Cronología de Ciclones en Isabela de Sagua

De EcuRed


Cronología de Ciclones en Isabela de Sagua
Lugar:Isabela de Sagua, Cuba
Fecha:27 de agosto de 1856 hasta 5 de noviembre de 2001

Contenido

Cronología

1856

Se desencadenó un huracán sobre el pueblo y su comarca, arrasando a su paso cuanto encontraba. En la madruga del 27 de agosto empezaron a sentirse ráfagas del noreste, acompañadas de lloviznas. Sobre las 7 AM el viento había tomado una violencia increíble, inspirando serios recelos y haciendo que cada cual se aprestase contra el furioso elemento.

A las 11 AM es ya un huracán desencadenado, desenvolviéndose el drama en las casas de guano y tablas de los barrios Carolina, Coco Solo, Cementerio Antiguo (después Paradero del Ferrocarril) y San Juan en la otra rivera del río.

A las endebles habitaciones siguieron otras de mayor resistencia y de más valor. Se vieron volar las tablas que formaban el techo del campanario de la vieja Iglesia, después siguieron parte de sus paredes, dos tabiques, puertas y ventanas, los grandes almacenes de la orilla del río sufrieron grandes averías, casi todas las casas de los suburbios fueron aplastadas.

En la boca del Río Isabela de Sagua, todo quedó sepultado debajo del agua, de la relación detallada de buques perdidos en la bahía de Sagua la Grande (bahía de Isabela) y costas, fue extractado lo siguiente:

Buques de travesía perdidos

Barcos de Cabotaje

En Carahatas

En Las Pozas

El punto más fuerte del temporal fue a las 10 AM, estando el barómetro a 28 pulgadas (63 centímetros, 948 hectopascales).

En la zona agrícola, todo el ingenio Dorado de Alfonso se vino a tierra, las torres de la casa de calderas del Palma Sola de Macadán se desplomaron y al caer destruyeron los techos, en Santa Isabel de Alfonso vinieron abajo casas y torres, igual ocurrió en el central San Jorge de Battle. Se derrumbaron todas las casas del central Lugarcita y los campos de caña fueron arrasados, estimándose las pérdidas en más de 2 mil bocoyes.

1883

En la noche del lunes 4 de septiembre de 1883 se desató una violenta tormenta o huracán que azotó hasta las 5 de la tarde del martes causando grandes destrozos. En Sagua la Grande, entre las 12 y la 1 de la madrugada, empezó a soplar un fuerte brizote acompañado de chubascos convirtiéndose poco después en un vendaval que derrumbaba casas, arrasaba tejados y cercas, por fortuna no causó desgracias personales. En la boca (Isabela) cuatro lanchas se fueron a pique y la goleta inglesa LM Almer cargada de azúcar y lista para hacerse a la mar vino sobre la playa a encallarse sin que sufriera mayores averías.


1888

Versión Antonio Miguel Alcocer (Historiador de Sagua). El 4 de septiembre de 1888, desde las 2 de la madrugada, comenzó un fuerte viento del norte y que insistentemente soplaba en la misma dirección; hizo sospechar a los habitantes de Sagua que en efecto se hallaban amenazados por un ciclón.

La intensidad del meteoro crecía cada vez más arrastrando hacia el pueblo su vórtice, desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde (6 horas de mortal agonía. Se vieron desaparecer edificios magníficos, derrumbarse infinidad de casas de ladrillos; tejas y planchas de zinc se vieron volar. No quedó en pie un árbol y las calles y plazas obstruidas con agua y escombros.

Cuando el pueblo pudo reponerse de tanto asombro, vio el Cuartel del Ejército inundado, el hospital y el cementerio medio derrumbados, la elegante estación del Ferrocarril del Oeste destruida, el tren de la Isabela volcado, almacenes, talleres, alambiques todo en tierra.

La plaza de toros se fue al suelo, el Casino Español y el de artesanos convertidos en verdaderas ruinas, y este último casi totalmente debajo del agua por el desbordamiento del río.

El templo católico, la Iglesia Parroquial se llenó con más de 500 personas que pudieron llegar a refugiarse en ella desafiando la muerte que ante sus ojos se venía al abandonar sus hogares y atravesar las calles, sus tres puertas principales de hierro cedieron a la violencia del furioso huracán y el pánico se apoderó de todos.

Los titánicos esfuerzos que hicieron algunos bomberos para cerrar las puertas del templo fueron infructuosos, la intensidad del viento y la copiosidad del agua que penetraba causaron grandes roturas en el interior y el exterior, entre los asilados en la Iglesia se encontraban las fuerzas del destacamento militar de la Plaza que pernoctaron allí mismo.

El caserío de la boca (Isabela) sufrió los embates, contándose por centenares los ahogados. El caserío de Casa Blanca - que fue donde comenzó a fundarse la Isabela - fue arrasado completamente y desaparecieron alrededor de 500 personas, el mar cubría los muelles, sus olas batían con fuerza irresistible y hacía saltar los tablones de los pisos de las casas.

Las planchas de zinc de los almacenes volaban, los hombres disputaban sus vidas a la tempestad tratando de preservar los bienes que poseían conjuntamente con sus embarcaciones.

Espectáculo aterrador presentaba el puerto; buques desarbolados chocando unos contra otros, a pique, destrozados, arrojados contra los muelles y la costa y desechos. La Iglesia de Cifuentes se hundió. Cuando los habitantes de Sagua salieron de sus casas el espectáculo que presentaba el pueblo era dantesco, en el río no había una sola embarcación sana. Tablas, árboles enteros fragmentos de barcos se encontraban por doquier y flotaban arrastrados por la impetuosa corriente, y toda la rivera cubierta por el agua, en medio de un silencio que contrastaba con la soberbia del espectáculo que se ofrecía a la vista.


1933

El día 31 de agosto, se notaba desde la mañana una atmósfera enrarecida, por la tarde a las 4 PM se mostraba un cielo encapotado, nubes negras y chubascos violentos solían caer a intervalos.

Fue una noche negra, a las 9 PM el viento del noreste azotaba al pueblo con una velocidad de 70 millas por horas en ráfagas, amenazando y derribando todo, olas gigantescas rompían con fuerza contra el contén de la calle Independencia. La situación se puso cada vez peor a partir de las 10 PM, en una población con alrededor de 4 000 habitantes.

El pueblo se concentraba en la estación del ferrocarril en espera de ser trasladado a Sagua, solamente posible cuando ocurriera un aviso terminante de peligro para la Isabela; una vez en Sagua no se les brindaba ningún lugar de refugio. El pueblo tenía como experiencia lo ocurrido en Santa Cruz del Sur el año anterior.

Un importante papel jugó el señor R. Peterson, Capitán del buque noruego “Thira”, que se encontraba en el muelle “García” y el primer oficial, que encontrándose en el cuarto del telegrafista y observando las cartas naúticas y el barómetro de acuerdo a los mensajes que iba recibiendo el primer oficial de los partes del buró del tiempo de Nueva Cork, fueron localizando la trayectoria del meteoro hasta determinar su seguro paso por este pueblo.

Le informaron al señor Carlos M. Iturralde, que desempeñaba el cargo de Administrador de Aduana y le aconsejó el desalojo del pueblo cuando el viento del nordeste tenía una fuerza de más de 90 millas por hora.

En las oficinas de Amezaga se encontraban los señores Heriberto Manero y Lucio Benitez que poseían conocimientos meteorológicos. Heriberto Manero ocupaba el puesto de observador en el punto de observación de Sagua, quien hubo de precisarle al señor José Carlos Millar, jefe del Instituto del Observatorio Nacional, las condiciones meteorológicas existentes en la Isabela y este precisó con seguridad que el huracán atravesaría el centro de la Isla entrando por el norte y aconsejando el inmediato desalojo del pueblo.

Este era el tercer ciclón registrado que azotaba al poblado. Se puso el primer tren con una locomotora y casillas de carga en la carrilera urbana frente al mar, bajo un viento intenso y el mar impetuoso.

Ese tren se llenó en pocos minutos y sus casillas estuvieron al borde de volcarse debido a las fuertes ráfagas. Al llegar el tren a Sagua, llovía fuertemente y de esta manera salieron las familias a buscar albergues, muchas de ellas permaneciendo en portales y establecimientos públicos.

A la 1:30 de la madrugada llegó el tren de regreso a Isabela a recoger a la otra parte del pueblo cuando ya el viento tenía una fuerza de más de 100 millas. El maquinista Antonio Felipe demostró una serenidad y pericia tremendas. Allí hubo grandes dificultades para embarcar a las familias, muchos obstáculos en la vía férrea por postes que habían sido derribados, llegando a Sagua la Grande a las 3 de la madrugada; el anemómetro se había dislocado calculando por entendidos la velocidad del viento en más de 190 millas por hora.

Muchas personas tuvieron que permanecer en las casillas y otras en la propia estación debido a las fuerzas de los vientos que les impidieron salir de la estación.

Para empeorar la situación se produjo un incendio en uno de los establecimientos cerca de la estación de trenes.

A las 4:35 de la madrugada se nota la calma del vórtice y a las 5 AM comienza a azotar el viento de dirección sur. A las 7.00 AM ya el huracán se alejaba y una hora después había bonanza.

El pueblo de Sagua estaba en pleno en las calles y los isabelinos caminaban desorientados y tristes por los comentarios sobre la desaparición de la Isabela que circulaban por las calles.

A las 11 AM del 1 de septiembre del 1933 en el tren de casillas de carga se retorna al pueblo, medio kilómetro antes de llegar el tren tuvo que parar debido a que la vía férrea estaba obstaculizada por troncos de árboles y embarcaciones rotas, por lo que se tuvo que continuar a pie; al llegar todos quedaron aturdidos y aterrados; en vez de casas se veían calles llenas de maderas, tejas, árboles y embarcaciones de todas clases, montañas de escombros. Continuaron llegando trenes y se supo que en Isabela perecieron tres ancianos que no fueron evacuados.

Lo más lamentable del huracán fueron los sucesos de Cayo Cristo; las familias no fueron informadas y no pudieron huir a tiempo, 32 personas, familias completas que juntos con sus casas fueron barridas completamente por la fuerza del mar.

Los 14 almacenes existentes en Isabela fueron destruidos y las casas del pueblo igualmente en un 90 %. La flota, tanto de cabotaje como la de pesca, sufrió las mayores consecuencias y se perdieron: 10 viveros. 6 lanchas de cargar azúcar. 300 chalanas o cachuchas de pesca. En estas embarcaciones perdieron la vida 17 personas.

1985

Huracán Kate.Entre la noche del 18 y el amanecer del 19 de noviembre de 1985 azotó el huracán Kate causando grandes destrozos en el poblado, se derribaron 52 casas completamente y 44 semidestruidas, haciendo un total de 96 casas afectadas.

El mar subió alrededor de 1,20 metros. Fidel Castro Ruz visita el poblado el 20 de noviembre reuniéndose con los vecinos en la calle Salvador Cisneros y 7ma avenida, algunos vecinos plantearon a Fidel que los sacara de aquí y se comenzó la construcción de un nuevo poblado a 12 kilómetros del lugar, 4 edificios de 16 apartamentos cada uno. El primer afectado que se mudó para la nueva Isabela fue el pescador Santos García.

La Nueva Isabela se inauguró el 19 de noviembre de 1986 exactamente un año después del paso del huracán con la presencia de autoridades municipales y provinciales. A pesar de las dimensiones de este gran huracán no hubo que lamentar la pérdida de una sola vida ni de ninguna embarcación, pues el gobierno junto con los trabajadores y el pueblo en general, guiados por la Defensa Civil tomaron todas las medidas con vistas a preservar ante todo la integridad física de las personas y los bienes materiales, como fruto de la experiencias de ciclones anteriores; el poblado sufrió la perdida de muchos efectos electrodomésticos en la población, pero todos fueron sustituidos por el Gobierno revolucionario.

1996

Huracán Lili.El 18 de octubre de 1996 pasó próximo al poblado el huracán Lili aunque no causó grandes daños materiales, solamente en cubiertas de algunas casas.

2001

Huracán Michelle.En la madrugada del día 5 de noviembre de 2001, azota la Isabela el huracán Michelle, causando grandes daños materiales, derribando 26 casas totalmente y causó 96 derrumbes parciales. En total, en menor o mayor grados, se afectaron alrededor de 500 viviendas de las 744 que conformaban el poblado.

Las embarcaciones se refugiaron en el río y no se lamentaron pérdidas ni de embarcaciones ni de vidas humanas a pesar del gran huracán.

Los isabelinos pudieron apreciar el paso del vórtice entre la una y las dos de la madrugada donde el barómetro bajó a 985 hectopascales. Se observó el paso del avión de reconocimiento sobre esa hora, en las personas evacuadas en la Isabela Nueva y en Sagua la Grande.

Fuentes

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