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Arte prehistórico

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Arte prehistórico
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Concepto:Fenómeno artístico de alcance geográfico global y una amplitud temporal suficiente como para afectar a las épocas más diversas.
Arte prehistórico. Fenómeno artístico de alcance geográfico global y una amplitud temporal suficiente como para afectar a las épocas más diversas. El concepto es mucho más extenso que el fenómeno rupestre cuaternario, principalmente circunscrito a Europa occidental, y comprende además las manifestaciones del llamado arte paleolítico.

Surgimiento

Aunque cronológicamente, Europa debería ocupar el primer lugar, y a pesar de que muchas de las expresiones artísticas prehistóricas son relativamente recientes en algunas zonas del globo, donde han sobrevivido pueblos primitivos, la exposición se realizará siguiendo el orden alfabético. Aunque ello derive en un problema adicional: ¿es lícito comparar manifestaciones tan lejanas en el espacio y en el tiempo? En este sentido, la confrontación de equivalencias culturales, obviando los particularismos empíricos, permite obtener generalizaciones.

En base a ello, se puede apreciar que, en las artes plásticas y visuales de los pueblos primitivos, el realismo es algo excepcional, frente al simbolismo, la abstracción, la estilización y el esquematismo, que parecen una constante mundial.

Otra posible generalización es que casi todo el arte rupestre holoceno se desarrolla en el exterior, a lo sumo, en abrigos rocosos, desfiladeros y covachas poco profundas.

En tercer lugar, el megalitismo y la construcción de túmulos, en relación al culto a los muertos, o la necesidad de desarrollar una arquitectura defensiva, a menudo con construcciones ciclópeas (cuya motivación, excede, con mucho, a las necesidades militares), también son constantes del arte prehistórico mundial.

Por último, está el hecho de que, a pesar del innegable significado religioso del arte prehistórico, éste no sólo se asocia al mundo funerario o mitológico, sino que los temas abarcan todas las facetas de la vida social de los humanos (caza, guerra, trabajos, ceremonias, jerarquías, sexo, familia, incluso, diversión...) y, sobre todo, a medida que las sociedades humanas evolucionan, la glorificación del poder y de los poderosos.

Arte africano

Existen pueblos rurales en África que hasta la actualidad conservan antiguas tradiciones estilísticas de arte rupestre a pesar de la influencia de los patrones preestablecidos de Arte y belleza de las culturas occientales contemporáneas.

En ese sentido, han logrado salvaguardar dichos patrimonios culturales a pesar de la presión de los colonizadores extranjeros que trajeron consigo ideologías artísticas discriminantes entre las que tenemos, por ejemplo la tendencia iconoclasta islámica.

No obstante en este epígrafe nos centraremos en el arte prehistórico en sí, es decir, hasta la llegada de los europeos, en los Siglo XV y XVI, cuando los Yoruba, los Benin, los Sao y otras grandes culturas estaban en su apogeo, cortado de raíz debido al comienzo de la explotación colonial.

Arte africano en la edad de Piedra

Las primeras manifestaciones artísticas africanas son paleolíticas, pero muy escasas: por un lado tenemos la dudosa a Venus de Tan-Tan (Marruecos), y por otro los testimonios más firmes del África austral, como la la caverna de Blombos (República Sudafricana), con unos 70 000 años, donde hay bolas de ocre mineral (hematita) decoradas con incisiones paralelas, reticuladas y con motivos geométicos (algunas proceden de inhumaciones rituales).

Hace tiempo que se sabe que el ocre pudo sevir para pintar adornos corporales, sin embargo, es la primera vez que esta especie de lápices de pigmento conservan algún tipo de decoración intencionada. También datable en el Paleolítico es la plaqueta pintada con un zoomorfo no identificado datado en 25 000 años de antigüedad de la cueva de Apollo 11 (Namibia), donde, además, hay arte parietal muy poserior atribuido a los bosquimanos.

El resto del arte africano prehistórico conocido es mucho más tardío, seguramente posterior al Neolítico. Durante la Edad de Piedra distinguimos las siguientes regiones:

África del norte

Destaca, especialmente, el enorme conjunto de punturas rupestres de las montañas del centro-sur del Sáhara: Ahaggar, Tassili, Tibesti Fezzan..., que constituyen el más grande núcleo rupestre del mundo. Esta región, debió ser, en tiempos remotos, mucho más húmeda y rica en fauna, pues las representaciones son asombrosamente ricas en fauna salvaje (elefantes, jirafas, búfalos, hipopótamos) y doméstica (carneros, bueyes, camellos...).

Las escenas están llenas de vida y optimismo, hay familias, jóvenes zambulléndose, etc. Probablemente haya varias etapas, una primera fase con pueblos que conocían la ganadería y la agricultura de subsistencia, pero practicaban la caza del búfalo (IV milenio adC) una segunda de pastores de bueyes de largos cuernos en los que sus cuidadores portan grandes arcos (III milenio adC) y una tercera en la que ya se conocen animales de monta (caballos y camellos) que aparecen en pleno galope, así como el carro (II milenio adC).

Parte de esta cronología es coetánea del Antiguo Egipto y, de hecho, en algunas de las representaciones se demuestran contactos de los pueblos sahrianos con los egipcios.

África oriental

En África oriental, el propio Louis Leakey ha estudiado una serie de pinturas en diversos roquedos de la zona del lago Tanganika y del lago Victoria, donde se representan elefantes rinocerontes y búfalos. Son obras mal datadas y poco conocidas. También destacan, en Centroáfrica, el Refugio de Tulu y el Refugio de Kumbala, con personajes estilizados, unos en rojo y otros en blanco muy diferentes a los del Sáhara meridional.

África austral

Esta zona mantuvo una serie de tribus del grupo llamado San cuyo nivel estaba en plena edad de Piedra cuando llegaron los europeos. Los San convivían con los diversos grupos bantúes que, aunque, coetáneos, ya conocían los metales y, por tanto, se estudian en el siguiente epígrafe. Los San o Bosquimanos desarrollaron un rico arte rupestre en toda esta zona (destacando Namibia, Drakensberg y Transvaal), en numerosas grutas y covachas, cuya antigüedad máxima es discutida, pero podría situarse en el V milenio adC y que perduran hasta tiempos históricos muy recientes.

Su arte es estilizado y fresco, aunque no tan vivaz como el sahariano, y sus motivos son escenas rituales y animales del entorno, pero su policromía la más rica y brillante (sobre todo en las obras más tardías).

Arte africano antiguo

Curiosamente, a pesar de ser la cuna de la humaninad y de la riqueza étnica africana, los descubrimientos son mucho más escasos que en Europa o América debido a la dificultad de encontrar y acceder a los yacimientos, a los problemas socio-políticos y a que amplias zonas del continente han comenzado a ser exploradas sólo desde hace muy poco tiempo. Las noticias de grandes estados antiguos (de los que exceptuamos el Antiguo Egipto) son las que han guiado una serie de descubrimientos que, por otra parte, no dejan de ser aislados y fragmentarios:

  • Cultura de Nok: Es una cultura que se desarrolló en el norte de Nigeria entre el siglo V adC y el III de nuestra era. Eran conocedores de la metalurgia del hierro y, artísticamente, destacan por ser los iniciadores de la estatuaria africana, en este caso, de terracota. Las esculturas Nok son de una elaboración técnica y estilística muy madura, lo que hace sospechar que debió haber precedentes (por el momento desconocidos). Se trata de obras estilizadas, de una elaboración exquisita y con una iconografía basada en la figura humana. se igunora su función, pues has ta el momento los ejemplares mejor conocidos proceden de poblados estables (ej. Samun Dukiya y Taruga, junto al río Benué), pero sin duda fueron realizaciones religiosas. Las terracotas Nok se consideran antecedentes de las esculturas Yoruba y Benín.
  • Civilización del Sao: se dio en la orillas del lago Chad, concretamente en los valles de Logon y Chari; inmediatamente después de la desaparicón de los Nok, aunque su apogeo tiene lugar entre los Siglos IX y XVI. Casi todo el arte Sao es funerario, concretamente se trata de vasijas y copas decoradas con representaciones antropomorfas y zoomorfas; pero también se conservan brazaletes, colgantes y pectorales fundidos en bronce por la técnica del moldeo a la cera perdida.

Cabe destacar la simplicidad de su arquitectura, que ha llegado hasta nuestros días: se trata de chozas y graneros de planta circular y alzado en cúpula ojival, realizadas en tapial y adobe y con la supeficie exterior curiosamente decorada con resaltes de diversas formas, los más comunes, son en uve invertida (musgus) o en forma de anillos (massas), que no sólo mejoran la estética de la construcción, sino que sirven par trepar por estos salientes y reparar los deterioros fácilmente.

  • Civilización Munhumutapa: Se trata de un reino que floreció en el actual estado de Zimbabwe entre los siglos XI y XV, de una etnia zulú llamada shona cuya capital fue llamada Gran Zimbabwe, probablemente la ciudad en ruinas más grande de toda África negra y que debió tener 18 000 habitantes en sus mejores tiempos; pero vinculadas a ella hay centenares de poblados a orillas de los ríos Zambeze, Limpopo y, en general, por todo el país.

Su arte se caracteriza, especialmente, por una arquitectura monumental de granito, generalmente defensiva, pero también se conocen objetos de oro, muebles y cerámicas. Entre los restos se hallaron fragmentos de porcelana china de la dinastía Song que sugiere el alto grado comercial de los munhumutapa, quizá basada en el control de yacimientos auríferos.

  • País Yoruba: Los Yoruba son un pueblo del sur de Nigeria que en en torno a los siglos IX y XII constituyeron un importante reino, cuyo centro religioso era el santuario de Ifé (o Ilé-Ifé), donde el sumo sacerdote u Oni gobernaba una amplia federación de ciudades estado. Ifé acumuló numerosas riquezas y propició el desarrollo de una escultura cortesana técnicamente muy avanzada de prodigiosa calidad, a la par que majestuosa, y equilibrada.

Predominan las cabezas de bronce o terracota, de un estilo sorprendentemente realista, que muchos han asociado a los ideales clásicos europeos (lo qua ha suscitado no pocas controversias), a pesar de sus innegables rasgos africanos. También existen cabezas talladas en Esié, otro santuario, pero su estilo es mucho más tosco. Esta dicotomía se explica por la existencia de un arte oficial, al servicio del reino, capaz de alcanzar altas cotas de perfección, frente a artistas no cortesanos, más libres pero ligados a los mmodelos ancestrales de religión animista de las tribus.

  • Reino de Benín: en el Siglo XIII surgió en el actual estado de Benín un antiguo reino de etnia adja cuyo máximo apogeo tuvo lugar en el Siglo XVI y que, a menudo, fue conocido por los europeos como Dahomey. La principal preocupación de los adja era organizarse para evitar los ataques de los traficantes de esclavos, fundaron importantes ciudades como Abomey, Agdanlin y Ajatche, se centralizaron, formaron un ejército profesional y nombraron un monarca, el Oba.

Ellos mismos acabaron convirtiéndose en traficantes de esclavos, con lo que el Oba obtuvo importantes beneficios; hasta que se convirtieron en vasallos de los Yoruba, primero y, después fueron conquistados por los ingleses (1897).

En su dilatada existencia, los Benín han dejado varios millares de esculturas monumentales de bronce (cabezas de reyes y reinas, gallos, leopardos), así como relieves ornamentales que sin duda engalanaron sus monumentos. Además, se conocen elementos de arte mueble: brazaletes, espadas, máscaras, marfiles tallados, etc. Las primeras esculturas tienen claras influencias yoruba, de quienes pueden haber aprendido el moldeo a la cera perdida.

La máxima eclosión de su arte se produce entre los siglos XV y XVII, momento en el que se aprecia una poderosa influencia europea, sobre todo portuguesa. La decadencia comienza en el siglo XVIII, los benín pierden recursos y se ven obligados a construir obras de madera forradas de latón, y un estilo más estereotipado y de escasa originalidad lo que indica un claro deterioro cultural.

El arte primitivo africano continúa desarrollándose en la actualidad, siendo sus centros más activos el África occidental (Dogones, Ashanti, Yorubas, Ibos...) y el África central (Bamikeles, Fangs, Bakubas, Balubas, Bambaras...).

Arte americano

Arte americano preclásico

América tiene una de las etapas prehistóricas más cortas, intensas y ricas del mundo, de este artículo se han excluido las civilizaciones preclásicas y clásicas precolombinas, centrándonos en el periodo que va desde la aparición de las primeras obras artísticas conocidas, a las manifestaciones de los horizontes tempranos o formativos, es decir, el comienzo del período preclásico mesoamericano (es decir, salvo para el caso de los amerindios de Oasisamérica y el resto de Norteamérica, trataremos periodos anteriores a nuestra era).

Los testimonios más antiguos del arte americano

Uno de los testimonio más antiguo que se ha localizado en América está en la Pedra Furada, en Brasil, donde, junto a manifestaciones artísticas mucho más recientes se localizó un hogar datado por Carbono-14 en 17 000 ± 400 de antigüedad junto al que había algunos trazos rojos paralelos que incuestionablemente eran una creación artística muy esquemática, pero intencional.

De hecho, todo parece indicar que las primeras obras de arte americanas tienen ese carácter esquemático no figurativo, extremadamente sencillo. Así ocurre en la cueva de Clovis (Nuevo México) donde se exhumaron placas de arenisca con incisiones de diferentes motivos geométricos datables en el final del Pleistoceno.

Un caso especial es el que ofrecen los yacimientos patagónicos del valle de Río Pinturas, en Argentina. Allí se han localizado dos importantes comlejos rupestres de amplia duración cronológica, siendo las fechas más antiguas obtenidas del octavo milenio adC, sin embargo, hay niveles arqueológicos mucho más antiguos (de hasta 14 000 años de antigüedad) en los que se han encontrado pigmentos naturales (óxidos de hierro, cristales de yeso, etc) que habían sido mezclados con otras sustancias, es decir, habían sido manipulados por el ser humano. con el fin de conseguir adherencia a la roca.

Estas mezclas, al ser analizadas por el método de la difracción por rayos X, resultaron ser idénticas a las pinturas más antiguas localizadas en la Cueva de las Manos lo que induce a pensar que algunas de ellas podrían ser extremadamente antiguas, es decir, delfinal del Pleistoceno (más de 13 000 años de antigüedad según el Carbono 14. Sin embargo no hay pruebas directas que relacionen los pigmentos hallados en las excavaciones con las pinturas ni se sabe cuáles serían sus motivos o su aspecto.

No obstante, las estaciones patagónicas del Complejo Arqueológico Alto Río Pinturas (en especial la mencionada Cueva de las manos y el Cerro de los Indios), merecen cierto detenimiento. Sus principales investigadores Grandin y Aschero, creen posible establecer tres etapas en este gran cojunto rupestre: la primera y más antiguo, datado entre el 7 700 adC y 5 500 adC, se componene de manos y escenas de gran dinamismo con antropomorfos estilizados cazando huanacos.

La segunda, datado entre 5 500 adC y 1400 adC, es un conjunto menos dinámico, pero más colorido, el tema principal siguen siendo las manos, pero también hay numerosos zoomorfos estilizados de colores muy variados (blanco, rojo oscuro, violeta, ocre...). la tercera fase va desde el 1400 adC al año 1000 de nuestra era, es la más pobre, la estilización ha sido sustituida por la esquematización y a las manos se le han sumado diversos motivos geométricos.

Como se ha señalado antes, quedaría una fase, anterior a todas las demás, deducida sólo por inferencias, de la que se desconoce casi todo excepto su gran antigüedad y sólo pueden ser consideradas como una hipótesis de trabajo, hasta que se verifique su existencia.

Paralelamente al desarrollo de las pinturas patagónicas, el arte rupestre se extiende por toda Sudamérica, siendo importantes ejemplos las pinturas de Cueva de Toquepala (en la que se han obtenido fechas de 7630 adC), Lauricocha y Chaclarragla (Perú) con representaciones de gran tamaño, al igual de las de la fase esquemática de de Pedra Furada y Ferraz Egreja (Brasil); también Mont du Mahuri y Kourou (Guyana), entre otras más, todas ellas fechadas en el Holoceno.

Respecto a Norteamérica, existe un importante complejo rupestre en la Baja California, la cueva más importante es la de San Borjita, con representaciones humanas y animales de tipo esquemático. Otras cuevas del mismo área son la Cueva Pintada del Cañón de Santa teresa, La Cueva de los Venados y la Cueva de la Cañada de la Soledad. Respecto a cuevas con las manos como tema principal, éstas no se reducen a la Patagonia, de hecho están por toda América, por ejemplo, la gruta de Mojocoya (Bolivia), Corinto (El salvador) o Finger Print Cave en Texas (Estados Unidos)

América del Norte hasta el periodo formativo

Al mismo tiempo que se pintaba la segunda fase de manos en Río Pinturas, se desarrollaban, en zonas más avanzadas de América (los Andes, Mesoamérica, Oasisamérica, el valle de los ríos Ohio-río Misisipi, en la Columbia Británica y en territorio esquimal...), grandes civilizaciones agro-alfareras que precederán la las civilizaciones clásicas precolombinas.

La variedad artística es extraordinaria, y sólo se puede unificar en base a su adaptación al entorno, la gran inventiva y la variedad de formas de expresión. Desde las casas portátiles de madera del noroeste de Norteamérica, hasta las viviendas de barro en el cañón del Chaco, las molas panameñas, las cetas hopi o las máscaras de plumas amazónicas (sin contar con las formas rupestres), existe tal variedad que en este artículo sólo podemos dar una visión general.

En Norteamérica coexistieron una serie de pueblos nómadas con tradiciones tribales muy primitivas y que, aunque conocían ciertos avances, vivían en condiciones similares a las de la Edad de piedra, junto a otros que desarrollaron culturas muy avanzadas en las que, aunque no llegaron a existir estados al estilo de los de la época cláscia (Mayas, Aztecas...), tenían una organización fuertemente estructurada. Éstos últimos siguen, básicamente, tres tradiciones:

Hohokam y Mogollón

Ambos son indios de la tradición Cochise: los Mogollón y los Hohokam. La tradición Cochise recibe el nombre de un lago epónimo (conocido actualmente como Willcox Playa); se dio en Arizona y Nuevo México y es la antecesora de la Cultura Mogollón. Este pueblo habitaba la sierra, así llamada, de Nuevo México, unos 200 años antes de nuestra era, sus componentes eran agricultores sedentarios y se les considera los primeros alfareros del Oeste americano.

Al ser una cultura longeva, fueron perfeccionando su técnica cerámica, hasta alcanzar una finura exquisita, con una decoración entre naturalista y estilizada, llena de movimiento (casi totdas las piezas conocidas aparecieron en tumbas y, por lo visto, eran inutilizadas en la inhumación). Además de la cerámica, en algunas tumbas aparecieron collares de concha, pulseras y cascabeles de hueso.

Quizá también herederos de la cultura Cochise fueron los Hohokam de Arizona, destacan por sus elaborados sistemas de irrigación (que no trataremos aquí, por no ser el tema del artículo). Los Hohokam, además de una extraordinaria cerámica ricamente decorada en rojo y marrón, elaboraron toscas figurillas antropomorfas y espejos de pizarra pulida adornados con mosaicos de pirita.

Otra forma sorprendente de expresión artística de los Hohokam era el grabado de conchas con ácido de saguaro, creando dibujos a base de proteger la concha con una película de resinas naturales. Tanto los Mogollón, como los Hohokam parecen haber tenido fuertes lazos con Mesoamérica en sus fases más avanzadas, mil años después del comienzo de nuestra era, pues han sido halladas canchas para el famoso juego de pelota.

Anasazi

Los indios Pueblo primitivos, conocidos genéricamente como Anasazi y cuya evolución se suele denominar Clasificación Pecos. En dicha clasificación se establecen nueve fases, entre las que las tres más antiguas corresponden a los llamados Pueblos cesteros (Basketmakers), que, en general, abarcan desde el Siglo XIII adC, hasta el Siglo VIII CE.

Como es presumible, estos pueblos deben su nombre a la maestría con que confeccionaban cestos, con decoreación geométrica, y otros objetos de mimbre, fibras de yuca e, incluso, pelo humano. Los Pueblos cesteros marcan el paso de una economía cazadora-recolectora a otra claramente agroalfarera, con una tosca cerámica y sin ganadería (si exceptuamos a los perros).

Se conservan grandes necrópolis en las que los cadáveres iban acompañados de ricos ajuares, los cuales son una fuente inestimable para el conocimieto de este pueblo.

Las Siguientes cuatro fases son las propiamente dedicadas a los Indios Puebloo, más adecuadamente Anasazi, habiéndo una última fase cosiderada ya histórica. La característica más llamativa de los anasazi es su arquitectura y, en concreto sus poblados, que surgen en su periodo de apogeo (entre el año 800 y el año 1000). Destacamos dos de ellos porque muestran dos morfologías diferentes:

  • Mesa Verde (Colorado): es un conjunto impresionante de poblacies (destacando Cliff Palace), construidas en la pared de acantilados (Mesas o cliff-dwellings, en la terminología local), de más de 30 metros de altura, con forma arco. Los más de doscientos habitáculos semitrogloditas sólo son accesibles desde arriba, a través de senderos tortuosos y pudieron alojar cientos de habitantes.

Las construcciones se cerraban con paredes de adobe o mampostería y ante su terraza se encontraban las salas circulares que utilizaban como santuarios, las kivas o pozos ciurculares que en su momento estivieron techados. Según se sabe por tradiciones posteriores, los Taos de Nuevo México (uno de los pueblos que descienden de los Anasazi) cuentan que el dios credor Itaiku enseñó a los hombres el modelo con el que construir sus aldeas.

  • Pueblo Bonito (cañón del Chaco en Nuevo México. En el Cañon del Chaco se han documentado, por el momento, más de una docena de poblados anasazi de este tipo; de hecho todo el valle es un Monumento Nacional de los Estados Unidos. Es un tipo de poblado diferente, no está en la pared del acantilado, sino en su base. Construido en adobe, con forma de media luna amurallada, tiene varias plantas superpuestas, escalonadas, sin calles ni callejones y con un doble patio central.

Las terrazas semicirculares le dan una característica forma de anfiteatro. A las viviendas, semihundidas, se accedía dese arriba, desde una terraza común donde se realizaban la mayor parte de las activididades citidianas y sociales. Repatidas entre las viviendas aparecen, también, las kivas (más de 50), similares a las de Meda Verde: circulares, con acceso desde lo alto (aunque han perdido la techumbre): eran lugares de reunión social o ceremonial.

Hay, por supuesto, muhos más yacimientos importantes, como la necrópolis del pueblo de Pecos, Santa Fe (Nuevo México), con más de dos mil inhumaciones; los petroglifos y pinturas rupestres de Utah; las cerámicas primorosamente decoradas, las flautas de hueso, las pipas de piedra, los collares, pendientes y brazaletes de hueso, coral, azabache o turquesa.

Los constructores de Montículos

La construcción de montículos en la Prehistoria reciente es un fenómeno que se da en todos los estados del este y del sureste de los Estados Unidos, aunque las mayores condentraciones se dan en Ohio (donde se han localizado más de 10 000). Son de muy diversos tamaños y formas, y no pertenecen a una cultura en concreto, sino que fueron construidos por diferentes pueblos y distintas funciones.

Algunos tuvieron fines funerarios, otros eran defensivos y los hay que son la base de centros ceremoniales. Los más antiguos son del segundo milenio antes de nuestra era y estaban hechos de barro y conchas; la fecha más lejana la posee el llamado Poverty Point (Luisiana), que data del 1500 adC; por el contrario, los montículos más tardíos dejaron de levantarse con la llegada de los europeos, en el Siglo XVI, casi todos pertenecientes a la cultura de Misisipi.

Éste es uno de los tres pueblos más importantes, que se suceden casi sin rupturas:

  • La Cultura Adena: se da en el valle del río Ohio entre el 1000 adC y el 200 adC. Los adena construían montículos funerarios, es decír, túmulos. En ellos, los restos eran depositados en pequeñas cámaras mortuorias de madera, después de haber dejado los cadáveres a merced de los buitres (es lo que suele conocerse como enterramiento secundario y se da en numerosas culturas); el ajuar lo componían figurillas de animales y otros objetos.

También levantaron lo que se conoce como montículos-efigie , es decir, con formas concretas. El más famoso es el Montículo de la Serpiente, cuya forma sinuosa de más de 300 metros de longitud, comienza en una espiral y termina con la cabeza en la que parece que hubo un altar.

  • La cultura Hopewell (200 adC-500 adC) es sucesora directa de Adena, por lo que se parecen bastantes, aunque sus montículos son mayores y su cultura material más avanzada y rica. Construyen enormes túmulos funerarios y montículos-efigie con forma de aves, osos, hombres, etc.

Entre los objetos hallados en las inhumaciones destacan las piezas de mica. las de obsidiana, los colmillos de oso y los objetos de cobre martilleado y repujado. También tienen una rica cerámica y figurillas de barro.

  • La cultura de Misisipi: Se dio entre el año 500 y el 1500 en un extensísimo territorio del sureste que abarcaba desde Tennessee hasta Oklahoma, aunque su periodo de máximo esplendor se dio en el Siglo XIII, a veces se conoce también como cultura de los Indios Natchez. Su centro neurálgico era la ciudad de Sitio Histórico Estatal de los Túmulos de Cahokia (San Luis Este,Illinois), que, en sí misma era una enorme elevación que albergaba a más de 30 000 personas.

Estaba fuertemente protegida y en su interior había numerosos montículos llamados monks. se trataba, posiblemente, de lugares de culto, con la cima plana, donde se levantó, en su momento, algún templo. Uno de esos monks era de enormes dimensiones (300 metros de largo por 30 metros de alto) y tuvo varios templos en la cúspide de su terraza, algunos de gran tamaño.

Se supone que Cahokia tenía una compleja jerarquización social, con un jefe tribal y una poderosa casta de sacerdotes (también había jefes militares, guerreros y, más abajo el pueblo llano). Una de las tumbas hallada parece ser que pertenecía a un gran sacerdote (llamado hombre-pájaro), pues descanzaba sobre un lecho de millares de perlas y otros objetos típicos de los cahokia, como discos y cruces solares grabados sobre conchas y piedras.

El arte monumental de los indios del noroeste

En la franja litoral del pacífico norteamericano sobrevivieron una serie de tribus que, hasta el Siglo XIX, vivían de los recursos marinos y que, aunque no llegaron a constituir una cultura de mayor complejidad que la tribal; gracias a la abundancia que proporcionaba su economía pudieron desarrollar sus concidas ceremonias llamadas potlatch y un arte de envergadura considerable. Éste se basaba, fundamentalmente, en la madera policromada aplicada tanto a los postes totémicos, como a la decoración de las viviendas comunales y ceremoniales.

Dado que estos pueblos eran seminómadas, algunas de estas viviendas estaban diseñadas para ser desmontadas y transportadas, a pesar de su complejidad. En los postes totémicos, además de dejar constancia de la estirpe tribal (generalmente relacionada con el mundo animal), se hacía gala de una plástica colorista y expresionista de enorme originalidad al combinar y disociar sus elemenos del poste de un modo cuasi orgánico.

Actualmente quedan en Norteamérica «bolsas» de cultura indígena tan ricas y numerosas como escasos son sus miembros. Pero, aunque conservan gran parte de las tradiciones de sus antepasados, en ellos es imposible no ver el peso creciente de la influencia occidental. Esto no resta valor a sus manifestaciones artísticas, aunque tras siglos de europeización sean algo sincréticas o mestizas. Sin embargo, estos pueblos deben ser estudiados en un epígrafe adecuado a los pueblos primitivos actuales, no a los pueblos prehistóricos.

Iberoamérica hasta el periodo formativo

Del período en el que ya se conocía la cerámica, la agricultura y la ganadería, tenemos muy pocos datos sobre el origen de la primera gran cultura clásica mesoamericana, los Olmecas, no existe ninguna cultura previa equiparable, aunque se sospecha que un largo periodo de abundancia pudo dar lugar al nacimiento de esta civilización.

Los precedentes más próximos estarían en la pirámide de adobe de Cuicuilco, en la bahía de Matanchén, en la cultura Capacha, en ciertos yacimientos de la Huasteca veracruzana y en las primeras fases de Tlapacoya.

Un poco más al sur, en el istmo de Panamá y en Colombia parecen aberse desarrollado importantes culturas antecesoras de los Chibchas, especialmente la cultura San Agustín, y la Valdivia (cultura precolombina) en Ecuador. Aunque la primera ciudad digna de llamarse así en sudamérica es el gran santuario de Caral (Perú), habitada en un período que comprende los 3400 adC y 1600 adC, es decir, antes, incluso del conocimiento de la cerámica andina.

Este gran centro ceremonial demuestra importantes conocimientos arquitectónicos, siendo los edificios más importantes las 32 estructuras piramidales, numerosos espacios abiertos para grandes reuniones (llamados anfiteatros) y varios templos con su característica planta en «U», entre los que destaca el llamado «Altar del Fuego Sagrado».

Se supone que el Caral sería el centro de una cultura homogénea, quizá un auténtico estado centralizado, basado en la cohesión religiosa, pues se han encontrado, en su área de influencia, otros centros cultuales secundarios, pero del mismo tipo (Chupacigarro, Miraya y Lurihuasi. Caral, Miraya y Lurihuasi), por lo que podría hblarse de la Cultura de Caral-Supe, nacida en el «Periodo Precerámico Tardío».

A partir del 1500 adC daría comienzo el «Periodo Cerámico Inicial» en el que a las formas cerámicas hay que añadir las primerar representaciones del dios felino, o Dios-Jaguar, que se convertirá en una constante de las culturas prehistóricas andinas. De este modo, en el segundo milenio ya han surgido algunas características propias de la idiosincrasia andina, las grandes pirámides truncadas, el culto al Jaguar, los templos en «U», etc.

La última gran cultura prehistórica andina de la Cultura Chavín, del periodo Formativo (entre el 800 adC y el 200 adC). De nuevo estaríamos ante un posible estado teocrático con capital en un gran centro ceremonial, el Chavín de Huantar, asociado al culto al ya mencionado Dios-Jaguar.

Su prosperidad económica se basaba en numerosas innovaciones agrícolas, y su arte es mucho más evolucionado, y el recinto ceremonial destaca por edificios emblemáticos, sobre todo el llamado Castillo, un complejo de aparejo ciclópeo, construido a lo largo de varios siglos, con varias terrazas, patios y recorridos interiormente por infinidad de correodres laberínticos que conducían a una sala central sostenida por el llamado «El Lanzón monolítico» (una especie de pilar de piedra, de 4 metros y medio de alto, decorado con la cabeza de hombre-jaguar de enormes fauces, con el cabello ensotijado, formado por serpientes entrelazadas). En el exterior tenemos la «Estela de Raimondi» (lápida de 3 metros de alto y un abigarrado diseño).

Por último, el «Obelisco Tello» (decorado con un ensortijado motivo de hombre-fiera superpuesto a otros híbridos de pájaros, peces y reptiles); más losas con relieves similares se encuentran esparcidas por la zona.

Asia y Europa

Existen diversas evidencias de arte prehistórico desde el Paleolítico, una de las más significativas es la venus de Berejat Ram, descubierta en el Próximo Oriente, en los Altos del Golán. Por las noticias que tenemos hasta ahora, el arte nació en Europa occidental hace más de 30 000 años y se desarrolló especialmente durante el Paleolítico Superior en Francia, España y otros países, con una calidad portentosa. Sin embargo, al terminar la última glaciación y comenzar el periodo Holoceno, por causas totalmente desconocidas, se produjo la desaparición casi total del arte europeo, de modo que podría decirse que el reloj se puso a cero y se sincronizó con el resto del mundo, llevando, desde entonces un desarrollo paralelo.

En este artículo se ha decidido no incluir el arte de la Edad del Hierro en Europa por dos razones: la primera es que la extensión sería excesiva, la segunda es que la mayor parte de las culturas europeas de la Edad del Hierro son Protohistóricas o, incluso, históricas, y de la mayor parte de ellas tenemos noticias escritas directas o indirectas.

El arte paleolítico europeo

La escuela de arte Franco-Cantábrico es la más importante de todas las que se desarrollan durante el Paleolítico Superior en Europa, aproximadamente desde hace 35 000 años hasta hace unos 10 000 años. El arte rupestre, tanto parietal como mobiliar, aparece sobre todo en las cuevas de las costas del Cantábrico español (Cueva de Tito Bustillo en Asturias, Cueva de El Castillo y Cueva de Altamira en Cantabria...) y el sur de Francia (cueva del Lascaux o Gruta de Font-de-Gaume...), aunque realmente se extiende por otras regiones europeas (si bien, con menor densidad).

Ejemplos de ello son el centro de la Península Ibérica, con cuevas como Los Casares, Maltravieso y conjuntos al aire libre como Siega Verde. La técnica utilizada es la pintura, el grabado, el relieve y, en el caso del arte mueble, la elaboración de estatuillas y otras figuras. Las pinturas son monócromas o bícromas (es decir, nunca se usan más de dos colores simultáneamente), aunque se aprovecha el color de la roca como complemento cromático.

Para dar sensación de volumen se recurre a los degradados (al modelado y al sombreado) o se aprovechan salientes