis mil 600 millones de dólares y afectaría a 12 mil 295 empleos durante el primer período de la Administración. Una encuesta recién publicada asegura que el 65% de los votantes estadounidenses, entre ellos siete de cada 10 republicanos, apoyan las políticas hacia Cuba aprobadas por la administración de Obama.

Conozcamos algunas declaraciones: el demócrata Mark R. Warner, senador por Virginia y vicepresidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Alta, sostuvo que esa decisión envía un mensaje equivocado al mundo sobre el liderazgo norteamericano; Jeff Flake, senador por Arizona, estimó que cualquier cambio de política que disminuya la capacidad de los estadounidenses para viajar libremente a Cuba no es de interés para los norteamericanos ni para los habitantes de la Isla.

Asimismo Ben Rhodes, exasesor del presidente Barack Obama, opinó que el presidente Trump está volviendo el reloj a una mentalidad de guerra fría trágicamente fallida; el representante congresional de Arkansas, Rick Crawford, significó que el cambio de Trump es algo más que una oportunidad perdida para América rural, que se beneficiaría de un mayor acceso al mercado de importación agrícola de Cuba y añadió que esa política puede poner en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos a medida que los competidores estratégicos se muevan para llenar ese vacío. El senador republicano por Arkansas John Boozman consideró que la medida fue un paso atrás.

Myron Brilliant, vicepresidente ejecutivo y jefe de Asuntos Internacionales de la Cámara de Comercio, expresó el compromiso de esa entidad de continuar en la lucha para eliminar las políticas anticuadas que ponen freno al desarrollo de los pueblos de esa nación y la cubana.

Aunque el comercio sigue restringido por el bloqueo es un mercado que mueve cerca de 247 millones de dólares al año, de los cuales cerca de 40% son productos avícolas y otro 30% derivados de la soja. Entre las firmas que comercian aparecen Cargill, Archer Daniels Midland (ADM), Koch Foods y AJC. En los servicios de telecomunicaciones destaca la firma IDT, una de las primeras en entrar al mercado cubano.

En los últimos dos años T-Mobile, Sprint y Verizon, operadoras estadounidenses de telefonía celular, también anunciaron acuerdos de interconexión con Cuba, al igual que Google proclamó su interés por trabajar en la Isla.

Aerolíneas como American Airlines, Delta, Southwest, Jetblue, Silver y Frontier han entrado al negocio, a la par que las cadenas de cruceros como Carnival, Norwegian, Royal Caribbean, Victory y otras desembarcan semanalmente a miles de estadounidenses en diferentes puertos cubanos.

En línea progresiva se preveía que firmas estadounidenses como la Starwood de la cadena Marriot, comenzaran a administrar hoteles en Cuba.

Las incongruencias del actual mandatario se hacen más extremas cuando expresa que con su directiva quiere cortar la entrada de divisas a empresas del Gobierno (estas garantizan la salud, educación y bienestar social de la población) pero como bumerán atacan al emergente sector cuentapropista del país.

La firma norteamericana Airbnb declaró que en los últimos dos años pagó varios millones a cubanos por alojar a cerca de 400 mil huéspedes en sus casas.

La propietaria del paladar (restaurante privado) Atelier afirmó que las medidas de Trump son devastadoras para su negocio pues el 85% de sus comensales son estadounidenses.

Varios propietarios de viviendas del edificio ubicado frente a la tienda Galerías de Paseo, que los vecinos denominan El Pequeño Cohiba (por su cercanía al emblemático hotel del Vedado), declararon que sus negocios caerán estrepitosamente si se llegan a aplicar las decisiones "trumpistas".

El Gobierno cubano, con ecuanimidad y prudencia, significó que “otra vez mal asesorado, Trump toma decisiones que favorecen los intereses políticos de una minoría extremista de origen cubano del estado de Florida, que por motivaciones mezquinas no desiste de su pretensión de castigar a Cuba y a su pueblo, por ejercer el derecho legítimo y soberano de ser libre y haber tomado las riendas de su propio destino. Cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones o empleando métodos más sutiles, estará condenada al fracaso”.

En conclusiones, las nuevas medidas afectan directamente a los dos pueblos, cubano y estadounidense, y van en detrimento de una mayor colaboración en los campos de las ciencias, la salud y la seguridad marítima y ambiental de la región, por citar algunos. Esperemos que la sinrazón desaparezca de la Administración estadounidense.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista cubano

Brasil: Temer, el abismo y después

LA HAINE 26 de junio del 2017 ESPAÑA

El desenlace de la actual crisis podría producir una radical modificación en la correlación de fuerzas que hoy opone a burgueses y proletarios

Atilio Borón*

Una visita a Río de Janeiro me dio la oportunidad de conversar con numerosos amigos, militantes sociales y colegas que participaron en el estupendo seminario internacional que organizara la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) junto con otras instituciones académicas, en conmemoración del primer centenario de la Revolución Rusa. De esos fructíferos intercambios con mis interlocutores brota el siguiente diagnóstico sobre la situación brasileña.

A fines de agosto del 2016 una gavilla de bandidos del Congreso brasileño -varios de los cuales ya están en la cárcel condenados por delitos de corrupción- perpetró con la complicidad de la prensa canalla -con la Red Globo a la cabeza- y con el auspicio de la clase dominante y de "la embajada" un golpe de Estado que presentaron a la opinión pública como si fuera el resultado de un "juicio político" y depusieron de su cargo a la presidenta Dilma Rousseff. Esta había derrotado al candidato de la "derecha dura" en el balotaje de noviembre del 2014, Aécio Neves, pero lo hizo en nombre de un gobierno que -en un acto que solo puede calificarse como suicida- había desmovilizado y desorganizado al instrumento político que lo había instalado en el Palacio del Planalto, el PT.

Privada de ese apoyo Dilma no tuvo fuerzas para resistir el chantaje de los mercados y del partido derrotado en las urnas y a la semana de asumir su segundo turno presidencial tuvo que designar un gabinete en el cual los cinco principales cargos quedaron en manos de integrantes del equipo de Neves, lo cual no podía sino terminar por desmoralizar y desarmar ideológica y políticamente a quienes un par de meses antes habían ratificado su confianza en ella.

La designación del cavernícola economista neoliberal de la Universidad de Chicago Joaquín Levy como ministro de Hacienda marcó la total y definitiva sumisión de su gobierno ante el capital financiero. Por eso, cuando la asociación ilícita que se había apoderado del Congreso brasileño decidió eyectarla de su cargo nadie acudió en su auxilio y las calles y plazas de Brasil quedaron vacías. Un gobierno que había sido electo por más de 54 millones de brasileños fue incapaz de movilizar a unos pocos miles de sus partidarios para detener la conspiración de los mafiosos sentados en las bancas parlamentarias.

Conclusión: la alianza político electoral que el PT sellara con los enemigos de clase, representados sobre todo por el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño, surgido en los años de la dictadura y partido del por entonces vicepresidente Michel Temer) y con otras fuerzas políticas de la derecha representantes del agronegocio y los evangélicos más reaccionarios; el continuismo (si bien con algunos atenuantes en materia de política social) del paradigma macroeconómico neoliberal instalado durante el gobierno de Fernando H. Cardoso y la ingenua ilusión de creer que por llegar al gobierno una fuerza política conquista el poder tuvieron el lamentable remate que era de esperar, y Dilma fue su víctima.

Una verdadera desgracia, para el pueblo brasileño y para todos los de Nuestra América. Desgracia que no fue el inexorable veredicto del destino sino producto de una acumulación de gruesos errores y extravíos políticos que arrancan desde el primer turno presidencial de Lula. Temas, por otra parte, archiconocidos, por lo que no viene al caso referirlos una vez más en esta breve nota.

Dicho lo anterior, lo más preocupante ahora es la ausencia de una alternativa política para poner fin a un gobierno tan reaccionario como el de Michel Temer.

En principio Lula podría triunfar si se procediera a un llamado anticipado a elecciones directas, pero para eso se requeriría una enmienda constitucional que un Congreso corrupto hasta la médula no está dispuesto a aprobar. Recuérdese que el zar de la industria frigorífica mundial, Joesley Batista, afirmó haber comprado en los últimos veinte años la voluntad política de más de mil 800 dirigentes políticos entre senadores, diputados federales, estaduales, intendentes y concejales, y no fue el único en hacer aportes para obtener favores legislativos o de las autoridades.

Lo que se baraja entonces es la posibilidad de que se designe a un notable de la vida pública brasileña para que concluya el mandato de la fórmula Rousseff-Temer y se convoque a elecciones en octubre del año próximo para elegir al próximo presidente. Hay algunos candidatos, pero el ambicioso Fernando H. Cardoso ya se autopostuló, aunque su nombre suscite intensas polémicas y movilice viejos rencores en su propio partido, el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) y las demás fuerzas de la derecha.

Claro que si la presión de la calle alcanzara inéditas cotas de movilización popular no sería imposible que, ante el temor de un derrumbe de la frágil institucionalidad democrática, los delincuentes del Congreso (no todos, porque obviamente hay unas pocas honrosas excepciones) podrían ceder posiciones y habilitar el llamado a elecciones en los próximos meses.

Menos probable sería una convocatoria para una nueva asamblea constituyente, tema tabú para los gobiernos de derecha de América Latina. Por supuesto que si tal cosa llegara a ocurrir el aparato judicial brasileño, socio inseparable de la derecha más reaccionaria del país, pergeñaría todo tipo de maniobras leguleyas para inhabilitar a Lula e impedirle postularse para ejercer cualquier cargo público en los próximos diez años y, de ese modo, sacarlo "legalmente" de la competencia electoral. O sea, un "golpe preventivo".

Suponiendo que el miedo a un desborde preinsurreccional convenza a la pandilla del Congreso de otorgar luz verde a la enmienda constitucional y se autorice el llamado a elecciones presidenciales anticipadas, lo que quedaría en pie, según mis informantes, es la incógnita acerca de si Lula, en caso de ganar las elecciones, trataría de hacer algo diferente a lo hecho durante su gestión presidencial anterior o si se contentaría con repetir lo actuado en el pasado. Porque si fuera para hacer lo mismo -y cometer los mismos errores que resultaron en la caída de Dilma: sometimiento al gran capital, desmovilización política y sindical, oídos sordos a los reclamos populares- el resultado final podría ser una crisis peor aún que la de estos días y la clausura, por mucho tiempo, de cualquier alternativa de izquierda.

Tendría sentido un retorno de Lula si es que se propusiera desmontar el infernal predominio del capital financiero, del agronegocio, de los sectores industriales paulistas agrupados en la FIESP, de la prensa canalla que envilece y envenena día a día a su pueblo y si, además, redefiniera la inserción internacional del Brasil rompiendo su escandalosa dependencia neocolonial de EEUU promovida por Temer.

En caso contrario su regreso al Planalto solo serviría para agudizar las contradicciones que hoy desgarran a la sociedad brasileña. No sería exagerado extender este razonamiento también a un eventual retorno de Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia de la Argentina.

En ambos casos la pregunta pertinente es: ¿retornar para hacer qué? Repetir lo bueno, en ambos casos, es urgente y necesario. Pero no lo es menos realizar una profunda autocrítica para evitar caer en los mismos desaciertos que provocaron, tanto en uno como en otro país, desenlaces tan deplorables como la inesperada victoria electoral de Mauricio Macri o el incontestado "golpe blando" de Michel Temer.

La urgencia de encontrar una salida a la crisis es vertiginosa si se toma en cuenta que el nivel de aprobación popular del presidente Michel Temer es inexistente en la medida en que oscila entre un 2 y un 4% y que los poderes fácticos que dominan Brasil ya han decidido soltarle la mano. ¿De qué lo acusan? No de ser un corrupto, delatado pública e irrefutablemente por la grabación del ya mencionado Joesley Batista. Eso es lo de menos.

Su pecado ha sido su ineptitud para sacar las leyes que la derecha necesita: desmontar la legislación laboral procedente del varguismo y el "trabalhismo" brasileño y de los mejores años del PT -restableciendo jornadas laborales de 12 horas e instalando la precarización del trabajo- y establecer un nuevo régimen previsional que requeriría 49 años ininterrumpidos de aportes para acogerse al beneficio jubilatorio con lo que, de hecho, acabarían con la jubilación como derecho para la enorme mayoría de la población brasileña, situación que en los hechos ya existe en algunos países de la región.

Pero sería injusto negar la saña antipopular del usurpador: logró aprobar una absurda -e inviable- enmienda constitucional (la PEC 55) que congela el gasto público en educación y salud por los próximos veinte años, hasta el 2036, y al igual que su colega argentino está atacando sin piedad a las universidades públicas algunas de las cuales padecen un retraso salarial de varios meses.

En un alarde de incompetencia la Cancillería brasileña, otrora considerada una de las más profesionales del mundo, ofuscada por su patológica obsesión por atacar al presidente Nicolás Maduro cometió un error que sin duda figurará imbatible en el libro de records Guinness.

Al referirse al inminente viaje de Temer a Rusia (programado para el 20-21 de Junio) el sitio web de Itamaraty anunció, textualmente, que el presidente se dirigiría a la "República Socialista Soviética de Rusia" para entrevistarse con Vladimir Putin. La increíble gaffe permaneció en pantalla durante 22 minutos hasta que un tsunami de burlas de los críticos del gobierno advirtieron a los funcionarios del ministerio de su grosero error y corrigieron la información. Un botón de muestra de la situación que hoy permea en el gobierno.

El problema es que siendo Temer corrupto e inútil no hay muchos con mejores credenciales que él, y por ahora se lo sostiene a la espera de la aparición de un mesías de una clase dominante profundamente dividida y carente de una alternativa política viable y eficaz, capaz de obtener del Congreso las leyes que otorgarían sello legal a un retroceso en materia de derechos laborales, previsionales y sociales a la época anterior al surgimiento del varguismo en los años treinta del siglo pasado.

Buena parte de los dirigentes de sus primeras líneas están procesados o en la cárcel. Por una cruel ironía de la historia la única opción bien podría ser la de uno de los exfuncionarios de la CEPAL y (arrepentidos) fundadores de la teoría de la dependencia y exprofesor de "Metodología Marxista" en los cursos de la FLACSO de Santiago de Chile en el 1967, Fernando H. Cardoso.

Pero aún cuando tal cosa ocurriera, el nivel de corrupción del Congreso es de tal magnitud que para obtener una ley el eventual sucesor de Temer requeriría poseer algo más que la elegancia discursiva y la sutileza argumentativa de Cardoso. Tendría que reincidir en las tramoyas de rutina y re-editar las prácticas tradicionales del intercambio de favores y la compra de votos, y la situación judicial y el clima de la opinión pública no son para nada propicios para apelar una vez más a tales estrategias.

Por lo tanto, lo que parece avecinarse es el derrumbe del sistema político, ya seriamente debilitado y deslegitimado por el sinfín de denuncias y delaciones por actos de corrupción y atribulado por una probable ofensiva popular de inédita envergadura en el país.

El paro nacional del 28 de abril tuvo una resonancia como tal vez nunca antes en la historia brasileña, y se vienen nuevas convocatorias. Las fuerzas de izquierda política, incluyendo un sector del ala más radical del propio PT (que había sido marginada por Lula y por Dilma, pese a lo cual en el último congreso del partido tuvo una actuación deslucida que en nada contribuyó a la necesaria autocrítica de la experiencia del gobierno petista) más un enjambre de organizaciones sindicales (principalmente la CUT (Central Única de Trabajadores, dirigida por el PT) y la CTB (Central de los trabajadores y trabajadoras del Brasil, conducida por el PCdoB) y diversos movimientos sociales entre los que sobresalen el MST (Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra), los Sin Techo y muchos otros parecen estar dispuestos a librar la batalla decisiva contra el régimen golpista y por la construcción de una genuina democracia.

No obstante, allí también se encuentra una división en el campo popular entre quienes tienen como prioridad garantizar la candidatura de Lula en el 2018 y los que pretenden, antes que nada (y desentendiéndose de ese tema) poner coto a la contrarreforma de la derecha. Es un debate muy complicado y es difícil saber cómo será saldado. Lo único cierto es que si estas fuerzas no ganan la calle nada cambiará en Brasil.

El temor de la burguesía brasileña y sus jefes en el corazón del imperio es muy grande, porque la pertinaz recesión económica y la crisis de legitimidad que arrastra a toda la clase política, al empresariado, a los gobiernos estaduales y locales es de tal magnitud que las fórmulas tradicionales del compromiso de las oligarquías partidarias y el "jeitinho" politiquero que todo lo resolvía son dispositivos muy desgastados y demasiado débiles, que difícilmente podrían ser exitosos frente a una amenaza de la magnitud que tiene la que se yergue en la vereda de enfrente.

Molecularmente se está constituyendo en Brasil lo que Lenin denominara una "situación revolucionaria": los de arriba ya no pueden seguir dominando como antes y los de abajo (por lo menos un sector importante de ellos) no quieren seguir siendo dominados. Que esta situación desemboque en una salida revolucionaria requiere de una combinación de condiciones objetivas y subjetivas que el revolucionario ruso jamás concebía de manera mecánica o lineal, y que todo indica que aún no parecen haber madurado lo suficientemente en Brasil.

Pero, sin llegar al extremo revolucionario, el desenlace de la actual crisis podría producir una radical modificación en la correlación de fuerzas que hoy opone a burgueses y proletarios, estos últimos definidos teniendo en cuenta las grandes transformaciones que el capitalismo contemporáneo operó sobre la estructura y la morfología del universo asalariado.

Más allá de esto, se impone aquí una vieja verdad: la solución de la crisis política brasileña no brotará del rodaje de las instituciones del Estado, de los acuerdos parlamentarios o las sentencias de los jueces sino de la dinámica del conflicto clasista, del protagonismo de la calle. Es decir, de la movilización popular y la voluntad de lucha de las clases y capas populares resueltas a poner fin al ajuste y redefinir el rumbo de la sociedad brasileña. Solo ellas podrán resolver el endemoniado entramado de corrupción, venalidad y latrocinio que caracteriza a la clase política brasileña. Tarea difícil, muy difícil pero no imposible.

Ojalá que las clases y capas populares tengan la clarividencia para discernir las vías de solución a la crisis, la organización que convierta su fuerza potencial en fuerza política real, y el valor para lanzarse a esa necesaria empresa de transformación revolucionaria y regeneración ética que tanto necesita el gran país sudamericano.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Politólogo y sociólogo argentino

El dudoso signo de los tiempos

POR ESTO! 27 de junio del 2017 EEUU

Pedro Díaz Arcia*

No habrá paz en el mundo mientras existan miles de millones de seres humanos con hambre, se mantenga la desigualdad social y no impere una distribución equitativa. Y es que los barones de la guerra controlan no solo el mapa geopolítico de regiones con enormes recursos naturales y mano de obra barata, sino que utilizan el terrorismo militar y financiero para fijar las reglas de la “convivencia” entre las naciones y del comercio internacional.

Los poderes fácticos dividen a nuestros pueblos para mermar la capacidad de enfrentamiento a gobiernos que responden a sus intereses. Mientras imponen pautas abusivas y humillantes para explotarlos con más eficiencia y menos costo, al estilo de las llamadas repúblicas bananeras de nuestro sufrido continente.

Los medios masivos de comunicación se ocupan del resto. En manos de un quinteto de emporios globales, manipulan las informaciones, distorsionan la realidad, crean matrices de opinión y acosan al Periodismo Auténtico. Solo la unidad y la resistencia a toda prueba nos salvarán de la ignominia; aunque algunos, quizá acostumbrados al yugo, se resignen ante la adversidad.

En una coyuntura con tintes grises para las actuales y futuras generaciones, la reciente propuesta de Estados Unidos de ampliar la lista de organizaciones terroristas y que persigue legitimar su intervención en los asuntos internos de otros países, sin una declaración de guerra, aumentan los temores; pero también el ideario de lucha que, a la vista o subyacente, mueve finalmente a los pueblos.

Desde antes, Washington se había arrogado el derecho de elaborar un listado independiente que le permitía actuar de manera inconsulta contra territorios de países so pretexto de combatir el terrorismo. Pero ante la complejidad de definir y consensuar el “concepto de terrorismo” la ONU creó una oficina antiterrorista para establecer un listado común de organizaciones terroristas y criminales. La medida está orientada a detener las acciones unilaterales de los estados; al decidir que se podrá proceder contra organizaciones terroristas reconocidas por la entidad internacional.

Aunque tengo la seguridad de que el Pentágono hará caso omiso, como tantas otras veces, a dictámenes de la ONU. Es muy difícil que Estados Unidos, que se fue a la guerra contra Irak sin el aval del Consejo de Seguridad, con el falso argumento de que el país poseía armas de destrucción masiva; y que ha bombardeado objetivos del Ejército sirio, en su propio territorio, con el pretexto de que Damasco habría utilizado armas químicas en ataques contra la “oposición rebelde,” lo que se demostró es un engaño, acate disposiciones de esta naturaleza.

Mientras en esta parte del planeta, cada vez es más complicada la situación por la arremetida de la ultraderecha que, apoyada por gobiernos adocenados que conspiran abiertamente al amparo de la OEA, llaman a derrocar al liderazgo de países soberanos por cualquier vía, como sucede en Venezuela. ¿Por qué no convocan a la insurrección contra el corrupto golpista brasileño, quien solo cuenta con el 7% del apoyo ciudadano?

¿Qué hacer ante estos hechos? Solo los pueblos tienen el derecho a dar la respuesta. ¡Nadie más!

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Analista político cubano