Saltar a: navegación, buscar

Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-01-26

Cuba, elecciones y retos

ALMAYADEEN 19 de enero del 2018 LIBANO

Enrique Román*

Se inicia el proceso para elegir a los miembros de las Asambleas Provinciales del Poder Popular y a los diputados a la Asamblea Nacional de Cuba.

Esos comicios, probablemente los más importantes en las últimas décadas en la isla, siguen a otros anteriores, donde se eligieron a los miembros de las mismas Asambleas, pero al nivel municipal. De ellas resultará el nuevo parlamento cubano y su órgano superior, el Consejo de Estado. Y este elegirá al nuevo presidente de la República de Cuba: al sucesor de Raúl Castro.

A partir de entonces, quien lo duda, se abrirá una etapa diferente en la historia de la Revolución de Cuba y en toda la historia republicana caribeña.

Hombres y mujeres que no basan su legitimidad en los méritos alcanzados durante los momentos épicos de la Revolución -la lucha contra Batista, la resistencia frente a las agresiones de Estados Unidos- se harán cargo de la conducción del país, de salvaguardar los logros del proceso revolucionario, de seguir indagando en la vía cubana para desarrollar el proyecto socialista y de resistir la omnipresente hostilidad del vecino del norte.

Casi nada.

Un sistema desconocido

El sistema electoral cubano es desconocido en el mundo y fuertemente vilipendiado por la propaganda anti cubana.

La democracia, todo el mundo lo sabe, es un producto imperfecto, salvo para garantizar la hegemonía de una clase social sobre otras. Suele reducirse al proceso eleccionario, su fase más visible, espectacular y muchas veces engañosa: luego de ser electos, los elegidos se desaparecen de sus bases y no se implementan formas para dar continuidad a la participación popular en la toma de las decisiones principales.

Sistemas obsoletos, que no funcionan ni en sus países de origen, se venden públicamente como ideales a perseguir. Estados Unidos hace de la promoción democrática en el mundo la raíz visible de su política exterior. Sin embargo, el arcaico sistema electoral de ese país permite que Donald Trump haya sido electo presidente, a pesar de perder frente a su contrincante por tres millones de votos.

Cuba, luego de más de una década inicial de trasformación revolucionaria acelerada, en que las leyes principales, que subvertían el viejo orden, se tomaban de forma central por el Consejo de Ministros, emprendió un serio proceso de institucionalización, que supuso la redacción de una nueva Constitución, adecuada a los nuevos ideales, y la reorganización de sus órganos deliberativos y de gobierno. Como parte del nuevo orden, se creó un sistema electoral sui generis a mediados de la década del 70.

En un país donde existe un único partido -tradición que viene por cierto, no de Moscú, sino de la guerra de independencia contra España, conducida por el partido fundado por José Martí- está prohibida la propaganda electoral.

Los vecinos de las comunidades eligen de entre ellos mismos a sus representantes, los cuales a su vez integran la Asamblea Municipal. Luego, en elecciones como las que se convocan ahora, también se eligen los miembros de las Asambleas provinciales y los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Constituida esta, sus miembros eligen al Consejo de Estado, integrado por una veintena de miembros, y estos a su presidente, presidente del Estado, quien es también presidente del Gobierno.

Todos los electos, desde las comunidades hasta la nación, están obligados a rendir cuenta de su ejecutoria varia veces en el año ante quienes los eligieron. Sé que la inspiración inicial estuvo en la democracia asamblearia griega. Pero a diferencia de esta, los electores son hombres, mujeres, blancos, negros, mestizos, civiles y militares: toda la gama de la sociedad cubana, sin otras limitaciones que los que tienen restringidos sus derechos por alguna sanción jurídica.

El sistema es aún perfectible. Pero la voluntad de que cualquier modificación procure el acercamiento de la dirección del país a la población, es la constante que regiría cualquier modificación.

Sin embargo, cualquier comparación con los esquemas conocidos, cuyas virtudes y cuyos defectos son bien conocidos -la Historia de Cuba es una panoplia de ejemplos de las insuficiencias, a veces atroces y escandalosas, de la democracia representativa-, debe tener en cuenta un hecho esencial: el poder hegemónico en Cuba está en manos del pueblo.

Y estas elecciones tienen a su vez el interés trascendental que legitimarán a dirigentes nacidos poco antes o después del triunfo revolucionario: que no cuentan con el aval histórico de la lucha guerrillera o del enfrentamiento armado a los enviados de la contrarrevolución.

Seguir construyendo el socialismo cubano. En los últimos años en Cuba se vienen desarrollando acciones para actualizar el camino propio hacia el socialismo.

La tarea es considerable. Para Marx el socialismo era una breve etapa, que caracterizó someramente, y que precedería a la sociedad ideal, la sociedad comunista, que él veía muy próxima, casi a las puertas de la historia europea.

Las cosas no salieron como él imaginaba. No fue en la desarrollada Alemania donde triunfó la revolución, sino en la empobrecida y atrasada Rusia. A Lenin le correspondió desbrozar el camino para establecer el modelo adecuado a su país. Después vinieron imitaciones e imposiciones del socialismo soviético, que no condujeron a nada. Las revoluciones que triunfaron fueron las originales, las que encontraron un camino propio, como China, Vietnam y Cuba.

Lo fundamental que quedó de Marx, entre otras muchas cosas, fue la búsqueda de la plena justicia en las relaciones entre los hombres. El corazón ético del ideal comunista, donde el hombre cesara de ser enemigo del hombre y se reencontrara con su esencia enajenada, el trabajo creador.

En esa dirección se han dado pasos atrás para luego dar pasos adelante. Y el peso de la polémica nos acompaña hasta hoy.

Un prólogo inédito de Ernesto Che Guevara a los llamados Cuadernos de Praga, en el 1966, lanza un alerta y una premonición estremecedores sobre los riesgos de emprender los desconocidos caminos de la construcción socialista: Luego de exaltar el indiscutible aporte de Lenin a la teoría del socialismo en la época del imperialismo, advierte sobre las consecuencias de los retrocesos que el propio fundador de la URSS se vio obligado a adoptar como política económica de la nueva nación.

“Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda nuestra etapa. Y sus resultados son desalentadores: La superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: Se está regresando al capitalismo.”

Son los riesgos que deberá enfrentar la nueva dirección cubana, navegando entre la Escila de las herramientas de mercado, y la Caribdis de la solidez ética que es fundamento mismo del socialismo. Y con la perenne y cercana espada de Damocles del imperialismo estadounidense, ambicioso de revertir la historia revolucionaria.

Crear un modelo socialista que aunara la eficiencia económica del capitalismo, y sostuviera y desarrollara los valores del socialismo y del comunismo.

Casi nada.

  • Periodista y diplomático cubano

Malestar en la diplomacia estadounidense

POR ESTO! 23 de enero del 2018 MEXICO

Manuel E. Yepe*

La crisis múltiple que afecta al régimen de Donald Trump desde el día de la llegada del multibillonario empresario inmobiliario al salón oval de la Casa Blanca no ha perdonado al Departamento de Estado.

Un artículo del periodista Gardiner Harris, corresponsal del diario The New York Times en la sede del gobierno estadounidense, en Washington D.C., refleja la grave situación por la que atraviesa la diplomacia de la superpotencia desde aquel día y cómo ésta tiende a agravarse a tono con los vicios inherentes al trumpismo, aunque en este caso sea Rex W. Tillerson, el Secretario de Estado, la primera figura actuante.

El periodista califica de desfile de despidos y tempranos retiros lo que ha estado ocurriendo en las filas superiores del State Department.

Cada oficina del Departamento ha sido convocada a contribuir al objetivo en un esfuerzo por vaciar la cancillería como centro de la intensa campaña a que ha convocado Tillerson.

El discreto optimismo que saludó la llegada de Rex Tillerson al cargo de Secretario de Estado pronto tomó forma de preocupación por la incomunicación entre el jefe y sus subordinados. A mediados de año, la frecuencia con que el canciller reiteraba asuntos como la ineficiencia y la necesidad de reorganizar la política exterior fue motivo, cada vez mayor, para el enojo y la preocupación por la actuación de Tillerson en el Departamento.

En la actualidad el distanciamiento se ha hecho público en la medida que los diplomáticos separados o retirados de sus cargos divulgan sus sentimientos y un número de congresistas comienza a interesarse por el impacto de tales dimisiones en la política exterior.

En un reciente mensaje dirigido al canciller Rex Tillerson, los miembros demócratas del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes mencionaban el “éxodo de más de 100 funcionarios superiores del Departamento de Estado desde enero”, y expresaban su preocupación por lo que “parece ser un vaciado intencional de nuestras filas diplomáticas”.

Tillerson, ex alto ejecutivo del consorcio EXXON y partidario del capitalismo fundamentalista, nunca se ha escondido para declarar que el Departamento de Estado no es más que una burocracia inflada y que él valora a la diplomacia cotidiana de Estados Unidos (que ahora él encabeza) como un conjunto de funcionarios de bajo nivel y conducta improductiva.

Aun antes de ser confirmado por el Senado el nombramiento de Tillerson, su equipo de asistentes despidió a 6 altos funcionarios de carrera del Departamento de Estado, incluyendo a algunos nombrados durante gobiernos encabezados por presidentes republicanos. A ninguno le fue comunicada la razón del despido.

El canciller Tillerson anunció una reorganización a realizarse en los meses subsiguientes, subrayando que esa sería la acción más importante que habría de llevar a cabo durante el ejercicio de su cargo. Para ello contrató a dos compañías consultoras que encabezarían el procedimiento.

Comoquiera que él había anunciado antes de asumir las funciones de Secretario de Estado que reduciría el presupuesto del Departamento en un 31%, muchos vieron la reorganización como una cortina de humo para drásticos recortes.

Tillerson congeló todas las contrataciones y ofreció $25,000 de recompensa a quienes presentaran sus renuncias, con el objetivo de lograr que unos 2 mil diplomáticos de carrera y funcionarios públicos dejasen sus cargos en octubre del 2018. Su reducido grupo de asistentes ha logrado dejar sin asignación de misiones a algunos diplomáticos y ha motivado a otros al retiro, fundamentalmente bloqueándoles la asignación de las misiones a que aspiraban o denegándoles cualquier otro trabajo.

Entre los despedidos sobresale la elevada proporción de diplomáticos latinos y afroamericanos, así como de mujeres, perfiles que son de suma importancia para mostrar la diversidad de géneros que siempre resulta difícil lograr con cifras verídicas en EEUU.

Gardiner Harris cita a Nancy McEldowney, diplomática de carrera y exembajadora jubilada en junio último tras 30 años como funcionaria del servicio exterior estadounidense: “Hay un vacío en el Departamento de Estado y los jóvenes que ahora desempeñan los altos cargos carecen de la confiabilidad y credibilidad que confiere una nominación presidencial y una confirmación senatorial”.

Un reflejo de la orientación que se está aplicando en el Departamento de Estado se observó durante la farsa contra Cuba de los ataques sónicos (que nunca existieron y probablemente fueron resultado de una iniciativa del senador Marco Rubio para promover su imagen como probable futuro presidente republicano), uno de cuyos primeros efectos fue la reducción del personal en la Embajada en La Habana hasta un extremo que prácticamente imposibilitó las relaciones consulares entre ambos lados del estrecho de Florida.

  • Periodista cubano especializado en política internacional

Los que fríen el planeta y la geoingeniería

LA JORNADA 20 de enero del 2018 MÉXICO

Silvia Ribeiro*

La semana pasada, se filtró a la prensa un informe sobre cambio climático que está preparando el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Se trata de un informe sobre los impactos del calentamiento global a 1.5o C sobre los niveles preindustriales. Según los datos obtenidos por Reuters, si se sigue en el ritmo actual de emisiones, se sobrepasará este límite en el 2040, lo cual conllevará impactos graves sobre muchos países, principalmente estados islas y con costas bajas, daños probablemente irreversibles a arrecifes de coral (que son el primer eslabón de la cadena alimentaria marina) y derretimiento del hielo en Groenlandia y Antártida occidental.

Aunque el informe es un borrador y el IPCC declaró que puede cambiar luego de las revisiones a que es sometido, no van a cambiar los datos de la ciencia, lo que podría –y debería– cambiar son las propuestas que hace el IPCC frente a esta realidad.

El Acuerdo de París sobre cambio climático que firmaron 197 gobiernos en el 2015, estableció la meta de que el aumento del calentamiento global sea "muy por debajo de 2o C" hasta el 2100. Con los datos revelados, hay un riesgo muy alto de que se sobrepase esa meta mucho antes de esa fecha. La única manera de evitarlo sería que inmediatamente se pusieran en marcha reducciones drásticas de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a escala global.

El IPCC había afirmado desde antes la necesidad de estas reducciones, pero este informe plantea, además, que habrá que remover el excedente de dióxido de carbono de la atmósfera por otros medios, como tecnologías de geoingeniería.

El clima planetario ya se ha calentado un grado centígrado en promedio desde sus niveles preindustriales, pero en realidad, más de las tres cuartas partes ocurrieron en los pasados 50 años, debido al aumento vertiginoso de emisiones de GEI.

Esas emisiones son provocadas en su mayoría por las economías industriales basadas en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Las principales actividades emisoras son la industria de extracción y producción de energía, el sistema alimentario agroindustrial y el crecimiento urbano descontrolado, incluyendo los transportes que todas esos rubros implican.

El IPCC no está mirando ahora qué actividades causan las emisiones. Se supone que esto ya lo hicieron en los informes de evaluación globales que elaboran periódicamente. El más reciente es su Quinto Informe, que se publicó en el 2014. El próximo será en el 2021.

Un aspecto de enorme relevancia que el IPCC no considera es la desigualdad enorme que existe sobre quiénes causan las emisiones GEI. El 10% de la población más rica del planeta es responsable de la mitad de todas las emisiones globales. En el otro extremo, 50% de la población mundial, empezando desde los más pobres, no causa ni el 10% de las emisiones totales. El nivel medio de emisiones generadas por una persona que forme parte del 10% más pobre de la población mundial es 60 veces inferior al de alguien que pertenezca al 10% más rico.

Según Kevin Anderson, del Centro Tyndall de investigación sobre cambio climático, si la población más rica del planeta redujera su nivel de vida al promedio europeo, se reducirían 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

No obstante, estos datos no son considerados por el IPCC. En general, en las negociaciones de cambio climático –y también en el panel, que finalmente es una instancia no sólo técnica sino también política– hay un pacto de los gobiernos en las regiones que más emisiones causan, para no interferir en las ganancias de los más ricos, incluidas las trasnacionales petroleras y otras que lucran con las actividades que generan el caos climático.

En lugar de ello, que sería lo necesario, el IPCC propone técnicas de geoingeniería, como grandes plantaciones para bioenergía con sistemas de captura y almacenamiento de carbono en fondos geológicos (BECCS, por sus siglas en inglés). Ya en el Quinto Informe global del IPCC, incorporaron esta técnica, como una de las posibles "soluciones" para aminorar el calentamiento global, lo cual motivó muchas críticas, tanto de organizaciones de la sociedad civil, como de científicos, porque el requerimiento de tierra, agua y nutrientes de las megaplantaciones para "bioenergía" para afectar realmente al cambio climático, sería mayor que toda la tierra usada actualmente en agricultura. Competiría por tanto en forma devastadora con la producción de alimentos, desplazaría campesinos e indígenas, con fuerte impacto en la biodiversidad.

BECCS, al igual que todas las propuestas de geoingeniería, no va nunca a las causas del cambio climático –propone remover carbono cuando ya fue emitido– por lo que éste seguiría en curso, generando así un negocio cautivo para quienes vendan las tecnologías para absorber y almacenar carbono. Que casualmente a menudo son las mismas empresas petroleras (Exxon, Shell y otras).

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Directora para América Latina del grupo ETC, con sede en México. Periodista y activista ambiental uruguaya.