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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-03-08

¡Cuidado con la propaganda de guerra de EEUU contra Corea del Norte!

WORKERS WORLD 15 de febrero del 2018 EEUU

Tenemos que estar listos para combatir la propaganda bélica contra la RPDC y rechazar cualquier pretexto para una guerra inventada por el Pentágono

Deirdre Griswold*

Desde una institución como The New York Times hasta la extrema derecha de Fox News, los medios capitalistas de EEUU han estado en una campaña para demonizar a la República Popular Democrática de Corea. Las “noticias” presentadas por estas dos alas del establecimiento capitalista apuntan a desacreditar a los dirigentes de la RPDC y encubrir el sorprendente progreso realizado por este país socialista, a pesar de ser atacado por la guerra y las sanciones.

Esta escritora apareció el 12 de febrero en Tucker Carlson News Hour de Fox Tv y en menos de los cinco minutos que me permitieron hablar, me concentré en alertar a los 2,9 millones de televidentes de ese programa noticiero sobre el grave peligro de guerra planteado por el Pentágono, que está discutiendo abiertamente, y en realidad preparándose para un ataque contra la RPDC.

Los norcoreanos han estado bajo la mira del Pentágono durante más de 70 años. Los militares estadounidenses han sostenido la ocupación de Corea del Sur desde el 1945. Desde el 1950 hasta el 1953 EEUU arrojó más bombas en el norte de Corea que en posiciones japonesas en todo el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

Los “juegos” anuales de guerra del Pentágono dirigidos a la RPDC en los últimos años han incluido a las fuerzas armadas de Japón, la antigua potencia colonial que explotó brutalmente en toda Corea entre el 1910 y el 1945.

Reaccionando a tales amenazas a su propia existencia, la RPDC ha sacrificado mucho para desarrollar una defensa nuclear. Si algún país necesita tal disuasión contra el ataque, es Corea del Norte.

La gente en los EEUU necesita saber que la administración Trump y el Pentágono están jugando con fuego. La RPDC luchará si es atacada. Tiene la voluntad y la capacidad de defenderse.

No va a rendirse ante las amenazas. Nunca lo ha hecho.

Propaganda de guerra, sutil y rabiosa

Ni el diario The New York Times ni Fox admitirán que promueven una guerra. Carlson dijo “No estoy en guerra” cuando lo empujé. Pero sus “noticias” son propaganda de guerra y están dirigidas a preparar a la gente de este país para que acepte una guerra contra la RPDC y hacerlo parecer como una cruzada “humanitaria”. Crean historias sensacionales para poner a la RPDC en la peor luz. Fox está frenético; el diario The New York Times suele ser más matizado, aunque todavía tiene un sesgo brutal contra la RPDC.

Carlson de la cadena Fox pinta la imagen más sombría imaginable de la vida en la RPDC. La gente se muere de hambre, se les mantiene en la ignorancia, son esclavos del Estado, etc. Eso es lo que este millonario “periodista”, portavoz del multimillonario Rupert Murdoch, les cuenta a millones de personas aquí.

¿Por qué no habla sobre el hecho de que la RPDC tiene una alfabetización del 100%, la más alta del mundo? Incluso el Libro de Hechos de la CIA admite esto. Curiosamente, su lista de tasas de alfabetización de los países no incluye los EEUU. Ni Corea del Sur.

No es de extrañar. Según un estudio realizado a fines de abril del 2013 por el Departamento de Educación de EEUU y el Instituto Nacional de Alfabetización, 32 millones de adultos, o el 14% de la población en los EEUU, no podían leer. Además, el 21% de los adultos leen por debajo del nivel de quinto grado y el 19% de los graduados de la escuela secundaria no podían leer. Para un país tan rico como EEUU, este es un escándalo monumental.

Y no culpe a los niños o sus maestros. Es un reflejo del atraso cultural impuesto a la gente de este país por la pequeña clase de multimillonarios que controlan el gobierno y los medios de comunicación y socavan monetariamente al sistema de educación.

¿Por qué Fox y The New York Times no mencionan que la atención médica en la RPDC es gratuita y que el país ha reducido su tasa de mortalidad infantil en más del 80% desde el 1950, a pesar de la guerra y las sanciones? O que continúa reduciendo la mortalidad materna —la tasa a la que las mujeres mueren como resultado del parto— a la vez que la mortalidad materna ha aumentado en los EEUU.

El crimen no es que un país como la RPDC, que fue destruido por los bombarderos de EEUU en la guerra del 1950-1953, tenga que dar prioridad a la defensa mientras se mantiene en pie por sí mismo. El crimen es que un país como los EEUU, que ha estado entre los más desarrollados del mundo durante al menos un siglo, no puede proporcionar una educación decente y atención médica para su pueblo.

Un medio sensacionalista y mentiroso

¿Qué papel juegan los medios en la promoción de los objetivos imperialistas? Mucho. Tomemos, por ejemplo, la guerra que comenzó en el 1898, la llamada guerra hispanoamericana.

A la gente de los EEUU se le dijo que España, el gobernante colonial de Cuba, había destruido un buque de guerra estadounidense nombrado Maine, en el puerto de La Habana. Los periódicos Hearst de la época, que habían estado luchando por una guerra contra España, publicaron titulares gritando durante semanas: “¡Recuerden el Maine!”. También lo hizo el papel del rival de Hearst, Joseph Pulitzer, que igualó a Hearst al imprimir historias distorsionadas y exageradas. (Pulitzer intentó limpiar su reputación de “periodismo amarillo” dejando dinero a la escuela de posgrado de periodismo en la Universidad de Columbia, — y funcionó).

Cuando Frederic Remington, un artista que proporcionó al periódico Hearst con ilustraciones, cablegrafiadas desde Cuba en el 1897 de que “no habrá guerra”, Hearst respondió con un cable, “Tú proporcionas las imágenes, yo proporcionaré la guerra”.

Esta incesante propaganda fue el preludio de una guerra de tres años en la que la clase dominante de los EEUU logró reemplazar a España como gobernante colonial de Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Mientras los EEUU afirmaban que estaba “liberando” a Cuba y Filipinas, donde los revolucionarios ya estaban luchando contra los colonizadores españoles, eso era una mentira. La guerra con España se libró por razones puramente económicas — abrir el acceso a los capitalistas estadounidenses para explotar la mano de obra y los recursos de las que habían sido colonias de España. Una vez que España fue derrotada, los EEUU vertieron su ejército contra los combatientes de la independencia tanto en Cuba como en Filipinas.

¿Recuerdan el Maine? Bueno, en el 1974, el Almirante de EEUU Hyman Rickover encargó una investigación de la Armada sobre el hundimiento del Maine. La conclusión: el barco se había destruido debido a un incendio que hizo explotar municiones almacenadas a bordo. España no tuvo nada que ver con eso.

Tenemos que estar listos para combatir la propaganda bélica contra la RPDC y exponer cualquier pretexto para una guerra inventada por el Pentágono y sensacionalizada por los medios capitalistas.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Activista político comunista estadounidense, editor del diario Workers World

La guerra económica contra Venezuela: ¿mito o realidad?

LA HAINE 26 de febrero del 2018 ESPAÑA

Es la economía, estúpido. Con esa frase ganó Bill Clinton las elecciones presidenciales estadunidenses del 1992 frente a George Bush padre

Katu Arkonada*

Si queremos analizar lo que sucede en Venezuela, país en el que pocas personas han estado, pero todas parecen saber y opinar sobre lo que sucede allá, debemos ampliar la frase y decir: Es la geopolítica, estúpido.

Todo análisis sobre Venezuela debe partir de una premisa: es el país con las reservas de petróleo certificadas más grandes del mundo (en torno a 300 mil millones de barriles). A esa cantidad de oro negro hay que sumar que está entre las 10 principales reservas de gas, biodiversidad, minerales y tierras raras, como el coltán.

Por si fuera poco, un barco petrolero tarda menos de una semana en atravesar el Caribe y llegar de Venezuela a los principales puertos de la costa este de Estados Unidos, frente al mes y medio que la misma embarcación tardaría en llegar del golfo Pérsico atravesando el canal de Suez.

Solo desde esta mínima base geopolítica es que podemos atrevernos a intentar analizar qué sucede en Venezuela, y si realmente existe o no una guerra económica.

En La mano visible del mercado, la economista venezolana Pascualina Curcio determina tres coordenadas fundamentales para poder hablar de guerra económica: acaparamiento de productos de consumo básico, inflación inducida mediante manipulación artificial del tipo de cambio y bloqueo financiero.

Examinemos el primero de los tres indicadores. ¿Por qué es fácil en Venezuela encontrar productos del campo, como frutas y vegetales, pero en cambio es extremadamente difícil encontrar determinados medicamentos o productos de higiene? Porque estos últimos pertenecen a dos empresas estadounidenses: Procter & Gamble y Jonhson & Jonhson, que tienen el monopolio de 90% del mercado y controlan cuándo y qué productos colocan en el mercado. Es una decisión política, no económica, que se encuentren unos productos sí y otros no en las tiendas y supermercados de Venezuela.

En segundo lugar la inflación, que desde el Chile de Salvador Allende siempre fue un arma política: quien controla el suministro de los productos domina el precio de los mismos. El concepto de inflación es diferente al aumento de precios y ni siquiera tiene que ver con la economía, si no con decisiones políticas. Otro economista, en este caso español, Alfredo Serrano, explica cómo el valor del tipo de cambio en Venezuela se ha multiplicado desde mediados de 2014 por mil 410 veces, mientras la cantidad de billetes se multiplicaba por 43, la liquidez por 64 y el tipo de cambio implícito por 141. Esto sólo se puede entender a partir de decisiones políticas, como la manipulación del tipo de cambio dirigida por la web Dólar today, alojada en servidores de Miami, Estados Unidos, o que la calificadora Standard & Poor’s declare a Venezuela en default selectivo a pesar de que ha cumplido con todas las deudas e intereses con sus acreedores pagando hasta el momento 70 mil millones de deuda.

En tercer lugar, el bloqueo económico estadounidense es una realidad que se ampara en un decreto ejecutivo firmado por el nobel de la Paz Barack Obama, que declara a Venezuela un peligro para la seguridad nacional. Más allá de las declaraciones pomposas, esta medida tiene consecuencias muy reales. Por ejemplo, en noviembre del 2017 fueron devueltas 23 operaciones en el sistema financiero internacional valoradas en 39 millones de dólares para la compra de alimentos, insumos básicos y medicamentos.

Para completar este breve análisis y si repasamos un poco la historia, podemos encontrar numerosas similitudes entre lo que sucede hoy día en Venezuela y lo que ocurrió en el Chile de Salvador Allende o en la Cuba de Fidel Castro. Ataques a la economía que en realidad son contra todo un pueblo, en la medida en que se alteran los mecanismos de producción y distribución de productos básicos; manipulación mediática nacional e internacional contra estos gobiernos; presencia de manera directa o indirecta del imperialismo estadounidense mediante sus diferentes mecanismos de injerencia; desde la CIA a la DEA, pasando por Usaid y el financiamiento mediante decenas de millones de dólares a la oposición política.

Por todo esto podemos afirmar que sí, que Venezuela sufre una guerra económica contra todo un pueblo, y qué línea de separación hay si queremos debatir sobre si Venezuela no es izquierda o derecha, socialismo o capitalismo, sino democracia frente al terrorismo político, económico y mediático.


PD: Y sí, Venezuela tiene múltiples problemas que van desde la inseguridad hasta la ineficiencia o corrupción. Pero esos problemas corresponde resolverlos al pueblo venezolano de manera soberana. A nadie más.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Politólogo vasco. Militante del proceso de cambio boliviano. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad

¿Nunca más?

LA JORNADA 26 de febrero del 2018 MÉXICO

David Brooks*

“Sabía que nunca podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente sobre el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno”, declaró Martin Luther King Jr. en su famoso discurso contra la guerra de Vietnam en el 1967, donde vinculó la injusticia y opresión dentro de este país a sus políticas bélicas e imperiales a nivel mundial.

Estados Unidos es un país extraordinariamente violento, el más violento de todo el primer mundo dentro de sus fronteras y, tal vez, si se cuentan las víctimas de su violencia afuera, el más violento del planeta. La violencia es parte integral de su historia, empezando con la campaña genocida contra los primeros habitantes de este país, la esclavitud y las guerras de todo tamaño (algunas con millones de muertos) contra decenas de naciones hasta la fecha. Este país es el único que ha empleado un arma de destrucción masiva. Más aún, su economía ha dependido en gran parte de la producción de armas, de guerras, de control civil; es el mayor subsidio público al sector privado.

Y la violencia institucional y oficial siempre ha sido bipartidista y justificada en nombre de la paz y para "defender" al país y a veces hasta para "salvar al mundo". La violencia oficial dentro y fuera del país no es la excepción, es la regla.

La matanza en la preparatoria pública Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, el pasado Día de San Valentín ocurrió en un país inundado por más de 300 millones de armas de fuego que, cada año, cobran más de 32 mil vidas (y decenas de miles de heridos) y que desde el 1968 a la fecha han matado a más estadounidenses que los que perecieron en todas sus guerras desde la fundación de este país. Pero esa violencia interna no se puede separar de la externa, de las guerras e intervenciones casi incesantes de este país a lo largo de su historia. El mensaje oficial es que la violencia es una respuesta legítima, justificable y necesaria. Y las armas, pues, sagradas.

Lo que más desea Trump hoy día es un desfile militar con "muchos aviones sobrevolando" y presidido por él, un comandante en jefe que evadió -como tantos hijos de ricos- el servicio militar durante la guerra en Vietnam. Y su solución para resolver la violencia de las armas de fuego es: más armas de fuego, incluida la de armar a los maestros.

"Nunca Más" es el nombre del nuevo movimiento lanzado por esos estudiantes de Florida que sobrevivieron la más reciente matanza, una respuesta feroz contra los políticos y la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) que son cómplices de la cultura violenta oficial de este país. Por ahora, estudiantes de prepa los están haciendo temblar como nunca.

Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente, cuyo discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, hoy día tiene más seguidores de su cuenta de Twitter, @emma4change, que la @NRA, una de las organizaciones más poderosas de este país. Ella, junto con sus compañeros como Alfonso Calderon, Cameron Kasky, Jaclyn Corin y David Hogg, entre otros, lanzaron Nunca Más y en las primeras horas después de la tragedia convocaron a una marcha nacional para el 24 de marzo declarando que "ésta será la última masacre" en una escuela. De repente encabezan lo que podría ser, si se logra sostener, un movimiento de una nueva generación que, en esencia, rehúsa ser cómplice de la violencia.

El movimiento, cuyos objetivos son muy concretos -prohibir la venta de armas de guerra, verificar la salud mental de quien compre armas- está cuestionando con ello la esencia política de esta democracia. Queda claro, señalan, cuando en las encuestas más recientes, la gran mayoría del país favorece controles sobre la venta y uso de armas de fuego (en las dos más recientes: CNN: 70% en favor; USA Today, 63%), pero los políticos siguen frenando mayores controles al servir a la NRA.

Empresas nacionales, entendiendo el poder potencial de este movimiento, están huyendo de su relación con la NRA; la lista crece cada día: Delta, United, Hertz, Avis, Enterprise, Symantec, Chubb y First National Bank.

La NRA acusa a estas empresas de "cobardía", y una de sus voceras nacionales se atrevió a declarar que los medios son culpables de manipular todo esto, ya que les "encantan" las matanzas porque elevan los "ratings". David Simon, creador de The Wire y Treme, entre otras de las mejores series de televisión, y quien fue periodista del Baltimore Sun, le respondió: “como reportero cubrí más de mil muertes por armas de mano y me pasé un año completo siguiendo a detectives de homicidios de escenario en escenario. Cubrí un tiroteo masivo. ¿Me encantó? Fuck you, vocera estúpida, sin sentido, sociópata… para este infierno estadunidense”.

Michael Moore, cuyo documental Bowling for Columbine investigó el tema de la violencia armada en Estados Unidos a partir de otra matanza en una preparatoria, envió un tuit: "La NRA es una organización terrorista", recordando: "hemos tenido 1.2 millones de muertes de estadounidenses por armas desde que John Lennon fue baleado en Nueva York".

Pero lo que asusta más a las cúpulas es que estos jóvenes logren crear alianzas con otros movimientos, algo que ya está empezando a suceder. Camila Duarte, estudiante de preparatoria y líder de United We Dream (la mayor organización nacional de jóvenes inmigrantes) en Florida, declaró: "como jóvenes de color e inmigrantes, hemos pasado por tanto odio, abuso emocional y violencia en el último año, desde la prohibición musulmana hasta el fin del DACA, pasando por recortes al presupuesto escolar", y anunció que los jóvenes inmigrantes de United We Dream “seguiremos el liderazgo de los estudiantes valientes de la preparatoria Marjory Stoneman Douglas (…) en la Marcha por Nuestras Vidas. Tomaremos las calles juntos porque creemos en un futuro en el cual todos puedan sentirse seguros en sus escuelas y en sus casas”. Se espera que otros jóvenes, de otros movimientos, también se sumen.

Tal vez los estudiantes podrán enseñar a todos aquí cómo decir "nunca más" a los maestros de la violencia.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Columnista de La Jornada; corresponsal de ese diario en Nueva York