Huesos de la mano

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Huesos de la mano
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Anatomía de la mano
Huesos de la mano. Está compuesta de muchos huesos, músculos y ligamentos diferentes que permiten una gran cantidad de movimientos y destreza que relacionado con el trabajo y el lenguaje articulado, convirtió el miembro y en especial, su parte más importante, la mano, en órgano de trabajo, en órgano del tacto y, en parte, en instrumento de comunicación (gesticulación).

Los huesos de la mano se clasifican en huesos del carpo, del metacarpo y de los dedos, y las falanges.

Contenido

Carpo

Fig. 1. Huesos del carpo del miembro derecho; cara dorsal
Fig. 1. Huesos del carpo del miembro derecho; cara dorsal
El carpo (fig. 1) está compuesto por 8 huesos esponjosos breves (huesos del carpo) dispuestos en dos filas de 4 huesos.
  1. hueso triquetro.
  2. semilunar.
  3. escafoides.
  4. trapecio.
  5. trapezoide.
  6. hueso grande.
  7. hueso granchoso.
  8. ulna.
  9. radio.

La primera fila del carpo, la más próxima al antebrazo, si se parte del dedo pulgar, está formada por los siguientes huesos: escafoides (os sca­phoideum), semilunar (os lunatum), triquetro (os triguetrum) y pisiforme (os pisiforme). Los tres primeros se unen para constituir una cara articular única de forma elíptica, convexa, dirigida al antebrazo, que sirve para su articula­ción con la extremidad distal del radio. El pisiforme no participa en esta articulación, uniéndose por separado con el triquetro. El pisiforme es un huesecillo sesamoideo, desarrollado en el tendón del músculo flexor carpoulnar (m. flexor carpi ulnaris).

La segunda fila del carpo, la distal, consta de los huesos siguientes: tra­pecio (os trapezium), denominado también hueso poligonal mayor (s. os mul­tangulum naaju.s) (BNA); trapezoide (os trapezoideum), llamado hueso poligo­nal menor (s. os multangulum majus) (BNA); hueso grande (os capitatum) y hueso ganchoso (os hamatum). Las denominaciones de esos huesos expresan su forma. En las superficies de cada hueso existen caras articulares para la unión con los huesos vecinos. Además, en la cara palmar de algunos huesos del carpo sobresalen pequeños tubérculos para la inserción de músculos y liga­mentos, a saber en el escafoides, el tubérculo del escafoides (tuberculum ossis scaphoidei); en el trapecio, el tubérculo del trapecio (tuberculum ossis trapecii), y en el hueso ganchoso el gancho del hueso ganchoso (hamulus ossis hamati), que le dio nombre al hueso. Los huesos del carpo, en su conjun­to, forman) una especie de bóveda, convexa por su lado dorsal y cóncava acana­lada por el lado palmar.

El surco del carpo (sulcus carpi) está limitado en el lado radial por la eminencia radial del carpo (eminentia carpi radialis), constituida por las crestas del escafoides y del trapecio, y por el lado ulnar, por el gancho del hueso ganchoso y el pisiforme, que forman otra eminencia, la eminencia ulnar del carpo (eminentia carpi ulnaris). En el proceso evolutivo del hombre, gracias a su actividad laboral, los huesos del carpo fueron progresando en su desarrollo. Por ejemplo, en el hombre de Neandertal. El hueso grande tenía una longitud de 20-25 mm, que en el hombre contemporáneo ha aumentado hasta 28 mm. También tiene lugar el reforzamiento de la región del carpo, que en los monos antro­poides y en los neanderthales es relativamente débil. En el hombre contem­poráneo los huesos del carpo están reforzados tan sólidamente por ligamentos que ha disminuido su movilidad, intensificándose por otro lado su solidez. Por eso, un golpe dirigido a uno de los huesos del carpo se propaga uniforme­mente por los restantes, disminuyendo de intensidad, por lo cual las fracturas del carpo son relativamente raras.

Metacarpo

El metacarpo (metacarpus) está compuesto de cinco huesos metacarpianos (ossa metacarpalia), que son del tipo de huesos tubulares cortos, con una sola epífisis verdadera (huesos monoepifisarios); por su orden de posición se designan respectivamente I, II, III, etc., a partir del metacarpiano corres­pondiente al dedo pulgar. Cada metacarpiano consta de una base (basis), un cuerpo o diáfisis y una cabeza redondeada (caput). Las bases, desde el II al V metacarpianos, están provistas de caras articulares en sus extremidades proximales, para la unión con los huesos de la segunda fila del carpo; y por los lados, para su articulación entre sí. La base del I metacarpiano posee una cara articular en forma de silla de montar, por la que se articula con el trapecio; carece de caras articulares laterales. La base del II metacarpiano forma una escotadura angular, donde se introduce el trapezoide; en el lado ulnar de la base del V metacarpiano existe un pequeño tubérculo (tuberosidad del V mesacarpiano).

Las cabezas de los metacarpianos presentan caras arti­culares convexas para su articulación con las falanges proximales de los dedos. Por sus lados presentan fosas rugosas donde se insertan ligamentos. El más corto y al mismo tiempo el más grueso de todos los metacarpianos es el I, correspondiente al dedo pulgar. Este metacarpiano, conjuntamente con el dedo pulgar, está apartado de la fila de los restantes huesos del metacarpo. El más largo de los metacarpianos es el II (K. Mashkara), siguiéndole en orden el III, IV y V.

Fig. 2. Orden de osificación de los huesos del carpo; los números indican la edad en años
Fig. 2. Orden de osificación de los huesos del carpo; los números indican la edad en años

Huesos de los dedos de la mano

Los huesos de los dedos de la mano (ossa digitorum manue), huesos tubu­lares pequeños, dispuestos uno a continuación del otro, con una sola epífisis verdadera (huesos monoepifisarios), se denominan falanges. Cada dedo con­tiene tres falanges:

  • Primera falange o falange proximal.
  • Segunda falange o falange media.
  • Tercera falange o falange distal.

Constituye una excepción el dedo pulgar, que sólo tiene dos falanges, la proxirnal y la distal. En todos los animales este dedo presenta un desarrollo más débil (Yu. Orlov), alcan­zando un mayor desarrollo en el hombre. La base de la falange proximal tiene una fosa articular única, para la articulación con la cabeza redondeada del metacarpiano correspondiente, y la de las falanges media y distal presen­tan dos fosas aplanadas, separadas por una pequeña cresta. Estas se articu­lan, correspondientemente, con las cabezas de las falanges proximal y media, que tienen forma de polea, con una garganta y dos bordes. La extremidad distal de la tercera falange presenta forma aplastada y es rugosa, constituyendo la tuberosidad de la falange distal (tuberositas phalangis distalis). En las articulaciones metacarpofalángicas y las interfalángicas de la mano existen huesos sesamoideos, estudiandos detalladamente por S. Kasatkin. Estos son constantes en el dedo pulgar e inconstante en los demás dedos.

Osificación. La mano es el objeto más apropiado para la investigación radiológica del desarrollo del sistema óseo en el organismo vivo. En la radiografía de la mano del recién nacido puede observarse que la osificación existe solamente en las diáfisis de los huesos tubulares, desarrollados de los núcleos básicos de osificación durante la vida intrauterina (a partir del 2 mes). Las epífisis de los huesos tubulares y los huesos del carpo se encuentran todavía en su estadio cartilaginoso y por eso no se ven en la radiografía. En períodos ulteriores se van observando las siguientes modificaciones relacionadas con la edad.

  • Aparición sucesiva de los puntos de osificación en los huesos del carpo y en las epífisis de los huesos tubulares. Para recordar con más facilidad los períodos y el orden de aparición de los puntos de osificación en los huesos del carpo, puede emplearse el siguiente procedimiento: si mantenemos ante sí una radiografía de la mano con los dedos hacia abajo y el borde radial hacia la derecha, el orden de aparición de los puntos de osificación coincide con el movimiento de las agujas de un reloj, comenzando por el hueso grande (fig. 2). Además, debe tenerse presente que el período de aparición del punto de osificación en el hueso piramidal corresponde al número de sus aristas (3 años); a continuación, basta con ir añadiendo un año a cada hueso siguiente (según el sentido hora­rio) y y se tendrá su período de osificación. En resumen, el orden y los perío­dos de osificación son los siguientes: hueso grande (2 meses), ganchoso (3 me­ses), piramidal (3 años), semilunar (4 años), escafoides (5 años), trapecio y trapezoide (6 y 7 años) (figs. 3 y 4).
Fig. 3. Radiografía de las manos de un niño
Fig. 3. Radiografía de las manos de un niño
  1. Diáfisis de ulna.
  2. Diáfisis del radio.
  3. Epífisis del radio.
  4. Puntos de osificación de escafoides.
  5. Semilunar.
  6. Triquetro.
  7. Trapecio.
  8. Epífisis del I matacarpiano.
  9. Hueso grande.
  10. Hueso ganchoso.
  11. Trapezoide.
  12. Epífisis de los II – V metacarpianos.
  13. Epífisis de las falanges proximales.
  14. Epífisis de las falanges medias.
  15. Epífisis de las falanges distales.
  16. Epífisis de ulna.
  17. Cartílago metaepifisario.
  18. Epífisis del radio.
  19. Cartílago metaepifisario.
  20. Hueso escafoideo.
  21. Semilunar.
  22. Triquetro.
  23. Trapecio.
  24. Trapezoide.
  25. Hueso grande.
  26. Hueso ganchoso.
  27. Epífisis del I metacarpiano.
  28. Epífisis de los metacarpianos.
  29. Epífisis de las falanges proximales.
  30. Epífisis de las falanges medias.
  31. Epífisis de las falanges distales.

Radiografía del recién nacido

Cuando en la radiografía del recién nacido se descubren los puntos de osificación de los huesos grande y ganchoso, éstos pueden servir, junto con otros síntomas, para testimoniar que el feto nació a término. Los puntos de osificación de las epífisis verdaderas de los huesos tubulares cortos aparecen al 2o y 3er año de vida. En las extremidades opuestas de estos huesos, a veces se puede ir observando la osificación independiente de las epífisis falsas (seudoepífisis). En las epífisis distales de los huesos tubulares largos, los puntos de osificación aparecen en el radio durante el 1o y 2oaño de vida; y en el cúbito, a los 7-8 años. En los huesos sesamoideos los puntos de osificación se presentan durante el período prepúbero: en el pisiforme, entre los 7-12 años. A veces, los sesamoideos se desarrollan de dos puntos de osificación que se mantienen aislados. Son los así llamados sesamoideos bipartitos (ossa sesamoidea bipartita)

  • Aparición de sinostosis en los huesos tubulares, que se observa a los 19-23 años en los hombres]] y a los 17-21 años en las mujeres. El conocimiento de los períodos y orden de osificación permite definir diversas afecciones de las glándulas de secreción interna y de otros sistemas del organismo, cuando se observan desviaciones en la osificación.
  • Envejecimiento del esqueleto de las manos que se caracteriza por los signos comunes de envejecimiento del sistema óseo.

De lo expuesto se desprende que el esqueleto de la mano, compuesto de un gran número de huesos, sufre variaciones considerables consecutivas a la edad. Por eso en las exploraciones radiológicas se observan multitud de detalles morfológicos que sirven de puntos de apoyo para poder determinarla edad «ósea».

Articulaciones de los huesos de la mano

Articulaciones de la mano (articulationes manus). Unen el antebrazo con la mano, constituyendo una articulación combinada y compleja que consta de dos partes, tina proximal y otra distal, separadas por la primera fila de los huesos del carpo, que viene a desempeñar el papel de un menisco óseo (fig. 5). Parte proximal, articulación radiocarpiana (art. radiocarpea). En la mayoría de mamíferos tiene forma de polea, en la que participan por igual la ulna de (cúbito) y el radio. A medida que se va adquiriendo la capacidad de pronación y supinación, entre el radio y la ulna se desarrolla un articulación aparte, la articulación radioulnal discal (art. radioulnaris distalis), que junto con la radioulnar proximal forman una articulación combinada única, con un eje de rotación vertical (veáse fig. 3 y 4)

Fig. 5. Corte frontal de las articulaciones de la mano
Fig. 5. Corte frontal de las articulaciones de la mano
  1. radio.
  2. hueso semilunar.
  3. hueso escafoideo.
  4. trapecio.
  5. trapezoide.
  6. hueso grande.
  7. hueso ganchoso.
  8. triquetro.
  9. disco articular.
  10. ligamento colateral carpoulnar.
  11. ulna.

En esta articulación combinada el radio se mueve alrededor del cúbito y debido a ello aumentan considerablemente las dimensiones de la epífisis distal del radio. Con la epífisis distal del cúbito sucede lo contrario, se retrasa en su desarrollo y queda más corta que la del radio, pero en ella se origina un disco cartilaginoso especial, el disco articular. En el hombre, en relación con la mayor amplitud de la pronación y la supinación, el disco alcanza su máximo desarrollo y adquiere la forma de una lámina triangular fibro­cartilaginosa, el fibrocartílago triangular. Este último se inserta por su vértice en el proceso estiloideo del cúbito y por su base en el borde medial del radio, constituyendo junto con la carilla articular carpiana del radio la cara articular de la parte proximal de la articulación radiocarpiana.

Por consiguiente, en la articulación radiocarpiana, el cúbito (ulna) participa exclusivamente a través del disco fibrocartilaginoso citado, sin tener una relación directa con la misma. Por eso la parte proximal de las articulaciones de la mano se denomina radiocarpiana y no radioulnarcarpiana. De acuerdo con lo que acabamos de exponer, la cavidad articular radio­carpiana está constituida por la cara articular carpiana del radio y el disco articular, y la cabeza articular por las caras proximales de los huesos de la primera fila del carpo -escafoides, semilunar y piramidal-, unidos entre sí por ligamentos interóseos, los ligamentos intercarpianos (ligg. intercar­pea). Por el número de huesos participantes la articulación es compleja y por la forma de las caras articulares es elipsoidea, con dos ejes de rotación (sagi­tal y frontal). b) Parte distal, articulación mediocarpiana (art. mediocarpea). Se en­cuentra entre la primera y segunda fila de los huesos del carpo, con exclusión del pisiforme que es un hueso sesamoideo. La cavidad articular está consti­tuida por la cara distal de la primera fila de huesos del carpo. La cara pro­ximal de la segunda fila del carpo forma la cabeza articular, compuesta por los huesos trapecio, trapezoide, grande y ganchoso. Ambas articulaciones de la mano (la radiocarpiana y mediocarpiana) poseen cápsulas articulares independientes que se insertan en los bordes de sus caras articulares respectivas. Para reforzar la cápsula radiocarpiana, se extienden por su lado radial y ulnar ligamentos accesorios: el ligamento colateral radiocarpiano (lig. collaterale carpi radiale), que va desde el proceso estiloideo del radio al hueso escafoideo, y el ligamento colateral ulnocarpiano (lig. collaterale carpi ulnare), que se extiende desde el proceso estiloideo del cúbito a los huesos piramidal y pisiforme. En la cara palmar, la articulación está reforzada por el ligamento radiocarpiano palmar (lig. radiocarpeum pal­mare), que iniciándose ampliamente en el proceso estiloideo y en el borde de la cara articular del radio, se inserta por varios fascículos en los huesos esca­foides, semilunar, piramidal y grande.

Por su cara dorsal, la cápsula radiocarpiana está reforzada por el ligamento radiocarpiano dorsal (lig. radiocar­peum dorsale) (fig. 6), que va desde el radio a los huesos de la primera fila del carpo. En los lugares de inserción de los ligamentos de la articulación radiocarpiana penetran en los huesos los vasos sanguíneos y nervios, cuya lesión en las intervenciones quirúrgicas provoca modificaciones patológicas de los mismos. La cápsula de la articulación mediocarpiana abarca también las cuatro últimas articulaciones carpometacarpianas, que se comunican entre sí. Aparte de la articulación médiocarpiana, los huesos del carpo están unidos uno con otro por ligamentos interóseos (ligg. intercarpea interossea) y en algunos lugares se articulan entre sí por caras articulares. Estas articu­laciones se denominan intercarpianas (articulationes intercarpeae).

Fig. 6. articulaciones de la mano; vista por el dorso.
Fig. 6. articulaciones de la mano; vista por el dorso.
  1. ligamento colateral carpiorradial.
  2. hueso escafoideo.
  3. trapecio.
  4. articulación capometacarpiana del dedo pulgar.
  5. trapezoide.
  6. hueso grande.
  7. ligamentos laterales.
  8. articulación interfalángica (abierta).
  9. articulación metacarpofalángica.
  10. ligamentos metacarpianos dorsales.
  11. ligamentos carpometacarpianos.
  12. hueso ganchoso.
  13. hueso triquetro.
  14. ligamento colateral ulnocarpiano.
  15. ligamento dorsal radiocarpiano.

Constitución de las articulaciones

Las articulaciones intercarpiana están reforzadas por una serie de ligamentos cortos (véase fig. 6), en su mayoría dispuestos en dirección transversal, desde un hueso al otro, tanto por la cara dorsal -ligamentos intercar­pianos dorsales-, como por la cara palmar -ligamentos intercarpianos pal­mares. En la cara palmar se encuentran también unos fascículos que par­tiendo del hueso grande se dirigen radialmente a los huesos vecinos, formando el ligamento radiocrapiano (lig. carpi radiatum). Los movimientos en las articulaciones de la mano se efectúan alrededor de dos ejes, perpendiculares entre sí, que se cruzan en la cabeza del hueso grande; alrededor del eje fron­tal (flexión palmar y extensión o flexión dorsal); y alrededor del eje sagital (abducción y aducción). Esos movimientos están limitados por los ligamentos situados perpendicularmente a los ejes de rotación y en los extremos de los mismos, a saber: los ligamentos colaterales, en los extremos del eje frontal, y los ligamentos dorsales y palmares, en los extremos del sagital. Por eso, los primeros frenan la abducción y la aducción, por el eje sagital, y los segun­dos, la flexión y la extensión, por el eje frontal. El grado común de movili­dad, en la flexión y extensión de la mano, se expresa en 170°. La aducción de la mano es posible hasta los 40° y la abducción hasta los 20°. Como en todas las articulaciones biaxiales, aquí es posible también la circunducción (circumductio) en la que los extremos de los dedos describen una circunferen­cia.

La articulación radiocarpiana se nutre por la red vascular articular (rete articulare), constituida por ramos de la arteria radial, la arteria ulnar (cubital) y las arterias interó­seas anterior y posterior. El flujo venosa tiene lugar en las ramas venosas homónimas que llevan la sangre a las venas profundas del antebrazo, las venas ulnares, radiales e interó­seas. La linfa se vierte a través de los vasos linfáticos profundos en los linfonodos cubitales (del codo) (nodi limphatici cubitales). La inervación proviene de los nervios radial, ulnar y mediano.


Articulación del hueso pisiforme (art. ossis pisiformis). Es una arti­culación aparte, en la que el pisiforme se articula con el piramidal. Del pisi­forme parten dos ligamentos: el ligamento pisiganchoso (lig. pisohamatum), que se inserta en el gancho del hueso ganchoso, y el ligamento pisimetacarpia­no (lig. pisometacarpeum), insertado en la base de los III-V metacarpianos. Esos ligamentos son continuación del tendón del músculo flexor ulnar del carpo (m. flexor carpi ulnaris), en cuyo espesor se encuentra el hueso sesamoideo citado.

Retináculo de los músculos flexores (retinaculum flexorum), antigua­mente ligamento transverso del carpo (lig. carpi transversum) (BNA). No tiene relación directa con las articulaciones de la mano; se inserta en forma de puentecillo entre las eminencias carporradial y carpoulnar, a través del surco del carpo (sulcus carpis) transformando a este último en canal, el canal del carpo (canalis carpi), por el que pasa el nervio mediano y los tendones de los músculos flexores de los dedos, por lo que el ligamento recibió la deno­minación de retináculo flexor (que retiene tendones flexores).

Articulaciones carpometacarpianas (art. carpornetacarpeae). Están for­madas por los huesos de la segunda fila del carpo y las bases de los metacar­pianos. Exceptuando la articulación carpometacarpiana del pulgar, todas esas articulaciones son planas y están reforzadas tanto por el dorso, como por la palma por ligamentos muy tirantes, los ligamentos carpometacarpianos, dorsales y palmares (ligg. carpometacarpea dorsalia et palmaria); por eso, la movilidad en dichas articulaciones es en extremo insignificante. En ellas es posible el deslizamiento de 5-10o a uno u otro lado. Por consiguiente, las articulaciones carpometacarpianas, fuertemente aplanadas, multifacéticas y con cápsulas articulares y ligamentos muy consistentes pertenecen a la categoría de las articulaciones tensas (V. Kasyánenko, 1950-1956 Manzy, 1952), que refuerzan la porción de la raíz de la mano, aumentando la resis­tencia del lado palmar a los movimientos de esfuerzo de los músculos poliar­ticulares, los flexores de los dedos (E. Danílova, 1960).

La unión consis­tente de las articulaciones poco movibles de los cuatro huesos de la fila distal del carpo con cuatro metacarpianos (II-V) constituye, desde el punto de vista mecánico, un todo, la base firme de la mano (V. Tonkov). Una movilidad algo mayor posee la articulación carpometacarpiana del meñique. Gracias a que la cara articular de la base del V metacarpiano adopta casi la forma en silla de montar, el meñique puede anteponerse al pulgar, aun­que en grado muy limitado. La cavidad común de las articulaciones carpo­metacarpianas, envuelta por una cápsula tiene la forma de una hendidura transversal que comunica con la articulación mediocarpiana y con las articulaciones intermetacarpianas. Estas últimas están constituidas por las bases de los cuatro últimos metacarpianos, articuladas una a la otra; en la profun­didad de sus caras articulares se encuentran sólidos ligamentos interóseos, los ligamentos metacarpianos interóseos (ligg. metacarpea interossea), que los unen entre sí, Las cápsulas de las articulaciones intermetacarpianas se conectan con los ligamentos transversos, que se extienden por ambos lados, dorsal y palmar, los ligamentos metacarpianos dorsal y palmar (ligg, meta­carpea dorsalia et palmaria).

La articulación carpometacarpiana del dedo pulgar (art. carpometacarpea pollicis) está totalmente aislada de las otras, diferenciándose en mucho de las mismas, tanto por su estructura corno por su movilidad. Está formada por dos caras articulares en silla de montar, la del trapecio y la de la base del primer metacarpiano, articuladas entre sí y envueltas por una amplia cáp­sula articular. Siendo una articulación típica en silla de montar, en ella son posibles movimientos alrededor de dos ejes que se cruzan perpendicularmente: un eje transversal, que pasa a través del trapecio, y otro anteroposterior, que va a través de la base del I metacarpiano. Alrededor del primero se realiza la flexión y la extensión del pulgar junto con su metacarpiano; sin embargo, debido a que el eje no es exactamente transversal, el dedo al flexionarse se desplaza hacia la palma de la mano, anteponiéndose al meñi­que y a los demás dedos. A ese movimiento se le denomina oposición (oppositio); el movimiento inverso se denomina reposición (repositio).

El movimiento alrededor del eje anteroposterior constituye la abducción y aducción del pulgar respecto al índice. Su grado de movilidad es de 45-60° en la abducción y aduccion, y de 35-40° en la oposición y reposición. Aparte de los movimien­tos descritos, existe todavía el movimiento de circunducción. Esa articulación en silla de montar, del primer dedo de la mano, fue progresando durante el proceso evolutivo del hombre, en relación con su actividad de trabajo. Así, por ejemplo, en el Neanderthal, dicha articulación era por lo visto aplanada (G. Bonch Osmolovski), y por eso tenía menos movilidad que en el hombre contemporáneo.

Articulaciones metacarpofalángicas (artt. metacar pophalangeae). Se crean entre las cabezas convexas de los metacarpianos y las fosillas articula­res de las bases de las falanges proximales; por su carácter se acercan a las articulaciones elipsoides. El aparato ligamentoso está constituido por una amplia cápsula articular y dos ligamentos accessorios, los ligamentos cola­terales (ligg. collateralia), extendidos desde las fosillas existentes en las caras ulnar y radial de las cabezas de los metacarpianos, en dirección obli­cua, basta los lados correspondientes de las bases de las falanges proximales. Por el lado palmar existe un engrosamiento de la cápsula que contiene un cartílago fibroso, el ligamento palmar (lig. palmare). Relacionado con dicho engrosamiento, entre las cabezas do los II-V metacarpianos, por su cara palmar y transversalmente, se extienden unos ligamentos fibrosos y resistentes, los ligamentos metacarpianos transversos profundos (ligg, metacarpea transversa profunda). Los movimientos en las articulaciones metacarpofalángicas se realizan alrededor de dos ejes: uno transversal, para la flexión y extensión de todo el dedo, con un grado de movimiento de 90-100° y otro anteroposte­rior, para la abducción y aducción de los dedos en 45-50°. Este último género de movimientos es posible exclusivamente con los dedos en extensión, cuando los ligamentes colaterales están relajados; al flexionar los dedos, ellos se ponen tirantes y dificultan los movimientos laterales. Aparte de los movimientos indicados, el dedo puede realizar un movimiento circular, de circunducción, de dimensiones bastante amplias.

Fig. 7. Porción de los ligamentos colaterales de la articulación interfalángica
Fig. 7. Porción de los ligamentos colaterales de la articulación interfalángica

a) vista lateral (en la extensión) b) vista interior (en la flexión)

Articulaciones interfalángicas (artt. interphalangeae manus). Se encuentran entre la cabeza y la base de las falanges contiguas, constituyendo articulaciones típicas de polea que permiten realizar la flexión y extensión alrededor de un eje transversal (frontal). En las articulaciones interfalángicas proximales la amplitud de movimiento es de 110-112°, siendo de 80-90° en las distales. Los ligamentos accesorios, ligamentos colaterales (ligg. collateralis), se extienden por los lados de la articulación (fig. 6).

Radiografía palmar

En la radiografía palmar de la mano se aprecian todos los detalles de las formaciones óseas participantes en la formación de la misma (fig. 7). «Las hendiduras articulares radiográficas» tienen el aspecto de franjas de claridad entre las caras articulares de los huesos correspondientes. «La hen­didura radiográfica de la articulación radiocarpiana está ensanchada en su parte medial, en correspondencia con la posición del cartílago triangular que no retiene los rayos X.

Aparte de los huesos básicos del esqueleto de la mano, en las radiografías pueden observarse huesos complementarios o supernumerarios inconstantes:

  1. hueso central del carpo (os centrale carpi), rudimento de un hueso homónimo de la mano de los animales; está situado entre el trapecio, el grande y el escafoideo.
  2. hueso estiloideo (os styloi­deum), desarrollo independiente del proceso estiloideo del III metacarpiano.
  3. hueso trapezoide secundario (os trapezoideum secundarium), especie de desdoblamiento del tra­pezoide.
  4. hueso triangular (os triangulare), parte no consolidada del proceso estiloideo. Esos huesos inconstantes pueden ser causa de errores diagnósticos.
Fig. 8. Radiografía de la mano de un hombre de 38 años; proyección palmar
Fig. 8. Radiografía de la mano de un hombre de 38 años; proyección palmar
  1. ulna.
  2. radio.
  3. proceso estiloideo del radio.
  4. articulación ulnorradial distal.
  5. cartílago triangular.
  6. hendidura de la articulación radiocarpiana.
  7. hueso escafoideo.
  8. semilunar.
  9. triquetro.
  10. pisiforme.
  11. trapecio.
  12. trapezoide.
  13. hueso grande.
  14. hueso ganchoso.
  15. metacarpianos.
  16. hueso sesamoideo del dedo pulgar.
  17. falanges proximales.
  18. falanges medias.
  19. falanges distales.

Las articulaciones de la mano están vascularizadas por el arco arterial palmar pro­fundo y por la red carpiana palmar y dorsal. El flujo venoso se realiza en las venas pro­fundas de la mano y luego en las venas ulnar, radial e interósea. La linfa se vierte por los vasos linfáticos profundos en los linfonodos cubitales (nodi lymphatici cubitales). Las cápsulas articulares están inervadas por ramos de los nervios mediano, radial y ulnar (cubital). El esqueleto de la mano que los homínidos heredaron de sus antepasados animales, se transformó durante el proceso evolutivo del hombre, bajo la acción del trabajo. Como resultado de eso se originaron las siguientes particu­laridades características del hombre contemporáneo:

  1. Aumento de las dimensiones absolutas y relativas (en relación con los demás dedos) de los huesos del pulgar.
  2. Forma en silla de montar de la primera articulación carpometacar­piana.
  3. Desplazamiento del dedo pulgar en dirección palmar desde el plano de los dedos restantes; a consecuencia de lo cual aumentó su capacidad de anteponerse a los otros dedos, movimiento que se efectúa en la articulación en silla de montar.
  4. Desplazamiento en la misma dirección palmar de los huesos del car­po, trapecio y escafoideo, relacionados con el pulgar.
  5. Profundización, a causa del desplazamiento de dichos huesos, del surco para los tendones, nervios y vasos en la región del carpo, situado bajo el retináculo flexor, denominado «copa de Diógenes».
  6. Acortamiento y enderezamiento de las falanges de los II-V dedos, lo que facilita la diversidad de movimientos de la mano y de sus segmentos aislados.

Junto con esta reestructuración se transformó también el aparato neuromuscular de la mano. El desarrollo general del sistema nervioso central, relacionado con el trabajo y el lenguaje articulado, convirtió el miembro y en especial, su parte más importante, la mano, en órgano de trabajo, en órgano del tacto y, en parte, en instrumento de comunicación (gesticulación).

Fuente

  • PRIVES, M. LISENKOV, N. BUSKOVIC, V. Anatomía Humana. M Prives. N Lisenko. V Buskovic. Tomo I Quinta edición. Editorial Mir, Moscú. 1984.