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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-08-09

Cuba y Venezuela frente al mismo odio

REBELIÓN 24 de julio del 2017 ESPAÑA

J. A. Téllez Villalón*

A Cuba y a Venezuela no solo las unen orígenes, tránsitos descolonizadores y resistencias cruciales a la apetencia imperial, también el común enfrentamiento a poderosos odios interconectados. Odios a lo diferente, heredados y reactivos, contra su “plebe insolente”, empeñada en romper históricas dominaciones, dependencias y ordenamientos excluyentes, impuestos en los dos países por las oligarquías locales coligadas a las hispanoamericanas y estadounidenses.

Frente a estos odios, comparten un acervo ético, de raíces cristianas, evidenciado en el comportamiento político de los libertadores Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Antonio Maceo y José Martí. Ratificado en el mensaje de la Uneac a partir del reciente show miamense: “En la tradición ética y martiana de nuestro pueblo no ha habido ni habrá espacio para el odio”.

Una afiliación ética que, ante las bifurcaciones del camino que dividen a los hombres en dos bandos, toma la empinada de “los que aman y construyen”. Ratificada así por el Titán de Bronce: “No es pues una política de odio la mía, es una política de amor; no es una política exclusiva, es una política fundada en la moral humana”.

En armonía con la advertencia de Bolívar, “moral y luces son nuestras primeras necesidades”, y el orgullo de Sucre al despedirse de Bolivia, haber guiado su gobierno por “la clemencia, la tolerancia y la bondad”.

Herederos de esas tradiciones, Fidel y Chávez, con sus respectivas revoluciones, subvirtieron los históricos cuartones socioclasistas; trajeron inclusiones que impactaron en la exclusiva cotidianidad burguesa.

Ver y oler -demasiado cerca- en los habaneros Miramar, Biltmore y Country club o en los venezolanos Prados del Este, Altamira y La Castellana, a los que antes el statu quo lo impedía; devino aversión hacia los protagonistas o actores de esos cambios, en un deseo incontrolable de limitar o evitar transformaciones como estas.

Para algunos, era una blasfemia encontrar, junto a su crónica y “selecta firma”, la columna de opinión de un guajirito mestizo nacido en un intrincado lugar que prefería a Eleguá antes que a Jano y a los José Antonio Aponte antes que a los José Antonio Saco.

Reconocer como Poeta Nacional a otro de origen humilde y mestizo que, para colmo, hacía loas a “bembones” y pobres, era como “ir a cortar caña” para ciertos intelectuales cultivados en la pseudorrepública.

Ver brillar en armonía -que no es en falta de polémicas por puntos de vista diversos- a la vanguardia política e intelectual cubana, fue como un bofetón para ciertos renegados y/o resentidos de la otra orilla.

Ciertos intelectuales y artistas venezolanos “se quedaron mudos, indignados y sorprendidos” cuando en el 2012 el escritor, crítico y periodista venezolano Luis Alberto Crespo reconoció a Hugo Chávez como el poeta más importante del país.

Muchos de los que lo criticaron entonces no asumen hoy, ni medianamente, el reciente mensaje del Premio Nacional de Literatura: “La cultura debe tener un objetivo claro de imponer la paz por encima del grito, del insulto, del odio".

Porque no es –cual se ha pretendido instaurar- el Socialismo la fuente primigenia del odio. Por el contrario, una Revolución -“si es verdadera”- gestiona hasta su solución definitiva la polarización social y la acumulación capitalista y “capitalística” del individualismo, el “sálvese quien pueda” y del “hombre como lobo del hombre”.

Las elites de hoy heredaron de las anteriores la repulsa e intolerancia a los “fuera de la norma”, a los “inferiores”, los salvajes, los incivilizados y bárbaros, los subalternos y prescindibles.

Esta repulsa oligárquica, justificada desde una representación retrógrada y totalitaria, ha devenido incitación al odio, en la movilización a otros para que restauren el régimen político en que reinaban o para que eliminen a los protagonistas y sujetos que luchan por el “reino de la justicia”.

Sus víctimas, las seleccionan por su afiliación, apoyo o pertenencia -real o supuesta- a un grupo o tendencia que no toleran; en base al origen territorial o étnico, el color de su piel, su origen de clase, su ideología y/o convicción política. Basta incluso que desarrollen su vida social, pesquen, practiquen deportes o produzcan cultura, en un país con un sistema político diferente o no aceptado por el odiador.

Por complejos mecanismos, e impulsados por las industrias culturales hegemónicas, el antiamor se reconduce desde la simple y pasajera vivencia afectiva hasta la pasión o el estado de ánimo enfermizo, patológico, con impacto en lo público. Produciéndose así un sujeto que se revela a través del discurso de odio, la instigación a la violencia, el delito o el crimen de odio.

Una pulsión que se acrecienta hasta extremos fascistas, generando prejuicios, calificativos, ideologías, doctrinas, actitudes y actos violentos hacia una persona o agrupación, y denota su plus criminal en la medida en que envía un mensaje de advertencia, amenaza o declaración de guerra, a otros actores o sujetos semejantes a la víctima.

Ese fue el objetivo de las bandas contrarrevolucionarias que azotaron los campos cubanos cuando la Revolución, con el protagonismo de los “pinos nuevos”, se enfrascaba en tareas tan humanas como la Alfabetización.

Desaparecer cualquier reducto de la Revolución pacífica de Allende fue el propósito de la dictadura de Pinochet con los miles de asesinados y desaparecidos. Fue el mismo propósito del Plan Cóndor.

Otro uso instrumental de los crímenes de odio y el terror ha sido la manipulación del Caos, de imágenes que lo representan, en función de despertar el deseo subconsciente en ciertos actores de que se produzca “al fin”, el anhelo de la tierra arrasada, incentivando con ello el instinto de destruir.

Fue así como la propaganda nazi atrapó a las masas de alemanes y es lo que se pretende con los “libertarios” en Venezuela, con las guarimbas y las imágenes de la “Venezuela incendiada”, en “caos total”, que reproducen los oligarcas a través de su mass medias y de las redes sociales.

Un plan desestabilizador que con más de tres meses tiene un saldo de más de una víctima por día. De las cuales -y en contra de la matriz que se instaura por los medios oligárquicos- menos del 10% han sido víctimas del enfrentamiento con las fuerzas del orden. En su mayoría han sido víctimas del odio; aunque pocos casos han sido denunciados como tal.

Una parte de los muertos son los propios encapuchados dominados por la obsesión de aniquilar al Chavismo y a los “chavistas”; en muchos casos víctimas de sus propios artefactos de matar.

La gran mayoría ha sido aniquilada por las bandas violentas bajo las órdenes de los líderes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Sí, porque los apuñalan, les arrancan el pecho, los golpean hasta dejarlos sin vida, queman vivos o agreden, por "parecer chavistas".

Si alguien grita “este es chavista” o "infiltrado", si resulta sospechoso por sus “marcas” de humilde y el color de su piel, por tener un carnet que lo habilita a conducir vehículos militares o por parecerse a la esposa de un chavista.

Otra salida de esa “arrechera” criminal ha confluido en el sicariato político contra dirigentes chavistas, como el sindicalista Esmin Ramírez, la dirigente comunal Jaqueline Ortega Delgado, el dirigente de base y presidente de la Cámara Municipal municipio Libertador Eliécer Otaiza y el diputado Robert Serra en el 2014.

Un odio descontrolado que violenta todo, que quema un hospital materno, instituciones escolares o una guardería con niños dentro.

Esta obsesión antisocialista desemboca en la quema de banderas cubanas o en atentados al monumento de José Martí en Caracas. Y es que Cuba y sus líderes son parte de la construcción de la “otredad negativa” desde la que se enarbola el correlato de odio de la contrarrevolución venezolana, así como Venezuela lo es del odio de la contrarrevolución cubana.

Odios alentados y financiados desde Miami, en resonancia con el odio cubanoamericano en el Congreso estadounidense, protagonizado por Ileana Ros-Lehtinen, Marco Rubio, Robert Menéndez y Mario Díaz-Balart.

Un eje de odio que hace suyas las históricas prácticas del fascismo y el oscurantismo oligárquico anticomunista de las dictaduras en la región; de calificar y etiquetar para satanizar y deshumanizar al “enemigo”. Actualizándolas con los nuevos manuales de la Guerra de Cuarta Generación, el uso de las palabras y de la inducción mediática como arma de guerra y de las mentes humanas como blancos; para escalar desde los prejuicios informativos, cognitivos y receptivos, hasta la acción violenta y el genocidio.

Es “las cucarachas deben morir”, en la Ruanda de abril del 1994; el “se van a tener que comer los cables, las alfombras, las sillas, porque no les vamos a dar comida, ni agua…”, del asedio a la Embajada de Cuba en Caracas durante el golpe de abril del 2002, y el “Ratas rojas las vamos a matar”, de estos días en Venezuela.

Pero hay más crímenes de odio ejecutados con las palabras. Ciertos personajillos evacuan su odio como les resulta más fácil, mediante un lenguaje viperino, un auténtico acoso o sicariato verbal, “deliberado” y “banal”, para decirlo como Hanna Arendt.

Por la fidelidad a su pueblo y a la Revolución Bolivariana, el destacado intelectual Luis Britto García ha sido calificado como “ingenuo” y “fanático”. Por “defender lo indefendible”, le disparan el más banal de los insultos: “A Britto García, este escritor nadie lo leerá, porque es tan mentiroso que ni con la ficción literaria será posible indilgarle (sic) una buena obra, increíble la falta de coherencia y realismo de este señor que cree ser un intelectual, pero al servicio de la dictadura, como muchos lo hicieron en los años 70, dictaduras de derecha y la de Cuba (sic) también los tuvo”.

Del mismo lodazal son las opiniones que en ciertos medios mercenarios desatan determinados acontecimientos vinculados con una personalidad de la cultura que viva en Cuba y manifieste con su obra y conducta el más legítimo apego a su Patria, al Socialismo y a las más nobles causas de América Latina.

Sirvan como ejemplos el Diario De Cuba y la cola de comentarios que generó sus “obituarios” a tres personalidades de la vanguardia intelectual cubana, fallecidos recientemente. Tres hacedores y pensadores de la nación, al decir de la destacada intelectual Graziella Pogolotti.

“Pinocho Alma Mater”, “jenízaro”, “miembro de la pandilla castrofascista”, estuvieron entre las descalificaciones del odio para el destacado historiador Jorge Ibarra Cuesta. Aunque la mayoría confiesa no haber conocido al autor de Ideología mambisa, Nación y cultura nacional y Máximo Gómez frente al imperialismo, entre otros importantes textos.

En contraposición al criterio de la Pogolotti, que reconoce a Ibarra su “modestia proverbial” y su “hurgar entre papeles e ir escribiendo en la marcha acelerada que reclamaban los tiempos”. Por lo cual reclama, como “justo y útil homenaje”, la “valoración de su obra” más allá del “ámbito reducido de los especialistas”.

Para el talentoso poeta, escritor, ensayista, profesor y cultor de la canción tradicional cubana, Guillermo Rodríguez Rivera, porque “sirvió a la corte de los Castro” y por no ser capaz “siquiera de escribir algo en contra de la situación imperante en la Isla”; profirieron términos como “necio”, “mediocre como poeta, mediocre como tratadista literario, mediocre como ensayista”.

Lo que provocó la respuesta de otro de los lectores: “Los que insultan aquí, probablemente no sepan siquiera quién fue Guillermo Rodríguez y mucho menos hayan leído una sola línea de las muchas que escribió. Claro, las bestias no leen”. Obviamente, no conocen del valiente y crítico fundador de la revista literaria Caimán Barbudo.

Al autor de Por el camino del mar, esa joya de la cubanidad rebautizada como “Nosotros los cubanos” por su prologuista, el también martiano, poeta y estudioso de nuestra identidad, Cintio Vitier.

En correspondencia a la estatura del también “oficialista” Fernando Martínez Heredia, así emergieron los sulfurosos comentarios en su contra, desde el charco pantanoso del DDC. Calificativos -entre otros irrepetibles-, como “camaleón”, “chupatinta común (sic) y corriente”, “vendedor de ideas ya fracasadas”, “ciberchivato” (sic). Todo por dedicar su tiempo a lo que hacía y sabía útil, y sacrificarse por el mundo y “la sociedad que lo formó”.

DDC y sus acólitos seguidores no le perdonaron al autor de El corrimiento hacia el rojo, su profundo pensamiento y su postura militante. Ni su admiración, estudio y promoción de los comportamientos paradigmáticos y los pensamientos políticos de Mella, Guiteras, el Che y Fidel. Tampoco su hidalguía como parte de la delegación cubana a la VII Cumbre de las Américas en Panamá.

El director del DDC no heredó el talento de su padre, pero sí sus resentimientos y frustraciones personales; asumiendo como suyas las estocadas de odio que se propuso asestar el renegado “hombre de la cultura militante” contra la legítima intelectualidad revolucionaria, a través de los también mercenarios Encuentro de la cultura cubana y Encuentro en la red.

También el modo de vivir del odio a través de las agencias gubernamentales y las ONG estadounidenses, confabuladas para subvertir las revoluciones martiana y bolivariana, bajo la sombrilla de la “promoción de la democracia”.

Recuérdese que Diario De Cuba ha encabezado durante los últimos años la lista de los medios contrarrevolucionarios con las partidas más jugosas de la National Endowment for Democracy (NED). La misma NED que financió durante el 2016 con más de un millón 600 mil dólares las acciones desestabilizadoras en Venezuela.

Contagiados con la “necropolítica” y la "Schadenfreude” de la enfermiza contrarrevolución venezolana, la agenda del DDC no se dirige solo a la “yugular del castrismo”, sino a la de los “oficialistas”. Por eso sus lectores parecen disfrutar el desearles la muerte a otros: “¡Que siga la conga!”, “Bien muerto está”, “Fidel se los está llevando a todos”, “Ahora faltan Retamar y Barnet”, “Ahorita le toca a Eusebio (sic)”. Evidencias de cuánto condiciona o impacta el odio en el pensamiento y el juicio de ciertos revolcados en la impotencia y el rencor.

El mismo odio que destilan los plattistas y mercenarios que coprotagonizaron el grotesco show de Trump en el teatro Manuel Artime de Miami y concita en Venezuela a no participar en la propuesta de Paz que es la Constituyente.

  • Licenciado en Radioquímica. Maestrante en Ciencia Política en la Universidad de La Habana

Venezuela y la Asamblea Nacional Constituyente

REBELIÓN 1 de agosto del 2017 ESPAÑA

¿poco o mucho?


Atilio A. Borón*

Pocas veces se celebraron elecciones en un contexto tan signado por la violencia como las del domingo 30 de julio en Venezuela. Hay pocas experiencias similares en el Líbano, Siria e Irak. Tal vez en los Balcanes durante la desintegración de la ex Yugoslavia. Dudo que en algún país europeo o en Estados Unidos se hubiera celebrado elección alguna en un contexto similar al venezolano.

Por eso que algo más de ocho millones de personas hayan desafiado a la derecha terrorista con sus sicarios, pirómanos, saqueadores y francotiradores, y concurrido a emitir su voto, demuestra el arraigo del chavismo en las clases populares y, además, un valor a toda prueba para luchar por la paz y repudiar la violencia.

Y cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) dice que votaron 8 millones 89 mil 320 personas es así nomás, doblemente certificado por la cédula electoral y el control de las huellas dactilares de cada uno de los votantes.

Ese material está allí, sujeto a verificación por parte de la oposición o de observadores independientes, contrariamente a lo ocurrido con la pantomima electoral de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) el 16 de julio, que en una hilarante innovación en el arte y la ciencia de la política procedió a admitir votantes con documentos o sin ellos, sufragar cuantas veces lo quisieran para luego quemar todos los registros una vez terminado el relampagueante recuento de los 7 millones y medio de votos que mienten haber recibido.

Pese a estos antecedentes, el resultado de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) fue tildado de fraudulento, tanto por la derecha internacional, gubernamental o no, como por algunas sectas de la izquierda eternamente funcionales al imperialismo.

Algunos gobiernos de dentro y fuera de la región: México, Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos, Panamá, Colombia, Paraguay, Brasil, Canadá, España y Costa Rica, se apresuraron a declarar al día siguiente de la elección que no reconocerían a la ANC surgida del voto ciudadano en Venezuela.

Se comprende que aquellos gobiernos no puedan hacerlo porque tienen demasiadas preocupaciones en casa como para perder un minuto en reconocer la lección de democracia que el bravo pueblo venezolano ofreciera el domingo.

México está azorado por el octavo periodista asesinado en lo que va del año, y sin nunca hallar al responsable, amén de otras minucias como los 57 asesinatos por día registrados durante el 2016.

El Gobierno argentino por la muy probable derrota en el principal distrito electoral del país y una economía que no levanta vuelo, y Chile por la profunda deslegitimación de su sistema político y las protestas sociales que a diario conmueven las principales ciudades del país.

Colombia absorta en la atención de sus siete millones y medio de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico, y Paraguay por la penetración del narco en los distintos niveles de la administración pública.

Brasil por el estercolero en que se ha hundido el conjunto de su dirigencia, para ni hablar del caos en que se encuentra Estados Unidos con un jefe de Estado impredecible y veleidoso como pocos y una pobre España sumida ella también en la corrupción de sus ricachones, la putrefacción de la monarquía y el irreparable desprestigio de su clase política. Gobiernos que seguramente ignoran que el expresidente de EEUU, James Carter –no precisamente un chavista-, aseguró que el sistema electoral de Venezuela era más confiable y transparente que el estadounidense.

Pero, envalentonados por el apoyo de tan distinguidos gobiernos, los críticos de la Revolución Bolivariana no se arredran y levantan su dedo acusador señalando que el grado de participación en la elección de la ANC, 42% del padrón electoral, fue muy bajo y mal puede avalar las pretensiones del oficialismo de legitimar su instalación en los próximos días.

La prensa canalla, cuya misión es mentir y manipular con absoluta inescrupulosidad la conciencia pública, nada dice de las condiciones bajo las cuales las venezolanas y los venezolanos salieron de sus casas a votar.

Peor aún, en su absoluta descomposición moral, al diario El País, nave insignia del terrorismo mediático, se le olvidó que el 21 de febrero del 2005 tituló “Sí rotundo a la Constitución Europea con una participación del 42%” (de los españoles), resultado obtenido en medio de un clima de total tranquilidad, sin guarimbas ni sicarios sueltos por las calles.

Pero doce años más tarde lo que en España permitía hablar de un “sí rotundo” se transmutaba en una crítica por la “violencia y la abstención en la Constituyente de Maduro”.

Nada dijo ese “house organ” del capital de que su tan admirada Michelle Bachelet obtuvo la presidencia en el 2013 en elecciones que contaron con la participación del 41,9% de los empadronados, y que en las municipales de Chile del año pasado la participación fue menor aún: 34,9%.

O que en Colombia Juan M. Santos fue elegido en un balotaje con 47% de concurrencia de votantes y que en el Referendo por la Paz, de comienzos del 2016, la participación para decidir un asunto tan crucial como ese fue de solo el 38%; o que Bill Clinton fue reelecto en el 1996 en comicios en los cuales tomó parte solo el 49% de los registrados para votar, y su sucesor, George W. Bush, en otros en los cuales participó el 50,3%. ¡Y eso que lo que estaba en juego era nada menos que la presidencia de Estados Unidos!

En conclusión: excelente nivel de participación dada las circunstancias y fracaso total de la estrategia de la derecha para sabotear la ANC.

Esto seguramente redoblará el accionar de la fracción terrorista de la oposición, cuyo desprecio por las reglas democráticas es incurable. Y eso que hay elecciones de gobernadores pautadas para diciembre de este año, y que en el año próximo tendrán lugar las presidenciales.

Pero a esa “elite de forajidos”, como el laborista británico Harold Laski llamaba a la dirigencia fascista europea cuya descendencia hoy devasta Venezuela, esto no les interesa en lo más mínimo. Quieren acabar con el chavismo ya, apremiados por sus amos y financistas del Norte, y para ello están dispuestos a hacer cualquier cosa, a violar cualquier norma ética.

Le tocará a un relegitimado Gobierno de Nicolás Maduro acabar sin más demoras con el ala terrorista de la oposición y recomponer el orden público y la vida cotidiana, sin lo cual será imposible relanzar el proyecto bolivariano.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Politólogo y sociólogo argentino

Rafael Correa, más presente que nunca en Ecuador

REBELIÓN 21 de julio del 2017 ESPAÑA

A los ecuatorianos les queda seguir con su Revolución Ciudadana, haciéndola más participativa y transparente, o retornar al modelo neoliberal para entregar el país a la oligarquía, a la banca usurera, todos al servicio incondicional de Washington

Me tocó la misión de relámpago: rasgar un instante las tinieblas; fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse sobre el vacío (Simón Bolívar, 1830, Carta a Fanny Dervieu du Villars)

Vicky Peláez*

El nuevo presidente de Ecuador, Lenín Moreno, trató de tomar una ligera distancia del legado de Rafael Correa y asumir un estilo de conducción distinto durante sus primeros 50 días de liderazgo.

En el primer día de su Gobierno, Moreno suprimió la Secretaría del Buen Vivir. Días después convocó a los representantes de los medios de comunicación de la oposición anunciándoles que llegó la hora de la tolerancia, la reconciliación, el respeto y de acabar con el autoritarismo.

Pero lo más curioso y de paso alarmante en su alocución de bienvenida a los directivos de la prensa fue cuando les dijo: "Respiren los aires de la libertad, no hay satisfacción más grande". Con esta frase, prácticamente afirmó que, durante diez años, cuatro meses y nueve días de la Presidencia de Correa, la libertad estaba ausente o restringida.

Los que estábamos siguiendo la trayectoria del presidente Rafael Correa desde el 2007 al 2017, hemos sido testigos de una sistemática guerra mediática globalizada contra el propulsor de la Revolución Ciudadana desde el primero hasta el último día de su Gobierno.

La prensa al servicio de las elites nacionales e internacionales "no se cansaba en presentar un país incendiado por la conflictividad, que marcha hacia la catástrofe y el conflicto social", según el periodista ecuatoriano Jorge Núñez Sánchez.

"La oposición trató de ver diariamente en cada acto administrativo un error, en cada declaración oficial una amenaza, en cada negocio público una muestra de corrupción y en cada proyecto una infamia". Todos los intentos de diálogo fueron rechazados por la oposición y sus medios de comunicación.

Decía Bernard Shaw que "la libertad significa la responsabilidad". Sin embargo, 'la responsabilidad' ha sido interpretada durante siglos por la prensa al servicio de la oligarquía nacional y las transnacionales desde el punto de vista de los intereses de sus patrocinadores o sus amos, es decir, unilateralmente. Así, la prensa ecuatoriana, en su mayoría, se convirtió en la propietaria de la verdad.

A instancias de Washington y de sus generosas propinas por medio de numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), la USAid y la NED, la prensa manejada por la oposición intensificó aún más los ataques contra Rafael Correa después de que el presidente reorientara la política comercial hacia China y los países de la Alba, la Celac y Rusia, clausurara la base militar estadounidense de Manta, cancelara los proyectos de la USAid y organizara la salida de Ecuador del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

Y no podía ser de otra forma porque hasta la promulgación de la Ley Orgánica de Comunicación en el 2013, el 83% del espacio radioelectrónico estaba en manos privadas, el 13% era manejado por la Iglesia y solo el 3% estaba destinado al sector público y comunitario. El periódico El Universo (de Guayaquil), del Grupo Pérez, y El Comercio de Quito, de la familia Martínez, ocupaban el 65% de la circulación nacional.

En el 2007, unas 19 familias controlaban 287 canales de televisión. Entre seis y ocho canales de televisión con cobertura nacional estaban ligados a los bancos privados. En estas condiciones, los medios de comunicación en manos privadas representaban un 'poder de facto', declarando a Rafael Correa un "dictador" con el cual no se podía entablar un diálogo.

Con la puesta en marcha de la Ley Orgánica de Comunicación en el 2013, que estableció la distribución equitativa de frecuencias de radio y televisión, la guerra mediática contra Rafael Correa se hizo aún más despiadada y carente de toda ética.

A los dueños de medios de comunicación no les agradó el hecho de quedarse solamente con el 33% de las frecuencias radioelectrónicas. El resto fue distribuido en la siguiente proporción: el 33% al sector público; 10% a la Iglesia; y el 24% a las comunidades. Los ex dueños de la 'verdad', que usaban la libertad de injuriar como si fuese una opinión, denunciaron al unísono el "linchamiento mediático" debido a la 'ley Mordaza'.

El anuncio del nuevo presidente, Lenín Moreno, de la apertura del diálogo con los dueños de los medios privados de comunicación, quienes durante los últimos diez años rechazaron todo tipo de diálogo con el Gobierno de Correa para promover 'amor y paz' en el país, está provocando el desconcierto y la preocupación de las bases de la Revolución Ciudadana.

Ya varios periodistas de opinión del periódico ligado al Gobierno El Telégrafo, como Alfredo Vera, por ejemplo, consideran que "será difícil que Lenín Moreno continúe el camino que fue trazado durante diez años por Rafael Correa". Otro columnista del mismo periódico que siempre apoyó al expresidente, Sebastián Vallejo, de pronto descubrió con la partida de Rafael Correa a Bélgica que "lo que está cosechando Alianza País son diez años de una cultura democrática muy pobre y una excesiva centralización".

Los más poderosos periódicos de la derecha ecuatoriana, El Comercio y El Universo, han empezado a presentar a Lenín Moreno como un verdadero líder democrático que siente el pulso de su pueblo.

Las alabanzas se intensificaron después de que el Presidente designara al derechista ex editor de El Comercio, Fernando Larenas, como director Editorial del periódico público El Telégrafo, el de mayor importancia para Alianza País.

Fernando Larenas escribió en las páginas de El Comercio contra la Revolución Ciudadana y, en especial, contra Rafael Correa. El nuevo editor ya anunció la eliminación de la página editorial de El Telégrafo, sabiendo como profesional que la página editorial es el corazón y la carta de representación de cada medio de comunicación.

Por supuesto que, el mayor enemigo de la Revolución Ciudadana, el banquero Lasso, mandó inmediatamente su 'felicitación' a Lenín Moreno y, cómo no, pues la derecha ya tiene su representante en el mayor periódico público del país.

Fue el mismo Guillermo Lasso quien durante la última campaña electoral se olvidó de la tolerancia, el diálogo, el respeto y llamó abiertamente a la violencia contra la dictadura de Alianza País. Sus huestes quisieron inclusive incendiar la capital al enterarse de su derrota en las elecciones presidenciales.

Ahora Guillermo Lasso se está autoproclamando el defensor de la democracia y de los derechos humanos, olvidándose de su promesa electoral de expulsar a Julian Assange de la Embajada de Ecuador en Londres. A la vez, el siniestro personaje está tratando de entablar una sutil amistad y diálogo con el presidente Lenín Moreno.

Toda la derecha está dispuesta a apoyar a Lenín Moreno en su lucha contra la corrupción mientras que no toque sus capitales en los paraísos fiscales. La consigna de la lucha contra la corrupción es también el nuevo método de los globalizadores iluminados para dominar el mundo.

En otros tiempos usaron el anticomunismo, después proclamaron la guerra al narcotráfico, la reemplazaron por el terrorismo y ahora lograron retornar a su patio trasero a Argentina y Brasil acusando a sus exlíderes de corruptos, ocultando sofisticadamente el hecho de que los acusadores e instigadores internacionales han sido los que promovieron la ola de corrupción a nivel mundial. John Perkins lo describió en su libro Confesiones de un Asesino Económico a Sueldo.

Tomando todo esto en cuenta, el presidente Lenín Moreno tiene que cuidarse mucho de la sinceridad de los medios privados de comunicación para ayudar a su Gobierno en la lucha contra la corrupción en nombre de la democracia.

La supuesta 'dictadura' que instaló Rafael Correa es otro mito, otra 'falsa bandera'. Basta acordarnos del informe de uno de los más prestigiosos 'think tanks' británicos, World Values Survey 2014, que anunció que "Ecuador es uno de los países del mundo gobernado más democráticamente, incluso más que Estados Unidos, el Reino Unido y Francia".

Un año después, en el 2015, la Corporación Latinbarómetro presentó un informe sobre 18 países respecto a la percepción pública del Gobierno, la distribución de la riqueza y la corrupción. El informe arrojó que el 56% de los ecuatorianos estimó que en el país se gobierna para el bien de todo el pueblo. El 49% cree que la distribución de la riqueza es justa y, finalmente, Ecuador ostenta el primer lugar entre los 18 países participantes en esta encuesta, con el 54%, referente al progreso en la reducción de la corrupción en los últimos dos años.

Definitivamente, Lenín Moreno tiene que ser muy cuidadoso en su diálogo con los que representan los intereses de la oligarquía y las transnacionales en su intento de encontrar un camino más transparente y unificador para su país y no olvidar el legado de su predecesor que retornó el prestigio, la fe en sí mismos y la dignidad a los ecuatorianos e hizo crecer su clase media en diez años de un 13% al 49%.

Por supuesto que el diálogo es siempre necesario, pero hay que tomar en cuenta que el "diálogo", según Rafael Correa, "es bienvenido… pero hay que saber con quiénes te sientas a la mesa y no dialogar con quienes saquearon a Ecuador".

  • Periodista peruana radicada en Rusia