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Filosofía inglesa (Siglos XVII y XVIII)

Filosofía inglesa (Siglos XVII y XVIII)
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La Ilustración del siglo XVIII fue el ariete con que la entonces joven clase burguesa arremetió contra los puntales de la vida ideológica contruidos en la sociedad feudal
Filosofía inglesa (Siglos XVII y XVIII). La filosofía de John Locke ejerció fuerte influencia sobre el desarrollo de la Ilustración inglesa de los siglos XVII y XVIII dirigida contra la ideología de la sociedad feudal.

Los ilustradores trataban de poner fin a la fe a favor de la razón; a la religión a favor de la ciencia y de la concepción científica del mundo; trataban de liberar la moral de las tutelas religiosas y proclamaban que la luz natural de la razón era el instrumento principal e independiente de la religión para perfeccionar la sociedad. la instrucción de la sociedad era la fuerza propulsora del desarrollo histórico y la condición del triunfo de la razón.

Ilustración inglesa

La Ilustración del siglo XVIII fue el arma con que la incipiente clase burguesa enfrentó las bases de la ideología feudal, puntales que entorpecían el avance de la ciencia y de una concepción científica del mundo, que legalizaban el dominio ideológico de la Iglesia y sostenía el poder político de las clases dominantes.

Los ilustrados, por el contrario, combatían ese dominio, liberaban las mentes y así cooperaban a la emancipación política. En consonancia con la instauración de la sociedad burguesa en Europa Occidental, las ideas de la Ilustración se propagaron al principio en Inglaterra, luego en Francia y más tarde en Alemania.

En centro de la problemática filosófica que interesaba a los hombres de la Ilustración era la cuestión del conocimiento y la fe, de la cosmovisión nueva, científico-natural y los acontecimientos sobrenaturales narrados por las Escrituras.

Los teólogos habían interpretado los relatos bíblicos de milagros como hechos históricos reales, como compendio de las leyes otorgadas por Dios que definían las reglas de la moral, el régimen político de la sociedad y las normas y las relaciones jurídicas. Las mentes avanzadas de la burguesía pusieron en tela de juicio tal significado de la Biblia y la religión y lo sometieron a estudio y crítica. Pero no se decidieron a transgredir ciertos límites, cosa entendible si se recuerda que a todos los movimientos revolucionarios burgueses de los siglos XVI y XVII se le atribuyeron motivos religiosos, esto es, los propios contendientes entendían sus batallas no tanto como lucha política de clases, lo que realmente era, sino como lindes de los partidos religiosos: entre las Iglesias, las sectas y los teólogos.

A tono con ello era excepcional el interés por las cuestiones religiosas debatidas, cuestiones que abrigaban diversos contenidos. La historia de la Ilustración inglesa es en buena medida la historia del libre pensamiento religioso y la forma ideológica de este libre pensamiento fue el deísmo, o sea, la religión entendida como fe limitada al reconocimiento de Dios en calidad de causa primaria y la renuncia a todos los demás postulados de la religión como opuestos a la razón. En las circunstancias de los siglos XVII y XVIII era a cada paso el deísmo una forma velada de renunciar a la interpretación religiosa del mundo.

El deísmo inglés alcanza su expresión más alta en el primer cuarto del siglo XVIII y tiene un segundo auge en las postrimerías del mismo siglo. En el sentido filosófico, los deístas oscilaban entre un materialismo inconsecuente y el idealismo. Elementos deístas se encuentran en algunos filósofos que en la doctrina del ser y del conocimiento eran materialistas, por ejemplo Locke y el joven Toland. Llamarles deístas, como a menudo hacen los historiadores burgueses de la Filosofía, y silenciar su materialismo equivale a escamotear lo principal, lo decisivo de sus concepciones.

John Toland

John Toland

John Toland (1670-1722) avanza del deísmo al materialismo. En su obra "Cristianismo no misterioso" admite todavía las verdades reveladas. Pero apunta ya que las proposiciones de la religión cristiana no pueden estar ni en contra ni sobre la razón.

En "Cartas a Serena" (1704) desarrolla el materialismo y hace enmiendas sustanciales a la doctrina de Spinoza. La religión no es una revelación divina, sino un engendro de perjuicios. Toland somete a crítica la doctrina spinoziana de la substancia partiendo de la frase de Newton: "El reposo de la materia es puro disparate", rechaza la inmovilidad de la substancia spinoziana. El mundo como un todo es eterno, pero cambia sin cesar; la vida y el movimiento caracterizan no sólo a las cosas individuales, sino también a la substancia. Toland formula por primera vez una de las proposiciones más importantes del materialismo: "...el movimiento es propiedad esencial de la materia..., tan inseparable de su naturaleza como son inseparables de ella la impenetrabilidad y la extensión." La materia es la base del pensamiento. El pensamiento es un movimiento corporal condicionado por la estructura y la actividad del cerebro. Por ello, una enfermedad del cerebro es una enfermedad del pensamiento y la suspensión de las funciones del cerebro comporta la falta de pensamiento.

En su áspera crítica de la religión sostiene que todas las religiones no son más que engaños de sacerdotes y gobernantes para tener embriagadas a las masas populares. Ciertamente, por radical que sea esta crítica y la de otros ilustradores ingleses, en todo ellos adolece de limitación y hasta de ambigüedad. Ante todo, su base social era restringida. El deísmo, la crítica ilustrada de la religión, era cosa destinada a unos pocos, los aristócratas del espíritu. La burguesía inglesa abandonada con disgusto las ilusiones religiosas, que arropaban en su conciencia acciones y afanes políticos reales. No obstante, aun bajo esta forma ambigua, el deísmo inglés y el libre pensamiento inglés en materia religiosa de comienzos del siglo XVIII constituían un serio peligro para la ideología feudal, cuyos defensores no querían replegarse. Precisamente estos medios apoyaron a George Berkeley contra la Ilustración.

Idealismo subjetivo de George Berkeley

George Berkeley

George Berkeley (1685-1753) nació en Irlanda, en el seno de una familia inglesa de nobles. Estudió en el Trinity College de Dublín, donde predominaba el espíritu escolástico y donde las disciplinas principales eran la Teología, la Metafísica, la Ética y la Lógica. Extramuros universitarios estaban ampliamente difundidas las doctrinas de Descartes y Locke, polemizaban los partidarios de la física torbellinante cartesiana con los seguidores de la física gravitatoria newtoniana.

Berkeley, atento estudioso de las teorías científico naturales, decidió ya en sus años juveniles combatir lo que eran los resultados fundamentales de la Filosofía y la ciencia avanzadas. Como observara los progresos de las doctrinas materialistas y mecanicistas pensó atacar no tal o cual manifestación del materialismo, sino la noción clave, según él juzgaba, de todos los tipos de materialismo, esto es, la noción de la materia como base substancial de toda la multiplicidad de los cuerpos y sus cualidades. Estrecha conexión con la noción de materia tiene la idea del espacio que, como entendía la física de Newton, existe aparte de los cuerpos como habitáculo común de todas las cosas naturales. La filosofía de Locke, materialista en su conjunto, partía de que la fuente de las sensaciones era el mundo exterior, que existía independientemente de la conciencia. Berkeley rechazaba este punto de partida materialista de la doctrina lockiana y afirma que las sensaciones son la única realidad perceptible por el hombre. Al sensualismo materialista de Locke opone el sensualismo idealista.

Locke había tratado de esclarecer también el método por el cual se llega a las ideas de materia y espacio. Era el método de la abstracción. Pensaba que, abstrayéndonos de todos los rasgos y todas las notas particulares de las cosas, nuestro entendimiento capta los rasgos y las notas comunes a todos los objetos y de esta suerte, llega a la idea general abstracta de la materia en cuanto tal, del espacio en cuanto tal, etc. Berkeley intenta demostrar por todos los medios a su alcance que la mente es incapaz de concebir la abstracción descrita por Locke.
Lo mismo acontece con la idea abstracta de la materia. A demostrar estas concepciones, dedica Berkeley su "Tratado sobre los principios del conocimiento humano" (1710) y "Tres diálogos entre Hilas y Philonus" (1713), obras en que no esconde que su principal intento es combatir el materialismo y todas sus expresiones en la ciencia.

Según Berkeley, la premisa de la noción de materia, lo mismo que la de espacio, consiste en admitir que abstrayéndose de las propiedades particulares de las cosas que se perciben por medio de las diversas sensaciones, se puede formar la idea abstracta de un sustrato material común a todas ellas. Según él, esto es imposible. No se tiene ni puede haber una aprehensión sensorial de la materia en cuanto tal. Se percen únicamente las cosas singulares, y cada una de estas percepciones es la suma de las diversas sensaciones o, según la terminología berkeleyana, "ideas". Tales son las ideas de las flores, aromas, sonidos, de sensaciones térmicas, tangibles, etc. "Ser" significa siempre "ser percibido". Se ven colores, pero no la materia coloreada, se oyen sonidos, pero no la materia sonante, etc.

A idea de Berkeley no puede existir la idea general abstracta de materia, como no puede existir la idea abstracta de extensión, espacio, etc. Una palabra se torna general no por ser signo de una idea general abstracta, sino que es capaz de ser signo de muchas ideas particulares a cada una de las cuales puede evocar mentalmente. El intelecto del hombre puede formar la idea general de la cosa, pero no la idea general abstracta. Berkeley afirma que la idea abstracta de la materia no puede añadir a las propiedades de las cosas ni una propiedad más de las que descubre en ellas la percepción sensorial.

Este filósofo combate además la doctrina de las cualidades primarias y secundarias de la materia. Refiriéndose a la falta de consecuencias en Locke, dice que si las cualidades secundarias son subjetivas, también lo son las primarias. Por consiguiente las ideas todas existen sólo en el espíritu, no pueden ser copias de esas cosas exteriores de las que habitualmente se piensa que existen fuera del espíritu. Una idea puede parecerse sólo a otra idea y nada más.

Estamos, pues, ante el idealismo subjetivo. Una doctrina que rechaza el ser de la materia y no reconoce existencia más que a la conciencia humana, dentro de la cual hace Berkeley distinción entre "ideas" y "espíritus". Las ideas son las cualidades dadas en nuestra percepción subjetiva; los espíritus son los sujetos percipientes, activos, inmateriales. A juicio de Berkeley, las ideas son absolutamente pasivas. Por el contrario los espíritus son activos. El filósofo necesita esta diferencia para defender el idealismo subjetivo frente a las objeciones inevitables y naturales, intenta demostrar de que sus supuestos no se deduce de las cosas aparecen cuando son percibidas y desaparecen cuando se suspende la percepción.

Berkeley defiende los principios del idealismo subjetivos, pero quiere evitar el solipsismo, esto es, la deducción de que no exista más que un sujeto percipiente. De ahí que, pese al postulado inicial del idealismo subjetivo, sostenga que el sujeto no es uno. Una cosa que haya dejado de ser percibida por un sujeto puede serlo por otra y por otros. Y aunque todos los sujetos desaparecieran no por eso las cosas se convertirán en nada. Los objetos seguirán existiendo como suma de "ideas" en la mente de Dios. Dios es el sujeto que en todo caso no puede desaparecer y, congruentemente, no puede desaparecer todo el mundo de cosas por El creador. Justamente Dios "introduce" en la conciencia de los sujetos el contenido de las sensaciones que surgen al contemplar el mundo y las cosas singulares.

Se tiene así, que tras comenzar por el idealismo subjetivo y evitar el solipsismo, Berkeley da un paso hacia el idealismo objetivo reconociendo la existencia de una fuerza espiritual sobre natural, es decir, Dios. Posteriormente va limitando más y más su doctrina idealista-sensualista y tiende a un idealismo objetivo de cuño neoplatónico.

Agnosticismo de David Hume

David Hume

Filósofo, psicólogo, historiador y economista inglés (1711-1776) contemporáneo de Berkeley, que influyó sobre él, aunque Hume no compartió sus deducciones. Berkeley es un partidario militante del idealismo y la religión, Hume es un escéptico, un agnóstico. Como señalara Lenin, Hume reemplaza el consecuente punto de vista de Berkeley (el mundo exterior es mi sensación) por su punto de vista: suprime el problema mismo de si hay algo más allá de mis sensaciones. "Y este punto de vista del agnosticismo condena inevitablemente a los vaivenes entre el materialismo y el idealismo."

Hume es hijo de un terrateniente medio escocés. Luego de terminar la Universidad de Edimburgo, se dedica al estudio de las leyes y, posteriormente, al comercio, pero fracasa. De regreso de un viaje a Francia, publica su "Tratado de la naturaleza humana" y, luego "Ensayos morales y políticos". En 1763 vuelve a Francia como secretario de la embajada inglesa y es entusiásticamente acogido en los medios científicos y filosóficos de la Ilustración francesa, a los que había impresionado su interpretación burguesa de los problemas morales y filosóficos, así como se crítica de la religión. Hume pasa los últimos años de su vida en Inglaterra.

Para el filósofo, la misión del conocer no consiste en un conocer adecuado del ser, sino en la aptitud de servir de guía para la orientación práctica. Los únicos objetos de conocimiento cierto y demostrable conciernen a las matemáticas: la cantidad de números; todos los demás objetos de investigación se refieren a los hechos de relación, que no pueden ser demostrados lógicamente y derivan exclusivamente de la experiencia. Hume insiste en el origen experimental de los juicios de existencia, pero comprende de modo idealista la propia experiencia. Para él, la realidad es un torrente de impresiones. Las causas que engendran en nosotros esas impresiones son de pronto incognoscibles. Tampoco se puede saber si existe el mundo exterior. A juicio de este filósofo existen las impresiones de los sentidos y las impresiones internas del espíritu. De estas dos modalidades de impresiones originarias dependen las ideas de la memoria y las ideas de la imaginación. Ninguna idea puede, formarse sin una impresión precedente. La memoria reproduce las ideas en el orden en que se produjeron. Por el contrario, en la imaginación comparecen en combinaciones libres.

Todas las relaciones formadas por le experiencia se sujetan a la causalidad, como su base. La relación entre causa y efecto, conforme a su sistema, no puede ser extraída ni intuitivamente ni por el análisis y la demostración lógica. La experiencia anterior no puede proporcionar noticias inmediatas y fidedignas sino de aquellos objetos y aquel tiempo que conciernen al pasado. Pero del hecho de que un suceso preceda a otro no se sigue que uno de ellos sea la causa y el otro, el efecto. El que piensa que "después de esto equivale a consecuencia de esto" comete un error lógico. Incluso la repetición más frecuente de la relación de los sucesos en el tiempo no da a conocer la fuerza oculta en virtud de la cual un objeto produce otro.

Hume dice que posiblemente existe la relación causal. Es posible que de dos acontecimientos que se sucedan inmediatamente en el tiempo el anterior sea realmente causa y, el posterior, su efecto. Lo que si es imposible es saberlo. La concatenación causal, si existe, es incognoscible. Pese a ello, la gente propende a deducir de acciones de objetos observadas en el pasado acciones semejantes de estos objetos en el futuro. La gente no sólo sabe por experiencia que a la primavera sigue el verano, que eal verano sigue el otoño y que al otoño sigue el invierno; procede estando segura de que esa mismo secuencia de estaciones se repetirá en el futuro.

Hume afirma que es la costumbre la base de todas las derivaciones de la experiencia, la medida y la guía de las vidas humanas. Sólo la costumbre junta y asocia las ideas singulares de que se componen nuestra percepción del Universo. Pero por poderosa que sea la fuerza de la costumbre, su acción nunca puede convertir nuestra espera de cierto orden o secuencia de acontecimientos en saber auténticamente verdaderos. De esta suerte, la filosofía de Hume desemboca en el escepticismo: la convicción en la ceguera y la debilidad humanas es el resultado de toda Filosofía.

Hume afirma que el caudal de nuestras impresiones no es caótico. Para nosotros no todas las representaciones o impresiones tienen el mismo valor: algunos objetos se nos aparecen con fuerza, lo que es suficiente para la orientación práctica en el mundo. La fuente de la seguridad no es el conocimiento teórico, sino la fe. Como ser teorizador, el hombre es ignorante e impotente, más como ser práctico, actuante posee en el sentido de la fe garantías suficientes para el buen éxito de sus acciones prácticas.

Así, en la teoría Hume es agnóstico; en la práctica defiende el sano sentido común burgués. Una contradicción inevitable para toda filosofía del idealismo subjetivo.

A tono con estos principios del escepticismo levanta Hume su doctrina del ser, la cosmología y la filosofía de la religión. En la ontología niega la existencia de la categoría de la substancia y reduce la idea de la substancia a la del conjunto de las cualidades singulares. En la cosmología critica todos los sistemas cosmológicos expuestos por la filosofía en su desarrollo. La vida psíquica la reduce a un relevo ininterrumpido de representaciones o percepciones; la identidad y diversidad de los fenómenos espirituales, a la acción de los principios de asociación. En la ética desarrolla la teoría del utilitarismo. Viendo en la utilidad el criterio de a conducta moral humana.

En la filosofía de la religión se limita a admitir que las causas del orden universal tienen cierta analogía con la razón humana. Fuera de esta religión natural rechaza toda religión positiva, toda teología y toda doctrina filosófica acerca de Dios. La religión no puede ser base de la moral; e invoca la experiencia histórica para hablar de la nociva influencia de la religión sobre la moral y la vida civil. Hace un estudio bastante detallado de las diversas supersticiones y estima que el origen de la religión es el temor a acontecimientos amenazadores y la esperanza en poder evitarlos.

Si en el siglo XVII, Locke consideraba que su misión era fundamentar teóricamente el nuevo ordenamiento social configurado en Inglaterra por la revolución burguesa, para Hume ese ordenamiento era ya algo que se daba por supuesto. El escepticismo de Hume cumple el papel de fundamentación teórica de la utilitaria y racional cosmovisión de la burguesía que "ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimiento del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta."

Enlaces externos

Fuentes

  • Historia de la Filosofía. Tomo I. Historia de la Filosofía Premarxista. Segunda Edición. Ed. Progreso Moscú. 1983. Cap. II. Pág. 228
  • Los materialistas ingleses del siglo XVIII. Moscú. 1967. T. I. pág. 152.