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Brucellosis

BRUCELOSIS
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La brucelosis es una zoonosis infecciosa causada por una de las cuatro especies o biovariantes de Brucella que se sabe infectan al ser humano: Brucella mellitensis (cabras y ovejas), B. abortus (ganado vacuno), B. suis (cerdos) y B. canis (perros). B. neotomae (roedores) y B. ovis (ovejas) causan infecciones en animales, pero no se han transmitido a los seres humanos. En la población pediátrica, la infección se produce por contacto directo, por inhalación de aerosoles, y por ingestión de leche o productos lácteos no higienizados procedentes de animales infectados. Los es­fuerzos de control de la enfermedad en animales domésti­cos y la pasteurización de la leche han reducido notable­mente la incidencia de la infección en países industrializa­dos, pero se producen brotes esporádicos, y la enfermedad sigue siendo endémica en los animales salvajes. La presen­tación clínica en los niños es similar a la de los adultos. Sólo aproximadamente el 50 % de los casos se presentan con enfermedad aguda; el resto tiene infecciones subclíni­cas o subagudas.

Etiología

Se trata de bacilos gramnegativos pequeños, aerobios, no esporulados inmóviles, que carecen de una cápsula visible. Son de creci­miento exigente, y algunas variantes crecen mejor en at­mósfera rica en CO2.

Epidemiología

En países industrializados, la vía habitual de infección es una exposición ocupacional o recreativa a animales infectados. Se ha documentado un contacto directo y exposición a aerosoles de tejidos infec­tados en trabajadores de mataderos, veterinarios, granje­ros, cazadores y otras personas con contacto frecuente con animales. La brucelosis endémica se transmite habitualmente por ingestión de leche no pasteurizada, nata, mantequilla, que­so o helados. El germen puede invadir directamente el ojo, la nasofaringe y el aparato genital. Los gérmenes pueden permanecer viables durante hasta 3 semanas en un cadáver refrigerado de animal y pueden sobrevivir a la curación del jamón. La pasteurización obligatoria de la leche, la vacu­nación del ganado vacuno y otras medidas de control han reducido notablemente la enfermedad endémica.

Manifestaciones clínicas

En ausencia de antecedentes de exposición a animales o de ingestión de leche no pasteurizada, el diagnóstico clínico de la brucelo­sis en los niños es difícil. Lo más frecuente son manifestaciones inespecíficas de fiebre, artralgia, malestar, debilidad y manifestaciones del sistema nervioso central, especial­mente depresión. Se han descrito períodos de incubación de entre unos pocos días y varios meses. El intervalo entre el comienzo de los síntomas y el diagnóstico dura hasta 150 días, con una media de 4 semanas. En el 30-40 % de los casos se encuentra hepatomegalia y esplenomegalia. Son infrecuentes las formas localizadas en órganos específicos, como la osteomielitis, la miocarditis, la endocarditis y las infecciones de la vía genitourinaria. La gammagrafía ósea es más sensible que la radiografía para detectar bru­celosis esquelética. La brucelosis neonatal no puede ser diferenciada de otras infecciones perinatales.

Diagnóstico

- La historia clínica puede sugerir brucelosis, especialmente si hay exposición a animales o ingestión de leche o productos lácteos no pasteurizados. Se han descrito anemia, hemólisis, leucopenia, trombocitope­nia - pancitopenia por hiperesplenismo, hemofagocitosis y afectación de la médula ósea. - Los hemocultivos son positi­vos hasta en el 75 % de los pacientes con enfermedad aguda si no han recibido antibióticos. El aislamiento en hemocultivo es mucho menos frecuente en la enfermedad subaguda. Es importante notificar al laboratorio la sospecha de brucelosis, debido a que los hemocultivos deben mantenerse hasta 4 semanas, y los hemocultivos habituales sólo se mantie­nen 7-10 días. - En ausencia de un diagnóstico por cultivo, es posible el diagnóstico serológico. Se utiliza la prueba estándar de aglutinación en tubo. Los anticuerpos IgM se miden por una reducción en el título tras tratamiento con 2-mercaptoetanol (2-ME). Los anticuerpos IgM aparecen precozmente en la infec­ción, seguidos 1-2 semanas después por anticuerpos IgG. Títulos altos de anticuerpos IgG o un título ascen­dente tras el tratamiento sugieren la presencia de infección persistente o de recidiva. - Se han observado resultados con la prueba de inmunoanálisis enzimático.

Diagnóstico diferencial

- Tula­remia. - Fiebre tifoidea. - Rickettsiosis. - La gripe. - Tubercu­losis. - Histoplasmosis. - Coccidiodomicosis. - Mononucleosis infecciosa. - Histiocítosis maligna. - Linfoma.

Tratamiento

- La tetraciclina en tratamiento com­binado es el tratamiento de elección de la brucelosis. La doxiciclina en una dosis de 5 mg/kg/24 h (máximo 200 mg/24 h), administrada por vía oral en dos dosis con estreptomicina intramuscular (30 mg/kg/24 h) fraccionada cada 12 h o gentamicina IV (5-7.5 mg/kg/24 h) fraccionada cada 8 horas, es una pauta frecuentemente utilizada. Debi­do a los problemas que plantean las tetraciclinas en niños menores de 10 años de edad y la necesidad de administra­ción intramuscular o intravenosa de aminoglucósidos, se han considerado pautas alternativas. - La combinación de dos fármacos por vía oral, el trimetoprím-sulfametoxazol (10-12 mg/kg de trimetoprim) con la rifampicina (15-20 mg/kg), fue eficaz. - Los fracasos terapéuticos con los betalactámicos, entre ellos las cefalos­porinas de 3ra generación como la ceftriaxona, puede de­berse a la naturaleza intracelular del patógeno y a la pre­sencia, en infecciones subagudas o persistentes, de células que no se dividen. La duración total del tratamiento es habitualmente de 3 a 6 semanas. La iniciación del tratamiento cuando ha habido retraso en el diagnóstico puede ir acompañada de una reacción similar a la de Jarisch-Herxheimer descrita en la sífilis, presumiblemente a causa de la gran carga antigénica. Cuando se ve esta reacción pueden administrarse esteroi­des, si es necesario.

Fuentes

Enlaces Externos