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Embarazadas Institucionalizadas en Cuba.
Definición
En Cuba se denomina Embarazadas Institucionalizadas a aquellas embarazadas que requieren de cuidados especiales por presentar entre sus principales causas el bajo peso, la hipertensión arterial, diabetes, amenazas de aborto así como el residir en el sector rural o zonas intrincadas de montañas.
Es vital atender de manera diferenciada e integral a la gestante que puede presentar no solo patología ginecobstétrica sino también alteraciones emocionales en una etapa única y maravillosa que merece ser vivida con plenitud y felicidad, convertida en un período de cambios activos en su cuerpo y su mente que no siempre acepta con total naturalidad, transitando por distintas etapas y procesos afectivos.
Dada la trascendencia que tiene la maternidad para la mujer, requiere de un proceso de adaptación frente al mismo, pues se modifican en ella su estructura y su proyecto de vida a partir del suceso que se encontrará influido, por la sociedad en la que vive y por su historia personal, lo que permite que si no se encuentra preparada psicológicamente, será más propensa a sufrir depresiones, en una etapa de la vida donde se producen cambios psicológicos que movilizan muchas emociones y estados: alegría, euforia, miedos, confianza, inseguridad, dudas y cansancio.
Maternidad
Impacto Psicológico en la Mujer.
Para la mujer la Maternidad representa uno de los eventos más importantes en su vida dado que la sociedad y la cultura le han dado un valor especial, estableciendo lo que se espera de ella en esta etapa. El Embarazo puede traer muchos cambios emocionales, físicos y sociales para la madre su pareja y el resto de la familia.
Mientras que muchas madres disfrutan en gran medida estos cambios, como la experiencia del embarazo o el agregar un nuevo miembro a la familia, algunas no comparten estos sentimientos y con frecuencia padecen algún trastorno psicológico que resulta en una grave angustia reactiva a problemas psicológicos, físicos o sociales.
Realidades de la Embarazada.
La aparición de un nuevo ser creciendo en su interior hace que se provoque todo un cambio en el cuerpo que puede ser bueno o malo, pero la relación interior con ese ser, si no es deseado o va a generar problemas, puede provocar que la embarazada se sienta mal.
Al cambiar el cuerpo, cambia estéticamente lo que, para algunas mujeres, es una gran molestia y hace que muchas se nieguen a aceptar el embarazo (incluso escondiéndolo hasta el punto de vendarse la barriga con el fin de que no se le note).También existe un cambio en el papel social, por ejemplo, deja de ser esposa para ser madre, lo que puede generar ansiedad en algunos casos.
Cambios en el embarazo.
Biológicos
Los eventos biológicos van desde cambios en el aspecto físico de la mujer como son el progresivo aumento de peso y de volumen, alteración en la coloración de la piel y en las mucosas genitales, hiperflexibilidad de las articulaciones, hasta cambios fisiológicos mayores como son los ocurridos en el sistema cardiovascular, urinario, digestivo, respiratorio, de coagulación, y órganos reproductivos.
En cuanto a los cambios psicológicos, estos son más importantes cuanto más condiciones desfavorables rodeen la gestación, el parto y el puerperio. Para romper con todo esto, es necesaria la ayuda del compañero, de la familia, especialmente la madre.
Fisiológicos
Los cambios de la gestante no tienen comparación: modificaciones en las proporciones, aumento de peso y de volumen, pasando por alteraciones metabólicas bien importantes hasta llegar al término, el nacimiento del fruto tan esperado.
Empiezo por mencionar los más obvios, los cambios externos: El primer signo es la cesación de la menstruación. Lo más evidente es el crecimiento del abdomen y el aumento de peso; la mujer aumenta 12.5 Kg. o 27 libras, más o menos lo que corresponde a una libra por semana después del primer trimestre. Las razones para este aumento son:
La expansión de la masa acuosa; esto se explica porque bajo la influencia de las hormonas se sintetizan más muco polisacáridos en la sustancia intersticial produciendo mayor retención de líquidos; esto a su vez, produce cambios en la consistencia y función de las articulaciones y los ligamentos. (Se hacen más elásticos y distensibles).
Ocurre un aumento de las necesidades nutricionales; 150 Kcal en el primer trimestre. La ingestión de proteínas es de 1.2 g. /Kg. de peso, y en la adolescente 1.5g. /Kg. de peso. Las necesidades férricas aumentan y se necesita complemento.
Aumenta la necesidad de ácido fólico y otras vitaminas. Estas consideraciones son especialmente importantes en la adolescente; existe competencia entre ella, que se encuentra en crecimiento, y su feto, que requiere de nutrientes para desarrollarse.
Los cambios más importantes se suceden, claro está, en el aparato reproductivo. El útero pasa de ser semejante al tamaño de una pera y duro, al de un saco elástico, que facilita la palpación del niño. Este órgano crece de 500 a 1000 veces con respecto al no grávido. Su peso aumenta de 40 g. antes del embarazo en la mujer nulípara, y de 70 a 80 g. en la multípara a 800 g. inmediatamente después del parto.
Al crecer, el útero se mueve dentro de la cavidad abdominal y viene a desplazar los intestinos. El número y tamaño de los vasos sanguíneos del útero y de la pelvis, aumenta con el fin de garantizar el flujo sanguíneo del útero al feto. Después del tercer mes, el útero se coloca en posición anterior.
La vagina: Debido al aumento de vasos sanguíneos, la vagina se muestra congestiva, alongada, y su mucosa cambia de una tonalidad rosa a azulosa o violácea (Signo de Chadwick): normalmente se presenta flujo que varía de mujer a mujer (en cantidad); por lo general es blanquecino, espeso y ácido, probablemente para prevenirla de infecciones. Esto es resultado de la hiperactividad de las glándulas de los tejidos vaginales.
Las mamas: Los cambios que se presentan en las glándulas mamarias son espectaculares y pueden empezar desde el momento mismo de la pérdida de la menstruación, y de hecho son unos de los signos más precoces del embarazo. El aumento de tamaño y firmeza se debe al crecimiento de la glándula sobre el tejido graso, que en ocasiones causa dolor. Las aréolas se agrandan y se oscurecen.
Aparecen unos pequeños tubérculos que permanecen durante esta etapa y la lactancia; son los tubérculos de Montgomery (que son glándulas sebáceas alargadas) cuya finalidad es lubricar la aréola y los pezones. La piel se estira y deja traslucir los vasos sanguíneos. La capacidad eréctil de los pezones, aumenta y en ocasiones hay salida de calostro.
La piel: Con la producción de estrógenos, la piel va a presentar variaciones dependiendo del tipo que sea, con predominio del tipo grasa: se hará más grasa o más seca si es de uno u otro tipo. Las palmas de las manos se enrojecen y se llenan de telangiectasias. Suelen oscurecerse áreas como la cara, el cuello, las aréolas, y la línea media del ombligo hacia abajo. Al distenderse la piel, se pueden producir estrías por la pérdida de elasticidad. Estas estrías tienen una predisposición genética.
Articulaciones: Los principales cambios se suceden a nivel de la pelvis. Las articulaciones sacroilíacas se relajan, lo que hace que los huesos pelvianos tengan algo de movilidad, aumentando la capacidad de la pelvis y facilitando el paso del niño a través del canal del parto.
Boca: La principal alteración en la boca se presenta a nivel de encías: gingivitis generalizada caracterizada por importante inflamación y sangrado profuso debido a la acción de las Hormonas esteroideas sexuales que inducen a vasodilatación y a formación de nuevos Vasos sanguíneos.
Psicológicos
Contrariamente al concebir la gestación como un tiempo de "espera", de pasividad, el embarazo es un período de grandes exigencias, no sólo corporales sino también psíquicas. El conocer los mismos evita a la futura mamá sentirse inadecuada o rara por lo que siente y le permite vivir su maternidad con mayor naturalidad.
Los cambios están determinados por lo que implica el futuro acontecimiento, pero también por importantes modificaciones hormonales que afectan a la mujer en este período. Estos cambios son independientes de si el embarazo fue o no planificado, ya que siempre es necesario un proceso de adaptación cuando se espera un hijo, tanto en la vida de la mujer como de la pareja.
Durante los nueve meses aparecen en la mujer períodos de euforia y alegría por estar engendrando una nueva vida; así como preocupación y duda por no sentirse preparada para llevar adelante el desafío de la maternidad.
Es característica una mayor susceptibilidad, en la que se tiende a experimentar altibajos emocionales, pasando con facilidad de la euforia al decaimiento, de la alegría a la tristeza, del buen humor al mal humor. Estos cambios suelen acentuarse frente a circunstancias adversas, pero también pequeños acontecimientos pueden cobrar una dimensión desproporcionada. Es importante que la mamá sepa que esto que siente no daña el desarrollo del hijo, y que no debe preocuparse si siente por ejemplo la necesidad de llorar.
La preocupación por el ser no nacido, varía en las diferentes etapas del embarazo.
Directamente relacionada con el aumento de la susceptibilidad característica de esta etapa, hay una mayor necesidad de atención y apoyo, que suele manifestarse a través de los antojos. Especialmente la pareja, ocupa un lugar fundamental en el bienestar emocional de la madre. No olvidemos que también los antojos pueden responder a una necesidad del organismo.
Con respecto a la relación con los padres de la embarazada, puede llegar a haber un acercamiento respecto a lo que fueron otras etapas. Pero cuando la relación ya era conflictiva puede ocurrir, si no se salvan las distancias, que se genere un distanciamiento aún mayor. Entre las personas que cobran también importancia, y con quien se suele tener especial expectativa es con el profesional que la atiende.
En el deposita toda la confianza, y con quien se tiene gran susceptibilidad, no solo por parte de la madre, sino también del padre.
Periódos del embarazo
El embarazo se divide en tres períodos de 3 meses, llamados primer trimestre (semanas 1 a 12), segundo trimestre (semanas 13 a 24) y tercer trimestre (semana 25 hasta el parto).
Primer Trimestre
En el proceso del embarazo, la confirmación y anuncio de este, puede generar
incertidumbre frente a los nuevos cambios y las posibles pérdidas y modificaciones que implica. Muchas parejas pueden disfrutar del embarazo si sus condiciones emocionales o afectivas son favorables, otras parejas se sienten amenazadas y tienen dificultad en aceptar la nueva situación y los cambios que experimentan. En el primer trimestre es difícil concebir la idea de un "ser en formación", por lo que más suele temerse por la continuidad del embarazo, y por la capacidad que se tenga o no de adaptarse a los cambios que traerá el mismo.
Segundo Trimestre.
No es casualidad que los temores relativos a la salud del feto se incrementen cuando se evidencian sus movimientos, dando lugar a temores y fantasías tales como "que esté completo", "que nazca sano", "que no muera", entre otras. Todos estos apuntan al temor por problemas de salud fetal, lo cual hace reflexionar a los padres sobre su capacidad para engendrar un hijo completo y sano. La aceptación de la imagen corporal de la madre juega un papel predominante en el manejo de la sexualidad durante la gestación. Este cambio corporal puede ser vivido como un aspecto más de la realización como madre, pero puede ser también algo temido y capaz de reactivar angustias y temores. Es así como la historia de la pareja, la planeación y el deseo por el hijo, se constituyen en una oportunidad para disfrutar de la sexualidad durante la gestación.
Tercer Trimestre
La aproximación al parto constituye uno de los principales motivos de cambios y temores. El conocimiento del proceso disminuye la ansiedad y favorece la experiencia del nacimiento. Especialmente en el último trimestre de gestación,
donde los cambios físicos alcanzan su punto más alto, alterando totalmente el
aspecto y las cualidades del cuerpo. Se teme no sólo por la pérdida de un cuerpo conocido, sino también por el efecto que pueda tener esto en la pareja, a quien se teme dejar de agradar. A su vez se percibe la cercanía del parto, como un momento único y distinto para cada mujer, en que se teme por una situación futura desconocida. La posibilidad de imaginar una gran variedad de situaciones respecto a las características de ese hijo ya formado, hace que aumente la ansiedad por conocerlo, y el temor por la posibilidad que surja algo inesperado o no deseado.
Esto sumado a la incomodidad del sobrepeso, hace que aparezcan dificultades para conciliar el sueño. Simultáneamente aparece la preocupación por sí misma, común a todas las embarazadas. La mujer va a pasar por una serie de cambios físicos y psicológicos que van a afectar su percepción del mundo y de ella misma, aumentando el deseo de sentir protección y seguridad.
Factores que afectan a la mujer Embarazada.
Introversión y Pasividad:
Es muy común que la embarazada se sienta con la
necesidad de descansar, de hacer las cosas más tranquilas y disfrutarlas. Ocurre también que disminuye el interés por algunas actividades que se realizaban antes del embarazo. Es bueno que la pareja sepa que esto es normal, ya que puede producirle ansiedad e incluso frustración ver este cambio. Cuando existen náuseas y vómitos, se les echa la culpa a ellos, pero cuando no es así, puede aumentar la frustración.
Narcisismo Primario:
La mujer se siente única, se centra en sí misma. Es común que algunas mujeres comiencen a utilizar ropa maternal antes de tiempo, como una manera de llamar la atención ante su estado que la hace especial. Se le hacen consientes todas sus necesidades. Es un mecanismo inconsciente y protector ya que procurará hacer todo lo que cree necesario y bueno para su bebé. Todo esto es natural y no debe restringirse, siempre que no sea llevado a extremos.
Labilidad Emocional:
La mujer se pone más "sensible". Hay variaciones en el genio y hay mayor irritabilidad. Es determinante la personalidad previa de la embarazada.
Es bien tolerado en una mujer equilibrada, independiente, madura. Es importante que el hombre sepa de esta labilidad para que no lo tome por sorpresa. Debe saber que son pasajeros y que es positivo consentirla y ser cariñoso.
Ambivalencia ante el embarazo:
Cuando la mujer se entera de que está embarazada puede tener sentimientos ambiguos. Está feliz, pero a la vez puede sentir un poco de miedo, o tal vez pensar que pudieron esperar más tiempo, etc.
Incluso es común que sienta desilusión. Toda esta ambivalencia suele ocurrir en los días posteriores a la confirmación del embarazo.
Cambios emocionales:
Llorar sin tener un motivo aparente, sentir miedo de que el bebé nazca con malformaciones, angustia y ansiedad son algunas de las sensaciones que experimenta la gestante debido al aumento de las hormonas durante los nueve meses.
Alegría-Tristeza: Se sentirá emocionalmente muy sensible, fácilmente se pondrá alegre o triste y en ocasiones no podrá comprender por qué se encuentra deprimida.
Miedo y ansiedad: Es muy normal y aceptable que el inicio del embarazo puede provocar angustia y miedo al pensar en la posibilidad de perder al bebé o por los malestares comunes de la gestación. Al final del embarazo atemoriza la idea de anormalidades físicas en el bebé, que nazca antes de tiempo, que no respire o no llore al nacer, el no ser capaz de ser una buena madre y el dolor de parto.
Incertidumbre
Es posible que experimente confusión de sentimientos con respecto a su embarazo, a su capacidad de sobrellevarlo y a poder manejar adecuadamente las necesidades del futuro recién nacido. Puede tener sentimientos de culpa al no aceptar el embarazo desde su inicio, porque éste le impide continuar con su ritmo de vida. Es importante que sepa que es un sentimiento completamente normal; el embarazo es un gran cambio y como tal genera miedo, superando este sentimiento a medida que avance el embarazo y al aceptar lo especial de este evento.
Depresión:
Angustia, miedo de sentir la responsabilidad de cuidar un ser indefenso y perder independencia, siente que la vida de pareja se descontrola.
El embarazo generalmente se presenta como una etapa en la que las mujeres están rebosantes de alegría por estar esperando un bebé. Esto es especialmente cierto en nuestra cultura, en la que valoramos muchísimo la maternidad. Sin embargo, no todas las mujeres viven los embarazos llenas de felicidad, y no porque sean malas mamás, sino porque los cambios hormonales que ocurren durante este período pueden provocar una depresión. Al menos una de cada diez mujeres sufre problemas de depresión durante el embarazo.
Durante muchos años los expertos han creído, de forma equivocada, que los embarazos protegían a las mujeres de las depresiones. Se pensaba que era después de tener al bebé, una vez que los niveles hormonales descendían, cuando las mujeres estaban más expuestas a la depresión. Ahora, sin embargo, se cree que el rápido incremento de los niveles hormonales que se da al inicio del embarazo puede variar la química del cerebro y conducir a la depresión.
Los cambios hormonales también pueden hacer que se sienta angustiada y más ansiosa de lo normal. La ansiedad o la angustia son condiciones que se pueden tratar, y que se deben tratar durante el embarazo.
A menudo, la depresión y la ansiedad no se diagnostican porque muchas mujeres no les dan importancia a sus sentimientos: piensan que se deben a los cambios de humor temporales que acompañan el embarazo.
Estrés:
Fatiga, insomnio, ansiedad, aumento o descenso del apetito, inestabilidad emocional: El propio embarazo es una fuente de estrés por todos los cambios que implica. La noticia genera tensión ante la responsabilidad que supone convertirse en madre.
Además, los primeros meses hay cierto temor a perder el bebé que puede angustiar a la futura mamá. Los cambios hormonales provocan inestabilidad emocional y eso, unido a las náuseas, el sueño etc. que aparecen en esta fase puede aumentar el estrés. Una crisis de pareja, la pérdida de un ser querido, una mudanza o las dificultades económicas pueden disparar el nivel de ansiedad de la embarazada.
Los conflictos, las prisas y los agobios forman parte de nuestra rutina diaria. Durante el embarazo estas situaciones pueden producir estrés a la futura mamá. Descubre las claves para disfrutar de un embarazo tranquilo y sin agobios.
Cuando el estrés es intenso o se prolonga, puede perjudicar la salud de la embarazada y la del bebé. De hecho, las mujeres que presentan niveles altos de estrés durante el embarazo tienen más posibilidades de que sus bebés nazcan bajos de peso y, sobre todo, son más propensas a sufrir partos prematuros.
Además, el estrés hace que se tomen más medicamentos, sea más difícil dejar de fumar, que no se descanse, que la dieta se desequilibre..., todos ellos son hábitos que no resultan nada beneficiosos para una mujer embarazada.
Estrés durante el embaraza.
El primer paso para que la embarazada pueda combatir el estrés es averiguar que lo provoca: la causa más frecuente es el trabajo. Si antes del embarazo la mujer ya estaba agobiada, ahora esta sensación se puede incrementar: su estado le va a impedir continuar con el mismo ritmo, y el hecho de no estar al cien por cien y no llegar a todo puede estresarla aún más.
Las tareas domésticas y las dificultades para compaginar vida laboral y familiar también pueden generar agobio y nerviosismo en la futura madre, especialmente cuando hay niños pequeños a los que atender y no se cuenta con ayuda.
El propio embarazo es una fuente de estrés por todos los cambios que implica. La noticia genera tensión ante la responsabilidad que supone convertirse en madre.
Además, los primeros meses hay cierto temor a perder el bebé que puede angustiar a la futura mamá. Los cambios hormonales provocan inestabilidad emocional y eso, unido a las náuseas, el sueño etc. que aparecen en esta fase puede aumentar el estrés.
Importancia de la comunicación de la pareja durante el embarazo.
La mujer embarazada es especialmente sensible a las influencias sociales y del medio. El cónyuge –padre de la criatura- debe saber adaptarse a sus cambios de humor y al aspecto físico cambiante y acomodarse a sus nuevas expresiones sexuales. Durante el embarazo, tanto el hombre como la mujer tienen una intensa afectividad al estar más sensibles a las emociones y existe una buena predisposición para la compenetración y la relación sexual. Tienen inmensas posibilidades de brindarse ternura y afecto entre sí y a la vez sentir satisfacción. La comunicación es importante en cualquier relación. Pero para que la comunicación sea efectiva es importante que se escuche a la otra persona y no solo enfocarse en hablar.
El embarazo es un tiempo de sentirse saludable, satisfecha con uno misma, orgullosa, y con todo tipo de sentimiento positivo; a la vez acompañado de malestares normales del embarazo, la mala barriga, el cambio de ánimo, las preocupaciones que nos vienen normales, las responsabilidades y el cambio del estilo de vida. Es por esto que la comunicación es tan importante con la pareja; la madre necesita comunicarse con alguien y ese alguien debe expresarle que si es competente como también expresarle amor y cariño. Es de suma importancia durante el embarazo que la pareja este ahí presente, no solo para resolver problemas, sino también para escucharla, tanto en sus alegrías, frustraciones, ansiedades y miedos acerca del embarazo y la maternidad. Cuando la pareja se encuentra en la misma “onda” es como si uno le leyera la mente al otro. Sin embargo, cuando no es así, es como si ambos hablaran diferentes idiomas. Aquí vienen las malas interpretaciones y peleas.
Psicología del Embarazo, la embarazada y su pareja.
El embarazo no es una etapa más en la vida, estar embarazada, para una mujer, es el cambio de su vida. Es una etapa que crea muchas expectativas, muchos miedos, muchas dudas y misterios. Toda mujer teme y anhela al mismo tiempo estar embarazada, y desde el mismo momento en que comienza a sentir los primeros síntomas del embarazo empieza un período que es muy difícil que otro lo comprenda y entienda si no lo vive. Durante la gestación del embarazo, es de vital importancia para la psicología de la embarazada, que el obstetra, por ejemplo, inspire profunda confianza en su paciente y que a la vez ejerza autoridad con cariño, para desvanecer los temores que suelen tener las mujeres durante el embarazo y para el parto. Es importante que se le diga a la embarazada todo sobre los cambios que sufrirá su cuerpo y su organismo completo durante esos 9 meses de gestación. La causa y finalidad de cada uno de esos cambios. Así como que se le informe de las complicaciones que pueden llegar a presentarse durante el embarazo, como la manera en que se pueden evitar. La embarazada, debe conocer las etapas del embarazo, con sus tiempos de duración y los síntomas asociados. El comportamiento de las embarazadas se altera con los dolores, las náuseas, los vómitos, los mareos, el cansancio. Por lo que quienes la rodean, ya sea su pareja, familiares y amigos, deben comprender y ser pacientes y acompañarla.
El padre o pareja de la embarazada también debe recibir un trato especial, ya que también pasa por un momento psicológico de cambio en las emociones de todo tipo.
Muchas veces se lo deja de lado, porque él no sufre cambios físicos, pero sí
mentales. Hay que acompañarlo, y comprenderlo en sus cambios emocionales.
Higiene durante el embarazo.
Higiene mental.
Entendemos por higiene mental de la mujer gestante la preparación psicológica
positiva, esperanzada y optimista ante su embarazo, aceptando las limitaciones de su estado y colaborando conscientemente en todos los aspectos del mismo hasta llegar al parto.
Ciertamente, la embarazada sufre algunos trastornos propios de la gestación que constituyen inconvenientes muy superables, en especial con la ayuda del tocólogo y su consejo. Algunas mujeres sufren problemas psicológicos derivados a su deformación física o de la ansiedad ante el acontecimiento que se aproxima. Unos y otros deben desecharse racionalmente.
Conviene, por lo tanto, rechazar durante el embarazo las situaciones conflictivas, los disgustos, depresiones de ánimo, exceso de trabajo, preocupaciones, etc., situaciones que, en algún caso, podrían llegar a provocar un aborto o malformaciones del feto. El más positivo estímulo que puede recibir la embarazada es la comprensión,
delicadeza y esperanza confiada del esposo, responsable como ella del acontecimiento que se aproxima.
El marido o compañero es, sin duda, la persona que más y mejor puede ayudar a la embarazada, no sólo animándola, sino ayudándole en muchas de las tareas cotidianas del hogar que en los últimos meses quizás resulten más pesadas para ella.
También es muy interesante que el padre se interese por todas las circunstancias del embarazo y se esfuerce en comprender los estados de ánimo de la futura madre, interesándose por sus preocupaciones, tratando de distraerla y animarla y colaborando con ella en los preparativos del próximo nacimiento.
Relaciones sexuales.
El deseo de mantener relaciones sexuales decrece, bien por miedo a dañar al feto, bien por una disminución de la libido. Sin embargo, excepto en casos de contraindicación médica, no son perjudiciales, ya que ayudan a liberar la ansiedad y contribuyen a la elasticidad y flexibilidad de los músculos perineales.
Si el embarazo cursa con normalidad no es necesario modificar o interrumpir los hábitos sexuales, siempre y cuando no resulten molestas para la madre. Cuando el vientre comienza a crecer, el coito en la postura clásica puede resultarle molestoso; si es así, puede adoptar posiciones que sean más cómodas. Deben evitarse las relaciones sexuales cuando existe hemorragia o pérdida de sangre por los genitales, amenaza de parto prematuro o rotura de las bolsas de las aguas. Se recomienda evitar las relaciones sexuales en las 2 o 3 últimas semanas del embarazo.
Este capítulo trata de forma fundamental aspectos relacionados con el Programa Materno Infantil, el desarrollo histórico de los Hogares maternos así como su estructura y funcionamiento, algo importante abordado en este capítulo son algunos aspectos psicológicos en las embarazadas.
Generalizaciones
En los medios de Salud es muy frecuente escuchar la palabra Embarazas Institucionalizadas. Las principales causas para convertirse en del ingreso son el bajo peso, la hipertensión arterial, diabetes, amenazas de aborto y la residencia de las embarazadas próximas a parir en zonas intrincadas.
Es vital atender de manera diferenciada e integral a la gestante que puede presentar no solo patología ginecobstétrica sino también alteraciones emocionales en una etapa única y maravillosa que merece ser vivida con plenitud y felicidad, convertida en un período de cambios activos en su cuerpo y su mente que no siempre acepta con total naturalidad, transitando por distintas etapas y procesos afectivos.
Dada la trascendencia que tiene la maternidad para la mujer, requiere de un proceso de adaptación frente al mismo, pues se modifican en ella su estructura y su proyecto de vida a partir del suceso que se encontrará influido, por la sociedad en la que vive y por su historia personal, lo que permite que si no se encuentra preparada psicológicamente, será más propensa a sufrir depresiones, en una etapa de la vida donde se producen cambios psicológicos que movilizan muchas emociones y estados: alegría, euforia, miedos, confianza, inseguridad, dudas y cansancio
La embarazada en tal condición es desarraigada del medio familiar incidiendo de esta manera sobre ella la carencia desde el punto de vista emocional, de la pareja y la familia, creándose expectativas y preocupaciones en torno al hogar que debe abandonar por su condición y para llevar a buen fin la gestación. Por lo que la necesidad social radica en cómo la institución debe contribuir con un accionar favorable que permita un estado psicológico positivo dentro de las embarazadas institucionalizadas, pues es un proceso tan intenso, en el que no se puede ver simplemente a una mujer cuyo vientre crece progresivamente, sino a una pareja que da vida, a una familia llena de expectativas sobre el fruto que dará esa mujer, producto de todo un entorno, inmersa en un mundo susceptible de cambiarle favorable o desfavorablemente. Por consiguiente es obvio pensar en la incidencia que puedan tener las características psicosociales en las embarazadas institucionalizadas, esta incidencia es uno de los aspectos poco abordados en el campo de la Ginecobstetricia.
Fuente
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