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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-02-01

Un crimen premeditado para extirpar a Lula de la historia de Brasil

CLAE* 25 de enero del 2018 URUGUAY

Jeferson Miola**

Lula no fue juzgado por el TRF4; fue ajusticiado por la segunda instancia de la operación Lava Jato. Al condenar a Lula en un proceso fraudulento, sin pruebas y con ritos manipulados, la judicatura brasileña profundiza el régimen de excepción y asume una fisonomía fascista.

La comunidad jurídica internacional, académicos, políticos, activistas sociales e intelectuales del mundo entero denuncian la implacable persecución jurídica y mediática de Lula. La judicatura brasileña, aun así, y a pesar de la alerta internacional, practicó un crimen premeditado, cuyo resultado era conocido de antemano.

Cuando decidieron forzar la anticipación del juzgamiento para el 24 de enero del 2018, los justicieros también ya estaban decididos a clavar el marcador de la condena por tres a cero, coherente con la estrategia de rápida consumación del crimen. La audiencia judicial, en este sentido, era una mera formalidad exigida para la escenificación judicial.

Las sentencias de los tres jueces se combinaban entre sí; en los elogios a los fiscales y al juez Moro; en el premio judicial a los delatores que mintieron para incriminar a Lula y que, por eso, tuvieron sus penas reducidas; en el aumento de la pena a Lula; en el desempeño como promotores de la acusación y no como jueces, y en el esfuerzo inútil de propagar y propagandear una falsa e inexistente imparcialidad del poder judicial.

Los medios hegemónicos, motor del golpe, lo sabían todo de antemano. Tanto que a las 10:18 horas de la mañana la red Bandeirantes publicó anticipadamente aquel resultado que solo sería formalmente conocido después de las 18 horas, al final de la sesión.

En aquel justo momento, a las 10:18 horas del 24 de enero, el brillante abogado de Lula recién presentaba los argumentos de la defensa, y los jueces del tribunal de excepción ni siquiera habían presentado sus votos.

Lula fue víctima, por lo tanto, de una violencia brutal: condenado por unanimidad y, más grave, con pena aumentada a doce años y un mes de prisión.

La decisión unánime también fue calculada por los canallas: redujo los recursos de defensa, anticipó su prohibición para participar de la elección presidencial, y la prisión inmediata se convierte en una amenaza tangible apenas se cumplan los escasos plazos para los recursos.

Está claro como la luz del Sol que el propósito de la Lava Jato desde su inicio nunca ha sido el combate a la corrupción, sino poner fin al ciclo de gobiernos progresistas inaugurado por Lula en el 2003, que ha retirado a más de 40 millones de personas de la miseria.

El golpe de Estado del 2016, que derrocó a la presidenta Dilma con el juicio político fraudulento patrocinado por Cunha, Temer, Aécio, Geddel, Fernando Henrique Cardoso y Padilha, fue la primera etapa de esta estrategia. La condena de Lula es la segunda etapa de este golpe, que fue diseñado por el capital financiero en los centros de poder de EEUU.

Es innegable el activismo de fiscales, comisarios, jueces y policías federales del PSDB que instrumentalizan el cargo público para atacar y aniquilar a sus enemigos de clase.

Los medios capitanearon la masacre implacable contra Dilma, Lula y el PT a lo largo de estos últimos años, y la Red Globo, como en el golpe del 1964, fue el capitán del abastecimiento de la democracia y del Estado de Derecho.

La condena del mayor líder popular de Brasil es la razón de ser de la oligarquía golpista, sumisa a EEUU y al rentismo, y la operación Lava Jato es el instrumento para ello. La burguesía intolerante pretende prohibir a Lula no solo de la elección del 2018, sino de la historia de Brasil.

Todavía es temprano para predecir los desdoblamientos de este arbitrio. Es cierto, sin embargo, que la interferencia mediática y jurídica en el proceso electoral puede agravar el conflicto en la sociedad y alterar la calidad de la lucha política y de la resistencia democrática en Brasil.

Lula no tendrá su candidatura impedida inmediatamente, porque deberá recurrir a otras instancias judiciales, pero sin la ilusión de conseguir revertir la tenebrosa injusticia, porque todo el aparato judicial brasileño, en todas las instancias -incluso la Suprema Corte- está implicado en el golpe.

Con esta condena ilegal, Lula deberá intensificar la actividad política de masas, los actos, las caravanas y la formación de comités de solidaridad en todo el país.

Eso podrá aumentar aún más la conciencia del pueblos de que Lula es víctima de una odiosa persecución, aumentando las posibilidades de que, aun condenado e impedido de ser candidato, Lula podría elegir al candidato que represente el proyecto democrático-popular.

La prohibición criminal de Lula no soluciona el problema de la clase dominante, que continúa sin contar con un candidato competitivo y viable electoralmente. Por eso, no se puede despreciar la hipótesis de que, de persistir la inviabilidad electoral de la derecha, se profundice la dinámica fascista y autoritaria con, por ejemplo, intentos de prescripción del PT.

En caso de materializar el intento de prisión ilegal de Lula, la clase dominante podrá abrir las puertas del infierno. Este mito vivo, llamado Lula, será entonces transformado en el Nelson Mandela de Brasil.

En la era Lula, quedó escaso el stock de empleadas domésticas humilladas y esclavizadas por la clase media y por una burguesía esclavócrata. ¡Eso es una ofensa imperdonable!

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico
    • Integrante del Instituto de Debates, Estudios y Alternativas (Idea) de Porto Alegre (Brasil) y director de la Secretaría Administrativa del Mercosur

¿Paz en Nuestra América?

LA JORNADA 26 de enero del 2018 MÉXICO

Gilberto López y Rivas*

Ha sido una decisión de los pueblos romper las estructuras de explotación y dominación capitalistas e imperialistas. Este objetivo histórico, de lograrse en Nuestra América, sería una victoria estratégica de los pueblos que resisten sin capitular.

Cuba, contra viento y marea, y a pesar del bloqueo del Gobierno estadounidense, hace 59 años emprendió ese camino de soberanía, socialismo y definitiva independencia.

Avanzar hacia este propósito es de enorme complejidad hoy en un continente vastamente recolonizado, que disputa -no sin dificultades- espacios crecientes con expresiones políticas flexibles que sean capaces de comprender -y utilizar en su favor- las contradicciones inter e intraimperiales, así como las internas en el campo de las clases dominantes; acumular fuerzas como pueblos, pero sin las herramientas del viejo Estado que aún sueña con el fin de las revoluciones, o con la obsolescencia de las tesis centrales del marxismo sustentadas hoy por organizaciones políticas de variada naturaleza que, en su diversidad, busca llevar a cabo transformaciones sociales que trasciendan el capitalismo.

Estas expresiones políticas constituyen el polo equidistante de la izquierda institucional, que ha renunciado a la utopía revolucionaria y se ha vuelto funcional al sistema dominante.

Para los pueblos estas ideas no son vanas ilusiones, como tampoco son imaginarias las relaciones de explotación del trabajo vivo, ni la maquinaria de terrorismo global del imperialismo, y sus añejas relaciones de producción oligárquicas que implantan miseria extrema y guerras sociales a países como México, Honduras, Colombia, Brasil, Perú o Chile, entre otros, donde los modernos capataces de la mundialización capitalista militarizada y delincuencial buscan extirpar el contenido revolucionario de las resistencias populares, en las que sigue creciendo inevitablemente una conciencia crítica colectiva y clasista, que no enajena la interpretación histórica de nuestras realidades, y que, sin renunciar a la llamada "solución política", no abdica al poder de los pueblos, ni se resigna a una "paz para siempre" que deje incólume la economía capitalista.

Esa paz del capital hoy, en países como Colombia, es el resultado de su ofensiva planetaria para imponer "pacificaciones" con condiciones mínimas para proseguir la "lucha política" en "un clima de libertad" y en el ámbito de la democracia tutelada por los poderes fácticos y el poder corporativo, mientras, paralelamente, se efectúan ejecuciones sumarias de dirigentes sociales, se fortalecen las estrategias contrainsurgentes de las fuerzas armadas y los agrupamientos paramilitares ocupan sistemáticamente -y gozando de impunidad- los territorios de la insurgencia desmovilizada.

La pregunta clave de esta encrucijada es: ¿se podrá alcanzar la paz, entendida esta como ausencia de violencia, si se conservan la economía y la política del capital que no son sino la encarnación de innumerables formas de violencia contra los seres humanos y la naturaleza?

En estas circunstancias y, por ejemplo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, como organización ligada al pueblo desde hace varias décadas, ante la crisis de los diálogos con el gobierno de Juan Manuel Santos, parece estar preparado para confrontar y neutralizar la estrategia de aniquilamiento en el campo y las ciudades.

Este movimiento insurgente se plantea recuperar áreas perdidas y pretende su propia recomposición, deslocalizando la confrontación, avanzando en objetivos estratégicos frente a la ofensiva del ejército oligárquico y sus narco-paramilitares, que es la más grande de los últimos tiempos y que intenta desarticular la unidad con el pueblo, y distorsionar los posicionamientos en favor de la paz que tienen clara la naturaleza política del conflicto y hacen efectivo el derecho inalienable a la rebelión.

Así, los "esfuerzos de paz" en Centro y Sudamérica continúan enfrentándose con la realidad sistémica de políticas abiertamente antipopulares y represivas.

Estos proyectos no deberían terminar en una paz americana que hace abstracción de la economía política, de las clases en conflicto antagónico, que encubren la permanente injerencia estadounidense en la región, así como la respuesta de los pueblos que se niegan a cohabitar con las oligarquías, sus ejércitos genocidas y sus paramilitares.

La lucha por la paz, la libertad y la soberanía tiene lugar en sociedades cuyas clases dominantes monopolizan la tierra, la propiedad sobre los medios de producción y, por ende, el poder económico y político, y, al mismo tiempo, se han convertido en la base articuladora local de la dominación imperial.

Así, hoy se pretende imponer la rendición incondicional de los pueblos que exigen y construyen la paz, que establecen democracias comunales con sus propios recursos y formas colectivistas de organización social, que incursionan en la construcción del poder comunal en la Venezuela chavista y bolivariana.

En particular, para el sistema de dominación imperante, el sistema de representación indígena implica un cuestionamiento radical a las formas de mando y obediencia impuestas desde hace siglos.

De ahí el sentido subversivo de estas democracias comunitarias que, además, se constituyen en núcleos de resistencia anti-corporativa y reservorios de pensamiento crítico, como es el caso de la experiencia mexicana con el EZLN, el Congreso Nacional Indígena, y su propuesta de conformar un Concejo Indígena de Gobierno, en alianza con todos los explotados y oprimidos en el ámbito nacional.

Sin embargo, no hay que olvidar que la barbarie transnacional destruye cotidianamente todas las expresiones de vida por la imposición de sus programas neoliberales, y mediante conflictos de intensidad diferenciada contra los seres humanos y la naturaleza, envileciendo de paso ciencia y tecnología.

La revolución de los pueblos es resistencia permanente contra el salvajismo del capital, y se constituye en el último e irrenunciable recurso; es la negación dialéctica del viejo sistema, NO la inserción en este. De ahí, aquello de "mis sueños no caben en sus urnas".

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Político y antropólogo mexicano

Trump se presenta como un soberano estricto pero presidente de todos

DPA 31 de enero del 2018 ALEMANIA

Martin Bialecki*

Donald Trump se presentó la noche del martes en el discurso sobre el Estado de la Unión como un buen patriota, como el salvador de la economía y un comandante en jefe íntegro. Un soberano brillante, pero que también sabe tender su estricta mano: como el presidente de todos.

Eso por una parte. Pero tras hablar de todo lo bueno que ha conseguido y del futuro maravilloso que se abre, soltó una dura noticia: Guantánamo, la cárcel en Cuba, seguirá abierta. De nuevo dio marcha atrás a una medida tomada por su predecesor Barack Obama, del que buscó distanciarse.

Pero tal como se venía anunciando desde hacía días, también quiso distanciarse de su imagen desde que llegó al poder en el 2017. Quiso dejar atrás este primer año en la Casa Blanca y lanzar una mirada liberadora hacia los tres restantes. Destacando los máximos históricos que se están registrando en la Bolsa, en lugar de los malos resultados que obtiene en las encuestas. El mandatario tiene unos niveles tan bajos de aprobación que tiene que hacer algo.

Durante su discurso intentó hacer un acto de malabarismo que no era fácil, pues por una parte no quiso irritar a sus seguidores más incondicionales, ya que necesita a su base, pero a la vez está necesitado de ampliar apoyos. En noviembre se celebran las elecciones al Congreso, que van a marcar políticamente todo este año y tienen gran relevancia. Y las cosas no pintan bien para los republicanos.

Por eso, en el discurso del martes Trump tendió la mano, mostró una paternalista benevolencia y dosificó el populismo. Pero esa solo fue una parte, porque por la otra procuraba no presentarse como demasiado blando ni tampoco como un político "tradicional", ya que precisamente lo votaron por no serlo.

Trump apeló a muchos sentimientos que de alguna forma todos pueden suscribir: abogó por las inversiones en infraestructuras, por combatir la grave crisis de las drogas, a favor de la infancia y de los puestos de trabajo y en contra del la criminalidad. Sin embargo fuera de su discurso se quedó la fuerte división en el Congreso que impide sacar adelante leyes.

A diferencia de su sombrío discurso inaugural hace un año, no habló de las "masacres estadounidenses" en las ciudades del país, más bien hubo un cálido patriotismo en lugar del "baño de sangre" que tanto miedo infunde. Hubo llamamientos a la grandeza, a la fuerza, al orgullo. "Este es nuestro nuevo momento estadounidense. Nunca antes ha habido un mejor tiempo para empezar a vivir el sueño americano", manifestó alzando el mentón.

Pero durante los 80 minutos que duró su intervención no se olvidó de contentar a clientela más conservadora y no fue poco lo que dio. Guantánamo es una buena pieza. En su último discurso sobre el estado de la Unión, Obama dijo de este campo de detención en la isla de Cuba que era costoso, innecesario y que servía de "folleto" para reclutar enemigos de Estados Unidos. Trump volvió a dar un giro de 180 grados a esa versión firmando un decreto que anula el de Obama.

Que medios ultraderechistas como Breitbart le pusieran la etiqueta de "señor amnistía" por su presunta postura blanda con la inmigración fue una advertencia suficiente para Trump. Por ello los que escribieron el discurso del presidente prefirieron en este asunto quedarse en generalidades y centrarse en el hombre corriente estadounidense, en el que supuestamente el mandatario está enfocado.

Trump es un hombre acostumbrado a los focos y además le gusta. El discurso transcurrió sin problemas. "Todos juntos", arengó el mandatario, al que se acusa de división y egocentrismo. También habló de "un equipo, un pueblo, una familia estadounidense". Pero lo difícil llega después de esa imagen. ¿Hasta qué punto va a poder cumplir con su discurso? ¿Y por cuánto tiempo? ¿Cuándo volverán sus tuits agresivos, los ataques y el desprecio público?

El centro de análisis Brookings Instituts ya había advertido antes de la intervención que habitualmente los discursos sobre el estado de la Unión suelen ser "muy, muy malos, pero en los que Estados Unidos deposita enormes expectativas".

La noche de martes se pudo ver más del Trump triunfador que del Trump luchador. Se lo vio tan presidencial como era posible, sonreía, estiraba la espalda y se aplaudía a sí mismo. Se presentó como el guardián de la seguridad de su país, que se aferra a su muro con México y al "América primero". "Unámonos finalmente", dijo, aunque exige que se haga con sus condiciones. Además, dijo que ya no tendrá tanta paciencia como la que tuvieron Gobiernos anteriores.

Los demócratas siguieron todo esto con el gesto adusto, en silencio, de mala gana. Al fin y al cabo no es una noche para la oposición.

La economía estadounidense arroja buenos resultados y Trump no se cansó de recordarlo. Pero lo que el mandatario que acaba de bajar impuestos a las empresas no mencionó es que en el 2017 solo se crearon dos millones de nuevos puestos de trabajo, la cifra más baja desde el 2010, tras la recesión.

Y no aportó cifra alguna que demuestre la muy cacareada "salvación de la industria del carbón". Mientras la mayoría de estadounidenses no percibe nada de la buena marcha de la Bolsa de Valores, Trump va desplazando el poder de los trabajadores a los empresarios.

El discurso del estado de la Unión tradicionalmente está poco centrado en la política internacional y suele ser más bien un mensaje, un bálsamo para las almas estadounidenses. Trump apenas mencionó Corea del Norte y la lucha contra la organización terrorista Estado Islámico y la palabra Europa ni salió de sus labios. Pero sí tuvo un toque a lo Ronald Reagan: invitó a la tribuna a una serie de personas a las que se interpelaba directamente.

Entre ellos había policías, soldados, los padres adoptivos de un muchacho drogadicto, los padres del joven estadounidense que huyó enfermo de Corea del Norte y murió después (Otto Warmbier) o un refugiado norcoreano. Esa representación personalizaba tragedia y heroicidad, algo muy estadounidense. Y la televisión se encargó de ir mostrando también sus rostros a lo largo del discurso.

Melania, que acudió como primera dama vestida de blanco, se distinguió de nuevo. Fue recibida con un atronador aplauso y llegó separada de su marido al Congreso. En lugar de que ella acompañase al mandatario de la Casa Blanca al Congreso lo hizo su jefe de gabinete, John Kelly. Pero no era momento para chismes.

  • Periodista de la agencia

“Logros” de Trump que erosionan a Estados Unidos

CUBADEBATE 31 de enero del 2017 CUBA

Dejemos en claro el estado de nuestra unión bajo Donald Trump y la mayoría republicana en el Congreso.

Estos son solo algunos de los “logros” de la administración Trump y sus facilitadores republicanos:

Desvergonzadamente trató de quitarles la atención médica a millones de estadounidenses;

Se eliminaron las protecciones de cientos de miles de destinatarios de DACA, por lo que el Líder McConnell podría usarlos como una “ficha de negociación” enferma en las negociaciones del presupuesto federal;

Llenó nuestros tribunales federales con jueces extremadamente descorazonados;

Negó el cambio climático negando la “política” federal y cedió más de nuestras tierras y costas federales a las grandes compañías petroleras;

Redoblaron los ataques conservadores contra las comunidades de salud y LGBTQ de mujeres;

Forzó un recorte impositivo masivo para enriquecer a su propia familia y sus donantes multimillonarios a expensas de las familias de clase media y trabajadoras;

Continuamente amenazó nuestra seguridad nacional a través de tweets e interacciones con líderes extranjeros, al tiempo que obstruía la investigación de la interferencia de Rusia en nuestras elecciones federales de 2016;

Comprometimos nuestras libertades civiles estadounidenses al volver a autorizar la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera;

Defendió a los supremacistas blancos que marcharon y atacaron violentamente a los manifestantes en Charlottesville;

Lanzó una bola de demolición a nuestra Internet gratuita y abierta mediante la eliminación de las protecciones de neutralidad de la red;

Abandonaron a los ciudadanos estadounidenses en Puerto Rico después de que los huracanes Irma y María diezmaran la isla;

Instituyó una prohibición de viaje inconstitucional y racista dirigida a países de mayoría musulmana.

Estoy preocupado por el estado de nuestra unión. No podemos permitir que Trump continúe erosionando el tejido moral de nuestra nación.

Debemos luchar contra el asalto de Trump a nuestras comunidades y nuestros valores. Y la única forma de detener la agenda extrema del presidente es eligiendo una mayoría demócrata en el Senado.

Gracias por elevar sus voces para hacer retroceder. Estamos todos juntos en esto.

Sinceramente,

Patrick Leahy

Senador de los Estados Unidos