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San Timoteo

San Timoteo
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Santo
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Religión o MitologíaCatolicismo
Venerado enIglesia Católica

San Timoteo Santo y mártir cristiano que, según la tradición, ocupó la sede episcopal de Éfeso y fue el discípulo predilecto de San Pablo, quien le dirigió dos epístolas. Es el patrono de los malestares estomacales. Su nombre significa: "Tengo un gran respeto a Dios."

Síntesis

Nació en Listra, Licaonie (Asia Menor), de padre griego y madre judía. Se sabe de él gracias a las tres epístolas del apóstol San Pablo. Desde muy temprana edad fue instruido en las Sagradas Escrituras. Se cree que su madre Eunice, su abuela Lois y él mismo abrazaron el cristianismo y se hicieron bautizar durante la primera visita de San Pablo a Listra.

Vida de San Timoteo

En 1885 el arqueólogo Sterret descubrió unas viejas ruinas romanas junto al actual pueblecito turco de Katyn Serai. Estas se reducían a una piedra impulimentada de altar pagano con una inscripción dedicada a Augusto por los decuriones de la colonia romana. Esto es todo lo que se conserva del antiguo pueblecito de Listra, encuadrado en la provincia de Licaonia.

Capital de la provincia fue Iconio, hoy Conia. Desde aquí huían apresuradamente, en los primeros meses del año 48, Pablo y Bernabé, alegres por haber sido hallados dignos de padecer persecución por el nombre de Jesús.

En su fuga a campo traviesa recorrieron unos cuarenta kilómetros al sur, consiguiendo alcanzar las primeras casas de Listra. Quizá allí no hubiera sinagoga, pero ciertamente no faltaba una familia judía, donde pudieran alojarse los fugitivos.

De esta familia han llegado hasta nosotros los nombres de tres generaciones: Loide, su hija Eunice y el hijo de ésta, Timoteo.

De Eunice sabemos que estuvo casada con un pagano (Act. 16,1). A pesar de su ascendencia paterna pagana. Timoteo podría ser considerado como judío. Y aunque no había sido circuncidado, según la costumbre judía, al octavo día de haber nacido, recibió desde pequeño una sólida y jugosa formación religiosa de labios de su madre y de su abuela.

El mismo Pablo se lo recordará más tarde: "Quiero evocar el recuerdo de la limpia fe que hay en ti, fe que, primero, residió en el corazón de tu abuela Loide y de tu madre Eunice y que estoy seguro que también reside en ti... Ya sabes qué maestros has tenido y cómo desde tus más tiernos años conoces las Sagradas Escrituras" (1 Tim. 1,5; 3,14).

Una buena temporada se pasaron los dos apóstoles en Listra, en el seno de aquella buena familia. Como es lógico, los primeros beneficiarios de la predicación evangélica fueron los que tan generosamente les habían ofrecido hospitalidad.

Discípulo muy amado de san Pablo

Según los Hechos de los Apóstoles, san Pablo conoció a Timoteo durante su estancia en Listra. Allí se hospedó en casa de su familia, de la que guardó siempre un excelente recuerdo, a juzgar por lo que dejó escrito en una de las dos epístolas que envió a su amado discípulo. Por las epístolas sabemos que la abuela de Timoteo se llamaba Loida, y la madre Eunice; y que el propio san Pablo consideraba a Timoteo como un "hijo amado", denominación con la que también se refiere a él cuando lo cita en su primera Epístola a los Corintios. Dichas cartas nos revelan, además, otros datos acerca de Timoteo, como que era bastante joven cuando conoció a san Pablo y que padecía dolencias estomacales. También sabemos por los Hechos de los Apóstoles cómo san Pablo entró en contacto con Timoteo y su familia. Al parecer, el Apóstol había llegado a Listra acompañado de san Bernabé, y había curado a un tullido bendiciéndole en el nombre de Cristo. Las gentes de la ciudad, maravilladas por este milagro y por la maestría con que ambos apóstoles predicaban, creyeron que ambos eran dioses disfrazados de hombres, y corrieron en busca de los sacerdotes del Templo de Júpiter, rogándoles que sacrificasen un toro en honor de aquellas dos deidades que se habían dignado visitarlos. San Pablo les sacó de su engaño rasgándose las vestiduras para que vieran que eran hombres de carne y hueso, como el resto de los mortales. El vulgo, entonces, se consideró burlado y apedreó a san Pablo y a san Bernabé hasta dejarlos prácticamente moribundos. Pero la familia de Timoteo recogió a ambos predicadores y les proporcionó los cuidados necesarios para que se recobrasen. Siempre según los Hechos de los Apóstoles, san Pablo le impuso las manos y le exhortó a que fuera por el mundo predicando la palabra de Dios. Fue así como Timoteo acompañó al Apóstol en su segundo y tercer recorridos misioneros. Más tarde debió de seguirle también en su marcha a Roma, pues en las cartas que San Pablo escribió cuando se hallaba preso en Roma, el Apóstol de Tarso afirma que Timoteo se halla también en presidio junto a él. Por los datos que brinda el historiador Eusebio (270-338), fue el propio san Pablo quien nombró a Timoteo obispo de Éfeso. Un historiador posterior, san Juan Crisóstomo (350-407), afirma que Timoteo llegó a ser el presidente de todos los obispos de aquella región. Por estas fuentes sabemos también que, hacia el año 96, siendo emperador de Roma Domiciano (51-96), Timoteo se empecinó en impedir la celebración de una festividad que, a ojos suyos, era un torbellino de placer y corrupción. El vulgo arremetió contra él con piedras y palos, y fue golpeado con saña hasta morir martirizado.


Fuentes