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Causa y efecto (Filosofía)

Causa y efecto (Filosofía)
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Concepto:Las categorías filosóficas de “causa” y “efecto” expresan la relación existente entre dos fenómenos, de los cuales uno, llamado causa, produce ineluctablemente el otro, denominado efecto; esa relación recibe el nombre de relación causal.

Causa y efecto. A través de la experiencia, se conoce que ningún fenómeno surge sin causa, "de por sí”, sino que lo engendran el desarrollo precedente de dicho fenómeno u otros fenómenos. De la nada no surge nada. Todo fenómeno tiene su origen, lo que lo engendra. Es precisamente lo que se llama “causa”. Lo que crea, produce o da vida a otro fenómeno y lo antecede en el tiempo recibe el nombre de causa. Lo que surge bajo la acción de la causa se denomina efecto.

Categorías filosóficas de “causa” y “efecto”

Las categorías filosóficas de “causa” y “efecto” expresan la relación existente entre dos fenómenos, de los cuales uno, llamado causa, produce ineluctablemente el otro, denominado efecto; esa relación recibe el nombre de relación causal (o de causa y efecto).

Cualidades principales de la causalidad

Cuando el vapor hace girar la rueda móvil de la turbina, la relación que surge entre la tuerza del vapor y la rueda móvil existe independientemente de nuestra conciencia, en la propia realidad, en la naturaleza. Este y otros ejemplos semejantes muestran que cualquier relación causal es originada por cosas con existencia real. Por eso, uno de los rasgos nías importantes de la relación de causa y efecto es su carácter objetivo.

Filósofos materialistas anteriores a Marx (Demócrito en la Grecia antigua, Wang Chung en la China antigua y Espinosa, Hobbes y Chernishevski en un período posterior) defendieron, en lucha con el idealismo, la importantísima tesis materialista del carácter objetivo de la causalidad y de la condicionalidad causal universal de los fenómenos de la naturaleza.

Los pensadores que sustentan la opinión de que en la naturaleza y en la sociedad existe la condicionalidad causal universal de los fenómenos, la necesidad, la ley objetiva, independiente del hombre, se denominan deterministas. Los deterministas consideran que todos los fenómenos de la naturaleza "vienen condicionados por una u otra causa, por unas u otras leyes. Todo lo que ocurre en el mundo es necesario precisamente porque está determinado. Los deterministas han luchado a lo largo de toda la historia de la filosofía contra la negación idealista de la causalidad, contra el indeterminismo. Los idealistas de las distintas corrientes y tendencias parten ríe que el hombre crea la categoría de causalidad para mayor “comodidad”, para "ahorrar pensamiento”, para poner orden en "el caos de fenómenos de la naturaleza”. Así, el idealista subjetivo Berkeley intentó refutar incluso la idea de la causalidad. Lo mismo pretendieron hacer, en el fondo. Hume y Kant, que negaron la existencia objetiva de la causalidad.

Ambos filósofos argumentan el carácter subjetivo de la causalidad con el siguiente ejemplo: Una vela encendida, afirma Hume, quema cada vez que la tocamos. Pero de eso no se desprende, según él, que en lo sucesivo cause ineludiblemente una quemadura. Un millón de veces ha ocurrido así, pero la vez millón y una puede ocurrir algo completamente distinto. El hecho de que la quemadura haya sido originada hasta ahora por la vela encendida no significa que ésta sea la causa.

Se quiere hacer creer que estos dos fenómenos —la vela encendida y la quemadura— coexisten simplemente, pero que de ahí no puede deducirse que exista entre ellos relación causal. Hume, naturalmente, no tiene razón. No juzgamos de las causas tomando como base únicamente las observaciones. Las estudiamos sobre la base de la experiencia, de la práctica, las cuales revelan convincentemente por qué, en virtud de qué, por ejemplo, el fuego quema necesariamente. La práctica, la experiencia, pone de manifiesto la dependencia causal de los fenómenos.

La manera en que Hume y Kant entendían la causalidad ha sido resucitada por los filósofos reaccionarios de la época del imperialismo: Mach y sus seguidores contemporáneos. Los pragmatistas de nuestros días, siguiendo la línea filosófica machista, rechazan la objetividad del mundo exterior y, a la par, la objetividad de las relaciones de causa y efecto. Niegan también la causalidad los "idealistas físicos" de nuestros días, entre ellos Hcisenberg, Bohr, Jordán y otros. Por ejemplo, el físico germano-occidental Ilennemann dice que "la ley de la causalidad, en su fórmula clásica, no es aplicable en todos los terrenos". Arremeten así los filósofos burgueses contra el principio materialista Je la causalidad? Porque de él dimanan conclusiones científicas, ateístas. Si todo lo que ocurre en el mundo es originado por causas naturales, Dios no tiene absolutamente nada que hacer en él: nada ocurre por voluntad divina, sino sobre la base de las causas correspondientes. Los idealistas, indicaba Lenin, niegan las leyes de la ciencia para que les sea más fácil pasar de contrabando las leyes de la religión.

Otro rasgo de la causalidad consiste en que tiene carácter universal, y la ley de la causalidad es ley universal del mundo material. Esto significa que no existe un solo fenómeno que no esté subordinado a dicha ley, que no existe un solo fenómeno que haya surgido en contra de la ley de la causalidad y no tenga su correspondiente fuente material. La ley de la causalidad no conoce excepciones. Si ha ocurrido algo, busque la causa: sin ella no surge nada en el mundo.

En la vida práctica buscamos siempre las causas de los acontecimientos. Por ejemplo, si se descubren serios defectos en la calidad de la producción, buscamos sus causas. Suprimir las causas significa suprimir también los defectos originados por ellas: la mala calidad de la producción.

De la propia esencia de las relaciones causales dimana otro rasgo: la causa tiene un carácter activo: puesto que la causa provoca el efecto, es un principio activo. Más esto no significa que el efecto sea pasivo y no participe de ninguna manera en el proceso del desarrollo. Si la energía del Sol, el calor, actúa sobre un trozo de lienzo mojado, el resultado es uno: el lienzo se seca. Si esa misma energía actúa sobre la cera, el resultado es otro: la cera se derrite. Si la energía solar actúa sobre una planta, el resultado será también distinto: bajo su acción se producirán procesos de importancia vital en la planta. De modo que la causa origina efecto determinado sólo en su relación con otras cosas y fenómenos. Por eso precisamente hablamos de relación causal.

En el mundo se establecen relaciones causales en cantidad infinita, pero no todas desempeñan el mismo papel.

Causas esenciales y no esenciales

Aduzcamos un ejemplo. Se ha descubierto producción de mala calidad. Buscamos las causas. Puesto que en la producción son múltiples los nexos y las relaciones, las causas son también, de ordinario, muchas. Sin embargo, el análisis muestra siempre que existen causas esenciales, principales, es decir, que determinan todas las demás causas. En nuestro ejemplo pueden ser la baja disciplina tecnológica y de producción, el insuficiente nivel de organización de la producción, el trabajo arrítmico, etc. En efecto, son ellas precisamente las que determinan todas las demás: los trabajadores negligentes que entregan artículos defectuosos surgen donde la disciplina de la producción es baja. El trabajo arrítmico es también causa de muchos males. Es importante aclarar la causa esencial porque ello permite influir de modo decisivo sobre el efecto dado. Más esto no significa en modo alguno que se puede prescindir en mayor o menor grado de las causas no esenciales.

Interacción de causa y efecto

Puesto que la causa provoca el efecto, entre ellos existe un nexo determinado. Pero los metafísicos lo entienden de manera unilateral: sólo como la influencia de la causa en el efecto. Ahora bien, ¿influye el efecto en la causa? Los metafísicos no pueden responder acertadamente a esta pregunta porque separan los contrarios: la causa y el efecto. Un fenómeno, razonan, puede ser o causa o efecto. Si actúa como causa, no puede ser ya efecto. El metafísico, según la expresión de Engels, ve aquí la causa y allá el efecto, pero al margen de su relación mutua, al margen de la unidad dialéctica.

Es claro que los metafísicos ven la razón. Entre la causa y el efecto se establece la interacción. ¿En qué consiste? La materia, la existencia, origina la conciencia; pero la conciencia, a su vez, influye en la existencia, actúa sobre ella. La interacción consiste en la interdependencia de la causa y el efecto, en que influyen la una sobre el otro, y viceversa. ¿No significará eso que la causa y el efecto se condicionan mutuamente en igual medida?" No, pues la causa desempeña siempre el papel decisivo en la relación de causa y efecto. Es precisamente la causa la que determina esa relación, en tanto que el efecto desempeña un papel importante, pero, de todos modos, secundario. Tiene gran importancia comprender esto. No es indiferente considerar cuál es la causa de una determinada relación causal y cuál es el efecto, de la misma manera que no es indiferente, por ejemplo, para la ciencia el problema de si es la materia la que determina la conciencia o viceversa. Más esto no significa tampoco que se pueda menospreciar la influencia del efecto sobre la causa.

El concepto de interacción tiene un segundo sentido, como verán por el ejemplo siguiente. La causa de la corriente eléctrica en el generador es la energía mecánica de la rotación, transformada en energía eléctrica. Pero la energía mecánica tiene también, a su vez, una causa. Esta consiste, digamos, eri la fuerza de la caída del agua. Resulta, pues, que la energía mecánica de la rotación es, en un caso, causa y, en otro, efecto de otra causa: la fuerza de la caída del agua. Ahora bien, la fuerza del agua, que actúa en este caso como causa, es también efecto. Ha sido provocado por la circulación del agua que tiene lugar en la naturaleza, gracias a la cual se mantiene un determinado nivel del agua en el río en que se encuentra la central eléctrica, etc.

Esta cadena de relaciones de causa y efecto es una cadena de fenómenos no aislados, sino concatenados. Cada causa o efecto no deben ser examinados aisladamente, sino en conexión con los fenómenos que los han originado o que han originado ellos. Entonces, un mismo proceso u objeto es a la vez causa y efecto. Es causa con relación al fenómeno que ha provocado. Pero es ya efecto con relación al fenómeno que lo ha originado. Con esta concepción, la causa y el efecto no son ya polos aislados, opuestos, sino eslabones de una compleja cadena de objetos y fenómenos en interacción. Así, pues, dicho con palabras de Engels:

“… en el mundo existe la interacción universal, consistente en que las causas y los efectos cambian constantemente de sitio; lo que aquí o ahora es causa, se convierte allá o luego en efecto, y viceversa.”

La doctrina marxista-leninista de la causalidad tiene gran importancia para refutar las supersticiones de todo género.

La causalidad desmiente las supersticiones

No se puede considerar que un fenómeno es causa de otro por el solo hecho de que lo preceda en el tiempo. Sin embargo, este error es bastante frecuente. Y todas las supersticiones se basan en él.

Los supersticiosos vinculan los fenómenos con la relación de causa y efecto, partiendo de los rasgos externos, basándose únicamente en que existe entre ellos cierto nexo en el tiempo. Si un gato negro cruza la calle delante de una persona y ésta sufre después algún contratiempo, se saca la conclusión de que el gato es la causa del contratiempo. Este último se ha producido después- de aparecer el gato, y de ello se llega a la errónea conclusión de que el contratiempo es efecto de la aparición del gato, aunque entre estos dos fenómenos no haya ninguna relación interna, profunda, y sólo se trate de una simple coincidencia en el tiempo. Es decir, los supersticiosos hablan de relación causal entre los fenómenos allí donde no existe en absoluto.

En el hombre desaparece el miedo, y junto con él la superstición; únicamente cuando comprende las causas reales, y no supuestas, de los fenómenos. Un ejemplo. En su tiempo, los exploradores de África afirmaban haber visto "en el cielo" los jardines del Paraíso, inmensamente extensos. A veces decían que habían visto en el cielo una nave aérea con marinos-fantasmas. Después desaparecía todo. ¿Qué podría ser? Mientras se desconoció la causa, se hicieron toda clase de versiones, a cual más falsa. Pero los hombres de ciencia descubrieron más tarde las causas de tan inusitados fenómenos. Resulta que en los países tórridos, cuando el tiempo es tranquilo, el aire se hace más denso y forma algo así como un espejo gigantesco. Y en este “espejo” se reflejan los objetos que hay en la tierra o en el mar: jardines, buques, etc. Por eso, lo que vieron los exploradores no fueron los jardines del Paraíso, sino el reflejo de jardines existentes realmente en la tierra; no vieron una nave aérea, sino el reflejo de buques que surcaban el mar. Bastó con encontrar las causas de estos fenómenos para que desapareciera el miedo supersticioso ante ellos.

De este modo, el conocimiento de las causas desembaraza al hombre de las supersticiones.

Causalidad y conformismo

Basta con echar una rápida ojeada al mundo circundante para descubrir en él una armonía, un ajuste maravilloso. No es casual que se compare el mundo con el funcionamiento de un organismo perfecto. Sorprende, sobre todo, la conformidad de la naturaleza viva. He aquí algunos ejemplos. Muchas flores se abren al amanecer, y eso conforma muy bien con el fin: los insectos pueden recoger durante el día el néctar o el polen. Pero lo más sorprendente en este caso es que dichas flores se abren poco antes de despuntar el alba, como “sabiendo” que unas horas después habrá de salir el Sol. Parece como si las plantas poseyeran una especie de “memoria” del tiempo. Incluso si se las tiene durante cierto tiempo en la oscuridad, siguen, de todas maneras, cerrándose al anochecer y abriéndose al amanecer. La flor parece saber cuándo sale el Sol.

La conformidad, la. “racionalidad” de la naturaleza se manifiesta también en la capacidad de adaptación de los animales y las plantas a sus condiciones de vida, al medio ambiente. Es sabido que las aves pasan en el aire la mayor parte del tiempo. Y toda la estructura de su cuerpo está adaptada para ello. Como si la naturaleza se hubiese señalado la tarea de cubrir el cuerpo de las aves de modo que no aumente demasiado su peso y, a la vez, esté bien defendido del frío. Toda la estructura de las aves está adaptada a facilitar su vuelo. Hemos señalado únicamente algunos ejemplos de la conformidad de la naturaleza. El hombre no ha podido dejar de observarlos, pues saltan a la vista. Por eso, la humanidad se pregunta desde tiempos inmemoriales: ¿Cómo explicarse estos sorprendentes fenómenos de la naturaleza? ¿Cuál es su origen?

Los idealistas, igual que los clericales, son incapaces de explicar los hechos de conformidad y orden que encontramos a cada paso en la naturaleza. Por eso afirman que el surgimiento y desarrollo de todas las cosas de la naturaleza no está determinado por causas materiales, por las leyes de la propia naturaleza, sino por el objetivo al que sirven, por el fin para el que están destinadas y el por qué y para qué de su existencia.

Los clericales llegan de ahí a la siguiente conclusión. Cualquier orden, el logro de cualquier objetivo mediante el empleo de determinados medios presupone la razón. La naturaleza representa, en efecto, un orden, en ella se consiguen determinados fines. La conformidad, la sabiduría de la naturaleza se explica porque existe el sapiente Dios. Es el "gran maestro" creador del gran mecanismo. Engels señala, ridiculizando semejantes afirmaciones, que, según la concepción teleológica del mundo:

"los gatos han sido creados para comerse a los ratones; los ratones, para ser comidos por los gatos, y toda la naturaleza, para demostrar la sabiduría del creador".

La conformidad con que está organizado el mundo sirve de base a los clericales para juzgar de la "fuerza racional" que lo ha “creado”. Esta "demostración" sigue siendo utilizada en nuestros días por los idealistas y clericales. Por ejemplo, en la Enciclopedia Americana se dice: "Al observar todos los fenómenos de conformidad en la estructura de los seres vivos es casi imposible creer que hayan podido surgir sin la participación del Creador".

Es preciso tener en cuenta, ante todo, que por mucho que insistamos en la pregunta de para qué, con qué fin ha surgido uno u otro fenómeno, no daremos un solo paso adelante en el descubrimiento de su esencia. Para comprender un fenómeno hay que saber en virtud de qué causas ha surgido, qué es lo que lo ha engendrado, a qué está vinculado. Sólo formulando la cuestión de por qué, en virtud de qué causas tiene lugar la sorprendente conformidad que existe en la naturaleza, podremos comprender la esencia de los fenómenos que se producen en el mundo. Pero el punto de vista teleológico está enfilado precisamente contra esta explicación científica, causal, de los fenómenos de la naturaleza.

Cuando se descubren las causas verdaderas, objetivas, de los fenómenos que se producen en el mundo queda demostrado de manera convincente que en la naturaleza no existe ningún fin interno misterioso, ningún designio divino, ninguna fuerza racional superior.

¿Cómo explicar, por ejemplo, la conformidad de la naturaleza viva? Darwin demostró que se efectúa por vía natural. Sobre la base de las leyes de la naturaleza, de las causas naturales, en el proceso de la evolución secular ha ido formándose esa conformidad, ese ajuste en la naturaleza viva que tanto sorprende.

En lugar de ocuparse de los razonamientos estériles acerca del fin perseguido por el “Creador”, Darwin se dedicó a estudiar las causas y leyes verdaderas, objetivas, del desarrollo del mundo animal. Y consiguió descubrir el secreto de la conformidad del mundo orgánico. La teoría de la selección natural de Darwin es la clave para comprender ese secreto. En la naturaleza perecen millones de organismos por cada uno que se conserva. ¿Quién sobrevive? ¿Qué es lo que decide el destino de los seres vivos? ¡La naturaleza misma! Sin la injerencia de "fuerzas supremas”, sobre la base de las leyes inmutables del desarrollo de la propia naturaleza, se resuelve el problema de quién debe vivir y reproducirse y quién debe perecer en la lucha por la vida. Resulta, según la expresión de Darwin, una selección natural, pues se realiza sobre la base de causas y leyes naturales. Sobreviven los animales y las plantas que se adaptan mejor a las condiciones del mundo circundante.

Por tanto, la lucha por adaptarse mejor a las condiciones de vida, o, lo que es lo mismo, la lucha por la existencia, tiene como resultado la conservación ineludible de lo más perfecto, de lo que se adapta mejor a las condiciones de existencia. De esta forma, a lo largo de centenares de miles de generaciones surgen especies de animales y necesidad, de la ineluctabilidad victoria del socialismo y del comunismo.

La categoría filosófica de la necesidad sirve precisamente para designar esta interdependencia constante de los fenómenos:

Es necesidad no lo que existe, pero puede no existir, sino lo que debe existir obligatoriamente, ya que es originado por causas y nexos profundos y, por ello, dimana de la propia naturaleza interna del fenómeno, de su esencia..

Fuentes

  • El camino del comunismo, ed. en español Moscú, 1961, pág. 483.
  • El camino del comunismo, ed. en español, Moscú, 1961, pág. 563.
  • El camino del comunismo, ed. en español, Moscú, 1961, pág. 584.

Enlaces externos