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Combate de Ceja de Altagracia

Combate de Ceja de Altagracia
Información sobre la plantilla
Lugar:Altagracia- Camagüey
Descripción:
Primer combate en que el Mayor General Ignacio Agramonte actúa como jefe militar
País(es) involucrado(s)
Cuba

Combate de Ceja de Altagracia. Primer combate en que el Mayor General Ignacio Agramonte actúa como jefe militar.

El 3 de mayo de 1869, aproximadamente a las 16:30 hrs, una columna española de alrededor de 3 000 hombres dirigida por el brigadier Juan Lesca, que marchaba de Nuevitas a Puerto Príncipe después de haber reconstruido la línea férrea entre ambas ciudades, fue atacada en este lugar situado a unos 20 km al NE de la capital provincial, por fuerzas del Ejército Libertador, en números de unos 300 hombres bajo el mando del Mayor General Ignacio Agramonte.

El enemigo avanzaba dividido en dos columnas: una lo hacía por vía férrea y la otra por el llamado camino de Yaguajay. El jefe cubano había situado una fuerza de 70 fusileros, a cargo de Lopez Recio Loynaz, en la confluencia de ambas vías, los cuales debían hacer fuego sobre la columna que avanzaba sobre el camino, y ordenó la construcción de dos trincheras, una en la vía férrea y otra fuera de esta, en ángulo, para engañar al enemigo y facilitar la retirada. En la primera situó un pelotón bajo el mando del Coronel Manuel de Jesús Valdés Urra. La caballería se dislocó en una arboleda cercana. Al llegar ambas columnas españolas a la confluencia del camino con la vía férrea, los hombres de Valdés Urra abrieron nutrido fuego que detuvo momentáneamente a los soldados, quienes sufrieron numerosas bajas, aunque finalmente pudieron proseguir su avance. En esos momentos también se abrió fuego desde el ala izquierda de los cubanos, que quedaba en diagonal con la agrupación enemiga. El movimiento de flanqueo efectuado por los colonialistas los hizo más vulnerables al fuego de los mambises, pues los hombres de Valdés Urra abandonaron las trincheras de la vía férrea y ocuparon la que hacía ángulo con esta, obligando al adversario a un repliegue para buscar el inicio de la trinchera angular con el objetivo de flanquearla. Al mismo tiempo, el flanco derecho de los españoles comenzó a amenazar el derecho de los cubanos, por lo que se dio la orden de retirada, la cual se efectuó organizadamente. La columna española pudo proseguir su marcha hacia Puerto Príncipe llevando, según los cálculos del Mayor General Ignacio Agramonte, más de 200 bajas, mientras que las cubanas fueron solo dos heridos leves, a pesar del nutrido fuego español y del amplio empleo de su artillería. El combate, de aproximadamente una hora, terminó al caer la noche. El enemigo, en su parte oficial, solo informó unas 30 bajas y reconoció la “empeñada resistencia” de los cubanos.

Calificó de victoria la acción por el daño causado al enemigo y, por la disciplina de sus hombres, lo que daba derecho a esperar mucho de su jefe.

Comunicación al General en jefe sobre la acción de Ceja de Altagracia

República Cubana

El C. General en Jefe dice a esta Secretaría lo siguiente: Ejército Libertador, Cuartel General. Tengo la satisfacción de transcribir a Ud. el parte que acabo de recibir del Mayor General del Ejército de Camagüey.

Ejército Libertador, Mayoría General

Ayer por la tarde hemos tenido un encuentro con el enemigo en la Ceja de Altagracia, y aunque el fuego duró tres cuartos de hora, debe considerarse como un triunfo completo, por orden y denuedo con que pelearon nuestros soldados, y por el daño causado al enemigo.

A las cuatro y medias se presentó este en la ceja, en número considerable, dividido en dos columnas, que avanzaban en combinación por la línea férrea y por el camino de Yaguajay al Camagüey. La que marchaba por este último recibió el fuego de los diez o siete rifleros y 52 carabineros que ahí tenía emboscados á las inmediatas órdenes del C. Teniente Coronel Lope Recio Loynaz, que se retiraron después de rechazar una compañía ó fracción del flanqueo, matando varios negros y al Capitán que los mandaba. Reconcentrada todas las fuerzas enemigas en la confluencia de ambos caminos, quedaba al alcance de los rifleros del C. Coronel Valdés, que con algunos carabineros ocupaban el centro de la trinchera que teníamos sobre la línea, y comenzó un vivo fuego sostenido durante media hora y derribaba filas enteras del enemigo. Este no avanzaba a pesar de las órdenes y de los gritos de los jefes, y seguramente fue sustituida la vanguardia por buenos veteranos, porque hubo un momento de silencio; se repitió la orden de ataque y la columna avanzó. Sin embargo, nuestro fuego que se extendió con muy buena puntería por el ala izquierda de nuestra trinchera, dominando la columna enemiga por la dirección diagonal y por haberse desmotando su frente, impidieron el asalto y les obligó á buscar el flanco derecho, con lo que logramos engañar al enemigo, porque la trinchera que deseábamos sostener era angular en la izquierda del ferrocarril. En efecto, flanqueada la que sólo tenía por objeto engañarle sobre la línea, las citadas fuerzas del Coronel Valdés que la ocupaban, se retiró á la trinchera angular, y cuando el enemigo creyéndose dueño de nuestro reducto, se apresuraba á atacar por la retaguardia el ala izquierda, se encontró con el lado del ángulo que seguía el camino recibiendo de lleno el fuego del mismo, hasta que replegándose buscó la cabeza de la trinchera para flaquearla, al mismo tiempo que loas flanqueadores de la derecha amenazaban al extremo de nuestra ala izquierda. Entonces se retiraron los nuestros juntos y con el mayor orden. Estoy seguro que las bajas del enemigo exceden de 200, porque el fuego fue vivísimo y con puntería fija, y se veían caer soldados del enemigo en crecido número. Jamás se han batido mejor nuestras tropas: jamás han hecho un fuego más ordenado, y ni se ha atendido más la voz de los jefes, sin que viera yo separarse uno solo de su puesto, hasta que todos lo hicieron juntos. Por eso creo que nuestro triunfo ayer fue completo, porque no solo no hemos tenido más que dos heridos leves, mientras que el enemigo ha sufrido mucho, á pesar de su nutrido fuego que se embotaba en las trincheras, y de su gran número de cañonazos, cuyas granadas iban a estallar lejos de nosotros, sino porque sobre todo la conducta observada por nuestros soldados nos da derecho a esperar mucho de ellos. La Brigada Caonao, como la del Coronel Porro que accidentalmente mandaba el Comandante Romero y como los rifleros a las órdenes del Teniente Coronel Recio han sabido cumplir con su deber; pero debo hacer una mención especial de los pocos hombres que mandaba el Coronel Valdés, que supieron defender hasta lo último el difícil puesto que les confié. No creerá seguramente el enemigo que allí detrás de esos parapetos solo 300 hombres se oponían a sus crecidas fuerzas. Continuaremos hostilizándole hasta su llegada al Camagüey, y haciéndole difícil la reconstrucción del ferrocarril, a pesar de nuestra carencia de instrumentos de zapa. No me han comunicado noticia alguna los jefes que operaban de las Minas a Nuevitas. Patria y Libertad. Ingenio Santa Cruz, Mayo 4 de 1869. Ignacio Agramonte Loynaz.

Fuente

  • Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba. Primera parte (1510-1898).Tomo II. Acciones combativas. Ediciones Verde Olivo.
  • Jiménez Pastrana, Juan. (1974).Ignacio Agramonte: Documentos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.