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Rey Exánime (World of Warcraft)

(Redirigido desde «Rey Exánime»)
Lich
Información sobre la plantilla
Personaje de Ficción
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Personaje del videojuego World of Warcratf
NombreRey Lich
CreadorBlizzard Entertainment
Obra a la que perteneceWarcraft III, World of Warcraft
Otros nombresArthas


Rey Lich (Warcraft III) o Rey Exánime (World of Warcraft) es uno de los personajes perteneciente al Mundo de Warcraft creado por la compañía de videojuegos Blizzard Entertainment. Es creado por Kil'jaeden, a partir del chaman orco Ner'zhul. Inicialmente fue encerrado dentro del Trono de Hielo. Desde ahí creó el Azote que tenía la misión de preparar la llegada de la Legión de Fuego. Se fusionó con el príncipe Arthas, a quien absorbió tras ser liberado de su prisión helada. Tras la destrucción de Frostmourne y la muerte de Arthas, Bolvar Fordragon ocupó el puesto de jefe del Azote, quedando prisionero en el Trono de Hielo una vez más.

Nacimiento del Rey Lich

Cuando Ner'zhul intentó escapar de Draenor, fue detenido por el señor demonio Kil'jaeden, que decidió aplicar el pacto de sangre que Ner'zhul había jurado años atrás. Kil'jaeden consumió su carne pero mantuvo vivo el espíritu del orco encerrándolo en el interior de un bloque de hielo del Twisting Nether. Kil'jaeden le otorgó un gran poder que sobrepasaba incluso la muerte. En ese momento Ner'zhul dejó de existir al mismo tiempo que nacía el Lich King.

Creación del Azote

El Lich King fue enviado dentro de su prisión de hielo a través de la Gran Oscuridad a Northrend, al norte del mundo de Azeroth. Allí se encargaría de crear un ejército de muertos vivientes al que se conocería como el Azote, cuya misión sería sembrar el caos y la destrucción para allanar el camino de regreso de la Legión Ardiente a Azeroth, diez mil años después del primer intento. Este nuevo ejército no caería en las disputas internas que hicieron fracasar a los orcos en su invasión de Azeroth. Para vigilar sus acciones enviaron a los Señores del Terror, liderados por Tichondrius.

Dentro del Trono de Hielo, el Lich King experimentó con sus poderes psíquicos y esclavizó a diversas formas de vida que se encontraban cerca de su radio de influencia. Se producía entonces una transformación del sujeto que perdía toda consciencia y humanidad y se convertía en un sirviente. Gracias a sus poderes nigrománticos, no resultó muy difícil conquistar la mayoría de Northrend. A medida que iba añadiendo almas a su ejército, sus poderes crecieron de manera exponencial, algo que hizo saltar las alarmas a los Señores del Terror.

El único escollo que encontró el Lich King fue el conflicto que le enfrentó al reino arácnido de Azjol-Nerub, cuyos ancestros habitantes eran inmunes a su plaga. Los 10 años siguientes se conocen como la Guerra de la Araña, un conflicto que acabó con la victoria del Azote ya que, aunque los Nerubian eran inmunes, sus cuerpos podían ser reanimados por el Lick King. Tanto le impresinó el poder de sus adversarios, que el Azote adoptó la arquitectura de los nerubian para sus construcciones, símbolo de tributo para honrar la tenacidad de los Señores Araña.

Una vez que se conquistó la mayoría de Northrend, los Señores del Terror instaron a Ner'zhul para que continuara con el plan previsto y preparara un plan para conquistar el mundo y permitir la llegada de la Legión Ardiente. El Lich King usó entonces su telepatía para manifestarse en Azeroth e invocar a cualquier alma oscura que quisiera escuchar su llamada. Uno de los que respodieron fue Kel'Thuzad, un prominente mago miembro del Kirin Tor del reino de Dalaran. Fue rápidamente atrapado bajo el hechizo de obediencia de Ner'zul y el creador de la secta del Culto de los Malditos formada por humanos vivos que ansiaban convertirse en sirvientes undead y alcanzar la inmortalidad.

Kel'Thuzad y el Señor del Terror Mal'Ganis recibieron instrucciones para ir abriendo camino, mientras Ner'zhul, adelantándose a los planes de Kil'jaeden, estaba maquinando una manera de escapar de su prisión...

Lordaeron y el Trono de Hielo

Tras muchos meses de preparativos, Kel'Thuzad y el Culto de los Malditos consiguieron finalmente introducir un veneno creado por el Rey Lich en Lordaeron. Esto provocó que Uther Lightbringer y su orden de paladines fueran a investigar a las regiones infectadas con la esperanza de encontrar una manera de detener la infección. A pesar de sus esfuerzos, la plaga continuó extendiéndose por toda la zona norte del Lordaeron.

A medida que los ejércitos de muertos vivientes se hacían más numerosos y se agrupaban para atacar en conjunto objetivos cada vez más importantes, el único hijo del Rey Terenas, el Príncipe Arthas Menethil se vio obligado a liderar personalmente la defensa de su reino contra el Azote. Como ya había planeado el Rey Lich, Arthas derrotó a Kel'Thuzad pero, a pesar de eso, la victoria de los humanos no provocó que las filas del Azote menguaran sino todo lo contrario. Frustrado por la sensación de enfrentarse a un enemigo imparable, Arthas comenzó a tomar decisiones cada vez más extremas - ordenó matar a todos los habitantes de la ciudad de Stratholme que habían sido infectadas por la plaga para prevenir que Mal'Ganis los reclamara para su ejército. Tras la matanza, los compañeros de armas de Arthas le advertieron que estaba dando muestras de estar perdiendo su humanidad. Arthas llega a Lordaeron como Death Knight

Los temores de Arthas pronto le llevaron a su perdición definitiva. Cuando creyó que las fuerzas del Azote se habían debilitado, fue a Northrend para intentar acabar con la amenaza de la plaga para siempre. Allí se encontró con su viejo amigo Muradin Bronzebeard, hermano del Rey Magni, que lo condujo hacia un arma legendaria que esperaban que pudiera servir para luchar contra el Azote, Frostmourne. El coste por conseguir la espada rúnica fue alto, Arthas cayó bajo el influjo del Rey Lich cuando se hizo con ella debido a una maldición que pesaba sobre ella y Muradin (o así lo creyó Arthas) murió a consecuencia del poder desatado tras sacar el arma de su pedestal. El gran poder que encerraba la espada unido al potencial del Príncipe de Lordaeron hicieron que este se transformara en el primer gran Death Knight del ejército del Azote. Fue entonces cuando Mal'Ganis apareció, creyendo que Arthas y él estaban en el mismo bando, para darle la bienvenida e informarle de su destino. Inesperadamente para él, Arthas completó su venganza por los sucesos acontecidos en Lordaeron acabando con el Señor del Terror (que más tarde se supo que había sobrevivido) completando su malévola transformación. Con su alma lejos de su corazón y su cordura gravemente dañada, Arthas lideró al Azote contra su propio reino — Lordaeron. Cuando llegó a Ciudad Capital, el Príncipe asesinó a su propio padre, el Rey Terenas, y aplastó Lordaeron bajo el yugo del Rey Lich.

La Senda de los Malditos

Con Arthas como herramienta, Nerz'hul propagó la plaga por todo Lordaeron. La otrora poderosa orden de la Mano de Plata fue dúramente derrotada y su líder Uther cayó ante el propio Arthas. Siguiendo las órdenes de Tichondrius, Arthas llevó al Azote al norte, hacia el reino elfo de Quel'Thalas, para resucitar a Kel'Thuzad. Los altos elfos nunca tuvieron posibilidad de ganar y su capital, Silvermoon, fue arrasada. Su milenaria Fuente del Sol fue usada para resucitar a Kel'Thuzad como lich.

Los planes de la Legión Ardiente se estaban desarrollando según lo previsto. El siguiente paso era conseguir el libro de hechizos de Medivh que se encontraba en Dalaran y que contenía los encantamientos necesarios para que Kell'Thuzad invocara a Archimonde en Azeroth. Finalmente, tal cosa sucedió y, tras destruir la ciudad de los magos del Kirin Tor, Archimonde cedió el control del Azote en Lordaeron a Tichondrius y los Señores del Terror y se dirigió a Kalimdor con la intención de llegar al Pozo de la Eternidad. Las ansias de venganza del General de la Legión contra los Elfos que ya derrotaron a los demonios en la Guerra de los Ancestros, hizo que se olvidara de un pequeño detalle: dirigirse al Trono de Hielo y obtener el control de los miembros del Azote sustituyendo al Rey Lich.

Durante la invasión de la Legión a Ashenvale, Illidan Stormrage fue liberado de su prisión en los túmulos del Monte Hyjal tras diez mil años de cautiverio. Sabiendo de su adicción a la magia gracias a haber usado la calavera de Gul'dan años atrás, el Rey Lich ordenó a Arthas dirigirse a Kalimdor. Allí le habló a Illidan sobre los poderes de la calavera sabiendo que sería incapaz de resistirse a esa clase de poder. Illidan tomó la calavera y aprovechó su enorme energía para aumentar su poder desarrollando la forma de un demonio. Tal y como había planeado el Rey Lich, este se dirigió a Felwood donde acabó con Tichondrius.

Sin la ayuda de Tichondrius y su ejército, Archimonde se dirigió a la cima del Monte Hyjal donde se encontró con algo inesperado: su aniquilación.

El Legado de los Malditos

De nuevo libre y repleto de poder, Illidan se dispuso a buscar su sitio en el nuevo orden que se había impuesto en el mundo. Sin embargo Kil'jaeden tenía otros planes y le hizo una oferta que no pudo rechazar. Enfadado tras la derrota de Archimonde en el Monte Hyjal, el demonio se había dado cuenta de la falta de control a la que estaba sometido su poderosa creación, el Rey Lich, que a pesar de estar encerrado en el Trono de Hielo había sido capaz de urdir una estrategia para crear un ejército inmenso y controlarlo para sus propios intereses. Kil'jaeden ordenó a Illidan destruir a Ner'zhul y poner fin al Azote de una vez por todas; a cambio recibiría un poder equiparable al de los grandes señores de la Legión Ardiente.

Illidan aceptó e inmediatamente empezó a planear el asalto al continente helado de Northrend con la intención de destruir la poltrona de hielo donde residía el espíritu del antiguo chamán orco. En su interior, sabía que necesitaba un poderoso artefacto para destruir su prisión helada de manera que, usando el conocimiento adquirido del legado de Gul'dan - la calavera que le había dado Arthas - se puso en busca de la Tumba de Sargeras para reclamar lo que quedaba del titán oscuro. A través de sus demoníacos poderes, atrajo a su lado a los nagas de las oscuras profundidades de los océanos liderados por la bruja Lady Vashj. Tras unos primeros reconocimientos, los nagas ayudaron a Illidan a llegar a las Islas Quebradas, donde se rumoreaba que se encontraba la susodicha tumba.

Con el Ojo de Sargeras en su poder, Illidan viajó a la antigua ciudad de magos de Dalaran. Fortalecido debido a las líneas mágicas que rodeaban la ciudad, usó el Ojo para conjurar un poderoso hechizo contra la ciudadela donde se encontraba el Rey Lich. A pesar de la distancia, Illidan consiguió dañar gravemente sus defensas y provocar una grieta en el mismo techo del mundo. El Rey Lich no tenía ninguna defensa contra ese hechizo y podía haber sido derrotado ese mismo día si no fuera porque en el último momento, el hermano de Illidan, Malfurion, hizo acto de presencia interrumpiendo la parte final del conjuro, ya que de haberse lanzado en su totalidad, podía haber causado un daño irreparable al mundo.

Guerra Civil en las Tierras de la Peste

Ahora que Ner'zhul había puesto sus cartas sobre la mesa, sabía que la cólera de Kil'jaeden y su ejército de demonios no iba a ser precisamente algo suave. Para empeorar la situación, sus poderes estaban empezando a desaparecer debido a la brecha abierta en su prisión de hielo provocada por el hechizo de Illidan. Como si de una herida abierta se tratara, la sangre - simbolizada por el poder del Rey Lich - escapaba a borbotones por lo que Ner'zhul sabía que debía actúar con rapidez pues el tiempo jugaba en su contra. Las consecuencias de esta pérdida de poder se enfocaban principalemnte en el control mental que ejercía sobre su ejército, en especial sobre los poderes que Arthas había recibido de Frostmourne, que se nutría del poder del trono helado.

Desde su prisión helada, Ner'zhul sospechó acertadamente que Kil'jaeden trataría de enviar a algún emisario para destruirlo. Desesperado, llamó a su siervo más fiel y poderoso: el príncipe Arthas.

En ese momento Arthas se encontraba en medio de una guerra civil a tres bandas que había estallado en Lordaeron a causa de la merma de los poderes del Rey Lich. Por una parte, la mitad de su ejército, liderados por la banshee Sylvanas Windrunner, había escapado del control mental de Ner'zhul, y por otra parte, un grupo aún fieles a la Legión Ardiente y comandado por los Señores del Terror: Varimathras, Detheroc y Balnazzar. Tras recibir la llamada de su amo, Arthas se vio obligado a dejar al Azote en manos de su lugarteniente, Kel'Thuzad, mientras la guerra iba avanzando a través de las tierras de la peste.

Finalmente, Sylvanas y sus rebeldes (conocidos ahora como los Forsaken) reclamaron las ruinas de la antigua Ciudad Capital de Lordaeron y construyeron allí su bastión, excavado bajo las entrañas de la ciudad. Su siguiente plan era derrotar a Kel'Thuzad y sus acólitos aprovechando la merma de poder que había provocado el debilitamiento del Rey Lich.

Mientas tanto, Artas había viajado a Northrend debilitado pero con la intención de salvar a su maestro. Allí se encontró con Illidan y su ejército de nagas y elfos de sangre que estaban esperándolo. Con la ayuda de sus aliados allí, los nerubian liderados por el caído Anub'arak, se enfrentó al ejército de Illidan y consiguió llegar a lo más alto del glacial donde se encontraba el Trono de Hielo.

El Rey Lich triunfante

Arthas, con la ayuda de Anub'arak, se abrió camino a través de los ejércitos del Príncipe Kael'thas que se enfrentó a él con la espada élfica Felo'melorn que perteneció a su padre, Dath'Remar Sunstrider. El duelo de espadas rúnicas se resolvió del lado de Frostmourne, ya que Kael'thas se vio obligado a huir y dejó a Arthas el camino libre para activar los cuatro obeliscos que rodeaban el glaciar y que abrían las puertas hacia el Trono de Hielo.

Sin embargo, Illidan estaba esperándolo para poner en práctica sus nuevas habilidades demoníacas recién adquiridas. Su gran poder casi le permitió vencer al príncipe de Lordaeron pero cuando iba a darle el golpe de gracia, bajó la defensa lo que le permitió a Arthas herirle grávemente en el pecho. Debido a la gravedad de su herida y a la premura con la que su tarea debía ser completada, Arthas abrió las puertas de Icecrown y dejó a Illidan morir solo. Cuando entró en el glaciar hueco, Arthas ascendió al pináculo de hielo en cuyo final se encontraba su destino. Las voces de aquellos que su locura les había hecho traicionar, Uther y Muradin resonaron en su cabeza persuadiéndolo para no continuar camino de la cima. Cuando el sendero acabó, el Rey Exánime prisionero en el trono de hielo y Arthas se encontraron frente a frente. La voz de Medivh fue la última que intentó detener a Arthas antes de que Ner’zhul hablara (Nota: en la cinemática en español estos susurros fueron sustituidos por frases sin sentido que nada tenían que ver con la escena):

- "Tu joven príncipe solo encontrarás la muerte en el helado norte." (eliminado de la cinemática en español).

- "Devolved la espada...completad el círculo...¡liberadme de esta prisión!"

Con un grito ensordecedor, Arthas golpeó con Frostmourne la prisión helada que encerraba al Rey Exánime haciéndola saltar en mil pedazos que quedaron desperdigados por el suelo. El trono de hielo quedó destruido y el casco de Ner'zhul rodó hasta sus pies. Arthas se lo puso en la cabeza y el inimaginable poder del artefacto hizo el resto.

- "Ahora" resonó en su mente la voz de Ner'zhul "¡somos uno solo!"

En ese momento, los espíritus de Ner'zhul y Arthas se fusionan en un solo ente más poderoso que el original, tal y como había planeado siempre el Rey Exánime: el ser más poderoso que haya nacido en Azeroth. Interludio Editar sección InterludioEditar sección WoW-novel-logo-16x62.png Esta sección aborda contenido exclusivo de Novelas e historias cortas. El Rey Exánime protagonista de Icono wrath.png

En la novela de Christie Golden, Arthas: Rise of the Lich King, se explica como tras la fusión de Ner'zhul con Arthas, el Lich King permaneció inactivo varios años mientras sus secuaces construían Icecrown Citadel alrededor del Trono de Hielo. Mientras estaba en trance, Arthas desterró de su personalidad a Matthias Lehner, un niño que representaba el último remanso de humanidad que quedaba en él, creyendo que todo lo que en su día lo hizo mortal podría volverlo débil. También consiguió imponerse a Ner'zhul, suprimiendo el espíritu del chamán y convirtiéndose en la personalidad dominante del Lich King.

Un día, el Rey Exánime despierta, más poderoso que nunca y con un corazón más frío. Tras comprobar los avances que se han producido durante su ausencia se dirige a Sindragosa's Fall donde yace Sindragosa, la primera consorte de Malygos. Tras encontrar su cuerpo, Arthas lo levanta bajo la forma de una vermis de escarcha, y la anexiona a su vasto ejército de no-muertos que se agolpa a los pies del glaciar, esperando el momento de entrar en acción. Wrath of the Lich King Editar sección Wrath of the Lich KingEditar sección Icono wrath.png Esta sección aborda contenido exclusivo de Wrath of the Lich King. La caída del Enclave Escarlata Editar sección La caída del Enclave EscarlataEditar sección

No contento con plantar un cebo para atraer a los campeones de Azeroth, el Rey Exánime decidió que ya era hora de acabar con la presencia de la cruzada contra el Azote en las Tierras de la Peste. Tan pronto como esto ocurriera, empezaría un nuevo orden de caballeros de la muerte. Liderados por Darion Mograine, sus tropas tuvieron un gran éxito al destruir la Cruzada Escarlata de Lordaeron. Los supervivientes escaparon rumbo a Northrend donde fundaron el Embate Escarlata. Sin embargo y a pesar de la victoria, el Rey Exánime sintió la presencia de un viejo enemigo que hacía tiempo que creyó destruido. Demasiado para ignorarlo. Batalla en la Capilla de la Luz Editar sección Batalla en la Capilla de la LuzEditar sección Reforzados por la destrucción de la Cruzada Escarlata, el Azote se preparó para el asalto a la Capilla Esperanza de la Luz con la intención de destruir al Alba Argenta. A pesar de todas las dificultades, el Alba Argenta consiguió derrotar al ejército de zombis gracias a la llegada de Tirion Fordring. En ese momento el Rey Exánime hizo aparición revelando que fue él quien planeó la caída de Alexandros Mograine, el portador original de la Ashbringer.

Su hijo Darion volvió en sí y se dio cuenta de que el verdadero responsable de la muerte de su padre era a quien ahora servía con lealtad. Tras un intento de cargar contra el Rey Exánime, fue repelido y noqueado. Tirion, sorprendido por el giro que acababan de dar los acontecimientos, reveló a Darion que los planes del Rey Exánime habían sido desde el principio hacerlo salir de su escondite para atraerlo hacia aquí y acabar con él. El papel de los caballeros de la muerte se reducía a meros instrumentos para cumplir sus planes y poco importaban el honor y la gloria cuando el rol que tenían era el de cebo para la carnaza. Lord Maxwell Tyrosus llamó entonces a los pocos defensores de la luz que quedaban para cargar en un último intento pero fueron repelidos y aturdidos de la misma manera que Darion.

La victoria del Rey Exánime parecía inevitable, mientras realizaba el hechizo con el que pensaba acabar con Tirion, Darion recuperó la consciencia y le lanzó la Ashbringer Corrupta justo en el momento en que la energía se disponía a golpear su objetivo. El choque entre la espada y el hechizo del Rey Exánime provocó la purificación de la Ashbringer que volvió a su estado original y Tirion fue imbuido con el gran poder que albergaba. Temeroso de que esto pudiera darle alguna oportunidad a su enemigo, el Rey Exánime decidió desaparecer, no sin antes prometerle a Tirion que la próxima vez que se encontraran no sería sobre suelo sagrado.

Ese día, dos de los mayores enemigos del Rey Exánime unieron sus fuerzas para luchar contra él. Tirion Fordring fundó la Cruzada Argenta y Darion Mograine puso a disposición de la Alianza y de la Horda a sus Caballeros de la Espada de Ébano.

Las puertas de Angrathar

Ya en el continente helado, miembros de la Horda y la Alianza lucharon en el asedio a Angrathar, una de las entradas a Icecrown, el lugar donde se encuentra el Glaciar donde el Rey Exánime tiene su guarida. Enfrente de la Puerta de Cólera, ambas facciones formaron una alianza temporal y se centraron en atacar al Azote con la ayuda aérea de los dragones del Reposo del Dragón. Los ejércitos, liderados por Bolvar Fordragon y Saurfang el Joven, consiguieron que el mismo Rey Exánime saliera a luchar en lugar de mandar a sus esbirros. Nada más comenzar el enfrentamiento, Arthas se deshizo con pasmosa facilidad de Saurfang y justo antes de encararse con Bolvar, un ataque proveniente de las colinas liderado por el Gran Apotecario Putress, líder de la Sociedad Real de Boticarios y creador de la Nueva Plaga, los sorprendió provocando la retirada del Rey Exánime. Esta intervención de Putress supuso una traición a la Horda ya que el ataque iba encaminado al Azote y a los vivos. Los barriles del veneno ideado por los boticarios acabaron indiscriminadamente con la mayor parte de los ejércitos que estaban atacando Angrathar y crearon un clima de tensión entre los líderes de ambas facciones que se acusaron mutuamente de provocarlo. Tras siete años del pacto de no agresión, este conflicto interno acabó en la Batalla por Undercity. La caída del Rey Exánime Editar sección La caída del Rey ExánimeEditar sección

Tras el Torneo Argenta, que finalizó con la muerte de Anub'arak, la Cruzada Argenta, liderada por Tirion Fordring, formó una alianza con los Caballeros de la Espada de Ébano dirigidos por Darion Mograine. Del selecto grupo de los mejores hombres de ambas facciones nació el Veredicto Cinéreo con el único propósito de asaltar la ciudadela helada donde se encontraba el Rey Exánime y derrotarlo.

Tras un discurso al que siguió la apertura de la cámara privada del Rey Exánime, Jaina Proudmoore liderando a los aventureros de la Alianza y Sylvanas Windrunner haciendo lo propio con los de la Horda, penetraron en el interior de las Salas Gélidas. Mientras que Jaina esperaba encontrar algo del Arthas que conoció antes de transformarse en el Rey Exánime, Sylvanas planeaba aplastar sus defensas y mientras Arthas estaba ocupado con los miembros del Veredicto Cinéreo, llegar a él y reclamar su venganza.

Una vez dentro de la estructura, descubrieron que el Rey Exánime había dejado a Frostmourne en el interior de las Salas de la Reflexión. Tanto Jaina como Sylvanas intentaron comunicarse con los espíritus de la espada para tratar de encontrar alguna debilidad de su portador. El espíritu de Uther the Lightbringer apareció para advertirles que el Rey Exánime podía ver todo aquello que Frostmourne ve. Uther les adviertió también que Arthas no es sino un recoveco dentro de la mente del Rey Exánime que debe ser destruido eliminando a su portador en el mismo sitio en el que tomó posesión de su destino: en lo más alto del Trono de Hielo. Finalmente desveló un dato importante: cuando el Rey Exánime sea derrotado, alguien debe tomar su lugar. De lo contrario, el Azote sin la presencia de un líder destruiría Azeroth.

Es entonces cuando el Arthas se presentó en la sala haciendo desaparecer la imagen de Uther de vuelta a Frostmourne. Tras llamar a sus leales capitanes Falric & Marwyn para que se encargaran de los visitantes, abandonó la cámara seguido de Sylvanas y Jaina. Una vez que los aventureros derrotaron a sus dos esbirros, sus respectivos líderes incapaces de herir al Rey Exánime dieron la orden de retirada, escapando a bordo de sus respectivas naves voladoras: el Skybreaker y el Orgrim's Hammer. A Rey muerto, Rey puesto Editar sección A Rey muerto, Rey puestoEditar sección Arthas es derrotado pero no así el Rey Exánime

Los campeones del Torneo Argenta, liderados por Tirion Fordring, irrumpieron en la ciudadela de hielo y derrotaron a sus más poderosos sirvientes. En lo alto del pináculo, el Rey Exánime había atrapado a Tirion en un bloque de hielo, obligándolo a ver como sus campeones luchaban contra sus esbirros. Arthas le confesó que su intención había sido esta desde el principio, atraer a los más grandes campeones de Azeroth para matarlos y levantarlos a su servicio para que lideren su ejército como maestros del Azote. Todos los obstáculos anteriores habían sido solo una prueba. Ahora, los campeones que luchaban eran "los luchadores más grandes que el mundo nunca haya conocido", por lo que con un gesto de satisfacción, El Rey Exánime invocó un conjuro que los mató a todos. Cuando empezó el ritual para levantar a los muertos en combate, Tirion invocó el poder de la Luz y consiguió liberarse de su prisión, destrozando a Frostmourne con su propia espada, Ashbringer. Los espíritus que estaban atrapados en el interior de la hoja rúnica, incluidos los del Rey Terenas Menethil II, atacaron a su antiguo carcelero, suspendiéndolo en el aire durante un instante y resucitando a los campeones de Tirion, dejándolos listos para enfrentarse y derrotar al Rey Exánime. Tras una cruenta batalla, Arthas cayó y el espíritu de su padre, el Rey Terenas lo acogió en sus manos hasta verle dar el último suspiro. Tras esto se dirigió a Tirion al que le recordó las palabras de Uther en las Salas de la Reflexión: debe haber siempre un Rey Exánime para controlar al Azote o de lo contrario, Azeroth caería bajo la locura de su ejército de espectros. Tirion asió el casco del Rey Exánime con la intención de coronarse como nuevo señor del Azote cuando la voz de Bolvar Fordragon lo detuvo. El paladín se encontraba en un estado lamentable, sentado sobre el Trono de Hielo, su cuerpo había sufrido la quemadura de los dragones y la tortura de Arthas. Bolvar reconoció que ya no pertenecía al mundo de los vivos y que como acto final de servicio, se convertiría en el carcelero de los malditos, manteniendo a raya al Azote con el control mental que otorga el cargo de Rey Exánime. Tirion colocó la corona sobre la cabeza de Bolvar y el hielo del Trono de Hielo comenzó a recomponerse, atrapando en su interior el cuerpo del paladín mientras se iba transformando en un nuevo ente. Una vez acabada su conversión, advirtió a Tirion que se marchara para nunca regresar, mientras le recordaba que dijera a todos que tanto él como Bolvar habían muerto.

Fuentes