Costumbrismo Literario

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Costumbrismo Literario
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Concepto:Es una Tendencia o género literario que se caracteriza por el retrato e interpretación de las costumbres.

Costumbrismo Literario. Género pictórico y literario que pone especial atención en la representación de las costumbres típicas de un país o región.

El costumbrismo es una corriente literaria del Siglo XIX de carácter romántico que se manifestaba en periódicos y revistas. Se escribe en prosa y observa las “costumbres” (de ahí su nombre) y tipismo de su sociedad. También puede considerarse la prosa del romanticismo, pero será precursor del realismo.

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Definición costumbrismo

Según Raquel Chang-Rodríguez y Malva E. Filer, el costumbrismo es una tendencia o género literario que se caracteriza por el retrato e interpretación de las costumbres y tipos del país. La descripción que resulta es conocida como "cuadro de costumbres" si retrata una escena típica, o "artículo de costumbres" si describe con tono humorístico y satírico algún aspecto de la vida.

Según José Jesús Bustos Tovar, (1985). Diccionario de literatura universal. Madrid: El costumbrismo literario consiste en reflejar los usos y costumbres sociales sin analizarlos ni interpretarlos, ya que de ese modo se entraría en el realismo literario, con el que se halla directamente relacionado. Así, se limita a la descripción, casi pictórica, de lo más externo de la vida cotidiana. Por lo general se da en prosa más que en verso, lo cual no quiere decir que sea privativo, el género teatral ha dado grandes obras costumbristas.

Concepto: los cuadros de costumbre

Según Orlando Gómez Gil, los cuadros de costumbres, llamados también artículos de costumbres son bocetos cortos en los que se pintan costumbres, usos, hábitos, tipos característicos o representativos de la sociedad, paisaje, diversiones y hasta animales, unas veces con el ánimo de divertir (cuadros amenos) y otras con marcada intención de crítica social y de indicar reformas con dimensión moralizadora.

El artículo de costumbre es uno de los géneros más ampliamente leídos en el Mundo Hispánico, al parecer porque interpretan raíces hondas de la raza y corresponden al gusto por estos estudios de la realidad circundante. Son características de los cuadros de costumbres: acendrado localismo en sus tipos y lengua, color local, énfasis en el enfoque de lo pintoresco y representativo, popularismo, sátira y crítica social, con intención de reforma, infiltración del tema político-social, reproducción casi fotográfica de la realidad con escenas a veces muy crudas y vocabulario rudo y hasta grosero, colorido, plasticidad. Constituye el costumbrismo el punto de partida para el realismo y el naturalismo que vendrían después. El cuadro costumbrista nació indisolublemente ligado al periodismo, quizás por su carácter popular y su anhelo de resaltar costumbres contemporáneas.

Origen del costumbrismo

Surge por los continuos cambios en la sociedad de principios del Siglo XIX, consiste en la descripción de objetos, tipos, diversiones, personas, costumbres etc... siempre típicas.

Como género literario específico, alcanza vida plena en la literatura española del siglo XIX, pero sus antecedentes tradicionales podrían buscarse en ciertos autores del Siglo XVII (Santos, Zabaleta, etc.) y del Siglo XVIII (Torres Villarroel, Clavijo, Cadalso, Mercadal) o en aquellos autores dramáticos de este tiempo que, como Ramón de la Cruz o González del Castillo, reflejan en sus obras el color típico de ciudades o regiones determinadas.

Procede, directamente, del movimiento romántico Romanticismo, en lo que éste tuvo de exaltación de lo típico. Es, además, un género moderno, tanto por el interés de autores y público como por los vehículos de expresión utilizados, pues la mayor parte de los costumbristas se manifestaron por medio de los periódicos y se dirigieron a todo el público. Las grandes remociones sociales reclaman la atención del costumbrista que puede llegar, observándolas, a consideraciones más hondas que la mera descripción y en ese caso su arte puede lindar con el ensayo de tipo inglés moderno o bien puede quedarse en un género más.

La estructura del «cuadro de costumbres» es, como dice Correa Calderón, «de una extraordinaria elasticidad y variedad», debido a su profusión y no puede cómodamente circunscribirse. Muchos de estos cuadros y escenas podrían hoy considerarse reportajes e incluso encuestas de tipo folklorístico, pero en todas ellas hay intencionalidad, afán de sorprender, de captar algo que se tiene conciencia de que es cambiable y efímero, todo ello dentro del vasto panorama del siglo pasado.

No obstante su adscripción a esta época, la revisión cada vez más concienzuda de la literatura decimonónica ha puesto de relieve la importancia del género, destacando en él dos aportaciones fundamentales. La primera documental e histórica: los costumbristas presentan fragmentos de vida urbana o rural. La segunda, artística y de enorme valor. Porque, desde dentro del costumbrismo se asiste al nacimiento de otro género de más amplitud, la novela moderna, cuyo vestíbulo, como ha señalado la crítica, es el realismo que los costumbristas aportan.

Autores costumbristas

Los autores más representativos de esta corriente son Larra (su pseudónimo: Fígaro) con sus artículos y cuadros descriptivos en la Revista Cartas Españolas” y Fernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Bölh de Faber) con sus novelas de costumbres y Pereda y Alarcón.

Mariano José de Larra era madrileño, tuvo una vida muy agitada, emigró a Francia por razones políticas (era liberal) y tras la separación de su mujer se suicidó a los 28 años. Escribía bajo el pseudónimo de Fígaro, para protegerse de la represión política sobre sus escritos, y publicó gran número de artículos periodísticos: su estilo es crítico, patriótico y satírico. Observa con ironía el retraso y los defectos de la sociedad en la que vive, pero lo observa desde el dolor de quien quisiera que fuera de otra manera.

Sus artículos más importantes son “Casarse pronto y mal”, lo que le pasó a él, “El castellano viejo”, una crítica al tradicionalismo, y “Vuelva a usted mañana”, en el que critica el funcionamiento burocrático. Está considerado como un periodista referencial por su aguda visión crítica y su independencia. Es lamentablemente asombrosa la vigencia de gran parte de sus observaciones acerca de la sociedad española.

Algunos autores consideran el más antiguo costumbrista del Siglo XIX a Sebastián Miñano y Bedoya (1779-1845) por sus “Lamentos de un pobrecito holgazán” (1820), "Cartas del madrileño" y "Don Justo Balanza", pero, según Lomba, no es propiamente costumbrista, sino escritor político. En los periódicos de las primeras décadas del Siglo XIX, tan importantes para descubrir las primicias literarias de la época, se encuentran los primeros artículos de costumbres. Ingenios oscuros intentaron el bosquejo de la sociedad contemporánea, utilizando apropiados seudónimos (El Observador, El Mirón) o anónimos. En estos primeros autores destacan «un espíritu de curiosidad acogedor y benévolo, que busca cierta trascendencia entre recreativa y científica» (Lomba).

Los considerados universalmente como costumbristas mayores son Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), Ramón de Mesonero Romanos y Mariano José de Larra. El primero, vuelto hacia lo pasado, a la España genuina y pintoresca, preferentemente regional. Cronista el segundo de su Madrid natal, su atención no se dirige a una clase social, sino que abarca todas, aunque principalmente la suya, la clase media. El tercero se escapa del trío, porque, como con acierto destaca Lomba, es «Costumbrista sólo en la forma, en el fondo, político y psicólogo».

Costumbristas menores. Después del trío Mesonero, Estébanez y Larra, se llama costumbristas menores a todos los cultivadores del género, aunque algunos hayan destacado en otros aspectos de las letras. Las vinculaciones a los periódicos y revistas continúan. Así, Antonio María Segovia, El Estudiante, y Santos López Pelegrín.

En el Siglo XX el costumbrismo no desaparece. En primer lugar, porque lo siguen cultivando muchos autores rezagados, provincianos, anclados a regiones de tradición costumbrista, como Andalucía, o en el plano madrileño, casticista. En segundo lugar, porque otras zonas que se incorporan a la literatura, como Castilla, descubierta por la generación del 98, reclaman nueva atención. Por último, la masa, los perfiles sociales de las ciudades o los campos pueden venir a reflejarse en pergeños costumbristas, aparentemente casi idénticos a los del siglo anterior, en el fondo, muy distintos.

Fuentes