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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-02-09

De Obama a Trump: la guerra no convencional contra Venezuela

RAZONES DE CUBA 25 de enero del 2018 CUBA

Hugo E. Morales Karell*

El 20 de enero del 2017, el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama culminó su mandato en la presidencia y lo sucedió el empresario multimillonario devenido “político” Donald John Trump, quien heredó toda una enciclopedia de cómo derrocar gobiernos opuestos a los intereses imperiales de manera no convencional.

El “Premio nobel de la Paz”, a solo dos años de su primera incursión como presidente, durante su discurso en la Asamblea General de la ONU el 21 de septiembre del 2011, definió la estrategia que en aquel entonces empleaba contra Libia como un “nuevo modelo de intervención”, que posteriormente legitimó como una modalidad más efectiva y menos costosa de hacer la guerra. Estados Unidos estaba empantanado en Irak y Afganistán, el costo económico y político para la Casa Blanca era muy alto.

Entonces, Obama retomó tácticas ya manidas desde la Segunda Guerra Mundial y se acogió a los métodos de la Guerra No Convencional (GNC). En su postura también influyó el cambio en la estrategia militar estadounidense apegado a un nuevo esquema estructurado a partir de lo que teóricamente se denominó el “Poder Inteligente”, definido por el profesor de la Universidad de Harvard, Joseph Nye, como la conjugación coherente del poder duro y el poder blando, así como por otros resortes teóricos como el “Golpe Suave” del politológico estadounidense Gene Sharp.

Durante el primer mandato de Obama salieron a la luz dos manuales de Guerra No Convencional para las Fuerzas Especiales del gobierno de Estados Unidos: la Circular de Entrenamiento No. 18-01 de 2010 y la publicación de Técnicas del Ejército ATP 3-05.1 de septiembre del 2013.

Ambos documentos, en más de 400 cuartillas, contienen los fundamentos, actividades y consideraciones de los pasos a seguir para hacer efectiva una campaña de GNC en la que incluso citan ejemplos de actividades de este tipo patrocinadas por Estados Unidos. La ATP 3-05, en su introducción define: “(…) aunque la GNC es inherentemente un tema sensible, se ha desclasificado deliberadamente con el objetivo de hacerla accesible a todos los funcionarios civiles (…) tiene el propósito de enfatizar la utilidad estratégica y operacional de esta como una opción política disponible para los encargados de la toma de decisiones”.

Mientras, la Circular de Entrenamiento No. 18-01 define: "Los esfuerzos de EEUU con la Guerra No Convencional están dirigidos a explotar las vulnerabilidades sicológicas, económicas, militares y políticas de un país adversario, para desarrollar y sostener las fuerzas de la resistencia y cumplir los objetivos estratégicos de EEUU. Históricamente, el concepto militar para el empleo de la Guerra No Convencional fue, en primer lugar, apoyar los movimientos de resistencia durante los escenarios de guerra general. Aunque este concepto mantiene su valor, el ambiente operacional desde el fin de la Segunda Guerra Mundial requiere, cada vez más, que las fuerzas estadounidenses lleven a cabo la Guerra No Convencional en escenarios de guerra limitada”.

Estas herramientas sirvieron, en lo fundamental, de guía a las acciones desarrolladas por Estados Unidos y sus aliados, contra los países del África del Norte y Medio Oriente, durante la denominada "primavera árabe”, y contra gobiernos de izquierda de América Latina. En esta última región, la República Bolivariana de Venezuela, ha sido en la actualidad, el más importante balón de ensayo para constatar en la práctica, «la efectividad” de los métodos de GNC.

Cuando Obama llega a la Casa Blanca en enero del 2009, la Revolución Bolivariana era conducida por el eterno Comandante, Hugo Chávez Frías, elegido popularmente con más del 62% de los votos para conducir su país en el período 2007-2013. Ese propio año, en abril, durante la Cumbre de la Américas en Trinidad y Tobago, Chávez le obsequió a Obama el libro: Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, y relataron los medios internacionales de prensa, que también le ofreció su amistad y le dio un apretón de manos.

Obama, pronto olvidó el gesto de Chávez y durante su mandato, bajo el manto de la no intervención en los asuntos internos de Venezuela, se desplegaron innumerables acciones encubiertas contra la nación bolivariana, desde una intensa campaña mediática con una fuerte retórica antichavista para desprestigiar los logros alcanzados en materia social y económica, así como para magnificar cualquier evento que les permitiera justificar en la arena internacional, emprender acciones contra Caracas.

Recurrieron al financiamiento multimillonario de una oposición violenta para desarrollar protestas callejeras (guarimbas), e incluso atentar contra la vida del mandatario, así como trataron por todas la vías y métodos posibles de fraccionar la unión cívico militar.

No obstante, la más sostenida en el tiempo fue la guerra económica, en función de estrangular el principal rubro de exportación de Venezuela, el petróleo. En el 2011, Estados Unidos impuso sanciones a la petrolera estatal (PDVSA) por hacer negocios con el gobierno y empresarios iraníes, las que establecían que la empresa estaba limitada para suscribir contratos con el gobierno estadounidense, recibir financiamiento para importaciones y exportaciones y obtener licencias de exportación de tecnología sensible. En ese contexto, Chávez respondió que las grandes reservas de Venezuela no eran solo de petróleo, sino estaban en su pueblo: reservas políticas, reservas morales, reservas bolivarianas.

Ya en esa oportunidad, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, avizoraba: "Hay que denunciar esta agresión y hay que preguntarse si Estados Unidos está iniciando una nueva escalada contra la Revolución Bolivariana. El tema esencial no es el aspecto económico de las medidas aplicadas contra PDVSA, sino el riesgo de que esto signifique la decisión de Estados Unidos de provocar nuevos conflictos en la región, nuevos intentos de dividir a América Latina y el Caribe, en un momento culminante de su unidad y de su independencia”.

Posteriormente en el 2013, tras la pérdida física del Comandante Chávez, la administración estadounidense incrementó su escalada contra el nuevo presidente electo, Nicolás Maduro Moros, pues no concebían la continuidad de la izquierda en Venezuela. Se reiteraron los mismos métodos, pero siguió como eje conductor la guerra económica y la persecución financiera para tratar de demostrar que era un gobierno inviable; se incitó a más violencia callejera, que ocasionó la pérdida de innumerables vidas, sobre todo jóvenes. Las acciones, también fueron dirigidas a tratar de desconocer la legitimidad del gobierno, aduciendo que había sido electo en un proceso antidemocrático, e incitando al golpe de Estado.

Cuando ya tenían un escenario internacional propicio de satanización de Venezuela, Obama emitió en marzo del 2015 una Orden Ejecutiva, declarando el estado de «emergencia nacional por el riesgo extraordinario que representaría la situación en Venezuela para la seguridad nacional de EEUU”, lo que elevó a un nivel sin precedentes la escalada estadounidense contra Venezuela.

Después de unas cuestionadas elecciones, llega al poder en enero del 2017, Donald Trump, y muchos pensaron que su discurso guerrerista habría dejado atrás los métodos de la GNC. Nada más lejano a la realidad, luego de un año en la Casa Blanca, las acciones de este tipo contra Venezuela siguen sin variación alguna. Al contrario, se ha apreciado un incremento de la retórica de altos miembros del gobierno, incluido el propio Presidente. Para ello, han contado con un aliado incondicional el secretario General de la OEA, Luis Almagro, quien fortaleció las posiciones antichavistas en el seno del organismo.

Las sanciones económicas contra funcionarios gubernamentales se incrementan, PDVSA sigue siendo su blanco principal. El 25 de agosto del 2017 se dirigieron a bonos de deuda de esa empresa y del Estado venezolano bajo la acusación de que son emitidos por una "dictadura y en respuesta a la violación de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales por parte de la administración Maduro”. Al respecto, el Secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, aseveró: "Maduro ya no podría sacar ventaja del sistema de financiamiento estadounidense para facilitar el saqueo al por mayor de la economía de Venezuela a costa del pueblo venezolano”.

El afán de Trump por sobresalir, y sobre todo por desmantelar el "legado” de Obama, no podía escapar tampoco al caso Venezuela, y para no limitarse a considerarla una amenaza a su seguridad nacional como su predecesor, el 11 de agosto del 2017, desde su club de golf en Nueva Jersey, refirió: "Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo una posible opción militar si es necesario (…) Tenemos tropas en todo el mundo en lugares muy lejanos, Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo y se está muriendo”.

Aunque con posterioridad, como de costumbre, varios funcionarios de la administración trataron de interpretar qué había querido decir el Presidente e incluso que esa opción no era viable, no podemos obviar que durante el 2017 se realizaron varios ejercicios militares en el Pacífico y el Caribe, algunos frente a las costas de Venezuela. En la actualidad se conocen más de 50 bases norteamericanos en la región, por lo que las fuerzas para desarrollar cualquier acción militar no habría que buscarlas tan lejos, como aseveró el mandatario.

Pareciera que las Asambleas Generales de la ONU son el escenario propicio para que los presidentes estadounidenses expongan cómo realizan sus agresiones al modo de la GNC. Durante la 72.ª sesión del organismo en septiembre del 2017, en su discurso al plenario, al referirse a la situación de Venezuela, Trump señaló que "era deber de todos retornar la democracia a ese país. No podemos quedarnos al margen y mirar. Como un vecino y amigo responsable, debemos tener una meta: recuperar la libertad, restaurar el país, retornar a la democracia”.

Agregó que el país está “al borde del colapso total” y dijo que EEUU estaba listo para adoptar nuevas medidas si el presidente Maduro “persiste en su camino para imponer un gobierno autoritario (…) El pueblo venezolano está hambriento y su país está colapsando (…) La dictadura socialista de Maduro ha generado un dolor terrible y un sufrimiento al pueblo”. En esos días, durante uno de los pocos contactos con mandatarios latinoamericanos se quejó del rechazo unánime de la región al empleo por EEUU de la fuerza militar contra Venezuela.

Para ratificar sus posturas, la administración Trump, también dedicó espacio a Venezuela en la Estrategia de Seguridad Nacional 2017, esta vez junto a Cuba, país donde han desarrollado por casi 60 años una intensa campaña de GNC, sin resultados. En el acápite referido al Hemisferio Occidental, señala: “En Venezuela y Cuba, los gobiernos están aferrados a anacrónicos modelos autoritarios izquierdistas, que continúan fallando a sus pueblos (…) Anhelamos el día en que los pueblos de Venezuela y Cuba puedan disfrutar la libertad y los beneficios de la prosperidad común, e instamos a otros estados libres en el hemisferio a apoyar este empeño común”.

Mientras, en la estrategia de Defensa Nacional, recientemente divulgada, aunque obvian la región, precisan que “en apoyo a la iniciativa interagencial de EEUU, el Departamento de Defensa profundizará sus relaciones con los países de la región que contribuyan a las  capacidades militares ante los desafíos comunes de seguridad, tanto regionales como globales”.

Si pudieran quedar dudas, de que hay una intensa campaña de GNC contra Venezuela, las declaraciones del 23 de enero pasado del director de la Agencia Central de Inteligencia, Mike Pompeo, despejan cualquier incertidumbre. El mismo reconoció que los servicios de espionaje estadounidenses estuvieron detrás de algunas de las sanciones adoptadas los últimos meses contra el Gobierno de Nicolás Maduro. Señaló: “El presidente no estaba satisfecho con la descripción de la situación que le habíamos presentado. Quería más claridad en relación con algunos asuntos financieros, como sobre quién tenía el dinero”. Precisó que tenía un especial interés en saber “cómo estaba relacionado el Gobierno de Maduro con las Fuerzas Armadas venezolanas, para así poder tener una imagen más completa (…) La segunda o tercera batería de sanciones obedecía a nuestras recomendaciones”.

En lo inmediato, no se puede descartar que las agresiones contra Venezuela, utilizando los métodos de la Guerra No Convencional, dejen de jugar un papel principal en la estrategia estadounidense contra Caracas, máxime cuando en el primer cuatrimestre del presente año se desarrollarán las elecciones presidenciales, y la oposición pagada por Washington y aupada por la ultraderecha antivenezolana y anticubana de Miami, está más fraccionada que nunca y ha sufrido duros reveses en los tres últimos procesos electorales.

Estados Unidos ha demostrado que en su GNC contra Venezuela, “todo vale”, e incluso ya pudieran actualizar los manuales de preparación para sus Fuerzas Especiales y los hacedores de política. Por eso, nuestra América toda debe estar alerta, porque el fuego y la furia que hay en la Casa Blanca de Trump, pudiera generar decisiones impredecibles con impacto en una región de paz como América Latina y el Caribe.

  • Cubano, Doctor en Ciencias Jurídicas, especialista en Derecho Penal e investigador de temas vinculados con Seguridad Nacional

Donald Trump, el continuador

EL HERALDO CUBANO 25 de enero del 2018 CUBA

Arthur González*

Cuando se mira hacia atrás en el tiempo, se puede constatar que Donald Trump es un continuador coherente de la política exterior de los Estados Unidos, aunque su personalidad acentúa aún más el carácter imperialista, ante la falta del edulcorante que otros presidentes han empleado.

La década de los años 80 del pasado siglo, marcó un nuevo rumbo del imperio yanqui hacia América Latina y desempolvó la llamada Doctrina Monroe, lo que se constata en los postulados del Programa Santa Fe, puesto en marcha bajo la administración de Ronald Reagan. En dicho texto se afirma:

“Históricamente la política de Estados Unidos hacia América Latina nunca ha estado separada de la distribución globalde poder. (…) América Latina, tanto como Europa Occidental y Japón, es parte de la base de poder de Estados Unidos. No podemos permitir que se desmorone ninguna base de poder de Norteamérica…”

Lo que sucede hoy en la región es exactamente lo que ese Programa diseñó y ejecutó.

Respecto a Cuba, fue tácita la proyección del trabajo para destruir el proceso revolucionario, al exponer que:

“Estados Unidos ya no puede aceptar el estatus de Cuba (…) El precio que La Habana debe pagar por sus actividades no debe ser un precio bajo… Los primeros pasos deben ser francamente punitivos. Los diplomáticos cubanos deben irse de Washington… Hay que cortar los dólares de los turistas norteamericanos… Debe quedarle absolutamente claro al gobierno cubano, que si siguen como en el pasado se tomaran otras medidas apropiadas.”

Trump y sus asesores retomaron ese camino, a pesar de que el presidente Barack Obama comprendió que no les había permitido obtener los resultados esperados y de ahí el viraje ensu política hacia la isla, trasladando una imagen diferente con el acercamiento diplomático, pero dejó intactas todas las medidas aprobadas por sus antecesores para impedir el desarrollo del país, entre ellas la guerra económica, el financiamiento y apoyo a la subversión interna, la Radio y TV Martí, las Leyes Torricelli, Helms-Burton y Ajuste Cubano, las campañas de prensa para satanizar el socialismo, unido a una feroz persecución financiera hacia la banca extranjera, como nunca antes.

Entre las acciones para subvertir el orden interno, Obama dio su visto bueno al empleo de Internet con fines subversivos, con la creación del twitter Zunzuneo y el wifi Conmotionpara crear redes inalámbricas sin necesidad de Internet, ensayado con efectividad en Túnez; el envío a Cuba del “contratista” Allan Gross para estructurar redes que transmitieran información a través de Internet, con la introducción del potente equipo de comunicaciones Bgan, unido al abastecimiento ilegal de varias antenas parabólicas camufladas como tablas de surf, para la formación de redes por el sistema Wifi, que evidentemente trasmitirían hacia el lugar donde se instalara el Bgan.

En sus azucarados mensajes al pueblo cubano, Obama no dejó de recalcar sus propósitos de desmontar el socialismo y al igual que pretende ejecutar hoy Trump, su punto de mira fue la llamada sociedad civil y los jóvenes cubanos, por eso expresó:

“Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso (…) Los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos…Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano (…) Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

“Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente. Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

En los últimos años, las acciones yanquis contra gobiernos con ideas socialistas han dado como resultado el retorno a políticas neoliberales, apoyadas con millones de dólares para desplegar compañas mediáticas contra líderes revolucionarios, movilizar a la derecha y financiar actos provocativos para desestabilizar la economía y el orden interno en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

De ahí que Estados Unidos cumpla al pie de la letra el diseño del Programa de Santa Fe, el que sin el menor sonrojo señaló:

“América Latina es vital para Estados Unidos, la proyección del poder mundial de Estados Unidos siempre ha descansado en un Caribe cooperativo y en una América Latina que ha brindado apoyo”.

Ese es el motivo del odio visceral hacia Cuba y Venezuela, porque sus programas sociales cortaron el monopolio imperialista y ha repartido las riquezas entre los desposeídos, algo que los yanquis no perdonan y por tanto “el precio que La Habana debe pagar no debe ser un precio bajo”.

Una vez más se equivocan, los pueblos latinoamericanos y caribeños han crecido y no se dejan confundir por palabras engañosas y como concluyó José Martí: “Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”

“Es la hora del recuento y de la marca unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

  • Cubano, especialista en relaciones Cuba-EEUU, editor del blog El Heraldo Cubano

El destino de un millón de jóvenes a subasta

REBELIÓN 30 de enero del 2018 ESPAÑA

Jorge Majfud*

Sólo el título de “soñadores” para referirse a los jóvenes indocumentados que fueron traídos por sus padres a Estados Unidos siendo niños, es un cliché. Si no un sarcasmo, si consideramos que sus sueños no se refieren al sueño americano sino a una larga pesadilla que no sólo tiene efectos legales y sociales sino profundamente morales y psicológicos.

Ernest Hemingway alguna vez discutió con alguien sobre la naturaleza de los ricos y, por alguna razón no del todo clara, le atribuyó a su colega Scott Fitzgerald el siguiente razonamiento: “sí, los ricos son diferente a nosotros; ellos tienen plata”. La precisión sobre quién fue el verdadero autor de esas palabras es ahora irrelevante. No el problema en cuestión. Aparte del detalle del dinero, podemos sospechar que hay otras diferencias. Los estudios realizados sobre el tema demuestran que los ricos que caminan en la calle le prestan menos atención a la gente que los demás. Incluso la cuantificación del tiempo que estas personas miran a otras es sistemática y significativamente menor. (Knowles y Dietze, New York University 2016, etc.) A partir de ese hecho, se ha teorizado una explicación: a los ricos les interesa menos la agente que al resto de la gente. Justo, candidatos ideales para presidentes y representantes del pueblo.

Claro que esto es un hecho estadístico, lo que significa que siempre será posible encontrar ricos más interesados en los pobres que algún pobre. Sobre todo en una cultura, en una civilización deshumanizada por la sobrevaloración de la mercancía, sea material, humana o animal. En toda cultura, los valores (éticos, estéticos) que proceden de un grupo dominante son gradualmente absorbidos y adoptados por los grupos subalternos. Digámoslo así para no usar las palabras oprimidos o dominados que ponen nerviosos a los apologistas de los valores en curso. Otra vez: siempre hay excepciones, como las culturas contestatarias o resistentes, porque las sociedades son equilibrios inestables y contradictorios.

Esta cultura, donde el éxito se mide, exclusivamente, por la fama y el dinero, tiene al “hombre de negocios” como el héroe sagrado e incuestionable. Gracias a los hombres de negocios comemos pan, conocemos el teorema de Pitágoras, existe la ley laboral de las ocho horas y las mujeres tienen hijos. Algo tan arbitrario como si pretendiésemos lo mismo de los poetas, los profesores, los carpinteros, los conductores de taxis, etc. Arbitrario pero, a esta altura, totalmente naturalizado.

Ahora, si bien el actual tsunami mercantilista puede tener su epicentro en el mundo anglosajón (el mundo todavía dominante) podemos ver en otras culturas y en otras regiones periféricas cómo la brutalidad del dictador o del hombre rico traficó igualmente con seres humanos como si fuesen mera mercadería. Bastaría con recordar que en la Nicaragua de los 70 el dictador Anastasio Somoza, asesorado por hombres de negocios cubanos, compraba sangre a los pobres por un dólar el litro y se la vendía a los Estados Unidos por diez.

La historia de Somoza escandaliza por su valor gráfico, como uno se escandaliza por los rituales aztecas mientras que la tortura y quema de herejes en la Europa de entonces (también por razones político-religiosas) es vista apenas como un lamentable paso hacia el desarrollo de gente civilizada.

Ahora mismo, en este momento, no escandaliza algo que, desde el punto de vista de la víctima, es mil veces peor que la venta de sangre, como lo son las negociaciones para resolver el problema de casi un millón de jóvenes que viven en Estados Unidos desde que eran niños, que estudian, trabajan y contribuyen a este país mucho más que los políticos y los exitosos hombres de negocio que han secuestrado la moral de una sociedad de trescientos millones de personas. El presidente Trump ha propuesto, e insiste, con su solución: si el partido de la oposición acepta financiar la construcción de su muro en la frontera mexicana, él firmará una ley que evite la expulsión del país a un millón de jóvenes. Como bono, la gran oferta de un camino a la ciudadanía en diez o doce años.

La propuesta (una vez más) demuestra algo que, por razones de cultura y costumbre, no se ve como evidente e inmoral ante los ojos de cualquiera: el presidente siente y razona como un exitoso hombre de negocios y propone negociar la vida de un millón de jóvenes por 25 mil millones de dólares. Tal vez piense que, a 25 millones por cabeza, cualquiera de esos honestos seres humanos debería sentirse, finalmente, valioso.

De acuerdo, un político debe lidiar con los aspectos prácticos de los conflictos sociales. Debe negociar. Pero nada de eso significa que esté exento de un sentido moral. Si se va a discutir el destino de los jóvenes y la ley DACA, la discusión debería centrarse en el problema de cómo llegar a una solución humana, justa y razonable. Un presidente decente no puede poner en una mesa de negociaciones, por ejemplo, la abolición de la segregación racial o la inequidad salarial de géneros a cambio de que le permitan perforar en el Ártico para extraer gas natural. En cada caso, la decisión debería centrarse en cada problema. ¿Qué solución es más justa y razonable? ¿Podría un médico exigir un aumento salarial como condición a entrar a una sala de cirugía donde espera un paciente anestesiado? No. Pero desde el tratado de Guadalupe de 1848, los negocios más legales se hacen secuestrando a la otra parte.

Sí, un exitoso hombre de negocios piensa y siente diferente. En casos, pasando por encima de las reglas éticas más básicas. Cuando ese hombre de negocios es el presidente del país más poderoso del mundo, entonces la inmoralidad salpica al resto de la sociedad que mira pasiva la violación de principios éticos fundamentales. Lo cual no es nada nuevo tampoco. Mientras la economía vaya bien, la sensibilidad moral puede esperar.

El mercado de carne humana continúa de muchas formas. Ésta es una forma evidente que ya no escandaliza a nadie. Lo cual significa que estamos ante un problema inconmensurablemente mayor.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Escritor uruguayo

Chile: Piñera postula la educación como mercancía

PÁGINA 12 24 de enero del 2018 ARGENTINA

La designación de Gerardo Varela, abogado especialista en fusión de empresas y sin experiencia en temas educativos, recibió fuertes críticas de referentes estudiantiles, como Camila Vallejo. El gabinete es marcadamente conservador

El presidente electo de Chile, el conservador Sebastián Piñera, presentó ayer en la sede del Congreso Nacional, en Santiago, a quienes integrarán a partir del 11 de marzo próximo el gabinete de su segundo gobierno. Los nombramientos, especialmente en los ministerios de Educación y Desarrollo Social, generaron polémica en diversos sectores de la sociedad chilena.

El gabinete del político derechista estará compuesto por dieciséis hombres y siete mujeres, de los cuales hay cinco ministros que ya formaron parte de su anterior mandato (2010-2014). Entre ellos, el neoliberal Felipe Larraín, al frente del Ministerio de Hacienda. En Interior y Seguridad Pública, Andrés Chadwick, y en Secretaría General de Gobierno (Portavoz), Cecilia Pérez, repiten el mismo cargo.

También acompañarán por segunda vez a Piñera el canciller Roberto Ampuero, quien anteriormente fue ministro de Cultura, y el responsable de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, quien fue titular de Relaciones Exteriores y hace un año asumió como presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), la cúpula patronal chilena.

Moreno, quien reemplazará al actual ministro comunista Marcos Barraza, sostuvo que una de sus metas será lograr “un progreso económico” acompañado de “un progreso humano que ayude a la calidad de vida de las personas”.

“Hay que modernizar la democracia, nuestras instituciones, al Estado, para que esté al servicio de los ciudadanos”, afirmó Piñera, el acaudalado empresario de 68 años, quien recalcó que el sello de su administración será “el progreso social”.

La designación de Moreno no pasó desapercibida y el senador por el Partido Socialista, Alfonso de Urresti, dijo al respecto en su cuenta de Twitter: “me parece un contrasentido que el líder del principal conglomerado empresarial del país, como es la CPC, se haga cargo de un Ministerio que se encarga del desarrollo social de nuestro país”.

Sin embargo, la lluvia de críticas vino en torno al nombramiento de Gerardo Varela al frente del Ministerio de Educación. El abogado ha hecho discurrir sus opiniones liberales en los medios conservadores chilenos El Líbero y El Mercurio.

“La educación, como la salud y la seguridad, son tanto derechos como bienes económicos”, señaló el 18 de agosto del 2017 en su columna en el portal El Líbero.

“La educación escolar, además, es una obligación para los padres. Pero la educación es también un bien económico; desde luego se puede comprar (…)”. Además, agrega, la solución para la educación “no es la gratuidad ni la prohibición del lucro -y menos de la selección y el copago-, sino que el desafío es cómo seguir atrayendo inversiones, competencia y talento”.

Con estos términos, hizo referencia a los cambios que hubo al respecto durante el Gobierno de Bachelet. Uno de los puntos era la eliminación gradual del financiamiento compartido o “copago”, que es el monto adicional que pagan los padres en algunos colegios subvencionados.

En cuanto al Estado, continuó Varela, tiene la obligación de asegurar “un mínimo de calidad” y otorgar “becas o préstamos a los que no tienen los medios”. Su crítica más dura al Gobierno que termina el 11 de marzo se dirigió a las políticas universitarias.

“Lo peor es lo que ha hecho este Gobierno: negar a la educación su naturaleza de bien económico, limitar la autonomía universitaria, impedir su correcto financiamiento, desincentivar competencia y regalar plata a los universitarios, que serán los privilegiados de la sociedad”, aseveró en su columna el futuro Ministro.

Con semejantes declaraciones, las reprobaciones no tardaron en llegar. La presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Josefina Canales, declaró en Twitter: “nos sorprende que el nuevo ministro de Educación, Gerardo Varela, sea abogado especialista en fusión de empresas y que no tenga experiencia en temas educacionales. Es una mala señal si va a entender la educación como un bien de mercado”.

Por su parte, el presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, dijo en la misma red social que resulta imposible no quedar preocupados por el nombramiento del Ministro de Educación.

Además, la diputada por el Partido Comunista, Camila Vallejo, dijo estar sorprendida por la designación de Varela en la cartera de Educación, porque “defiende tajantemente la educación de mercado”. Y extendió su crítica a las demás áreas: “es un gabinete profundamente conservador”, afirmó.

Cinco de los futuros ministros pertenecen a Renovación Nacional (RN), partido que representa a los sectores de la derecha tradicional chilena: el exsenador Alberto Espina (Defensa), la abogada Cecilia Pérez (Secretaría General de Gobierno), el abogado Nicolás Monckeberg (Trabajo y Previsión Social), el presidente del partido Cristián Monckeberg (Urbanismo y Vivienda) y el exsenador Baldo Prokurica (Minería).

Otros cuatro ministros vienen de las filas de la pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI): Andrés Chadwick (Interior y Seguridad Pública), el exsenador Hernán Larraín (Justicia y Derechos Humanos), el exdiputado Felipe Ward (Bienes Nacionales) e Isabel Pla (Mujer y Equidad de Género).

Además, hay dos ministros vinculados a Evópoli, partido emergente identificado con la derecha más liberal, que son Gonzalo Blumel (Secretaría General de la Presidencia) y Gloria Hutt (Transporte y Telecomunicaciones).