Arquitectura colonial cubana

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Arquitectura colonial cubana
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Concepto:Por arquitectura colonial cubana se entiende toda la construcción levantada en Cuba durante la época de la colonización y dominio españoles. O sea, desde los siglos XVI hasta finales del XIX.

Arquitectura colonial en Cuba. La posición geográfica de Cuba y las características de sus grandes bahías de bolsa, influyeron decisivamente en el carácter del cubano y su respuesta a la arquitectura y el urbanismo.

Contenido

Un poco de historia

Antes de la llegada de los colonizadores a Cuba, la experiencia constructiva de la mano de obra indígena se reducía al uso de materiales de origen vegetal poco más o menos en estado natural, como por ejemplo las cubiertas de guano, como popularmente se llama a las hojas de palma, destacándose entre ellas la Palma Real que aparece en el escudo nacional cubano. Evidentemente no es el primer estilo iberoamericano, pero es el primero de la historia al que le se le insufla algo del ser americano, de la diversidad, de la mestizaje.

Llegada de los españoles

Con la llegada de los españoles, dos expediciones españolas recorrieron la Isla de Oriente a Occidente entre 1510 y 1515, y fundaron a su paso las villas de Asunción de Baracoa, San Salvador de Bayamo, Santa María del Puerto del Príncipe (Camagüey), Santiago de Cuba, Santísima Trinidad, Sancti Spíritus, San Cristóbal de La Habana, y casi inmediatamente, Santa Cruz de La Sabana (Remedios). Contando solo con las instrucciones dadas por la corona a los gobernadores, en estas villas se definía un espacio para una plaza, con la iglesia, el cabildo y las viviendas de las familias más representativas; el resto iba creciendo con calles estrechas y por lo general irregulares

Arte Mudéjar

En el siglo XVI llega el arte Mudéjar y evoluciona hasta el siglo XVII junto con la historia del nuevo mundo.

Este arte usaba como elementos técnicos muros de cargas reforzados con contrafuertes y pilastras, la fenestración queda resuelta a través de arcos de medio punto, ojival y de herradura o lobulado. Techos a dos aguas sostenidos por alfarjes muchas veces decorados, que apoyan sobre los muros y en este punto rematados por sardinetes. En Cuba se desarrolla más este tipo de solución de cubierta a dos aguas, pues facilita la recolección de las aguas pluviales en los aljibes interiores debido a la carencia de otras fuentes de abasto. Las técnicas constructivas se adaptan a los materiales de la región en cuestión, generalmente la piedra, el barro y la madera.

En Cuba el Mudéjar asume fachadas más abiertas que en España, balcones volados, cuartos esquineros, grandes portones y ventanas enmarcadas por jambas que inicialmente fueron pintadas en las paredes y posteriormente diseñadas a relieve y con molduras. Se superpone al arco ojival con el de herradura y se conjugan con los de medio punto que sostienen los corredores del patio interior. Se decoran los espacios con profusión de elementos de cerámica en paredes y pisos, las cenefas pasaron de ser pintadas a ser elaboradas con piezas de cerámica vitrificada, mientras que el patio interior se convierte en un oasis de frescura y espiritualidad conjugándose las flores y las plantas con las fuentes, el pozo con su decorado brocal y los bancos donde las señoras hacían tertulias.

Inicialmente se desarrolla el esquema funcional de vivienda de una sola planta con patio interior el que funge como pulmón de la edificación, permitiendo aliviar el rigor del clima. Posteriormente surge el entresuelo y la segunda planta, se mantiene el patio interior pero ahora rodeado de galerías en diferentes niveles. Estos rasgos más la presencia de ingenieros militares y maestros de obra en las construcciones en general, conforman la arquitectura colonial cubana que evoluciona hasta el siglo XIX, asimilando los estilos barroco y neoclásico y aún más, penetra los cimientos del eclecticismo y los estilos modernos del siglo XX.

Construcciones de este período

Entre las construcciones de este período se citan algunos ejemplos de arquitectura militar, doméstica, religiosa y civil.

  • 1558- 1577 Castillo de la Real Fuerza.
  • 1589-1630 Castillo de Los Tres Reyes del Morro.
  • 1590-1609 Castillo de San Salvador de la Punta.
  • 1674-1797 Construcción de la muralla de la ciudad.

Sistema defensivo

El sistema defensivo se completaría en el siglo XVIII con la construcción de la fortaleza de San Carlos de la Cabaña 1774 y los castillos de Ataré y el Príncipe, así como otras obras de menor envergadura. Las fortificaciones siguieron los dictados de las técnicas militares europeas del momento particularmente en La Habana, desde las medievales hasta las barrocas. Mientras, el modelo que sirvió para las construcciones religiosas y las viviendas urbanas, provenía del sur de España y parte de una tradición mudéjar evolucionada, de fuerte arraigo popular.

Iglesias y viviendas

En las iglesias, conventos y en numerosas viviendas predominarán las formas cúbicas, las cubiertas de tejas, el uso de la madera en techos, ventanas y balcones y el patio interior, sobre todo en las últimas con colgadizos o galerías. Estas villas y otras pocas, se caracterizarán entonces por las calles estrechas, las viviendas en su mayoría de una planta, con sus techos de tejas rojizas a dos o cuatro aguas, y se distinguen las iglesias por las torres o espadañas.

Estilo barroco

Ya en el siglo XVIII surge una arquitectura de definido estilo barroco, materializado en todos los programas arquitectónicos con notables exponentes militares, domésticos, civiles y religiosos. La arquitectura barroca colonial cubana significó como también para otras manifestaciones de las artes un amplio dominio de la forma, la exaltación del movimiento y la elaboración del ornamento, todo ello condicionado a las peculiaridades impuestas por los materiales y la mano de obra disponibles en aquella remota época.

El escenario en el cual se desarrollaría por excelencia el barroco colonial es la villa de San Cristóbal de La Habana, con sus estrechas calles de ciudad castellana por donde -además del vocerío, los pregones y el toque de campanas- corrían las brisas tropicales, consolidándose el esquematismo volumétrico y de planta, se crece en niveles y el soporte arquitectónico se cubre de una piel con elementos que permiten denominarla barroca. Todo un ejercicio superficial que realza determinadas áreas, contrastado por la violenta luz que es preciso tamizar en los interiores y atemperado por una no más que discreta mano de obra. Predomina el uso de la tradicional mampostería y de una piedra extraída de la plataforma insular, por lo tanto de origen marino, verdadero arrecife, lleno de fósiles y oquedades que hacen imposible su talla a escala reducida.

Aunque se prefiere la piedra y la mampostería para las construcciones más relevantes, también se emplea el ladrillo de muy buena factura en muros y aplantillado en molduras, bases, fustes, y capiteles de columnas. Surge el techo plano con cielo raso en los locales principales y aparece la correspondiente azotea con pretil animado con pilarotes, consolas y copas. El sistema constructivo se mantiene de viga y tabla de madera en los entrepisos, pero las vigas ahora son mejor proporcionadas y parejas. En los pavimentos se encuentra la losa de barro, la de mármol y la losa isleña de Canarias, reservada para el tránsito pesado de portales, cocheras, zaguanes, el patio y sus galerías en planta baja. En portales también se utiliza el canto rodado o china pelona.

El ardiente y húmedo clima, las propiedades de su piedra, la distancia de los centros emisores de arte y la baja calificación de los artesanos confluyen para dar al barroco cubano una expresión peculiar, alejada de los desbordamientos peninsulares. Un ejemplo de ello es la Catedral de La Habana. El patio interior, muy caro a las construcciones de la época, umbroso, fresco, lleno de surtidores y fuentes y rodeado de habitaciones, alcanza su máximo uso y esplendor.

Fuentes