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Fósiles vegetales

Fósil vegetal
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Reino:Plantae
Fósil vegetal. Es una parte o un organismo vegetal completo, que vivió en tiempos geológicos pasados y que se ha conservado mediante un proceso físico-químico llamado fosilización.

Paleobotánica

La paleobotánica es la rama de la paleontología que estudia las formas de vida vegetal que han poblado el planeta desde que este pudo sostener la vida sobre su superficie. Esta especialidad nos permite conocer entre otras cosas, como ha variado el clima a través de la historia del planeta, además de permitirnos deducir como era el medio ambiente en el cual se desarrollaron otras formas de vida.

Existen las condiciones necesarias para que los restos de un organismo se fosilice, y por lo general solo se conservan de este las partes mas duras, sin embargo ocurre ocasionalmente él echo fortuito de que se conservan también las partes más blandas, gracias a esto es posible que lleguen hasta nosotros algunas de las partes más importantes a la hora de clasificar una planta estas son las hojas, pero no solo esto es lo que se ha conservado de las plantas y arboles prehistóricos sino también parte de sus troncos, semillas y resina fósil.

Debido a que es muy difícil que encontremos una planta completa, con todos sus elementos, lo corriente es encontrar en el sitio una variedad de tipos de hojas, semillas, madera en estado fósil lo que hace muy difícil el relacionar unas con otras, esto ha dado lugar ha que cada elemento sea clasificado en forma independiente como si fuera una especie distinta, esto se conoce como clasificación parataxones.

Fósil vegetal

La manera de conservarse está en función de la trayectoria que ha seguido el individuo desde su muerte hasta que ha sido recolectado. Algunos pseudofósiles pueden confundirse con vegetales. Un ejemplo son las dendritas de pirolusita (manganeso).

Impacto ambiental

Los senderos turísticos están delimitados con pequeñas piedras o restos de los mismos fósiles y carteles, y los guías destacan que es importante no salirse de ellos aunque el terreno parezca de arena firme, porque es peligroso. No para la gente, sino para el ambiente, porque esos arenales pueden estar llenos de semillas, hojas y diminutas astillas fosilizadas, que se romperían o se perderían en los calzados de los desaprensivos visitantes. Como en el cuento de Ray Bradburry en que un hombre pisó una mariposa en el pasado y puso en riesgo el mundo presente, acá muchas pisadas en el suelo presente pueden destruir una parte importante del pasado millonario de la Patagonia.Sin embargo, la mayor depredación sucedió en la década del 60, con el auge petrolero en Chubut, cuando los empresarios del sector descubrieron el lugar y los camiones salían cargados con grandes fósiles que iban hacia el exterior, ante la vista impotente de los lugareños. Para evitarlo, en 1970 el valle fue declarado Reserva Natural Provincial. Bosque fósil3.jpg Pero parte del daño también es responsabilidad de los mismos patagónicos, ya que en los poblados cercanos y aun en Sarmiento, hace pocos años numerosos vecinos ostentaban en sus jardines y frentes algún trozo de madera petrificada, que ahora muchos trasladaron al patio trasero o a algún sitio oculto, y quizás unos pocos los devolvieron a donde deben estar, porque gracias a una importante campaña municipal de concientización la depredación no sólo es ilegal sino también algo vergonzoso.En los últimos tiempos, Sarmiento incorporó un equipo de guardaparques y guías oficiales, lo que hizo disminuir en gran medida la “depredación hormiga” que practicaban muchos de sus cerca de 10 mil turistas anuales, a veces con un guiño cómplice del guía, que falto de conciencia ambiental sólo pensaba en la propina que recibiría.

También la naturaleza impacta a su manera esta reserva, ya que en invierno la escasa humedad se condensa en las grietas de las maderas petrificas, donde se transforma en hielo y a veces éstas estallan por la presión, por lo que cada año algunos troncos son convertidos en astillas.El polvo que el viento levanta de este desolado valle se expande imperceptible por la región y genera unos hermosos crepúsculos rojo sangre, más bellos aún si se reflejan en sus lagos, donde bandadas de aves zancudas se elevan contra el sol en el momento exacto para la postal.

Bosuqe fósil más grande del mundo

En la soledad de la meseta del sur de Chubut, a unos 150 kilómetros al oeste de Comodoro Rivadavia, la ruta provincial 26 hace una curva cerrada tras la cual surge a la vista el verde valle del río Senguer, regado por una red de canales originados en este curso de agua, en el que dos grandes lagos flanquean una de las ciudades más antiguas de la Patagonia: Sarmiento. A 30 kilómetros de allí, en un ambiente agreste, seco y pedregoso, se encuentra el mayor bosque petrificado del mundo.

La ruta corre lejos del lago Colhué Huapi y antes de bordear el Musters pasa por el acceso a Colonia Sarmiento, tal el nombre con que fue fundada en 1897 esta comuna de unos diez mil habitantes. En su valle se cultivan hortalizas y frutas, se cría ganado ovino y bovino y constituye un oasis para quien haya soportado durante horas el intenso viento seco del desértico Corredor Central de la Patagonia, especialmente si viaja sobre dos ruedas, como fue en este caso. Pero si la meta es el Bosque Petrificado José Ormaechea se debe continuar de la entrada un centenar de metros y girar a la izquierda, hacia el sur, y rodar otros 30 kilómetros por un camino de ripio.

Restos fósiles

Al alejarse del valle, el verde desaparece y nuevamente el terreno se torna rocoso, con tonos grises y amarillentos, y la escasa vegetación la conforman arbustos retorcidos y matas bajas, espinosas y polvorientas. El canto rodado obliga a bajar la velocidad para no derrapar o caer en las curvas, donde el viento acumula sobre el suelo duro varios centímetros de piedras ovales y suaves que desestabilizan cualquier vehículo.

Pronto aparecen las típicas mesetas escalonadas y sierras aisladas de la Patagonia, precedidas por un conjunto de leves lomas de estratos rojizos y ocres, con finas franjas blancas, que contrastan con el cielo azul impecable del mediodía. Cada capa fue conformada en un período geológico de duración inconcebible para los tiempos humanos, por lo que se podría decir -parafraseando a Napoleón ante las pirámides egipcias- que desde esos estratos, unos cien millones de años nos contemplan.

Al final del camino, aparece el valle que una vez fue fondo marino, donde al retirarse el océano quedaron lagos y pantanos en un clima subtropical, que albergaron una fauna variada -probada por los muchos hallazgos paleontológicos de la zona- y una selva con coníferas y palmeras que llegaban a los cien metros de altura. Al surgir la cordillera de los Andes en la Era Paleozoica o Terciaria, hace unos 70 millones de años, los vientos del Pacífico perdieron su humedad al oeste de las montañas y azotaron áridos y furiosos la región, lo que sumado a erupciones volcánicas acabó con ese vergel.

Identificación

Las plantas fósiles son ventanas al pasado que nos proporcionan pistas acerca de cuál era el aspecto de nuestro planeta hace millones de años. Los fósiles no sólo nos dicen qué especies estaban presentes antes de la historia escrita por los humanos, sino que también pueden proporcionar información sobre el clima y sobre cómo y cuándo los linajes pudieron haberse dispersado por el mundo.

Sin embargo, tratar de identificar las plantas fósiles puede ser una labor propensa a errores, cuando no se preservan todos los órganos de las plantas o cuando sólo es posible examinar unas pocas partes.

Peter Wilf (de la Universidad Estatal de Pensilvania) y sus colegas estadounidenses y argentinos han descubierto y analizado abundantes especímenes fosilizados de una conífera conocida anteriormente como “Libocedrus” prechilensis y encontrados en la Patagonia argentina.

Este vegetal fue descrito por primera vez en 1938, sobre la base de un fósil cuyas características parecían coincidir más estrechamente con las de una conífera actual cuyo nombre científico es Austrocedrus (Libocedrus) chilensis.

Sin embargo, numerosas características de las hojas, incluyendo su forma distintiva y la configuración de sus estomas, así como otros detalles de los nuevos especímenes descubiertos, encajan a la perfección con las típicas del actual género Papuacedrus, estrechamente emparentado, y que hoy en día sólo está presente en Nueva Guinea y las Islas Molucas.

Basándose en los especímenes fósiles recién descubiertos, de hace 52 y 47 millones de años, Wilf y sus colegas han reclasificado la especie fósil, catalogándola dentro del género Papuacedrus, bajo el nuevo nombre de Papuacedrus prechilensis.

Una de las deducciones más importantes que los científicos han hecho a raíz de esta nueva catalogación es que, puesto que el género Papuacedrus suele hallarse en hábitats tropicales montañosos y está limitado fisiológicamente a los climas sumamente húmedos, en el Eoceno la Patagonia tuvo que ser un lugar tropical cálido y húmedo, como ya han sugerido otros indicios encontrados en estudios anteriores, y no una estepa fría y seca como lo es hoy en su mayor parte.

Tipos de fósiles vegetales

Existen varios tipos de fósiles vegetales, según como se hayan preservado en los sedimentos. Los más comunes son:

Impresiones y compresiones

Otozamites (Impresiones y compresiones).JPG
Se dan cuando las partes planas de los vegetales, como las hojas se imprimen en los sedimentos dejando su huella en estos. Si las hojas conservan la materia orgánica tendremos una compresión. En este caso, puede que quede preservada la cutícula que cubre la epidermis de la hoja, que es una sustancia cérea muy resistente a la carbonización.

Moldes y contramoldes

Ocurren cuando las partes con más volumen, como los troncos, se entierran en el sedimento. Si la materia orgánica se destruye, el molde lo constituirá el hueco dejado por el árbol. Si este hueco se rellena de sedimento se forma un contramolde.

Permineralizaciones

Conífera, Pérmico (Permineralización)
Se dan cuando los tejidos vegetales se han impregnado de sustancias minerales como sílice o carbonato cálcico. Normalmente, se impregnan las células después de la destrucción de su contenido conservándose las paredes. Un ejemplo clásico son los troncos silicificados o "xilópalos".

Colección de fósiles

La colección de vegetales fósiles del Jardín Botánico de Córdoba tiene como base la colección del Profesor Roberto Wagner, que consta de más de 150. 000 ejemplares exclusivamente de fósiles vegetales, en su mayor parte de edades carbonífera y pérmica, sobre todo de procedencia española, destacando: La Cuenca Minera de Peñarroya-Belmez-Espiel (Córdoba), Puertollano (Ciudad Real), las Cuencas Mineras Asturianas, Leonesas y Palentinas entre otras. También hay una buena representación de material de otras edades y de distintas partes del mundo, como EEUU, Argentina, Australia, Turquía, Gran Bretaña, Alemania, Francia, etc. A esto hay que añadir los ejemplares donados por investigadores, fundamentalmente de fuera de nuestro país, así como el material que se va incorporando continuamente como consecuencia de las sucesivas campañas de campo realizadas por miembros de la Unidad.

Flora Fósil en Cuba

En Cuba se encuentran, relativamente abundantes, restos fósiles de plantas, de carácter macroscópico, es decir: raíces, troncos, ramas, hojas, semillas, frutos o detrito vegetal. Estos restos están preservados de distintos modos:

  1. raíces, troncos y ramas convertidos en sílice (El Chorrillo, Camagüey);
  2. raíces, troncos y ramas transformados en caliza (Formación Jagua, Pinar del Río);
  3. raíces, troncos, ramas, hojas, y semillas conservados en asfalto (San Felipe, Matanzas);
  4. diversos elementos convertidos en impresiones y moldes en travertina --carbonato de calcio-- (Loma Cunagua, Camagüey),
  5. diversos elementos carbonizados y oxidados conservados en rocas arcillosas y arenosas (Formación San Cayetano, Pinar del Río; Abra del Yumurí, Matanzas).

En Cuba, hasta el momento, no se ha descubierto ámbar, que abunda en México y La Española, aunque aparece en pequeñas cantidades en Jamaica y Puerto Rico.

Las localidades donde se han encontrado restos de plantas fósiles están organizadas en un catálogo, el cual no incluye las localidades con polen y esporas, por el hecho de que la mayoría de las formaciones sedimentarias arcillosas de Cuba, potencialmente contienen estos microfósiles. No obstante, aquí se ofrecen algunas referencias de estudios de este tipo de fósiles, que desafortunadamente son muy limitados. El mismo tratamiento se aplica a los lignitos y carbones.

El catálogo de localidades contiene aquellas de plantas vasculares bien conocidas de la literatura Paleobotánica de Cuba, así como nuevas localidades que han sido descubiertas durante los trabajos de campo del autor. Sin embargo, la mayoría de ellas están aún sin estudiar, desde el punto de vista taxonómico. Material obtenido de estas localidades está a disposición de los especialistas, en las colecciones del Museo Nacional de Historia Natural. Es de destacar que la limitada cantidad de localidades es un reflejo del bajo grado de estudio de la Paleobotánica de Cuba.

Enlaces externos

Fuentes

  • Iturralde-Vinent, 2001.
  • Alvarez Conde, J., 1957. Historia de la Geología, Mineralogía y Paleontología en Cuba. Publicaciones Junta Nacional de Arqueología y Etnología. La Habana, 248 p. (Presenta un capítulo sobre Paleobotánica).
  • TORRES, T. 1985. Plantas fósiles en la Antártica. Boletín Antártico Chileno 5 (2): 17-31.
  • TORRES, T. 1984b. Nothofagoxylon antarcticus n. sp., madera fósil del Terciario de la isla Rey Jorge, islas Shetland del Sur, Antártica. Serie Científica INACH 31 : 19-25..