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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-07-07

Trump: truenos y trampas

REBELIÓN 23 de junio del 2017 ESPAÑA

Ricardo Alarcón de Quesada*

Mucho se ha dicho y se dirá sobre el grotesco show que tuvo lugar en Miami el 16 de junio y las mentiras y amenazas contra Cuba allí proferidas. El discurso de Trump, incoherente y torpe como todos los suyos, dejó en claro al menos dos cosas: que hará todo lo que pueda para endurecer la política contra Cuba, anulando los tímidos pasos que había dado su predecesor y que el actual Presidente es un mentiroso irremediable.

Es costumbre allá en el Norte mezclar la política con el espectáculo, la información con el divertimiento, aunque sea, como en este caso, de pésimo gusto. Para quien lo observa desde fuera es recomendable una buena dosis de duda cartesiana y la prudencia necesaria para no dejarse confundir. Sobre todo si se trata de lo que diga alguien como el estrafalario ocupante de la Casa Blanca.

Con razón la congresista federal Barbara Lee, incansable luchadora por la justicia y los derechos civiles, al rechazar el discurso de Trump, subrayó la importancia de pelear por evitar que las regulaciones específicas para traducir en normas obligatorias la directiva presidencial sean aun más perjudiciales para los pueblos de los dos países. Allí mismo ese día se dio una prueba evidente de la justeza de su preocupación.

En su perorata Trump anunció que iba a emitir una nueva orden ejecutiva para reemplazar la ya derogada que había orientado la política de Obama en sus últimos dos años. Allí delante de todos, estampó su firma en el documento que aparece en el sitio oficial de la Casa Blanca pero que nadie leyó.

Lo que dijo no corresponde exactamente con lo que suscribió y esto último es lo que vale, lo que tiene fuerza legal y guiará la conducta de su Administración. El contraste es evidente, por ejemplo, en el caso de las remesas que reciben muchos cubanos en la isla de sus familiares residentes en Estados Unidos. Según el que habló en Miami tales remesas continuarían y no serían afectadas.

Pero allí mismo, en el mismo acto, sin esconderse, firmó una orden que dice exactamente lo contrario. A esta cuestión de las remesas dedica varios párrafos el documento titulado Memorandum Presidencial para el Fortalecimiento de la Política de Estados Unidos hacia Cuba, que firmado por Trump publicó la Casa Blanca y con todas las letras establece que serían millones los cubanos residentes en la isla a quienes no se les permitiría recibir remesas.

En la Sección III, inciso (D) la definición de “funcionarios prohibidos del gobierno de Cuba” se amplía ahora para abarcar más allá de los dirigentes del Estado y el Gobierno cubanos a sus funcionarios y empleados y a los miembros y empleados de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, a los dirigentes de la CTC y a los de los sindicatos y los Comités de Defensa de la Revolución locales. El profesor William M. Leogrande calcula que se trataría de más de un millón de familias.

Trump alardeó de que echaría abajo todas las medidas adoptadas por Obama y probablemente se propone hacerlo. Pero sabe que ello contradice los intereses y opiniones de algunos sectores empresariales vinculados al Partido Republicano y por eso se escudó tras su retórica agresiva y su jerga a menudo indescifrable. Respecto al tema de los cubanos y las remesas no le quedó otro remedio que emplear su arma favorita: la mentira.

Habrá que ver ahora como redactan y aplican esta nueva orden que pretende castigar al conjunto de la población cubana.

Selección en Internet: Raquel Román Gambino

  • Intelectual cubano, expresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular

México: la guerra por desmantelar Pemex

CELAG 22 de junio del 2017 ECUADOR

Crismar Lujano*

El declive productivo planificado desde el ejecutivo de la semiestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) ha sido utilizado como excusa para propulsar su privatización.

A medio andar, hoy el país se perfila como un proveedor estratégico de crudo y otras formas de energía a otras naciones, aunque esto es a costa de la soberanía nacional y la pérdida del control del principal sector estratégico del país.

Pemex era la empresa más rentable de México. Para finales del 2008, en plena crisis financiera, los ingresos derivados de la comercialización de hidrocarburos abonaban el 45% del presupuesto federal. Sin embargo, a mediados del 2014, la aportación comenzó a caer hasta el 18% que hoy representa sobre los ingresos presupuestarios totales del sector público. Esto supone la participación más baja desde el 1994, de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Aun así, la renta petrolera representa el 6,8% del PIB del país.

La parcial ‘despetrolización’ de las finanzas públicas mexicanas no es un acto meramente acaecido por la crisis del mercado energético, sino por políticas puntuales que buscan desmantelar lo poco que queda de la principal empresa del país.

Y es que si bien en el 2014 inició el prolongado período de caída de los precios del petróleo, la fecha coincide con la puesta en marcha de la Reforma Energética, impulsada de la mano del presidente Enrique Peña Nieto (EPN) y con la que a apetito abierto, grandes intereses privados dentro y fuera de las fronteras mexicanas salivan por la gigantesca fuente nacional de riquezas.

En el ranking mundial, México se ubica en el noveno puesto como productor de petróleo. Según datos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, las reservas probadas del sector ascienden a nueve mil 160 millones de barriles (mbp), cantidad que se divide en siete mil 37 millones de barriles de aceite crudo y dos mil 123 millones de barriles equivalentes de gas que suponen 10 mil 402 millones de pies cúbicos de gas natural. Sin contar nuevos descubrimientos de reservorios, esto alcanzaría para 12,8 años.

Por su parte, la Comisión Reguladora de Energía reporta que los recursos prospectivos de hidrocarburos superan los 100 mil millones de barriles. La cifra incluye los yacimientos probados y posibles de crudo en aguas someras, tierra y en mar profundo, y también contempla los mantos de gas natural y shale, que se extrae por el sistema de fractura hidráulica o fracking.

Con la Reforma Energética, el gobierno de EPN cambió las reglas del juego y abrió un negocio multimillonario. Hubo cambios a la Constitución en sus artículos 25, 27 y 28 que ahora autorizan la participación de empresas privadas, mexicanas y extranjeras, en las actividades de exploración y explotación del 17% de los campos petroleros, así como la cesión de derechos del 79% de los bloques donde existen reservas en territorio mexicano.

El otro pedazo de la torta corresponde al negocio de la energía eléctrica. El capital privado también tendría licencia para abastecer a grandes consumidores como industrias y comercios que representan más del 50% de las ventas totales de la Comisión Federal de Electricidad y que en el 2013 representaron ingresos a México por 13 mil millones de dólares.

Desde el inicio del proceso de desnacionalización de Pemex, los recortes masivos de personal han sido la nota constante. En el 2015, cuando se anunció el primer recorte presupuestario, la dirección general de finanzas de la estatal petrolera comenzó a echar mano de su plantilla de trabajadores, asegurando para ese entonces que al menos 7 mil puestos serían prescindidos.

La meta no solo ha sido cumplida sino que además fue superada con creces: Pemex inició el primer semestre del 2016 con 131 mil 822 trabajadores. Seis meses más tarde, al término de junio de ese año, la estatal contaba con 125 mil 253 trabajadores, es decir, 6 mil 569 puestos menos. Para este año ya se ordenaron dos mil 785 despidos adicionales.

La orden de recorte alude que básicamente se debe a la contención del presupuesto de inversión en el presupuesto de egresos de la Federación 2017 que prevé una reducción de casi nueve mil puestos más. De esta forma, el número se reducirá a poco más de 116 mil. En cambio, crecerá el número de altos mandos de la empresa de 452 a 541, incluso se duplicará el número de directores.

En términos económicos, la planeada privatización de Pemex significa la transferencia de la riqueza nacional a manos privadas, principalmente extranjeras, con lo cual habrá una menor cantidad de ingresos y recursos para cubrir necesidades de inversión pública que, de hecho, ya han ayudado al gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a excusar los ataques contra programas sociales.

Pero además de ello, la venta de Pemex también tiene profundas implicaciones geopolíticas. Y es que la desnacionalización de sectores estratégicos de la economía mexicana incrementa la vulnerabilidad del país ante presiones imperiales, pues serán la mayoría de las multinacionales, especialmente estadounidenses, las beneficiarias de la liquidación. Una economía fragmentada, políticamente aislada de sus vecinos latinoamericanos y que solo verá profundizar el carácter colonial de su Estado.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista latinoamericana

Enterrar el neoliberalismo, única salida para México

POR ESTO! 5 de julio del 2017 MÉXICO

Guillermo Fabela Quiñones*

El fundamento teórico del neoliberalismo es el mismo que durante el siglo dieciocho, causa esencial de que más de dos terceras partes de la humanidad vivan en condiciones de pobreza irreductible. Nuestro país es un paradigma de la contradicción que surge de una doctrina económica que nació para fortalecer el capitalismo en un mundo que no llegaba todavía a mil millones de habitantes.

En la actualidad la población mundial rebasa los 7 mil millones, pero la prioridad de los pocos estados que defienden la imposición de dicha doctrina en el mundo sigue siendo la misma que hace más de 200 años: generar condiciones para explotar a los trabajadores en beneficio del capital.

En este sexenio se configuró la normatividad requerida para apuntalar un objetivo deshumanizado en extremo. Ese fue el compromiso del PRI con la elite oligárquica, el cual ha cumplido fielmente a partir de la puesta en marcha del Pacto por México. Las consecuencias, por demás dantescas, están a la vista, aunque aun así la mafia del poder no desiste de su fanatismo neoliberal que tiene al país en una situación que poco falta para calificar de catastrófica.

Podría llegar a ese punto si el régimen que nominalmente encabeza Enrique Peña Nieto persiste en su afán de empobrecer a las clases mayoritarias para favorecer aún más a la cúpula empresarial.

Desgraciadamente, todo indica que a pesar de que falta un año para las elecciones presidenciales, a la derecha no le importa seguir por la misma ruta antidemocrática que ha seguido desde hace más de tres décadas. Así lo deja ver la forma de “gobernar” del inquilino de Los Pinos, quien no tiene empacho en señalar la razón de ser de su programa de “gobierno”. Como lo demostró una vez más al inaugurar la primera fase del nuevo macrotúnel en Acapulco, obra faraónica con un costo de alrededor de 3 mil millones de pesos, buena parte de los cuales provienen del caudal del multimillonario Carlos Slim.

En la ceremonia que se llevó a cabo en el puerto, Peña Nieto destacó que “se ha buscado generar condiciones de confianza para la inversión privada en el país, donde exista certeza jurídica y los inversionistas encuentren los rendimientos esperados”. Más fidelidad a los postulados de los padres del liberalismo clásico no se puede pedir. Pareciera que el régimen neoliberal sigue inserto en el siglo XVIII, y de hecho lo está, por eso no tiene manera de ver la realidad nacional en su verdadera dimensión.

Desde la perspectiva de Peña Nieto no hay incongruencia en su dicho de que “vamos por la ruta correcta”. Aunque se olvida por completo de que no vive en un mundo ideal en el cual nació y creció, sino en un país carcomido por la pobreza endémica, la corrupción e impunidad sin freno de las elites, el desempleo y una ínfima capacidad adquisitiva de las clases mayoritarias.

El régimen reaccionario se ha dedicado únicamente “a generar condiciones de confianza para la inversión privada”, no a gobernar una nación de casi 130 millones de habitantes, por eso la realidad es cada vez más compleja, y cada día se reducen esas anheladas “condiciones de confianza” para una elite voraz que tampoco le importa el futuro del país mientras se mantengan al alza sus tasas de ganancias.

No se dan cuenta, ni la mafia del poder ni las elites oligárquicas, que tal situación aberrante no puede sostenerse indefinidamente como lo demuestra la creciente ingobernabilidad en la mayor parte del territorio nacional.

Lo absurdo de tan dramática realidad, como lo señaló el secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda, es que “los mexicanos tenemos todo para alcanzar nuestros ideales, nos respalda el legado de nuestra historia, la voluntad de una sociedad que lucha por ser cada día mejor y la fortaleza de nuestra juventud y niñez”. Sin embargo, así como vamos, luego de seis sexenios de neoliberalismo despiadado, tan magníficos activos para progresar se podrían perder irremediablemente, particularmente en lo que se refiere al futuro de niños y jóvenes.

No se necesita mucha imaginación para saber que la ruta seguida por la camarilla neoliberal es inviable en los años venideros, a menos que se decidiera a imponer por la fuerza un régimen totalitario bajo reglas insostenibles por las consecuencias que tendrían en el entramado social.

Se necesitaría un enorme gasto para sostener un aparato represor formado por mercenarios, con resultados muy desfavorables en un plazo corto, tomando en cuenta que ninguna sociedad en la historia ha podido consolidarse sin contar con el respaldo de la mayoría del pueblo.

Es válido el argumento de que el aparato represor necesario para contener la desazón del pueblo sería de mercenarios porque las fuerzas armadas no se prestarían a ser cómplices de un régimen fascista. Esto deberían sopesarlo seriamente los líderes de la mafia del poder, pero desgraciadamente es como “pedir peras al olmo”, como lo demuestra la necedad del PRI en su insistencia de que se apruebe la ley de seguridad interior.

El coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados, César Camacho Quiroz, advirtió que “cuando un país, una nación ve amenazada la convivencia cotidiana, es porque de algún modo el Estado está en falta, y es el caso”.

Aunque según él “la falta” está en la inexistencia de una regulación que permita a las fuerzas armadas actuar sin rendir cuentas a nadie, no en las políticas públicas antidemocráticas llevadas a su máxima expresión en este sexenio. Lo que urge corregir son las causas de la creciente ingobernabilidad que caracteriza al país en este momento, no echar más gasolina al fuego como sería el caso si el desbarajuste social y económico se quisiera “solucionar” con base en una represión institucionalizada.

La convivencia cotidiana en México está amenazada no por el crimen organizado, sino por las causas que favorecieron su crecimiento y su maduración a niveles casi incontrolables. Pero este flagelo sería controlado en la medida que se corrijan las causas políticas, sociales y económicas que lo propiciaron. De ahí la urgencia de un cambio de régimen que permita enterrar el neoliberalismo.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Analista político mexicano

Al Jazeera, la televisión insurgente con la que Arabia Saudí quiere acabar

EL DIARIO 3 de julio del 2017 ESPAÑA

El canal de noticias ha creado conciencia política en todo Oriente Medio. No es de extrañar que los enemigos conservadores de Qatar la quieran cerrar

Hugh Miles*

Arabia Saudí y sus aliados han extendido 48 horas su ultimátum a Qatar para que cumpla su lista de 13 exigencias, entre las que se encuentra el cierre de la cadena Al Jazeera. El canal fue proclamado en su momento como el faro de los medios árabes libres que rompió la hegemonía de las cadenas occidentales y que revirtió el flujo de información de este a oeste por primera vez desde la Edad Media.

El 23 de junio, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto impusieron a Qatar unas sanciones económicas y diplomáticas sin precedentes, seguidas de un agresivo bloqueo y amenazas de nuevas acciones si Qatar no cumple la lista de 13 exigencias.

Si Doha se rinde, y no hay indicios de que eso vaya a ocurrir, ello supondría una pérdida efectiva de su soberanía y su transformación en un Estado vasallo de Arabia Saudí y de EAU. Aun así, desafiar los plazos impuestos por Arabia Saudí podría llevar a un cambio de régimen en Qatar. O incluso a la guerra.

Pase lo que pase, es un motivo de orgullo para Al Jazeera que, 21 años después de su lanzamiento, la cadena siga siendo tan molesta y desafiante para aquellos en el poder. Muy pocos medios pueden presumir de ser tan influyentes.

Pero Al Jazeera no es como el resto de cadenas. Es un fenómeno único que, desde que empezó a emitir en el 1996, ha revolucionado los medios árabes y en el 2010 jugó un papel principal en el estallido de una verdadera revolución política en buena parte del mundo árabe.

Antes de que Al Jazeera empezase a emitir, las cadenas de noticias árabes eran simplemente palabrería totalitaria. Las noticias se centraban principalmente en lo que el jeque, emir o presidente estaba haciendo ese día, algunas noticias sobre su heredero y una pieza rápida sobre lo afortunada que era la nación de tener tales figuras de autoridad. Al Jazeera acabó con eso, dando voz a todo tipo de voces anteriormente vetadas, desde israelíes y Muamar Gadafi a rebeldes chechenos, los talibanes y Osama bin Laden.

En sus días de gloria, las ciudades árabes quedaban en silencio cuando empezaba el programa La dirección opuesta, de Faisal al Qassem. La cadena tiene un largo historial de exclusivas, incluida su cobertura de la Operación “Zorro del Desierto” en Irak en 1998, una entrevista con Bin Laden después del 11S y la invasión estadounidense de Afganistán, cuando Al Jazeera era la única cadena de televisión presente en el país y se convirtió durante semanas en agencia de noticias para el mundo.

Al Jazeera fue el primer canal árabe en introducir periodismo de investigación y el primero en recibir en sus programas a todo tipo de invitados anteriormente vetados con los que abordaba asuntos polémicos como los atentados suicidas y la existencia de Dios.

Esa actitud rebelde destruyó tabúes sociales, políticos y religiosos y creó una nueva forma de informar en la región. Introdujo conceptos como democracia y derechos humanos y rechazó drásticamente los límites de la libertad de expresión.

También molestaba a otros gobiernos en la región, dado que ninguno de ellos, a excepción del Túnez posrevolucionario, goza de un mandato popular democrático y tienen miedo de cualquier cosa que pueda debilitar su control sobre el poder.

Han surgido una serie de interminables crisis diplomáticas entre Qatar y todos y cada uno de los países de la región excepto Omán, así como muchos otros países no árabes. La miríada de enemigos de la cadena ha utilizado todos los trucos posibles para intentar cerrarla: desde el arresto de sus corresponsales y el cierre de oficinas a la deportación de familiares de empleados, el acoso a potenciales anunciantes, la interposición de demandas frívolas y, en el caso de EEUU, atacando sus oficinas en dos ocasiones y matando a miembros de su personal.

Una cadena, dos caras

Tras años de fracasos, los gobiernos árabes se dieron cuenta finalmente de que la única forma de lidiar con Al Jazeera era derrotarla en su propio juego. Por eso en el 2003 Arabia Saudí lanzó Al Arabiya TV, archienemiga de la cadena qatarí.

A falta de información fiable, no se puede saber seguro cuál de las dos cadenas es hoy en día más popular. A pesar de que Al Jazeera está actualmente prohibida en Egipto, el país árabe de mayor población, se puede decir que sigue siendo Al Jazeera, pero lógicamente Al Arabiya lo rebate.

Es importante recordar que Al Jazeera no es el único motivo de discordia entre Qatar y sus vecinos. Arabia Saudí y Qatar son los dos únicos Estados wahabíes, pero también tienen numerosas diferencias históricas e ideológicas, como lo demuestra la lista de 13 exigencias. Al Jazeera está en la lista porque es un poderoso símbolo de Qatar y la manifestación más visible de sus políticas.

Pero hay una razón más profunda, que para que Occidente lo entienda debe saber que Al Jazeera tiene dos caras, una en árabe y otra en inglés, y es la cara árabe la que crea todos los problemas en el vecindario de Qatar.

La cara en inglés de Al Jazeera es la cara familiar para Occidente: el canal de Al Jazeera en inglés y su página web, sus noticias de alta calidad y sofisticados documentales centrados en el mundo en desarrollo. Comparada con otros canales de noticias internacionales en inglés, como BBC World, CNN International, France 24 y Russia Today, la mayoría está de acuerdo en que Al Jazeera English puntúa bien.

Además de ser un canal de noticias 24 horas, Al Jazeera árabe es una criatura muy diferente al canal en inglés en relación al lenguaje utilizado, el contenido y los marcos de referencia. Esto no es sorprendente, ya que tienen por objetivo audiencias completamente diferentes.

Lo que incomoda a los vecinos de Qatar sobre el canal árabe es su éxito en la creación de una nueva conciencia política entre los árabes y en el planteamiento de cuestiones como la justicia social y los derechos humanos. Lo que les resulta más repugnante es la visión ampliamente difundida, y compartida con el liderazgo de Qatar, de que antes o después grupos islamistas como los Hermanos Musulmanes y Hamás llegarán al poder en toda la región, ya sea mediante elecciones o revolución.

Como esto también es motivo de preocupación para Israel y muchos otros países en Occidente, es algo en lo que los vecinos de Qatar se han centrado. Aun así, Hamás no ha sido mencionado en la lista de exigencias por su popularidad entre la opinión pública árabe.

Dado que en las pocas ocasiones en que los países árabes suníes han podido celebrar elecciones libres y justas los partidos islamistas han sido habitualmente los ganadores, aunque a menudo no se les permite tomar el control durante mucho tiempo, la suposición de Qatar de que algún día llegarán al poder es realista. Pero para sus vecinos, es una herejía.

Los regímenes árabes que persiguen hoy a Qatar –el eje contrarrevolucionario de la región– son todos vulnerables a ser derrocados por una revolución popular y sustituidos por grupos islamistas. Por ello, ver a estos mismos grupos en Al Jazeera presentados como oposición política legítima y en donde se les permite agitar por el cambio político, representa una clara amenaza existencial.

El eje contrarrevolucionario gasta una importante cantidad de recursos demonizando y reprimiendo a muchos de los mismos individuos y grupos –“terroristas”– a los que Al Jazeera da voz. El problema para ellos es que Qatar parece estar en el lado correcto de la historia.

Qatar, por supuesto, también es un gobierno autocrático, pero dado que es tan pequeño y rico, no se aplican las normas habituales. Por eso no ha mostrado ninguna señal de ceder ante las demandas que se le imponen.


Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista británico

El poder de las redes sociales contra las marcas

THE NEW YORK TIMES 27 de junio del 2017 EEUU

Farhad Manjoo*

Hasta hace unos días, Travis Kalanick, director ejecutivo de Uber y uno de sus fundadores, manejaba por completo su empresa. Desde que Steve Jobs fue destituido de Apple en la década de los 80, los directivos de las empresas tecnológicas le han exigido (y se les ha concedido) una enorme autonomía a los inversores y las juntas directivas. Es por eso que, pese a las sucesivas olas de escándalos que afectaron a Uber, la posición de Kalanick parecía ser muy segura.

Pero, de pronto, ya no era así. En medio de muchas reformas, Kalanick dijo que se ausentaría y poco después anunció su renuncia como director ejecutivo de Uber.

Lo interesante de esa cadena de acontecimientos es la velocidad de su caída. En otros tiempos, Kalanick habría podido resistir. Pero vivimos en una era dominada por la enorme influencia de las redes sociales. Cada nueva revelación sobre Uber desataba una campaña masiva contra la empresa en Twitter y Facebook. Un remolino de publicidad negativa cobró vida propia y, finalmente, no pudo ser ignorado.

La historia es más grande que Uber. Las campañas en internet contra las marcas se han vuelto una de las fuerzas más poderosas en los negocios, le dan a los clientes un enorme megáfono con el que pueden moldear la ética y las prácticas corporativas, y ponen en peligro a algunos de los personajes más imponentes de los medios y la industria.

Basta con observar la rapidez con la que Bill O’Reilly (el expresentador de Fox News) fue removido de su cargo luego de que The New York Times ahondara en su historia de acuerdos por acoso sexual. La investigación inspiró un boicot en internet contra sus auspiciantes, quienes, pese a los crecientes índices de audiencia de O’Reilly, comenzaron a dejarlo.

Pero los efectos de estas campañas van más allá de los negocios. En una nación donde la política se ha vuelto campal y esclerótica, pelear contra las marcas en internet parece ser una acción política más efectiva. Publicar una etiqueta (#borraUber, por ejemplo, o #agarratucartera) y amenazar con apoyarla limitando el gasto puede generar un cambio más rápido y visible en el mundo, que, digamos, llamar a un diputado.

Sin embargo, la mecánica de las redes sociales sugiere que la izquierda cultural y política, más que la derecha, podría resultar beneficiada con esta táctica, especialmente en lo que respecta a utilizar el poder de las marcas para pelear batallas más grandes de igualdad racial y de género, como en los casos de Uber y Fox News.

“Las mujeres y la comunidad negra han gravitado hacia las redes sociales y fueron de los primeros en adoptarlas”, dijo Shannon Coulter, una consultora de mercadotecnia que fundó Grab Your Wallet (“Agarra tu cartera”), una campaña destinada a exhortar a los comerciantes a dejar de vender productos de las marcas Trump. “Las redes sociales son una palanca para la justicia social. Es una forma de nivelar el campo de juego”.

Primero, debemos entender por qué ahora las marcas son, repentinamente, más vulnerables a los sentimientos de los consumidores. Todo se resume en una cosa: las redes sociales son la nueva televisión.

Antes la televisión formaba los sentimientos generales de los consumidores por lo que las empresas disfrutaban de un enorme poder para alterar su imagen a través de la publicidad. Luego llegó el internet, que no acabó con la publicidad, pero sí diluyó su poder. Ahora las marcas no tienen mucha influencia sobre cómo se reciben sus mensajes a través de nuestras plataformas sociales.

Sí, pueden colocar anuncios en Facebook, Twitter, Snapchat y en todas partes. Pero las redes sociales elevan al consumidor sobre la mercadotecnia corporativa; de pronto, lo que importa no es lo que dice un anuncio sobre una empresa, sino lo que nuestros amigos piensan sobre esa empresa.

No es casualidad que los únicos anuncios publicitarios sobre los que se habla en estos días son aquellos que encienden algún tipo de furia en las redes sociales; el extraño comercial de Pepsi con Kendall Jenner, por ejemplo, o el anuncio de Budweiser en el Super Bowl que algunos televidentes consideraron como una declaración política a favor de la inmigración. Casi todos los sentimientos culturales —hasta lo que pensamos sobre un mensaje corporativo— llegan filtrados a través de una red social.

Es la pérdida de poder lo que explica por qué las marcas se han vuelto tan nerviosas y reactivas. Tomemos, por ejemplo, la producción de Julio César que se estrenó recientemente en el Central Park de Nueva York como parte de Shakespeare in the Park. En la obra, un César con la apariencia de Donald Trump es gráficamente asesinado sobre el escenario, lo que muchos simpatizantes de la derecha consideraron como un acto denigrante con el actual presidente.

Un erudito de Shakespeare podría señalar que una producción de Julio César que represente el asesinato de un rey parecido a Trump probablemente no es una incitación al asesinato del mandatario; después de todo, un punto de la obra de Shakespeare es alertar contra la violencia política. El experto también podría señalar que representar personajes actuales en obras clásicas es una práctica antigua (en el 2012, una compañía de Nueva York puso en escena un Julio César con un rey parecido a Obama, Delta la auspició, y realmente nadie se enfureció por eso).

Pero nada de eso importa en el 2017, cuando Twitter moldea las noticias. En las redes sociales no hay lugar para retratos matizados de tratamientos artísticos complejos. Solo hay fragmentos rápidos de imágenes gráficas en el despliegue de noticias; y la visión del asesinato de un César parecido a Trump fue demasiado para las marcas.

La caída en los patrocinios de César —y la reciente decisión de JPMorgan Chase de retirar la publicidad en la entrevista de NBC News con el teórico de las conspiraciones, Alex Jones— generó inquietudes por el riesgo de que los boicots a las marcas pudieran afectar al arte y el periodismo. Pero Coulter, de Grab Your Wallet, sostiene que aun así, fueron expresiones legítimas de sentimientos políticos.

“Creo que es saludable y positivo, aunque yo no esté de acuerdo con eso; es saludable y positivo que los consumidores se estén haciendo escuchar”, dijo Coulter.

También argumentó que las causas que apoya, incluyendo la igualdad de las mujeres, son las que probablemente se beneficiarán a largo plazo de la presión sobre las marcas. Las mujeres tienden a dominar las redes sociales. En la mayoría de las métricas, incluyendo el uso y los artículos compartidos, superan a los hombres en internet. Si usted es hombre, es muy probable que las noticias de sus redes sociales hayan sido programadas por una mujer. Las mujeres también están más profundamente inmersas en la economía del consumo que los hombres; según algunas estimaciones, son responsables del 85% de todas las compras de consumo.

“En los últimos 15 años, las mujeres se dieron cuenta de su propio poder de consumo”, dice Coulter. “Y ahora, en internet, pueden demostrar que están dispuestas a utilizarlo”.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista y autor estadounidense