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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-07-06

Estados Unidos sí está en Siria y escala la agresión

PL 5 de julio del 2017 CUBA

Pedro García Hernandez*

El intervencionismo abierto y total de Estados Unidos en Siria, en contra de cualquier ley internacional proclamada siempre débilmente por Naciones Unidas, es un hecho evidente y real, sin cortapisas y a pesar de las manipulaciones mediáticas.

En las redes sociales abundan en ejemplos concretos en ese sentido y difunden lo que "absurdamente" no está presente en los grandes centros de difusión de Occidente.

Nadie niega que Washington, a partir de un contingente de tropas especiales de unos dos mil hombres al norte de Alepo, estableció al menos ocho bases de operaciones en Kobani, Manbij, Hasaka, Al Shedah y Tabqa, territorios sirios.

Esa labor de "zapa continua" se ha realizado tras un intenso trabajo de inteligencia y penetración de las fuerzas kurdas y de la llamada oposición democrática siria, y en menor medida contra el Estado Islámico, Daesh en árabe.

Tal situación, que ha generado divergencias con Turquía y cuyas tropas se despliegan en esas regiones mencionadas, tiene sin embargo el objetivo de propiciar el caos, desmembrar a esta nación del Levante e impedir el avance del Ejército sirio para reconquistar la tierra que les pertenece.

Los requisitos internacionales para impedir tales casos existen en el seno de Naciones Unidas, forman parte de su estructura administrativa pero son ignoradas como es habitual en el seno del Consejo de Seguridad por la pérfida actuación de Estados Unido, Reino Unido y Francia.

La escalada de la agresión contra Siria, con antecedentes claros y precisos a partir de la "promoción" de las primaveras árabes, responde no a teorías conspirativas sino a planes y proyectos largamente pensados desde la primera invasión a Irak.

Los aliados reales de Siria, presentes en el Consejo de Seguridad o fuera de éste, Rusia, China e Irán, siguen siendo sensatos, calmados en su actuación y realistas y objetivos pero todo tiene un límite y a ojos vistas, "parar" a Estados Unidos y sus acólitos, es algo que ya no puede obviarse.

Para los "tanques pensantes", los servicios de inteligencia occidentales y de sus "socios" regionales en el Medio Oriente, la resistencia y firmeza de Siria los desconcierta y apelan ahora a un incremento nunca visto de imponer el espanto y el terror sin medir consecuencias.

Sin sensacionalismo o manipulaciones, Siria es ahora la apertura de una crisis que supera con creces, por los actores involucrados y las armas en el terreno de combate, cualquier otra situación generada en la llamada Guerra Fría.

  • Corresponsal de PL en Siria

En el umbral de la Cumbre del G-20

POR ESTO! 4 de julio del 2017 MÉXICO

Pedro Díaz Arcia*

En un mundo de desigualdades, con una miseria galopante y huérfano de justicia social; además en el que las principales potencias nucleares esperan el disparo de arrancada para iniciar una carrera sin regreso; tendrá lugar en Hamburgo, Alemania, rodeada de manifestantes que protestan contra las políticas de la Unión Europea, la Cumbre del G-20.

El panorama internacional no puede ser más incierto. Son tantos los enclaves geopolíticos en conflicto, que cualquiera podría desatar un choque atómico. Uno de ellos es el despliegue del escudo antimisiles en Europa dirigido contra Rusia, quebrando pactos tácitos entre Occidente y Moscú luego de la desaparición de la URSS.

En mayo del 2012, el Kremlin ya había declarado su disposición a destruir estas infraestructuras de ser una amenaza real; e incluso, dijo reservarse la opción de un ataque preventivo.

Pero sin dudas, los sucesos en Ucrania aceleraron el proceso de modernización militar ruso para enfrentar cualquier ofensiva por parte de Kiev; pero además consolidó su infraestructura bélica en Bielorrusia, el Báltico y en los límites con Finlandia.

También la guerra en Siria, dada la importancia de su rol en el Mediterráneo, llevó a Moscú a instalar armamento estratégico en su base en el puerto de Tartus y a incursionar en la guerra contra el Estado Islámico. El territorio sirio podría escenificar un choque sin fronteras entre Estados Unidos y Rusia.

Obviando la retórica que acompaña las amenazas de las partes en la península coreana; creo que dos focos de incalculables riesgos radican en las profundas diferencias de Washington con Beijing; y, por otra parte, con Irán.

Como una “grave provocación militar y política” que viola su soberanía y amenaza su seguridad, calificó Beijing el paso del destructor estadounidense USS Stethem, el domingo, cerca de la pequeña isla Tritón, en el mar de la China Meridional y que disputan Vietnam y Taiwán.

La operación pretende “reivindicar” la libertad de navegación en la zona. Es la segunda acción de este tipo desde que Donald Trump asumió la presidencia y pocas horas antes de que hablara por teléfono con su homólogo Xi Jinping. En respuesta, el gobierno chino envió barcos de guerra a la zona. A estos actos provocativos, se suman la venta de armas a Taiwán y el despliegue del sistema antimisiles THAAD en Corea del Sur en un repetido “vicio de escalada”.

Numerosos acuerdos de particular importancia, alcanzados a lo largo de los últimos años, están al borde de ser desechados por la orfandad de la política exterior estadounidense. Entre los que se encuentra el pacto con Irán sobre su programa nuclear con fines pacíficos. Trump dijo que lo eliminará, sin tener la volatilidad existente en la región. Un ataque contra Irán será considerado como una agresión contra Rusia.

En el umbral de la cita en Hamburgo, esta semana se reunieron Vladimir Putin y Xi Jinping en Moscú para reforzar su acordada alianza estratégica respecto a los principales asuntos internacionales y suscribir numerosos acuerdos de cooperación bilateral.

El mayor peligro que hoy amenaza a la humanidad es la presencia en la Casa Blanca de un diletante político, ebrio de soberbia, que no sabe dónde empieza el principio ni dónde concluye el final.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Investigador y analista político cubano

Deuda pública: siete mil dólares por cada argentino

TIEMPO ARGENTINO 24 de junio del 2017 ARGENTINA

La deuda per cápita tuvo un alza del 12,4% en un año, lo mismo que en 2011-2015

Marcelo Colombres

Para sanear los números de la Nación, cada argentino debería levantar un pagaré de siete mil dólares, sin importar su edad, su condición social ni su provincia de residencia. Esa cifra, que equivale a unos 115 mil pesos, es provisoria: crece día a día, conforme el gobierno apela a la táctica de endeudarse para tratar de que el dinero necesario para salir del rojo no provenga de su propio bolsillo.

El monto proviene de dividir el total de la deuda pública bruta por la población del país. Según el Ministerio de Finanzas, al 31 de diciembre del año pasado la deuda era equivalente a 288 mil 448 millones de dólares que, repartidos entre los casi 43,6 millones de habitantes de la Argentina, según proyección del Indec en base al censo del 2010, da seis mil 617 dólares por persona. La cifra creció en lo que va de este año, aunque se carece de números oficiales.

El Observatorio de Deuda del Instituto del Trabajo y la Economía estima que en estos cinco meses el gobierno emitió obligaciones por 39 mil millones de dólares; si bien muchas de ellas fueron para pagar vencimientos, una parte ya se aplicó a cubrir el déficit fiscal, proyectado en 25 mil millones de dólares para todo el 2017, lo que equivale a siete mil dólares por habitante.

Aunque el indicador es menor que en otros países de la región, como Uruguay y Brasil, la deuda por habitante creció fuertemente en los últimos 12 meses. Hasta entonces, contabilizando los bonos que no habían sido ingresados a los canjes anteriores (y que igual fueron incluidos en la serie histórica armada por Finanzas para facilitar la comparación), la relación había pasado de cinco mil 256 por persona en diciembre del 2011 a cinco mil 889 dólares a finales del gobierno kirchnerista, con una suba del 12% en ese período (incluso en el 2015 había llegado a bajar levemente).

Pero el giro de timón que en la materia impuso Cambiemos, al frenar la emisión monetaria y recurrir al endeudamiento para cubrir el desequilibrio entre recursos y gastos, le imprimió un crecimiento explosivo a la deuda, que subió casi 35 mil millones de dólares en un año.

Por eso, en el 2016 la deuda per cápita tuvo un alza del 12,4%, mayor que en todo el cuatrienio anterior. Pese al cambio de política, algunos vicios de la gestión anterior quedaron, como el financiamiento intraestatal. Por caso, los adelantos transitorios del Banco Central apenas mermaron un par de puntos porcentuales: el BCRA es acreedor en 24 mil millones.

El incremento de la deuda pública (que podría terminar el año arriba de los 300 mil millones de dólares) también se refleja en otra relación que los analistas miran muy de cerca: el coeficiente entre deuda y PBI, que refleja cuán grande es el pasivo en relación con las posibilidades productivas de un país.

Según estimó el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), que dirige el exdiputado nacional Claudio Lozano, en el 2016 la deuda significaba el 54,2% del Producto Bruto y los intereses y servicios representaban el 13,6% de ese indicador.

En ese centro de estudios consideran que la deuda intraestatal tomada en el 2016 (Letras del Tesoro suscriptas por organismos públicos) superó los 17 mil millones y por eso cuentan que en 18 meses de gestión, los compromisos netos contraídos por el macrismo fueron de 80 mil 723 millones: un promedio de 149 millones de dólares por día.

Medida con el coeficiente que se quiera, la deuda pública es un lastre que condiciona fuertemente no solo a la gestión, sino a la gente. En primer lugar porque, aun cuando se logre refinanciar los compromisos una y otra vez, genera un interés que hay que pagar: en lo que va del año el gobierno ya abonó por ese concepto 76 mil millones, duplicando casi el déficit primario (ingresos menos gastos). Además, porque es una deuda que abarcará a varias generaciones.

Hasta hace pocos días, la obligación más lejana en el tiempo era una cuota de un préstamo del BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento) con vencimiento en el 2047. Pero en la última semana se agregó un bono que colocó el Ministerio de Finanzas y que vencerá en el 2117. De todas maneras, lo que le importa al equipo económico es el ya y ahora: entre julio y diciembre l

Por el déficit público, Cambiemos "rasca la olla"

En un mes cargado de emisiones de deuda por parte del gobierno nacional, llamó la atención la colocación, el miércoles pasado, de Letras del Tesoro en pesos por cuatro mil 271 millones que fueron adquiridas por el Fondo Fiduciario para la Reconstrucción de Empresas (FFRE), un fideicomiso constituido en el 1995 para auxiliar a los bancos tras el efecto Tequila y que en el 2000 amplió sus objetivos de salvataje a todo tipo de empresa. El FFRE jugó un papel importante entre los años 2002 y 2004, cuando las empresas debieron renegociar sus deudas en dólares ya pesificadas.

El FFRE tenía una fecha de disolución, pero diferentes normas le dieron sobrevida. Si bien el respaldo al Tesoro nacional ante el creciente déficit público no figuraba entre sus objetivos, el FFRE hizo su aporte a la política de "rascar la olla" del gobierno nacional para hacerse de fondos.

Este mismo fondo ya prestó plata al gobierno nacional. Lo hizo en el 2010. Recibió a cambio una letra intransferible a un año.

Ese plazo es el mismo de las Letras adquiridas en esta oportunidad y pagará un interés semestral anclado en la tasa Badlar de bancos públicos, más baja que la que rige para los bancos privados.

La administración Cambiemos ya apeló a la ANSES y el Banco Nación para obtener fondos a cambio de bonos. Ahora apela a organismos menos conocidos.

No es lo mismo

Una manera de analizar la deuda pública es segmentarla según el acreedor: si es un privado o un organismo estatal. El gobierno de Cambiemos ha privilegiado el endeudamiento con el sector privado, tanto nacional como extranjero, que le ha prestado en moneda local y en divisas duras.

La deuda de este tipo abre la puerta a la injerencia del acreedor sobre la política económica del gobierno a fin de asegurarse el cobro de su acreencia. Además de que reemplaza la jurisdicción de los tribunales locales por otros extranjeros, típicamente los de Nueva York y Londres.

En tanto, si el acreedor es el Banco Central o la Anses, el gobierno tiene la posibilidad de refinanciarla en forma permanente, tal como hizo el kirchnerismo. El problema es que impacta negativamente en los balances de esos organismos y los condiciona para cumplir con sus obligaciones futuras.

El bono del siglo, un pedido de los acreedores

Una colocación a largo plazo con una tasa de interés seductora, ideal para los fondos de pensión y las compañías aseguradoras que necesitan cubrir los riesgos de sus operaciones. Todos esos ingredientes reúne el bono a 100 años que el gobierno argentino colocó esta semana, en una operación sin precedentes en la Argentina. En el mundo los analistas preguntan por qué un inversor querría un título así, en lugar de fijarse en los beneficios para el emisor.

Según el Financial Times, el interés que despertó el bono (se colocaron dos mil 750 millones, pero hubo ofertas por más del triple) se debe a la necesidad de cubrirse si la situación en Estados Unidos no mejora y finalmente la Reserva Federal no eleva el tipo de interés.

Las condiciones del título (tasa de 7,125% anual, pero del 7,9% real) lo convierten en una buena alternativa, incluso para un país que en el exterior es visto como incumplidor después de sus reiterados defaults. "Con un rendimiento cercano a 8%, el bono se repaga a los inversores en cerca de 12 años, sin contar su valor de reventa", dice el análisis del influyente periódico financiero.

¿Qué dijo el gobierno? "El pago del capital será irrelevante dentro de 100 años. Y el cupón de interés es más bajo al de nuestro bono de 30 años", explicó el ministro de Finanzas, Luis Caputo, en una entrevista concedida al diario Clarín. "Es la ventaja de haber recuperado la credibilidad y la confianza", agregó. Lo que no dijo el ministro fue que al finalizar el período Argentina habrá pagado entre siete y ocho veces el valor de lo recibido (que fue solo dos mil 490 millones, porque la suscripción se realizó por debajo del valor nominal) y que desde el 2030 hasta el 2117 el país remesará 200 millones por año que serán ganancia pura de los acreedores. Y que las condiciones son mucho más onerosas que los pocos países que recurrieron a estrategias similares: Bélgica pagó 2,30%, Irlanda 2,35% y México 5,75%.

Aunque en el futuro, la Argentina mejore su calificación crediticia, la sobretasa que el mercado le impone hoy deberá seguir siendo pagada durante un siglo.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

Rubio, Díaz-Balart y Curbelo: cualquier cosa menos facilitadores faustianos de Obamacare

PROGRESO SEMANAL 29 de junio del 2017 EEUU

Álvaro Fernández*

Los tres miembros cubanoamericanos del sur de la Florida en el Congreso han hecho un trato con el diablo, al que llamaremos presidente Donald Trump, para deshacerse de la Ley de la Atención Médica Asequible (también conocida como Obamacare) y reemplazarla por una nueva ley de salud, que llamaremos “Cualquier Cosa menos Obamacare” (o ABO).

En la actualidad tenemos un proyecto de ley propuesto por la Cámara de Representantes que fue aprobado y enviado al Senado de los Estados Unidos, que hasta el diablo ha etiquetado como “malvado”. El Senado ahora está negociando un proyecto de ley, que la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), un grupo bipartidista que “califica” proyectos de ley propuestos por el Congreso, ha determinado que dejaría a 22 millones de estadounidenses sin seguro de salud.

Es confuso, lo entiendo, pero eso es lo que pretenden hacer, confundirnos. Quieren que nos encojamos de hombros en algún momento y caigamos en la trampa de creer los argumentos que estamos escuchando de boca de los miembros republicanos del Congreso. Lo hemos oído decenas de veces en la televisión, lo hemos leído en la prensa escrita y ahora lo escuchamos de boca de amigos y conocidos que cotorrean las mentiras: “El Obamacare se está deshaciendo”, “El Obamacare es insostenible”, “El Obamacare está en bancarrota y nos llevará a todos a la bancarrota”.

Y están el senador Marco Rubio, y los representantes Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo, todos incondicionales del republicanismo en el Sur de la Florida. Los tres dispuestos a arriesgar la vida de más de 1,3 millones de floridanos que son receptores de Obamacare, a cambio de una participación en el negocio acordado con el diablo. Un pacto que los coloca en primera línea para aprobar un ABO a cambio del oído del presidente acerca de la política exterior relacionada con Cuba, Venezuela, y para el caso, con la mayor parte del resto de Latinoamérica.

Vimos parte del acuerdo presentado recientemente en Miami cuando el propio Trump llegó al sur de Florida para dirigirse a un auditorio lleno de anticubanos promotores de una nueva Enmienda Platt. La multitud allí ese día adoraba al diablo y gritaba “USA, USA”, ignorando el hecho de que aunque ellos decían estar allí para ayudar a los cubanos “comunes y corrientes” en la isla, todo lo que pensaban era en ellos mismos. Y todos liderados por quien una vez fue el Pequeño Marco para el presidente y ahora es conocido como el “susurrador del presidente” en la política latinoamericana –en especial de Cuba y Venezuela.

¡Qué farsa!

En el sur de la Florida, de donde son Rubio, Díaz-Balart y Curbelo, casi 630 mil ciudadanos perderían su cobertura de salud si se aprueba la versión de ABO de la Cámara de Representantes o la del Senado.

¿Y para qué? Un proyecto de ley del Senado (*) que ofrece lo siguiente:

-El informe de CBO dice que 22 millones de personas perderían el seguro de salud durante los próximos 10 años, con personas entre 50-64 años impactadas de manera desproporcionada. Las personas mayores que tienen menos de 65 años pagarían cinco veces más que los más jóvenes en los intercambios.

-La cobertura de Medicaid para servicios de hogares de ancianos podría reducirse a medida que disminuyan los pagos federales a los estados.

-Las compañías de seguros estarían obligadas a aceptar a todos los solicitantes sin importar su estado de salud. Pero el proyecto de ley permite a los estados pedir permiso para reducir la cobertura requerida, también llamada “beneficios esenciales de salud”, lo que daría a los aseguradores cierta discreción acerca de lo que ofrecen en sus planes. Eso podría resultar en “aumentos sustanciales” en los costos para las personas que quieren esos servicios, según la CBO.

-Las personas con discapacidades tendrían que enfrentar la realidad de que los servicios cubiertos por Medicaid podrían ser recortados a medida que la financiación federal a los estados disminuya con el tiempo.

-Los Estados podrían solicitar exenciones para que se excluya la posibilidad de requerir beneficios esenciales para la salud. Si un estado optara por la no cobertura de atención de salud mental, la CBO dice que el seguro que incluye la cobertura de atención de salud mental podría llegar a ser “extremadamente caro”.

-Los trabajadores pobres que reciben Medicaid puede que pierdan mucho. (Es importante tener en cuenta que estas personas SÍ trabajan, pero simplemente no ganan dinero suficiente para pagar un seguro de salud y por lo tanto dependen de Medicaid). El financiamiento federal para la expansión de Medicaid desaparece entre el 2021 y el 2023. Otras reducciones empezarían en el 2025.

-Similar al proyecto de ley de la Cámara de Representantes, la versión del Senado derogaría los impuestos “Obamacare” a las corporaciones y a los ricos que pagan para subsidios de seguros. Eso sumaría hasta 563 mil millones en recortes de impuestos durante 10 años, según la CBO.

Permítanme destacar un hecho una vez más. Nuestros tres congresistas cubanoamericanos del área de Miami están dispuestos a permitir que más de 600 mil floridanos del sur (muchos de ellos, niños y ancianos) se preocupen acerca de la cobertura de salud para ellos y sus familias (y algunos mueran), todo para que ellos puedan decir a un pequeño grupo de electores que están pisándole la cabeza a Cuba.

¡Desalmado e inmoral!

Y aun así, creo que esta acción de Rubio, Díaz-Balart y Curbelo ha sido realizada con gran riesgo para los tres –en especial Curbelo, que aún no se conoce de un oponente para su escaño del Congreso en las elecciones del 2018. Los tres bandidos saben que las personas a quienes quieren complacer con su postura acerca de Cuba para matar la cobertura de salud son electores excelentes y constantes –y también buenos donantes a las campañas.

La pregunta a considerar entonces es si la gran mayoría afectada por la ABO participará en las elecciones y votará a favor o en contra de nuestros miembros faustianos del Congreso.

Falta poco más de 16 meses para el Día de las Elecciones en el 2018. Sabremos la respuesta entonces.

(*) Fuente de lo que ofrece el proyecto del Senado, Radio Pública Nacional.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Editor y director de Progreso Semanal y Progreso Weekly