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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-09-21

Los sangrientos orígenes del neoliberalismo

POR ESTO! 13 de septiembre del 2017 MÉXICO

Jorge Canto Alcocer*

El pasado martes 11 de septiembre, día en que se conmemoró el aniversario 44 del golpe de Estado que derrocó al Gobierno democrático de Salvador Allende en Chile, un académico yucateco publicó en las redes sociales: “Allende iba directo a otra dictadura como la cubana… no justifico el golpe, pero la vía chilena fue antecedente de la vía venezolana”.

Se trata de un joven doctor en historia que se ha especializado en emitir comentarios provocativos y generalmente irreflexivos sobre diversos temas, justificándose en un supuesto purismo de izquierda, por el que se atribuye la capacidad de erigirse en tribunal inquisitorial y calificador universal de todos los líderes y movimientos sociales que se le crucen por la mente.

Hace uso, por supuesto, de la libertad de expresión propia de las redes, y me parece que por sí mismo está erosionando a pasos agigantados la credibilidad que llegó a tener, pero también me parece que su frase sobre Allende, llena de ignorancia y confusión, nos da pie para puntualizar el contexto de la caída de este gran demócrata, y lo que siguió: la imposición a sangre y fuego del experimento neoliberal en el país más austral de Nuestra América.

Salvador Allende llegó al poder en noviembre del 1970, tras obtener el triunfo como candidato de la Unidad Popular, un conjunto de partidos de izquierda, entre los que destacaban los partidos Socialista y Comunista chilenos.

Su victoria hizo sonar las alarmas en Washington, donde gobernaba Richard Nixon, para quien la llegada de Allende por la vía electoral fue una dolorosa derrota, que vino a profundizar la sensación de retroceso general del capitalismo, tras la consolidación de la Revolución Cubana, la debacle que ya se preveía en Vietnam, los éxitos de la entonces Unión Soviética en materias científica, tecnológica, cultural e incluso deportiva, el crecimiento de la guerrilla en Centroamérica, y un larguísimo etcétera.

Es en ese contexto en el que Nixon y los principales líderes del mundo capitalista decidieron poner en marcha los alegatos poco atendidos previamente de los economistas Friedrich Hayek y Milton Friedman.

Ambos pasaron de divulgadores desprestigiados de un pensamiento anacrónico a premios Nobel e ideólogos económicos de la nueva religión: el neoliberalismo, que no plantea otra cosa que sepultar el papel directivo y el compromiso social del Estado, para permitir la maximización de las ganancias capitalistas a costa de lo que fuera.

La rectoría estatal quedó restringida, precisamente, a los gastos de “defensa”, es decir, a financiar la política imperialista y belicista, y así ganar la “Guerra Fría”, revirtiendo la situación antes descrita.

Chile quedó así como el laboratorio perfecto para el experimento neoliberal.

Está perfectamente documentado cómo la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Embajada norteamericana en el país austral y la oligarquía chilena, sobornaron a varios mandos del Ejército y financiaron una extensa campaña de subversión y sabotaje a la economía.

Muchos líderes políticos también fueron comprados para crear problemas ficticios o profundizar contradicciones reales durante los años del 1971 y el 1972.

Cuando se vio a las claras que los intereses extranjeros y oligárquicos no respetaban la vida del pueblo chileno con tal de socavar los cimientos del Gobierno de Allende, muchos líderes de la Democracia Cristina –el principal partido de la derecha- se retiraron de las agresiones, pero no advirtieron a Allende de lo que se le venía encima.

El plan fue preparado con tanto maquiavelismo, que un primer golpe –una farsa en realidad- fue severamente reprimido por Pinochet, lo que llevó al Presidente chileno a ponerse en las manos de quien rápidamente lo traicionó del modo más canalla posible.

Sobre el cadáver de Allende -muerto con su última bala, tras defender heroicamente la sede del Gobierno- y de miles de chilenos asesinados con gran crueldad, Milton Friedman y su equipo de tecnócratas intentaron llevar a cabo sus inhumanos planes, que produjeron un colapso en los servicios del Gobierno y precipitaron a la miseria a millones de personas, para luego ser aplicados al resto del mundo, con las consecuencias ya conocidas, y que seguimos padeciendo hasta el momento actual.

Ahora que se pretende sembrar “verdades históricas” utilizando la volatilidad de las redes sociales y, en general, de Internet, conviene recurrir siempre a la ciencia histórica y documentarse bien.

Ni Allende hundió a Chile, ni Maduro está hundiendo a Venezuela. Lo que se ha vivido y se vive es consecuencia de la batalla perenne por la dignidad y por la viabilidad de una América libre, dueña de su propio destino y a salvo de los intereses del Imperio y las oligarquías.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Investigador del Instituto de Cultura de Yucatán

“El cambio climático ha aumentado la intensidad de Irma y Harvey”

EL PAIS 18 de septiembre del 2017 ESPAÑA

Entrevista Ignacio Fariza al Premio Nobel de Química Mario Molina

El Nobel de Química mexicano admite el fracaso de los científicos en su labor pedagógica sobre las consecuencias del calentamiento global

El ingeniero químico Mario Molina (Ciudad de México, 1943) es el único Nobel mexicano vivo. Lo ganó, junto con Paul J. Crutzen y F. Sherwood Rowland, por sus investigaciones por la capa de ozono y desde entonces ha dedicado su vida a la resolución de problemas medioambientales.

A caballo entre Estados Unidos y su país natal, ha asesorado a los Gobiernos de Barack Obama y Enrique Peña Nieto. Y discrepa abiertamente, como la mayoría de la comunidad científica, de las políticas “irracionales” de la Administración Trump. Molina recibe a EL PAÍS mientras el huracán María amenaza Puerto Rico y otras islas del Caribe, y Florida hace balance de daños tras el paso de Irma, uno de los más potentes de cuantos han sacudido EEUU en los últimos años. Dos semanas antes, Texas tenía que hacer lo mismo con el rastro de destrucción que dejó Harvey.

Pregunta. Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el cambio de paradigma en EEUU respecto al cambio climático ha sido brutal. ¿Qué implicaciones reales puede tener su retirada del Acuerdo de París?

Respuesta. Es muy preocupante, porque EEUU tiene la tradición de ser un líder en estos temas. Pero, por fortuna, el resto del planeta está de acuerdo. Lo que definió en buena medida el Acuerdo de París fue lo que podía hacer la Administración estadounidense sin el acuerdo del Congreso. Y ahí, desde antes de Trump, ha habido una mayoría republicana que tenía como mantra no aceptar el cambio climático.

P. ¿Qué riesgo real hay de que la nueva Administración estadounidense haga descarrilar la lucha global contra este problema?

R. Lo que esperamos es que en cuatro años no pueda cambiar mucho; que el péndulo, que se ha movido a un extremo, regrese a la posición de partida. Lo que es alarmante es la negación del cambio climático y, un paso más allá, la negación de la enorme contribución de la ciencia para el beneficio de la sociedad. El único consuelo es que muchos Estados (de EEUU), ciudades y empresas se han puesto de acuerdo al margen de lo que dice Trump.

P. ¿Han fracasado los científicos en su labor de comunicación y pedagogía para que EEUU haya elegido un presidente abiertamente escéptico con el cambio climático?

R. Sí, se ha fracasado. Pero, sobre todo, en los años anteriores (a la victoria de Trump). Aun así, en EEUU la mayoría de la población ya está de acuerdo en la existencia del cambio climático y con la incidencia de la actividad humana. La comunidad científica hizo muy mal trabajo en comunicarle la seriedad del problema a la sociedad. Se habla de proyecciones futuras y no de hechos presentes.

P. Los huracanes, como Harvey o Irma, sí son hechos presentes.

R. Sí, y esperamos que la posición negacionista cambie con todo lo que acaba de ocurrir en EEUU con Irma y Harvey. Son predicciones que ya se están materializando.

P. ¿Son estos fenómenos fruto del calentamiento global?

R. El cambio climático no ocasiona estos eventos extremos, pero sí aumenta su intensidad. Los huracanes tienen que ver con la temperatura del mar. Y esa temperatura, ha subido como consecuencia del cambio climático. Los huracanes Harvey e Irma quizá habrían sucedido también sin cambio climático, pero su virulencia habría sido incomparablemente más baja: eso está muy bien proyectado en la literatura científica. Es absurdo oír que no tenemos suficientes datos para saber si influye o no. Hay una gran probabilidad de que ocurran fenómenos cada vez más virulentos.

P. ¿Cree, entonces, que Harvey o Irma serán determinantes para hacer cambiar de posición a Trump?

R. Eso sería lo lógico. Pero es tan irracional todo lo que está sucediendo en cuanto a protección al medioambiente con el presidente Trump que no es posible predecir si va a cambiar de opinión. De momento no hay nada que indique que vaya a hacerlo. Recuperar las minas de carbón, por ejemplo, es una barbaridad.

P. ¿Qué incidencia ha tenido el cambio climático en otros fenómenos extremos, más allá de los huracanes?

R. Los incendios forestales han incrementado su frecuencia: al mismo tiempo que hay más lluvia en algunos sitios, hay más sequía en otros. En EEUU y Canadá, por ejemplo, al ser menos frío el invierno hay insectos que sobreviven las bajas temperaturas y acaban facilitando, indirectamente, los incendios.

P. Uno de los argumentos con más predicamento entre quienes se oponen a tomar medidas es el coste económico. Pero la mayoría de estudios apuntan a atajarlo solo costaría que un 2% del PIB.

R. De hecho, los cálculos actuales apuntan a una cifra incluso más baja. Las renovables ya son competitivas. Y, aunque el coste fuera de ese 2%, sería mucho menor que la suma de los impactos económicos del cambio climático. No atajarlo es altamente irresponsable: estamos dejando para generaciones futuras un medioambiente peor del que disfrutamos nosotros.

P. ¿Por qué, entonces, el despegue de las renovables es más lento de lo que podría predecirse, aun habiendo argumentos económicos? R. En buena parte, por la inercia: a la sociedad le cuesta trabajo cambiar. Y las empresas que tienen inversiones, como las petroleras, quieren extraer todos los recursos posibles. Quizá el ejemplo más extremo es el de las arenas bituminosas de Canadá: ya son mucho más caras que el gas natural, pero aun así muchas industrias de combustibles fósiles ya están cambiando hacia las renovables para diversificar. Es importante que dejemos una buena cantidad de combustibles fósiles debajo de tierra y saber que las renovables ya no suponen un coste económico adicional.

P. La deforestación se ha frenado en los últimos años. Incluso, en muchos países avanzados y emergentes están reforestando a buen ritmo. ¿Hasta qué punto puede frenar el cambio climático?

R. Es una solución, pero muy parcial. Es muy importante limitar esa deforestación y generar bosques nuevos, pero es una solución que toma su tiempo: no podemos contar con ese factor como algo que, de alguna manera, sustituya a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Hay que verlo con mucho cuidado: por eso no se aceptaron este tipo de argumentos en el Acuerdo de París. Los sumideros de CO2 ayudan y hay que apoyarlos, pero no a costa de no reducir emisiones. Eso es lo esencial.

P. ¿Y los sumideros de CO2 artificiales?

R. Quizá en el futuro. Existía la expectativa de que se pudiera capturar el dióxido de carbono, pero eso ha resultado en un coste mayor del que se esperaba originalmente. Sigue siendo importante seguir experimentando en ese ámbito, pero todavía no es una solución factible. De nuevo, es mucho menos costoso reducir emisiones.

P. ¿Tiene que dejar de crecer la población mundial para poder atajar el cambio climático?

R. Sí, sin duda. El planeta es limitado y hay razones muy poderosas para limitar el crecimiento demográfico. Por fortuna, es algo que ya está sucediendo en algunos países.

P. En su último libro, El cambio climático: Causas, efectos y soluciones, dice que ninguna generación antes de la nuestra tenía tanta información sobre la incidencia de nuestra actividad económica sobre el cambio climático y ninguna posterior tendrá el tiempo que tenemos nosotros para actuar. La buena noticia es que aún estamos a tiempo, pero ¿cuándo será demasiado tarde?

R. Es difícil poner una línea roja, pero ya tenemos un cambio que estamos viendo, por ejemplo, con los recientes huracanes. Si sigue aumentando la temperatura, crecerá el riesgo de que sucedan desastres realmente inaceptables: que haya partes del planeta en las que no sobreviva la gente en verano, lo que llevaría a grandes migraciones.

P. ¿Estamos cerca de ese punto?

R. Sí, pero no puedo fijar una fecha. Lo que queremos es que en esta década y en la próxima funcione el Acuerdo de París, que es insuficiente pero muy importante. Que todos los países se pongan de acuerdo. En ese sentido, la Administración Trump es un retroceso. Pero remediable.

P. Ud. ganó el Nobel en 1995 por el descubrimiento de las causas del agujero en la capa de ozono. A medida que ha crecido la preocupación por el calentamiento global, ese problema parece haber pasado a un segundo plano. ¿Lo da por resuelto?

R. Sí, lo daría como prácticamente resuelto. Y como un ejemplo de un acuerdo internacional ambiental que sí ha funcionado: todos los países del planeta lo aceptaron y los gases CFC industriales ya prácticamente no se producen. Fue un éxito muy claro. Es verdad que la recuperación de la capa de ozono está siendo más lenta de lo que pensábamos, pero es el mejor ejemplo de cómo sociedad, Gobiernos y empresas pueden trabajar juntos.

P. Quizá el mayor problema en la lucha contra el cambio climático es la llamada tragedia de los comunes: que, aunque atañe a todos, Ejecutivos y compañías tienen incentivos a saltarse los acuerdos y dejarse guiar por su beneficio individual. Para esquivarlo se han propuesto dos opciones: los impuestos al carbono o el comercio de derechos de emisiones. ¿Cuál prefiere?

R. Es un problema más de mis colegas economistas, y muchos de ellos ven menos costoso para la sociedad ponerle un precio a las emisiones. De todas formas, lo importante es que haya un sistema internacional de control [coercitivo] para que los freeriders no puedan actuar con facilidad. Ese es el gran reto global y espero que se ponga en marcha en los próximos 10 o 15 años.


Selección en Internet: Juana Calzado Jiménez

  • Periodista de EL PAÍS


¿Por qué Harvey dejó más víctimas en Texas que Irma en Cuba?

SPUTNIK 13 de septiembre del 2017 RUSIA

Los daños causados por los huracanes a las construcciones y las infraestructuras son similares en todo el Caribe, pero Cuba se distingue porque la cantidad de personas que muere durante estos fenómenos, es muchísimo menor


Raúl Zibechi*

Desde el año 2000, Cuba sufrió 18 huracanes, que provocaron la muerte de miles de personas en el Caribe y en EEUU, y el costo fue de solo 45 vidas humanas, aunque hubo cientos de miles de casas destruidas y se perdieron cosechas.

El reciente huracán Irma dejó enormes destrozos en la Isla, provocó olas de hasta 11 metros en La Habana, con penetraciones del mar de hasta 600 metros en el Malecón y barrió el país con vientos de 285 kilómetros por hora, siendo el mayor huracán del Atlántico en la historia.

En esta ocasión hubo 10 muertos, algo inusual pero comprensible por la gravedad del fenómeno. (Según la agencia EFE, en EEUU ese mismo huracán Irma dejó al menos 30 muertos).

Las enormes diferencias entre Cuba y los demás países en relación con los costos humanos que provocan los huracanes, nos hablan de las características de la sociedad. Creo que responden a tres factores muy ligados a la historia de la Revolución.

El primero es la cultura de la solidaridad.

Como en otras ocasiones, con la llegada del huracán Irma más de un millón de personas fueron evacuadas. El Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil informó que el 77% de los evacuados se protege en casas de familias, "prueba de la solidaridad característica del pueblo cubano ante situaciones difíciles". Los demás evacuados son albergados en refugios oficiales.

Las viviendas de los evacuados son protegidas por soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que también custodian centros estatales. De ese modo la población no tiene temor a los robos, que en los demás países son una de las principales causas por las cuales la población rechaza la idea de abandonar sus viviendas.

En Cuba funciona, además, una cultura de la participación que va de la mano con la descentralización de servicios.

Para enfrentar los inevitables cortes de luz que provocan los huracanes, la Mayor de las Antillas utiliza algunos equipos que funcionan con diésel para generar electricidad de forma independiente.

Las más importantes instituciones estatales cuentan con plantas propias para situaciones de emergencia, así como los centros de salud.

La segunda característica cubana frente a los huracanes se relaciona con la inexistencia de especulación inmobiliaria, que es una de las facetas más importantes de la acumulación capitalista.

El ciclón Harvey provocó en el estado de Texas al menos 47 muertos y la inundación de amplias regiones de las ciudades, con el consiguiente aislamiento de la población. No se trata de inundaciones puntuales sino de grandes áreas que fueron anegadas y el retroceso de las aguas se demora varias semanas.

Houston, en Texas, es la quinta ciudad más poblada de EEUU y una de las que registró mayor expansión inmobiliaria.

"Según Forbes, creció durante el boom inmobiliario sobre un terreno de miles de hectáreas, sembrado de alforfón absorbente, que pertenecía al equipo de ingenieros del Ejército de EEUU y que estaba destinado a investigar sobre la prevención y el control de inundaciones."

Las zonas ahora inundadas formaban la cuenca natural por la que se vaciaban los dos embalses que protegen a la ciudad de las catástrofes, que el Ejército compró en la década del 1940 para evitar que se repitieran inundaciones en el centro urbano. Pero la especulación inmobiliaria llevó a la construcción masiva de viviendas.

"Empresas como Amazon y FedEx situaron delegaciones en la ciudad y llevaron allí a cientos de empleados. La ciudad necesitaba crecer y consiguió hacerlo manteniendo precios de vivienda y de vida asequibles para su población, pero a costa de ocupar las 200 mil hectáreas destinadas a evitar situaciones como las que viven sus habitantes esta semana", relata un informe de La Vanguardia.

Por el contrario, en Cuba las ciudades crecen muy lentamente y lo hacen conservando la trama urbana histórica. No existe la posibilidad de que personas privadas tomen iniciativas edilicias. No es la ganancia privada lo que determina la planificación urbana.

La tercera diferencia es la Defensa Civil.

Según el diario Granma, "la estrategia cubana de defensa contra los huracanes comenzó a forjarse durante la recuperación tras el paso del más famoso entre cuantos nos han azotado en los últimos 40 años". Se refiere al huracán Flora, que en el 1963 provocó la muerte de mil 200 cubanos.

La Defensa Civil fue creada en el 1962 a partir de las Milicias Nacionales Revolucionarias, concebidas como "defensa popular con la misión fundamental de agrupar a los trabajadores en unidades de las milicias y defender sus industrias", que incluye una amplia gama de funciones, desde el salvamento ante catástrofes hasta la reparación de averías.

Durante las situaciones de emergencia o catástrofe puede suspender clases, organizar la distribución de alimentos, la evacuación de personas, así como los trabajos para reparar averías en los servicios eléctrico y telefónico, con el objetivo de proteger a la población y minimizar los daños materiales.

El periodista F. Ravsberg describe el funcionamiento de la Defensa Civil: "La calma que se vive en Cuba ante la llegada del huracán Irma, uno de los más destructivos de la historia, no se debe a falta de previsión sino a todo lo contrario. En la Isla cada actor sabe qué hacer, la obra ha sido ensayada cientos de veces y estrenada ante la llegada de todos los huracanes que han pasado por el país desde hace décadas".

Uno de los aspectos más interesantes es que la Defensa Civil "resulta extremadamente barata", ya que solo los altos mandos son profesionales y los demás son voluntarios que "se eligen entre los vecinos, buscando a quienes tienen un mayor liderazgo".

El ejemplo cubano debería servir de inspiración a todos los países pobres que tienen enormes dificultades para afrontar catástrofes naturales y humanitarias.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Escritor uruguayo dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina

Huracanes, cambio climático y devastación

LA JORNADA 14 de septiembre del 2017 MÉXICO

Ángel Guerra Cabrera*

Este año ha sido pródigo en desastres naturales. Solo del 17 de agosto hasta hoy, los países del Caribe y Estados Unidos han sufrido el embate de los huracanes Harvey, Irma, José y Katia. El 7 de septiembre México sentía los estragos de uno de los mayores terremotos de su historia y casi simultáneamente del ciclón Katia. El primero devastó Juchitán y todo el istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, además de golpear numerosos municipios de Chiapas, y el segundo azotó zonas de Veracruz y Tamaulipas. Suman más de 90 los fallecidos por ambos fenómenos.

La cuestión de los huracanes y cuánto está influyendo el cambio climático en su periodicidad, aumento de categoría y, por consiguiente, en su poder destructor y capacidad de amenazar la vida y bienes, es un tema de la mayor importancia para los pueblos y gobiernos del área del Caribe y el Golfo de México, incluyendo a Estados Unidos.

Existe una abrumadora evidencia científica sobre la incidencia del cambio climático en la generación de fenómenos meteorológicos extremos. En los días del paso de Harvey por Estados Unidos varios reconocidos investigadores lo afirmaron categóricamente.

Es el caso de James Hansen, exresponsable de cambio climático en la NASA y con funciones semejantes en la Universidad de Columbia, quien declaró al portal Democracy Now: "Como consecuencia de los cambios en la composición de la atmósfera, provocados fundamentalmente por la quema de combustibles fósiles, el planeta se está calentando y el nivel del mar ha comenzado a aumentar debido a que el océano se está calentando y el hielo se está derritiendo.

El volumen de vapor de agua está aumentando debido a que la atmósfera se está calentando y, por consiguiente, la cantidad de agua que cae durante estas tormentas es mayor, debido al calentamiento global provocado por el ser humano. Las tormentas eléctricas, los tornados y las tormentas tropicales obtienen su energía de la que está latente en el vapor de agua. Estas tormentas son en gran medida el resultado de los efectos provocados por el ser humano".

Por su parte, el sitio web Carbon Breef publica un elocuente mapa que refleja el estudio de la influencia del cambio climático en 144 fenómenos meteorológicos extremos analizados en 138 artículos científicos arbitrados.

Y qué duda cabe, el capitalismo es la causa fundamental del cambio climático. Mientras persista el irracional y suicida modelo actual de producción y consumo no será posible erradicar el origen de lo que John Saxe-Fernández denomina colapso climático. No obstante, confío en que no haya que esperar al derrocamiento del capitalismo para avanzar en la lucha contra el desbarajuste del clima.

Se puede lograr mucho en la educación de las personas sobre este gravísimo peligro y en organizar luchas populares que fuercen a los estados capitalistas a adoptar medidas que reduzcan las causas y efectos del fenómeno. El hecho de que Trump represente una corriente negadora del cambio climático en el país capitalista históricamente más contaminante y derrochador, refuerza la necesidad de que la izquierda y los gobiernos revolucionarios y progresistas coloquen a la cabeza de sus agendas la lucha contra ese flagelo.

Por lo pronto, es urgente la solidaridad con los países afectados por los huracanes de esta temporada, sobre todo con los pobres o bloqueados por Estados Unidos y también con los desfavorecidos en cualquier país. Ha sido perverso el casi total silencio mediático sobre el demoledor paso de Irma por Cuba, la nación más devastada, o afectada, de una punta a otra de su territorio, por este organismo. Contrastante conque la isla, unida a Venezuela, ha iniciado acciones solidarias con los estados más afectados del Caribe, como Antigua y Barbuda.

Cuba demostró frente a Irma la conciencia política, disciplina, organización y previsión que la singularizan. Si se observa el curso de este huracán allí, se comprende que únicamente por esos factores, la experiencia de defensa civil acumulada masivamente por los cubanos y las medidas extraordinarias de protección adoptadas, es que fue posible evitar una pérdida mayor de vidas humanas y atenuar la de bienes materiales.

Concluido el paso de Irma por la isla, de inmediato un enjambre humano, animado y supervisado por Raúl, emprendía aceleradamente las labores de recuperación, que en algunos casos, tomarán mucho tiempo.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista cubano, analista internacional