Saltar a: navegación, buscar

Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-10-03

Venezuela se rebela contra la tiranía del petrodólar

RED VOLTAIRE 24 de septiembre del 2017 FRANCIA

Las decisiones que Washington ha tomado para bloquear la economía de Venezuela –presentadas como sanciones que castigan crímenes imaginarios– prohíben de hecho a los aliados de Estados Unidos la compra de petróleo venezolano. Así que Venezuela venderá su petróleo a China y, al hacerlo, ya no fijará su precio en dólares sino utilizando la moneda china –el yuan–, lo cual pondrá rápidamente en peligro la supremacía del dólar estadounidense y, con ello, la economía misma de Estados Unidos. Parece que al tratar de castigar a Venezuela, Washington acaba de darse un tiro en un pie.

Manlio Dinucci*

Así responde Caracas a las sanciones que la administración Trump anunció el 25 de agosto, más duras que las que la administración Obama había impuesto en el 2014. Las nuevas sanciones impiden a Venezuela cobrar los dólares provenientes de la venta de su petróleo a Estados Unidos –más de un millón de barriles diarios–, dólares que hasta ahora se destinaban a la compra de bienes de consumo, como alimentos y medicinas. Las nuevas sanciones estadounidenses prohíben también la compra de los bonos que emite PDVSA, la compañía estatal encargada de la comercialización del petróleo venezolano.

Washington trata de alcanzar dos objetivos a la vez: agravar la escasez de bienes de primera necesidad en Venezuela y acentuar con ello el descontento popular, que serviría de base a la oposición interna –que cuenta con las subvenciones y el respaldo de Estados Unidos– para derrocar el gobierno del presidente Nicolás Maduro, así como provocar el default del Estado venezolano –o sea, llevarlo a la bancarrota–, impidiéndole pagar los plazos de la deuda externa. En otras palabras, se trata de provocar la quiebra del país que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo entero, casi 10 veces más grandes que las de Estados Unidos.

Así que Caracas trata de evitar que esas sanciones estrangulen su economía y lo hace cotizando el precio de venta de su petróleo no en dólares estadounidenses sino en yuanes chinos. El yuan entró hace un año en la canasta de monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional (FMI), donde ahora figura junto al dólar estadounidense, el euro, el yen japonés y la libra esterlina británica, y Pekín está a punto de abrir “contratos de futuros” para la compra-venta del petróleo en yuanes convertibles en oro. “Si el nuevo future tomara consistencia, erosionando aunque sea en parte el aplastante poder de los petrodólares, eso sería un fuerte golpe para la economía estadounidense”, comenta el diario italiano Il Sole 24 ore.

Lo que hoy contradicen Rusia, China y otros Estados no es solamente el enorme poder del petrodólar (moneda de reserva proveniente de las ventas del petróleo) sino el poder mismo del dólar, cuyo valor no está determinado por la capacidad económica real de Estados Unidos, sino por el hecho que el dólar constituye casi dos tercios de las reservas monetarias mundiales y es la moneda utilizada para establecer los precios del petróleo, del oro y de las mercancías en general. Eso permite a la Reserva Federal de Estados Unidos –o sea, el banco central de ese país, que es por cierto un banco privado– imprimir miles de miles de millones de dólares que utiliza para financiar la colosal deuda pública estadounidense –alrededor de 23 mil millardos de dólares (1)– mediante la venta de obligaciones y de otros títulos que emite el Departamento del Tesoro.

En ese contexto, la decisión de Venezuela de liberar el precio de su petróleo de la tiranía del dólar provoca una sacudida sísmica que, desde el epicentro sudamericano, hace temblar todo el edificio imperial basado en el dólar. Si el ejemplo de Venezuela llegara a extenderse, si el dólar dejara de ser la principal moneda del comercio y de las reservas monetarias internacionales, se produciría la venta masiva de una inmensa cantidad de dólares en el mercado internacional, lo que provocaría un derrumbe del valor de la moneda estadounidense.

Ese es la verdadera causa de que, en su Orden Ejecutiva del 9 de marzo del 2015, el entonces presidente Obama proclamara la “urgencia nacional ante la amenaza inhabitual y extraordinaria que plantea para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos la situación en Venezuela”.

Y es también lo que ahora motiva que el presidente Trump anuncie una posible “opción militar” contra Venezuela. Esa “opción militar” está en preparación en el Comando Sur (U.S. Southern Command) cuyo emblema es un águila imperial que domina América Central y Sudamérica, dispuesta a clavar sus garras en todo aquel que se rebele contra el imperio del dólar.

Notas:

(1) 1 millardo = 1 000 millones. Nota de la Red Voltaire.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Geógrafo y politólogo italiano

Huracán, terremoto y tsunami a la vez

REBELIÓN 25 de septiembre del 2017 ESPAÑA

Rodolfo Bueno*

A todo esto y mucho más suena el discurso nada diplomático del presidente Trump en la Asamblea General de la ONU, donde nunca se había escuchado una perorata semejante; ni siquiera el zapatazo de Jruchov sonó tan estridente. Despotricó contra todo lo que no cuadra con su línea política y, en particular, amenazó con “destruir totalmente” a Corea del Norte, amén de otras intimidaciones belicistas contra Irán, Venezuela y Cuba; Trump ha militarizado la diplomacia con el fin de salvaguardar la hegemonía de EEUU.

Lo de Corea del Norte, aunque peligroso, es evitable porque ambas partes tienen mucho que perder y nada que ganar; además, Corea del Sur y el Japón, aliados imprescindibles de EEUU en una hipotética contienda, nunca consentirían una conflagración que los pudiera borrar del mapa. La guerra contra Irán es impensable, porque significa la destrucción de Israel. Invadir Venezuela no es lo mismo que invadir a Granada; además, corren el riesgo de que toda América Latina se levante. Cuba ha resistido un largo medio siglo y puede resistir mucho más. Por lo tanto, y ojalá así sea, más allá de sanciones, que nada resuelven, va a pasar.

Trump es el político menos solapado no solo estadounidense, si es que se le puede llamar político, y el más predecible, aunque se diga lo contrario, porque solo hace lo que antes dijo que iba a hacer. Su retórica guerrerista se aleja del discurso típico al que nos tenían acostumbrado los presidentes anteriores de su país, cínica o hipócrita según las circunstancias, y representa su cosmovisión del dominio mundial, a lo que nunca ha renunciado ni va a renunciar. Sin embargo, debe ser analizado de acuerdo al momento histórico que vive la sociedad de EEUU, al borde de la disolución.

En la política de dicho país priman siempre los aspectos nacionales, incluso cuando tratan temas internacionales. Por eso, cada palabra que allá se pronuncia está dirigida al mundo interno, aun si discuten asuntos externos. Aunque Trump comprendiera que el problema norcoreano debería ser resuelto por la vía diplomática, porque la solución militar conduce inevitablemente a la catástrofe global, debe hablar en los términos que habla si no sus enemigos, tanto demócratas como republicanos, lo van a acusar de ser agente del Kremlin.

Sus palabras son la contraparte del ‘establishment’, que siempre representó a EEUU en todos los cargos políticos y niveles posibles del congreso, del departamento de Estado, del sistema judicial, de la seguridad interna y externa, de la defensa, de los medios masivos de información, y que ahora pretende recuperar el espacio perdido.

Es que la fragmentación de la sociedad estadounidense, a más de antagónica, se ha tornado peligrosa tal como lo indican algunos datos estadísticos: Por los demócratas vota apenas un 29% de la población blanca, mientras que por los republicanos lo hacen más del 70% de blancos; al responder a la pregunta de cuáles valores son los más importantes para la sociedad de EEUU, el 70% de los demócratas considera la pluriculturalidad, en cambio el 70% de los republicanos piensa que la religión; a la pregunta de qué sector de la población es la principal víctima de la discriminación, el 70% de los demócratas considera que las mujeres, los afroamericanos y los homosexuales, en cambio el 70% de los republicanos sostiene que la población blanca es el sector más discriminado; mientras que la inmensa mayoría de los demócratas cree que la señora Clinton perdió la elección presidencial debido a la intervención rusa, los republicanos menosprecian este factor.

Por eso se torna imposible un compromiso social entre elementos tan dispares, que constituyen el núcleo de esa sociedad, y por lo contrario la intolerancia va asentando sus garras en lo profundo del corazón de EEUU. Lo demuestra el asesinato legal de cientos de ciudadanos afroamericanos, por cometer delitos nimios o porque así lo ordenan los órganos de seguridad de ese país; también lo confirma las cárceles atestadas por esta minoría racial o la destrucción de monumentos históricos, como los del general Robert Lee, gran estratega del Sur que por sus méritos militares merece ser recordado por todos los estadounidenses.

Es que se puede ser contrario a las ideas del nazismo y, al mismo tiempo, admirar la estrategia militar del alto mando alemán. Para no ir tan lejos, Churchil, que no poseía un pelo de comunista, tenía en alta estima la genialidad de Stalin. En la actualidad son destruidos incluso los monumentos a Cristobal Colón, por el delito de haber descubierto América y ser el primer culpable del posterior genocidio.

Tal vez tenga razón el poeta Mayakovsky cuando escribe que América debe ser cubierta, limpiada y después descubierta de nuevo. ¿Cómo aceptar que saquen de cartelera la película Lo que el viento se llevó, porque dizque muestra una visión tergiversada de la sociedad esclavista, si tanto la novela como el film describen con bastante precisión y belleza las relaciones sociales de la sociedad sureña antes, durante y después de la Guerra de la Secesión?

En resumen, en EEUU se ha perdido lo que los ingenuos llaman sueño americano, una sociedad abierta para todas las corrientes del pensamiento humano, donde el propio esfuerzo es la base para la superación individual; por último, la exclusividad, de la que sin razón se jactan tanto, se reduce ahora al uso exclusivo de la fuerza.

De no aplicarse correctivos, EEUU se encamina peligrosamente a una nueva guerra civil. Se supone que para preverla, evitarla o controlarla, un amplio sector de sus fuerzas armadas ha tomado imperceptiblemente el poder y respalda al gobierno de Trump.

Es evidente que la actual administración de la Casa Blanca y la vida política de Trump tienen una orientación militarista y que sus palabras son el reflejo de lo que ha sucedido internamente, un golpe de Estado blando encabezado por el Pentágono, que ha tomado el sartén por el mango con la finalidad de enfrentar el caos interno, el resurgimiento de Rusia y el poderío económico, industrial, comercial y militar de China. No es la primera vez que el rey está desnudo.

Selección en Intenet: Inalvys Campo Lazo

  • Profesor y escritor ecuatoriano


Elecciones en Alemania: la derecha en el Parlamento

REBELIÓN 26 de septiembre del 2017 ESPAÑA

Gilberto Lopes*

Hay alarma por los resultados de las elecciones alemanas de este domingo. Sin embargo, no hay ninguna sorpresa: magro triunfo de los demócrata cristianos y sus aliados social cristianos, caída prevista de la socialdemocracia, y una derecha xenófoba transformada en tercera fuerza política, con poco menos de 13% de los votos, que ya anuncia que va por el gobierno. “Hemos llegado para quedarnos”, advierten.

Con la decisión de la socialdemocracia de abandonar la coalición de gobierno que integraba con Angela Merkel, a la canciller solo le que queda una alternativa para formar gobierno: aliarse con los verdes y con los liberales, que vuelven al Parlamento. Lo habían dejado después del fracaso electoral anterior, luego de un período aliado con los demócrata cristianos en el gobierno. ¿Querrán volver? Los verdes dicen que cobrarán caro por su eventual apoyo. Lo cierto es que Merkel y los suyos, con un 33%, obtuvieron su peor resultado electoral, aunque probablemente alcanzará para un cuarto período de la canciller.

La derecha

Causa escozor el ingreso de la Alternativa por Alemania (AfD) al Parlamento, con una representación de casi 90 parlamentarios, en una cámara que se ampliará a 709 escaños. Merkel quiere conquistarlos de vuelta, pues parte de esos votos eran antes de los demócrata cristianos. Se fueron, probablemente, por la política de la canciller hacia los refugiados.

AFD nació en el 2013 protestando contra el euro y sus consecuencias para los trabajadores alemanes. La política de austeridad y los “miniempleos” tienen graves efectos sobre las condiciones sociales de los trabajadores alemanes, Entonces lograron un 4,7% en las elecciones generales, a solo 0,3% de los votos que les hubiesen abierto las puertas del Parlamento. Luego añadieron a sus demandas una radical oposición a la inmigración y al islamismo. Por eso les dicen antieuropeos y racistas. Los acusan de extrema derecha. Por antieuropeos y islamófobos. Por xenófobos. Es inevitable.

Pero no es del todo cierto

La derecha, una derecha extrema, ha venido gobernando Alemania desde hace mucho tiempo. Es difícil imaginar algo más a la derecha, por ejemplo, del ministro Wolfgang Schäuble. Lo recuerdo implacable, exigiendo a Grecia privatizar sus recursos públicos, recortar las pensiones, reducir los gastos sociales. O sea, devastar el escenario económico del país para pagar deudas impagables. Medidas draconianas. Aplicación del programa neoliberal recesivo que incluía reducción de salarios y pensiones; severo recorte del gasto público, incluyendo los presupuestos de salud y educación; apropiación de tierras; reformas en la legislación laboral para reducir el poder de los sindicatos e incrementar la flexibilidad laboral, pobreza y desigualdad. Ese es el resultado de las políticas que Schäuble impuso a Grecia. Naturalmente, no lo hizo solo. El socialdemócrata holandés, presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, lo apoyó, entusiasmado. Un programa devastador, inimaginable, y contrario a lo que el partido gobernante en Grecia, Syriza, había prometido en campaña.

Grecia aceptó todo. Entonces el FMI le exigió más. Más recortes en las pensiones. Reducción del umbral de exenciones impositivas. Se necesitaba recaudar (y transferir a los bancos europeos, sobre todo alemanes y franceses) 3,6 mil millones de euros más, equivalentes a 2% del Producto Interno Bruto griego. Medidas a ser aplicadas en el 2019 y el 2020, un año después de las próximas elecciones, previstas para el 2019. O sea, no importa quien gane, ni que programa ofrezca a los electores. Estará amarrado por el compromiso financiero que el FMI les ha presentado como un ultimátum.

En casa

Eso impuso Schäuble a Grecia. Y en casa, ¿cómo vamos? Hay debate intenso. La economía crece moderadamente, el desempleo es muy bajo, hay superávit en las cuentas públicas. Parece un éxito. Pero no hay unanimidad de criterios para evaluarla.

La “hora germana” es el título de un extenso trabajo del profesor emérito de Política Económica de la Warwick University y miembro de la Cámara de los Lores en Inglaterra, Robert Skidelsky. Skidelsky comenta un libro del exembajador de Gran Bretaña en Berlín, Paul Lever, titulado Berlin Rules.

Alemania ha consolidado un sistema de reglas que consolida sus ventajas competitivas, afirma. “La moneda única evita devaluaciones en la eurozona y también que el euro valga menos de lo que una moneda exclusivamente alemana podría valer”. Eso facilita sus exportaciones.

Las regulaciones que impiden elevados déficits fiscales evita usar este mecanismo para promover el crecimiento. Y la insistencia alemana para que los costos no salariales sean equivalentes en toda la UE, más que un instrumento para promover la competitividad alemana sirve para reducir la de los demás.

Skidelsky sigue analizando el funcionamiento de la economía europea. La eurozona, afirma, sirve como una vasta base de donde Alemania se lanza al asalto de los mercados extranjeros. Sus exportaciones al mercado de la UE superan en 30% sus importaciones. Un excedente en una parte implica un déficit en la otra. Pero la eurozona fue creada sin un mecanismo para atender a los países deficitarios y el Banco Central Europeo tampoco puede actuar como prestamista de última instancia para los bancos de los países más afectados.

Datos del Instituto Alemán para la Investigación Económica publicados por la BBC revelan que la economía alemana creció un 22% en términos reales entre el 1991 y el 2014. Pero el 10% más pobre vio cómo sus ingresos disminuían en un 8% en ese período, mientras los ingresos del 10% más rico crecían cerca de un 27 por ciento.

Pese el bajo nivel de desempleo, muchas personas tienen trabajos de mala calidad, cobran poco y dependen de los subsidios estatales a pesar de estar trabajando, como recordó Carsten Koschmieder, politólogo de la Universidad Libre de Berlín.

Una de las razones por las que se acusa de extremistas de derecha al AfD es por ser antieuropeos. Europa ha sido un éxito para Alemania. ¿Por qué entonces oponerse?

Lo que pasa es que el éxito de Alemania en Europa está basado en las políticas como las que impuso a Grecia, o que los conservadores españoles imponen en su país y que Macron ha empezado a promover en Francia: desmantelar la organización sindical, precarizar el trabajo, facilitar el despido.

“Creo que la gente se da cuenta de que algo tiene que cambiar en este país. Nos damos cuenta de que hay cada vez más jubilados pobres”, dijo Jens Eckleben, diputado de la AfD para el Parlamento de Hamburgo a la RFI francesa. Y luego viene la otra cara del argumento: “Muchos lo han subestimado pero las miles de personas que han llegado a nuestro país son un problema porque entran en competición con nuestra gente pobre, por ejemplo para la vivienda. Somos favorables a Europa pero a una Europa de las patrias." Así es como se construye ese discurso.

El resultado de esta política de austeridad es siempre el mismo: una creciente concentración de la riqueza; la precarización de la vida de las mayorías.

La casa en orden

Alemania exige a los países en problemas “poner la casa en orden” recortando gastos, vendiendo activos y tomando medidas para hacerse más competitivos. No importan los costos. Pero Schäuble no ve razones para reducir su propio superávit.

Ayuda a entender lo que esto significa leer El infierno del milagro alemán, artículo de Olivier Cyran en Le Monde Diplomatique de este mes. Nos recuerda que el inicio del proceso de desregulación del mercado de trabajo estuvo en la llamada “Agenda 2010”, promovida por el canciller socialdemócrata Gerhard Schroeder y aplicada entre el 2003 y el 2005. Es el origen de los minijobs, que han servido para reducir la tasa de desempleo alemana pero han creado una multitud (cerca de seis millones) de trabajadores miserables. Ideas que ya venía masticando con su colega inglés, Tony Blair desde fines del siglo pasado. Como dice Cyran, se trataba de transformar los derechos de la seguridad social en un trampolín para la responsabilidad individual. O sea, ¡sálvese quien pueda!

Skidelsky hace ver, en su artículo, la necesidad de algo de solidaridad. Sin algún mecanismo que la garantice, “Europa saltará de crisis en crisis”, estima.

El exembajador Lever afirma, en su libro, que Alemania ejerce el poder para proteger la economía alemana y poder jugar un papel más influyente en todo el mundo. Más allá –asegura– no subyace ninguna visión o propósito.

Puede parecer razonable, pero las tensiones que eso provoca son evidentes. Por lo tanto, cuando partidos como el AfD se manifiestan contra el euro, quizás no sean “antieuropeístas”, sino que interpretan el malestar de grandes sectores que, en Europa, la están pasando cada día más mal con las políticas depredadoras de los Schäuble y los Dijsselbloem. Al final, Merkel parece apenas la operadora –una operadora que se ha mostrado muy eficaz– de esas políticas. Schäuble sería impresentable.

No resulta tampoco extraño que un personaje como Javier Solana sueñe con Merkel asumiendo un papel más preponderante en Europa. En artículo publicado en El País el domingo afirmó: “Alemania, muy condicionada por su historia, sigue mostrándose reticente a reclamar un gran protagonismo en la esfera internacional. Pero a escala europea, siempre que se confirme su reelección, no cabe duda de que la canciller puede —y debe— labrarse un legado que vaya en consonancia con su talla política.

Con Emmanuel Macron en el Elíseo y las elecciones alemanas en el retrovisor, habrá llegado el momento de adoptar medidas que doten de mayor vigor y equilibrio a la Unión Europea”. Ese es su sueño. Naturalmente, tan ignorante de la política europea no es Solana, para creer su afirmación de que “Alemania, muy condicionada por su historia, sigue mostrándose reticente a reclamar un gran protagonismo en la esfera internacional”. Pero sería formidable, un sueño, si Merkel extendiera por Europa su éxito alemán…

La extrema derecha: algo de historia

De modo que la extrema derecha no es la que acaba de entrar al Parlamento alemán. Es la que ha estado gobernando el país desde hace muchos años, con el apoyo de una socialdemocracia que ha aprendido poco de su propia y larga historia, cuyo escenario privilegiado fue la República de Weimar. Los resultados fueron dramáticos, como sabemos.

Queremos llamar la atención aquí para un aspecto particular, destacado por el miembro de la Escuela de Frankfurt, Franz Neumann, en Benemoth, su notable trabajo sobre la economía alemana en el período del nacional socialismo.

Neumann destaca el papel del comercio exterior como “un medio de enriquecer a los países más y mejor organizados a costa de los menos industrializados. Esa es la esencia del comercio internacional, aun en condiciones de libre competencia”.

Este es, ciertamente, un factor de permanente actualidad, como ya lo vimos, y explica parte de las tensiones en la zona del euro. Son los mismos intereses de la economía alemana, que entonces llevaron a la guerra y ahora han transformado el proyecto, poniendo la integración europea como un mecanismo adaptado a esos intereses. Y a mucha gente en Europa le molesta, no está de acuerdo, trata de resistir.

El secreto de esa transferencia de recursos, dice Neumann, es que los países más industrializados cambian menos trabajo por más, por lo que el comercio internacional es uno de los medios más importantes para enfrentar la sobreacumulación y la saturación del mercado interno. Por eso adquiere una importancia singular. Puede ser, en ocasiones, la única, o la más importante fuente de ganancias de una economía, como la alemana. Ese ímpetu no ha cambiado, agrega, refiriéndose al período del Nacional Socialismo. Lo que ha cambiado son los métodos para lograrlo. La historia de hoy nos muestra que ese en un proceso que solo se aceleró luego de la derrota nazi.

Esto nos permite entender también mejor porque partidos “antieuropeistas” y xenófobos ganan espacios en el escenario político europeo.

Su “antieuropeísmo” solo puede ser entendido si entendemos también en qué se ha transformado la depredadora política “europeísta”. Por otro lado, surfean en la ola de indignación creada por las políticas neoliberales, con el argumento fácil contra la inmigración y el choque cultural provocado por algunos aspectos de la vida árabe, trasladada a Europa. Pero esa misma migración es provocada, en gran medida, por los desequilibrios impuestos por el mercado internacional. O, si nos vamos más atrás, por las políticas coloniales.

“Populistas” les dicen a estos partidos los que tiene pereza de pensar. Un concepto vacío, que cada uno utiliza como quiere y que, por eso mismo, es tan útil. El peligro, en todo caso, no está en los “populistas”, ni en esos extremistas, sino en los otros, en esos mismos que gobiernan desde hace años llevando los pueblos europeos –y, con ellos, al resto del mundo­– a una situación desesperada y cada vez más tensa. No fue con esa intención que anunciaron, hace ya más de medio siglo, su intención de integrar Europa.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista, escritor y politólogo brasileño