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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-05-09

La III Convención Cuba Salud 2018 y el reconocimiento mundial

REBELIÓN 2 de mayo del 2018 ESPAÑA

Wilkie Delgado Correa*

Se impone que la cooperación internacional refleje esa necesaria hermandad entre las naciones y entre los profesionales de la salud y las personas para que sean atendidas con espíritu generoso, ya sean unas o millones.

La III Convención Cuba Salud 2018, celebrada desde el 23 al 27 de abril, ha concluido sus sesiones en las que participaron más de dos mil 800 delegados de más de 90 países, y 190 firmas de 32 naciones en la Feria Comercias.

Hay que confesar que estamos acostumbrados a las buenas noticias sobre el desarrollo de la medicina cubana en el país y en el mundo. Esta vez en voz del director general de la OMS y de la directora de la OPS se valoró y enalteció el modelo de salud desarrollado por Cuba para satisfacer las necesidades propias y la contribución que ha realizado al mundo, pues “Cuba, además, está siempre presta a cooperar con otros países en la arena internacional. Tiene mucho que brindarle al mundo, y, sin exagerar puedo decir que es el mejor modelo y ejemplo para mostrar lo que ha hecho en el terreno de salud para todos.”

Las intervenciones respectivas de esos altos funcionarios de la organización mundial (OMS) y regional (OPS), así como aquellas diversas en las voces de los representantes de las delegaciones de los países presentes, con rangos de ministros, viceministros, directores, otros funcionarios de los diferentes niveles y delegados simples, reflejaron la unanimidad en la admiración por las metas alcanzadas por Cuba y el agradecimiento por la cooperación brindada a través de brigadas y contingentes de profesores, médicos, estomatólogos, enfermeros y tecnólogos de la salud, favoreciendo la atención de millones de personas en esos países, y trabajando en las condiciones más difíciles y en los sitios más inhóspitos, para atender, generalmente, a las poblaciones más pobres y desvalidas.

Participar y escuchar las miles de experiencias en todos los campos de la salud, emociona y testimonia, por ejemplo, lo que planteamos en un artículo de fecha 3 de julio del 2013, titulado Sí, tenemos muchos y buenos médicos en Cuba, en ocasión de la campaña internacional orquestada contra la participación de los profesionales cubanos en el proyecto MÁS MÉDICOS (Mais médicos) entre la OPS, Brasil y Cuba. Solo el balance de los numerosos resultados presentados por la parte brasileña, serviría para validar la experiencia extraordinaria de la denominada cooperación Sur-Sur.

Se afirmaba entonces, 2013, “no puede faltar que, de vez en cuando, tengamos que soportar las campañas que orquesten los enemigos del proceso revolucionario cubano para desacreditar la labor y competencia reconocidas de los médicos y otros profesionales de la salud cubanos, tomando como pretexto una u otra circunstancia.”

“El modelo de formación de médicos y otros profesionales de la salud en Cuba se sustenta en una estrategia desarrollada y puesta en práctica, dentro y fuera del país, durante más de cincuenta años.

En síntesis, se ha caracterizado por procurar satisfacer las necesidades urgentes nacionales y, a la vez, en la medida de lo posible o supuestamente imposible, brindar una ayuda solidaria a otros pueblos; por abrir las puertas universitarias a los hijos de todos los estamentos de nuestra sociedad y, como complemento solidario, acoger como propios a los hijos de los sectores humildes de otros pueblos del mundo; por poner en práctica planes de estudio sucesivos, o procesos de perfeccionamiento de los vigentes en cada época, acorde con el desarrollo de las ciencias médicas, las tendencias modernas en el campo de la pedagogía y la evolución de las concepciones más justas y eficientes en la salud pública; por la ruptura con los métodos dogmáticos, elitistas y enciclopedistas en la enseñanza, y divorciados, en gran medida, de las necesidades y las realidades de las sociedades; por la búsqueda incesante de una mejor articulación con los niveles de enseñanza precedentes y la enseñanza posgraduada continuada; por contemplar en el perfil del egresado, como parte de los estudios de especialización o de entrenamientos específicos, la necesaria introducción y complementación de aquellos conocimientos o prácticas que aconsejen o demanden la situación de salud nacional o la propia, en dependencia del área geográfica, de aquellos países donde ejercen la misión médica nuestros profesionales; por la integración de la ciencia y la conciencia en el proceso formativo de nuestros profesionales, que les permite respetar, valorar y compartir las disímiles culturas de los pueblos a los que brindan sus servicios; por el desarrollo, cada vez con mayor envergadura, de la colaboración en la formación de médicos en muchos países; por la integración del sector de la salud con los planes de investigaciones en todos los campos científicos de avanzada, como son, entre otros, la biotecnología, la farmacéutica y las nuevas tecnologías.

En los primeros años del triunfo de la Revolución, el Comandante Ernesto Guevara, definió magistralmente el pedido que el Gobierno Revolucionario hacía a las universidades cubanas y que debía concretarse con urgencia y como un mandato irrenunciable para el futuro.

“Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no solo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba, y el pueblo que ha triunfado, que está hasta malcriado en el triunfo, que conoce su fuerza y se sabe arrollador, está hoy a las puertas de la Universidad, y la Universidad debe ser flexible, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas, y el pueblo la romperá y él pintará la Universidad con los colores que le parezca”.

“Además, nunca debemos olvidar que la Revolución cubana, por la fuerza de su ejemplo, no actúa solo aquí, internamente, y que sus deberes están más allá de las fronteras de Cuba: el deber de ser sensibles ante todas las miserias del mundo, ante todas las explotaciones y las injusticias; el deber que sintetiza Martí en una frase (…): “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre”.

Consecuente con las ideas de Fidel Castro delineadas desde el heroico Asalto al Cuartel Moncada, las necesidades del país y la voluntad del Gobierno Revolucionario y del pueblo, la ley de la Reforma de la Enseñanza Superior, firmada el 10 de enero del 1962, trazó como fines de la Universidad los siguientes: Formar profesionales de nivel superior en el número y calidad que demanden las necesidades del país;. (…) fomentar el intercambio científico y cultural entre Cuba y los demás países del mundo. (…) La salud es uno de los aspectos más importantes del bienestar material del hombre. La sociedad necesita médicos y enfermeras, necesita clínicas y hospitales, en los que la ciencia más avanzada esté al servicio de todo el pueblo. (…) El conjunto de principios acordados –señala la Ley de Reforma Universitaria- debe conferir a la institución universitaria, una vez provista de idóneo elemento humano, una base funcional eficiente a un “espíritu”, es decir, una actitud, una conciencia colectiva, una sensibilidad y una voluntad de servir a la cultura, a la Patria y al mundo.”

El hecho de que los indicadores de la formación de los recursos humanos y de la situación de salud de la población cubana, hayan alcanzado los niveles que un día vaticinara y proclamara Fidel para que Cuba se convirtiera en una potencia médica, son reflejo de la lucha de Cuba, a nivel nacional e internacional, para garantizar el derecho humano a la vida, en primer término, para complementar la vida con el derecho a la salud, en forma universal y gratuita, en segundo término, para asegurar una calidad de vida como elemento indispensable del bienestar general de hombres, mujeres, niños, adultos y ancianos.

De modo que los que ayer y aún hoy, abroquelados en su formación elitista, sus intereses gremiales egoístas y en sus prejuicios clasistas, atacan a los médicos cubanos por estas o aquellas razones, junto a aquellos que torpedean los fines nobles de la cooperación médica internacional, en la teoría y la práctica han sido derrotados. La experiencia de las misiones médicas cubanas en muchos países del orbe les han otorgado, más que la calificación de aprobado, un certificado de excelencia a estos profesionales generosos, que también han demostrado, dentro y fuera del país, que saben brillar por sus resultados, su talento, sacrifico. y solidaridad.

Tal vez cabe añadir que también es verdad –sépanlo las clases elitistas y exclusivistas- que en todas partes los pueblos aprenden a diferenciar lo que es bueno y lo que malo, que los pueblos un día despiertan o se cansan y conocen su fuerza y se saben arrolladores, y que un día pueden tocar a las puertas de las universidades, para pintarse de blanco, de negro, de mulato, de indio, de obrero, de campesino, o se quedará sin puertas, y los pueblos las romperán y ellos pintarán la Universidad con los colores que les parezca. Y también inventarán y fundarán las nuevas universidades que den solución a sus necesidades.

Mientras tanto, en una coexistencia realista de los modelos de salud imperantes en los diferentes países, regidos por estrategias universales para garantizar la salud de los pueblos y alcanzar las metas establecidas globalmente, se impone que la cooperación internacional refleje esa necesaria hermandad entre las naciones, y entre los profesionales de la salud y las personas para que sean atendidas social y médicamente con espíritu generoso, ya sean unas o millones.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Médico cubano y profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba

Cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento

LA JIRIBILLA 30 de abril del 2018 CUBA

Luis Toledo Sande*

Aunque los tiempos no estén para andar haciendo confesiones personales, quede la siguiente como testimonio de honradez al menos. La primera noticia que el autor de este artículo tuvo sobre la supresión de la prueba de lengua española en exámenes de ingreso a los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas —a la universidad, llegó a decirse—, la recibió por vía oral, y él pensó: “¡Otra bola para crear confusiones y desprestigiar a la Revolución Cubana, y nada menos que en el sistema educacional, uno de sus pilares!” Pero esta vez, lamentablemente, lo que circulaba no era una nueva expresión de tantos rumores como los que ha sido necesario refutar para combatir a enemigos externos o domésticos. Era cierto lo tocante a los mencionados institutos.

Esos centros constituyen una relevante puerta de acceso a la universidad en Cuba, y lo que se decida para ellos puede tener repercusiones que los desborden. No son la única vía para hacerlo —de otras aulas salen también alumnos brillantes—, pero forman lo que está llamado a ser una cantera fundamental de profesionales para el país, especialmente en el área que el nombre genérico de dichos institutos señala: las denominadas ciencias exactas, que no son las únicas, pero tienen prioridad en ellos y particular significación para el ámbito tecnológico y otros afines.

A las confirmaciones sobre la medida mencionada se sumó una declaración emitida el 17 de abril último por la junta de gobierno de la Academia Cubana de la Lengua: http://www.acul.ohc.cu/consideraciones-acerca-de-la-eliminacion-del-examen-de-espanol/. Tampoco se habían hecho esperar diversos comentarios que iban por igual o similar camino y, desde que se dio a conocer, el pronunciamiento de la Academia ha suscitado justas aprobaciones. Ese organismo cumplió su deber, cuando no siempre todas las instituciones cumplen el suyo en plenitud y con tino. La renovada Academia Cubana de la Lengua ratificó una verdad insoslayable: cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento, y defendió con ello a la patria y su sistema educacional.

Según se sabe, la supresión este año del español en las pruebas para el ingreso a los mencionados institutos ni siquiera puede disculparse argumentando que fue impensada. De haberlo sido, también merecería rechazo; pero se pensó, solo que, a juicio de quien esto escribe, y de no pocas otras personas que se han manifestado sobre el tema, se pensó mal. El mismo día en que conoció el pronunciamiento de la Academia el articulista lo reprodujo en su página de Facebook, y le han llegado comentarios que merecen atención en su totalidad. Que no cite ninguno se debe a los apremios del espacio, pero aspira a que todos se sientan representados en lo que aquí sustenta.

El clamor de repudio contra la medida tomada ha sido y está siendo amplio, y nuestra Academia no ha hecho más, ni menos, que apoyarlo con un peso institucional que sería más que irresponsable desconocer. Deben tenerlo en cuenta los implicados en una decisión que ha merecido calificarse como torpe cuando menos, o de lesa cultura. Lo sería, cabe suponer, en cualquier momento, pero lo es aún más cuando pululan errores y horrores que son como para echarse a llorar, o a correr para tratar de erradicarlos.

Quien desee conocer esa realidad y no vivir en el limbo de las resignaciones y la ignorancia voluntaria, solo tiene que asomarse a textos que corren en internet y en otros soportes diversos, editados incluso. A veces no sería atinado hablar siquiera de mala ortografía, sino de un caos heterográfico que amenaza con babelizar el español. Se dice que no ocurre solamente en este idioma, pero de él se trata, y esa lengua no le pertenece solamente a Cuba, ni al país donde nació y por obra y gracia del colonialismo lleva su nombre, sino a una de las mayores comunidades lingüísticas y literarias del mundo.

La referencia explícita a textos impresos se debe al valor documental que ellos tienen para valorar el asunto, no porque se piense que la expresión oral anda por mucho mejor camino en jóvenes y no jóvenes. Aunque al decirlo quisiera uno limitarse a desastres que pudieran estimarse solamente formales, entre forma y contenido funciona una unidad orgánica. Eso es algo que no deben ignorar quienes alguna vez hayan blasonado, o blasonen hoy, de defender el materialismo dialéctico, aunque para ser consciente de tal hecho pudieran bastar el extraordinario sentido común y conocimientos elementales.

Ejemplos de dislates que apuntan a la urgencia de perfeccionar —nunca descuidar— la enseñanza y el conocimiento de la lengua abundan por todas partes en Cuba, y en grado alarmante son palmarios incluso en personas que tienen alto grado de responsabilidad profesional en esa esfera. Para no ir más lejos, basta mencionar la frecuencia con que se sufren errores de concordancia elemental en el plano de la gramática, o la alteración radical del sentido en expresiones tan comunes como favoritismo y dar al traste con, mal empleadas con el uso que les corresponde a ventaja y a propiciar, respectivamente.

Un ejemplo de algo todavía más grave, y que va resultando una epidemia ya, es el empleo de humanitario como sinónimo de humano, cuando aquel adjetivo califica a lo que es beneficioso para la humanidad, para las personas. En medios de comunicación y hasta en altos podios políticos se habla de crisis y desastres “humanitarios”. Tal error sirve para avalar la calificación de humanitarias dada por el imperialismo estadounidense y su lacaya OTAN a intervenciones que esas fuerzas genocidas llevan a cabo para masacrar pueblos y robarles sus riquezas naturales. ¿No viene de ahí la manipulación de ese calificativo? Aceptarla por error o ignorancia no resta gravedad al asunto. Quizás la refuerce.

Frente a semejante realidad, ¿qué es la pobreza idiomática apreciable cuando en la pantalla del televisor comunicadores y entrevistados aparecen usando un idioma que se diría de muñequitos y comienzan sus parlamentos con giros de este corte: “Decirles que…”? ¿Dónde quedó el antecedente que exprese la intención real del infinitivo decir? Así como tampoco nadie, y menos supuestos defensores del materialismo dialéctico e histórico deben ignorar la unidad orgánica que opera entre pensamiento y lenguaje, ¿no se aprecia en esa pobreza expresiva una señal de pobreza de ideas?

Ante esos hechos, las instituciones y las autoridades responsabilizadas con fortalecer el buen uso del español en Cuba no deben permitirse acto alguno que menoscabe el efecto de sus funciones. Si hasta ahora las pruebas de ingreso a los institutos ya mencionados, y a la universidad, han revelado deficiencias, alarmantes incluso, en lo que respecta al español, la solución no es eliminar las mediciones que evidencien crisis, sino fortalecer los planes de enseñanza y la preparación de quienes —desde el aula hasta la cúpula de los ministerios correspondientes— deben garantizar la calidad de la enseñanza. Para eso es también necesario, lo recuerda la Academia Cubana de la Lengua, estimular la inteligencia y la voluntad de aprendizaje del estudiantado, no acomodarlas hasta que entren en letargo. Por ese camino pudieran más bien extinguirse.

Eliminar exámenes, como ahora intenta hacerse —o ya se ha decidido con una medida a la que urge dar marcha atrás—, equivale, acudamos al lenguaje popular y culto, a tirar por la ventana el sofá, o la bañera con el agua sucia y el niño dentro. En términos más técnicos, o literales, de algún modo equivaldría a retomar o seguir validando el síndrome del promocionismo, que tanto le ha costado y pudiera seguir costándole al país, con independencia de las intenciones con que ese morbo se haya propiciado: un morbo que da al traste con los irrenunciables propósitos de índole cualitativa que deben ser rectores en la instrucción y en la educación, y confiere favoritismo a la ignorancia.

Aducir que se trata de viabilizarles el acceso a las aulas a futuros profesionales de determinadas áreas de la ciencia y la tecnología supone, cuando menos, un grave déficit cultural por parte de quienes propician el dislate, o lo aceptan. Si lo que se quiere fomentar no es un indeseable proyecto para fabricar emigrantes, esos profesionales deben preverse como parte, en primer lugar, de Cuba y, por consiguiente, de la comunidad lingüística hispanohablante. La sabiduría científica no parte del aire, ni se afinca en él: es una etapa superior del conocimiento, que empieza por ser elemental y cotidiano y se extiende a esferas cada vez más altas y complejas.

Si el profesional no conoce bien su idioma —y no es cuestión de dominar tecnicismos o saber dibujar cuadritos de gramática estructural, aunque unos y otros pueden ser muy beneficiosos para el buen pensamiento—, ¿cómo va a interpretar rectamente los fenómenos y explicárselos a sí mismo? ¿Le bastará dialogar solamente con la pantalla de su computadora? ¿Entendería así de manera cabal todo cuanto puede llegarle por esa vía? ¿Podrá creer que para ser científico o tecnólogo le bastan las jergas y abreviaturas que ha empleado para intercambiar ágiles mensajes por el correo electrónico o el teléfono celular? Mucho más, ¿cómo va a comunicarse con la comunidad científica? No está de más recordar la sabiduría integral que ha caracterizado a quienes han sido paradigmas de sabiduría. Y los paradigmas no están para ser elogiados y olvidados, sino para respetar lo que enseñan, y tratar de seguirlo.

¡Ah!, pero no tarda en asomar el fantasma de la lingua franca imperial que se ha entronizado en el mundo. Aparte de que los malos hábitos y la ignorancia en el uso de la lengua madre pueden trasladarse nocivamente al aprendizaje y el empleo de otros idiomas, vale detenerse en algunos elementos valorativos. A ningún nivel de la nación se debería estimular acríticamente, como acto de inercia irreflexiva, el conocimiento de otros idiomas, conocimiento en sí mismo útil, valioso, aconsejable, y no solo si se trata del inglés. Es necesario favorecer en todo caso la asunción de perspectivas culturales adecuadas, incluidas las de índole histórica y política. Ya hay en Cuba centros privados de enseñanza donde el inglés se les enseña a niños y niñas del país como si residieran en Miami o en Nueva York. Aunque solo fuera frente a eso, algo les corresponde hacer a las instituciones nacionales.

No se habrá repetido lo bastante: el privilegio de que goza hoy la lengua inglesa no se debe solo ni principalmente a las grandezas de William Shakespeare y Walt Whitman. Grandezas tendrán o tienen los demás idiomas, el sobresaliente español entre ellos, honrado por las de Miguel de Cervantes, José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rubén Darío y otros. El paso avasallador del inglés se basa, sobre todo, en el poderío económico, político, tecnológico, mediático y bélico de un imperio que se expresa en ese idioma. No es una realidad que se deba soslayar, como si la cultura fuera algo tan abstracto y aséptico que no se requiriese estar advertido de cuanto ocurre en el planeta.

Cuando hace unos siglos el latín se usaba como lingua franca de las ciencias, ya no se rendía pleitesía a ningún imperio que se comunicara en ese idioma, y este hace un todavía mayor número de siglos que dio lugar a otros: los romances, como el español. Hoy, con el inglés, la realidad es diferente. No se trata de no usarlo, ni de darle la espalda, como algún “cosmopolita posmoderno” pudiera pretender que los presentes apuntes proponen. Pero no se piensa aquí en interlocutores tales, sino en lo mejor del pueblo de Cuba, y en quienes de cualquier modo tengan la posibilidad y el deber de actuar para que se revierta una decisión que, de solo estar vigente un año, ya sería impertinente y puede acarrear consecuencias lamentables, como sucede con cualquier error introducido en el sistema educacional. Ni pensar en lo que ocurriría si se permitiera que dure más de un curso, o tornarse pauta para el ingreso a la universidad.

La indeseable medida confirma que no solo en lo más explícita o directamente económico puede asomar la oreja peluda, lobuna, del pragmatismo, forma de pensamiento —o falta de él— característica del actuar capitalista. Menospreciar o relegar el español en Cuba hace recordar tristemente el Plan Bolonia, tan combatido en Europa por pedagogos y otros profesionales de actitud revolucionaria, emancipadora, y tan propulsado por quienes pretenden eliminar todo lo que estiman ajeno a la finalidad de formar tecnócratas, ejecutivos y otros representantes del capitalismo. El ateo convencido que esto escribe pide perdón para decir: ¡Dios nos ampare!

  • Periodista e historiador cubano

El convento de Macri

PÁGINA 12 7 de mayo del 2018 ARGENTINA

Eduardo Aliverti*

Hay explicaciones para todos los gustos, pero derivan en una misma conclusión.

Hablan de factores internacionales, concentrados en que los capitales huyen hacia Estados Unidos porque ajusta para arriba su tasa de interés. Hablan de que se suma haberle puesto un gravamen a la renta financiera, y de que a nadie en su sano juicio se le ocurre meter palo en la rueda a quienes traen plata. Hablan de un dólar que, después de todo, no hace más que empardar el nivel de inflación acumulado desde la asunción de Macri. Deslizan también que la política monetaria es errática, que no se tiene mayor idea de quién es el conductor de la economía y que por el camino del “gradualismo” queda claro el fracaso.

Como quien no quiere la cosa, en el templo mediático del Gobierno reapareció Domingo Cavallo para, llovido sobre mojado, gozar a quien lo entrevistaba con el recuerdo de lo bien que siempre lo trataron. El dato no es anecdótico, porque la reaparición del acorralador, justo en esa escenografía, revela el grado de inquietud del establishment o, peor, advierte sobre el signo que espera o con que amenaza la elite financiera a cargo del poder.

Cualquiera de esos argumentos deja al rey desnudo. Si es por lo que hace la Reserva Federal, el mejor equipo de los últimos cincuenta años no supo o no quiso prever las eventuales consecuencias de un gobierno estadounidense embarcado en una guerra comercial contra China, dispuesto a financiarse fronteras adentro y presto, como de costumbre, a proceder según sus mejores intereses sin importar el efecto entre sus marionetas.

Lloverían las inversiones una vez que volviéramos al mundo, dijo el coro completo de Cambiemos y sus portavoces. No sucedió ni sucederá por la elemental razón de ser un país proyectado como timba financiera. Requieren tapar con endeudamiento en dólares el agujero fiscal que, en el peor de los casos y usando los argumentos del propio Gobierno, el kirchnerismo les dejó en pesos. Esto es, en la moneda que Argentina puede emitir.

Dos chances prioritarias de análisis que, en rigor, son complementarias. A) El equipazo de Macri juega en verdad en el Federal C (la sexta, abreviando). B) En lugar de plan económico hay uno que es meramente de negociados y, para reiterar la figura ya usada en esta columna, entró en duda la capacidad gubernamental de timonear la angurria, en ese círculo rojo del que cínicamente Macri se queja como si no lo constituyera y conociese de toda la vida.

Aun así, se necesita ser más cuidadosos sobre la prospectiva de algún colapso próximo o, incluso, de mediano plazo. No hay la más mínima duda en torno de que esto acaba muy mal para las necesidades masivas, como de hecho ya sucede. Pero el cuándo, que es la pregunta exclusiva, resulta impredecible. Interfiere lo que “la gente” sea capaz de seguir creyendo y esa oposición desperdigada que, por ahora y como mucho, sabe juntarse para la protesta parlamentaria pero no para la construcción.

Más otro elemento estructural. En muy estricto off the record, uno de los empresarios emblemáticos del poder económico concentrado –de lo que otrora se hubiere llamado burguesía nacional– sostuvo que no hay nadie del sector, ni de la conducción ejercida por los bancos transnacionales y las empresas extranjeras, perdiendo de vista que este Gobierno es el de ellos. “Con Cristina no nos fue nada mal –dijo el hombre–, pero nunca terminó de ser nuestra.”

Por lo pronto, lograron aquietar al dólar a costa de anunciar un apriete descomunal contra las arcas fiscales y un tirito contra los bancos para restringirles su calce en divisas.

El ministro Chocoarroz afirmó que sufrirá la obra pública; que afortunadamente las paritarias muestran a los asalariados aceptando el hachazo contra la inflación real; que ni se les pasa por la cabeza tocar el privilegio de los agroexportadores y que todo consiste en lograr el equilibro fiscal, a cuyo cabo quedará el país Martínez de Hoz para un tercio de habitantes o poco más. El resto sobra y si no agacha la cabeza ya veremos, pero mientras tanto frenaron la corrida cambiaria.

Como señaló un animador televisivo, lo urgente era apagar el incendio. Después, si la inflación se va a las nubes concretas, si no habrá crédito para nadie porque las tasas de financiamiento son aterradoras, si quienes tomaron empréstitos hipotecarios sacan la cuenta de un ajuste igual de pavoroso en su economía cotidiana, si las tarifas son impagables, también se verá. De última, lo seguro es que ellos nunca pierden y, nuevamente Carlos Heller dixit, el único límite al ajuste es la reacción de los ajustados.

Mientras tanto, Elisa Carrió protagonizó las declaraciones más desopilantes de los últimos tiempos y Groucho Marx se levantó de la tumba para darle un abrazo sincero. La diputada ausente dijo que estaba en Casa Rosada para llevar tranquilidad a todos los argentinos, que las cosas se ven mejor desde Estados Unidos, que el temor del mundo es que vuelva el kirchnerismo, que se había se reunido con Aranguren, que corroboró que estaba todo bien y que su temor no es el dólar sino la inflación.

Esos dichos pueden adjudicarse como de quien vienen y aplicar el criterio del desatino. O bien, tomarse el ligero trabajo de responderle que en términos de ejercicio del poder no es justamente ella quien pueda dar una imagen de tranquilidad; que si el miedo de los inversionistas es que pueda volver el kernerismo habría la deducción popular transitiva de lo mejor que estábamos cuando estábamos mal y, sobre todísimo, que solo a un desvariado puede ocurrírsele la falta de enlace entre inflación y dólar.

Todo eso, apenas a los efectos de juzgar las aseveraciones inverosímiles de quien se considera el guardián republicano de castigar a los que menos tienen. O, antes, de la estampa usada por Cambiemos para mostrar una gorila incorruptible, capaz de controlarlos a ellos mismos mucho mejor que los peronistas venales. El pequeño detalle sobreviene cuando se es cómplice de una corrupción orgánica, inherente al Gobierno que se respalda.

Si, en cambio, se abordan los dichos auténticamente centrales de la semana o, también, de mucho tiempo a esta parte, nos encontraremos con el jefe de la Policía bonaerense, Fabián Perroni, quien sostuvo que la pobreza, la exclusión, el hambre, llevan a que muchas personas salgan a robar. Sus otras afirmaciones, acerca de uniformados policiales con salarios menores a los de un diputado y sobre lo preferible de delincuentes comprimidos adentro de una comisaría que en libertad, resultan secundarias. Triviales. Tan obvias como las de cualquier discurso emocionalmente facilongo.

El mandamás de La Bonaerense, el brazo armado principal del bloque dominante, les dice en la cara que ya no pueden hacer mucho contra lo nodal que genera un modelo como éste.

Eso sí que es toda una noticia.

También lo es, en su sentido de noción, lo que un observador atento señaló en las últimas horas.

Si José López se hubiera robado los miles de millones de dólares que Macri/Caputo/Dujovne/Sturzenegger & Cía. sacaron de las reservas en unos pocos días, para venderles barato a sus cómplices modélicos (seamos suaves), todavía estaría tirando bolsos por sobre la pared del convento.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista, locutor y docente argentino

Primer año del “presidente de los ricos”

PÁGINA 12 6 de mayo del 2018 ARGENTINA

El partido de izquierda Francia Insumisa se manifestó en contra de Emmanuel Macron

Según la izquierda francesa, el gobierno de Macron les saca a los pobres para darles a los ricos. Por ejemplo, redujo ayudas sociales para comedores escolares y suprimió un impuesto para los que tienen un importante patrimonio

El partido de izquierda Francia Insumisa organizó el sábado 5 de mayo en París una multitudinaria manifestación para protestar contra el primer año de presidencia de Emmanuel Macron, a quien acusan de llevar a cabo reformas antisociales y de gobernar para los ricos.

Bajo un fuerte dispositivo de seguridad, unas 160 mil personas según los organizadores, 40 mil según la policía, participaron de la irónicamente bautizada “Fiesta de Macron”. La marcha fue convocada para condenar el primer año de gobierno del jefe de Estado, quien viene actuando, según denunció el promotor de la manifestación, François Ruffin, como un Robin Hood al revés: sacándole a los pobres para dar a los ricos.

El diputado izquierdista se esforzó en señalar que mientras se han reducido una serie de ayudas sociales para los comedores escolares o para las asociaciones, el jefe del Estado acababa de hacer lo que llamó un regalo de mil millones a los más ricos del país con la supresión del impuesto conocido como “exit tax” para los que tienen un importante patrimonio y establecen su domicilio fiscal en el extranjero.

Con disfraces, carrozas y pancartas provocadoras, los manifestantes marcharon desde la céntrica plaza de la Ópera a la de la Bastilla en un ambiente festivo y de buen humor. “Alto al golpe de Estado social”, “Corro menos rápido que en el 68, pero grito más fuerte” o “Macron basta de circo”, rezaban algunos de los carteles contra el mandatario.

Aunque la manifestación se desarrolló pacíficamente, se vivieron momentos de tensión en la plaza de la Bastilla cuando una decena de encapuchados empezó a atacar a móviles de radio y televisión, exigiéndoles que se fueran, lo que derivó en la intervención de los antidisturbios. También en esa plaza un agente resultó herido, pero no de gravedad, al recibir el impacto de proyectil. En total, cuatro personas fueron detenidas por las fuerzas policiales en los controles practicados en los accesos, por llevar objetos considerados armas no autorizadas.

Unos dos mil policías y gendarmes fueron desplegados para garantizar el orden de la convocatoria, un tercio más que durante la manifestación sindical del 1º de Mayo en la capital francesa, que degeneró en graves disturbios al ser infiltrada por grupos violentos.

El temor a nuevos incidentes llevó al gobierno a aumentar el número de efectivos y a acusar a los organizadores de “La fiesta de Macron” de usar proclamas que podían interpretarse como una incitación a la violencia, algo que rechazó La Francia Insumisa. “Somos una concentración feliz y sonriente. Una concentración que condena la violencia y en primer lugar la violencia verbal de los todopoderosos”, dijo al respecto su líder, Jean-Luc Mélenchon, quien salió cuarto en las presidenciales del 2017 con 19,58%, menos de medio punto por debajo del tercero, el conservador Francois Fillon (20,01%).

En Francia se suceden desde hace días las huelgas y jornadas de protesta por la intención de Macron de aplicar una reforma laboral que es rechazada por las centrales sindicales. La imagen del mandatario ha sufrido un fuerte desgaste en su primer año en el poder. Según una encuesta difundida ayer por medios locales, un 52% de los franceses tiene una mala imagen de Macron y un 59% no quiere que se presente a la reelección para el 2022.

La encuesta, realizada por el Instituto Demoscópico Odoxa, fue publicada por los diarios Le Figaro y France Info, y señaló como los principales defectos adjudicados a Macron su falta de humildad e inclinación a favorecer, con sus políticas de gestión, a los sectores más poderosos.

Un 76% de los consultados estimaron que no es humilde, un 72% lo asoció con esa imagen del presidente de los ricos y un 68% lo ve distante a la ciudadanía. Estas críticas son reiteradas usualmente por los miembros de Francia Insumisa.

Mélenchon afirmó que la protesta de ayer fue sólo una primera etapa. “Confluyan por millones, seamos la marea humana que cambia la historia”, sentenció el líder izquierdista, de cara a la gran marcha que preparan sindicatos y partidos de izquierda para el próximo 26 de mayo. Por su parte, Ruffin señaló ante los manifestantes: “Cuando no tenemos la fuerza del dinero, es necesaria la fuerza de la gente”.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris