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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-02-15

Imperialismo estadounidense: manotazos de ahogado por el petróleo

APORREA 9 de febrero del 2018 VENEZUELA

Marcelo Colussi*

"Así como los gobiernos de los Estados Unidos necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte"

(James Paul, Informe del Global Policy Forum)

Para el capitalismo de Estados Unidos es imprescindible el petróleo. El oro negro es su savia vital. Todo su derrochador e insostenible american way of live se basa en el consumo inmisericorde de petróleo. Por lo pronto es el país del mundo que más hidrocarburos traga diariamente: 20 millones de barriles diarios. Quien le sigue, la República Popular China, llega apenas a la mitad de esa cifra: unos 10 millones de barriles diarios. Entre su inconmensurable parque industrial, la monumental cantidad de vehículos particulares y medios masivos de transporte que movilizan a su población y el gigantesco aparato militar de que dispone (más su reserva estratégica, calculada en 700 millones de barriles), su sed de este elemento es insaciable.

El negocio del petróleo es, de hecho, uno de los más grandes del orbe: el segundo tras la industria militar (35 mil dólares por segundo gastados en armas). Las compañías petroleras estadounidenses, todas privadas, están entre las más enormes del planeta: mega-monstruos de acción global como la Exxon-Mobil (cuarta compañía a nivel mundial), la Chevron-Texaco, la Conoco-Phillips, la Amoco, la Bush Energy, la Oxy, y otras algo menores (Koch Industries, Apache Corporation, PBF Energy, Alon USA), todas tienen facturaciones multimillonarias, y en buena medida son las que fijan la política exterior de Washington.

Podría decirse que la historia de Estados Unidos es la historia del petróleo, del que está en su subsuelo (60% de su consumo diario) y del que está en el subsuelo de otros países, pero que la clase dirigente de esa nación parece seguir considerando propio, con la pequeña diferencia –o "detalle molesto"– que no cae dentro de sus fronteras. ¿Por qué la geopolítica de la Casa Blanca pone tanto énfasis en Medio Oriente y el Golfo Pérsico, o más recientemente –desde la Revolución Bolivariana en adelante– en Venezuela? Porque ahí están las reservas de oro negro más grandes del mundo. Y porque, aunque no están en su propio subsuelo, las considera propias.

Dos son las causas por las que la política imperial de Washington se construye con olor a petróleo (y a armas: su complejo militar-industrial es el primer negocio de su economía). Por un lado, porque necesita seguir manteniendo la provisión de oro negro como oxígeno indispensable para su sistema económico capitalista (su parque industrial, todo el enorme campo de la petroquímica, el mundo del automotor, los transportes en general –aéreos, terrestres, marítimos–, su aparato militar, la carrera espacial… todo depende, directa o indirectamente, del petróleo). Asegurando el acceso a petróleo (40% de su consumo viene del exterior) mantiene su estándar de vida y, fundamentalmente, no permite que caigan las megaempresas petroleras que manejan ese fabuloso negocio. Dato significativo: el actual Secretario de Estado, Rex Tillerson, fue anteriormente director ejecutivo de la mega-petrolera Exxon-Mobil, así como la exsecretaria, Condoleezza Rice, fue antes una encumbrada directiva de la petrolera Chevron. ¿Qué significa eso? Que la alta política de la Casa Blanca no distingue mayormente entre funcionario público tomador de decisiones y personal jerárquico de sus corporaciones globales; en realidad, son prácticamente lo mismo. ¿Quién dirige a quién?

Pero por otro lado –y esto hoy día es de capital importancia–, el negocio del petróleo, al menos hasta la fecha, se ha manejado en dólares. Esa moneda, impuesta por el imperialismo estadounidense, es la que rige las petro-transacciones internacionales. Cuando algunos países (Irán, Irak, Corea del Norte) manifestaron su alejamiento de la zona dólar para pasar a otras monedas (euro, rublo, yuan, yen, cesta combinada de divisas) en su comercio internacional, fueron declarados miembros del "eje del mal", supuestamente por apoyar al siempre impreciso y nunca bien definido "terrorismo". Está claro: Washington tiembla (¡y tiembla mucho!) cuando ve que su moneda puede perder valor. O, dicho en otros términos, cuando ve que su reinado puede empezar a caer.

Para la geoestrategia de la Casa Blanca perder la hegemonía del dólar para las transacciones petroleras marca el principio del fin de su supremacía. Es por eso que quiere asegurarse a toda costa las reservas petroleras mundiales (al menos la mayor cantidad) para no verse sujeta a un comercio donde no es Washington el que pone las condiciones.

¿Para qué salió el 1° de febrero el secretario de Estado, Rex Tillerson, a una gira de una semana por países "amigos" de la región latinoamericana (México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica, todos con gobiernos de ultra derecha, neoliberales y completamente alineados con las políticas del amo del Norte)? Supuestamente para "promover un hemisferio seguro, próspero, con seguridad energética y democrático". ¿Qué significa eso?

Preparar las condiciones para garantizar "su" seguridad energética, la de su país, la del american way of life que debe seguir teniendo la población estadounidense para no dañar la economía de sus grandes corporaciones. Es decir: recuperar las enormes reservas petrolíferas de Venezuela (las más grandes del mundo) para tener asegurada una provisión de oro negro a largo plazo (más de 200 años), pudiendo así seguir fijando los precios en dólar.

De las cinco petroleras más grandes del orbe actualmente (la estatal Saudi Aramco, de Arabia Saudita, la estatal National Iranian Oil Company –NIOC–, de Irán, la estatal China National Petroleum Corporation –CNPC–, de la República Popular China, la privada Exxon-Mobil, de Estados Unidos, y la estatal Petróleos de Venezuela –PDVSA–, de Venezuela), ya son varias las que se están escapando del primado del dólar: los iraníes, los chinos y los venezolanos están pasando a fijar sus transacciones en otras divisas. Obviamente, la clase dirigente estadounidense tiembla.

Por lo pronto China, segundo consumidor mundial de petróleo y gran potencia económico-industrial-financiera, comenzó a establecer los contratos a futuro de oro negro en petro-yuanes, debidamente respaldados en oro, y ya no en dólares. Eso se vincula con el lanzamiento que hará Rusia el próximo 5 de marzo del cripto-rublo (constituyendo ese país la mayor reserva petrolera fuera de la OPEP, también con ingentes reservas en oro), más la entrada en vigencia el 20 de febrero de la cripto-moneda Petro, en Venezuela, desvinculándose todos de la zona-dólar, al igual que también lo hace Irán.

La "seguridad energética" perseguida por Estados Unidos, machaconamente remarcada por el secretario de Estado, Rex Tillerson, en su gira, no es otra cosa sino el intento (desesperado intento) de retomar las reservas energéticas de Venezuela (petróleo y gas, y eventualmente otros minerales estratégicos, pero en lo fundamental: el petróleo), que desde la Revolución Bolivariana han pasado a ser administradas por el propio Estado, con un proyecto nacional y popular con talante socialista.

De ese modo, ver perder PDVSA es inadmisible para la lógica imperial (que es la lógica de su clase dominante, y para el caso, de las grandes corporaciones petroleras). En otros términos, la gira del secretario Tillerson busca crear un grupo regional alineado absolutamente con Washington –el Arcomepe: Argentina, Colombia, México, Perú– con el que pedir (y llevar a cabo) la intervención "humanitaria" en Venezuela. Todo lo cual hace más que evidente que en Venezuela no hay "narcodictadura asesina", como pretende el envenenado discurso dominante promovido desde la Casa Blanca y sus usinas mediáticas: ¡hay mucho petróleo! ¡Hay una compañía petrolera estatal que ahora, desde la llegada de Chávez a la presidencia y la edificación de la Revolución Bolivariana, distribuye la renta que ese negocio da, de una manera más equitativa, popular, beneficiando a los sectores históricamente marginados! PDVSA, con el actual proceso político en curso, dejó de ser una filial estadounidense para pasar a ser una verdadera empresa venezolana con honda proyección social.

La idea del gobierno estadounidense es que el petro-secretario "ministro de colonias", de gira por "ese pueblito que está al sur del Río Bravo llamado Latinoamérica", pueda crear las condiciones para poder hacer de la Exxon-Mobil, hoy día la cuarta compañía petrolera del globo, la primera, recuperando la venezolana PDVSA.

El continuo acecho que ha tenido la Revolución Bolivariana durante toda su existencia se explica por eso: por tener las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo. El lanzamiento de estas cripto-monedas por parte de otras potencias mundiales como China y Rusia y su abandono del dólar, encendieron peligrosamente las alarmas en Estados Unidos. Lo que pueda venir ahora para Venezuela no es muy simpático precisamente: si todo lo que se intentó hasta el momento para detener la Revolución Bolivariana –ayer con Hugo Chávez a la cabeza, hoy con Nicolás Maduro– no funcionó, en el momento actual, con el golpe que pueden significar estas medidas anti-dólar, el peligro para la hegemonía estadounidense se redobla. Y los animales heridos, lo sabemos, son los más peligrosos, porque lanzan los manotazos más letales, por una pura cuestión de sobrevivencia.

El imperio norteamericano no ha caído ni está pronto a agonizar, pero da muestras de honda preocupación. Y en esas condiciones, puede hacer cualquier cosa para mantener su hegemonía. La idea de una guerra nuclear limitada da vuelta por muchas cabezas de ideólogos de Estados Unidos. Podrá ser un absurdo disparate en términos humanitarios, pero la desesperación puede llevar a cualquier insensatez, a cualquier imprudencia. Lo que puedan pergeñar para la República Bolivariana de Venezuela es incierto, aunque todo indica que, producto de la actual gira de Tillerson, es muy probable que se organicen países que "intervengan" para rescatar a la población de la "crisis humanitaria".

Si habrá luego "acciones para salvar a la población de la sanguinaria dictadura madurista" no está claro aún, pero todo indica que eso es posible (quizá intervención de la OEA, o de la ONU, con fuerzas multilaterales lideradas por Estados Unidos). De ahí que debe condenarse con la más categórica energía todo intento injerencista.

Venezuela es un país independiente, libre y soberano, y su petróleo y recursos naturales son de los venezolanos, de nadie más.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Sicólogo, periodista y licenciado en Filosofía, de familia italiana, nació y creció en Argentina

Trump hace pesadilla el sueño americano

POR ESTO! 30 de enero del 2018 MÉXICO

Manuel E. Yepe*

El proyectado muro para separar a México de lo que había sido territorio propio suyo hasta el día que le fue arrebatado por Estados Unidos; la caracterización por el Presidente de Estados Unidos de las naciones de África como países letrinas de mierda; la expulsión de residentes salvadoreños, nicaragüenses y haitianos de suelo estadounidense; la deportación de los “dreamers”; el rechazo a la acogida de refugiados; la reducción a la mitad de las tarjetas verdes, y otras acciones contra la inmigración han caracterizado la política exterior de Washington durante la presidencia de Trump.

En contraste con lo que siempre ha divulgado la propaganda hegemónica de Estados Unidos por el mundo, que presenta a su país como modelo de democracia y paraíso de bienestar hasta el punto de haberlo convertirlo en la tierra fantaseada por millones de emigrantes de naciones pobres, ahora el presidente norteamericano está haciendo hasta lo inimaginable por poner fin a tal imagen, recurriendo para ello a decisiones que presagian una gran violencia.

El proyecto de nación en proceso de expansión prevaleció desde que inmigrantes ingleses, mediante la anexión de tierras pobladas por pueblos autóctonos u ocupadas por inmigrantes holandeses, crearon las trece colonias inglesas que posteriormente se unieron para luchar contra los nativos y sobre todo contra los inmigrantes franceses.

Luego, estas colonias se rebelaron contra Gran Bretaña hasta que en el 1776 se proclamó la independencia de lo que en el 1783 se reconoció como la República Federada de Estados Unidos.

A partir de entonces, en un proceso expansionista transcurrido mediante la compra de territorios a Francia y España, el despojo a México de una buena parte de su territorio y guerras asimétricas que fueron ampliando su territorio, posesiones y hegemonía global, se llegó a lo que hoy defiende el presidente Donald Trump con el lema de ¡América Primero!, que consiste en el cierre de fronteras como fenómeno nuevo, contrapuesto al expansionismo.

Norteamérica, la del fantaseado sueño americano, ya no está en construcción sino que, habiendo cristalizado ya su proyecto, se ha dado a defender lo conquistado. Ahora, la doctrina de América Primero es tarjeta de presentación de una nación que Trump, desde su condición de blanco, multimillonario y enamorado de su propia genética, considera la mejor del mundo.

Por cierto, cuando hablamos de un país llamado “Estados Unidos de América” nos referimos a una entidad imposible o una entelequia, porque América es geográficamente un continente integrado por varias naciones y a ninguna de ellas puede atribuirse el derecho a asignarse el papel de representar la unión de todos los estados que la constituyen.

Originalmente, la denominación “Estados Unidos de América” pudo ser expresión de una aspiración legítima de los precursores de una unidad soñada que nunca ha podido realizarse, pero hoy encarna un engañoso propósito de dominación y hegemonía.

Aunque sea ésta la razón histórica del embrollo, las naciones del continente afectadas pueden sobrevivir la confusión a condición de que exista absoluto respeto a las soberanías de todos los países involucrados. Lamentablemente son varias las ocasiones en que han surgido conflictos a causa de que una de las partes, siempre Washington, confunde en beneficio propio la apariencia semántica.

La nación estadounidense nació prácticamente acompañada de la doctrina del Destino Manifiesto (Manifest Destiny en inglés,) que expresa la creencia en que los Estados Unidos de América irá a la expansión por necesidad obvia (manifiesta) y certera (del destino) de expandirse.

Primero lo hará desde las costas en el Océano Atlántico hasta las del Pacífico.

La connotación ideológica y doctrinaria de su nombre no fue abrazada por toda la sociedad estadounidense por igual. Las diferencias dentro del país acerca del objetivo y consecuencias de la política de expansión determinaron su aceptación o resistencia.

Luego, los estados del noreste debían llevar su concepto de “civilización” por todo el continente mediante expansión territorial.

Para los intereses comerciales estadounidenses, la expansión ofrecía grandes y lucrativos accesos a los mercados extranjeros y permitía así competir en mejores condiciones con los británicos. El poseer puertos en el Pacífico facilitaría el comercio con Asia.

Sólo cuando los pueblos que habitan la región de lo que es hoy el continente americano quieran proclamar en común la unificación de sus soberanías territoriales, podría ser declarada legítimamente en ella una nación que se identifique como “Estados Unidos de América”. O cuando la Humanidad alcance su anhelo sempiterno de vivir en un mundo comunista, sin clases ni fronteras.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista cubano

Represión y decretos

PÁGINA 12 19 de enero del 2018 ARGENTINA

José Pablo Feinmann*

Nota de Panorama Mundial: La represión y el miedo son pilares fundamentales del capitalismo neoliberal, pero son todavía peores cuando la oligarquía neoliberal recupera el poder, porque al deseo de arrebatarle conquistas y ganancias al pueblo trabajador, le suma el odio y la venganza.

La lógica política del Gobierno-Macri lleva naturalmente hacia un decreto de amnistía. Si bien la consigna que lo identifica con la dictadura es (por el momento) excesiva, no sería imprudente ni panfletario arriesgar que este Gobierno tiene líneas de fuerza identitarias con el de la Junta videliana y con el talante económico de Martínez de Hoz.

Al cabo, la “reconciliación” ya fue propuesta y llevada cabo en otros países. Chile, por ejemplo. Se cubrió con una bandera (chilena, claro) el Estadio Nacional, símbolo de la práctica pinochetista de la tortura, y con ese acto se propuso la reconciliación del pasado.

Hay funcionarios de este Gobierno que piensan que, a fin de cuentas, la masacre de “la subversión” fue necesaria, aunque haya sido acaso innecesariamente excesiva.

Se postula que el estado kichnerista utilizó la justicia como venganza. Así, habría explicitado la concepción nietzschena del Estado, estamento de los mediocres contra los señores que utiliza la verdad y la justicia moral como armas de resentimiento y venganza.

Si la justicia que puso a los procesistas en prisión fue la de la moral de rebaño, que siempre busca venganza, ¿por qué no ejercer una justicia de señores, olvidar, amnistiando a los encarcelados, y propugnar una visión más amplia y generosa de la tragedia de la república? Se irá de a poco, pero las medidas orientadas en este sentido no deberán sorprender a nadie.

Sorpresa o no, las manifestaciones en contra de estos proyectos de amnistía serán muy fuertes. Pero aquí entra la vocación y la voluntad del macrismo en materia represiva. El modelo neoliberal cierra con represión. El Gobierno lo sabe desde su inicio, pues fue desde ahí que comenzó a armarse, a blindarse.

Tarifazos y gendarmes van de la mano. No se pueden implementar medidas tan antipopulares sin tener gases, palos y balas de goma (como advertencia de las que podrán venir ante la insistencia del “rebaño”).

La lujosa y temible imagen del policía que reprime en estos días es la contracara de la empobrecida clase de los jubilados, por citar un aspecto de tantos empobrecimientos que tienen lugar.

No se puede tener una policía tan espectacularmente equipada y un pueblo próspero. Si para equipar una policía que sea funcional a un sistema económico neoliberal es necesario sacarles dinero a los jubilados, se les sacará.

¿Cuánto vale equipar a un policía antimotines? Muchísimo, demasiado. Hay que calcular el costo de todo lo que lleva en sí uno de esos policías y se verá que el dinero de la población ajustada o racionalizada tiene ahí un destino primero, necesario para este poder antipopular.

Es una tendencia mundial. El neoliberalismo necesita armarse hasta los dientes. El Complejo Militar Industrial norteamericano trabaja fuertemente para fabricar las armas que “los muchachos que hacen posible nuestra democracia” necesitan en Iraq y donde sea.

Francia e Inglaterra reprimen a los migrantes que se les meten en sus países, que no los desean y que son fruto del mal funcionamiento del sistema global. Cada vez más el sistema neoliberal muestra su funcionamiento aristocrático: todo es y será para menos. Muchos pobres y pocos ricos pero en las funciones de poder.

Cada vez más el planeta está siendo gobernado por sus propios dueños, con sus propios medios, los de los poderosos. Gobernar para ellos y solo para ellos es un sueño que están realizando.

Más que medios de integración de las mayorías eligen la violencia como arte de la disuasión. Lo que late en estas políticas de control, es la muerte del otro. O el miedo a morir del otro, que por ese medio aceptará su destino de sumisión. Cuando el miedo a morir entre en sus corazones, ya nadie saldrá a la calle.

Sin embargo, el miedo a morir no dura para siempre. El que acaso esté haciendo agua es el sistema del neoliberalismo globalizador. Hay una ajada frase –que me recordó un alumno en uno de mis cursos– que postula: las bayonetas sirven para todo menos para sentarse sobre ellas. No es así. Las bayonetas sirven para sentarse.

El mundo de hoy es un mundo que reposa sobre ellas. Los militares argentinos gobernaron ocho años sentados sobre las bayonetas. Es demasiado tiempo. Y cuando se fueron dejaron un terror soterrado en miles de almas.

Si se recurre a las bayonetas es porque se cree posible gobernar a través de ellas. El mayor estorbo se visualiza en el Congreso. Pero para el Congreso tienen un gas pimienta especial: el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU).

La gendarmería y la policía cubren la función que el Ejército cubrió en otros tiempos. No se esperaba esto de una democracia. Pero así están las cosas.

Y cada DNU debilita al Congreso y se acerca al objetivo que aún no se anuncia pero todo indica y señala la voluntad de llevarlo a cabo: el cierre del Congreso, la suspensión del parlamentarismo en nombre de la eficacia republicana. Ya encontrarán el modo de decirlo mejor. Acaso Durán Barba esté pensando ese tema.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Filósofo, escritor y ensayista argentino