Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2018-05-29

La gran derrota de Trump en Venezuela

RESUMEN LATINOAMERICANO 21 de mayo del 2018 ARGENTINA

Carlos Aznárez*

Lo más importante que ocurrió el domingo 20 de mayo es que venciendo amenazas de todo tipo, el pueblo venezolano otra vez salió a votar e impuso democráticamente y a la vista de cientos de observadores electorales la esperada reelección de Nicolás Maduro. Ese detalle precisamente, el de la renovada práctica de defender la soberanía popular con una urna como arma es la que desde aquel no muy lejano diciembre del 1998 viene poniendo a los sucesivos gobiernos estadounidenses al borde de la histeria.

Recorriendo los centros electorales y conversando desde temprano con quienes al sonar de la recordada diana chavista se encolumnaban para depositar su sufragio es que pudimos escuchar, en Caracas y sus alrededores, razones que luego explicarían el triunfo. La paz era una de ellas, pero formulada no como un recurso formal sino como una muestra de hartazgo: “que nos dejen en paz, que no nos condicionen el futuro con amenazas”, nos dijo un joven en un colegio de Catia.

Horas después, en otro centro del Estado Vargas, la expresión se repetía en un “yo me resteo (me juego) con Maduro porque esta Revolución es nuestra esperanza”. Cerca de allí, una concentración de vecinas y vecinos bailaban, comían unos dulces y le contaban a quien quisiera escucharles que “ese barrio que usted ve ahí lo hizo el comandante Chávez y aquel de más allá nos lo entregó el presidente obrero”. Hablaban de edificios impecables con todas las instalaciones funcionando, y que son parte de las dos millones de viviendas que construyera la Revolución para los más necesitados.

Al darse cuenta que algunos de los visitantes procedíamos de Argentina, una mujer ya entrada en años, nos abrazó y gritó para que quedara claro de qué iba la cosa: “Si necesitan ayuda para echarlo a ese Macri nos avisan, que aquí somos todos rodilla en tierra”. Había gusto a pueblo en aquel sitio donde la temperatura era agobiante pero nadie se movía porque estaban esperando que llegara el anuncio del Consejo Nacional Electoral proclamando el ansiado triunfo.

Más tarde, en otro barrio de Caracas, las respuestas seguían acumulando razones: “Yo voto contra Trump y contra esos del Grupo de Lima”, aclaró un estudiante de medicina, que enseguida remató con un: “lo bueno y lo que no nos guste de este gobierno lo vamos a decidir nosotros y no un yanqui millonario o esos europeos que no tienen nada que hacer aquí”. Testimonios de bronca contra tanta injerencia, voces dignas dispuestas a defender lo conquistado, expresiones de agradecimiento para quienes habíamos llegado para confirmar que en Venezuela Bolivariana el legado de Hugo Chávez está intacto en la fidelidad de su pueblo.

Luego vinieron los resultados y en medio de los cohetes lanzados al aire o la ovación cariñosa hasta las lágrimas para saludar al nuevo presidente frente al Palacio Miraflores, la oposición y sus “protectores” internacionales ponían en marcha un plan que estaba cantado desde hacía bastante tiempo. Los llamados “demócratas” arremetían con más sanciones económicas, con gritos destemplados que cantaban fraude (incluso antes de saberse los resultados, como hizo el candidato Henry Falcón) o con artículos ponzoñosos en la mayoría de la prensa mundial hegemónica. El más soez de toda una serie de agravios pudo leerse en prensa argentina señalando: “Una organización criminal venció en las elecciones venezolanas” y así otros múltiples epítetos.

Lo cierto es que el imperio y sus secuaces de los gobiernos derechistas del continente no pudieron soportar esta victoria heroica, surgida de las entrañas de un pueblo que padece necesidades pero no se quiebra ante ellas y sacando fuerzas de su propia memoria de lucha convierte en luminosos hasta los más oscuros escenarios.

Ahora vendrán los aprietes, las expulsiones de embajadores, las conspiraciones para aislar aún más a un país cuyo único pecado ha sido querer la felicidad de su gente y cometer la osadía de mostrarse como ejemplo al resto o recordar a propios y extraños que las grandes hazañas cuestan sacrificio. Querer llegar a vivir en una sociedad socialista en pleno avance político, económico y militar del neoliberalismo es el mayor desafío que se puede hacer a quienes en Washington, Miami o Madrid creen todavía que la vida de un hombre o una mujer se compra y se vende como en un mercado.

Ahora sonarán todas las sirenas de alarma en tierras latinoamericanas y será necesario redoblar la solidaridad internacionalista, de la misma manera que se hizo cuando a Cuba la expulsaron de la OEA y quisieron aislarla de sus hermanos de la región. Al igual que en aquella ocasión, los pueblos deberán gestar un cúmulo de acciones fraternales para abrazar a la Patria de Bolívar, demostrándole a Trump que sus amenazas pueden encender la pradera y que al igual que ocurriera en otras épocas, la paciencia tiene un límite.

Es cierto que hay colaboracionistas y alcahuetes que amparan esas políticas agresoras, o que al calor de tanta injerencia llegan a meterle el miedo en el cuerpo a algunos políticos que se dicen “progres” y en sus campañas electorales (como ocurre en Colombia y México) se adhieren al Grupo de Lima y desconocen el triunfo de Maduro o no quieren mencionar el nombre del país agredido porque sus asesores o ellos mismos consideran que “resta votos”.

Son pobres de alma esos personajes, a los que el imperio desprecia y no se salvarán de sus ataques. Pero también hay en cada unos de nuestros países, obreros, estudiantes, campesinos que admiran todo lo hecho por Chávez y que hoy representa Maduro. Gente de a pie, que saben que desear lo imposible cuesta demasiado y no se arrepienten de ser como son. Ellos y ellas, precisamente, son los que no entran en disquisiciones sobre porcentajes de participación electoral o si Maduro “no es como Chávez”, como suelen hacerlo algunos sabelotodo de la política de “izquierda”. Para esas personas de corazón sensible y decisión casi militante (o sin el “casi”) lo más impresionante que ocurrió por estas horas es que “ganó Maduro” y “los yanquis que revienten”. Están en lo cierto. Como en el deporte, ganar se gana ganando. Lo demás se irá discutiendo al fragor de las mil batallas que habrá que librar a partir de ahora.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Director desde hace 22 años de Resumen Latinoamericano (Argentina)

Colombia se alista para divisivo balotaje centrado en la paz

(fragmentos)

AP 28 de mayo del 2018 EEUU

Christine Armario y Joshua Goodman

Las elecciones presidenciales de Colombia se encaminan hacia un divisivo balotaje entre dos contrarios ideológicos: el conservador que ganó los comicios del domingo adoptó una posición contraria al acuerdo de paz, mientras que su rival se comprometió a defender a los pobres y excluidos.

El exsenador Iván Duque obtuvo casi el 39% de los votos, pero quedó lejos del umbral del 50% que habría evitado la segunda ronda, que se celebrará en tres semanas. El exguerrillero Gustavo Petro recibió el 25% de los apoyos, superando al exalcalde de Medellín, Sergio Fajardo, quien podría terminar siendo clave en la elección luego de una sorprendente subida.

El enfrentamiento entre Duque y Petro podría tener implicaciones más amplias para el acuerdo de paz que puso fin a más de cinco décadas de conflicto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que dejaron al menos 250 mil muertos, 60 mil desaparecidos y más de siete millones de desplazados.

Duque promete modificar el divisivo pacto para garantizar que el narcotráfico no sea un delito impune y que los líderes guerrilleros que no han hecho reparaciones a las víctimas no puedan acceder a un cargo público. El acuerdo actual permite que los antiguos combatientes que confesaron sus crímenes eviten la cárcel y puedan formar parte de la vida política.

"No queremos hacer trizas los acuerdos", señaló Duque en su discurso como vencedor de la primera vuelta. "Lo que queremos es dejar claro que la Colombia de paz es la Colombia donde la paz se encuentra con la justicia".

La campaña desató temores tanto en la derecha como en la izquierda del arco político, con los críticos de Duque advirtiendo que su presidencia sería equivalente a un tercer mandato de Uribe, algo prohibido por la Constitución. Aunque es muy popular entre los colombianos por mejorar la seguridad y debilitar a los grupos armados ilegales, durante los años de Uribe en el poder, el ejército cometió serias violaciones de los derechos humanos.

Por su parte, Petro y su populista "Colombia Humana" han sido comparados por los críticos con el fallecido líder socialista venezolano Hugo Chávez, de quien el candidato era admirador. El exalcalde de Bogotá llevó a Chávez a Colombia en el 1994, poco después de su salida de prisión, donde entró por planear un golpe militar.

Su equipo calificó las comparaciones de tácticas del miedo por parte de una clase política tradicional que ya no puede recabar votos basándose en su oposición a los rebeldes de izquierdas.

El combativo aspirante presidencial apoya el acuerdo de paz y ha congregado a los votantes jóvenes enojados por la arraigada corrupción y la desigualdad. En cuanto a ingresos, Colombia tiene uno de los niveles de desigualdad más altos de la región, solo por detrás de Haití, según un estudio. Petro propone liberar al país de la dependencia de las exportaciones de petróleo y elevar los impuestos sobre tierras no productivas para impulsar la producción agraria y sacar a millones de personas de la pobreza.

Sus críticos advirtieron que su ascenso podría hacer virar peligrosamente a Colombia hacia la izquierda y sacudir los mercados en una nación tradicionalmente conservadora.

En un discurso ante cientos de seguidores el domingo en la noche, Petro dijo que el miedo a que convierta a Colombia en un estado autoritario donde se redistribuya la riqueza es infundado. Sus propuestas equivalen a una "democratización" de oportunidades para que más colombianos puedan beneficiarse de la educación y unirse a la clase media, agregó.

"Nuestros casi cinco millones de votos hoy son los votos de una juventud, son los votos de sectores excluidos a lo largo y ancho de Colombia que han decidido irrumpir y decir aquí estamos presentes", señaló entre vítores y aplausos.

Sus partidarios ondearon banderas con la hoz y el martillo característicos de la Unión Soviética y con el logo del desmantelado grupo rebelde M-19 al que Petro perteneció en su juventud.

Edilia Pinzón, de 55 años, estaba entre los seguidores de Petro.

"Estamos haciendo historia", dijo Pinzón, una vendedora callejera. "Los que han llegado no han cumplido con las promesas, especialmente para nosotros, los de escasos recursos".

Más de 19 millones de personas acudieron a las urnas en las elecciones con mayor participación en dos décadas.

El resultado fue especialmente duro para Fajardo, quien durante semanas intentó sin éxito forjar una alianza con el también centrista Humberto de la Calle. El 2% de los sufragios obtenidos por De la Calle le habría bastado para quedar segundo por delante de Petro.

Fajardo reconoció su derrota, pero no indicó a quién respaldará en un balotaje en el que sus 4,5 millones de votantes podrían resultar decisivos.

"Es el peor escenario posible", dijo Mónica Méndez, una ingeniera química que votó a Fajardo y dijo estar devastada por el resultado de la jornada electoral.

Méndez señaló que está considerando emitir una boleta en blanco en la siguiente ronda tras calificar a Petro de líder egoísta que no escucha opiniones distintas a las suyas, y a Duque como el mero reemplazo de su mentor, Uribe, "otra persona arrogante y prepotente".

Petro y Duque difieren en casi todos los temas importantes que enfrenta Colombia: Duque está a favor de la erradicación forzosa de los cultivos de coca, que se han disparado hasta alcanzar niveles récord, mientras que Petro propone su sustitución. La históricamente estrecha relación entre Washington y Bogotá podría mantenerse bajo la presidencia de Duque, pero Petro dijo que la asistencia estadounidense al país es una "ayuda que no ha servido para nada".

En su discurso del domingo en la noche, Duque hizo hincapié en cuestiones de orden público que son esenciales para su base conservadora. Pero también pareció abrirse a votantes más moderados diciendo que quiere ser el presidente "que una a nuestro país y no gobierne con un espejo retrovisor".

Ramiro Bejarano, columnista del diario El Espectador, apuntó los que dos aspirantes deberán buscar votos en el centro político para ganar la presidencia.

Para él, el discurso de Duque es más divisivo ya que se centra en temas candentes como el aborto y los derechos de los homosexuales, además de criticar el proceso de paz, asuntos difíciles de vender a la masa de votantes independientes que optaron por Fajardo en la primera vuelta.

Sin embargo, apuntó que la ventaja de 14 puntos de Duque será un obstáculo difícil de superar para Petro.

"Si él (Petro) logra vencer los miedos que le han metido a la gente puede ganar", señaló Bejarano.

Aunque no respaldó específicamente a Petro, De la Calle, el principal negociador del gobierno con las FARC, pronunció un apasionado pedido para que no se dé marcha atrás en la implementación del acuerdo de paz cuando un futuro sin conflictos armados está al alcance de la mano.

"La guerra nos unió durante ocho años. Ahora la paz nos divide", manifestó.

  • Periodistas de la agencia

Envejecidos y enfermos, los presos de BNG son un problema para EEUU

AFP 24 de mayo del 2018 FRANCIA

Llegaron a la Bahía de Guantánamo como hombres jóvenes, capturados en los campos de batalla de Afganistán y otros lugares al principio de la guerra contra el terrorismo que Estados Unidos emprendió tras los ataques del 11 de septiembre del 2001.

Más de 15 años después, la mayoría de los reclusos de la famosa prisión militar estadounidense han alcanzado la madurez o padecen problemas de salud relacionados con la edad, agravados también por sus condiciones de vida previas al encierro.

Esta semana, la Casa Blanca pareció reconocer lo obvio: sin un plan o voluntad política para hacer algo con los 40 internos que quedan en Guantánamo, algunos de ellos podrían quedar varados allí por el resto de sus vidas.

La instalación "está experimentando fallas estructurales y de sistema que, si no se abordan, podrían en el futuro presentar riesgos de vida y seguridad para nuestras fuerzas de guardia y los detenidos", dijo la Casa Blanca en una declaración a legisladores, al pedir fondos adicionales para reconstruir la prisión.

"Tampoco cumple con los requisitos de la población de detenidos envejecidos", agregó.

El Pentágono no divulga información sobre los internos de Guantánamo, pero los archivos filtrados por WikiLeaks y publicados en The New York Times dan una idea.

En promedio, la edad de los reclusos allí es de 46,5 años. Pero las torturas, conflictos o malas condiciones de vida previas a su captura, junto con el encierro actual, empeoran su estado de salud.

El mayor, el paquistaní Saifullah Paracha, cumplirá 71 años en agosto. El más joven es el ciudadano saudí Hassan Mohammed Ali Bin Attash, quien nació en el 1985 y ahora tiene 32 o 33 años; solo tenía 16 o 17 cuando fue capturado en el 2002.

Ni el Pentágono ni la Bahía de Guantánamo respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios para esta historia.

El recluso quizás más famoso de Guantánamo, el presunto autor intelectual del 11-S Khalid Sheikh Mohammed, tiene 53 años.

El bigote negro que lucía cuando fue capturado en el 2003 ha crecido hasta convertirse en una voluminosa barba gris, que ahora tiñe de naranja.

James Connell, el abogado de Ramzi Binalshibh, acusado de ser uno de los co-conspiradores de Mohammed, dijo que ha notado algunos acondicionamientos para los prisioneros envejecidos.

"Algunos de los espacios para los encuentros de abogados y clientes ahora tienen rampas para sillas de ruedas", contó a la AFP, agregando que también vio manijas para ayudar a los reclusos a levantarse del baño.

Pero, subrayó, "hay mucha necesidad de un tratamiento que no se ha brindado".

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) visita Guantánamo unas cuatro veces al año para asegurarse de que la prisión cumple con los estándares de detención y para evaluar el trato de los detenidos.

"Es importante garantizar que se cumpla adecuadamente con sus requisitos de salud, y estamos comprometidos activamente en un diálogo con las autoridades estadounidenses sobre este asunto", dijo a la AFP Marc Kilstein, portavoz del CICR en Washington.

Entre las enfermedades crónicas relacionadas con la edad que pueden agravarse por el encierro están la insuficiencia cardíaca, diabetes, problemas cognitivos y enfermedad hepática.

A los contribuyentes estadounidenses les cuesta más de 450 millones de dólares al año mantener a los prisioneros de la cárcel en la Bahía de Guantánamo.

Esa cifra solo aumentará a medida que envejecen, indicó a la AFP la experta en seguridad de Amnistía Internacional Daphne Eviatar, ya que a Estados Unidos "se le exige según el derecho internacional que les den tratamiento médico".

"Al mantenerlos en Guantánamo, el gobierno de Estados Unidos se está comprometiendo esencialmente a cuidarlos por el resto de sus vidas", explicó.

Muchos estadounidenses desconocen que su país todavía mantiene prisioneros en la instalación de Cuba.

Cinco de ellos han sido acusados de conspiración para realizar los atentados del 2001 y están siendo juzgados por un proceso especial asolado por desafíos legales y demoras interminables.

Del resto, dos han sido acusados de otros crímenes, dos han sido condenados y cinco recibieron órdenes de liberación bajo el gobierno de Barack Obama, pero quedaron atrapados bajo el mandato de Donald Trump, quien ha dicho que quiere enviar a los capturados del Estado Islámico a Guantánamo.

Pero la mayoría -26 reclusos- nunca ha sido acusado de nada y sin embargo se los considera demasiado peligrosos para dejarlos en libertad.

Nueve detenidos ya han muerto en Guantánamo desde que abrió sus puertas en el 2002, principalmente debido a suicidios, según los militares.

Como van las cosas, es poco probable que esas muertes sean las últimas.

El gran negocio de las cárceles de EEUU

PÁGINA 12 21 de mayo del 2018 ARGENTINA

Gustavo Veiga*

Los detenidos trabajan para corporaciones que facturan sumas millonarias. La paga a los presos es de 0,23 centavos de dólar la hora, según el sitio de investigación Global Research. Si se niegan, los encierran en celdas de aislamiento. Analistas hablan de esclavitud en el siglo XXI , cuanto menos, de explotación.

La política penitenciaria de Estados Unidos es un engranaje clave de su sistema económico. Los detenidos trabajan para corporaciones que facturan sumas millonarias. Las cárceles ocupan el tercer lugar como dadoras de mano de obra. Solo son superadas por la General Motors y Wall Mart. Desde que muchas fueron privatizadas se transformaron en un redituable negocio.

Albergan al 25% de los presos del mundo cuando la población de EEUU apenas alcanza al 5%. La paga es de 0,23 centavos de dólar la hora, según el sitio de investigación Global Research. Analistas de estas estadísticas hablan de esclavitud en el siglo XXI o cuanto menos de explotación. Por eso el malhumor de los reclusos va en aumento. Proyectan una gran huelga para el 21 de agosto que ya tuvo antecedentes en lo que va de este año, como una en Luisiana.

En ese estado del sur se levanta Angola, la prisión de máxima seguridad más grande del país. Se construyó en el 1869 sobre 73 kilómetros cuadrados de una antigua plantación de esclavos. Sus condiciones de vida, que incluyen los trabajos forzados, son la reproducción más exacta de la desigualdad carcelaria. La mayoría abrumadora de sus presos son negros.

Según el informe anual que difundió Human Rights Watch en el 2017, hay 2,3 millones de detenidos en EEUU. De esa cifra, 211 mil en cárceles federales y el resto en prisiones estaduales. Pero si se ampliara el universo a quienes están en libertad condicional o bajo alguna restricción de movimientos, habría 5 millones de personas más en cuarentena. Las cifras de presos en Estados Unidos superan con amplitud a las de China, Rusia y Brasil, que le siguen en orden y rondan entre los 600 y 700 mil cada uno.

Comparadas las tasas de encarcelamiento, arrojan que por cada blanco hay cinco negros detenidos o dos hispanos en esa misma proporción. A expensas de esa población penitenciaria, un grupo de corporaciones muy conocidas hacen negocios que todavía están lejos de alcanzar su techo.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Periodista y escritor argentino

"Ni China, ni Corea del Norte ni Irán están dispuestos a entregarse frente a Trump"

REBELIÓN 23 de mayo del 2018 ESPAÑA

Entrevista a James Petras

Mario Hernández

M.H.: Tu papá te mandó a estudiar Sociología a Berkeley.

J.P.: Sí. En los años ´60, cuando montamos las grandes protestas en favor de los derechos de los afroamericanos, la lucha contra la guerra en Vietnam y las otras luchas tratando de arreglar los grandes problemas del capitalismo que se estaba infiltrando en las universidades. Hubo grandes manifestaciones, con muchos encarcelados, pero finalmente avanzamos la lucha, terminamos la guerra, pudimos avanzar pero no terminar la lucha contra la discriminación y el racismo.

M.H.: Veo que se retoman muchas de las luchas de aquellos años. Por ejemplo, los masivos actos de la campaña de los pobres, que fue originalmente liderada por Martin Luther King hace 50 años.

J.P.: Podemos sumar a las marchas actuales al Movimiento sin casa, en Seattle, donde los multimillonarios no pagan impuestos, entonces los militantes movilizaron a miles de personas, e impusieron un impuesto sobre Amazon y las otras grandes empresas para subvencionar casas para los sin casa.

Y hay otras luchas, en cinco Estados los maestros están en huelga por los salarios que son tan malos que alcanzan a la línea de pobreza. Los maestros son los peores pagos en Arkansas, Oklahoma, Virginia y otros Estados más. Están en huelga general, para exigir no solo mejores salarios sino también mejores presupuestos para las escuelas. Hay escuelas aquí donde los estudiantes tienen que comprar sus propios textos.

M.H.: Te estás refiriendo a la política interna norteamericana, pero he observado con gran preocupación la política internacional que está llevando adelante los EEUU, ha abandonado el Acuerdo por el cambio climático de París, se han roto acuerdos comerciales con China, se sigue construyendo el muro en la frontera con México. Ahora se ha desconocido el acuerdo nuclear con Irán y me da la impresión que Corea del Norte está por suspender las conversaciones con Trump. ¿Qué nos podes comentar de todo esto?

J.P.: En general podríamos decir que tenemos un caso de ultra imperialismo. Muchas de las medidas actuales tienen antecedentes anteriores, con Bush, con Obama, por ejemplo, los inmigrantes expulsados llegaron a dos millones, ahora con Trump hablan de cuatro millones o más. Sobre Irán, fue el señor Obama el que firmó un acuerdo pero con muchas dificultades para levantar las sanciones. Tenemos el caso de Siria, donde Obama lanzó la guerra. En cuanto a China, fue Obama el que mandó a la Armada y a la Fuerza Aérea a enfrentar a China. Los que ahora condenan a Trump antes apoyaron a Obama.

Pero Trump quiere ir más allá, quiere superar la política de Obama. Siempre una movida hacia la ultra derecha, ahora tiene discusiones con Corea del Norte pero insiste en que se entregue, se desmovilice, se desarme y eso no va a suceder, no van a aceptar unilateralmente la entrega.

Ellos vivieron la política de Obama cuando bombardeó Libia, incluso hablan de Libia como un modelo de desarmar adversarios para después atacarlos, eso no va a pasar con Corea del Norte, porque busca la paz pero con concesiones recíprocas y Trump no entiende eso, no entiende que los chinos no van a entregar sus mercados simplemente porque Trump amenace. Trump cree que con amenazas pueden suprimir cualquier exigencia y cualquier reivindicación de paz de los adversarios y eso no va a pasar, ni China, ni Corea del Norte ni Irán están dispuestos a entregarse frente a Trump.

A la vez está generando divisiones en el campo de quienes lo apoyan, Europa está en contra de terminar el acuerdo con Irán, no están de acuerdo con la guerra comercial de Trump, no están a favor de provocar a Corea del Norte. Entonces hay divisiones, el único gran aliado de Trump es Netanyahu, el asesino de los palestinos.

Trump está sometido a Israel y los sionistas aquí son muy poderosos, controlan y financian su campaña electoral y están ahora metidos en el gabinete, en el Congreso, en todas partes, por eso Trump decidió mover la Embajada a Jerusalén, contra todo consentimiento, contra todas las opiniones del mundo musulmán, que son mil millones de personas. Trump está generando muchos enemigos y poco éxito.

La política de Macri es de saqueo, de entrega, de facilitar la rápida entrada de capitales y también su salida

M.H.: Conocés de cerca nuestra realidad, has visitado muchas veces nuestro país, has sido parte de nuestras luchas, has vivido en nuestro país a comienzos de los ´70 ¿Cómo estás viendo y analizando la crisis que atraviesa Argentina?

J.P.: Es muy profunda. No es simplemente el problema de la devaluación, es el estancamiento, toda la estrategia de Macri era atraer capitales golondrinas. Los capitales entran, aprovechan lo que les conviene rápidamente, gracias a las mejores condiciones y ahora con la crisis y la quiebra del sistema económico están en salida, la fuga de capitales es muy grande, las concesiones fueron aprovechadas. El señor Paul Singer, gran especulador, sacó mil millones de dólares y ahora se los llevó a Wall Street.

Macri hizo una mala política, no generó ningún ingreso para financiar la industrialización, en vez de invertir en infraestructura está aumentando las tarifas. Todo lo contrario de cualquier proyecto desarrollista, es una política de saqueo, de entrega, de facilitar la rápida entrada de capitales y también su salida. No es una política que tenga estabilidad. Los mercados de EE UU tienen cuestionamientos profundos y dicen que van a esperar para ver cómo termina eso, tienen miedo de que el señor Macri invite al FMI porque eso podría producir otro diciembre del 2001.

M.H.: ¿Querés agregar algo más, tal vez en relación a las elecciones presidenciales venezolanas?

J.P.: El problema no son las elecciones, el problema viene después. En Washington el señor Trump habla de un golpe y cree que es posible infiltrar a los militares y formar una organización para invadir Venezuela, imponer sanciones y restringir la circulación y venta de petróleo. Es un momento de gran crisis antes y después de las elecciones. Pero el pueblo no va a entregarse fácilmente y creo que las posibilidades de un golpe son dudosas, pero debemos estar en guardia para montar una campaña contra el golpismo tanto de Washington como en Venezuela.

Selección en Internet: Raquel Román Gambino