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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-07-04

Venezuela: La derecha acelera el tiempo del Golpe de Estado

LA HAINE 29 de junio del 2017 VENEZUELA

Marco Teruggi*

Temen el llamado a la Asamblea Nacional Constituyente, y se organizan para impedir que tengan lugares las elecciones de los constituyentes el 30 de julio

La derecha acelera el tiempo, aprieta cada una de las variables, intenta el quiebre de la correlación de fuerzas, el Golpe de Estado. Lo anunciaron: tienen el mes de junio y julio para lograr el objetivo. Han declarado que, amparados en el artículo 350 de la Constitución, desconocen al Gobierno, no reconocen el llamado a la Asamblea Nacional Constituyente, y se organizarán para impedir que tengan lugar las elecciones de los constituyentes el 30 de julio.

Ese escenario violento es el que ha cobrado elementos novedosos en las últimas semanas. Tiene como características el ataque sistemático a la base militar de La Carlota en Caracas, con el fin de desmoralizar y quebrar la Fanb, la cercanía al Palacio de Miraflores de algunos focos de violencia, y el regreso de los escenarios de destrozos de ciudades, como ocurrió en este inicio de semana en Maracay y localidades cercanas, donde fueron destrozados más de 40 establecimientos, desde comercios privados hasta instituciones públicos. Un esquema similar al que ya se había desplegado en más de diez localidades del país durante las semanas anteriores.

El nuevo punto de inflexión llegó el día martes: el ataque desde un helicóptero, robado en la base aérea de La Carlota, al Ministerio de Relaciones Interiores, , con quince disparos, y al Tribunal Supremo de Justicia, con cuatro granadas -de origen colombiano y fabricación israelí- de las cuales una no estalló. Tan solo a unas cuadras de Miraflores, en el centro político de Venezuela.

La derecha no tiene sin embargo los dos elementos sin los cuales no parece en condiciones de lograr el Golpe: las barriadas populares movilizadas tras su llamado, y la fractura de la Fanb. La apuesta central, sobre la cual trabajan con más fuerza hoy, es la de lograr esa fractura, tanto en la Fanb como en otros sectores del gobierno. Lo necesitan para romper el empate violento que se vive desde hace meses. Por eso suben el nivel de violencia, la focalización de los ataques a los cuerpos de seguridad, el terror como método de control social.

En cuanto al apoyo norteamericano ya está en marcha a través de la presión internacional, el financiamiento a la derecha, directamente a los partidos o indirectamente a través de ONG que encauzan ese dinero para mantener la presión callejera, el entrenamiento de las células paramilitares. La intervención ya existe por debajo de la mesa. ¿Tomará otra forma?

La derecha acelera el tiempo y tiene a su vez una desesperación evidente. Destroza, mata, impacta, y no logra su objetivo final. Accede a objetivos intermedios, como es someter a localidades enteras a la violencia, descomponer vínculos sociales, legitimar la persecución -que tiene planificada en su proyecto de ser gobierno- contra el chavismo en todos sus niveles.

Son días y semanas definitorias. Lo sucedido esta semana marca pasos en la escalada de violencia de la derecha, de acciones armadas encabezadas por paramilitares, bandas delictivas asociadas a dirigentes de derecha. Habrá más, y más muertos, porque ese es su plan, el ahora o nunca que empuja al país a su desencuentro, su violencia psíquica y física, su presión para que cedan y se abran las puertas de la revancha histórica que tanto desean las clases dominantes venezolanas, latinoamericanas y estadounidenses.

Venezuela está ante su hora crítica. Cada día es clave.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista y poeta venezolano

Temer: el golpista golpeado

LA JORNADA 29 de junio del 2017 MÉXICO

Editorial

El jefe de Estado de facto de Brasil, Michel Temer, fue acusado por el fiscal Fernando dos Santos, uno de los que participan en el megaproceso por corrupción, popularmente conocido como Lava Jato, de retener los presupuestos de la Policía Federal, luego de que ayer esa corporación, que en el país sudamericano está encargada entre otras cosas de la expedición de los pasaportes, anunció que suspendía la elaboración de tales documentos de viaje debido a que se había quedado sin fondos para tal efecto.

La acción del gobernante se inscribe en una ofensiva general del palacio de Planalto en contra de la procuraduría general, que encabeza Rodrigo Janot y que está a cargo del esclarecimiento de Lava Jato, una sórdida trama de sobornos entre empresarios y políticos que involucra a no pocos legisladores y al propio Temer, a quien el procurador ha acusado de recibir dinero de JBS, el mayor productor mundial de carne, a cambio de favorecer a esa corporación en procesos administrativos y judiciales. En respuesta, el presidente sustituto, impuesto por una componenda legislativa, denostó a Janot al afirmar que su trabajo se guía por intereses económicos.

Lo cierto es que la retención del presupuesto de la Policía Federal por Temer no puede explicarse sino como un intento de obstruir la acción de la justicia y de impedir, o cuando menos obstaculizar al máximo posible, la investigación en contra suya. Como lo señaló Dos Santos, a raíz de la falta de recursos la corporación policial debió reducir significativamente el equipo destinado a las pesquisas en torno a Lava Jato.

Si entre los brasileños de a pie ya existía la generalizada imagen de Temer como corrupto, es claro que los esfuerzos de éste por poner trabas a la investigación del escándalo financiero reforzarán esas percepciones y, al fin de cuentas, empeorarán la situación de quien sustituyó en el cargo a la presidenta Dilma Rousseff por designio de legisladores que, en su mayoría, están bajo investigación o acusados por operaciones irregulares o directamente por haber recibido dinero de empresarios a cambio de favores.

Resulta inevitable trazar un paralelismo entre la circunstancia de Temer y la del presidente estadunidense Donald Trump, quien, sin encontrarse tan acorralado ni ostentar un récord tan contundente de impopularidad como el de su homólogo brasileño, parece hundirse más con cada movimiento que realiza para impedir que los organismos del Estado esclarezcan los contactos ilegales que pudieron tener lugar entre varios integrantes de su equipo y diplomáticos rusos, con el telón de fondo de una investigación por la supuesta interferencia de Moscú en el proceso electoral estadunidense del año pasado.

En ambos casos, los empeños de los gobernantes por entorpecer las investigaciones correspondientes no hacen sino consolidar las sospechas de que las imputaciones en su contra son ciertas.

En el caso del brasileño, se presenta el agravante de que, a diferencia de Trump –quien a fin de cuentas ostenta un triunfo electoral, así sea prendido con los alfileres de la literalidad legal–, Temer ocupa la presidencia como resultado de una documentada conjura legislativa para destituir a su antecesora, conjura que ha sido definida por muchos analistas como un "golpe de Estado blando".

Ambas sociedades –la de Estados Unidos y la de Brasil– tienen derecho a conocer la verdad en torno al desempeño de sus respectivos jefes de Estado, pero el proceso contra Temer adquiere una significación aún mayor, por cuanto su eventual salida del cargo, para el que nunca fue electo, representaría, a fin de cuentas, un acto de justicia, aunque no logre de momento la restitución de la voluntad popular, .

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

La Casa Blanca en venta: dinero y corrupción en la era Trump

EL MERCURIO DIGITAL 19 de junio del 2017 ESPAÑA

Amy Goodman*, Denis Moynihan**

“Emolumento” es una palabra que solía usarse muy poco, e incluso era prácticamente desconocida, hasta que Donald Trump asumió la presidencia. Ahora circula en las noticias políticas de forma cotidiana, y es el núcleo de varias demandas judiciales que acusan al presidente Trump de corrupción. El problema de las retribuciones extras que percibe un funcionario público es algo que se menciona en pocas ocasiones en la Constitución de Estados Unidos: una de ellas es en la cláusula de emolumentos extranjeros. Hay una cláusula paralela de emolumentos domésticos, que según los demandantes Trump también estaría infringiendo.

Trump dijo al periódico The New York Times en noviembre del año pasado, después de ganar en el Colegio Electoral pero perder en el voto popular: “La ley está completamente de mi lado, es decir, el presidente no puede tener conflicto de intereses”. Esta ola de demandas judiciales va en contra de su declaración, a medida que se acumulan pruebas de su enriquecimiento personal gracias a la presidencia.

La octava cláusula del Artículo I, Sección 9 de la Constitución estadounidense establece: “Ningún título de nobleza será otorgado por Estados Unidos: y ninguna persona que tenga un cargo retribuido o de confianza aceptará, sin el consentimiento del Congreso, ningún presente, emolumento, cargo o título, de cualquier clase, de cualquier rey, príncipe o Estado extranjero”. Nadie acusa a Trump de aceptar un título de nobleza, aunque ¿quién se sorprendería si lo hiciera? Pero una abundancia de emolumentos parece haberle caído a Trump desde que asumió el cargo, algunos recibidos de manos de gobiernos extranjeros con importantes negocios con Estados Unidos.

Hasta el momento, tres prominentes demandas procuran remediar esta situación. Una de ellas fue presentada pocos días después de que Trump asumiera el cargo por el observatorio sin fines de lucro CREW (Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington). Otro fue presentado el lunes por los fiscales generales de Washington DC y Maryland. Y a pesar del tumulto en Washington causado por el terrible tiroteo en una práctica de béisbol de congresistas republicanos en la que cinco personas resultaron heridas –entre ellas Steve Scalise, jefe de bancada de la Mayoría republicana de la Cámara de Representantes– una tercera demanda fue presentada el miércoles por aproximadamente 200 miembros demócratas del Congreso.

Nunca antes en la historia de Estados Unidos se había generado una serie tan importante de conflictos de interés con negocios reales y potenciales del presidente. Donald Trump tiene inversiones en bienes raíces y otros negocios en todo el mundo. La revista The Atlantic ha estado compilando una lista de sus potenciales conflictos de interés y ha enumerado no menos de 44 casos graves en los cuales su beneficio personal podría depender de acciones gubernamentales o políticas de Estados Unidos sobre las cuales preside.

La demanda de CREW denuncia un canal directo de dinero proveniente de gobiernos extranjeros para la familia Trump a través del nuevo Hotel Trump International en la avenida Pennsylvania, a pocas cuadras de la Casa Blanca. CREW alega que “desde las elecciones del 8 de noviembre del 2016, diplomáticos extranjeros se han hospedado en el hotel del demandado, ansiosos de recibir el favor del demandado y temerosos de lo que pudiera pensar o hacer si recurrían a los servicios de otros hoteles de Washington. El hotel también contrató a un ‘director de reservas diplomáticas’ para facilitar los negocios con Estados extranjeros y sus diplomáticos y agentes”. La demanda continúa: “Un diplomático de Medio Oriente declaró al (periódico) The Washington Post sobre el hotel: ‘Créanme, todas las delegaciones irán allí’”.

La demanda impulsada por los fiscales generales de Washington DC y Maryland explica: “Después de la toma de posesión presidencial del acusado, este sigue ejerciendo la propiedad y control de cientos de empresas en todo el mundo, como hoteles y otras propiedades. Su imperio de negocios comprende una variedad de corporaciones, sociedades de responsabilidad limitada, sociedades en comandita y otras entidades que posee o controla, totalmente o en parte, que operan en Estados Unidos y al menos en 20 países extranjeros”. La demanda fue presentada para que, entre otras cosas, “las familias estadounidenses no tengan que estar adivinando si un presidente que envía a sus hijos e hijas a morir en tierras extranjeras actúa en base a sus intereses comerciales privados”. La demanda del Congreso, encabezada por el senador de Connecticut Richard Blumenthal y el congresista de Washington John Conyers, reitera muchas de las presuntas violaciones constitucionales de la cláusula sobre emolumentos por parte de Trump, pero se centra en un punto clave: “sin el consentimiento del Congreso”. Esta demanda pretende que los tribunales obliguen a Trump a solicitar la aprobación del Congreso antes de recibir retribuciones dinerarias, o “emolumentos”, que provengan de negocios con Estados extranjeros. Una condición fundamental que exigen los demócratas del Congreso es la publicación de las declaraciones de impuestos de Trump.

La codirectora del Programa de Libertad y Seguridad Nacional del Centro Brennan por la Justicia, Elizabeth Goitein, dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Hemos visto una y otra vez que este presidente cree estar por encima de la ley de varias formas. En una democracia nadie está por encima de la ley, ni el presidente ni nadie más”.

El mismo día en que los demócratas del Congreso presentaron su demanda, el periódico The Washington Post publicó la noticia de que el asesor especial Robert Mueller estaba investigando a Trump por una posible obstrucción de la justicia en relación con el despido del director del FBI, James Comey. Todo esto justo el día del cumpleaños número 71 de Donald Trump.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista y escritora progresista estadounidense. Presentadora de Democracy Now!
    • Socialista estadounidense, cofundador de Democracy Now!

Qatar, epicentro de dos guerras: petróleo vs. gas y renminbi vs. dólar

LA JORNADA 28 de junio del 2017 MÉXICO

Alfredo Jalife-Rahme*

Se manejan muchas causales –unas rocambolescas, otras muy peregrinas– sobre la ruptura dramática de la coalición de varios países árabes poderosos –encabezados por Arabia Saudita (AS), la mayor potencia económica de la región, y Egipto, todavía la mayor fuerza militar del mundo árabe hoy dislocado– con Qatar, diminuto país (con una superficie de 11 mil 581 kilómetros cuadrados) con el segundo mayor PIB per cápita del mundo (129 mil 700 dólares, detrás del paraíso fiscal europeo Liechtenstein) gracias a ostentar la principal exportación de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) del planeta y a su ínfimo número de habitantes autóctonos (¡11.6% de la población total de dos millones 258 mil!), encapsulados por la aplastante mayoría de trabajadores residentes primordialmente provenientes del subcontinente indio.

The Hill asevera que detrás de la crisis de Qatar se encuentra la telenovela del pago de un rescate por mil millones de dólares de 26 personajes, con varios miembros de la familia real, que andaban de caza en Irak, secuestrados por Al Qaeda y cuya mitad fue pagada al gobierno de Bagdad.

Otros novelistas británicos con pretensiones geopolíticas, afirman que se trata de una venganza del otrora empresario Trump por el desprecio a sus inversiones inmobiliarias y de casinos mafiosos en Qatar.

Seré más estructural con la profundidad geopolítica de la crisis que ha fracturado al Golfo Pérsico –enfrentando a las cinco potencias regionales del Medio Oriente: por un lado, AS, Egipto (e Israel en forma subrepticia), y por otro, a Turquía e Irán que apoyan a Qatar– sin contar la división interna del Consejo de Cooperación del Golfo cuando Kuwait (con una notable población chiíta del 40%) y Omán se han inclinado por una plausible cuan elusiva salida diplomática– no se diga la neutralidad de Argelia y Marruecos en el mundo árabe y, sobre todo, en el mundo islámico no-árabe, la ecuanimidad, que no nimiedad, de Pakistán: único país musulmán dotado de 130 bombas nucleares que comparte una frontera de 959 kilómetros con Irán y cuenta con una pletórica población chiíta (20%) inmersa en sus 200 millones de habitantes de mayoría sunita.

Muchos factores han acercado a la potencia sunita no-árabe de Turquía con la potencia chiíta persa de Irán cuando destacan su mutuo apoyo a Qatar y su común aversión a la creación de un estado independiente kurdo.

Todavía no redacto las causales estructurales, a mi juicio, cuando ya brilla en todo su resplandor la hipercomplejidad de la grave crisis que enfrentan AS y Qatar que ha puesto de cabeza tanto al mundo árabe como al mundo islámico para el schadenfreude –placer que provoca el mal ajeno– de Israel, cuyo anhelo es balcanizarlos con el fin de prevalecer sola con su máximo de 400 bombas nucleares clandestinas.

El gobierno alemán –usualmente parco y prudente en sus apreciaciones globales– teme la detonación de una guerra regional en el Golfo Pérsico.

No es un asunto menor, que tiene como epicentro a Qatar y coloca en relieve dos simultáneas guerras estructurales: 1. La del petróleo (encabezado por AS) contra el gas (el componente LNG de Qatar) y, 2. La del dólar de EEUU con el renminbi chino.

Entre las 13 exigencias perentorias, transmitidas por la loable intermediación de Kuwait, que han exigido cuatro países árabes –AS, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin– para que cumpla Qatar en un plazo de 10 días, destaca "el alineamiento (sic) militar, político, social y económico (¡súpersic!) con los otros países del Golfo y el mundo árabe, en línea (sic) con el acuerdo logrado con AS en el 2014".

Más que "alineamiento" parece más bien la "alienación" y la capitulación de Qatar.

Pese a la asfixia en sus únicos 87 kilómetros de frontera terrestre con AS que encabeza un boicot por cielo, mar y tierra –sin contar la pérdida de 13 mil millones de dólares en sus activos bursátiles y la obligada importación de alimentos de Turquía, Irán y Omán–, Qatar cuenta con cartas nada desdeñables: desde sus prósperos Fondos Soberanos de Riqueza –que le han permitido invertir en grandes empresas de Gran Bretaña y Alemania–, pasando por la principal base militar de EEUU en la zona, hasta la nueva base militar de Turquía.

Alá ha deseado que Qatar comparta geográficamente con Irán su mayor fuente de ingreso de su pletórico yacimiento gasero en el Golfo Pérsico (los contiguos "Campo Norte" de Doha y el "Campo Pars Sur" de Teherán) y cuyas transacciones son retribuidas con la divisa china renminbi debido a las sanciones cada vez más asfixiantes de Trump contra la antigua Persia al haber adoptado sin rubor la irredentista política exterior del primer israelí Netanyahu acoplado con el "ultraortodoxo judío" Jared Kushner, yerno del polémico empresario-presidente.

Tal como pintan las cosas al corte de caja de hoy, se ha gestado la competencia de dos estratégicos oleogasoductos para desembocar en el mar Mediterráneo con mira en el relevante mercado europeo: 1:El de AS-Jordania-Israel, y 2-El de Qatar-Irán-Siria-Turquía.

Ya habrá tiempo para detallar la guerra del petróleo de AS y del LNG de Qatar para centrarme en forma sucinta en el primer centro regional del renminbi en Doha.

Desde hace dos años opera en Qatar un Centro de Compensaciones & Liquidaciones con la divisa china renminbi, según Economist Intelligence Unit, propalado por HSB, lo cual, a mi juicio, no podía quedar sin respuesta disuasiva por EU que lleva en su conciencia a dos cadáveres conspicuos que intentaron fugarse de los grilletes globales del dólar-centrismo petrolero –el ahorcado iraquí Saddam Hussein, quien se atrevió a formular la permutación de petrodólares por petroeuros,y el libio sodomizado (literal) Muamar Kahadfi quien pretendió lanzar el "dinar-oro" en lugar de la chatarra del billete verde–, sin contar el extraño "accidente" aéreo en Rusia de Christophe de Margerie, jerarca de la petrolera gala Total, quien pensaba realizar sus transacciones en petro-rublos en lugar de dólares.

El Centro Renminbi de Qatar es operado por el banco chino ICBC, el mayor del planeta que "ayudará en teoría a facilitar los flujos comerciales de China con Qatar y la región".

Hoy las petroleras estatales chinas CNOOC y PetroChina son recipiendarias de las cada vez más crecientes importaciones de LNG qatarí (con la estatal QatarGas,la mayor del mundo), detrás de Japón, Surcorea e India.

La Autoridad de Inversiones de Qatar diversifica sus Fondos Soberanos de Riqueza y ya empezó a invertir en empresas chinas: ICBC, Banco Agrícola de China, Citic Capital (22%) y Lifestyle International (20%), mientras la constructora China Harbour Engineering Company y Sinohydro participan en la infraestructura de Qatar que apoyó en forma entusiasta la creación del legendario banco AIIB de patrocinio chino.

El Centro Renminbi de Qatar epitomiza el desplazamiento del dólar en su otrora feudo inexpugnable del Golfo Pérsico, hoy fracturado, cuando se vislumbra la muy riesgosa fase del advenimiento del petroyuan.

¿Dejarán celebrar la Copa Mundial de Fútbol en el 2022 en Qatar?

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Analista mexicano, de origen libanés

Trabajo, empleo y salario: la cuña ideológica del poder

INFOLIBRE 8 de junio del 2017 ESPAÑA

Fernando Luengo*

El término “mercado de trabajo” da nombre a muchas asignaturas en las facultades de ciencias económicas y a muchos libros, académicos y de divulgación. Su utilización se sostiene en una mezcla de tradición y de sentido común. Pero, como sucede a menudo en la economía, el lenguaje, lejos de ser una herramienta neutra, aséptica o inocua, contiene un relato, casi siempre al servicio de los que detentan posiciones de privilegio.

El mercado de trabajo es un mercado y funciona –o, mejor dicho, debe funcionar- como cualquier otro mercado. Esta sería la piedra angular de ese relato. Pero cabe preguntarse ¿existe un mercado, en singular, que sirva como referencia a la hora de organizar el trabajo? Se desliza la idea de que sí, que en efecto existe ese mercado, dotado de atributos que aseguran una utilización óptima de los recursos productivos; un mercado gobernado por las leyes de la competencia perfecta, sin trabas ni restricciones, donde los precios se forman a partir de la intersección de oferentes y demandantes, y donde los diferentes actores actúan racionalmente, manejando toda la información a su disposición.

Sabemos, sin embargo, que la realidad nada tiene que ver con esa descripción –idealizada, más que estilizada- de los mercados. Utilizo el plural porque el singular es inapropiado, confunde más que aclara. Existen diferentes procesos y lógicas mercantiles, donde, por cierto, no se reconocen ni se visualizan las supuestas “leyes” de la competencia perfecta.

La economía realmente existente –la que interesa analizar y, en lo que a mi concierne, la que hay que transformar- está dominada y atravesada por las imperfecciones, las trabas y restricciones, por los oligopolios y las grandes corporaciones, por el poder que los privilegiados tienen para fijar las reglas del juego, por la colisión de intereses, por unas relaciones jerárquicas que determinan la muy desigual capacidad de apropiación del ingreso y de la riqueza.

Si esta es la realidad, entonces ¿por qué seguir alimentando el mismo mantra? La razón acaso se encuentre en que el relato dominante, por simple y falaz que pueda parecer, es como una neblina adormecedora, que desvía la atención y nos aleja del análisis y de la comprensión de la verdadera naturaleza de los mercados, y, quizá lo más importante, de los intereses que se cobijan en los mismos. Juega un papel.

Pese a todo ello, pese a no existir el mercado con mayúsculas, se sigue insistiendo en la idea del mercado de trabajo, pretendiendo que las leyes de ese supuesto mercado deben regir la dinámica laboral .Llegamos así a un punto crucial del razonamiento de la economía convencional, pues la implementación de los principios de la competencia perfecta –que, no lo olvidemos, no existen en el mundo de la economía real- lleva a afirmar que hay que reducir la presencia de las instituciones , presencia que es interpretada como una injerencia, como una anomalía que está en el origen de toda suerte de ineficiencias y despilfarros.

Esa intromisión lleva, siguiendo este discurso, a que las instituciones ocupen espacios reservados al mercado, impidiendo o limitando la libre actuación de las fuerzas de la oferta y la demanda. La distorsión generada –salarios más elevados de los que fija el mercado- está en el origen del desempleo. Y aquí llegamos al clímax de la retórica neoliberal. Los trabajadores que tienen un empleo (y los sindicatos que los representan), al exigir salarios superiores a los que establece el mercado, son los culpables del desempleo. La solución: liberalizar el “mercado de trabajo”; en especial, debilitar la capacidad negociadora de los trabajadores y de las organizaciones sindicales. El bucle perfecto.

¿Dónde queda la responsabilidad del capitalismo y de los ciclos expansivos y recesivos que inexorablemente recorren su trayectoria? ¿y la de las relaciones de poder, determinantes de una lógica económica que beneficia al capital frente al trabajo? ¿y la evidencia de que unos salarios bajos son compatibles con un desempleo elevado? Simplemente, estos y otros factores de necesaria consideración para entender el componente estructural, sistémico del desempleo han desaparecido del espacio de la reflexión y, por supuesto, de los responsables políticos.

Por darle significado concreto al término instituciones y no dejarlo en el limbo de las generalizaciones sin contenido, estamos hablando de negociación colectiva y de presencia de las organizaciones sindicales en la misma, de salario mínimo, de la prestación por desempleo, de los procedimientos de contratación y despido, de la formación profesional en los centros de trabajo, de la regulación de los tiempos de descanso y de los periodos vacacionales, de la normativa en materia de salud e higiene… y de otras muchas cosas que tienen que ver con las condiciones de trabajo.

Estamos hablando en definitiva de un conjunto de aspectos que la Organización Internacional del Trabajo engloba bajo el rubro de “trabajo decente”, en oposición a la “indecencia” de contratos que tiene un porcentaje creciente de los trabajadores, y que han crecido antes y durante la crisis.

Quienes, apelando a la supuesta ineficiencia de las instituciones laborales, sostienen la necesidad de introducir en este ámbito más mercado y menos regulación están cuestionando –lo digan o lo oculten- derechos laborales y ciudadanos básicos. Pero esos derechos forman parte de la quinta esencia de la vida de las personas, que lo son, además de ser trabajadores. Se trata de una dimensión vital que no puede quedar al arbitrio de los designios del mercado, ni de las manos visibles (y poderosas) que los gobiernan. Por eso, el mercado de trabajo no es ni puede ser considerado como un mercado más.

Una última cuestión sobre la que invito al lector a reflexionar es la utilización de la palabra “trabajo”. Se trata de otra argucia del lenguaje, de otro salto en el vacío en absoluto inocente. En realidad, no se está hablando de trabajo sino de empleo. De ninguna manera podemos aceptar la equiparación de ambos conceptos. El referido al “trabajo” desborda con mucho el perímetro del más restrictivo “empleo”, que presupone la existencia de una relación mercantil y, como consecuencia de la misma, de una contrapartida monetaria.

Existe un sinfín de actividades que podemos denominar trabajo, aún cuando su ejercicio no suponga recibir a cambio una remuneración, y que son consustanciales a la personalidad compleja y poliédrica de las personas, actividades artísticas, culturales, formativas o simplemente que enriquecen el ocio, y que una sociedad equitativa y progresista debe preservar y proteger (no entraré en el debate, complejo pero también necesario de la renta básica universal). Se trata de actividades que las personas realizamos por el puro placer de llevarlas a cabo. Esta parcela del ser humano –el tiempo dedicado al ocio creativo- solo es contemplada por la economía convencional en el dilema, falso y artificioso, empleo-ocio de la función de utilidad.

También hay que referirse a lo que genéricamente se denomina como cuidados. Este trabajo no está adecuadamente reflejado en las estadísticas, se realiza en su mayor parte de manera gratuita, no se valora socialmente, y es garantizado sobre todo por mujeres, en un contexto de división patriarcal del trabajo. Se ha convertido en una pieza imprescindible en el funcionamiento del capitalismo. No solo porque en horas de trabajo y población comprometida, esta economía en la sombra tiene más relevancia que la oficial, la que cuantifica las cuentas nacionales. También porque reduce el costo de reproducción de la fuerza de trabajo, que no es asumido por las empresas, constituye un poderoso ejército de reserva que contribuye a mantener bajos los salarios y suministra servicios a la población sin costo alguno para el Estado.

Con estas reflexiones pretendo llamar la atención sobre la necesidad y la urgencia de elaborar un relato alternativo al del poder. La economía crítica –en toda su enriquecedora diversidad de visiones- lo tiene en lo que se refiere al origen de la crisis económica, a las políticas llevadas a cabo y a los resultados cosechados por las mismas. Ese relato alternativo debe apuntar también a los conceptos, al lenguaje, al “sentido común” que sostiene el discurso dominante, pues todo ello, utilizado por los poderosos, contribuye a consolidar el actual estado de cosas.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid