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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-01-31

Nueva guerra jurídica en América Latina

CUBADEBATE 30 de enero del 2018 CUBA

Juan Manuel Karg*

La condena en segunda instancia a Lula da Silva es un paso más en la judicialización de los líderes progresistas que encabezaron el proceso de cambios de inicios de siglo en la región, transformando la vida cotidiana de millones de personas. Si hacemos un breve repaso de la región entenderemos la gravedad del cuadro: golpe en Honduras en el 2009, seguido de la posterior inhabilitación de Manuel Zelaya Rosales; golpe en Paraguay en el 2012 y, acto seguido, inhabilitación de Fernando Lugo. Por ende, la proscripción (¿qué otra palabra podría definir mejor lo que busca el Poder Judicial con Lula?) al histórico líder sindical es parte del mismo entramado. En el caso brasileño, se trata del segundo paso tras la destitución de Dilma Rousseff: la eyección del PT del Planalto necesita este cierre, al que Lula espera ahora revertir –aún con expectativas moderadas, visto y considerando lo que hasta aquí sucedió– en tribunales superiores y en la propia justicia electoral.

En los últimos meses, en la América Latina del intento de restauración neoliberal pasaron las siguientes cosas: en Brasil, Lula condenado; en Argentina, Cristina Fernández de Kirchner procesada y Carlos Zannini preso; en Ecuador, Jorge Glas detenido y Rafael Correa investigado; en Uruguay, Raúl Sendic apartado de su cargo. Se trata de un conjunto de dirigentes, primero bombardeados en términos mediáticos, cuya credibilidad intentó ser erosionada a partir de esta verdadera “guerra jurídica”. En el medio también hubo embates mediáticos a Evo Morales –en Bolivia se llegó a decir que tenía un hijo que no existía, lo cual fue determinante para que perdiera por primera vez una elección– y a José Mujica –una autora uruguaya llegó a inventar las “tupabandas”, que supuestamente financiaban vía asaltos a mano armada al Movimiento de Participación Popular del cual el ex presidente es referente–.

El recuento no es azaroso: da cuenta de una cercanía entre el embate a estos dirigentes populares, y también de una planificación que parece ser externa. El caso chileno también es tristemente célebre: tres años atrás se abrió una causa contra el hijo de Michelle Bachelet, Sebastián Dávalos, por delitos tributarios, tráfico de influencias y compra irregular de terrenos. Permaneció abierta durante la campaña presidencial, y la primera y segunda vuelta electoral. Ganó, bajo un altísimo porcentaje de abstención, el conservador Sebastián Piñera, que venció a Guillier, candidato de Bachelet. ¿Qué pasó a comienzos de este año, ya con la elección definida? Avanzó el sobreseimiento definitivo de Dávalos, una vez que estuviera claro que quien iba a La Moneda era el empresario conservador.

En el Lawfare latinoamericano ya no se necesitan pruebas, sino apenas indicios o impresiones. ¿Qué palabras sonaron en el Tribunal Regional Federal 4 de Porto Alegre? Watergate, Mensalao, Lava Jato, Petrobras. ¿Por qué condenaron a Lula? Por un triplex que no es de él. ¿Qué palabras se escucharon en el impeachment a Dilma? Venezuela, Foro de San Pablo, Lava Jato, Petrobras. ¿Por qué la desalojaron del Planalto? Por “pedaladas” fiscales que hicieron todos los gobiernos contemporáneos en Brasil, incluido el de Fernando Henrique Cardoso.

Finalmente, bajo el velo de la autodenominada “nueva derecha” latinoamericana, con supuesto pedigree democrático, se esconde un furibundo embate a las instituciones en general y a diversos líderes políticos en particular. Bajo el paradigma de la lucha contra los “populismos” –que, hay que decirlo, fueron o son gobiernos populares– se defiende la vulneración a aspectos republicanos básicos, en un vale todo donde las víctimas son estos dirigentes que enumeramos, pero sobre todo, la verdad y la justicia. Esta es, en definitiva, la nueva “guerra jurídica” que vive nuestra región.

¿Hasta dónde llegarán?

  • Periodista argentino, politólogo y analista internacional

El imperialismo estadounidense, lo más parecido a un agujero negro

PRESSENZA 16 de enero del 2018 ITALIA

Javier Tolcachier*

Los primeros latinoamericanos no intentaron llegar a los EEUU cruzando su frontera. Estados Unidos llegó a ellos invadiéndolos. Así perdió México el 50% de su territorio entre el 1845 y el 1848, expandiendo el gran agujero negro con lo que hoy conocemos como Texas, Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y una buena parte de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

La retórica fecal del actual presidente de los EEUU no es un descuido ni la ocurrencia de un egocéntrico extraviado. Sus dichos son expresión descarnada de un racismo que nunca desapareció, una segregación que recorre la geografía social estadounidense, un país agrietado, fracturado, cuya falta de cohesión interna no ocultan ya las banderitas agitadas por sonrientes niños al paso de las legiones. Más allá de los exabruptos, el degradante insulto responde a un claro interés del poder económico de reorientar políticas internas para su beneficio.

Los agujeros a los que hace referencia son los propios, producto de la incesante explotación del más débil, de la fosa cavada por el individualismo y la exclusión en la que caen los derrotados en la feroz carrera por el éxito. Más de cuarenta millones de desposeídos en EEUU dan cuenta de ello. Personas descartables para un sistema que no quiere correr con los gastos de estadía.

Los agujeros también son ajenos. Son los que dejan las bombas, los drones, los misiles, el inmisericorde tronar de las balas. Son los vacíos llenos de ausencias irrecuperables; vecinos, amigos o hijos muertos en guerras desgarradoras. Son la destrucción de sociedades enteras en nombre de una y muchas mentiras. Las que profieren repetidamente los máximos dirigentes de una nación que se autodenomina civilizada pero que a su paso deja tan sólo dolor y despojo.

Los agujeros fétidos son los que se horadan para robar petróleo, los socavones yertos de mineral extirpado, la tierra triturada, las cuencas sin agua; son los estómagos vacíos, sacrificados a la insensibilidad de una casta ínfima a la que pertenece el desaforado presidente y a la que pertenece también la responsabilidad por las desgracias de este mundo. Son los agujeros de la malla humana, cuya felicidad es postergada en nombre de un progreso extraviado.

El gran agujero negro

En el cosmos, los agujeros negros son regiones con una enorme fuerza gravitatoria, que absorben todo lo que está a su alcance. Incluso la luz. Y esa alegoría grafica la historia de los Estados invadidos, comprados, combatidos, anexionados, ¿Unidos? – de Norteamérica, una historia de continua absorción y migración, pero también de represión y discriminación al extranjero.

Muy pocos pudieron elegir su destino libremente. No fue voluntaria la llegada de los primeros colonos, perseguidos por sus creencias en la intolerante Europa. Un tercio del millón de inmigrantes que llegó entre principios de siglo XVII y finales del XVIII no vino a esta América en busca de libertad, sino privado de ella. Los trajeron desde África, encadenados y hacinados en la bodega de barcos como mano de obra esclava para las haciendas del sur.

En adelante, más grupos humanos, esta vez indígenas, fueron sacrificados en el altar del progreso blanco hacia el Oeste, genocidio ocultado mediante heroicas películas de pistoleros e inocentes granjeros de trenzas rubias amenazados por el indio salvaje. Para que no quedaran rastros del crimen, el gran agujero negro se tragó también sus creencias, cultura y estilo de vida.

Pero los blancos también se detestaban entre sí. Hacia mitad del siglo XIX, arribaron cerca de tres millones de irlandeses escapando del hambre y de alemanes huyendo de las desastrosas condiciones de subsistencia posteriores a las guerras napoleónicas. El problema para los Wasp (blanco, anglosajón y protestante por sus siglas en inglés) era que la mayoría de estos nuevos inmigrantes profesaba la fe católica. El movimiento nativista – conocido por el público -¡cuándo no!- a través de la ficción cinematográfica “Pandillas de Nueva York”, fue entonces la expresión de repulsa al diferente.

Por la misma época pero en la otra costa, despuntaba la fiebre del oro, que atrajo no solamente cazafortunas sino a un buen número de labriegos chinos, dispuestos por ínfima paga a trabajar duro en minas, cocinas o cuanta labor se presentara. Lejos del agradecimiento por los servicios (de bajo costo) prestados al engrandecimiento de la nación, la xenofobia fue virulenta. La discriminación se haría ley hacia el 1870 con la aprobación del Acta de Naturalización - que impedía ser ciudadano norteamericano a quien no fuera descendiente directo de nativos- y finalmente con el Acta de Exclusión del 1882, que explícitamente prohibía la inmigración de asiáticos, salvo en muy contados casos.

Los primeros latinoamericanos no intentaron llegar a los EEUU cruzando su frontera. Estados Unidos llegó a ellos invadiéndolos. Así perdió México el 50% de su territorio entre el 1845 y el 1848, expandiendo el gran agujero negro con lo que hoy conocemos como Texas, Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y una buena parte de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

Algo después, llegaría una nueva ola de viajeros, en grandes naves a vapor y atraídos por la irresistible gravitación de humeantes hornos que requerían una nueva masa de obreros dispuestos al sacrificio industrial. Estos tampoco eran rubios ni protestantes, sino italianos, griegos y polacos. El torrente migratorio se completaría con un apreciable contingente de suecos y noruegos, pero también de sirios y libaneses -sobre todo cristianos- y de judíos rusos escapando de la persecución zarista.

Hacia el 1924, nuevamente una legislación drástica ordenaría las cosas. Se establecería el sistema de cuotas, restringiendo el número de inmigrantes a ser admitidos al 2% de los connacionales que habitaran en Estados Unidos desde el 1890. Los asiáticos continuarían proscritos, pero la ley no preveía restricciones para el Hemisferio Occidental, con lo cual comenzaron a llegar inmigrantes desde Latinoamérica y el Caribe. La barrera migratoria establecida en el 1924 seguiría vigente hasta el 1965, cuando – durante la presidencia de Lyndon B. Johnson – seria reemplazada por la llamada “Hart-Cellar Act”, que no era precisamente una ley liberal, pero abría posibilidades a través de relaciones familiares y el tipo de profesión. Algunas excepciones con fuerte connotación política fueron la excepción al darwinismo migratorio. Judíos buscando protección del exterminio nazi, húngaros exiliados de la fallida revolución del 56`, refugiados de la guerra de Corea, disidentes cubanos y un variado pelaje oportunista.

En décadas recientes, el paisaje humano norteamericano varió nuevamente a través de una fuerte corriente migratoria latinoamericano-caribeña y asiática. Los primeros, huyendo de la miseria y las guerras instigadas por el mismo imperio. Los segundos, como grupo cualificado para tareas de desarrollo tecnológico.

El agujero negro succionó todo lo que pudo para hacerse poderoso. El esplendor norteamericano no fue consecuencia de un publicitado espíritu emprendedor. Se construyó con mano de obra esclava, ilegal, pero también atrayendo a comerciantes, deportistas, investigadores y dando cobijo a rufianes políticos funcionales.

Ahora, el águila depredadora – las corporaciones y el complejo militar industrial (no tan sólo el magnate al que llaman “señor presidente”) – pretende escupir personas como si fueran pepitas de una fruta que han exprimido largamente y ya no les resulta de utilidad.

Algo huele mal en ello. No es tan sólo el pozo negro de la ambición, la pestilencia del deseo de supremacía y dominio, el hedor del lucro como fin universal. Es el olor a cadáver de un sistema que ya evidencia muestras de putrefacción.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Investigador y escritor

La corrupción no nace de la pobreza

POR ESTO! 19 de enero del 2018 MÉXICO

Manuel E. Yepe*

Es frecuente oír decir que la gente roba y se corrompe a causa de su pobreza, que es la miseria lo que corrompe a las personas. O que para que los dirigentes sean honestos y no roben es necesario que tengan salarios suficientemente elevados para que no sean tentados a corromperse. ¡Nada más falso!

Para no ir más lejos, el multibillonario Donald Trump está en camino de convertirse en el presidente más corrupto en la historia de Estados Unidos.

“Puede que aún no podamos darle ese título, después de todo, sólo ha sido presidente durante un año. Pero es seguro que está trabajando duro en ello”, escribe el periodista Paul Waldman en un artículo que publicó el diario The Washington Post el 16 de enero.

“Por supuesto, no sabemos exactamente cuánto está robando porque, a diferencia de anteriores presidentes y candidatos presidenciales, Trump continúa negándose a publicar declaraciones de impuestos pese a que no hay un presidente en la historia cuyas finanzas hayan estado más urgentemente necesitadas de examen público. No obstante, sin conocer todos los detalles, se puede asegurar que Trump y su familia se comportan como bandidos”.

Waldman aclara que hay actividades que escapan a lo que comúnmente se consideran actos de “corrupción” pero que son tan nocivas a la buena marcha de la sociedad como las que más y en el gobierno de Trump ello se aprecia patentemente.

Las acciones pueden ser corruptas siendo legales, y cuando hablamos de corrupción, en un sentido más amplio, abarcamos malversaciones no financieras o la utilización de los cargos de gobierno para obtener ganancias financieras a través de sobornos y otros medios. Muchos consideran a Richard Nixon como el presidente más corrupto de la historia estadounidense, pero sus crímenes más serios no consistieron en llenarse los bolsillos sino en hacer girar el aparato del gobierno entero en el sentido de sus fines personales, a menudo para su autoprotección.

Un informe publicado por la organización Public Citizen, que se identifica como liberal progresista, dice que gobiernos extranjeros, corporaciones y asociaciones comerciales han estado patrocinando de una forma muy singular las propiedades de Trump desde que éste asumió el cargo.

Es sabido que el Presidente estadounidense es un hombre de codicia y mezquindad poco común, sus hoteles en Washington se han convertido en lugar de alojamiento obligado para cuanto multimillonario viaja a la capital de Estados Unidos, en gesto de buena voluntad llamado a provocar acto recíproco por parte de éste hacia el excéntrico presidente.

Según una investigación del diario USA Today, “en el 2017 las empresas de Trump vendieron $35 millones en bienes raíces, sobre todo a compañías encubiertas que ocultan las identidades de los compradores”. El uso de estas compañías fantasmas explotó una vez que Trump se convirtió en el candidato republicano a presidente. “En los dos años anteriores a la nominación, el 4% de los compradores de Trump utilizaron la táctica. En el año siguiente, la tasa se disparó a alrededor del 70 por ciento”.

Como dijo el historiador Robert Dallek en noviembre último, “al igual que Nixon, Trump ha creado en su gobierno una cultura en la que las personas se sienten cómodas con la corrupción. Trump mismo ha mostrado una completa indiferencia hacia las normas democráticas y hacia el imperio de la ley. Con eso envía una clara señal a sus subalternos”.

Por tanto, no es accidental que, por ejemplo, un miembro del gabinete tras otro piense que ya no hay más reglas y que la mejor manera de invertir su tiempo en el gobierno es la de aprovecharlo para hacerse ricos. Antes de llegar Trump a la primera magistratura, la idea de que cualquier presidente, de cualquiera de los dos partidos, usara la función como oportunidad para favorecer sus negocios privados sin frenos ni obstáculos, era algo demasiado absurdo como para siquiera contemplarlo. Ahora, la mayoría de la gente considera que no vale la pena enojarse porque esa práctica se haya generalizado, especialmente porque hay mucho más en juego.

Lo que distingue a Trump de todos sus predecesores es el que éste apenas oculta sus intenciones. Después de toda una vida dedicada no sólo a manipular los sistemas económicos, legales y políticos para aumentar su riqueza, sino también a alardear sobre su capacidad para hacerlo, no debió haber duda de que, como Presidente, continuaría en esa misma línea.

Pero si los demócratas tomaran una o ambas cámaras del Congreso en el otoño, deberían hacer de la investigación de la corrupción del presidente Trump y su administración un objetivo de máxima prioridad.

Sólo actuando así podría restablecerse la norma de que los presidentes deben tener una motivación más alta que usar la Oficina Oval para incrementar su riqueza, concluye Paul Waldman.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista cubano especializado en política internacional

El capitalismo global en fase caníbal

MISIÓN VERDAD 23 de enero del 2018 VENEZUELA

Las filtraciones de los “Papeles de Panamá” fueron financiadas para reducir el tema de la corrupción a simples acusaciones personales

En el 2017, el capital de las personas más ricas del planeta tuvo un aumento de 762 mil millones de dólares. Por otro lado, el 82% del crecimiento de la riqueza mundial fue a parar a manos del 1% de la población. Así lo reseñó Oxfam en su informe “Premiar el trabajo, no la riqueza”.

El año pasado también ha sido el de mayor incremento en el número de personas cuyas riquezas rebasan los mil millones de dólares, con un nuevo milmillonario cada dos días. Este dato contrasta con otra realidad expuesta en el informe: la riqueza del 50% más pobre no aumentó lo más mínimo.

La organización, que todos los años se encarga de mostrar los efectos de la desigualdad de ingresos y riquezas en la economía mundial, deja en evidencia que la acumulación de riqueza poco tiene que ver con el talento o el esfuerzo. Según el informe, dos terceras partes de la riqueza de los milmillonarios tienen que ver con monopolios, herencias, relaciones de connivencia y evasión fiscal, mientras que la mitad de la población mundial vio estancados sus ingresos durante el 2017. Los llamados “Papeles de Panamá” o “Papeles del Paraíso”, da ejemplos sobre cómo se forja la riqueza en la etapa actual del capitalismo.

Estas dos filtraciones de documentos que comprometen a políticos y figuras públicas fueron financiadas con alevosía por ese 1% que controla el poder financiero para reducir el tema de la corrupción a simples acusaciones personales. Sin embargo, para los espectadores, esta muestra irrisoria de la porción que se deja de percibir por concepto de impuestos es suficiente para generar indignación colectiva: los súper ricos esconden al fisco al menos 7,6 billones de dólares.

En el informe pasado (”Una economía para el 99%”), Oxfam dijo que ocho personas tenían la misma riqueza que la mitad de la población mundial, luego esa lista fue modificada al revisar los datos, para quedar en 61. Esa cifra queda hoy reducida a 42 personas que, actualmente, poseen la misma cantidad de dinero que los 3 mil 700 millones de personas más pobres. Lo cierto es que a pesar de los flacos intentos de líderes mundiales por reducir la brecha de desigualdad, esta se ha abierto aceleradamente los últimos 25 años.

Si bien la máquina de propaganda capitalista ensalza las bondades de las medidas neoliberales y mitifica el progreso de los países del primer mundo, el saldo de miseria deja un rastro lo bastante grande como para que sea imposible obviarlo. “El boom de los multimillonarios no es signo de una economía próspera, sino un síntoma del fracaso del sistema económico”, afirmó la directora de Oxfam, Winnie Byanyima.

El trabajo tampoco revierte esos márgenes de exclusión. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que casi la tercera parte de la población que trabaja en países emergentes vive en la pobreza, tendencia que va en aumento. Además calcula que para el 2016, 40 millones de personas trabajaban como esclavos, la mitad de ellas en trabajos forzosos. En la actualidad hay más esclavos que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad.

El caso del contrabando de personas en Libia, difundido por CNN (la misma cadena de televisión que en el 2011, lideró el grupo de mercenarios informativos que promovió la caída del gobierno de Gadafi y su posterior asesinato) es un ejemplo de la dinámica funcional a la acumulación de capital para la oligarquía global reseñada por Oxfam. Luego de aplicar métodos de guerra no convencional para deshacerse de un país con un Estado soberano, queda rueda libre para que las corporaciones se apoderen de recursos y fuerza de trabajo en medio de un territorio fragmentado por el caos producto de la intervención occidental.

Los informes de la Oxfam son apenas un tímido alzamiento de voz ante el desastre social que las élites mundiales han dejado a su paso, en la carrera por garantizar todos los espacios de poder que puedan en estos nuevos ajustes que la crisis capitalista está generando.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

El PIB, un indicador anticuado y poco fiable

AFP 26 de enero del 2018 FRANCIA

El Producto Interior Bruto (PIB), un indicador que puede hundir gobiernos o hacer ganar elecciones, es un instrumento anticuado y poco fiable, que incita a un crecimiento desenfrenado sin tener en cuenta las desigualdades, apuntan los economistas.

El debate sobre su utilidad y la necesidad de sustituirlo se ha acelerado en los últimos años y también esta semana en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos.

"Está surgiendo un consenso para decir que las estadísticas que se han usado hasta ahora ya no funcionan", explicó a la AFP la economista británica Diane Coyle, de la Universidad de Mánchester.

Muchos expertos abogan por alternativas como el Índice de Desarrollo Humano (IDH), una iniciativa de Naciones Unidas.

La idea de Coyle y otros economistas es añadir a los datos económicos brutos -los únicos que incluye el PIB- otros sistemas para medir la educación, las aptitudes personales o el "capital intangible", como los datos o las patentes que produce un país.

También habría que incluir aspectos sobre la calidad medioambiental o el "capital social" que mide la unidad o la división de un país.

Las nuevas tecnologías complican más aún el cálculo de la riqueza, y recursos como Wikipedia, accesibles en todo el mundo, tienen un valor cero en el cálculo del PIB.

El PIB tampoco incluye el mercado negro, una importante fuente de ingresos en muchas regiones del globo ni tampoco puede medir la distribución de la riqueza dentro de un mismo país.

La consecuencia es que un PIB que crece no es siempre sinónimo de que la riqueza beneficie a todo al mundo, al contrario.

El PIB fue creado en el 1934 por el economista Simon Kuznets para ayudar a Estados Unidos tras la Gran Depresión y mide el valor de los bienes y servicios producidos en un país durante un espacio de tiempo, generalmente un año.

"Tenemos que encontrar un nuevo mecanismo para incluir partes mucho más grandes de la población y usar sistemas distintos para medir el éxito de un país", dijo Inga Beale, directora ejecutiva de Lloyd's of London, el mayor mercado del mundo de los seguros, a la cadena CNBC.

El PIB está considerado un instrumento demasiado tosco para medir el crecimiento y ha suscitado críticas de premios Nobel de economía como Joseph Stiglitz y Amartya Sen o de la directora general del Fondo monetario internacional (FMI), Christine Lagarde.

Sin embargo el PIB sigue siendo rey, y algunos países, como China, lo han convertido en el símbolo de su creciente riqueza.

Tras décadas de crecimiento inestable, el gigante asiático es ahora la segunda economía el planeta, por detrás de Estados Unidos, según su PIB, algo que también le concede prestigio y poder en las instancias internacionales que durante décadas no había tenido.

Frente a ello, muchos de los economistas proponen incluir el factor humano.

En Davos, donde esta semana se celebró el Foro Económico Mundial (WEF), sus responsables proponen un nuevo Índice Inclusivo de Desarrollo, con aspectos medioambientales como los recursos pesqueros, a punto de extinguirse en muchos puntos del petróleo.

Según este índice, Noruega es el país más rico del mundo, en un top 10 que incluye pequeños países europeos o Australia. Según este baremo, Estados Unidos queda en el puesto 23 y China en el 26.

Según la profesora Diane Coyle, no es necesario que los países cambien drásticamente sus sistemas de cálculo de la riqueza para tomar en cuenta aspectos medioambientales.

"Sólo hay que respirar el aire en Pekín para darse cuenta de los costes", dijo.

Siria: la integridad territorial en peligro

POR ESTO! 22 de enero del 2018 MÉXICO

Gustavo Robreño*

Como era de esperarse, las victorias militares del Ejército Nacional Sirio con el apoyo de las fuerzas rusas derrotando a los terroristas del Estado Islámico (Daesh) y expulsándolos de sus principales posiciones en ciudades y campos, así como causándoles importantes bajas y destrucción de sus equipos, han llenado de alarma al Gobierno imperialista de Estados Unidos, que disimuladamente confiaba en esa banda criminal derrotada para lograr la salida del presidente sirio Bashar Al Asad y, si fuera posible, su eliminación física.

Ante la nueva situación creada, la Administración Trump parece decidida a regresar a los planes iníciales que contemplaban una proyectada desintegración de Siria, aprovechando diferencias étnicas, regionales y religiosas que -todas mezcladas- dieran al traste con la unidad nacional de ese país reduciendo sustancialmente sus capacidades de actuación en aquel ámbito regional y favoreciendo así, una vez más, los propósitos de su aliado, el Estado sionista de Israel

Ese objetivo ha sido recién anunciado por el secretario de Estado yanqui, Rex Tillerson, cuando afirmó que las fuerzas intervencionistas estadounidenses que se encuentran ilegalmente dentro de territorio sirio desde hace varios meses permanecerán allí y serán reforzadas, constituyéndose en una punta de lanza desestabilizadora, agresiva y provocadora de eventuales choques directos con el Ejército Nacional Sirio en busca del pretexto para una intervención masiva semejante a la perpetrada contra Irak en el 2003. Las maniobras imperialistas, por lo reiteradas, llegan a verse bien claras y ya no engañan a nadie. Se intuyen desde muy al principio y, en este caso, se advierten desde sus pasos iníciales, como adelantó el canciller ruso Sergei Lavrov.

En la región norte de Siria, fronteriza con Turquía, donde se hallan emplazadas las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (compuestas por población kurda), se encuentra actualmente el grueso de la fuerza militar intervencionista de Estados Unidos, entrenando y organizando a esos elementos y preparándolos para lo que sería un posterior avance hacia el sur.

Por su parte, el ambivalente Gobierno turco sigue envuelto en sus propias contradicciones. Mientras dice desear la paz en Siria sigue protegiendo y apoyando a grupos terroristas internos, socavando la legitimidad del presidente Al Asad, sin asumir una posición firme y definitiva en sus entendimientos con sus vecinos Rusia e Irán.

Ahora teme y se alarma con el fortalecimiento de fuerzas kurdas en sus fronteras con Siria apoyadas por Estados Unidos, lo que pudiera conducirlo a enfrentamientos irreversibles con sus aliados dentro del pacto militar de la OTAN, encabezados por Washington, que no cesan de presionarlo y enviarle señales amenazantes.

Como señalamos, tras los éxitos obtenidos en la cruenta batida contra las bandas terroristas, es ahora la integridad territorial de la nación siria lo que está en peligro. Todo indica que la extraña y nunca bien esclarecida relación entre los gobiernos de Estados Unidos e Israel con las mencionadas bandas actúa como telón de fondo en esta nueva situación.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista cubano. Fue Director General de la Agencia de noticias Prensa Latina.