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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-03-01

Cuba y Francisco Vicente Aguilera

REBELIÓN 21 de febrero del 2018 ESPAÑA

Cuando la patria se antepone a la riqueza personal

Wilkie Delgado Correa*

“Deseo la felicidad de mi patria, aún a costa de mi felicidad. El hombre debe resignarse a todo, menos a olvidar el deber y el honor.”

Siempre habrá razones para analizar y discutir sobre el impulso decisivo que guía a los hombres a sacrificarlo todo en aras de una causa justa. Como si en esos instantes de la vida y de la historia el hombre sufriera una transformación telúrica en su personalidad que lo conduce a dejar de ser él mismo en el pasado y, en este punto crítico de ruptura, asumir el otro yo que tal vez su naturaleza inmanente lleva dentro de sí y que las circunstancias permiten descubrir y manifestarse.

La eclosión sorprende cuando se tienen por delante y se avizoran los sacrificios y calamidades que hay que estar dispuesto a sufrir por un sueño liberador para su pueblo. Ese ha sido el destino de los grandes hombres de todas las épocas, en particular de los que sacrificaron sus riquezas materiales, el tesoro carnal y espiritual de sus familias, y la seguridad y bienestar personal.

Según la Biblia, Jesús expresó: “Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios o de los cielos”. No había que ser Dios para tener en cuenta la naturaleza generalmente avara de ese componente del género humano, aunque esta afirmación se ha tratado de interpretar a veces en forma más benevolente para no hacerla tan absoluta.

Sin embargo, muchos siglos después un prolífico escritor portugués, puso el acento o enfoque en el despojo a los demás, que explica las inmensas y desproporcionadas riquezas que acumulan esos personajes del reino terrenal, que condena a las mayorías a miserias atroces. Joao Baptista da Silva Leitao Almeida Garret (4 feb 1799 - 9 dic 1854) lo expresó en forma contundente:

“Y yo pregunto a los economistas, y a los moralistas, el número de individuos que es forzoso condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmovilización, a la orfandad, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico.”

Y unos años más tarde José Martí (28 ene 1853 – 19 may 1895) sintetizó esa realidad ancestral de expolio, de dimensiones y carácter variados, con palabras como “riquezas injustas” e “insolentes fortunas”. También esculpió esta frase: “la esclavitud de los hombres es la gran pena del mundo”.

Francisco Vicente Aguilera (23 jun 1821 – 22 feb 1877) fue un patriota cubano con una existencia intermedia entre estos dos personajes históricos, y con respecto a Joao Baptista existe la coincidencia de que ambos murieron a la edad de 55 años y a causa de cáncer.

Su imagen más conocida es la de un hombre de barba larga. Y en el momento en que se acerca el final de su existencia, radica en la ciudad de Nueva York. Allí vive en una casa que es, en cuanto a presencia y comodidades, decorosa pero nada ostentosa, y que viene a ser un espectro de la residencia que poseía en Bayamo, Cuba; el hombre alto y tembloroso, que casi se ha quedado sin voz por su enfermedad, y que tiene algo de Don Quijote, se ha incorporado débilmente, en la silla de enfermo. Su misma angustia le da fuerzas para ponerse de pie. Camina un poco. Tal vez su pensamiento se va hasta la tierra lejana. Todos sus sueños parecen volar hacia Cuba, tan distante, y la debió imaginar libre, en medio de ese cerco de sangre, de sacrificio y de llamas. Más tarde, cae en brazos de las hijas; y el hombre, de corazón de patria y de pasión tan pura como el cielo, deja de existir. Desde ese momento se cierra una vida terrena y empieza a hacerse dimensión histórica el sacrificio de ese hombre, que lo habrá dado todo: desde la cuantiosa fortuna hasta la tranquilidad del hogar.

Hubiera sido suficiente que ese hombre sofrenara su vehemencia de patria y de libertad para su Isla, para que su cuantiosa fortuna se hubiera acrecentado mucho más. Antes de lanzarse a la heroica faena de dar libertad a la tierra amada, ese hombre es acaso de los más ricos de toda Cuba, acaso el mayor terrateniente. Posee tres ingenios con maquinarias modernas, posee diez mil caballerías de tierra, tiene más de 35 mil cabezas de ganado vacuno y más de cuatro mil caballos. En su ciudad, posee el teatro y varias casas. Más de quinientos esclavos viven en sus tierras. Es dueño de propiedades numerosas en Bayamo y Manzanillo, y para recorrer sus posesiones debe caminar por toda la provincia oriental.

Ese hombre mide lo que pone en la balanza: de un lado la mayor fortuna de la Isla, como terrateniente principal, y del otro lado la libertad de su patria. El hombre no vacila. Llama a su familia a sitio más seguro, sabiendo que todo lo suyo puede arder, y se lanza a una acción heroica y epopéyica. Después, toda su vida será agónica, una llama de sacrificio a favor de la libertad. El hombre de las grandes riquezas, irá entregando, uno a uno, todos sus bienes, para alimentar el fuego de la revolución liberadora. No vacilará. Sufrirá mil pruebas, pasará por traiciones, verá a su lado, egoísmos, mal agradecimientos, intrigas; tratarán de asesinarlo, pero él seguirá impasible en la línea de su conducta inmaculada, de su fortaleza patria. La libertad estará por encima de toda discordia, por sobre cualquier postergación personal, más allá de toda injuria que lancen contra su persona.

Y es que este hombre acaudalado, como sus compañeros de ideales independentistas, venía encumbrado por su trayectoria pues presidió el primer comité revolucionario de su ciudad, presidió reuniones conspirativas para el inicio de la guerra contra España, secundó el levantamiento armado de Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 sin permitirse ambiciones de líder máximo, aceptó los cargos conferidos por Céspedes de Mayor General, de Lugarteniente General del Estado de Oriente, de Secretario de la Guerra de la República de Cuba en Armas, de Vicepresidente de la República, cargo conferido por la Cámara de Representantes. Y ante las dificultades con la llegada de recursos materiales desde el exterior y las discordias entre dos facciones revolucionarias, asumió el 17 de agosto de 1871 la misión encomendada por Céspedes para presidir la Agencia General en los Estados Unidos radicada en Nueva York para procurar la unidad y promover y hacer llegar expediciones con recursos para las tropas insurrectas. A pesar de los esfuerzos no pudo concretar la gran expedición que proyectaba; y los reclamos tanto de Céspedes como de su sucesor, Cisneros, para que regresara a Cuba, no pudieron cumplirse, y con ello, no pudo asumir la Presidencia de la República que le correspondía constitucionalmente.

A él le importa la patria y vive para la patria. Y cuando ya lo ha entregado todo sigue aún, ya enfermo, muriendo, sin voz, pendiente de las noticias de Cuba. Este hombre de las mil pruebas, de los mil sinsabores, que entregó su fabulosa fortuna para hacer libre a la patria, sigue siendo uno de los grandes próceres que desencadenaron las luchas contra el colonialismo español en 1868. Es el hombre rico que supo despojarse de sus riquezas, del lujo y de los cargos, en aras de su patria, y, por lo tanto, es un ejemplo de un hombre superior, por su generosidad y estoicismo.

En los diez años de génesis y desarrollo de la lucha en la primera guerra de independencia de Cuba en que participó en forma conspicua, seis transcurrieron en la emigración. En este lapso, Francisco Vicente Aguilera fue consecuente con estas ideas esenciales de su vocación patriótica:

“Deseo la felicidad de mi patria, aún a costa de mi felicidad. El hombre debe resignarse a todo, menos a olvidar el deber y el honor.”

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Médico cubano y profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba

Colombia: la estrategia del miedo, el nuevo genocidio y la defensa del poder

REBELIÓN 2 de febrero del 2018 ESPAÑA

Oto Higuita*

Colombia es uno de los países más violentos y agitados de la región, y está atravesando por una de sus peores crisis política, económica y social. Combina una crisis de Estado y sus instituciones con una de la política de tal magnitud, que de existir un escenario real de cambio, el esfuerzo por derribar lo que hay no tendría que ser ni siquiera excepcional. Bastaría un amplio movimiento ciudadano consciente de la grave crisis y los problemas dispuesto a luchar por cambiarlo.

Pero no hay que olvidar que no son los tiempos de la Revolución bolchevique ni de la cubana ni la bolivariana. Pueden ser tiempos peores pero carentes del espíritu revolucionario y esa realidad facilita la estrategia del miedo, el nuevo genocidio en marcha contra los líderes sociales y la oposición, y la preservación del poder. Lo cual configura, habrá duda, el inminente fracaso de los acuerdos de paz.

Para la derecha tradicionalmente mentirosa e intransigente, el problema de fondo del país no es la grave crisis que atraviesa, sino los problemas de los vecinos como Venezuela.

De ahí su empecinada y desesperada campaña del miedo, con el cuento del Castrochavismo, con la cual buscan, por un lado, ocultar los problemas reales del país y, por el otro, generar un amplio consenso en la opinión ciudadana como estrategia para aferrarse al poder, sin necesidad de hacer el más mínimo cambio del modelo económico, político, institucional y cultural. Dicha estrategia les procura votos.

Por eso quienes hoy actúan desde corrientes políticas alternativas como si estuviéramos viviendo una revolución política están fuera de contexto, o lo hacen a sabiendas de lo que realmente existe y buscan repetir la tradición de las empresas electorales cazadoras de los recursos públicos para su propio beneficio en que se convirtieron los tradicionales partidos históricos de la oligarquía.

Pierden de vista que para vencer la estrategia del miedo que utiliza el bloque dominante para conservar el poder, primero que todo hay que construir un amplio y sólido movimiento social y, junto a ello, dar la batalla de ideas que permita ganar con argumentos a la amplia mayoría ciudadana para el cambio histórico de la sociedad.

Polarizado y radicalmente dividido el país entre dos grandes tendencias que se disputan la conquista del poder del Estado y los beneficios que esto genera, el bloque de derecha y el de izquierda o alternativo.

Convencido el segundo bloque del esfuerzo del actual Presidente por alcanzar un acuerdo político para poner fin a la guerra que por décadas ha configurado la realidad nacional, a sabiendas de que lo que efectivamente consiguió fue desarmar y desmovilizar a la principal guerrilla del país (espera hacer lo mismo con la otra aunque con los últimos acontecimientos no se sabe si alcanzará o le dejará la tarea a su sucesor) incumpliendo gran parte de lo acordado con ella,

En realidad existía un consenso dentro del bloque de poder dominante en cuanto a si derrotar o desarmar las guerrillas, triunfando la tesis de desarmarlas y desmovilizarlas a cambio de unos mínimos, quedando intacto el bloque de poder dominante, fortalecido hoy con la alianza Uribe-Pastrana-Vargas que cuenta con todas las ventajas para mantenerse en el poder.

Bloque al que, por si alguna duda sobre su hegemonía de clase, hay que sumarles los neoliberales reverdecidos, Sergio Fajardo y Claudia López, y al liberal y estratega de los acuerdos, Humberto de La Calle, quien como un llanero solitario está convencido de que los puede implementar.

Se sabe que eso no será posible sin el apoyo y correlación de fuerzas suficiente que supere el de quienes (Uribe, Pastrana, Duque, Ramírez, Ordoñez y Vargas) apoyados por el gran capital, los grupos financieros, los terratenientes enriquecidos con la expropiación de millones de hectáreas de tierra, la iglesia, las fuerzas armadas y los grandes medios de comunicación, apenas los aceptan como quedaron, sino que los piensan reducir a un simple pacto de entrega de armas, desmovilización y participación limitada en política para los excomandantes guerrilleros. Siempre con la pistola en la sien por si se mueven un milímetro más allá de lo concedido.

Sí, se ha dicho infinidad de veces que una cosa es la ilusión y el deseo y otra la realidad social. En el mejor escenario político posible, ¿un gobierno alternativo podrá gobernar o tendrá que pasar inmediatamente a defenderse? Más aún, ¿lo dejarán gobernar quienes tienen el poder real? ¿Existe el movimiento social y político para defender una conquista democrática como esa? Seguro vale más esta premisa que cualquier ilusión.

Dicho movimiento social y político no existe ni siquiera para defender los acuerdos, con la importancia histórica que se les ha atribuido, qué diremos de la idea de salir a las calles a defender un gobierno democrático que los quiera implementar.

Nadie seriamente se atrevería a negar el estado general de corrupción, acelerada pérdida de legitimidad del régimen actual, la extensa criminalidad e inseguridad que predomina en ciudades y campos, las permanentes amenazas y asesinatos de líderes sociales en todo el país, el peligro del incumplimiento y la tendencia al fracaso de los acuerdos con las Farc que, dicho sea de paso, envía un mensaje certero al ELN de lo que le espera en una negociación.

Estado de cosas que completa una pobreza y miseria rampante, la destrucción y deforestación de la naturaleza y los medios esenciales para la vida, y que nadie desde el llamado bloque alternativo se atreve siquiera a poner en discusión: el modelo económico sobre el que descansa este régimen oprobioso e injusto y quienes viven a sus anchas de él, la minoría dominante.

Por eso sus banderas de gobierno son las mismas recetas neoliberales de las últimas tres décadas: la privatización de los bienes y riqueza pública, la inversión extranjera de grandes capitales para intensificar el extractivismo, la disminución de impuestos al capital favoreciendo a las transnacionales que tienen como meta cero impuestos en los países con “mejores” condiciones para la inversión y Colombia es una marca destacada en ello.

Desde el punto de vista de los valores y la visión del mundo que defiende celosamente el bloque de poder de la derecha, sigue siendo una sociedad conservadora, restauradora de valores católicos y cristianos, pre moderna con rasgos señoriales y arcaicos, anteponiendo la defensa de la familia heterosexual y monogámica, negando los derechos a una amplia diversidad de grupos familiares y diversidades sexuales.

En esencia siguen aferrados a un pasado cuyos fines han sido la tradición, la familia y la propiedad privada en una sociedad ideal rodeada de fiestas bravas y cabalgatas con señores hacendados y sus subordinados aplaudiéndolos desde las aceras y tribunas.

Poner a Venezuela, que sin duda enfrenta serios problemas, como el mal ejemplo para generar miedo y conquistar votos de un público moldeado por la propaganda, la desinformación y las falsas noticias como el colombiano promedio, puede llegar a ser ventajoso, pero no dejará de ser el más sucio y cínico ejercicio de política electoral y propaganda negra contra un país, un pueblo y un Gobierno que desde Chávez hasta Maduro han ofrecido sus buenos oficios para ayudar a consolidar no solo los diálogos para el fin del conflicto armado, sino para afianzar la paz y la estabilidad en la región.

Pero aquí no ha habido interlocutor sincero para ello, sino contradictor agresivo para acabarlos de joder. Son dos proyectos y modelos de Estado y sociedad diferentes, no un bloque unitario de naciones e intereses comunes como lo pensó Bolívar cuando la Gran Colombia.

La debilidad del Gobierno de Santos finalizando su mandato es un factor que juega en contra de los deseos de paz justa, apertura democrática, participación política y protección del derecho sagrado a la vida, que desea una gran parte de la población colombiana.

Sus aliados de clase más intransigentes, no contentos con el objetivo cumplido de Santos de desarmar a las Farc y desmovilizarla por unas concesiones mínimas, se abalanzan sobre los restos de lo que queda de los acuerdos para acabarlos de devorar como aves de rapiña.

Finalmente, el asesinato diario y sistemático de líderes sociales que día a día llenan los campos y ciudades de Colombia, es tal vez la señal más oscura en el horizonte de que esta vez tampoco fue posible la construcción de una paz verdadera, firme, estable y duradera. Todo lo contrario. Paz de mentiras, endeble, inestable y muy corta así muchos persistan en ella.

Es tal vez el augurio de un nuevo fracaso histórico, que no significa una ventaja para la otra guerrilla que mira en la distancia de la clandestinidad con el fusil en la mano, lo que se viene encima, un escenario de confrontación en donde el Estado y el bloque de poder dominante llevan las de ganar, así tengan que volver a bañar en sangre y muerte a Colombia.

Con la estrategia del miedo que llevan a cabo y el nuevo genocidio en marcha contra los líderes sociales y opositores al régimen, no hay duda de la inminencia del fracaso de los acuerdos y de la preservación del poder en manos de quienes lo han preservado históricamente.

Selección en Internet: Lilliam Riera

  • Licenciado en Historia Económica, ensayista y columnista de medios alternativos. Activista del movimiento social

¿El fin de la disputa electoral en América Latina?

CELAG 19 de febrero del 2018 ECUADOR

La disputa en América Latina ya no es principalmente electoral. La restauración conservadora tiene otros mecanismos

Alfredo Serrano*

Y no necesariamente son las urnas. La vía elegida casi siempre es otra. Cada caso es diferente: todo depende del país objetivo. Utilizan una u otra herramienta en función del escenario y la disponibilidad. Cada contexto condiciona el método de intervención para detener/eliminar al bloque progresista. Si aún tienen control del Poder Judicial, entonces, se busca esa vía para lograr sentencias en contra; si lo que ostentan es el Poder Legislativo, se procura un golpe parlamentario. Y siempre, sea donde fuere, el poder económico y el poder comunicacional actúan en modo conjunto. El primero usando todas sus armas para poner en jaque el equilibrio económico-social alcanzado; y el segundo erosionando la imagen con posverdades o fake news que acaban siendo parte del sentido común destituyente. Y a esta lista de poderes no falta nunca jamás “el poder internacional”, que se une para aplicar todos los dispositivos de presión posible para deslegitimar cuando conviene, o legitimar opciones no democráticas afines a sus intereses.

En Brasil, claramente no van a permitir que Lula se presente a las elecciones esgrimiendo una excusa judicial sin sentido. Antes, ya habían sacado a Dilma de la presidencia a pesar del resultado electoral con un ridículo pretexto de “pedaleo fiscal” mediante un golpe parlamentario. Poder Judicial y Legislativo, orquestados con el económico y el comunicacional, todo ello con la complicidad internacional, para “ganar” sin tener que pasar por las urnas. Temer gobierna como demócrata a pesar de no haberse presentado a presidente.

Ecuador, otro escenario y otros métodos. Se usó al sucesor para evitar que la Revolución Ciudadana tuviera continuidad. Gracias a un pacto entre el actual presidente Lenín y todo la vieja partidocracia hubo una consulta sin consultar a la Corte Constitucional con el único objetivo de limitar que Correa pueda presentarse en una nueva cita electoral presidencial. Un nuevo modelo: restaurar desde adentro. La oposición se presentó a las elecciones y perdió. Pero eso no fue obstáculo para ganar la batalla política gracias a que usaron el “rencor contra Correa” de Lenín y cierta dirigencia. La banca y todos los medios se sumaron al nuevo consenso restaurador con la intención de poner fin al ciclo progresista encarnado en la figura de Correa.

En Argentina, a pesar de que hubo una notable arremetida comunicacional y económica, la vía electoral bastó para acabar con el periodo kirchnerista. Había una ventaja: no se presentaba Cristina sino el sucesor, Scioli. Ellos ganaron por la mínima en los votos. Y luego rápidamente vinieron las detenciones judiciales, los procesos abiertos, portadas de prensa. Aún es pronto para saber cómo vendrá la disputa presidencial para el 2019, pero de ser necesario sacar del mapa electoral a Cristina o a cualquier otro candidato potencialmente ganador desde una propuesta progresista, que nadie tenga duda que se intentará por la vía judicial o parlamentaria.

En Venezuela, todo se amplifica. Lo último ha sido lo más evidente: definitivamente la oposición decide no acudir a las elecciones. Demuestra así que no le interesa la vía electoral para intentar obtener el poder político. De hecho, en este país, se ha intentado un golpe de Estado en el formato ortodoxo (año 2002); se ha ensayado un continuado golpe no convencional con una guerra económica sostenida de alta intensidad (vía precios y desabastecimiento); ha habido violencia en la calle ocasionando muchas muertes; se ha procurado un estallido social para derrocar al presidente; ha habido decretos de EEUU con amenazas y bloqueo; ha habido prácticamente de todo (OEA, Parlamento Europeo, Grupo de Lima, Mercosur, Riesgo País, Banca Internacional).

Y ahora, finalmente, no aceptan ir a las elecciones. Extraños demócratas que no creen en las reglas democráticas cuando auguran que van a perder. Lo interesante del caso es que en este país, el actual Gobierno tiene absoluta conciencia que el campo de disputa es tanto en lo electoral como en el resto de dimensiones. Y esto le permite ser un “superviviente” en esta nueva fase.

En Bolivia, también sucedió algo similar. El referendo revocatorio fue atravesado por un reality show que hizo daño a la popularidad de Evo. La artillería pesada vendrá de cara a las presidenciales del 2019. Sin embargo, el presidente ha entendido desde hace tiempo, desde los intentos de interrupción democrática en la etapa de la Asamblea Constituyente, que esta disputa es multifactorial. No significa que le será fácil, y todo es posible a partir de ahora. Pero hasta el momento, Evo apunta a ser el otro “superviviente” a esta arremetida restauradora. Ha sabido superar el último gran escollo: encontrar el mecanismo legal que le permitiera presentarse a la reelección. Era consciente que vendrían críticas por ello, pero prefirió esto a poner en peligro la continuidad del proyecto. Sabia decisión para seguir adelante con el aval del pueblo boliviano.

Definitivamente, estamos ante otra fase histórica del siglo XXI en esta “América Latina en disputa”. Lo electoral cuenta pero no es el único camino elegido para acabar con el ciclo progresista. Algunos lo supieron desde siempre, y otros ya lo han aprendido después de haberlo sufrido en sus propias carnes. El campo de disputa política es cada vez más complejo: los votos son necesarios, pero también lo son el poder económico, comunicacional, Legislativo, Judicial y el internacional. Y lo militar, aunque parezca una cuestión del pasado, jamás debemos de dejar de prestarle atención porque siempre está más presente de lo que imaginamos.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Director de CELAG, Doctor en Economía

Vientos de paz en la península coreana

POR ESTO! 16 de febrero del 2018 MÉXICO

Gustavo Robreño*

Vientos de paz soplan por estos días en la península coreana, cuando los Juegos Olímpicos de Invierno dieron la oportunidad de que ambas partes -la República Popular Democrática de Corea (Norte) y la República de Corea del Sur- acercaran otra vez posiciones y enfoques comunes y pacíficos en busca de soluciones a los problemas pendientes aún desde la firma del armisticio (no de un tratado de paz) suscrito a mediados del 1953 poniendo fin a la cruenta y devastadora guerra.

Contradictoriamente, no parecen ser buenas noticias para la Administración Trump de Estados Unidos que, como en el pasado siglo, alienta también ahora el surgimiento de un conflicto armado que le permita intervenir directamente con sus fuerzas allí acantonadas y las demás de que dispone en el área (desde sus bases en Japón) y hacer realidad la amenazante diatriba de Donald Trump de reducir a cenizas a la RPDC con todo su pueblo.

La llegada al gobierno sudcoreano del actual presidente Moon y su partido marcó un evidente giro en lo que deberían ser las relaciones con los compatriotas de la parte Norte del país, tal como ya había ocurrido en los años 2000 y 2007, cuando se celebraron las Cumbres entre los respectivos jefes de Estado teniendo a Pyongiang como escenario.

Ambos intentos fueron frustrados por las presiones y la interferencia de Washington, que atizó sus agresiones y amenazas contra la RPDC incrementando los constantes ejercicios militares y los planes de ataque combinados con fuerzas del Sur, creando una atmósfera bélica y de desconfianza mutua tras lo cual no se ocultan los intereses imperiales y hegemónicos de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico y también como forma de hostigar a China y a Rusia.

Un ambiente cálido y fraternal recibió a los deportistas del Norte en Pyeongchang y algo similar se repitió a nivel oficial cuando el presidente sudcoreano recibió a la joven Kim Yo-jong, hermana del presidente norcoreano, quién le extendió la invitación para efectuar una nueva Cumbre intercoreana próximamente.

Obviamente, no será fácil ni inmediata la solución de las muchas cuestiones pendientes entre ambas partes de la península coreana, pero resulta indudable que los avances reportados como consecuencia de los gestos diplomáticos de la RPDC y la receptividad mostrada hasta ahora por los gobernantes del Sur esparcen un sentimiento de optimismo y confianza que en los años recientes había desaparecido.

Varias interrogantes, sin embargo, flotan en el ambiente: ¿será posible que, como en ocasiones anteriores, el gobierno imperialista de Estados Unidos logre interrumpir y finalmente frustrar los esfuerzos por llegar a un arreglo definitivo y satisfactorio para ambas partes sobre la llamada “cuestión coreana”?

¿Podrá el gobierno de Corea del Sur resistir las brutales presiones yanquis o su grado de compromiso actual y la condición de país ocupado por fuerzas militares y bases de Estados Unidos le impedirán rechazarlas decididamente? Los próximos meses seguramente nos traerán la respuesta.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista cubano